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	<title>Descubriendo el Evangelio &#187; Santidad</title>
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		<title>Santidad: 15. Advertencias a las iglesias &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Apr 2012 13:55:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Anteriores de la serie: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza 9. Moisés 10. Lot 11. Una mujer para recordar 12. El gran trofeo de Cristo 13. El Soberano de las olas 14. La Iglesia que Cristo edifica &#160; Traducido por Erika Escobar  “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Anteriores de la serie:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>9. <a title="Santidad: 8. Moisés – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/">Moisés</a></p>
<p>10. <a title="Santidad: 9. Lot" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/10/santidad-10-lot/">Lot</a></p>
<p>11. <a title="Santidad: 11. Una mujer para recordar – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/11/santidad-11-una-mujer-para-recordar-j-c-ryle/" target="_blank">Una mujer para recordar</a></p>
<p>12. <a title="Santidad: 12. El gran trofeo de Cristo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/01/santidad-12-el-gran-trofeo-de-cristo/" target="_blank">El gran trofeo de Cristo</a></p>
<p>13. <a title="Santidad: 13. El soberano de las olas – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/03/santidad-13-el-soberano-de-las-olas-j-c-ryle/" target="_blank">El Soberano de las olas</a></p>
<p>14. <a title="Santidad: 14. La Iglesia que Cristo edifica – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/03/santidad-14-la-iglesia-que-cristo-edifica-j-c-ryle/" target="_blank">La Iglesia que Cristo edifica</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<p> “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Apo. 3:22).</p>
<p>Supongo que puedo dar por garantizado que cada lector de este mensaje pertenece a alguna iglesia visible de Cristo.  No le estoy preguntando si usted es un episcopal, o un presbiteriano o un independiente.  Supongo tan solo que a usted no le gustaría ser llamado un ateo o infiel.  Usted asiste a un culto público de algún cuerpo cristiano visible, particular o nacional.</p>
<p>Ahora, cualquiera sea el nombre de iglesia, lo invito a poner especial atención al versículo de las Escrituras que está delante de sus ojos.  Le encomiendo  recordar que las palabras de ese versículo le conciernen.   Están escritas para su aprendizaje y para el de todos aquellos que se llaman a sí mismos cristianos.  “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.</p>
<p>Este versículo se repite siete veces en los capítulos segundo y tercero del libro del Apocalipsis.  Siete diferentes cartas del Señor Jesús son enviadas a través de la   mano de Su siervo Juan a las siete iglesias de Asia.   Siete veces Él concluye Su carta con las mismas solemnes palabras:  “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.</p>
<p>El Señor Dios es perfecto en todas Sus obras.   No hace nada por casualidad.  Ninguna parte de las Escrituras ha sido escrita por casualidad.  En todos sus manejos usted puede rastrear el diseño, el propósito y el plan.   Hubo diseño para el tamaño y órbita de cada planeta.  Hubo diseño en la forma y estructura de la más pequeña de las alas de una mosca.  Hubo diseño en cada versículo de la Biblia.  Hubo diseño en cada repetición de un versículo dondequiera que fuera puesto.  Hubo diseño en la séptuple repetición del versículo que está delante de sus ojos.  Tenía un significado y nosotros hemos sido exhortados a observarlo.</p>
<p>A mí me parece que este versículo es para llamar la atención especial de todos los verdaderos cristianos de las siete “epístolas a las iglesias”.  Creo que su propósito era hacer que los creyentes tomaran especial nota de las cosas que estas siete cartas contienen.</p>
<p>Déjenme tratar de puntualizar ciertas verdades centrales que estas siete cartas parecen enseñarme.  Son verdades para los tiempos en que vivimos, verdades que sería bueno para nosotros conocer y para sentirnos mucho mejor de lo que lo hacemos.</p>
<p>1. <strong> </strong>Solicito a mis lectores observar que<strong> el Señor Jesús, en todas estas siete cartas, habla sólo de materias doctrinales, advertencias y promesas.</strong></p>
<p>Le pido revisar estas siete cartas a las Iglesias, tranquilamente y a su conveniencia, y pronto verá a lo que me refiero.</p>
<p>Observará que el Señor Jesús, algunas veces, encuentra fallas en las  falsas doctrinas y prácticas paganas inconsistentes y las reprocha duramente.</p>
<p>Observará que algunas veces Él alaba la fe, la paciencia, las obras, el trabajo, la perseverancia y concede a estos dones alto elogio.</p>
<p>Algunas veces, Lo encontrará imponiendo el arrepentimiento, la corrección, el retorno al primer amor, la aplicación renovada a Él y cosas similares.</p>
<p>No obstante, quiero que usted observe que no encontrará al Señor, en ninguna de las epístolas, preocupado por el gobierno ni las ceremonias de las iglesias.  No dice nada acerca de los sacramentos y las ordenanzas.  No hace ninguna mención a la liturgia o formas.  No instruye a Juan a escribir ni una palabra acerca del bautismo, la Cena del Señor, o la sucesión apostólica de los ministros.  En breve, los principios centrales  de lo que podemos llamar “el sistema sacramental” no son mencionados ni en la primera ni la última de las siete epístolas.</p>
<p>¿Y por qué hago hincapié sobre esto?  Lo hago porque en los días presentes muchos creyentes  querrían que nosotros creyéramos que estas cosas son de primera, de cardinal, o de primordial importancia.</p>
<p>No son pocos los que parecen sostener que no debe existir ninguna iglesia sin un Obispo y ninguna devoción sin la liturgia.  Parecen creer que enseñar el valor de los sacramentos es el primer trabajo de un ministro, y que mantener su parroquia sea el primer negocio de un pueblo.</p>
<p>Que ningún hombre me malentienda cuando digo esto.  No huyan  con la noción de que yo no veo la importancia en los sacramentos.  Por el contrario,  los tengo como grandes bendiciones para todos aquellos que los reciben correctamente, en forma digna y con fe.  No imaginen que no agrego valor al episcopado, a la liturgia y al sistema parroquial.  Por el contrario, considero que una iglesia bien administrada, que posee estas tres cosas y un ministerio evangélico, es mucho más completa y útil que una iglesia en que éstas no se encuentran.</p>
<p>Sin embargo, digo esto, los sacramentos, el gobierno de la iglesia, el uso de una liturgia, la observancia de ceremonias y formas, todas ellas no son nada comparadas con la fe, el arrepentimiento y la santidad.  Y mi autoridad para decirlo de ese modo está en el tenor entregado por las palabras de nuestro Señor a las siete iglesias.</p>
<p>Nunca creeré que si una cierta forma de gobierno para la iglesia fuera tan importante como algunos dicen, que la gran Cabeza de la iglesia no hubiera dicho nada al respecto.  Hubiese esperado encontrar algo acerca de esto en la carta  a Sardis y Laodicea.  No encuentro nada en absoluto y pienso que el silencio es un hecho significativo.</p>
<p>No puedo evitar remarcar el mismo hecho en las palabras iniciales de Pablo a los ancianos de Éfeso (Hec 20:27-35).   Él los estaba dejando para siempre.  Él estaba dando su última ofensiva en la tierra, y habló como alguien que no podría  ver las caras de sus oyentes nunca más, y aún así no hay ninguna palabra acerca de los sacramentos y el gobierno de la iglesia.  Si hubo alguna vez algún momento propicio para hablar acerca de esto fue ése.   Sin embargo, él no dice nada y creo que fue un silencio deliberado.</p>
<p>Aquí descansa una razón del por qué nosotros, correcta o incorrectamente, somos llamados clérigos evangélicos.  Si no predicamos acerca de obispos y del Libro de Oraciones,  de las ordenanzas más de lo que lo hacemos no es porque no los valoremos en su lugar, porción y forma.  Las valoramos tan real y verdaderamente como cualquiera y estamos agradecidos por ellos.  Sin embargo, creemos que el arrepentimiento hacia Dios, la fe hacia nuestro Señor Jesucristo y una conversación santa son temas de mucha más relevancia para el alma de los hombres.  Sin ellas ningún hombre puede ser salvo.  Estas son las primeras y más significativas materias y, por lo tanto, nos preocupamos de ellas.</p>
<p>Aquí nuevamente descansa una razón por la que tan frecuentemente urgimos a los hombres a no estar meramente contentos con la religiosidad.   Usted debe observar que a menudo advertimos de no descansar en los privilegios de ser miembro de una iglesia o de la iglesia misma.   Decimos que usted no se sienta satisfecho porque asiste a la iglesia los domingos, y participa en la mesa del Señor.   Frecuentemente lo urgimos a recordar que no es cristiano aquel que aparenta, que usted debe ser “nacido de nuevo”, que usted debe tener “la fe que obra por amor”, que debe existir una “nueva creación” por el Espíritu en su corazón.  Lo hacemos porque esto nos parece es la preocupación de Cristo.  Estas son la clase de cosas con las que Él trata cuando escribe siete veces a siete diferentes iglesias.  Sentimos que si Lo seguimos no podemos equivocarnos mucho.</p>
<p>Estoy consciente de que los hombres nos acusan de tomar “posiciones miopes” en los temas que he tratado.  No es una gran cosa que nuestras opiniones sean consideradas “miopes” en la medida en que nuestras consciencias nos dicen que son bíblicas.   Un terreno elevado, como se dice, no siempre es un terreno seguro.  Lo que Balac dijo debe ser nuestra respuesta “Lo que el Señor dice, eso diré&#8221; (Num. 24:13)</p>
<p>La verdad lisa y llana es que, en estos días, existen dos distintos y separados sistemas cristianos en Inglaterra.   Es inútil negarlo.  Su existencia es un hecho fehaciente y además algo que no puede ser tan claramente conocido.</p>
<p>De acuerdo a un sistema, la religión es un mero negocio corporativo.  Se supone que usted pertenece a un cierto grupo de gente.  Por virtud de su membresía a este grupo, grandes privilegios, en términos de tiempo y eternidad, se le confieren.   Poco importa lo que usted es o siente.  No se le tratará de acuerdo a sus sentimientos.  Usted es miembro de la gran corporación eclesiástica.  De ese modo los privilegios e inmunidades de ésta son suyas.   ¿Pertenece usted a una corporación eclesiástica verdadera?   Esa es la gran cuestión.</p>
<p>Según el otro sistema, la religión es eminentemente un negocio personal entre usted y Cristo.   No salvará su alma ser un miembro externo de cualquier cuerpo eclesiástico como quiera que sea y cuán sólido sea ese cuerpo.   Tal membresía no lavará sus pecados o le dará la confianza en el día del juicio.   Debe existir una fe personal en Cristo, una relación personal entre usted y Dios, una comunión personal entre su propio corazón y el Espíritu Santo.   ¿Tiene usted esta fe personal?   ¿Ha sentido el trabajo del Espíritu en su alma?   Esta es la gran cuestión.  Si no, estará perdido.</p>
<p>Este último sistema es al que aquellos que son llamados ministros evangélicos se adhieren y enseñan.   Lo hacen así porque están convencidos que es el sistema de la Santa Escritura.   Lo hacen así porque están persuadidos de que cualquier otro sistema deriva en consecuencias peligrosas y es calculado para engañar a los hombres fatalmente en lo que se refiere a su estado actual.   Lo hacen así porque creen que este es el único sistema para enseñar que Dios bendecirá y que ninguna iglesia florecerá tanto como aquella en que el arrepentimiento, la fe, la conversión y el trabajo del Espíritu son los grandes temas de los sermones de los ministros.</p>
<p>2.  Le pido a mis lectores que observen que <strong>el Señor Jesús en cada carta dice “Conozco sus obras”.  </strong>Esa expresión así reiterada asombra grandemente. No es por nada que leamos estas palabras en siete ocasiones sucesivas.</p>
<p>A una iglesia el Señor Jesús dice:  “Conozco tu trabajo y paciencia”, a otra “tu tribulación y pobreza”, a una tercera “tu caridad y servicio y fe”.   No obstante para todas Él usa las palabras con lo que trato ahora “Conozco tus obras”.  No dice “Conozco tu profesión de fe, tus deseos, tus resoluciones, tus anhelos sino “tus obras”.  “Conozco tus obras”.</p>
<p>Las obras de un cristiano profesante son de gran importancia.  No pueden salvar su alma.  No pueden justificarlo.  No pueden lavar sus pecados.  No pueden liberarlo de la ira de Dios pero eso no significa que, porque no pueden salvarlo, no tengan importancia.  Tome cuidado y esté alerta con esta idea.   El hombre que así piensa se engaña temiblemente a sí mismo.</p>
<p>A menudo pienso que podría morir gustosamente por la doctrina de la justificación por la fe sin las obras de la ley.  Sin embargo, honestamente debo decir, como un principio general, que las obras de un hombre son la evidencia de su religión.  Si usted se llama a sí mismo cristiano debe mostrarlo en sus maneras y comportamiento diarios.  Acuérdese que la fe de Abraham y de Rahab fue producto de sus obras (Sant. 2:21-25).  Recuerde que es vano para usted y para mí conocer a Dios si en obras nosotros lo negamos (Tit 1:16).  Recuerde las palabras del Señor Jesús:  “Cada árbol es conocido por sus propios frutos” (Luc. 6:44).</p>
<p>No obstante cualquiera sean las obras de los cristianos profesantes, Jesús dice “Yo las conozco”.  Sus ojos están en cada lugar, contemplando lo malo y lo bueno (Prov. 15:3).  Usted nunca hizo algo, aunque sea en privado, que Jesús no haya visto.  Usted nunca dijo una palabra, no ni aún en un susurro, que Jesús no haya oído.  Usted nunca escribió una carta, aún a su amigo más querido, que Jesús no haya leído.  Usted nunca tuvo un pensamiento, aunque secreto, que Jesús no conociera.  Sus ojos son fuego ardiente.  La oscuridad no es oscuridad con Él.   Todas las cosas son conocidas y manifiestas ante Él.  Él dice a cada uno “Yo conozco tus obras”.</p>
<p>a. El Señor Jesús conoce las obras de todas las almas impenitentes e impías y algún día las castigará.  No están olvidadas en el cielo aunque parezcan estarlo en la tierra.  Cuando el gran trono blanco sea establecido, y los libros sean abiertos, los muertos perversos serán juzgados “de acuerdo a sus obras”.</p>
<p>b. El Señor Jesús sabe de las obras de Su propio pueblo y las sopesa. “A Él toca pesar las acciones&#8221; (1 Sam. 2:3).   Él sabe el por qué y el porque de las obras de todos los creyentes.  El ve sus motivos en cada paso que dan.  El discierne cuánto es hecho por Su bien y cuánto es hecho por el bien de la vanagloria. Lamentablemente no son pocas las cosas hechas por los creyentes, que a usted y a mí nos parecen muy buenas, que son de baja estima para Cristo.</p>
<p>c. El Señor Jesús sabe de las obras de Su propio pueblo y un día los recompensará.  Nunca pasa por alto una palabra amable o una buena obra hecha en Su nombre. El poseerá el más mínimo fruto de la fe y lo declarará ante el mundo en el día de Su venida.  Si usted ama al Señor Jesús y Lo sigue, puede estar seguro que su obra y su trabajo no serán en vano en el Señor.  Las obras de los que mueren en el Señor “los seguirán” (Apo. 14:13).  No irán delante de ellos, ni a su lado, sino que los seguirán y serán su posesión en el día de la venida de Cristo.   La parábola de los talentos se aplicará  “Cada hombre recibirá su propia recompensa conforme a su propio trabajo&#8221; (1 Cor. 3:8).  El mundo no lo conoce porque no conoce a su Maestro.   Pero Jesús ve y sabe todo.  “Conozco tus obras”.</p>
<p>Piense en que aquí hay una seria advertencia para todos los profesantes mundanos e hipócritas de la religión.  Que todos ellos lean, marquen y digieran estas palabras.   Jesús les dice:  “Yo conozco tus obras”.  Usted puede engañarme a mí o a cualquier otro ministro, es fácil de hacer.  Usted puede recibir de mis manos el pan y el vino y aún estar proclive a la injusticia en su corazón.   Usted puede sentarse bajo el púlpito de un predicador evangélico, semana tras semana, escuchar sus palabras con cara seria pero no creyéndolas.  Sin embargo, recuerde esto, usted no puede engañar a Cristo.  Aquel que descubrió la falta de vida de Sardis y la tibieza de Laodicea, ve a través de usted y lo expondrá en el último día, salvo que se arrepienta.</p>
<p>Oh, créanme, la hipocresía es un juego perdedor.  Nunca será la respuesta a parecer una cosa y ser otra, tener el nombre de cristiano y no serlo en realidad.  Esté seguro, si su conciencia remuerde y lo condena en este tema, esté seguro que su pecado será puesto al descubierto.  Los ojos de los que vieron a Acán robar el lingote de oro y esconderlo, están sobre usted.  El libro de registro de las obras de Gehazi y Ananías y Safira está también haciendo registro de sus actos.  Jesús misericordiosamente le envía una palabra de advertencia este día.  El dice “Conozco tus obras”.</p>
<p>No obstante también piense  qué estímulo hay aquí para cada creyente de corazón honesto y verdadero.  A usted también, Jesús le dice “Conozco tus obras”.   Usted no ve ninguna belleza en las acciones que realiza.  Todo parece imperfecto, manchado y corrupto.  Usted a menudo se siente descorazonado por sus propios defectos.  A menudo siente que su vida entera es un gran atraso y que cada día está en blanco o sucio,  no obstante ahora sabe que Jesús puede ver alguna belleza en todo lo que hace desde su deseo consciente de agradarlo.  Sus ojos pueden discernir la excelencia en la más mínima cosa que es fruto de Su propio Espíritu.  Él puede recoger los granos de oro de entre la basura de sus actuaciones y cernir el trigo entremedio de la paja de sus actos.  Todas sus lágrimas son vaciadas en Su botella.  Sus esfuerzos por hacer el bien a otros, aunque débiles, están escritos en Su libro de memorias.   La más pequeña copa de agua dada en Su nombre no perderá su recompensa.  El no olvida su obra y su trabajo de amor sin importar cuán poco el mundo sepa apreciarlas.</p>
<p>Esto muy maravilloso pero es así.   Jesús ama honrar el trabajo de Su Espíritu en Su pueblo y pasa por alto sus flaquezas.   Él habita en la fe de Rahab pero no en su mentira.  Él encomienda a Sus apóstoles para que permanezcan con Él en Sus pruebas y pasa por alto su ignorancia y falta de fe (Luc 22:28).  “Como el padre se compadece por sus hijos, así el Señor se compadece de los que le temen&#8221; (Sal 103:13).  Y así como el padre encuentra placer en el más pequeño de los actos de sus hijos, de los cuales un extraño nada sabe, así mismo supongo que el Señor se complace con nuestros débiles y pobres esfuerzos de servirlo.</p>
<p>Bien puedo entender al justo en el día del juicio cuando dice:  “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?  ¿Cuándo te vimos como un extranjero y te albergamos? ¿O desnudo y te vestimos?   ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a Ti?  (Mat. 25:37-39).   ¡Puede parecer increíble e imposible que ellos hayan podido hacer algo digno de mencionar en el gran día!  Así es.   Que todos los creyentes se conforten con esto.  El Señor dice “Conozco tus obras”.   Esto debe hacerlo humilde pero no debe hacerlo sentirse temeroso.</p>
<p>3.  Pido a mis lectores observar que <strong>en cada epístola el Señor Jesús hace una promesa al hombre que vence.</strong>    Siete veces Jesús da a las iglesias estas excesivamente grandes y preciosas promesas.  Cada una es diferente y cada una llena de firme consolación, no obstante, cada una es dirigida a los cristianos vencedores.   Es siempre para “aquel que vence” o “al que vence”.  Le pido tomar nota de esto.</p>
<p>Cada cristiano es un soldado de Cristo.  El está atado por su bautismo a pelear la batalla de Cristo contra el pecado, el mundo y el demonio.   El hombre que no lo hace quiebra su juramento.   El es un deudor espiritual.  No cumple los compromisos hechos.  El hombre que no hace esto está prácticamente renunciando a su cristianismo.  El solo hecho que él pertenezca a una iglesia, asista a un lugar cristiano para adorar y se llame a sí mismo cristiano, es una declaración pública de que desea ser tenido como un soldado de Jesucristo.</p>
<p>La armadura es provista para el cristiano profesante si tan solo desea usarla.  “Tomen”, dice Pablo a los efesios, “la completa armadura de Dios”.  “Permanezcan, teniendo vuestros lomos ceñidos con la verdad, y teniendo la coraza de la justicia”.  “Tomen el casco de la salvación y la espada del espíritu, que son la Palabra de Dios”.  “Por sobre todo, tomen el escudo de la fe” (Efe. 6:13-17).  Y, no menor, los cristianos profesantes tienen al mejor de los lideres:  Jesús el Capitán de la salvación, a través de Quien él puede ser más que ganador, tener la mejor de las provisiones, el pan y el agua de vida, y el mejor salario prometido, un peso eterno de gloria.</p>
<p>Todas estas son cosas sabidas.  No me desviaré de mi tema con el fin de hablar sobre ellas.</p>
<p>El único punto sobre el cual quiero ahora poner inflexión en su alma es este:  que el verdadero creyente no es sólo un soldado sino un soldado victorioso.  No sólo profesa pelear del lado de Cristo contra el pecado, el mundo y el demonio sino que realmente pelea y vence.</p>
<p>Esta es la gran marca identificadora de los verdaderos cristianos.  A otros hombres, quizá, les gusta ser parte de la armada de Cristo.  Otros hombres pueden tener vagos deseos y  lánguidos anhelos por buscar  la corona de gloria, pero es tan sólo el verdadero cristiano quien hace el trabajo de un soldado.   Por su cuenta se enfrenta limpiamente a los enemigos de su alma, realmente pelea con ellos y en esa lucha vence.</p>
<p>La gran lección que deseo que los hombres aprendan de estas siete cartas es que si usted probara que es nacido de nuevo y va al cielo, entonces usted debe ser un soldado victorioso de Cristo.  Si desea poner en claro que usted tiene un derecho sobre las preciosas promesas de Cristo, usted deberá pelear la buena batalla en la causa de Cristo y en esa pelea ser un ganador.</p>
<p>La victoria es la única evidencia satisfactoria de que usted tiene una religión que salva.  A usted le agradan los buenos sermones, quizá.  Respeta la Biblia y la lee ocasionalmente.  Usted ora en las noches y en la mañana.   Tiene una familia de oradores y participa de sociedades religiosas.  Doy gracias a Dios por esto.  Todo es muy bueno, ¿pero cómo va su batalla?  ¿Cómo se desarrolla el gran conflicto todo el tiempo?   ¿Está usted ganándole al amor del mundo y el miedo a los hombres?  ¿Está usted venciendo las pasiones, carácter y deseos de su propio corazón?  ¿Cómo va este asunto?  Usted debe o gobernar o servir al pecado y el demonio y el mundo.  No hay medias aguas.   Usted debe o conquistar o perderse.</p>
<p>Yo sé bien que es una dura batalla la que debe dar y quiero que lo sepa también.  Usted debe pelar la buena batalla de la fe y soportar dificultades si desea permanecer para la vida eterna.   Usted debe decidirse a una batalla diaria si desea alcanzar el cielo.  Pueden existir caminos angostos al cielo inventados por el hombre, no obstante según la vieja cristiandad, el viejo y buen camino es el camino de la cruz, el camino del conflicto.  El pecado, el mundo y el demonio deben ser verdaderamente mortificados, resistidos y vencidos.</p>
<p>Este es el camino que los antiguos santos han pisado, dejando la vara en alto.</p>
<p>a. Cuando Moisés rechazó los placeres del pecado en Egipto y escogió la aflicción con el pueblo de Dios eso fue superación.  El venció el amor al placer.</p>
<p>b. Cuando Miqueas rechazó profetizar cosas buenas al rey Acaz, aunque sabía que sería perseguido si hablaba la verdad, esto fue superación.  Él venció el amor a lo fácil.</p>
<p>c.  Cuando Daniel rechazó abandonar sus oraciones, aunque sabía que el foso de leones estaba preparado para él, esto fue superación.  Él venció el miedo a la muerte.</p>
<p>d. Cuando Mateo se levantó de su puesto en la aduana de impuesto a solicitud de nuestro Señor, dejó todo y lo siguió, esto fue superación.  Él venció el amor al dinero.</p>
<p>e. Cuando Pedro y Juan se pararon valientemente frente al consejo y dijeron “No podemos sino hablar de las cosas que hemos visto y oído”, esto fue superación. Ellos vencieron el miedo del hombre.</p>
<p>f. Cuando Saúl, el fariseo, abandonó todas sus posibilidades de ascenso entre los judíos y predicó acerca del mismo Jesús que él había perseguido antes, esto fue superación.  El venció el amor a la alabanza de los hombres.</p>
<p>La misma clase de cosas que estos hombres hicieron usted debe hacerlas si va a ser salvo.  Eran hombres de las mismas pasiones suyas y aún así vencieron.   Ellos enfrentaron tantas pruebas como usted posiblemente pueda tener, y aún así vencieron.  Pelearon.   Batallaron.  Resistieron.  Usted debe hacer lo mismo.</p>
<p>¿Cuál era el secreto de su victoria?  Su fe.  Ellos creyeron en Jesús y, creyendo, se hicieron fuertes.  Ellos creyeron en Jesús y, creyendo, se fortalecieron.  En todas sus batallas, mantuvieron sus ojos en Jesús, y Él nunca los  dejó ni los abandonó.  “Ellos vencieron por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio”, y usted también puede (Apo. 12:11).</p>
<p>Pongo estas palabras frente a usted.  Le pido las ponga en su corazón.  Resuelva, por la gracia de Dios, ser un cristiano vencedor.</p>
<p>Temo mucho por muchos cristianos profesantes.  No veo ninguna señal de batalla en ellos, mucho menos de victoria.  Nunca dan un golpe del lado de Cristo.  Están en paz con Sus enemigos.  No pelean contra el pecado.  Les advierto, esto no es cristianismo.  No es el camino al cielo.</p>
<p>A menudo temo mucho por aquellos que oyen el evangelio regularmente.  Me temo que usted pueda llegar a familiarizarse con el sonido de sus doctrinas, sea insensible y esté muerto a su poder.  Temo, no sea que su religión se hunda en una vaga conversación sobre su propia debilidad y corrupción, y unas pocas expresiones sentimentales acerca de Jesús, mientras su batalla real y práctica al lado de Cristo es rechazada. Oh, dése cuenta de este estado mental.  “Sean hacedores y no solamente oidores de la palabra”.  Ninguna victoria –ninguna corona!  Pelee y venza (Sant. 1:22)</p>
<p>Hombres y mujeres jóvenes, y especialmente aquellos que han crecido en familias religiosas.  Temo mucho por ustedes.  Temo, no sea que adquieran el hábito de dar rienda suelta a cada tentación.  ¡Temo, no sea que teman decir “no”! al mundo y al demonio y, cuando los pecadores los seduzcan, piensen que es un problema mínimo consentir.  Estén alertas, les ruego, de abrir el camino.  Cada concesión los hará más débiles.  Vayan al mundo resueltos a pelear la batalla de Cristo y peleen todo el camino.</p>
<p>Los creyentes en el Señor Jesús, de cada iglesia y clase, siento mucho por ustedes.  Sé que el camino es duro.  Sé que es una dolorosa batalla la que tienen que pelear.  Sé que a menudo están tentados de decir “No tiene sentido” y de bajar sus brazos totalmente.</p>
<p>Alégrense, queridos hermanos y hermanas.  Confórtense, les ruego.  Miren el lado brillante de su posición.  Sean alentados a pelear.  El tiempo es corto.  El Señor está a la puerta.  La noche se acaba.  Millones tan débiles como ustedes han peleado la misma pelea.  Ni uno solo de esos millones ha quedado finalmente cautivo de Satanás.  Poderosos son sus enemigos pero el Capitán de su salvación es más poderoso aún.  Su brazo, Su gracia y Su Espíritu los sostendrán.  Alégrense.  No se desanimen.¿Y qué si pierde una batalla o dos?  No perderá todo.  ¿Qué si usted desmaya algunas veces?  No estará del todo desanimado.   ¿Qué si cae siete veces?  No sera destruído.  Vigile el pecado y el pecado no tendrá dominio sobre usted.  Resista al demonio y se alejará de usted.  Sálgase abiertamente del mundo y el mundo será obligado a dejarlo ir.  Se encontrará a usted mismo siendo más que ganador al final, usted “vencerá”.</p>
<p>Considerando la relevancia de todo este tema, miremos cómo toda esta doctrina nos toca en términos prácticos:</p>
<p>1. Primero, déjenme advertir a todos aquellos que están viviendo solo por el mundo, tomar cuidado de lo que están haciendo.  Son enemigos de Cristo, aunque no lo sepan.  Él nota sus caminos aunque le vuelvan la espalda y rechacen darle sus corazones.  Él está observando su vida diaria, leyendo sus caminos diarios.   Habrá aún una resurrección para todos sus pensamientos, palabras y acciones.  Usted puede olvidarlas pero Dios no.   Puede ser descuidado con ellas pero ellas son registradas cuidadosamente en el libro de memorias.  ¡Oh, hombre mundano, piense en esto!  Tiemble, tiemble y arrepiéntase.</p>
<p>2. Déjenme advertir a todas las personas formalistas y mojigatas que tomen cuidado de no ser engañados.  Imagina que irá al cielo porque regularmente asiste a la iglesia.  Se da el gusto con la expectativa de la vida eterna porque está siempre en la mesa del Señor y siempre está en su banca.  ¿Pero dónde está su arrepentimiento?  ¿Dónde está su fe? ¿Dónde las evidencias de un  nuevo corazón?  ¿Dónde el trabajo del Espíritu? ¿Dónde están sus evidencias de regeneración?  ¡Oh, cristiano formal, considere estos aspectos!  Tiemble, Tiemble y arrepiéntase.</p>
<p>3.   Déjenme advertir a todos los miembros descuidados de las Iglesias para que estén alertas, no sea que jueguen con almas en el infierno.  Usted vive año tras año como si no hubiera una batalla que pelear contra el pecado, el mundo y el demonio.   Pasa por la vida  como un hombre sonriente, gentil o como una dama y se comporta como si no hubiera ningún demonio, ni cielo ni infierno.  ¡Oh, hombre de iglesia negligente, o disidente negligente, episcopal negligente, presbiteriano negligente, independiente negligente, bautista negligente, despierten para ver las realidades eternas en su verdadera luz!  Despierten y pónganse la armadura de Dios” ¡Despierten y luchen duro por la vida!  Tiemblen, Tiemblen y arrepiéntanse.</p>
<p>4. Déjenme advertir a todo aquel que desea ser salvo,  no contentarse con los estándares mundanos de religión.   Es seguro que ningún hombre con los ojos abiertos puede fallar en ver que el cristianismo del Nuevo Testamento es algo más alto y más profundo que el cristianismo de muchos profesantes.  Esa formalidad, esa forma fácil de hacer, eso de hacer lo poco que es lo que la mayoría de las personas llaman “religión” no es evidentemente la religión de nuestro Señor Jesús.   Las cosas que Él alaba en estas siete cartas no son alabadas por el mundo.  Las cosas de las cuales Él nos acusa no son las cosas en las que el mundo ve algún daño.  ¡Oh,  si desea seguir a Cristo, no se contente con el cristianismo del mundo!  Tiemble, Tiemble y arrepiéntase.</p>
<p>5.  Finalmente, déjenme advertir a todo aquel que profesa ser un creyente en el Señor Jesús, a no estar contento con un poco de religión.</p>
<p>De todas las señales  en la iglesia de Cristo, no conozco de ninguna más dolorosa a mis propios ojos que un cristiano esté contento y satisfecho con un poco de gracia, un poco de arrepentimiento, un poco de fe, un poco de conocimiento, un poco de caridad y un poco de santidad.  Ruego y suplico a cada alma creyente que lee este tratado a no ser esa clase de hombre.  Si usted desea ser útil,  si desea promover la gloria de su Señor, si añora tener paz interior no se contente con un poco de religión.</p>
<p>Mejor busquemos cada año que vivimos hacer mayor progreso espiritual del que hemos alcanzado, para crecer en gracia, en conocimiento del Señor Jesús, crecer en humildad y conocimiento propio, crecer en espiritualidad y en mente en las cosas celestiales, crecer en conformidad a la imagen de nuestro Señor</p>
<p>Estemos alertas para no dejar nuestro primer amor como Éfeso, de convertirnos en tibios como Laodicea, de tolerar falsas prácticas como Pérgamo, de manipular falsas doctrinas como Tiatira, de volvernos medios muertos listos para morir como Sardis.</p>
<p>Mejor es que codiciemos los mejores dones.  Apuntemos a la ilustre santidad.  Dediquémonos a ser como Esmirna y Filadelfia.  Sostengamos firme lo que ya tenemos y continuamente busquemos tener más.  Trabajemos para ser cristianos inconfundibles.  Que no sea nuestro carácter distintivo  por los logros de hombres de ciencia o literatos, o hombres del mundo, o hombres de placeres, o hombres de negocios sino “hombres de Dios”.  Vivamos de forma tal que todos puedan ver que las cosas de Dios son las primeras cosas y la gloria de Dios nuestro primer objetivo en nuestras vidas, que seguir a Cristo es nuestro gran objetivo hoy, que estar con Cristo es nuestro gran deseo del mañana.</p>
<p>Vivamos de esta forma y seremos felices.  Vivamos de esta forma y haremos bien al mundo.  Vivamos de esta forma y dejaremos buena evidencia tras nuestro cuando seamos sepultados.  Vivamos de esta forma y la palabra del Espíritu a las iglesias no habrá sido dicha en vano.</p>
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		<title>Santidad: 14. La Iglesia que Cristo edifica &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2012 17:34:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza 9. Moisés 10. Lot 11. Una mujer para recordar 12. El gran trofeo de Cristo 13. El Soberano de las olas Traducido por Erika Escobar  “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). ¿Pertenecemos a la Iglesia que está edificada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>9. <a title="Santidad: 8. Moisés – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/">Moisés</a></p>
<p>10. <a title="Santidad: 9. Lot" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/10/santidad-10-lot/">Lot</a></p>
<p>11. <a title="Santidad: 11. Una mujer para recordar – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/11/santidad-11-una-mujer-para-recordar-j-c-ryle/" target="_blank">Una mujer para recordar</a></p>
<p>12. <a title="Santidad: 12. El gran trofeo de Cristo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/01/santidad-12-el-gran-trofeo-de-cristo/" target="_blank">El gran trofeo de Cristo</a></p>
<p>13. <a title="Santidad: 13. El soberano de las olas – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/03/santidad-13-el-soberano-de-las-olas-j-c-ryle/" target="_blank">El Soberano de las olas</a></p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<blockquote><p> “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18).</p></blockquote>
<p>¿Pertenecemos a la Iglesia que está edificada sobre una roca?  ¿Somos miembros de la única Iglesia en la que nuestras almas pueden ser salvadas?   Estas son preguntas serias.  Merecen seria consideración.   Solicito la atención de todos aquellos que lean este mensaje mientras trato de mostrarles una Iglesia única, verdadera, santa y católica para guiar los pies de los hombres hacia el único seguro redil.  ¿Qué es esta Iglesia?  ¿A qué se parece?  ¿Cuáles son sus marcas?  ¿Dónde se encuentra?   Sobre todos estos puntos tengo algo que decir.   Voy a despejar las palabras de nuestro Señor Jesucristo que encabezan esta página.  Él declara:  “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.</p>
<p>Consideremos esto con más detalle:</p>
<p>1.  Primeramente, el texto menciona  un “<strong>edificio</strong>”.   El Señor Jesucristo habla de “Mi Iglesia”.</p>
<p>¿Y qué es esta Iglesia?   Pocas preguntas pueden formularse que tengan más importancia que ésta.   Por la falta de atención apropiada a este tema, los errores que se han deslizado al mundo no son ni pocos ni pequeños.</p>
<p>La Iglesia de nuestro texto no un edificio tangible.  No es el templo hecho con madera o ladrillos o piedras o mármol.   Es una empresa compuesta por hombres y mujeres.   No es una Iglesia visible particular en la tierra.  No es la iglesia del este o el oeste.  No es la iglesia de Inglaterra o de Escocia.  Y por sobre todo, ciertamente no es la iglesia de Roma.  La Iglesia de nuestro texto es aquella que hace bastante menos aspavientos que cualquier otra iglesia a los ojos del hombre pero es la de mucha más importancia a los ojos de Dios.</p>
<p>La Iglesia de nuestro texto está compuesta por todos los verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo,  por todos aquellos que son realmente santos y personas convertidas.  Comprende a todos aquellos que se han arrepentido de pecado y han ido a Cristo por fe y han sido hechos nuevas criaturas por Él.   Comprende a todos los elegidos de Dios, todos los que han recibido la gracia de Dios, todos los que han sido lavados con la sangre de Cristo, todos los que se han vestido con la justicia de Dios, todos los que han nacido de nuevo y han sido santificados con el Espíritu de Cristo.  Todos ellos, de cualquier nombre y clase y nación, raza y lengua son miembros de la Iglesia que menciona nuestro texto.   Esta es el cuerpo de Cristo.   Esta es el rebaño de Cristo.  Es la novia.  Es la esposa del Cordero.  Esta es la “Santa Iglesia Católica y Apostólica” del Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno</p>
<p>.  Esta es la compañía “bendita del pueblo fiel” de la que se habla en el servicio de comunión de la Iglesia de Inglaterra.  Esta es la “Iglesia sobre la roca”.</p>
<p>Los miembros de esta Iglesia no adoran a Dios de la misma manera o usan la misma forma de gobierno.  Algunas de ellas son dirigidas por obispos y alguna por los ancianos.   Algunas usan un libro de oración cuando se encuentran en cultos públicos de adoración  y otras no usan ninguno.   El artículo 34 de la Iglesia de Inglaterra de manera más sabia declara: “No es necesario que las ceremonias deban  ser iguales en todos los lugares”.  Sin embargo los miembros de esta Iglesia vienen al único trono de gracia.  Todos adoran con un mismo corazón.  Todos son dirigidos por un mismo Espíritu. Todos son real y verdaderamente santos.  Todos pueden decir “Aleluya” y todos pueden responder “Amén”.</p>
<p>Esta es la Iglesia de la cual todas las Iglesias visibles de la tierra deben siervos y siervas. Sean éstas Episcopales, Independientes o Presbiterianas, todas sirven a los intereses de la única verdadera Iglesia.   Ellas son el andamiaje detrás del cual el gran edificio permanece.   Ellas son la cascarilla bajo la cual el grano crece.  Tienen diversos grados de utilidad.  La mejor y la peor de ellas es la que entrena a los mejores miembros de la Iglesia verdadera de Cristo.   Sin embargo, ninguna Iglesia visible tiene derecho alguno de decir: “Somos la única Iglesia verdadera.  Somos los escogidos y la sabiduría morirá con nosotros”.  Ninguna Iglesia visible podría alguna vez atreverse a decir: “Permaneceremos para siempre.  Las puertas del infierno no prevalecerán contra mí”.</p>
<p>Esta es la Iglesia a la cual pertenecen las promesas misericordiosas de preservación, continuidad, protección y gloria final entregada por nuestro Señor.  Hooker dice: “Lo que quiera que sea que leamos en las Escrituras relacionado con el amor infinito y la bondad salvadora que Dios muestra a Sus Iglesias, el único tema apropiado contenido en ella es esta Iglesia, a la cual denominamos muy apropiadamente el cuerpo místico de Cristo”. Tan pequeña y despreciada como la verdadera Iglesia puede ser en este mundo, ella es preciosa y honorable a los ojos de Dios.  El templo de Salomón en toda su gloria era insignificante y despreciable en comparación con la Iglesia que ha sido construida sobre una roca.</p>
<p>Confío que las cosas que he estado diciendo calarán profundo en las mentes de todos aquellos que leen este mensaje.  Cuide tener una doctrina sólida sobre el tema de “la Iglesia”.  Una falta en esto puede conducir a errores peligrosos y a la ruina del alma.  La Iglesia está compuesta de verdaderos creyentes, es la Iglesia sobre la cual a nosotros –quienes somos ministros- se nos ordena especialmente a predicar.   La Iglesia que comprende a todos los que se arrepienten y creen en el Evangelio, es la Iglesia a la cual deseamos usted pertenezca.  Nuestro trabajo no estará hecho y nuestros corazones no estarán satisfechos hasta que usted sea hecho una nueva criatura y sea un miembro de la única verdadera Iglesia. Fuera de la Iglesia que no “está construida sobre la roca” no puede haber Salvación alguna.</p>
<p>2.     Nuestro texto no sólo considera un mero edificio sino <strong>un Constructor</strong>.   El Señor Jesucristo declara: “Construiré Mi Iglesia”.  La verdadera Iglesia de Cristo es tiernamente cuidada por las tres Personas de la bendita Trinidad.  En el plan de salvación revelado en la Biblia, fuera de toda duda, Dios el Padre escoge, Dios el Hijo redime y Dios el Espíritu Santo santifica a cada miembro del cuerpo místico de Cristo.  Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios, cooperan para la salvación de cada alma salvada.  Esto es una verdad que nunca debe olvidarse.   No obstante, hay un sentido peculiar en el cual la ayuda de la Iglesia descansa en el Señor Jesucristo.  Él es peculiar y preeminentemente el Redentor y Salvador de la Iglesia.  Por lo tanto, es lo que encontramos cuando Él dice en nuestro texto “Yo construiré –el trabajo de construir es Mi labor especial”.</p>
<p>Es Cristo quien llama a los miembros de la Iglesia en el momento correcto.  Ellos son “los llamados de Jesucristo” (Rom. 1:6).  Es Cristo quien los apura.  “El hijo apura a quien Él quiere” (Jn. 5:21).  Es Cristo quien lava sus pecados.  Él “nos ha amado, y ha lavado nuestros pecados con Su propia sangre (Apo. 1:5).  Es Cristo quien les da paz.  “Mi paz les dejo, Mi paz les doy” (Jn. 14:27).   Es Cristo quien les da vida eterna.  “Yo les doy vida eterna y no perecerán (Jn. 10:28).  Es Cristo quien les otorga arrepentimiento.  “Aquel que Dios ha exaltado… para ser un Príncipe y Salvador para dar arrepentimiento (Hech 5:31).  Es Cristo quien los habilita a ser Hijos de Dios.  “A todos los que lo recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12).  Es Cristo quien desarrolla el trabajo dentro de ellos desde el comienzo.  “Porque Yo vivo, ustedes vivirán también” (Jn. 14:19).  En breve, ha “complacido al Padre que en Cristo habitase toda plenitud” (Col. 1:19).  Él es el Autor y Acabador de la fe.  Él es la vida.  Él es la cabeza.  De Él cada articulación y miembro del cuerpo místico de cristiano se alimenta.  A través de Él, ellos son fortalecidos para la tarea.  Por Él son guardados de caer.  Él los preservará hasta el fin, y los presentará sin mancha ante el trono del Padre con un gozo rebosante.  Él es todas las cosas en todos los creyentes.</p>
<p>El poderoso agente por el cual el Señor Jesucristo desarrolla este trabajo en los miembros de Su Iglesia es, sin duda, el Espíritu Santo.  Él es quien solicita  a Cristo y Sus beneficios para el alma.  Él es quien está siempre renovando, despertando, convenciendo, llevándonos a la cruz, transformándonos, sacando fuera del mundo piedra tras piedra y agregándolas al edificio místico.  No obstante el supremo Constructor, que ha tomado la ejecución del trabajo de la redención hasta culminarlo, es el Hijo de Dios, la “Palabra que se hizo carne”.  Es Jesucristo quien “construye”.</p>
<p>En la construcción de la verdadera Iglesia, el Señor Jesús condesciende a usar muchos instrumentos subordinados.  El ministerio del evangelio, la circulación de las Escrituras, la reprimenda amistosa, la palabra dicha a tiempo, la influencia de las aflicciones –todo, todo son los medios e instrumentos a través de los cuales Su labor es ejecutada, y el Espíritu entrega vida a las almas.  Cristo es el gran Arquitecto superintendente, ordenando, guiando, dirigiendo que todo sea hecho.  Pablo puede plantar y Apolos regar no obstante es Dios quien entrega el crecimiento (1 Cor. 3:6).  Los ministros pueden predicar, los escritores, escribir pero es el Señor Jesucristo quien solamente puede construir.  Y a menos que Él edifique, el trabajo no avanza.</p>
<p>¡Grande es la sabiduría con la que el Señor Jesucristo construye Su Iglesia!  Todo es hecho en el momento correcto y en la forma correcta.  Cada piedra en su forma es puesta en su correcto lugar.  Algunas veces Él escoge piedras grandes y otras Él escoge piedras pequeñas.  Algunas veces el trabajo es rápido y otras, lento.  El hombre se impacienta frecuentemente y piensa que nada se hace, pero el tiempo del hombre no es el tiempo de Dios.  Mil años a Sus ojos son sólo como un día.  El gran Constructor no comete errores. Él sabe lo que está haciendo.  Él ve el fin desde el comienzo.  Él trabaja con un plan perfecto, inalterable y seguro.   Las ideas más poderosas de los arquitectos, como Miguel Angel y Wren, son tan solamente insignificantes y juego de niño en comparación con los consejos sabios de Cristo respecto de Su Iglesia.</p>
<p>¡Grandes son la condescendencia y la misericordia que Cristo muestra al construir Su iglesia!  A menudo Él escoge las piedras menos apropiadas y más ásperas y las acomoda en el más excelso trabajo.  No desprecia ninguna, no rechaza a ninguna por sus pecados pasados y transgresiones.  Él a menudo hace que fariseos y publicanos sean los pilares de Su casa.  Él se deleita en mostrar misericordia.  A menudo, Él toma a los más irreflexivos  e impíos y los transforma en ángulos pulidos de Su templo espiritual.</p>
<p>¡Grande es el poder que Cristo despliega en construir Su Iglesia!  El efectúa Su trabajo a pesar de la oposición del mundo, la carne y el demonio.  En tormenta, en tempestad, en tiempo de problemas, silenciosamente, quietamente, sin ruido, sin remoción, sin excitación, la construcción progresa, como el templo de Salomón.  “Lo que Yo hago,  El declara, ¿quién lo estorbará?”  (Isa. 43:13).</p>
<p>Los hijos de este mundo tienen poco o ningún interés en la construcción de esta Iglesia.  No se preocupan en absoluto de la conversión de las almas.  ¿Qué son para ellos espíritus quebrantados y corazones penitentes?  ¿Qué es para ellos la convicción de pecado, o fe en el Señor Jesús?   A sus ojos todo es “tontería”.   Sin embargo, mientras los hijos de este mundo no se preocupan en absoluto, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios.  Por la preservación de la verdadera Iglesia, las leyes de la naturaleza algunas veces se suspenden.  Por el bien de esa Iglesia, todos los manejos providenciales de Dios en este mundo se ordenan y arreglan.  Por el bien de los electos, las guerras llegan a su fin y la paz es dada a la nación.  Hombres de estados, regidores, emperadores, reyes, presidentes, cabezas de gobierno tienen sus esquemas y planes que piensan son de gran importancia.  Pero hay otro trabajo que se desarrolla para un momento infinitamente mayor, en el cual ellos sólo son las “hachas y sierras” en las manos de Dios (Isa. 10:15).  Ese trabajo es la erección del templo espiritual de Cristo, la reunión de las rocas vivas en la única y verdadera Iglesia.</p>
<p>Debiéramos sentirnos profundamente agradecidos porque la construcción de la verdadera Iglesia descansa sobre los hombros del Único que es poderoso.  Si el trabajo dependiera del hombre, pronto se paralizaría.  ¡Pero, bendito sea Dios, el trabajo está en las manos de un Constructor que nunca falla en cumplir Sus diseños!  Cristo es el Constructor todopoderoso.  El ejecutará Su trabajo, aunque las naciones y las Iglesias visibles no conozcan su deber.  Cristo no fallará.  Aquello a lo que El se ha comprometido, El por cierto hará.</p>
<p>3. El Señor Jesucristo nos dice;  “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia”.  <strong>Este es el cimiento sobre el cual la Iglesia se construye</strong>.   ¿Qué quiso decir el Señor Jesucristo cuando habló de este cimiento?  ¿Se refirió al apóstol Pedro a quién El estaba hablando?  Con seguridad siento que no.  No puedo ver ninguna razón, si se refería a Pedro, por la que El no dice “Sobre ti construiré Mi Iglesia”.  Si se hubiera referido a Pedro seguramente habría dicho: “Construiré Mi Iglesia sobre ti”,  de la misma forma en que tan simplemente dijo. “Te daré las llaves”.  ¡No, no era la persona del apóstol Pedro sino la buena confesión que él había recién hecho!  No era Pedro, el hombre inestable y errático sino la poderosa verdad que el Padre le había revelado a él.  Era la verdad concerniente a Jesucristo Mismo la que era la roca.  Era la mediación de Cristo y la misión mesiánica de Cristo.  Era la verdad bendita que Jesús era el Salvador prometido, la verdadera Certeza, el verdadero Intercesor entre Dios y el hombre.  Esta era la roca y ese el cimiento sobre los cuales la Iglesia de Cristo iba a construirse.</p>
<p>El cimiento de la verdadera Iglesia descansaba en un costo tremendo.  Era necesario que el Hijo de Dios tomara nuestra naturaleza sobre Él, y en esa naturaleza viviera, sufriera y muriera no por Sus propios pecados sino por los nuestros.  Era necesario que en esa naturaleza Cristo fuera a la tumba y se le levantara.  Era necesario que en esa naturaleza Cristo fuera al cielo, se sentara a la mano derecha de Dios, habiendo obtenido la eterna redención de Su pueblo.  Ningún otro cimiento podría haber cumplido las necesidades de pérdida, culpa, corrupción, debilidad e indefensión de los pecadores.</p>
<p>Este cimiento, una vez logrado, es muy fuerte.   Puede soportar el peso de los pecados de todo el mundo.  Ha soportado el peso de todos los pecados de todos los creyentes que se han cimentado en él.  Pecados de pensamiento, pecados de imaginación, pecados del corazón, pecados de la cabeza, pecados que todos han visto y pecados que ningún hombre sabe, pecados contra Dios, pecados contra el hombre, pecados de toda clase y descripción –cuyo peso la roca puede soportar sin ceder.    El oficio mediador de Cristo es un remedio suficiente para todos los pecados de este mundo.</p>
<p>A este único cimiento cada miembro de la Iglesia verdadera de Cristo se une.  En muchas formas los creyentes se desunen y están en desacuerdo. No obstante, en el tema del cimiento de su alma todos están de acuerdo; ya sea que sean Episcopales o Presbiterianos, Bautistas o Metodistas, todos los creyentes tienen este punto en común.  Están cimentados sobre la roca.  Pregúnteles de dónde obtienen su paz, su esperanza y su expectativa gozosa por las cosas que vendrán.   Usted encontrará que todos fluyen de una única fuente poderosa:  Cristo el Mediador entre Dios y el hombre y del oficio que Cristo sustenta como Sumo Sacerdote y  Garante de los pecadores.</p>
<p>Mire su cimiento si desea saber si es o no un miembro de la única verdadera Iglesia.  Este es un punto que usted debe saber por usted mismo.   Nosotros podemos ver su adoración  pública pero no si usted está fundado personalmente en la roca;  podemos ver su participación en la mesa del Señor pero no ver si usted está unido a Cristo, es uno con Cristo y Cristo uno con usted.  Tenga cuidado de no estar equivocado sobre su salvación personal.  Vea que su propia alma esté fundada sobre la roca.  Sin esto, todo lo demás es nada.   Sin esto, usted nunca se parará en el día del juicio.  ¡Miles de veces mejor en ese día es estar fundado en una humilde casa  “sobre la roca” que un palacio sobre la arena!</p>
<p>4. En cuarto lugar, procedo a hablar de las <strong>pruebas implícitas de la Iglesia</strong> a la cual este texto se refiere.    Se hace mención a las “puertas del infierno”.   Por esa expresión se supone que debemos entender el poder del príncipe del infierno, incluso el demonio (Compare Sal 9:13; 107:18; Isa. 38:10).</p>
<p>La historia de la verdadera Iglesia de Cristo siempre ha sido un punto de conflicto y pugna.  Ha sido constantemente atacada por un enemigo mortal, Satanás, el príncipe de este mundo.  El demonio detesta a la verdadera Iglesia de Cristo con odio imperecedero.  Está siempre agitando la oposición contra todos sus miembros.  Está siempre incitando a los hijos de este mundo a hacer su voluntad, a dañar y a hostigar al pueblo de Dios.  Si él no puede herir la cabeza, herirá el talón.  Si él no puede robar a los creyentes del cielo, él los irritará en el camino a éste.</p>
<p>La batalla con los poderes del infierno ha sido la experiencia del cuerpo completo de Cristo por  seis mil años.  Siempre ha sido la zarza ardiente, aunque no consumida, una mujer huyendo en el desierto, pero nunca tragada (Ex. 3:2, Apo. 12:6, 16).  Las Iglesias visibles tienen sus tiempos de prosperidad y de paz pero nunca ha habido un tiempo de paz para la verdadera Iglesia.  Su conflicto es perpetuo.  Su batalla nunca termina.</p>
<p>La batalla con los poderes del infierno es la experiencia de cada miembro individual de la verdadera Iglesia.  Cada uno tiene que pelear.   ¿Qué son las vidas de todos los santos sino el recuento  de sus batallas?  ¿Qué  fueron hombres como Pablo y Santiago y Pedro y Juan y Policarpo y Crisóstomo y Agustín y Lutero y Calvino y Latimer y Baxter sino soldados comprometidos en una constante batalla?    Algunas veces es el pueblo de santos el que ha sido atacado y en otras sus posesiones.  Algunos han sido calumniados y vilipendiados y otras veces perseguidos abiertamente.   Sin embargo, en una forma u otra, el demonio ha estado continuamente guerreando contra la Iglesia.   Las “puertas del infierno” han estado continuamente agrediendo al pueblo de Cristo.</p>
<p>Nosotros, quienes que predicamos el Evangelio, podemos declarar a todos aquellos que vienen a Cristo las preciosas y grandísimas promesas Suyas” (2 Ped 1:4).  Podemos ofrecerle abiertamente, en nombre de nuestro Maestro, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento.  Misericordia, gracia gratis y salvación plena son ofrecidas a todos quienes vengan a Cristo y creen en Él.   No obstante, no prometemos la paz con el mundo o con el demonio.  Advertimos, por el contrario, que habrá batalla en tanto estén en el cuerpo.  No le contendríamos o disuadiríamos de servir a Cristo pero si les haríamos “considerar el costo” y meditar lo que conlleva servirlo a Él (Luc. 14:28).</p>
<p>a.  No se sorprenda de la enemistad de las puertas del infierno.  “Si usted fuera del mundo, el mundo amaría a los suyos” (Jn. 15:19).  En tanto que el mundo es el mundo, y el demonio es el demonio, existirá esta batalla y los creyentes en Cristo deben ser soldados en ella.  El mundo despreció a Cristo y despreciará a los verdaderos cristianos mientras exista la tierra.   Como el gran reformador Lutero dijo “Caín continuará asesinando a Abel mientras la Iglesia esté sobre la tierra”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>b.  Esté preparado para enfrentar la enemistad de las puertas del infierno.  Vista la armadura completa de Dios.   La torre de David contiene miles de escudos todos ellos dispuestos para el uso del pueblo de Dios.  Las armas de nuestra batalla han sido probadas por millones de pobres pecadores como nosotros mismos y nunca han fallado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>c.  Sea paciente con la enemistad de las puertas del infierno.   Todo el conjunto trabaja a su favor.   Lo lleva a la santificación, lo mantiene despierto, lo hace humilde, lo conduce más cerca del Señor Jesucristo, lo desarraiga del mundo; lo ayuda a orar más.  Por sobre todo, lo hará añorar el cielo.  Le enseñará a decir tanto con el corazón como con los labios:  “Ven, Señor Jesús.  Venga Tu reino”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>d. Que la enemistad del infierno no lo desanime.  La batalla de un verdadero hijo de Dios es tanto la marca de gracia como de la paz interna que disfruta.  ¡Ninguna cruz, ninguna corona!  ¡Ningún conflicto, ninguna cristianidad salvadora! “Benditos son”, dijo nuestro Señor Jesucristo, “cuando por mi causa los hombres los vituperen, los persigan y digan toda clase de mal contra ustedes, mintiendo”.  Si usted nunca es perseguido por causa de la religión y los hombres hablan bien de usted, usted bien puede dudar si pertenece o no a la “Iglesia sobre la roca” (Mat. 5:11, Luc 6:26).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5. Hay una cosa más que considerar:  la <strong>Seguridad de la verdadera Iglesia</strong> de Cristo.  Hay una promesa gloriosa del Constructor:  “Las puertas del infierno no prevalecerán”.</p>
<p>Él, quien no miente, ha comprometido Su palabra que todos los poderes del infierno nunca derrocarán a Su Iglesia.  Continuará y permanecerá a pesar de cada asalto.  Nunca será sobrepasada.   Todas las otras cosas creadas se extinguirán y morirán pero no la Iglesia que está construida sobre la roca.</p>
<p>Imperios se han elevado y caído en rápida sucesión.  Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Tiro, Cartago, Roma, Grecia, Venecia -  ¿Dónde están todos esos ahora?   Ellos eran la creación de la mano del hombre y se han ido.   No obstante la verdadera Iglesia de Cristo vive.</p>
<p>Las más ponderosas ciudades se han convertido en ruinas.  Las anchas paredes de Babilonia se han derrumbado.  Los palacios de Nínive están cubiertos con montones de polvo. Las cientos de puertas de Tebas son sólo historia.  Tiro es un lugar donde los pescadores ponen sus redes.  Cartago está desolada.  Y aún, todo este tiempo, la verdadera Iglesia permanece.  Las puertas del infierno no prevalecen contra ella.</p>
<p>En muchos casos las primeras Iglesias visible han decaído y perecido.  ¿Dónde está la Iglesia de Éfeso y la Iglesia de Antioquía?  ¿Dónde está la Iglesia de Alejandría y la Iglesia de Constantinopla?  ¿Dónde están las Iglesias de Corintos, de Filipos, de Tesalónica? Se apartaron de la Palabra de Dios.   Estaban orgullosos de sus obispos y sínodos y ceremonias y aprendizaje y antigüedad.  No se gloriaron en la verdadera cruz de Cristo.  No se asieron firmemente al evangelio.  No le dieron al Señor Jesús Su oficio legítimo o a la fe su legítimo lugar.  Están entre las cosas que fueron.  Sus candeleros les fueron quitados.  Sin embargo, todo este tiempo la verdadera Iglesia ha permanecido.</p>
<p>¿Ha sido la verdadera Iglesia oprimida en un país?   Se ha mudado a otro.  ¿Ha sido pisoteada y oprimida en alguna tierra?  Ha tomado sus raíces y florecido en algún otro clima.  Fuego, espada, prisión, multas, castigos nunca han sido capaces de destruir su vitalidad.   Sus perseguidores han muerto e ido a su propio lugar, sin embargo la Palabra de Dios ha vivido, ha crecido y se ha multiplicado.   Tan débil como la verdadera Iglesia puede aparecer a los ojos del hombre, es un yunque que ha roto muchos martillos en los tiempos idos y quizá quebrará muchos más antes del final.  “Aquel que pone sus manos sobre ella está tocando la niña de Su ojo (Zac 2:8).</p>
<p>La promesa de nuestro texto es exactamente todo el cuerpo de la verdadera Iglesia.  Cristo nunca estará sin un testigo en el mundo.   Él ha tenido un pueblo en los peores momentos.  Tuvo a siete mil en Israel aún en los días de Acab.  Hay algunos ahora, según creo, en oscuros lugares de las Iglesias Roma y Grecia que, a pesar de su mucha debilidad, están sirviendo a Cristo.   El demonio puede enfurecerse horriblemente.  La Iglesia en algunos países puede reducir sus miembros drásticamente pero las puertas del infierno nunca “prevalecerán” enteramente.</p>
<p>La promesa de nuestro texto es exactamente cada miembro individual de la Iglesia.  Algunos del pueblo del Dios han sido tan aplastados y perturbados que han perdido su seguridad.  Algunos han caído tristemente, como David y Pedro lo hicieron.  Algunos han abandonado la fe por un tiempo, como Cranmer y Jewell.  Muchos han sido probados por dudas crueles y temores.  Sin embargo, al final todos están en el hogar seguro, los más jóvenes como también los más ancianos, los más débiles como también los más fuertes.  Y así será hasta el fin.   ¿Puede impedir que el sol de mañana alumbre?  ¿Puede impedir el flujo y reflujo de la marea del Canal de Bristol?  ¿Puede impedir que los planetas continúen en sus respectivas órbitas?  Entonces, sólo entonces, usted puede impedir la salvación de cualquier creyente,  por débil que sea, la seguridad final de cada piedra viviente en esa Iglesia que está construida sobre la roca, por pequeña e insignificante que esa piedra parezca.</p>
<p>La verdadera Iglesia es el cuerpo de Cristo. Ni tan siquiera un hueso de ese cuerpo místico puede ser quebrado.  La verdadera Iglesia es la novia de Cristo.   Aquellos que Dios ha reunido en su pacto eterno nunca serán partidos en dos.  La verdadera Iglesia es el rebaño de Cristo.  Cuando un león vino y tomó un cordero del rebaño de David, David se levantó y se lo quitó de sus fauces.  Cristo hará lo mismo.  Él es el hijo más grande de David.  Ni aún un cordero enfermo del rebaño de Cristo perecerá.  Él le dirá a Su Padre en el último día: “De aquellos que Tú me diste no he perdido ninguno” (Jn. 18:9).  La verdadera Iglesia es el trigo de la tierra.  Puede ser cernido, aventado, sacudido, lanzado de aquí para allá pero ni un grano se perderá. La cizaña y la paja arderán.  El trigo será acopiado en el granero.  La verdadera Iglesia es la armada de Cristo.   El Capitán de nuestra salvación no pierde a ninguno de Sus soldados.  Sus planes nunca son derrotados. Sus suministros nunca fallan.  Su lista de revisión es la misma del final como lo era en el comienzo.  De los hombres que marcharon galantemente fuera de Inglaterra hace unos pocos años atrás en la guerra de Crimea, ¡cuántos nunca volvieron!  Regimientos que avanzaron, fuertes y alegres, con bandas tocando y estandartes al aire, dejaron sus huesos en una tierra extranjera y nunca regresaron a su país natal.   Esto no es así para la armada de Cristo.  Ninguno de Sus soldados faltará al final.  El mismo declara: “Ellos nunca perecerán (Jn. 10:28).</p>
<p>El demonio puede encarcelar a algunos miembros de la verdadera Iglesia.  El puede matar y quemar y torturar y colgar, pero después que ha matado el cuerpo, no hay nada más que él pueda hacer.   No puede herir el alma.  Cuando las tropas francesas tomaron Roma hace unos pocos años atrás, ellos encontraron en las paredes de una celda de la prisión, bajo la Inquisición, las palabras de un prisionero.  Quién era no lo sabemos pero sus palabras son valiosas de recordar:  “Aunque muerto, Él aún habla”.  Había escrito en las paredes, muy probablemente poco después de un juicio injusto y aún una más injusta excomunión, las siguientes palabras asombrosas “Bendito Jesús, no me pueden arrojar de Tu verdadera Iglesia”.   ¡Este registro es verdad!  Ni todo el poder de Satanás puede arrojar fuera de la verdadera Iglesia de Cristo ni a un solo creyente.</p>
<p>Confío que ningún lector de este mensaje permitirá nunca que el temor lo inhiba de comenzar a servir a Cristo.  Aquel al que usted encomienda su alma tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, y Él lo guardará.   Nunca permitirá que usted se aleje.  Los parientes se pueden oponer, los vecinos se pueden mofar, el mundo puede difamarlo y ridiculizarlo y embromarlo y desdeñarlo.   ¡No tema! ¡No tema!  Los poderes del infierno nunca prevalecerán contra su alma.   Mayor es Aquel que está a favor suyo que todos los que están en su contra.</p>
<p>No tema por la Iglesia de Cristo cuando los ministros mueren y los santos son arrebatados.   Cristo puede mantener siempre Su propia causa.  Él levantará mejores sirvientes y estrellas más brillantes.  Las estrellas están todas en Su mano derecha.  Abandone los ansiosos pensamientos sobre el futuro.  Cese de estar deprimido por las medidas de los hombres de estado, o los complots de los lobos vestidos de oveja.   Cristo siempre proveerá a Su propia Iglesia.   Cristo cuidará que las “puertas del infierno no prevalezcan contra ella”.  Todo está desarrollándose bien aunque nuestros ojos no lo vean.  Los reinos de este mundo se volverán los reinos de nuestro Dios y de su Hijo Cristo.</p>
<p>Concluyo este mensaje con unas pocas palabras de <strong>aplicación práctica</strong>:</p>
<p>1.  Mi primera palabra de aplicación será una pregunta.  ¿Cuál será esa pregunta?  ¿Qué preguntaré?   Me devuelvo al punto con el que comencé.   Volveré a la primera oración con la que abrí este mensaje.  Le pregunto, si ustedes son miembros de la única y verdadera Iglesia de Cristo.  ¿Es usted, en el mayor y mejor sentido, un “hombre de iglesia” a los ojos de Dios?  Usted sabe lo que quiero decir.  Miro más allá de la Iglesia de Inglaterra.  No estoy hablando de una iglesia o una capilla.   Yo hablo de la “Iglesia construida sobre la roca”.   Le pregunto, con toda seriedad, ¿es usted miembro de esa Iglesia?   ¿Está usted unido al gran cimiento?  ¿Está usted sobre la roca?  ¿Ha recibido el Espíritu Santo?  ¿El Espíritu atestigua con su espíritu que usted es uno con Cristo y Cristo uno con usted?  Le ruego, en el nombre de Dios, poner su corazón en estas preguntas y pondérelas bien, si usted no es convertido, no pertenece aún a la Iglesia sobre la roca”.</p>
<p>Que cada lector de este mensaje tenga cuidado de sí mismo si no puede dar una respuesta satisfactoria a mi pregunta.  Tome cuidado, tome cuidado de que no haga un naufragio de su alma para toda la eternidad.  Tome cuidado para que al final las puertas del infierno no prevalezcan en contra suya, que el demonio lo reclame como suyo y usted esté perdido para siempre.  Tome cuidado, no sea que usted vaya al fondo del pozo de la tierra de las Biblias y de la luz plena del Evangelio de Cristo.  Tome cuidado, no sea que sea encontrado a la mano izquierda de Cristo al final, un episcopal o presbiteriano perdido, un bautista o un metodista perdido, perdidos porque con todo su celo por lo suyo propio y por su propia mesa de comunión usted nunca se unió a la verdadera Iglesia.</p>
<p>2. Mi segundo trabajo de aplicación será una invitación.  La dirijo a todo aquel que no es aún un verdadero creyente.  Le digo a usted, venga y únase a la única verdadera Iglesia sin tardar.  Venga y únase usted mismo al Señor Jesucristo en un pacto eterno que no será olvidado.</p>
<p>Considere bien lo que digo.  Le encargo seriamente no confundir el significado de mi invitación.  No le ofrezco abandonar la Iglesia visible a la cual usted pertenece.  Aborrezco todas las formas de idolatría y partidos.  Detesto un espíritu proselitista.  Lo que  le ofrezco es venir a Cristo y ser salvo.  El día de decidir debe venir alguna vez.  ¿Por qué no en esta hora?  ¿Por qué no hoy día, mientras sea hoy?  ¿Por qué no esta misma noche antes de que el sol se levante mañana en la mañana?  Venga a Él, quien murió por los pecadores en la cruz e invita a todos los pecadores a venir a Él por fe y ser salvos.  Venga a mi Maestro, Jesucristo.  Venga, le digo, porque todo está listo ahora.   La misericordia está lista para usted.  El cielo está listo para usted.  Los ángeles están listos para regocijarse por usted.  Cristo está listo para recibirlo.  Cristo lo recibirá gustosamente, le dará la bienvenida entre Sus hijos.  Venga al arca.   El flujo de la ira de Dios pronto vendrá sobre la tierra.  Venga dentro del arca y permanezca a salvo.</p>
<p>Venga al bote salvavidas de la única verdadera Iglesia.   ¡Este mundo pronto se romperá en pedazos!   ¡No escucha sus temblores!  El mundo es tan solo los restos de un naufragio sobre el banco de arena.  La noche se ha extinguido, las olas comienzan a elevarse, el viento se levanta, la tormenta pronto destrozará los restos.  Sin embargo un bote salvavidas ha sido lanzado, y nosotros, los ministros del evangelio, le rogamos venir a él y ser salvo.  Le rogamos levantarse de inmediato y venir a Cristo.</p>
<p>Usted pregunta:  ¿cómo puedo ir?  Mis pecados son demasiados, aún soy demasiado malvado.  No me atrevo a ir”.    ¡Aleje ese pensamiento!  Es tentación de Satanás.   Venga a Cristo como un pecador.   Venga tal y como está.   Oiga las palabras de ese hermoso himno:</p>
<p style="text-align: center;"> “Tal como soy, sin una súplica,</p>
<p style="text-align: center;">Sino esa Tu sangre vertida por mí</p>
<p style="text-align: center;">Y Tú me pides venir a Ti,</p>
<p style="text-align: center;">Oh Cordero de Dios, Yo voy”.</p>
<p>Esta es la forma de venir a Cristo.  Usted debe venir, no esperar por nada ni demorarse por nada.  Usted debe venir, como un pecador hambriento, para ser llenado; como un pobre pecador para ser enriquecido, como un pecador malo e indigno,  para ser vestido con rectitud.   Así como venga, Cristo lo recibirá.  “Aquel que viene” a Cristo, Él “no lo desechará”.  ¡Oh, venga, venga a Jesucristo!  Venga a la verdadera Iglesia por fe y sea salvo.</p>
<p>3.  Al final de todo, permítanme una palabra de exhortación a todos los creyentes en cuyas manos este mensaje puede caer.</p>
<p>Luche por vida una vida santa.  Camine digno en la Iglesia a la cual pertenece.  Vivan como ciudadanos del cielo.  Dejen que su luz brille delante de los hombres de forma tal que el mundo se pueda beneficiar con su conducta.  Deje a los otros saber quién es usted y a quien sirve.  Sean las epístolas de Cristo, conocidas y leídas por todos los hombres, escritas en letras tan claras que nadie pueda decir de usted “No sé si este hombre es o no un hombre de Dios”.  Aquel que no sabe nada de la santidad real y práctica no es miembro de la Iglesia sobre la roca.</p>
<p>Luche para vivir una vida de coraje.  Confiese a Cristo delante de los hombres.  Sin importar el cargo que ocupa, en ese cargo confiese a Cristo.  ¿Por qué debería avergonzarse de Él?  Él no se avergonzó de usted en la cruz.  Él está listo para confesarlo a usted ante Su Padre en los cielos.  ¿Por qué debería avergonzarse de Él?  Sea valiente.  Sea muy valiente.  El buen soldado no tiene vergüenza de su uniforme.  El verdadero creyente no debe nunca estar avergonzado de Cristo.</p>
<p>Luche por vivir una vida de gozo.   Viva como hombres que buscan la bendita esperanza – la segunda venida de Jesucristo.   Este es el prospecto que todos debiéramos buscar.  No es tanto el pensamiento de ir al cielo sino que el cielo venga a nosotros el que debiera llenar nuestras mentes.  “Se viene un buen tiempo” para el pueblo de Dios, un buen tiempo para todas las Iglesias de Cristo, un buen tiempo para todos los creyentes – un mal tiempo para los impenitentes e impíos pero un buen tiempo para los verdaderos cristianos.  Para ese buen tiempo, esperemos, observemos y oremos.</p>
<p>El andamiaje pronto caerá.  La última piedra pronto será sacada.  La piedra tope será puesta sobre el edificio.  Un poco tiempo más y la plena belleza de la Iglesia que Cristo está construyendo será vista claramente.</p>
<p>El gran Maestro Constructor vendrá pronto.   Un edificio será mostrado al mundo reunido, en el cual no habrá imperfección alguna.  El Salvador y los salvados se regocijarán juntos.  El universo entero reconocerá que en el edificio de la Iglesia de Cristo todo fue hecho bien.  “Benditos”, se dirá en ese día, como nunca antes fue dicho, “¡BENDITOS TODOS LOS QUE PERTENECEN A LA IGLESIA SOBRE LA ROCA!”</p>
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		<title>Santidad: 12. El gran trofeo de Cristo &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 19:16:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<category><![CDATA[john charles ryle]]></category>
		<category><![CDATA[libro santidad]]></category>
		<category><![CDATA[traducido al español]]></category>

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		<description><![CDATA[Anteriores de la serie: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza 9. Moisés 10. Lot 11. Una mujer para recordar &#160; Traducido por Erika Escobar Uno de los criminales que estaba colgado le provocó diciendo: “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”, mientras el otro criminal le recriminó: “¿No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anteriores de la serie:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>9. <a title="Santidad: 8. Moisés – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/">Moisés</a></p>
<p>10. <a title="Santidad: 9. Lot" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/10/santidad-10-lot/">Lot</a></p>
<p>11. <a title="Santidad: 11. Una mujer para recordar – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/11/santidad-11-una-mujer-para-recordar-j-c-ryle/" target="_blank">Una mujer para recordar</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los criminales que estaba colgado le provocó diciendo: “¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”, mientras el otro criminal le recriminó: “¿No temes a Dios?” -dijo, “¿puesto que estás bajo la misma sentencia? Somos castigados justamente porque estamos recibiendo el merecido resultado de nuestras obras, pero este hombre no ha hecho nada malo”. Luego él dijo, “Jesús, recuérdame cuando entres en tu reino”.  Jesús le contestó “Te digo la verdad, tú estarás hoy mismo conmigo en el paraíso”. Lucas 23:39-43.</p>
<p style="text-align: justify;">Existen para nuestros oídos pocos pasajes en el Nuevo Testamento que sean más familiares que los versículos que encabezan este mensaje. Ellos contienen la conocida historia del “ladrón penitente”.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es correcto y bueno que estos versículos deban ser bien conocidos. Ellos han confortado a muchas mentes atormentadas;  han traído paz a muchas conciencias intranquilas, han sido un bálsamo sanador para muchos corazones heridos,  han sido medicina para muchas almas enfermas de pecado, han suavizado no pocas almohadas de moribundos. Donde quiera que se predique el evangelio de Cristo, éstos siempre serán honrados, amados y recordados.</p>
<p style="text-align: justify;">Deseo decir algo acerca de estos versículos. Trataré de desplegar la lección de fondo que ellos pretenden enseñar. No puedo ver el particular estado mental de aquellos en cuyas manos este mensaje caiga pero sí puedo ver las verdades de este pasaje, verdades que ningún hombre puede conocer demasiado bien. Aquí está el trofeo más grande que Cristo alguna vez ganó.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1. El poder y deseo de Cristo de salvar a los pecadores.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta es la doctrina principal que puede concluirse de la historia del ladrón penitente.  Nos enseña lo que debiera ser música para los oídos de todos aquellos que la escuchan. Nos enseña que Jesucristo es “poderoso para salvar” (Isa 63:1).</p>
<p style="text-align: justify;">Pregunto a cualquiera si existe un caso que podría apreciarse más desesperanzado y desesperado que el de este ladrón penitente.</p>
<p style="text-align: justify;">Era un hombre perverso, un malhechor, un ladrón, sino un asesino. Sabemos esto porque sólo alguien como él era crucificado. Y él estaba sufriendo un justo castigo por transgredir la ley. Y como él había vivido en perversión del mismo modo parecía determinado a morir perverso porque al principio, cuando fue crucificado, él reclamó a nuestro Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Era un hombre que moría.  Colgado allí, clavado a una cruz de la cual nunca podría salir vivo. No tenía el poder de agitar sus manos o pies.  Sus horas estaban contadas, la tumba estaba lista para él.  Sólo había un paso entre él y la muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Si hubo alguna vez un alma al borde del infierno, esa era el alma de este ladrón.  Si hubo alguna vez un caso que parecía perdido, ido y sin remedio, ese era el suyo.  Si hubo alguna vez un hijo de Adán del que el demonio estuviera seguro, ese era el suyo, ese era este hombre.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero vea ahora lo que pasó. El cesó de reclamar y blasfemar como lo había hecho al principio. Comenzó a hablar de una forma totalmente distinta. Se volvió a nuestro bendito Señor en oración. El rogó a Jesús para que “lo recordara cuando Él entrara en Su reino”. El pidió que su alma pudiera ser cuidada, sus pecados perdonados y él mismo pudiera estar en otro mundo. Verdaderamente este fue un cambio maravilloso!</p>
<p style="text-align: justify;">Y entonces note qué clase de respuesta recibió. Algunos habrían dicho que él era un hombre demasiado perverso para ser salvado pero no era así. Algunos habrían imaginado que era demasiado tarde, la puerta estaba cerrada y que no había espacio para la misericordia, no obstante probó ser no demasiado tarde en absoluto. El Señor Jesús le dio una respuesta inmediata, le habló amablemente, le aseguró que estaría con El ese día en el paraíso, lo perdonó completamente, lo lavó completamente de sus pecados, lo recibió en gracia, lo justificó gratis, lo levantó de las puertas del infierno, le dio un título en la gloria. De toda la multitud de salvos, nunca nadie recibió tan gloriosa certeza de su propia salvación como este ladrón penitente. Revise la lista completa, desde Génesis al Apocalipsis, y usted no encontrará a nadie que haya escuchado tales palabras:  “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que el Señor Jesús nunca dio prueba más completa de Su poder y deseo de salvar como lo hizo en esta ocasión. En el día cuando Él parecía el más débil, Él mostró que era un fuerte libertador.  En la hora en que Su cuerpo estaba sacudido por el dolor, Él mostró que podía sentir ternura hacia otros. En el momento en que Él estaba muriendo, confirió vida eterna a un pecador.</p>
<p style="text-align: justify;">Dado esto, ¿no tengo el derecho a decir que Cristo es capaz de salvar hasta el último de aquellos que vengan a Dios a través de Él? (Heb. 7:25). Contemple la prueba de ello. Si hubo un pecador que haya ido tan lejos para ser salvado, ese era este ladrón. Y aún así, fue arrancado como una teja del fuego.</p>
<p style="text-align: justify;">¿No tengo el derecho a decir: “Cristo recibirá a cualquier pobre pecador que venga a Él con oración de fe y que no desechará a ninguno”? Contemple la prueba de ello.  Si hubo alguno que parecía ser demasiado malo para ser acogido, este era ese hombre.  Aún así la puerta de la misericordia estaba abierta de par en par aún para él.</p>
<p style="text-align: justify;">¿No tengo el derecho a decir: “Por gracia usted puede ser salvo a través de la fe -no tema que sea por obras-  sólo creyendo?” Contemple la prueba de ello. Este ladrón no fue nunca bautizado, no pertenecía a ninguna iglesia visible; nunca recibió la Cena del Señor; nunca había hecho nada por el trabajo de Cristo; nunca dio su dinero por la causa de Cristo! Pero él tuvo fe y por ello fue salvado.</p>
<p style="text-align: justify;">¿No tengo el derecho a decir: “la fe más nueva salvará el alma de un hombre simplemente si es verdadera?”  Contemple la prueba de ello. La fe de este hombre tenía tan solamente un día de existencia sin embargo lo condujo a Cristo y lo preservó del infierno.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué, entonces, cualquier hombre o mujer debe desesperarse con un pasaje como éste de la Biblia?  Jesús es un médico que puede curar casos desesperanzados. Él puede avivar almas muertas y declarar cosas que no son como  pretendíamos.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Nunca ningún hombre o mujer debe desesperarse! Jesús es aún el mismo que fue 800 años atrás. Las llaves de la muerte y el infierno están en Su mano. Cuando Él abre nadie puede cerrar.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué si sus pecados sean tantos como los cabellos de su cabeza? ¿Y qué si sus hábitos viles hayan crecido conjuntamente con usted y se hayan fortalecido con su fortaleza? ¿Y qué si usted ha odiado lo bueno y amado lo malo en todos los días de su vida? Estas cosas son verdaderamente tristes pero existe esperanza, aún para usted. Cristo puede sanarlo, Cristo puede sacarlo de su bajo estado. El cielo no está cerrado para usted. Cristo es capaz de admitirlo si usted humildemente pone su alma en Sus manos.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Han sido sus pecados perdonados? Si no, pongo delante suyo este día una salvación completa y gratis. Lo invito a seguir los pasos del ladrón penitente, a venir a Cristo y vivir. Le digo que Jesús es muy compasivo y es de tierna misericordia. Le digo que Él puede hacer todo lo que su alma requiera. Aunque sus pecados sean como una escarlata, Él puede volverlos blancos como la nieve, aunque ellos sean rojos como el carmesí, ellos serán como la lana. ¿Por qué no puede ser salvo como cualquier otro?  Venga a Cristo y viva.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Es usted un creyente verdadero?  Si lo es, usted le debe la Gloria a Cristo. La gloria no es su propia fe, sus propios sentimientos, su propio conocimiento, sus propias oraciones, sus propias correcciones, su propia diligencia. Gloria en nada más que en Cristo. Alas! Los mejores entre nosotros saben sólo un poco de ese Salvador misericordioso y poderoso. No lo exaltamos ni lo gloriamos lo suficiente. Oremos para que podamos ver más de la llenura que existe en Él.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Trata alguna vez de hacer el bien a otros?  Si lo hace, recuerde de hablarles de Cristo. Háblale al joven, al pobre, al anciano, al ignorante, al enfermo, al moribundo – Háblele a todos ellos acerca de Cristo.  Hábleles de Su poder, de Su amor, de Sus obras y dígales de Sus sentimientos; dígales lo que Él ha hecho por el mayor de los pecadores; dígales que El está deseoso de hacerlo hasta el fin de los tiempos; dígaselos una y otra vez.  Nunca se canse de hablar de Cristo. Dígales abierta y completamente, libre e incondicionalmente, sin reservas ni dudas: “Venga a Cristo, como el ladrón penitente lo hizo; venga a Cristo y será salvo”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2. Si algunos son salvados en la mismísima hora de su muerte, otros no.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esta es una verdad que no debe nunca soslayarse y no me atrevo a dejarla pasar. Es una verdad que permanece abierta en el triste final del otro malhechor y que es solamente muy a menudo olvidada. Los hombres olvidan que había “dos ladrones”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué fue del otro ladrón que fue crucificado? ¿Por qué no se volvió de sus pecados y clamó al Señor? ¿Por qué permaneció duro e impenitente?  ¿Por qué no fue salvado?  Es inútil tratar de contestar tales preguntas.  Contentémonos con el hecho como lo conocemos y veamos cuál es la enseñanza que esto encierra.</p>
<p style="text-align: justify;">No tenemos derecho alguno de decir que este ladrón era peor hombre que su compañero puesto que no tenemos pruebas.  Ambos definitivamente eran hombres perversos; ambos estaban recibiendo la correcta recompensa de sus obras; ambos colgaban a cada lado de nuestro Señor Jesucristo; ambos lo escucharon orar por Sus asesinos; ambos Lo vieron sufrir pacientemente. Pero mientras uno de ellos se arrepintió, el otro permaneció duro; mientras el uno comenzó a orar, el otro continúo blasfemando; mientras el uno fue convertido en su última hora, el otro murió en su condición de hombre malo –como había vivido; mientras uno fue conducido al paraíso, el otro fue a su propio lugar –el lugar del demonio y sus ángeles.</p>
<p style="text-align: justify;">Estas cosas están escritas para nuestra advertencia. Hay tanto advertencia como consolación en estos versículos; y es también una muy seria advertencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos versículos  me dicen enfáticamente que aunque algunos pueden arrepentirse y ser convertidos en sus lechos de muerte, eso no significa de ningún modo que todos lo harán.  El lecho de muerte no es siempre un tiempo de salvación.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos versículos me dicen enfáticamente que dos hombres pueden tener las mismas oportunidades de conseguir el bien para sus almas, pueden estar en la misma posición, ver y oír las mismas cosas y aún así sólo uno de los dos puede tomar ventaja de ellas, arrepentirse, creer y ser salvado.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos versículos me dicen, sobretodo, que el arrepentimiento y la fe son regalos de Dios y que no están dentro del poder propio del hombre; y que si alguno se engaña a sí mismo con la idea de que puede arrepentirse en su propio momento, escoger su propia ocasión, buscar al Señor cuando a él le plazca y -como el ladrón penitente- ser salvo en el último momento,  a la larga puede descubrir el gran engaño.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es bueno y provechoso guardar esto en la mente. Hay una inmensa cantidad de engaño en el mundo respecto de este tema. Veo a muchos permitir que su vida se deslice sin preparación alguna para morir.  Veo a muchos que debieran arrepentirse sin embargo hacen a un lado su propio arrepentimiento. Y creo que una gran razón para ello es que muchos hombres suponen que pueden volverse a Dios sólo cuando ellos quieran. Arrancan la parábola del trabajador en la viña, la cual habla de la hora undécima, y la usan de una forma que nunca fue pensada para ella. Se solazan con las partes agradables de los versículos que ahora estoy considerando y olvidan el resto. Ellos hablan del ladrón que fue al paraíso y fue salvado y se olvidan de aquel que murió como había vivido y que se perdió.</p>
<p style="text-align: justify;">Ruego a cada hombre con sentido común que lee este mensaje tener cuidado de caer en este error.</p>
<p style="text-align: justify;">Mire la historia de los hombres en la Biblia y vea cuán a menudo estas nociones de las que hablo son contradichas.  Note bien cómo existen muchas pruebas de que a dos hombres les fue ofrecida la misma luz y sólo uno la usó, y que nadie tiene el derecho de tomarse libertades con la misericordia de Dios, y presumir que será capaz de arrepentirse cuando a él le plazca.</p>
<p style="text-align: justify;">Mire a Saúl y David. Vivieron casi en el mismo tiempo, eran de un mismo rango social, fueron llamados a la misma posición en el mundo; disfrutaron del ministerio del mismo profeta, Samuel; ¡reinaron el mismo número de años!  Sin embargo, uno era salvo y el otro se perdió.</p>
<p style="text-align: justify;">Mire a Sergio Pablo y Galio. Ambos eran gobernadores romanos, ambos eran sabios y prudentes en su generación; ¡ambos oyeron al apóstol Pablo predicar! Pero sólo uno creyó y fue bautizado, y el otro “no consideró ninguna de esas cosas” (Hech 18:17).</p>
<p style="text-align: justify;">Mire el mundo que lo rodea. Vea lo que continuamente está sucediendo ante sus ojos. Dos hermanas frecuentemente atenderán al mismo ministerio, escucharán las mismas verdades, oirán los mismos sermones y aún así sólo una será convertida al Señor, mientras la otra permanece totalmente impasible.  Dos amigos a menudo leen los mismos libros religiosos y mientras uno es tocado –y abandona todo por Cristo; el otro no ve nada en absoluto en él y continúa siendo el mismo que antes.  Cientos han leído el libro de Doddridge (<em>Aumento y Progreso de la Religión en el alma</em>) sin provecho (junto con Wilberforce,  Doddridge fue uno de los comienzos de la vida espiritual). Miles han leído el libro de Wilberforce (<em>Visión práctica del cristianismo</em>) y lo dejan a un lado sin cambio alguno, distinto del caso de Leigh Richmond quien lo leyó y se convirtió en otro hombre. Ningún hombre tiene ninguna garantía para decir: “La salvación está en mi propio poder”.</p>
<p style="text-align: justify;">No pretendo explicar estas cosas.  Sólo las pongo ante usted como grandes hechos y le pido las sopese bien.</p>
<p style="text-align: justify;">No debe malentenderme. No quiero desalentarlo. Le digo estas cosas con todo afecto, para darle una advertencia del peligro.  No se las digo para conducirlo fuera el cielo. Las digo más bien para conducirlo a él y traerlo a Cristo, mientras Él pueda ser hallado.</p>
<p style="text-align: justify;">Deseo que esté alerta de la presunción. No abuse de la misericordia y compasión de Dios.  No continúe en el pecado. Le ruego no pensar que usted puede arrepentirse y creer y ser salvo sólo cuando usted lo quiera, o le plazca, o lo desee o lo escoja.  Pondría siempre ante usted  una puerta abierta.  Le diría “mientras hay vida hay esperanza” pero si usted fuera sabio, no aplace nada que tenga relación con su alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Quiero que esté consciente de dejar fluir los buenos pensamientos y las convicciones devotas, si las tiene.  Atesórelas y aliméntelas, no sea que las pierda para siempre. Haga lo máximo de ellas, no sea que tomen alas y vuelen lejos. ¿Tiene una inclinación para comenzar a orar? Póngalo en práctica de inmediato.  ¿Tiene una idea de comenzar a servir realmente a Cristo? Dispóngase de inmediato. ¿Está usted disfrutando de alguna luz espiritual? Vea que usted avive esa luz.  No juegue con las oportunidades, no sea que llegue el día en que usted desee usarlas y no sea capaz.  No descanse, no sea que usted se vuelva sabio demasiado tarde.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá usted puede decir “nunca es tarde para arrepentirse”. Yo le digo: “Eso es correcto pero un arrepentimiento tardío rara vez es verdadero”.  Y más aún, usted no puede tener certeza de que si aplaza arrepentirse ahora, lo hará alguna vez en el futuro.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted puede decir “¿Por qué debo tener miedo? El ladrón penitente fue salvado”. Yo le contesto “eso es verdad, sin embargo mire nuevamente el pasaje que le dice que el otro ladrón se perdió”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3.  El Espíritu siempre conduce a las almas salvadas por un mismo camino.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Este es un punto que merece atención particular y es a menudo pasado por alto. Los hombres miran el hecho central de que el ladrón penitente fue salvado cuando estaba muriendo y no ven más allá.</p>
<p style="text-align: justify;">No consideran las evidencias que este ladrón dejó tras sí. No observan la prueba abundante que dio el trabajo del Espíritu en su corazón. Y esas pruebas son las que deseo rastrear. Deseo mostrarle que el Espíritu siempre trabaja de una sola forma, y que, ya sea que convierta un hombre en una hora, como Él lo hizo con el ladrón penitente, o gradualmente, como hace con otros.  Los pasos por los cuales Él conduce las almas al cielo siempre son los mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Déjenme aclarar esto a todo aquel que lea este mensaje.  Deseo ponerlo en guardia.  Deseo que remueva la noción común de que existe un camino real fácil para ir desde la cama de moribundo al cielo. Deseo que entienda concienzudamente que cada alma salvada pasa por la misma experiencia, y que los principios claves de la religión del ladrón penitente eran exactamente los  mismos que aquellos del más anciano santo haya alguna vez vivido.</p>
<p style="text-align: justify;">a. Vea cuán fuerte era la fe de este hombre. El llamó a Jesús “Señor”. El declaró su creencia de que Él tendría un “reino”.  Él creía que Él era capaz de darle vida eterna y gloria, y en esta creencia oró hacia Él.  El sostuvo Su inocencia de todos los cargos que le eran imputados. “Este hombre  -dijo- no ha hecho nada malo”.  Quizá, otros podrían haber tenido al Señor como inocente –nadie lo dijo tan abiertamente salvo este pobre hombre moribundo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y cuándo sucedió todo esto? Pasó cuando la nación completa había negado a Cristo, gritando “Crucifíquenlo, crucifíquenlo… no tenemos más rey que César”;  cuando los más altos sacerdotes y fariseos lo habían condenado y encontrado “culpable de muerte”; cuando sus propios discípulos lo abandonaron y huyeron; cuando Él estaba colgando, débil, sangrando y muriendo en la cruz, contado entre los transgresores y tenido como execrable. Esta era la hora en que el ladrón creyó en Cristo y ¡oró a Él! Es seguro que una fe como esa nunca había sido vista desde el comienzo del mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los discípulos habían visto poderosas señales y milagros. Habían visto a los muertos levantarse con una palabra y a los leprosos sanarse con un toque, los ciegos recibiendo vista, los mudos hablando, el paralítico caminando. Ellos habían visto a miles siendo alimentados con unos pocos panes y pescados. Ellos habían visto a su maestro caminando sobre las aguas como si fuera tierra seca. Todos ellos lo habían escuchado hablar como ningún hombre había alguna vez hablado, mantener las promesas de las cosas buenas por venir.  Algunos de ellos habían vivido el anticipo de Su gloria en el monte de la transfiguración.  Indudablemente su fe era “el regalo de Dios” no obstante aún así no hicieron nada.</p>
<p style="text-align: justify;">El ladrón moribundo no vio ninguna de estas cosas que he mencionado. El sólo vio a nuestro Señor en agonía y en debilidad, en sufrimiento y en dolor. Lo vio soportando un castigo deshonroso, abandonado, mofado, despreciado, blasfemado. Lo vio ser rechazado por todos los grandes, los sabios y nobles de Su propio pueblo.  Su vigor secándose como un tiesto, Su vida acercándose a la tumba (Sal 22:15; 88:3).  No vio ningún cetro, ninguna corona real, ningún dominio externo, ninguna gloria, ninguna majestad, ningún poder, ninguna señal de poder y, a pesar de ello, el ladrón moribundo creyó y buscó el reino de Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Sabría si tuviera el Espíritu? Entonces señale la pregunta que pongo ante usted este día:  ¿Dónde está su fe en Cristo?</p>
<p style="text-align: justify;">b. Vea qué sentido del pecado tan correcto tenía el ladrón.  Él dice a su compañero: “Nosotros recibimos la debida recompensa a nuestras obras”. El reconoce su propia impiedad y la justicia de su castigo.  No hace ningún intento de justificarse a sí mismo, ni da excusas para su perversión. El habla como un hombre humilde y humillado con la remembranza de sus pasadas iniquidades. Esto es lo que todos los hijos de Dios sienten. Ellos están listos para aceptar que son pobres pecadores merecedores del infierno. Ellos pueden decir con sus corazones, así como sus labios: “No hemos hecho las cosas que debíamos hacer y hemos hecho las cosas que no debimos hacer, no hay ninguna sanidad en nosotros”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Sabría si usted tiene el Espíritu?  Entonces note mi pregunta: ¿Siente usted sus pecados?</p>
<p style="text-align: justify;">c. Vea qué amor fraternal el ladrón mostró a su compañero. El trató de detener sus quejas y blasfemias, y llevarlo a un estado mental mejor. “¿No temes a Dios” –dijo- “viendo que estás en la misma condenación?   ¡No hay marca más certera de gracia que esta! La gracia remueve al hombre de su orgullo y lo hace preocuparse por las almas de otros. Cuando la mujer samaritana se convirtió, ella dejó el cántaro de agua y corrió a la ciudad, diciendo “Vengan a ver al hombre que me dijo todas las cosas que he hecho. ¿No será este el Cristo”?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Sabría usted si usted tiene el Espíritu? Entonces ¿dónde está su caridad y amor por las almas?</p>
<p style="text-align: justify;">En una palabra, usted ve en el ladrón penitente el trabajo terminado del Espíritu Santo. Cada parte del carácter de un creyente debe ser examinada en él. Tan corta como fue su vida antes de su conversión, él encontró tiempo para dejar abundante evidencia de que era un hijo de Dios.  Su fe, su oración, su humildad, su amor fraternal, son testigos inequívocos de la veracidad de su arrepentimiento.  No era un penitente sólo de nombre sino de obra y en verdad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto, no permitamos que ningún hombre pueda pensar que debido a que el ladrón penitente fue salvado, que los hombres pueden ser salvados sin dejar ninguna evidencia del trabajo del Espíritu. El hombre que así piensa debe considerar bien las evidencias que este ladrón dejó tras sí y preocuparse.</p>
<p style="text-align: justify;">Es una lástima escuchar lo que las personas algunas veces dicen sobre lo que ellos llaman evidencias del lecho de muerte. Es perfectamente aterrador observar cómo lo poco satisface a algunos y cuán fácilmente ellos se persuaden a sí mismos que sus amigos han ido al cielo. Ellos le dirán, cuando su pariente se ha muerto e ido, que “él oró bellamente un día”, o que “él hablaba tan bien”, o que “él estaba apenado por su vida pasada y que proponía vivir de forma diferente si se recuperaba”, o que “él no ansiaba nada de este mundo”, o que “a él le agradaba que la gente le leyera y orara con él”.  Y debido a que ellos tienen esto para continuar, parecen tener una acomodada esperanza de que ¡él fue salvado!  Puede que Cristo nunca haya sido nombrado, el camino a la salvación puede no haber sido nunca, en lo más mínimo, mencionado. Pero eso no tiene importancia;  había muy poca conversación religiosa y ¡así están satisfechos!</p>
<p style="text-align: justify;">No tengo el deseo de herir los sentimientos de nadie que lea este mensaje, sin embargo, debo hablar abiertamente sobre este tema.</p>
<p style="text-align: justify;">De una vez por todas, déjenme decir que, como una regla general, nada es tan insatisfactorio como las evidencias en el lecho de muerte. Las cosas que los hombres dicen, los sentimientos que ellos expresan cuando están enfermos y asustados no son para depender de ellos. A menudo, demasiado a menudo,  estas manifestaciones son el resultado del miedo, no nacen del fondo del corazón. A menudo, demasiado a menudo, son cosas dichas de memoria, sacadas de los labios de ministros y amigos ansiosos y que evidentemente no se sienten en verdad. Y nada puede probar todo esto más fehacientemente que el hecho bien conocido que la gran mayoría de las personas que hacen promesas de cambios en sus camas de enfermos, y que entonces por primera vez hablan sobre religión, si se recuperan, vuelven a pecar y al mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando un hombre ha vivido una vida licenciosa y de locura, desearía más que unas pocas palabras justas y unos buenos deseos para satisfacerme sobre el estado de su alma en el momento en que se acerque a su lecho de muerte.  No es suficiente para mí que me deje leerle la Biblia, que ore al borde de su cama, que me diga que “no había pensado tanto como debiera en la religión y que piensa que debería ser un hombre diferente si se recuperara”. Nada de esto me place, no me hace sentir feliz sobre su estado. Está bien mientras sucede pero no es una conversión. Está muy bien de esta manera pero no es fe en Cristo. Hasta que vea la conversión y la fe en Cristo, no puedo ni me atrevo a sentirme satisfecho. Otros pueden sentirse satisfechos si eso les place, y que sus amigos después de la muerte digan que esperan que él se haya ido al cielo. Por mi parte, preferiría acallar mi lengua y no decir nada. Estaría contento con una mínima medida de arrepentimiento y fe en un hombre moribundo, aunque no sea más grande que un grano de mostaza. Estar contento con algo menos que el arrepentimiento y la fe me parece a mí como la siguiente puerta hacia la infidelidad.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué clase de evidencia del estado de su alma desea dejar tras suyo?  Tome el ejemplo del ladrón penitente y hará bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando  lo conduzcamos a su angosta cama, no permita que tengamos que buscar palabras vagas y trocitos de religión para deducir que usted era un creyente verdadero. Que no tengamos que decirnos los unos a los otros de una forma vacilante “confío que es feliz; habló tan bien un día, parecía tan complacido con un capítulo de la Biblia, en otra ocasión;  a él le gustaba esa persona que es tan buena”. Permítanos ser capaz de hablar sin duda alguna de su condición; que tengamos prueba sólida de su arrepentimiento, de su fe y de su santidad de manera tal que ninguno pueda en ningún momento cuestionar su estado. Dependa de esto.  Sin esto, aquellos que usted deja atrás no podrán sentir un consuelo sólido por su alma. Podemos usar las formas religiosas en su sepelio y manifestar esperanzas benévolas. Podemos encontrarlo a la puerta del cementerio y decir “Benditos los que murieron en el Señor”. Sin embargo, todo esto ¡no alterará su real condición! Si usted muere sin haberse convertido a Dios, sin arrepentimiento, y sin fe, su funeral será sólo un funeral de un alma perdida y sería mejor que usted no hubiera nacido.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>4. Los creyentes en Cristo que mueren están con el Señor.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el siguiente lugar, se supone que aprendamos de estos versículos que los creyentes en Cristo, cuando mueren, están con el Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto lo puede deducir de las palabras de nuestro Señor al ladrón penitente: “En este mismo día estarás conmigo en el paraíso”.  Y usted tiene una expresión bastante similar en la Epístola a los Filipenses, en la que Pablo dice que tiene el deseo de “partir y estar con Cristo” (Fil. 1:23).</p>
<p style="text-align: justify;">Diré poco sobre el tema. Lo dejo simplemente planteado para sus meditaciones personales.  Para mí, está lleno de consuelo y paz.</p>
<p style="text-align: justify;">Los creyentes después de su muerte están “con Cristo”. Esto da respuesta a muchas preguntas difíciles, las cuales de otra forma podrían intrigar a la mente ocupada y ansiosa del hombre. La morada de los santos muertos, sus regocijos, sus sentimientos, su felicidad &#8211; todo parece encontrarse en esta simple expresión: Ellos están “con Cristo”.</p>
<p style="text-align: justify;">No puedo entrar en mayores explicaciones sobre el estado separado de los creyentes que han partido. Es un tema tan elevado y profundo que la mente de ningún hombre puede asir ni comprender. Sé que su sentido de felicidad será poco comparado con lo que será cuando sus cuerpos sean restablecidos en la resurrección en el último día y Jesús regrese a la tierra. No obstante, también sé que ellos gozan del bendecido descanso, un descanso del trabajo, un descanso de la pena, un descanso del dolor y un descanso del pecado. Sin embargo esto no se produce porque no puedo explicar estas cosas, puesto que estoy convencido que ellos son mucho más felices de cuánto lo fueron cuando estuvieron en la tierra. Veo su felicidad en este mismo pasaje bíblico que dice  que ellos están “con Cristo”, y cuando lo veo, veo lo suficiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Si la oveja está con el Pastor, si los miembros están con la Cabeza, si los hijos de la familia de Cristo están con Aquél que los amó y los acompañó en todos los días de su peregrinación en la tierra, todo debe ser bueno, todo debe estar bien.</p>
<p style="text-align: justify;">No puedo describir qué clase de lugar es el paraíso porque no puedo entender la condición de un alma separada del cuerpo. Sin embargo no veo una visión más clara del paraíso que esta: Cristo está allí. Todas las otras cosas, como en una pintura en la cual la imaginación vuela del estado entre muerte y resurrección, no son nada comparadas con esto. Cómo está El allí, y en qué forma El está allí, no lo sé. Déjenme ver a Cristo en el paraíso cuando mis ojos se cierren en la muerte y eso me es suficiente. Bien hace el salmista que dice “En Tu presencia está la plenitud del gozo” (Sal. 16:11). Fue un decir verdadero el de una niña moribunda, cuando su madre trató de consolarla con una visión del paraíso: “Allí, -ella dijo a la niña-  no habrá olor, ni enfermedad, allí verás a tus hermanos y hermanas que te han precedido, y serás por siempre feliz”. “Ah, mamá -fue su respuesta-  hay una cosa mejor que todas y esa es que ¡Cristo estará allí!</p>
<p style="text-align: justify;">Puede ser que usted no piense mucho acerca de su alma. Puede ser que sepa poco de Cristo como su Salvador y que no haya nunca probado por experiencia de que El es precioso. Y aún más, quizá usted espera ir al paraíso cuando muera. Seguramente este pasaje bíblico es uno que debiera hacerlo pensar. El paraíso es un lugar donde está Cristo.  Entonces, ¿podría ser un lugar que usted disfrutaría?</p>
<p style="text-align: justify;">Puede ser que usted sea un creyente, y aún así tiemble ante el pensamiento de la tumba. Parece frío y deprimente.  Usted siente como si todo lo que está en frente suyo fuera oscuro y lúgubre e incómodo. No tema, anímese con este texto. Usted va al paraíso y Cristo estará allí.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>5.  La parte eterna del alma de cada hombre está cerca de El</strong></p>
<p style="text-align: justify;">“Hoy mismo”, dice nuestro Señor al ladrón penitente, “hoy tú estarás Conmigo en el paraíso”. No habla en la lejanía del tiempo. El no habla de Su entrada en un estado de felicidad como un hecho “lejano”. El habla de hoy –“Este mismo día en que ustedes están colgados en la cruz”.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Cuán cercano parece eso! ¡Cuán temiblemente cerca esa palabra trae a nosotros la morada eterna!  Felicidad o miseria, agobio o gozo, la presencia de Cristo a la compañía de demonios –todos están cerca de nosotros. “Solo un paso –dice David- entre yo y la muerte” (1 Sam. 20:3).  Sólo hay un paso, podríamos decir, entre nosotros y entre el paraíso o el infierno.</p>
<p style="text-align: justify;">Ninguno de nosotros se da cuenta de esto de la forma que debiéramos. Es un momento culmine para sacudirnos de la somnolencia mental que vivimos sobre esta materia. Estamos aptos para hablar y pensar, aún los creyentes, como si la muerte fuera un largo viaje, como si el santo moribundo se hubiese embarcado en un largo viaje. Esto está mal, muy mal! El puerto y su morada están muy cerca y ellos han entrado en ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos de nosotros sabemos por amarga experiencia que un tiempo largo y agotador está entre la muerte de aquellos que amamos y la hora en que los sepultemos. Esas semanas son las semanas más lentas, las más tristes, las más pesadas de nuestra vida… Sin embargo, bendito sea Dios, las almas de los santos que partieron son liberadas en el mismo momento en que dan su último aliento. Mientras estamos llorando y el ataúd se prepara y el duelo se vive, y los últimos arreglos penosos se realizan, los espíritus de nuestros amados están disfrutando de la presencia de Cristo. Son libertados para siempre de la carga de la carne.  Ellos están “donde lo perverso cesa de airarse y los cansados descansan” (Job 3:17).</p>
<p style="text-align: justify;">En el exacto momento en que los creyentes mueren ellos están en el paraíso. Su batalla ya fue dada, su lucha ha terminado. Ellos han pasado a través del valle de sombras que todos un día debemos andar; han cruzado el río oscuro que todos un día debemos cruzar. Han bebido la última copa de amargura que el pecado ha mezclado para el hombre; han llegado al lugar donde la pena y susurro nunca más son. ¡Con seguridad no deberíamos desear el retorno de ellos!  No debemos llorar por ellos sino por nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nosotros estamos guerreando aún pero ellos están en paz. Trabajamos mientras ellos están en descanso.   Miramos y ellos duermen. Usamos nuestra armadura espiritual mientras ellos se la han sacado para siempre.  Estamos en medio del mar mientras ellos están seguros en el puerto. Lloramos mientras ellos tienen gozo.  Somos extranjeros y peregrinos, mientras ellos están en casa. ¡Es por seguro que están mejor los que han muerto en Cristo que aquellos que viven! Con certeza, en la misma hora que el pobre santo muere, inmediatamente él es mayor y más feliz que aquel que es mayor sobre la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">Me temo que existe un gran porción de deliro sobre este punto. Me temo que muchos de aquellos que no son romanos y apostólicos y que profesan fe y que no creen en el purgatorio, tienen –a pesar de- en sus mentes algunas extrañas ideas sobre las consecuencias inmediatas de la muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Me temo que hay una especie de vaga noción de que hay un intervalo o espacio de tiempo entre la muerte y su estado eterno. Fantasean que irán a través de una especie de cambio purificador, y que aunque hayan muerto no aptos para el cielo  ¡se encontrarán allí después de todo!</p>
<p style="text-align: justify;">No obstante, esto es un completo error.  No hay ningún cambio después de la muerte, no hay conversión en la tumba, no se nos da un nuevo corazón después del último aliento de vida.  El mismo día en que partimos, lo hacemos para siempre, el día en que abandonamos este mundo comenzamos una condición eterna.  Desde ese día no hay una alteración espiritual, no hay cambio espiritual. Como estamos y somos al momento de morir, de esa misma forma recibiremos nuestra parte después de la muerte. Como el árbol cae, del mismo modo debe yacer.</p>
<p style="text-align: justify;">Si usted es un inconverso, esto debiera hacerlo pensar. ¿Sabe usted que está cercano al infierno? Hoy mismo usted puede morir y si muere apartado de Cristo, usted abrirá sus ojos inmediatamente en el infierno y en el tormento.</p>
<p style="text-align: justify;">Si usted es un cristiano verdadero, usted está bastante más cercano del cielo de lo que piensa. En este mismo día, si el Señor lo tomara, usted se encontraría a sí mismo en el paraíso. La promesa de la buena tierra está cercana a usted. Los ojos que usted cierra en la debilidad y el dolor se abrirían de inmediato en un descanso glorioso, tan glorioso que mi lengua no puede describir.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br />
Y ahora déjenme decir unas pocas palabras para concluir.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">1. Este mensaje puede caer en las manos de un pecador con corazón humilde y contrito. ¿Es usted ese hombre?  Entonces aquí hay estímulo para usted.  Vea lo que el ladrón penitente hizo y haga lo mismo. Vea como el oró, vea como él clamó a nuestro Señor Jesucristo; vea la respuesta de paz que el obtuvo. Hermano o hermana ¿por qué no debería hacer lo mismo?  ¿Por qué no podría ser salvado también?</p>
<p style="text-align: justify;">2.  Este mensaje puede caer en las manos de un hombre orgulloso y presuntuoso del mundo. ¿Es usted ese hombre? Entonces considere la advertencia. Vea como el ladrón impenitente murió como había vivido y tenga cuidado de no llegar al mismo fin. Oh, hermano o hermana pecadora, ¡no esté demasiado confiado no sea que muera en sus pecados! Busque al Señor mientras El pueda ser hallado. Vuélvase, vuelva; ¿por qué morirá?</p>
<p style="text-align: justify;">3.  Este mensaje puede caer en las manos de un cristiano profesante en Cristo. ¿Es usted uno de ellos?  Entonces tome la religión del ladrón penitente como un medio a través del cual probarse a sí mismo.  Cerciórese que usted sabe algo del verdadero arrepentimiento y la fe salvadora, la real humildad y la caridad fervientes. Hermano o hermana, no esté satisfecho con los estándares religiosos del mundo. Tenga la misma mente con el ladrón penitente, y será sabio.</p>
<p style="text-align: justify;">4. Este mensaje puede caer en las manos de alguien que está en duelo por creyentes que han partido.  ¿Es usted uno de ellos? Entonces tome aliento de esta Escritura. Vea como sus seres queridos están en las mejores manos. No pueden estar mejor. Nunca estuvieron mejor en sus vidas de cómo lo están ahora.  Están con Jesús que amó sus almas mientras estuvieron en la tierra. Oh, ¡cese su duelo orgulloso! Mejor regocíjese porque ellos han sido liberados de problemas y han entrado en descanso.</p>
<p style="text-align: justify;">5. Y este mensaje puede caer en las manos de algunos sirvientes antiguos de Cristo. ¿Es usted uno de ellos?  Entonces vea a través de estos versículos cuán cerca está de casa. Su salvación está más cercana que el día en que hizo su profesión de fe. Unos pocos días más de trabajo y pena y el Rey de reyes enviará por usted, y en un momento su batalla terminará y todo será paz.</p>
<div class="plus-one-wrap"><g:plusone size="tall" href="http://descubriendoelevangelio.es/2012/01/santidad-12-el-gran-trofeo-de-cristo/"></g:plusone></div><div id="fb-root"></div><script src="http://connect.facebook.net/en_US/all.js#xfbml=1"></script><!-- Do not remove -->]]></content:encoded>
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		<title>Santidad: 11. Una mujer para recordar &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Nov 2011 19:41:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Anteriores de la serie: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza 9. Moisés 10. Lot &#160; Traducido por Erika Escobar “Recuerden a la esposa de Lot”.  (Luc. 17:32). Existen pocas advertencias en las Escrituras tan solemnes como esta que encabeza la página.  El Señor Jesucristo nos dice: “recuerden a la esposa de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Anteriores de la serie:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>9. <a title="Santidad: 8. Moisés – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/">Moisés</a></p>
<p>10. <a title="Santidad: 9. Lot" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/10/santidad-10-lot/">Lot</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<blockquote><p><strong>“Recuerden a la esposa de Lot”. </strong> (Luc. 17:32).</p></blockquote>
<p>Existen pocas advertencias en las Escrituras tan solemnes como esta que encabeza la página.  El Señor Jesucristo nos dice: “recuerden a la esposa de Lot”.</p>
<p>La esposa de Lot era una profesante religiosa; su esposo era un “hombre justo” (2 Ped. 2:8).  Ella dejó Sodoma con él en el día en que Sodoma fue destruida; ella miró atrás hacia la ciudad, de espaldas a su esposo, en contra del mandato expreso de Dios; ella llamó a la muerte de inmediato y se volvió una estatua de sal. Y el Señor Jesucristo la mantiene a ella como una guía para su Iglesia; El dice: “recuerden a la esposa de Lot”.</p>
<p>Esta es una seria advertencia, si pensamos en las personas que Cristo nombra.  Él no nos conmina a recordar a Abraham o a Isaac o a Jacob o  a Sara o a Ana y Rut.  No, Él señala a una cuya alma se perdió para siempre.  El nos grita:  “Recuerden a la esposa de Lot”</p>
<p>Esta es una seria advertencia, si consideramos el tema que persigue Cristo.  Él está hablando de Su segunda venida para juzgar al mundo;  Él está describiendo un terrible estado de falta de preparación en el cual muchos pueden encontrarse.   Los últimos días están en su mente cuando Él dice:  “Recuerden a la esposa de Lot”.</p>
<p>Es una seria advertencia si pensamos en la persona que la entrega.  El Señor Jesús está lleno de amor, misericordia y compasión;  Él es el que no quebrará el junco estropeado ni sofocará el lino humeante.  Él podría llorar por la Jerusalén inconversa y orar por los hombres que lo crucificaron y, sin embargo, Él piensa que es bueno que recordemos las almas que están perdidas.  Por eso Él dice:  “Recuerden a la esposa de Lot”</p>
<p>Es una seria advertencia si pensamos en las personas a las cuales ésta fue dirigida primeramente.  El Señor Jesús estaba hablando a Sus discípulos;  no se dirigía ni a los escribas o fariseos, que lo odiaban, sino a Pedro, Jacobo y Juan y muchos otros que lo amaban y, aún a ellos, Él piensa que es bueno darles esta advertencia.  Aún a ellos, El les dice “Recuerden a la esposa de Lot”. Es una seria advertencia si consideramos la manera en la cual fue entregada. El no dice simplemente “Estén alertas de lo siguiente, tomen cuidado de imitarla, no sean como la esposa de Lot”.   Él usa palabras diferentes;  Él dice “recuerden”.  Él habla como si estuviésemos en peligro de olvidar el tema;  Él remueve nuestras flojas memorias; Él nos llama a mantener el caso en nuestra mente.  Él grita:  “Recuerden a la esposa de Lot”.</p>
<p>Propongo examinar las lecciones que la esposa de Lot quiere enseñarnos.  Estoy seguro que su historia está llena de instrucciones útiles para la iglesia.  Los últimos días están sobre nosotros, la segunda venida de nuestro Señor Jesus se acerca; el peligro de la mundanería está año en año creciendo dentro de la iglesia.   Proveámonos de salvaguardas y antídotos en contra de la enfermedad que nos rodea, y no en poco, familiaricémonos con la historia de la esposa de Lot.</p>
<p>Consideremos ahora los privilegios religiosos que la esposa de Lot disfrutó, el pecado particular que ella cometió y el juicio que Dios infligió sobre ella.</p>
<p><strong>1. Los privilegios religiosos de los que la esposa de Lot disfrutó</strong></p>
<p>En los días de Abraham y Lot, la verdadera religión salvadora era escasa en la tierra:  no había Biblias, ministros, iglesias, vías, misioneros.  El conocimiento de Dios estaba confinado a unas pocas familias favorecidas; la mayor parte de los habitantes de la tierra vivían en obscuridad, ignorancia, superstición y pecado.  Ni uno en cien  tenía quizá tal buen ejemplo,  tal asociación espiritual,  tal conocimiento claro y tan directas advertencias como las que tenía la esposa de Lot.  Comparada con millones de sus congéneres de su época, la esposa de Lot era una mujer favorecida.</p>
<p>Ella tenía un hombre devoto como marido;  ella tenía a Abraham, el padre de la fe, por tío político por su matrimonio.  La fe, el conocimiento y las oraciones de estos dos hombres justos no deben haber sido secreto para ella.   Es imposible que ella hubiera habitado con ellos en tiendas por un largo tiempo sin saber quiénes eran ellos y a quién ellos servían.  La religión para ellos no era una mera formalidad;  era el principio regidor de sus vidas y la razón fundamental de sus acciones.  Todo esto la esposa de Lot lo debió ver y saber.  Este no era un privilegio pequeño.</p>
<p>Cuando Abram recibió por primera vez las promesas, es probable que la esposa de Lot estuviera allí.  Cuando él edificó el altar cerca de su tienda entre Hai y Bet-el, es probable que ella estuviera allí.  Cuando su esposo fue tomado cautivo por Quedorlaomer, rey de Elam, liberado por por la injerencia de Dios, ella estuvo allí.  Cuando Melquisedec, rey de Salem, vino a reunirse con Abraham con pan y vino, ella estuvo allí.  Cuando los ángeles vinieron a Sodoma y advirtieron a su esposo de partir, ella los vio; cuando ellos los tomaron de la mano y los condujeron fuera de la ciudad, ella era parte del grupo que ellos ayudaron a escapar.  Una vez más, digo, estos no eran pequeños privilegios.</p>
<p>¿Qué buenos efectos tuvieron todos estos privilegios en el corazón de la esposa de Lot?  Ninguno en absoluto.  A pesar de todas sus oportunidades y medios de gracia,  a pesar de todas las advertencias especiales y los mensajes del cielo que recibió, ella vivió y murió sin gracia, infiel, impenitente y sin creer.   Los ojos de su entendimiento nunca fueron abiertos, su conciencia nunca despertó ni se alertó; su voluntad, en realidad, nunca alcanzó un grado de obediencia a Dios; sus afectos nunca en realidad fueron puestos en las cosas de arriba.  La forma de la religión que ella había guardado estuvo de acuerdo a la moda y no desde el sentimiento;  era un disfraz para complacer a su esposo pero que estaba distante de su verdadero sentir.  Ella hizo como otros hicieron en la casa de Lot;  se ajustó a las formas de su marido, no se opuso a su religión,  se dejó llevar pasivamente por la ola de su marido, pero todo el tiempo su corazón estaba equivocado ante Dios.  El mundo estaba en su corazón y su corazón estaba en el mundo.  En este estado vivió y en este estado murió.</p>
<p>En todo esto hay mucho que aprender:   Veo una lección que es de la más profunda importancia para nuestros días.  Usted vive en tiempos en que existen muchas personas como la esposa de Lot; venga y oiga la lección que su caso nos quiere enseñar.</p>
<p>Aprenda, entonces, que la mera posesión de privilegios religiosos no salvará el alma de alguien.  Usted puede obtener ventajas espirituales de toda clase; usted puede vivir  al amparo del completo resplandor de las más ricas oportunidades y medios de gracia; puede disfrutar de las mejores prédicas y oportunidades de instrucción; puede habitar en medio de la luz, el conocimiento, la santidad y la buena compañía.   Todo esto puede ser y aun así puede permanecer inconverso y al final estar perdido para siempre.</p>
<p>Me atrevo a decir que esta doctrina suena difícil para algunos lectores.  Sé que muchos fantasean que no desean nada más que privilegios religiosos para volverse cristianos decididos.  No son los que debieran ser, lo conceden, pero su posición es tan difícil, alegan, y sus dificultades son muchas.   Denles un esposo o una esposa devotos, denles compañía devota, o un maestro devoto, denles la prédica del evangelio, denle todos los privilegios y entonces ellos caminarían con Dios.</p>
<p>Todo esto es un error.  En un completo delirio.  Salvar almas requiere algo más que privilegios.  Joab era el capitán de David, Giezi era el sirviente de Eliseo; Demas el compañero de Pablo; Judas Iscariote el discípulo de Cristo, y Lot tuvo una esposa mundana e inconversa.  Todos ellos murieron en sus pecados.  Se fueron a pique a pesar del conocimiento, las advertencias y las oportunidades;  y todos ellos nos enseñan que el hombre no sólo necesita de privilegios.   Necesitan la gracia del Espíritu Santo.</p>
<p>Valoremos los privilegios religiosos pero no descansemos enteramente en ellos.  Deseemos tener el beneficio de ellos en todos los movimientos de nuestra vida, no obstante, no los pongamos en el lugar de Cristo.  Usémoslos agradecidamente si Dios nos los concede, sin embargo cuidemos que ellos produzcan algunos frutos en nuestros corazones y en nuestra vida.  Si no hacen el bien, en forma frecuente causan daño: queman la conciencia, aumentan la responsabilidad, agravan la condenación.   El mismo fuego que derrite la cera endurece la arcilla;  el mismo sol que hace crecer los arboles, los seca y los prepara para el fuego.  Nada endurece más el corazón del hombre como una estéril familiaridad con las cosas sagradas.  Una vez más digo, no son los privilegios por sí mismos los que hacen cristianos sino la gracia del Espíritu Santo.   Sin Él, ningún hombre nunca será salvo.</p>
<p>Pido a los miembros de las congregaciones evangélicas de nuestros días marcar bien lo que estoy diciendo.  Si usted va a la Iglesia del pastor A o B, y piensa que él es un excelente predicador; se deleita con sus sermones, no puede oír a nadie más con el mismo grado de agrado;  que ha aprendido muchas cosas desde que comenzó a participar en su ministerio, ¡considera que es un gran privilegio ser uno de sus oyentes!  Todo esto es bueno.  Es un privilegio.  Estaría agradecido si un ministro como el suyo fuera multiplicado por miles. Y después de todo esto, ¿qué hay en su corazón?  Ha recibido el Espíritu Santo?  Si no lo ha recibido, usted no es mejor que la esposa de Lot.</p>
<p>Pido a los sirvientes de familias religiosas notar bien lo que estoy diciendo.  Es un gran privilegio vivir en una casa donde el temor de Dios reina.  Es un privilegio escuchar a la familia orando por las mañanas y por las tardes,  escuchar regularmente la exhortación de la Palabra de Dios, tener domingos tranquilos y poder ir siempre a la iglesia.   Estas son cosas que usted debe buscar cuando trata de conseguir algo, son cosas que hacen a un lugar bueno realmente.  Sueldos altos y trabajo ligero nunca compensarán la instigación constante de la mundanería, el quebrantamiento del Sábado y el pecado.   Tenga cuidado de no estar contento con todo esto y no suponga que por causa de estas ventajas espirituales usted se irá directo al cielo.  Usted debe tener gracia en su propio corazón como también asistir a los servicios familiares.  Si no fuera así, en el momento,  usted no es mejor que la esposa de Lot.</p>
<p>Pido a los hijos de padres religiosos notar bien lo que estoy diciendo.  Es uno de los privilegios más grandes ser hijo de padres devotos y haber crecido en medio de muchas oraciones.  Es una bendición en verdad haber recibido la enseñanza del evangelio desde la infancia, saber del pecado y de Jesús, y del Espíritu Santo, la santidad y el cielo desde el momento en que podamos recordar cualquier otra cosa. Sin embargo, oh, tome nota de no permanecer estéril y sin frutos al brillo de todos estos privilegios, esté alerta y no vaya a ser que su corazón sea duro, impenitente y mundano sin importar de los muchos privilegios que disfruta.   Usted no puede entrar al reino de Dios por el crédito de la religión de sus padres.   Por usted mismo, debe arrepentirse, tener fe y santificarse.  Si no, usted no es mejor que la esposa de Lot.</p>
<p>Oro a Dios para que todos los cristianos puedan poner en su corazón estas cosas.  Que no olvidemos nunca que los privilegios por sí mismos no pueden salvarnos.  Luz y conocimiento y prédica sincera y medios de gracia abundante y la compañía de gente santa son grandes bendiciones y ventajas.   ¡Felices son aquellos que las tienen!  Sin embargo, después de todo,  hay un sola cosa sin la cual estos privilegios son inútiles:  esa cosa es la gracia del Espíritu Santo.  La esposa de Lot tuvo muchos privilegios pero ella no tenía “gracia”.</p>
<p><strong>2. El pecado que la esposa de Lot cometió</strong></p>
<p>La historia del pecado que la esposa de Lot cometió está dada por el Espíritu Santo en pocas y simples palabras:  “Ella miró atrás, a espaldas de su esposo, y se volvió estatua de sal”.  No se nos dice nada más que esto.   Hay una solemnidad desnuda en la historia.  La suma y sustancia de sus transgresiones descansa en estas tres palabras:  “Ella miro atrás”.</p>
<p>¿Parece este pecado pequeño a los ojos del lector?  ¿Parece la falta de la esposa de Lot insignificante para tal castigo?  Ese es el sentimiento, me atrevo a decir, que cruza nuestros corazones.  Préstenme atención mientras razono con usted sobre el tema.   Hay mucho más de lo que a primera vista nos conmociona;  implica mucho más de lo que está expresado.  Escuche y oirá.</p>
<p>a. Esa Mirada fue una cosa pequeña pero ella revela el verdadero carácter de la esposa de Lot.   Las pequeñas cosas frecuentemente muestran el estado de la mente de un hombre, mucho más que las grandes cosas, y pequeños síntomas son frecuentemente señales de enfermedades incurables y mortales.  La manzana que Eva comió fue una cosa pequeña pero probó que ella había caído de la inocencia para volverse al pecado.  Una grieta en el arco parece una pequeña cosas pero prueba que las fundaciones están dañadas y que toda la estructura es insegura.   Una pequeña tos en la mañana parece ser una dolencia sin importancia pero es una evidencia frecuente de la caída de la constitución física que conduce a la declinación,  consunción y a la muerte.  Una paja puede mostrar en cual dirección el viento sopla, y una mirada puede mostrar la condición podrida del corazón de un pecador (Mat. 5:28).</p>
<p>b. La Mirada es una pequeña cosa pero nos habla de la desobediencia de la esposa de Lot.  El mandato del ángel fue enfático e inconfundible:  “No miren hacia atrás” (Gen. 19:17).  Este mandato es el que la esposa de Lot rehusó obedecer.  El Espíritu Santo dice que “obedecer es mejor que los sacrificios”, y que “la rebelión es  como el pecado de adivinación” (1 Sam. 15:22, 23).  Cuando Dios habla simplemente su Palabra, o a través de Sus mensajeros, el deber del hombre es claro.</p>
<p>c. Esa mirada es una pequeña cosa pero nos habla del  orgullo de la esposa de Lot.  Ella pareció dudar que Dios realmente fuera a destruir Sodoma, pareció no creer que había algún peligro o necesidad alguna de apurarse.   Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6).  Desde el momento en que el hombre comienza a pensar que sabe más que Dios o que Dios no quiere decir todo lo que dice cuando El amenaza, su alma está en gran peligro.  Cuando no podamos ver las razones de Dios, nuestro deber es mantenernos en paz y creer.</p>
<p>d. Esa mirada era una pequeña cosa pero nos habla del amor secreto que la esposa de Lot tenía por el mundo.  Su corazón estaba en Sodoma aunque su cuerpo estuviera afuera.  Ella había dejado sus afectos atrás cuando salió de su casa.  Su ojo se volvió al lugar donde estaba su tesoro, así como la aguja de la brújula se vuelve hacia el polo.   Y este es el punto que corona su pecado.  “La amistad con el mundo es enemistad con Dios”.  Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Jn. 2:15).</p>
<p>Este aspecto de nuestro tema merece especial atención; enfoquemos nuestras mentes y corazones en él.  Creo que es la parte que el Señor Jesús particularmente intenta dirigirnos a nosotros.  Creo que El hubiera querido que observáramos que la esposa de Lot estaba perdida al mirar hacia atrás al mundo.  Su profesión era ambas, justa y engañosa, porque ella nunca abandonó el mundo.  Ella pareció estar en el camino seguro pero aún entonces los más pequeños y profundos pensamientos de su corazón estaban con el mundo.   El inmenso peligro de la mundanería es la gran lección que el Señor Jesus intenta que aprendamos.  ¡Oh, si todos tuviéramos un ojo para ver y un corazón para entender!</p>
<p>Creo que nunca antes hubo un tiempo cuando las advertencias contra la mundanería eran tan necesarias en la iglesia de Cristo como ahora.  Se dice que cada época tiene sus propias y peculiares enfermedades epidémicas.   La enfermedad epidémica de la cual las almas de los cristianos son responsables es el amor por el mundo.  Es una pestilencia que camina en la oscuridad y una enfermedad que destruye a la luz del día.  “Ha causado muchos heridos, sí, muchos hombres fuertes han sido heridos por ella”.   Elevaría sinceramente una voz de alerta y trataría de despertar las soñolientas conciencias de todos aquellos que profesan religión.  Sinceramente gritaría voz en cuello “recuerden el pecado de la esposa de Lot”.  No era una asesina, una adultera, ni una ladrona pero si era creyente y miro atrás.</p>
<p>Hay miles de personas bautizadas en nuestras Iglesias que son prueba contra la inmoralidad y la infidelidad y aún así son víctimas del amor al mundo.  Hay miles que corren bien por una temporada y apuestan alto para alcanzar el cielo y luego, poco a poco, abandonan la carrera y vuelven sus espaldas a Cristo.   ¿Y qué los ha detenido?  ¿Han encontrado que la Biblia no es verdad?   ¿Han encontrado que el Señor Jesus ha faltado a su palabra?  No, de ninguna manera.   Ellos han cogido la enfermedad epidémica:  están infectados con el amor al mundo.   Apelo a cada uno de los ministros evangélicos sinceros que leen este mensaje y les pediría que miraran a su congregación.   Apelo a cada cristiano establecido y le pido que mire el círculo de sus conocidos.  Estoy seguro de que hablo la verdad.  Estoy seguro de que este es el momento preciso de recordar el pecado de la esposa de Lot.</p>
<p>a.  Cuántos hijos de familias religiosas comienzan bien y terminan mal.  En los días de su infancia parecían estar llenos de religión.  Pueden repetir textos e himnos en abundancia, tienen sentimientos espirituales y convicción de pecado, profesan amor al Señor Jesús y desean el cielo, van con agrado al templo y escuchan sermones,  dicen cosas que son atesoradas por sus padres como indicaciones de gracia, hacen cosas que llevan a sus conocidos a decir “¿Qué clase de niño será este?&#8221;   Sin embargo, alas, cuán a menudo su bondad se esfuma como una nube en la mañana y como el rocío.   El niño se vuelve un hombre joven que no se preocupa nada más que por diversión, deporte, deleites y excesos.  La niña se vuelve una joven que no se preocupa nada más que por su vestimenta, la compañía varonil, lectura de novelas y excitación.  ¿Dónde está la espiritualidad que prometió tanto?  Se ha ido, está sepultada, ha sido desbordada por el amor al mundo.  Caminan en los pasos de la esposa de Lot.  Miran hacia atrás.</p>
<p>b. ¡Cuántas personas casadas hacen bien en religión, en apariencias, hasta que sus hijos comienzan a crecer y luego se separan!   En los primeros años de la vida matrimonial parecían seguir a Cristo diligentemente y testificaban bien.  Iban regularmente a las predicaciones del evangelio, tenían frutos en buenas obras, no eran nunca vistos en sociedad vana y disipada.  Tanto su fe como su práctica eran sólidas y caminaban tomados de la mano.  No obstante, ay, cuán a menudo la peste espiritual se viene sobre la casa cuando una familia joven comienza a crecer, y los hijos y las hijas deben ser criados.  La levadura de la mundanería comienza a aparecer en sus hábitos, en su vestimenta, en sus entretenimientos y en el tiempo del trabajo.  Ya no son estrictos con la compañía que deben tener y los lugares que visitan.  ¿Dónde está la línea definida de separación de lo que alguna vez observaron?  ¿Donde está la férrea abstinencia de las entretenciones mundanas que alguna vez marcaron su rumbo?  Todo está olvidado.   Todo ha sido puesto a un lado, como un viejo almanaque. Un cambio ha sobrevenido sobre ellos: el espíritu del mundo ha tomado posesión de sus corazones.  Caminan en los pasos de la esposa de Lot. Miran hacia atrás.</p>
<p>c.  ¡Cuántas mujeres jóvenes parecen amar su religión hasta que tienen 20 o 21 años y luego pierden todo!   Hasta ese momento en sus vidas, su conducta en materias religiosas es todo lo que puede desearse.  Mantienen el hábito de oraciones privadas, leen sus Biblias diligentemente, visitan a los pobres cuando tienen la oportunidad; enseñan en las escuelas dominicales cuando hay una apertura;  ministran las necesidades temporales y espirituales de los pobres, tienen amigos religiosos, aman conversar sobre temas religiosos, escriben cartas llenas de expresiones y experiencias religiosas.  ¡No obstante, ay, cuán a menudo prueban ser inestables como el agua y son arruinadas por el amor al mundo!  Poco a poco se apartan y pierden su primer amor.   Poco a poco las “cosas vistas” echan fuera de sus mentes las “cosas no vistas” y, como una plaga de langostas, se come cada parte verde de sus almas.  Paso a paso se devuelven de la posición clara que alguna vez asumieron.   Cesan de sentir celo por la sana doctrina, pretenden descubrir que es “poco caritativo” pensar que una persona tiene más religión que otra.  De cuando en cuando ellas entregan su afecto a hombres que no hacen pretensión de una religión clara.  Al final, ellas abandonan el último remanente de su propia cristianidad de sus mentes y se vuelven hijas del mundo.  Caminan sobre los pasos de la esposa de Lot.  Miran hacia atrás.</p>
<p>d. ¡Cuántos comulgantes de nuestras Iglesias fueron alguna vez celosos y fervientes profesantes y ahora se han vuelto aletargados, formales y fríos!  Hubo tiempos en que ninguno parecía estar tan vivo como ellos en religión; ninguno era tan diligente en su atención a los medios de gracia, ninguno estaba tan ansioso de promover la causa del evangelio y tan presto a realizar buenas obras;  ninguno estaba tan agradecido por la instrucción espiritual; ninguno estaba aparentemente tan deseoso de crecer en gracia.  No obstante ahora, ¡ay,  todo parece estar alterado!  El “amor por las otras cosas” ha tomado posesión de sus corazones y ha asfixiado la semilla de la Palabra.  El dinero del mundo, las recompensas del mundo, la literatura del mundo, los honores del mundo tienen ahora el primer lugar en sus afectos.  Hábleles y no encontrará respuesta alguna sobre las cosas espirituales.  Note su conducta diaria y verá que no hay celo por el reino de Dios.   Tienen una religión en realidad pero no es más que una religión viva.  El retoño de su otrora cristianidad se ha secado e ido, el fuego de la máquina espiritual ha sido sofocado y está frío;  la tierra ha apagado la llama que una vez ardió tan brillantemente.  Han caminado en los pasos de la esposa de Lot.  Ellos han mirado hacia atrás.</p>
<p>e. ¡Cuántos hombres pastores trabajan duro en su labor por unos pocos años y luego se vuelven flojos e indolentes a causa del amor del mundo!  Al comienzo de su ministerio ellos están deseosos de dedicarse y ser dedicados a Cristo;  están allí a tiempo y destiempo, su sermón es vívido y sus iglesias están llenas. Sus congregaciones están bien cuidadas, pequeñas charlas, reuniones de oración, visitaciones son su delicia semanal.  No obstante, ¡ay, cuán a menudo “comienzan en el Espíritu” terminan “en la carne” y, como Sansón, su fortaleza les es quitada en el regazo de esa Dalila, el mundo!  Prefieren la vida acomodada, se casan con una esposa mundana, se hinchan con orgullo y descuidan el estudio y la oración.  Un pellizco de hielo corta el florecimiento espiritual que ofreció ser tan bueno.  Sus prédicas pierden su unción y poder, su trabajo diario se hace menor cada vez, la sociedad con la que se mezclan se vuelve menos selecta,  el tono de su conversación se vuelve más terrenal.  Cesan de ignorar la opinión del hombre, se embeben de un miedo mórbido por “visiones extremas” y se llenan de terror cauteloso de ofender.  Y al final el hombre que un tiempo pareció ser un real sucesor de los apóstoles y un buen soldado de Cristo se establece en sus pozos como un jardinero clerical, un agricultor, un comensal que no ofende a nadie y no salva a nadie.  Su iglesia está a medio vacía, sus influencias se reducen, el mundo lo ha atado de manos y pies.  Él ha caminado sobre los pasos de la esposa de Lot. Él ha mirado hacia atrás.</p>
<p>Es triste escribir sobre estas cosas pero lo es mucho más verlas.  Es triste observar cómo los cristianos pueden cegar sus conciencias con argumentos engañosos sobre este tema y pueden defender la mundanería al hablar de los “deberes de su condición”, las “cortesías de la vida” y la necesidad de tener una “religión chispeante”.</p>
<p>Es triste ver como un barco gallardo se lanza al viaje de su vida con las expectativas de éxito y, con sus bríos de mundanería,   se pierde en el horizonte con todo su peso al amparo de seguridad.   Es lo más triste de todo observar como muchos se adulan sí mismos sintiendo que todo está bien con sus almas cuando todo está mal, por razón de este amor al mundo.  Canas aquí y allá aparecen y no lo saben.  Comenzaron como Jacobo y David y Pedro y terminarán como Esaú y Saúl y Judas Iscariote.  Comenzaron como Ruth y Ana y María y Persis y llegarán probablemente al final como la esposa de Lot.</p>
<p>Esté alerta de los corazones religiosos divididos.  Esté alerta de seguir a Cristo por un motivo secundario, para complacer a parientes y amigos, o mantener la costumbre del lugar o familia en la cual está inmerso, para parecer respetable y tener la reputación de ser religioso.  Siga Cristo por El mismo, si usted Lo sigue de alguna manera. Sea cuidadoso, sea real, sea honesto, sea sólido, con todo su corazón.  Si tiene alguna religión, que ésta sea real.  Vele por no pecar con el pecado de la esposa de Lot.</p>
<p>Esté alerta, nunca imagine que puede ir lejos en religión y secretamente tratar de mantenerse en el mundo.  No quiero que ningún lector de este mensaje se convierta en un ermitaño, monje o monja:  Deseo que cada uno cumpla con su deber real en el estado de vida en que fue llamado.   Sin embargo, urjo a cada cristiano profesante que desea ser feliz a la inmensa importancia de no hacer ninguna promesa entre Dios y el mundo.   No trate de regatear, como si usted deseara dar a Cristo su corazón tan poco como sea posible y mantener tanto como sea posible las cosas de esta vida.  No sea que se extralimite, no sea que termine perdiéndolo todo.  Ame a Cristo con todo su corazón y mente y alma y fuerzas.  Busque primero el reino de Dios y  entonces crea que todas las cosas vendrán por añadidura.  Preste atención para que usted no pruebe ser una copia del carácter que John Bunyan delinea,  El Sr. Dos caras.  Por el bien de su felicidad, por el bien de su seguridad, por el bien de su alma esté alerta del pecado de la esposa de Lot. Oh, es un decir solemne el de nuestro Señor Jesús:  “Ningún hombre que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Luc 9:62).</p>
<p><strong>3.  El juicio que Dios infligió sobre ella</strong></p>
<p>Las Escrituras describen el final de la esposa de Lot en pocas y simples palabras.  Está escrito que “ella miró atrás y se convirtió en una estatua de sal”.  Un milagro fue hecho para ejecutar el juicio de Dios sobre esta mujer culpable. La misma mano poderosa que primero le dio a ella su vida la tomó en un pestañar de ojo.  De sangre y carne viva se convirtió en una estatua de sal.</p>
<p>Eso fue un final espantoso para el alma.   Morir en cualquier momento es una cosa seria.  Morir entre amigos y parientes, morir en calma y paz en nuestra cama, morir con la oración de hombres devotos sonando aún en nuestros oídos, morir con la buena esperanza a través de la gracia en la absoluta certeza de salvación, abandonándonos al Señor Jesus animados por las promesas del evangelio&#8230;  aun así, morir de este modo, es un asunto serio.  Sin embargo, morir súbitamente y en un momento, en el mismo acto del pecado, morir sano y fuerte, morir por la directa interposición de un Dios enojado es espantoso en realidad.  Y ese fue el final de la esposa de Lot.   No puedo culpar a la letanía del Libro de Oraciones, como hacen algunos, por mantener esta petición:   Líbranos, buen Señor, de muerte súbita”.</p>
<p>He aquí el final desesperado al cual puede llegar un alma.  Hay casos, como este,  en los cuales uno espera,  sin esperanza,  por las almas de aquellos que van a la tumba.   Tratamos de persuadirnos de que nuestra pobre hermana o hermano puede haberse arrepentido y obtenido salvación en el último momento y haberse prendido en el dobladillo de la túnica de Cristo en la hora undécima.  Traemos a nuestra mente las misericordias de Dios, recordamos el poder del Espíritu, pensamos en ladrón penitente, nos susurramos que el trabajo salvador ha seguido su curso aún en la cama del moribundo que no tiene fortaleza para hablar.  Sin embargo todas esas esperanzas son vanas cuando una persona es cortada en el mismo acto del pecado.  La caridad en sí misma no puede decir nada cuando un alma ha sido llamada en medio de la corrupción sin tener ni tan siguiera un momento para pensar u orar.  Ese fue el final de la esposa de Lot.  Fue un final sin esperanza.  Se fue al infierno.</p>
<p>No obstante, es bueno para nosotros notar estas cosas.  Es bueno que se nos recuerde que Dios puede castigar duramente a aquellos que pecan voluntariamente y que grandes privilegios mal usados traen gran cólera al alma.   Faraón vio los milagros que Moisés hizo; Coré, Datan y Abira escucharon a Dios hablando en el Monte Sinaí;  Ofni y Fines eran hijos de altos sacerdotes de Dios; Saúl vivió al amparo de la completa luz del ministerio de Samuel;  Acab era frecuentemente advertido por Elías el profeta; Absalón disfrutó los privilegios de ser un hijo de David; Baltasar tuvo a el profeta Daniel a su puerta;  Ananías y Safira se unieron a la iglesia en los días en que los apóstoles hacían milagros;  Judas Iscariote fue escogido por nuestro Señor Jesucristo mismo como compañero.  Sin embargo, todos ellos pecaron de lleno contra la luz y el conocimiento, y fueron súbitamente destruidos sin remedio.  No tuvieron tiempo ni espacio para arrepentirse.  Como vivieron, así murieron, tal como estaban.  Se apartaron de Dios y aún muertos ellos hablan.  Ellos nos dicen, como la esposa de Lot, que es una cosa peligrosa pecar contra la luz, que Dios aborrece el pecado, y que existe un infierno.</p>
<p>Me siento obligado a hablar libremente a mis lectores sobre el tema del infierno.   Resiento usar la oportunidad que el final de la esposa de Lot implica.  Creo que el tiempo ha llegado y es un deber categórico  hablar abiertamente sobre la realidad y eternidad del infierno.  Un flujo de falsa doctrina se ha volcado recientemente sobre nosotros.  Los hombres han comenzado a decir que Dios es demasiado misericordioso para castigar a las almas para siempre, que existe un amor  a Dios aún más bajo que el infierno y que toda la humanidad, sin importar lo corruptos e impíos que algunos sean, tarde o temprano serán salvados.   Se nos invita a dejar los viejos caminos de la cristianidad apostólica.  Se nos dice que las visiones de nuestros padres sobre el infierno, y el demonio, y el castigo están obsoletas y fuera de boga.   Debemos  abrazar lo que es la llamada teología más amigable y tratamos el infierno como una fábula pagana o un cuco para asustar a niños y a tontos.   En contra de tales falsas doctrinas, deseo protestar.  Por muy dolorosa, penosa y angustiosa que la controversia pueda ser, no debemos titubear o rechazar entrar de lleno en el tema.  Yo estoy resuelto a mantener la vieja posición y declarar la realidad y eternidad del infierno.</p>
<p>Créanme,  no es un tema meramente especulativo.   No puede ser clasificado  de la misma forma que las disputas acerca de la liturgia o el gobierno de las Iglesias.  No puede ser ranqueado entre los problemas misteriosos, como el significado del templo de Ezequiel o los símbolos de la revelación.  Es un asunto que está basado en el fundamento mismo de todo el evangelio.   Los atributos morales de Dios, Su justicia, Su santidad, Su pureza están todos involucrados en él.   La necesidad de fe personal en Cristo y la santificación del Espíritu están todos en la palestra.   Una vez que dejemos que la vieja doctrina sobre el infierno sea derrocada entonces el sistema completo que sustenta el cristianismo será desestabilizado, desatornillado, desprendido y lanzado al desorden.</p>
<p>Créanme, el asunto no es uno en el que estemos obligados a replegarnos por  teorías o  invenciones  humanas.  Las Escrituras han hablado abierta y comprehensivamente sobre el tema del infierno.  Sostengo que es imposible lidiar honestamente con la Biblia y evitar  las conclusiones a las que ella nos conducirá en este punto.  Si las palabras significan algo, existe tal lugar llamado infierno.   Si los textos han de ser correctamente interpretados hay algunos que irán directo a él.  Si el lenguaje tiene algún sentido respecto de él, el infierno es eterno.  Creo que el hombre que encuentra argumentos para evadir la evidencia que la Biblia tiene sobre este asunto, ha alcanzado un estado mental en que el razonamiento es inútil.  En mi propia opinión, me parece tan fácil argumentar que nosotros no existimos como lo es argüir que la Biblia no nos enseña la realidad y eternidad del infierno.</p>
<p>a. Fíjelo firmemente en su mente, es la Biblia la que enseña que Dios en su misericordia y compasión envió a Cristo a morir por los pecados y que también nos enseña que Dios aborrece el pecado y debe, en Su propia naturaleza, castigar a todos aquellos que pecan o rechazan la salvación que El ha dispuesto.   El mismísimo versículo que declara “Dios así amó al mundo”, declara que “la ira de Dios está sobre” el no creyente (Jn. 3:16 36).  El mismísimo evangelio que es lanzado sobre la tierra con sus noticias de bendición “Aquel que cree y es bautizado será salvado”, proclama con el mismo aliento, “El que creyere no será condenado” (Mar 16:16).</p>
<p>b. Establézcalo firmemente en su mente, en la Biblia, Dios nos ha dado prueba tras prueba de que Él castigará a los endurecidos y no creyentes y que El puede tomar venganza de Sus enemigos, así como mostrar misericordia a los penitentes.  El anegamiento del viejo mundo por las aguas, el abrasamiento de Sodoma y Gomorra, el derrocamiento de Faraón y todas sus huestes en el Mar Rojo, el juicio de Coré, Datan y Abiram, la total destrucción de las siete naciones de Canaán – todas enseñan la misma verdad espantosa.   Todas son guías y señales y advertencias de que no debemos provocar a Dios.  Todas están llamadas a descorrer la cortina que cuelga sobre las cosas que vendrán y que nos recuerdan de que existe la ira de Dios.   Todas nos dicen simplemente que “los perversos serán lanzados al infierno” (Sal. 9:17).</p>
<p>c. Establézcalo firmemente en su mente, el Señor Jesucristo mismo ha hablado más abiertamente sobre la realidad y eternidad del infierno.  La parábola del hombre rico y Lázaro contiene cosas que deberían poner a los hombres a temblar.  No sólo esa.  Ningún labio ha usado tantas palabras para expresar el horror del infierno como los labios de Cristo que hablaron como ningún hombre lo había hecho cuando dijo:  “La palabra que ustedes oyen no es Mía sino de mi Padre que me ha enviado” (Jn 14:24).  Infierno, fuego del infierno, la condenación del infierno, condenación eterna, la resurrección de la condenación, el fuego eterno, el lugar de tormento destrucción, tinieblas exterior, el gusano que nunca muere, el fuego que no se sofoca, el lugar de llanto, gemidos y crujir de dientes, castigo eterno – estas, estas son las palabras que el mismo Señor Jesucristo usó.  ¡Qué lejos de la miserable sinrazón de la que algunas personas hablan hoy, que nos dicen que los ministros del evangelio no deben hablar del infierno!  Al hablar de esa forma, sólo muestran su propia ignorancia, o su propia deshonestidad. Ningún hombre puede leer en forma honesta los cuatro evangelios y no ver que aquel que siga el ejemplo de Jesus debe hablar del infierno.</p>
<p>d.  Finalmente, establézcalo en su mente, las ideas consoladoras que las Escrituras nos entregan del cielo cesarán si, por una vez, negamos la realidad o eternidad del infierno.  ¿No habrá una morada futura separada de aquellos que mueren  perversos e impíos?   ¿Después de su muerte todos los hombres serán reunidos juntos en una multitud confusa?  ¡Vaya! entonces, el cielo no será cielo en absoluto.   Es completamente imposible para dos lidiar felizmente juntos excepto que estén de acuerdo.   ¿Habrá un tiempo cuando el término del infierno y el castigo cesarán?   Serán los malvados después de mucho tiempo de miseria admitidos en el cielo? ¡Vaya, entonces, la necesidad de santificación del Espíritu es lanzada lejos y despreciada!  Leo que los hombres pueden ser santificados y encontrar el cielo en la tierra, pero no leo nada de ninguna santificación en el infierno.  ¡Apártese de esas teorías sin base y no escriturales!  La eternidad del infierno está tan claramente afirmada en la Biblia como lo está la eternidad del cielo.   Permítase pensar por un momento que el infierno no es eterno y usted podrá decir también que Dios y el cielo no son eternos.  La misma palabra griega que se usa en la expresión “castigo eterno” se usa en la expresión “Dios eterno” (Mat. 25:46, Rom. 16:26).</p>
<p>Sé que todo esto suena espantoso para muchos.  No me sorprende.  Sin embargo la única cuestión que debemos establecer es esta:  ¿“Es bíblico”?  ¿Es verdad?  Sostengo firmemente que es así.   Sostengo que los cristianos profesantes deben ser frecuentemente exhortados a recordar que pueden perderse e ir al infierno.</p>
<p>Sé que es fácil negar toda la sencilla enseñanza acerca del infierno y hacerla detestable empleando nombres odiosos.   A menudo he escuchado de las “mentes estrechas” y “nociones pasadas de moda”, y la “teología de azufre” y cosas como esas.  A menudo se me ha dicho que hoy en día se desean visiones “amplias”.    Deseo ser tan amplio como la Biblia, ni más ni menos.  Digo que es un teólogo de mente estrecha aquel que rebaja  tales partes de la Biblia señalándolos  como disgustos naturales del corazón y rechaza cualquiera otra donde está el consejo de Dios.</p>
<p>Dios sabe que nunca hablo del infierno sin sentir pena y pesar.   Ofrecería gustosamente la salvación del evangelio al más vil de los pecadores.  Diría deseoso al más vil y al más disoluto de la humanidad en su lecho de muerte “Arrepiéntete, cree en Jesús y serás salvo”.  Sin embargo Dios prohíbe que deba alguna vez retrotraerme del hombre mortal que las Escrituras revelan tanto un infierno como un cielo y que el evangelio enseña que los hombres pueden ser tanto perdidos como salvados.  El guardia que mantiene silencio cuando ve fuego es culpable de gran negligencia; el doctor que dice que estamos mejorando cuando estamos muriendo es un falso amigo; y el ministro que  se retiene de hablar del infierno ante su congregación en sus sermones no ni un hombre creíble ni caritativo.</p>
<p>¿Dónde está el beneficio de sacar una porción de la verdad de Dios?   El es el amigo más amable que me advierte de la extensión de mi peligro.  ¿Donde está el beneficio de ocultar el futuro para los impenitentes e impíos?  Es como ayudar al demonio en su causa si no les hablamos abiertamente de ello, “El alma que peca ciertamente morirá”  ¿Quién sabe si el desgraciado descuido de muchas personas bautizadas proviene de que ellos nunca fueron advertidos abiertamente sobre el infierno?  ¿Quién puede decir si miles podrían convertirse si los ministros los urgieran más fielmente de escapar de la ira por venir?  Verdaderamente, me temo que muchos de nosotros somos culpables en esto, que existe una ternura malsana entre nosotros que no es la ternura de Cristo.  Hemos hablado de misericordia pero no de juicio, hemos predicado muchos sermones sobre el cielo pero pocos acerca del infierno;  hemos sido llevados lejos por el horrible miedo de ser calificados como “bajos, vulgares y fanáticos”.   Nos hemos olvidado que El, el que nos juzga, es el Señor y que el hombre que enseña la misma doctrina que Cristo nos enseñó no puede estar equivocado.</p>
<p>Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, le ruego que le dé al infierno un lugar en su teología.   Establezca en su mente, tan fijo como un principio, que Dios es un Dios de juicio tanto como de misericordia, y que los mismos consejos que establecen la fundación de la dicha del cielo lo son para la miseria del infierno.  Tenga claro en su pensamiento que todos aquellos que mueren no perdonados y no renovados finalmente no calzan en la presencia de Dios y estarán perdidos para siempre.  No son capaces de disfrutar el cielo; no podrían ser felices allí.   Deben irse a su propio lugar y ese lugar es el infierno.  ¡Oh, es una gran cosa en estos días de incredulidad creer en la Biblia completa!</p>
<p>Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, le ruego estar alerta de cualquier ministro que no enseña abiertamente de la realidad y eternidad del infierno.  Tal ministro puede ser tranquilizador y agradable pero está mucho más proclive de adormecerlo que conducirlo a Cristo o fortalecerlo en la fe.  Es imposible dejar de lado cualquier porción de la verdad de Dios sin arruinar el conjunto.   Es prédica tristemente defectuosa aquella que lidia exclusivamente con las misericordias de Dios y la dicha del cielo y que nunca establece los terrores del Señor y las miserias del infierno.  Puede ser popular pero no es escritural, puede  entretener y gratificar, pero no brindará salvación.  Denme sólo sermones que no retengan nada de lo que Dios ha revelado.  Pueden calificarlo de severo y riguroso,  pueden decirnos que asustar a la gente no es la forma de hacerles el bien, pero están olvidando que el gran objetivo del evangelio es persuadir a los hombres de “huir de la ira por venir” y que es vano esperar que ellos lo hagan a menos que tengan temor.   ¡Bueno sería para muchos cristianos tener más temor por sus almas del que actualmente tienen!</p>
<p>Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, considere frecuentemente cual será su propio fin.  ¿Será la felicidad o la miseria?  ¿Será la muerte de un justo o la muerte de un desesperanzado, como el de la esposa de Lot?   No puede vivir para siempre, habrá un fin algún día.   El último sermón será un día escuchado, la última prédica será un día dicha; el último capítulo en la Biblia será algún día leído;  significado, deseo, esperanza, intención, resolución, duda, vacilación –todo en su extensión terminará.  Tendrá que dejar este mundo y pararse enfrente de un Dios santo. ¡Oh, espero que sea sabio! ¡Oh, que considere su fin último!</p>
<p>No puede jugar por siempre, vendrá el tiempo en que debe ser serio.  No puede posponer  los asuntos de su alma por siempre: vendrá el día cuando usted enfrente el juicio de Dios.   No puede estar siempre cantando, bailando, comiendo, bebiendo, vistiéndose, leyendo, riendo y bromeando, delineando y planificando y produciendo dinero.   Los insectos del verano no siempre pueden lucirse bajo el brillo del sol.  La media tarde fría y fresca vendrá al final y pondrá fin a su lucimiento para siempre.   Lo mismo será con usted.   Usted puede  posponer la religión hoy y rechazar el consejo de los ministros de Dios pero el día frío está en ciernes, el día en que Dios bajará a hablar con usted.  Y cuál será su final?  Será uno sin esperanza, como el de la esposa de Lot?</p>
<p>Le suplico por las misericordias de Dios, mirar este asunto directamente a la cara.  Le ruego no ahogar la conciencia con vagas esperanzas de la misericordia de Dios mientras su corazón se inclina al mundo.  Le imploro no desechar las convicciones por fantasías infantiles acerca del amor de Dios mientras su vida diaria y hábitos muestran claramente que “el amor del Padre no está en usted”.   Hay misericordia en Dios, como un río, pero es para el creyente penitente en Cristo Jesús.  Hay un amor de Dios hacia los pecadores que es inefable e inescrutable pero es para aquellos que oyen la voz de Cristo y lo siguen.   Busque tener un interés en ese amor.   Rompa con cada pecado conocido, sálgase del mundo,  implore poderosamente a Dios en oración, vacíese completamente y sin reservas al Señor Jesús en tiempo y eternidad, deje a un lado cada peso.  No atesore nada, aunque querido, que interfiera con la salvación de su alma, abandone todo, aunque preciado, que se interponga entre usted y el cielo.  El viejo barco del mundo está sucumbiendo bajo sus pies; la única cosa necesaria es tener un lugar en el bote salvavidas y llegar a salvo a la playa.   Sea diligente en hacer su llamado y elección segura.   Cualquier cosa que suceda a su casa y propiedad, vea que usted esté seguro del cielo.  Oh, es mejor un millón de veces  que se reían de nosotros y que piensen que somos extremos mientras estamos en este mundo que ir al infierno en medio de la congregación y terminar como la esposa de Lot!</p>
<p>Déjenme dirigirme al lector particularmente en esto de forma tal que pueda establecer algunos puntos esenciales en su conciencia.  Usted ha visto la historia de la esposa de Lot –sus privilegios, su pecado y su fin.   Ha sido advertido de la inutilidad de los privilegios sin el regalo del Espíritu Santo, del peligro de la mundanería y de la realidad del infierno.  Me es difícil terminar  todo este asunto a través de  unas pocas y directas interpelaciones  a su propio corazón.  En  días de tanta luz y conocimiento y profesión, deseo establecer un faro para prevenir a las almas de un naufragio.  Sinceramente amarraría una boya en el canal  de todos los viajeros espirituales y pintaría sobre ella;  “Recuerden a la esposa de Lot”.</p>
<ol>
<li>¿Le tiene sin cuidado la segunda venida de Cristo?  Alas, muchos están así.   Viven como los hombres de Sodoma y los hombres de los días de Noé:  comen y beben y plantan y edifican y se casan y son dados en matrimonio y se comportan como si Cristo nunca fuera a regresar.  Si usted es uno de ellos, le digo a usted este día “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.</li>
<li>¿Es poco entusiasta y frío en el ejercicio de su creencia?  ¡Alas, muchos lo están!  Tratan de servir a dos señores: trabajan para mantener la amistad con Dios y con mamón.   Tratan de ser una especie de vampiros espirituales, ni una cosa o la otra, ni un cristiano cabal pero tampoco un hombre del mundo.  Si usted es uno de ellos, le digo hoy: “Tome cuidado: recuerde a la esposa de Lot”.</li>
</ol>
<p>c.  ¿Está vacilando entre dos opiniones y se dispone a regresar al mundo?  Alas, muchos lo están.   Temen a la cruz;  secretamente  no les gusta el problema y reprochan una religión decidida.   Están cansados del desierto y del maná y regresarían sinceramente a Egipto si pudieran.   Si usted es uno de ellos, le digo esto hoy, “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>d. ¿Está usted secretamente acariciando algún pecado residente?  Alas, muchos lo están.   Van lejos en la profesión de su fe, hacen muchas cosas que son correctas y son como el pueblo de Dios.  Sin embargo siempre hay un  querido hábito demoníaco del cual no pueden desprenderse de corazón.  Mundanería oculta o codicia o lujuria se adhieren a ellos como su piel.   Están deseosos de ver caer todos sus ídolos, excepto ese.   Si usted es como uno de ellos, le digo esto hoy. “Tome cuidado: recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>e. ¿Está usted  lidiando con  pequeños pecados?  Alas, muchos lo están.   Mantienen las grandes doctrinas esenciales del evangelio.  Se mantienen  limpios de grandes despilfarros o abiertamente de infringir  la ley de Dios, pero son penosamente descuidados acerca de pequeñas inconsistencias y están penosamente listos a preparar excusas para ellas.  “Es sólo un poco de mal humor,  o un poco de frivolidad, o falta de reflexión, o un poco de olvido” nos dicen;  ”Dios no toma en cuenta esas cosas pequeñas.  Ninguno de nosotros es perfecto;  Dios nunca nos lo pediría”.  Si usted es uno de ellos, le digo a usted este día “Tome cuidado,  recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>f. ¿Está usted descansando en los privilegios religiosos?  ¡Alas, muchos lo hacen!  Disfrutan la oportunidad de escuchar la prédica regular del evangelio y ocuparse de muchas ordenanzas y medios de gracia, y permanecen bajo su amparo.  Parecen ser “ricos, se han enriquecido y no tienen necesidad de nada” (Apo. 3:17),  en tanto que  no tienen ni fe, ni gracia, ni mente espiritual, ni idoneidad para el cielo.   Si usted es así, le digo esto hoy;  “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>g. ¿Está confiando en su conocimiento religioso?  ¡Alas, mucho lo hacen!  No son ignorantes, como otros hombre, ellos  conocen la diferencia entre la verdadera y falsa doctrinas.   Pueden disputar, pueden  razonar, pueden argüir, pueden hacer citas bíblicas pero no son convertidos y están aún muertos en sus transgresiones y pecados.  Si usted es uno de ellos, le digo esto hoy; “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>h. ¿Profesa de algún modo la religión y aún así  está aferrado al mundo?  Tienen el propósito de ser cristianos reflexivos.   Les gusta recibir el crédito de ser serios,  estables,  correctos, con asistencia regular al templo y aún así su vestimenta, sus gustos, sus compañías, sus entretenimientos dicen abiertamente que son del mundo.   Si usted es uno de ellos, le digo hoy esto; “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>i.   ¿Está confiando en que tendrá un arrepentimiento en su lecho de muerte?  Alas, mucho lo están.   Saben que no son lo que deben ser: no han nacido de nuevo y no están preparados para morir.   Se engatusan a sí mismos pensando que cuando su última enfermedad venga, ellos tendrán el tiempo para arrepentirse y rendirse a Cristo y saldrán del mundo perdonados, santificados e irán al cielo.  Se olvidan que las personas a menudo mueren súbitamente y que, como viven, generalmente mueren.  Si usted es uno así, le digo este día;  “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot&#8221;</p>
<p>j. ¿Pertenece a una congregación evangélica?  ¡Muchos pertenecen y, alas, no van más allá!  Escuchan la verdad domingo tras domingo y permanecen duros como un pilón.  Sermón tras sermón resuenan en sus oídos.   Mes tras mes son invitados a arrepentirse, a creer, a ir a Cristo y ser salvos.  Los años pasan y ellos no cambian.   Mantienen su asiento al amparo de la enseñanza de un ministro favorito, pero también mantienen sus pecados favoritos.  Si usted es así, le digo este día,  “Tome cuidado,  recuerde a la esposa de Lot”.</p>
<p>¡Oh, puedan estas serias palabras de nuestro Señor Jesucristo ser profundamente grabadas en nuestros corazones!  ¡Que nos despierten cuando estemos soñolientos, que nos revivan cuando nos sintamos como muertos,  cuando estemos apagados, que nos calienten cuando sintamos frío!  ¡Puedan ser el aguijón que nos despierte cuando caigamos y una brida cuando nos desviemos del camino! Puedan ser nuestro amparo para defendernos cuando Satanás ponga una  tentación sutil en nuestro corazón y una espada con la cual pelear cuando él nos diga descaradamente “¡Abandona a Cristo, regresa al mundo y sígueme!&#8221; ¡Oh, que podamos decir en nuestras horas de prueba “Alma recuerda la advertencia de tu Salvador&#8221;!  ¿Alma, alma has olvidado Sus palabras?  ¡<strong>Alma, alma recuerda a la esposa de Lot</strong><strong>”!</strong></p>
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		<title>Santidad: 9. Lot</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 22:41:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Capítulos anteriores del libro: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza 9. Moisés Traducido por Erika Escobar “Deteniéndose  él” (Gen. 19:16) Las Santas Escrituras, que fueron escritas para nuestro aprendizaje, contienen guías así como modelos.  Estas nos muestran ejemplos de lo que debemos evitar así como ejemplos de lo que debemos seguir. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>Capítulos anteriores del libro:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>9. <a title="Santidad: 8. Moisés – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/">Moisés</a></p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<blockquote>
<p dir="ltr">“Deteniéndose  él” (Gen. 19:16)</p>
</blockquote>
<p dir="ltr">Las Santas Escrituras, que fueron escritas para nuestro aprendizaje, contienen guías así como modelos.  Estas nos muestran ejemplos de lo que debemos evitar así como ejemplos de lo que debemos seguir.  El hombre cuyo nombre está al tope de esta página es puesto como una guía para la iglesia de Cristo completa.  Su carácter es puesto enfrente de nosotros en una pequeña frase “Deteniéndose él ”.  Sentémonos y miremos a esta guía por unos pocos minutos.  Consideremos a Lot.</p>
<p dir="ltr">¿Quién es este hombre que se detuvo?  Es el sobrino del fiel Abraham. ¿Y cuándo se quedó?  La misma mañana en que Sodoma fue destruida.  ¿Y dónde se quedó?  Dentro de los muros de Sodoma.  ¿Y ante quién se quedó?  Bajo los ojos de dos ángeles que fueron enviados para sacarlo de la ciudad.  ¡Y aun entonces “se detuvo”!</p>
<p dir="ltr">Las palabras son solemnes y llenas de alimento para la mente.  Deben sonar como una trompeta a los oídos de todos quienes hacen cualquier profesión de religión.   Confío que ellas harán pensar a cada lector de este mensaje.  ¿Quién sabe si ellas no son las palabras exactas que su alma requiere?  La voz del Señor Jesus que  le ordena “recordar a la esposa de Lot” (Luc 17:32).  La voz de uno de Sus ministros que lo invita este día a recordar a Lot.</p>
<p dir="ltr">Examinemos la condición de Lot mismo, lo que el texto nos dice de él, por qué se quedó y  qué clase de fruto traía.  Examinemos el todo mientras ponemos especial atención a la instrucción de santidad.  El principio principal es claro:  No debemos seguir el ejemplo de Lot, no debemos detenernos.</p>
<p dir="ltr">Y otra vez menciono que “Lot es una guía”.</p>
<p dir="ltr">1. ¿Qué era Lot?</p>
<p dir="ltr">Este es el punto más importante.  Si lo dejo sin mencionar probablemente faltaré a ese grupo de cristianos profesantes a los que quiero especialmente beneficiar.  Si no lo pongo bien claro muchos quizá dirían después de leer este mensaje: “¡Ah!  Lot era un hombre malo, una criatura pobre, débil, oscura, un inconverso, un hijo de este mundo.  No es de sorprenderse que se haya detenido”.</p>
<p dir="ltr">No obstante, note lo que digo. Lot no era de esa clase.  Lot era un verdadero creyente, una persona convertida, un real hijo de Dios, un alma justificada, un hombre recto.</p>
<p dir="ltr">¿Tiene alguno de mis lectores gracia en su corazón?  De ese modo, Lot la tenia. ¿Tiene alguno de mis lectores una esperanza de salvación?  Lot también la tenia.   Es alguno de mis lectores una “nueva criatura”. También lo era Lot.  ¿Es alguno de mis lectores un viajero del camino angosto que conduce a la vida eterna?  También Lot lo era.</p>
<p dir="ltr">No piensen que esto es mi opinión personal, una mera y arbitraria fantasía mía, una noción que no tiene asidero en las Escrituras.  Que nadie suponga que deseo que lo crean tan solamente porque yo lo digo.  El Espíritu Santo ha puesto esta materia más allá de la controversia, al llamar a Lot “justo” y “recto” (2 Ped. 2: 7,8) y nos ha dado buena evidencia de la gracia que había en el.</p>
<p dir="ltr">Una evidencia es que el vivió en un lugar perverso, “viendo y oyendo” la maldad a todo su alrededor (2 Ped. 2:8) y aun así no era malvado.  Ahora para ser un Daniel en Babilonia, un Abdías en la casa de Ahab, un Abdías en la familia de Jeroboam, un santo en la corte de Nerón, un hombre recto en Sodoma, ese hombre debe tener la gracia de Dios.  Sin la gracia sería imposible.</p>
<p dir="ltr">Otra evidencia es que  Lot  “afligía su alma con las obras inicuas” que habían a su alrededor (2 Ped. 2:8).  El estaba herido, entristecido, dolido ante la vista del pecado.  Este era el sentimiento del santo David cuando dijo  “Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras”, “Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley” (Sal 119:136, 158).  Este era el sentir de Pablo “Tengo una gran pena y peso continuo en mi corazón… por mis hermanos, mis parientes según la carne” (Rom. 9:2, 3).  Nada excepto la gracia de Dios puede dar razón de esto.</p>
<p dir="ltr">Otra evidencia es que él “afligía su alma día a día” con las obras inicuas que veía (2 Ped. 2:8).  No se volvió frio ni indiferente con el pecado, como muchos hacen.  La familiaridad y el hábito no desdibujaron la fina línea de sus sentimientos, como tan frecuentemente es el caso.  Muchos hombres se choquean y se sobrecogen a la primera vista de la perversidad y al final se acostumbran a verla porque la observan con despreocupación comparativa.  Este es especialmente el caso de aquellos que viven en pueblos y ciudades o con la gente que viaja a través del  continente.  Tales personas frecuentemente se vuelven indiferentes al quebrantamiento del día sábado y a muchas formas abiertas de pecado.  Pero eso no sucedió con Lot.  Y esa es la gran marca de la realidad de su gracia.</p>
<p dir="ltr">Tal era Lot – un hombre justo y recto, un hombre sellado y señalado como un heredero del cielo por el mismísimo Espíritu Santo.</p>
<p dir="ltr">Antes de que continuemos, recordemos que un verdadero cristiano puede tener mucha imperfección, muchos defectos, muchas debilidades y a pesar de eso ser un verdadero cristiano.  No despreciamos el oro porque esté mezclado con mucha escoria.  No debemos subvalorar la gracia porque esté acompañada de mucha corrupción.  Continúe leyendo y usted encontrará que Lot pagó caro su “detenerse”.  No obstante, no olvide, en la medida que vaya leyendo, que Lot era un hijo de Dios.</p>
<p dir="ltr">2. Lo que el texto nos dice sobre él.</p>
<p dir="ltr">¿Qué nos dice el texto que hemos citado acerca del comportamiento de Lot?  Las palabras son maravillas y asombrosas:  “Se quedó”.  Mientras más consideramos el tiempo y las circunstancias más maravillosas pensaremos que son.</p>
<p dir="ltr">Lot sabía la horrorosa condición de la ciudad en que estaba.  “El grito” de sus abominaciones, “ha subido de punto delante del Señor (Gen. 19:13),  Y aun así se detuvo.</p>
<p dir="ltr">Lot sabía  del juicio aterrador que se venía sobre todos dentro de las paredes de la ciudad. Los ángeles habían dicho claramente, “El Señor nos ha enviado a destruirla” (Gen. 19:13). Y aun así se detuvo.</p>
<p dir="ltr">Lot sabía que Dios era un Dios que guarda siempre Su palabra y si El decía una cosa ella, por cierto, sería hecha.   Difícilmente podría ser el sobrino de Abraham y haber vivido largo tiempo con él, y no estar apercibido de esto.  Aun así se detuvo.</p>
<p dir="ltr">El creía que había peligro por lo que fue a sus yernos y los advirtió para que se fueran “Levántense”, dijo, “salgan de este lugar porque el Señor destruirá esta ciudad” (Gen 19:14).  Y aun así se detuvo.</p>
<p dir="ltr">Lot vio a los ángeles de Dios parados allí, esperando que  él y su familia salieran.  Oyó la voz de esos ministros de cólera llamando a sus oídos para apurarlo” Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad”. (Gen 19:15).  Y aun así se detuvo.</p>
<p dir="ltr">Fue lento cuando debió haber sido rápido, retrocedió cuando debió haber avanzado, fue dudoso   cuando debió haber sido alentado, holgazán cuando debió ser diligente, frio cuando debió haber sido caliente.  ¡Parece extraño!  ¡Parece casi increíble!  ¡Parece ser demasiado maravilloso para ser verdad!  Sin embargo el Espíritu lo escribe así para nuestro conocimiento.  Y así fue.</p>
<p dir="ltr">Y aun así -escéptico como podría parecer a primera vista- me temo que hay mucho del pueblo del Señor Jesucristo, cristianos de hecho, que son muy parecidos a Lot.  ¡Note esto bien!  Hay muchos verdaderos hijos de Dios que parecen saber mucho más de lo que buscan en la vida, ven mucho más que lo que ellos practican, y continúan todavía en este estado por muchos años.  ¡Increíblemente, van tan lejos como hacen y aun así no van a ninguna parte!</p>
<p dir="ltr">Mantienen la Cabeza, incluso a Cristo, y aman la verdad.  Gustan de los sermones profundos  y asienten a cada versículo de la doctrina del evangelio cuando lo oyen.  No obstante,  hay un algo indescriptible que no es satisfactorio en ellos.   Están constantemente haciendo cosas que causan decepción a sus ministros y a sus amigos cristianos más maduros.  ¡Es materia de asombro que ellos piensen como lo hacen y aun así permanezcan como paralizados!</p>
<p dir="ltr">Creen en el cielo y aun así ven fantasioso ansiarlo, y en el infierno y  aun así parecen temerlo poco.  Ellos aman al Señor Jesus pero hacen poco trabajo por El.  Odian al demonio pero a menudo parecen tentarlo para que venga sobre ellos.  Saben que hay poco tiempo pero viven como si hubiese mucho.  Saben que tienen una batalla que pelear y quienes los observan pensarían que están en calma.  Saben que tienen una carrera que correr y a menudo parecen estar tranquilamente sentados.  Saben que el Juicio está a la puerta y la ira por venir y aun así parecen estar medio dormidos.   ¡Sorprendidos deberían estar de lo que ellos son y aun así no ser más!</p>
<p dir="ltr">¿Y qué diremos de esas personas?  Frecuentemente son el foco de intriga para sus amigos devotos y sus parientes.   A menudo causan gran ansiedad.  A menudo dan razón para causar grandes dudas y análisis profundos, sin embargo ellos pueden ser clasificados en una  dramática descripción: son todos hermanos y hermanas de Lot.  Se detienen.</p>
<p dir="ltr">Estos son aquellos que tienen la noción mental de que es imposible para todos los creyentes ser tan santos y espirituales.  Admiten que la eminente santidad es una cosa hermosa. Leen acerca de ella en libros y ocasionalmente la ven en los otros, pero no piensan que todos estamos llamados a alcanzar ese tan alto estándar.  Sea como fuere, ellos parecen estar convencidos de que está fuera de su alcance.</p>
<p dir="ltr">Estos son aquellos que tienen en su cabeza una falsa idea acerca de la caridad, como ellos la llaman.   Son morbosamente temerosos de ser conservadores y estrechos de mente y están siempre yendo hacia el extremo contrario.  Complacerían a cualquiera, para adaptarse a todos y ser agradable con todos, sin embargo, olvidan que ellos deben primeramente estar seguros de agradar a Dios.</p>
<p dir="ltr">Ellos son aquellos que le tienen pavor a los sacrificios y se retraen con la abnegación.  Nunca parecen ser capaces de aplicar el mandamiento de Dios de “llevar la cruz” y “cortar la mano derecha y arrancarse el ojo derecho” (Mat. 5:29, 30).   No pueden negar que el Señor usó esas expresiones pero nunca encuentran un lugar para ellas en su religión.  Pasan sus vidas tratando de hacer la puerta más ancha y la cruz menos pesada.   Sin embargo, no tienen éxito.</p>
<p dir="ltr">Ellos son aquellos que siempre están tratando de mantenerse en el mundo.  Son ingeniosos en descubrir razones por no separarse decididamente y urden excusas plausibles para asistir a entretenciones que son cuestionables y mantienen  amistades cuestionables.  Un día ellos asisten a la lectura de la Biblia, el siguiente –quizá- van a una sala de baile.  Otro día ellos ayunan o participan de la Cena del Señor y reciben el sacramento;  otro día, en la mañana, van a las carreras y en la noche a la opera.  Un día ellos están casi histéricos por el sermón de algún predicador sensacional y al otro, están llorando por una novela.  Están constantemente trabajando para persuadirse que mezclarse un poco con personas del mundo en su propio suelo hace bien.  Aun cuando, en su caso, es muy claro que no actúan bien y que solamente se dañan.</p>
<p dir="ltr">Ellos son aquellos que no pueden encontrar en su corazón la forma para pelear contra sus pecados residentes, sea pereza, indolencia, mal temperamento, orgullo, egoísmo, impaciencia o cualquiera otro.   Permiten que ellos sean arrendatarios tolerablemente tranquilos e imperturbables de sus corazones.  Ellos dicen que es su salud, su constitución física, o su temperamento o sus pruebas o su camino.  Su padre, su madre, su abuela eran de igual forma y están seguros que no pueden hacer nada al respecto.  ¡Y cuando usted se topa con ellos, luego de una ausencia de un año o más, escuchará de ellos la misma cosa!</p>
<p dir="ltr">Pero todo, todo puede ser sumado en una sola sentencia.  Ellos son los hermanos y hermanas de Lot.  Se detienen.</p>
<p dir="ltr">¡Ah, si usted es un alma que se queda, usted no es feliz! Usted sabe que no lo es.  Sería muy extraño en realidad que lo fuera.  El rezagarse es una segura destrucción de la felicidad cristiana.  Una conciencia que se rezaga lo prohíbe de disfrutar de paz interior.</p>
<p dir="ltr">Quizá en algún tiempo usted hizo la carrera bien, sin embargo, ha dejado su primer amor. Nunca ha sentido la misma placidez desde entonces y no lo hará nunca hasta que regrese a sus “primeras obras” (Apo. 2:5)  Como Pedro, cuando el Señor Jesus fue tomado prisionero, usted está siguiendo al Señor desde lejos y, como él, no encontrará que su camino es agradable sino duro.</p>
<p dir="ltr">Venga y mire a Lot.  Venga y note la historia de Lot.  Venga y considere el “detenerse” de Lot y sea sabio.</p>
<p dir="ltr">3. Qué razones pueden sustentar su “detenerse”</p>
<p dir="ltr">¿Quién de entre los lectores de este texto siente seguridad y no tiene miedo de quedarse?  Venga y escuche mientras le digo unos pocos pasajes de la historia de Lot.  Haga como Lot hizo y será un milagro si en realidad usted no llega al final al mismo estado del alma de Lot.</p>
<p dir="ltr">Una cosa que observo en Lot es esta: hizo una elección equivocada cuando era joven.</p>
<p dir="ltr">Hubo un tiempo cuando Abraham y Lot vivieron juntos.  Ambos llegaron a ser ricos y no pudieron vivir juntos por más tiempo.  Abraham, el mayor de ambos, en un verdadero espíritu de humildad y cortesía, dio a Lot la opción de escoger territorio cuando resolvieron separarse:  “Si tú,  dijo, “tomas a mano izquierda entonces yo tomaré a mano derecha”; o si tú te vas a la derecha yo iré a la izquierda” (Gen. 13:9).</p>
<p dir="ltr">¿Y qué hizo Lot?  Se nos dice que él vio los llanos del Jordán, cerca de Sodoma, que eran ricos, fértiles y de mucha agua.  Era una tierra buena para el ganado,  llena de pastizales.  El tenía grandes rebaños y manadas, y eso se acomodaba a sus requerimientos.  Y esta fue la tierra que escogió para vivir, simplemente porque era rica y con mucha agua (Gen. 13:10).</p>
<p dir="ltr">¡Esa tierra estaba cerca del pueblo de Sodoma!  No se preocupo de eso.  Los hombres de Sodoma, que serían sus vecinos, eran perversos.  No le importo.  Ellos eran pecadores excesivos delante de Dios.  Eso no hizo ninguna diferencia para Lot.  Los pastizales eran ricos.  La tierra era Buena.  El deseaba tales tierras para sus rebaños y manadas. Y ante tal argumento, todos los escrúpulos y dudas, si tuvo algunos en realidad, se desvanecieron.</p>
<p dir="ltr">El eligió por vista no por fe.  No pidió el consejo de Dios para evitarse cometer errores.  El miró las cosas terrenales y no las eternas.  El pensó en la ganancia terrenal y no en su alma.  Consideró solamente lo que podía ayudarlo en esta vida.  Se olvidó del negocio solemne de la vida futura.  Fue un mal comienzo.</p>
<p dir="ltr">Pero, también veo que Lot se mezcló con pecadores cuando no había ninguna razón para hacerlo.</p>
<p dir="ltr">Se nos dice que el “armó sus tiendas en las proximidades de Sodoma” (Gen. 13:12).  Esto, como ya lo he mostrado, fue un grave error.</p>
<p dir="ltr">Empero, en la próxima ocasión en que él es mencionado en las Escrituras, lo encontramos viviendo precisamente en Sodoma.  El Espíritu dice expresamente “El habitaba en Sodoma” (Gen. 14:12).  Abandonó sus tiendas.  Dejo la llanura.  El ocupaba una casa en las mismas calles de la pervertida ciudad.</p>
<p dir="ltr">No se nos informa de las razones para este cambio.  No estamos apercibidos de ninguna ocasión que diera lugar al mismo.  Estamos seguros de que no pudo haber sido un mandato de Dios.  Quizá  a su esposa le gustaba más la ciudad que el campo por el bien de las relaciones sociales.  Es claro que ella no tenía gracia alguna.  Quizá ella persuadió a Lot de que era necesario para el desarrollo de sus hijas, para que pudieran casarse y asentarse en la vida.  Quizá las hijas presionaron para vivir en la ciudad donde podían tener compañía masculina; ellas eran evidentemente jóvenes de mente ligera.  Quizá a Lot  le gustó esto también para hacer más  de sus rebaños y manadas.  Los hombres nunca desean razones para confirmar sus deseos.  Sin embargo, una cosa es muy clara:   Lot habitó en medio de Sodoma sin ninguna buena causa.</p>
<p dir="ltr">Cuando un hijo de Dios hace las dos cosas que he nombrado,  no necesitamos sorprendernos si escuchamos, de vez en cuando, cuentas no favorables acerca de su alma.  No debemos sorprendernos si esa persona hace oídos sordos a la voz de advertencia de la aflicción, como Lot lo hizo (Gen. 14:12), y se vuelve “quedado” en el día del juicio y peligro, como Lot lo hizo.</p>
<p dir="ltr">Tome una decisión equivocada en la vida, una decisión no inspirada en las Escrituras, y establézcase innecesariamente en el medio de la gente del mundo,  y no se me ocurre ninguna manera más segura de dañar su propia espiritualidad y retrotraerse de sus preocupaciones sobre la vida eterna.  Esta es la manera de hacer que el pulso de su alma golpee feble y lánguidamente.  Esta es la forma de hacer que el filo de sus sentimientos acerca del pecado se vuelva romo y sin brillo.  Esta es la forma de nublar los ojos de su discernimiento espiritual hasta que escasamente pueda distinguir el bien del mal, y tambalee en la medida que camine.  Esta es la forma de traer parálisis moral a sus pies y miembros  que lo harán ir tambaleante y temblando en el camino a Zion, como si el saltamontes  fuese una carga.  Esta es la forma de vender el pase a su peor enemigo. De dar al demonio la ventaja en el campo de batalla, de amarrar sus manos para pelear, de encadenar sus pies en la carrera, de secar las fuentes de su fortaleza, de inutilizar sus energías, de cortarse su propio pelo, como Sansón, y ponerse usted mismo en las manos de los filisteos, de sacarse sus propios ojos, molienda para el molino, y volverse un esclavo.</p>
<p dir="ltr">Asiente estas cosas profundamente en su mente.  No las olvide.   Recuérdelas en la mañana.  Llamelas a su memoria en la noche.   Deje que se hundan profundamente en su corazón.  Si quiere estar libre de “quedarse”, este alerta de mezclarse innecesariamente con la gente del mundo.  ¡Esté alerta de la opción de Lot!  ¡Si no desea asentarse en estado de alma seco, opaco, adormecido, flojo, estéril, pesado, carnal estúpido, aletargado, esté alerta de la elección de Lot!</p>
<p dir="ltr">a. Recuerde esto cuando elija un lugar para habitar o su residencia.  No es suficiente que la casa sea confortable, la ubicación buena, el aire bueno, la vecindad agradable, el arriendo o el precio adecuado, el costo de vida barato.  Aun hay otras cosas que considerar.  Usted debe pensar en la inmortalidad de su alma.   ¿Será la casa que usted piensa de ayuda hacia el cielo o el infierno?   ¿Se predica el evangelio a una distancia cercana?  ¿Está el Cristo crucificado al alcance de su puerta?  ¿Hay un hombre real de Dios en la cercanía, que cuidará de su alma?  Le encomiendo, si usted ama su vida, no pasar esto  por alto.   Sea consciente de la elección de Lot.</p>
<p dir="ltr">b. Recuerde esto cuando escoja una vocación, un lugar, una profesión  en su vida.  No es suficiente que el salario sea alto, las regalías buenas, el trabajo fácil, las ventajas numerosas y los proyectos de obtener lo mejor favorables.  Piense en su alma, su alma inmortal.   ¿Tendrá alimento o se morirá de hambre? ¿Será prosperada o retrocederá?  ¿Tendrá sus domingos libres y tendrá un día libre en la semana para dedicarse a su espiritualidad?  Le suplico, por las misericordias de Dios, prestar atención a lo que hace.  No tome decisiones apuradas.  Mire el lugar a contraluz: con  la luz de Dios  y  la luz del mundo.   El oro puede ser comprado a un precio demasiado alto.  Sea consciente de la  elección de Lot.</p>
<p dir="ltr">c. Recuerde esto cuando escoja esposo o esposa, si no es casado.  No es suficiente que sus ojos se complazcan, que sus gustos sean encontrados, que sus mentes congenien, que haya amabilidad y afecto, que haya un hogar confortable para vivir.  Se necesita algo más importante que esto.  Hay una vida por vivir.  Piense en su alma, en su alma inmortal.   Su vida: ¿será  elevada o arrastrada por la unión que se planifica?  ¿Será más terrenal que celestial,  será llevada más cerca de Cristo o del mundo?  ¿Crecerá la religión con vigor o decaerá?  Si usted ora, por todas sus esperanzas de gloria, permita que esto entre en sus cálculos.  “Piense”, como el viejo Baxter dijo, y “piense, y piense nuevamente”, antes de comprometerse.  “No se una  en yugo desigual” (2 Cor. 6:14).   El matrimonio se menciona entre los medios de conversión.   Recuerde la elección de Lot.</p>
<p dir="ltr">d. Recuerde esto si alguna vez se le ofrece una posición en una compañía de trenes.  No es suficiente tener un buen sueldo y un empleo estable, la confianza de los directores, las mejores oportunidades de ascender.  Estas cosas están bien en su camino pero no lo son todo.  ¿Como le irá a su alma si usted trabajara en una compañía de trenes que presta servicio los domingos?  ¿Qué día en la semana tendrá usted para Dios y la eternidad? ¿Qué oportunidades tendrá para oír la predicación del evangelio?  Solemnemente le advierto que debe considerar esto.  No le redituara llenar sus bolsillos si ello involucra traer flacura y pobreza a su alma.  ¡Esté alerta de vender su Sábado por la gracia de un buen lugar!  Recuerde a Esaú y el cambio de su plato. Recuerde la elección de Lot.</p>
<p dir="ltr">Algunos lectores quizá pensaran “ Un creyente no necesita temer, es una oveja de Cristo, nunca perecerá; no puede sobrevenirle mucho daño.  No puede ser que tan pequeñas cosas tengan tanta importancia”.</p>
<p dir="ltr">Bien, puede pensar así.  No obstante le advierto, si usted descuida estas materias su alma nunca prosperará.  Un verdadero creyente no será desechado aunque se quede.  Sin embargo si en realidad se queda, es vano suponer que su religión prosperará.  La gracia es una planta tierna.  A menos que la cuide y proteja bien, pronto se enfermará en este mundo de maldad.   Puede decaer aunque no puede morir.   El oro más brillante pronto se volverá opaco si es sometido a una atmosfera húmeda.  El más caliente de los fierros se volverá frio.   Requerirá dolores y  gran esfuerzo traerlo nuevamente al rojo vivo.  No se requiere más que dejarlo solo o solamente un poco de agua fría para que se vuelva negro y duro.</p>
<p dir="ltr">Usted puede ser un cristiano ferviente y celoso ahora.  Puede sentirse como David en su prosperidad “No seré jamás conmovido” (Sal 30:6).  No se engañe.  Solo tiene que caminar los pasos de Lot y tomar la decisión de Lot y pronto llegará al estado del alma que tuvo Lot.  Permítase hacer como el hizo. Presuma actuar como él lo hizo y estará muy seguro que pronto descubrirá que se ha convertido en un desdichado en rezago como él.  Encontrara, como Sansón, que la presencia de Dios ya no está más con usted.  Probará para su propia vergüenza, ser un hombre no decidido, dubitativo en el día del juicio.  Vendrá un cancro a su religión y se comerá toda su vitalidad sin que usted se de cuenta.  Vendrá un consumo lento de su fortaleza espiritual y la desperdiciara insensiblemente.</p>
<p dir="ltr">¡Ah, si usted no desea volverse perezoso en su religion, considere estas cosas! ¡Este alerta para no hacer lo que Lot hizo!</p>
<p dir="ltr">4. Que clase de frutos trajo su pereza.</p>
<p dir="ltr">No pasaría por alto este punto por muchas razones y especialmente en el presente.  No son pocos los que se sienten dispuestos a decir: “Después de todo Lot fue salvado: fue justificado y fue al cielo.  No deseo nada más. Y si lo hago pero voy al cielo, estaré contento”.  Si este es el pensamiento de su corazón, quédese un momento más y escúcheme un poco más.  Le mostraré una o dos cosas en la historia de Lot que merecen atención y pueden quizá inducirlo a cambiar de opinión.</p>
<p dir="ltr">Pienso que es de primerísima importancia extenderse sobre este tema.  Siempre sustentaré que una santidad elevada y provecho elevado están muy cercanamente conectados, que la felicidad y “la consiguiente llenura del Señor” van de la mano y que si los creyentes se rezagan, no deben esperar ser útiles en su época y generación o ser muy santos y semejantes a Cristo o disfrutar de gran placidez y paz en su creer.</p>
<p dir="ltr">a. Notemos entonces que Lot no hizo el bien entre los habitantes de Sodoma.</p>
<p dir="ltr">Lot, probablemente, vivió muchos años en Sodoma.  Sin duda que tuvo muchas oportunidades preciosas para hablar de las cosas de Dios e intentar rescatar las almas del pecado.  Sin embargo, parece ser que Lot no tuvo ninguna influencia.  Parece no haber tenido ningún peso o influencia sobre las personas que vivieron a su alrededor.  No poseyó ni el respeto ni la reverencia que los hombres del mundo frecuentemente conceden a un sirviente brillante de Dios.</p>
<p dir="ltr">Ni tan siquiera una persona recta podía ser hallada en toda Sodoma, fuera de los muros del hogar de Lot.  Ninguno de sus vecinos creyó en su testimonio.  Ninguna de sus conocidos honró al Señor que  adoraba.  Ninguno de sus sirvientes sirvió al Dios que su amo servía.  Ninguna de “todas las personas de todas partes&#8221; consideró ni un ápice su opinión cuando intentó refrenarlos de su corrupción.  Vino este extraño para habitar entre nosotros, dijeron ellos ¿y habrá de erigirse en juez? (Gen. 19:9).  Su vida no tenia peso; sus palabras no eran oídas; su religión no condujo a nadie a seguirlo.</p>
<p dir="ltr">¡Y, en verdad, no me sorprendo!  Como una regla general, almas perezosas no hacen bien al mundo y no traen crédito a la causa de Dios.  Su sal tiene demasiado poco sabor para sazonar la corrupción que los rodea.  No son “epístolas de Cristo” que puedan ser “conocidas y leídas por todos” (2 Cor. 3:2).  No hay magnetismo ni atracción ni reflejo de Cristo en sus maneras.  Recordemos esto.</p>
<p dir="ltr">b. Se nos dice también que Lot no ayudó a ir al cielo a ninguno de su familia, parientes o conocidos.  No se nos dice cuán grande era su familia, sin embargo, sabemos que tenía esposa y al menos dos hijas en el día en que fue llamado a salir de Sodoma, y que además no había tenido más niños.</p>
<p dir="ltr">Una cosa, pienso, es perfectamente clara –sin importar si su familia era grande o pequeña- ¡no había nadie entre ellos que temiera a Dios!</p>
<p dir="ltr">Cuando el “salió y habló con su yernos –esposos de sus hijas” y los advirtió de huir del juicio que vendría sobre Sodoma, se nos dice “Les pareció a ellos que se burlaba” (Gen. 19:14).  ¡Qué temibles palabras son esas!   Eran como decir “A quien le importa lo que digas”.  Mientras el mundo exista, esas cosas son una prueba dolorosa del desdén con que se mira a un perezoso en su religión.</p>
<p dir="ltr">¿Y qué hay de la esposa de Lot?  Ella dejó la ciudad en su compañía pero no llegó lejos.  Ella no tenía la fe para ver la necesidad de tan intempestuosa salida.  Ella dejo su corazón en Sodoma cuando comenzó a salir de allí.  Miro atrás cuando iba a la saga de su esposo, no obstante, la perentoria orden de no hacerlo (Gen. 19:17) e inmediatamente se volvió una estatua de sal.</p>
<p dir="ltr">¿Y qué hay de las dos hijas de Lot?  En realidad, ellas escaparon, sin embargo, tan solamente para hacer el trabajo del demonio.  Ellas se convirtieron en la tentación de su padre para la corrupción y lo condujeron a cometer el más impuro de los pecados.</p>
<p dir="ltr">En pocas palabras, ¡Lot parecía estar solo dentro de su familia!  ¡No había aplicado los medios para rescatar un alma de las puertas del infierno!</p>
<p dir="ltr">Y no me sorprende.   Las almas perezosas son entrevistas por sus propias familias y cuando son entrevistas, despreciadas.  Sus parientes más cercanos entienden la inconsistencia aunque no entiendan nada más de religión.  Llegan a la triste  pero no antinatural conclusión “Seguramente si ´el creyera todo lo que el declara que cree, no continuaría haciendo lo que hace”.   Padres perezosos raramente tienen hijos devotos.  Los ojos de un niño ven mucho más de lo que oyen.  Un niño siempre observa más lo que usted hace que lo que dice.  Recuerde esto.</p>
<p dir="ltr">c. Lot no dejó ninguna evidencia tras si cuando murió.   Sabemos muy poco sobre Lot luego de su salida de Sodoma y todo lo que sabemos es insatisfactorio.  Su súplica en Zoar porque era “insignificante”, luego su salida de Zoar  y su conducta en la cueva –todo, todo habla de  la misma historia.   Todo muestra la debilidad de la gracia que estaba en él y el bajo estado en que su alma había caído.</p>
<p dir="ltr">No sabemos cuánto más vivió después de su escape. No sabemos dónde murió, o cuándo murió, si vio o no a Abraham nuevamente, cuál fue la forma en que murió, lo que dijo o lo que pensó.  Todas estas cosas están escondidas.   Se nos dice de los últimos días de Abraham, Isaac, Jacob, Jose, David pero ni tan solo una palabra de Lot.  ¡Oh, qué lecho de muerte tan sombrío debe haber sido el de Lot!</p>
<p dir="ltr">Las Escrituras parecen poner un velo alrededor de él  con un propósito.   Hay un doloroso silencio sobre su final.  Parece ser que fue un candil apagándose y dejando un sabor amargo tras de él.  Y no se nos dijo especialmente en el Nuevo Testamento que Lot era “justo” y “recto”,   ciertamente creo que deberíamos haber dudado si Lot era o no un alma salvada.</p>
<p dir="ltr">Pero no me sorprendo de su triste final.  Creyentes perezosos generalmente cosechan lo que han cultivado.  Su pereza a menudo se encuentra con ellos cuando su espíritu está partiendo.  Tienen poca paz al final.  Alcanzan el cielo, por seguro, pero llegan allí en un pobre empeño, fatigados, con los pies lastimados, en debilidad y lagrimas, en oscuridad y tormenta.  Son salvos pero “salvos por el fuego” (1 Cor. 3:15).</p>
<p dir="ltr">Pido a cada lector de este mensaje considerar las tres cosas que he mencionado.   No malentiendan el significado.  ¡Es sorprendente observar cuán fácilmente  las personas se agarran de la mas mínima excusa para malinterpretar las cosas que se relacionan con sus almas!</p>
<p dir="ltr">Rechazar la pereza no indica que automáticamente nos transformaremos en alguien útil para el mundo.  Considere a Noé que predicó  ciento veinte años sin resultados.  Tampoco nuestro rechazo a la pereza garantizará la conversión de la familia o de los amigos.  Incluso muchos de los hijos del Rey David fueron inconversos.  Ni los propios hermanos del  Señor Jesus  le creyeron.</p>
<p dir="ltr">Es imposible no ver alguna conexión entre la opción de maldad de Lot y la pereza de Lot, y entre la pereza de Lot y sus fracasos con su familia y el mundo.  Creo que el Espíritu quiere que nosotros lo veamos.  Creo que el Espíritu quiso ponerlo a él como una guía para todos los cristianos profesantes.  Estoy seguro de que las lecciones que he impartido, considerando la historia completa, merecen una seria reflexión.</p>
<p dir="ltr">Y ahora déjenme impartir unos pocos pensamientos finales a todos aquellos se llaman a sí mismos creyentes en Cristo.  No tengo intención de hacer que sus corazones se entristezcan.  No quiero darle una visión oscura del camino cristiano.  Mi único objetivo es entregarles una advertencia amistosa.  Deseo su paz y comodidad.  Me gustaría sinceramente verlos tan felices como seguros, tan gozosos como justificados.  He hablado como lo he hecho para su bien.</p>
<p dir="ltr">Usted vive en tiempos en que la pereza, y la religión de Lot, abundan.  La corriente de los que profesan es mucho más ancha de lo que lo fue alguna vez, sin embargo, es mucho menos profunda.  Una cierta clase de cristianidad está casi de moda.   Pertenecer a una parte de la Iglesia de Inglaterra y mostrar celo por sus intereses; conversar sobre las controversias de moda, comprar libros de religión popular tan pronto como son editados para dejarlos sobre la mesa, asistir a reuniones, suscribirse a sociedades, discutir sobre los méritos de los predicadores, estar entusiasmado y excitado por cada nueva forma de religión sensitiva que aflora -Todos estos son, comparativamente ahora, logros fáciles y comunes.   Estos no hacen a las personas especiales, requieren de poco o nada de sacrificio.  No conllevan la cruz.</p>
<p dir="ltr">Sin embargo, caminar cercanamente a Dios, tener una mente realmente espiritual, comportarse como extranjeros y peregrinos, estar fuera del mundo cuando trabajamos, en las conversaciones, en las diversiones, en el vestido, ser un testigo fiel de Cristo en todos los lugares, dejar el sabor de nuestro Maestro en cada relación, ser oradores incesantes, humildes, no orgullosos, de buen temperamento, tranquilos, de fácil agrado, caritativos, pacientes, mansos, estar celosamente temerosos de todas las formas del pecado, trémulamente vivos a los daños que el mundo nos puede causar – ¡Estas, estas son aun cosas raras!   No son comunes entre aquellos que son llamados cristianos verdaderos, y, lo peor de todo, la ausencia de ellas no se percibe y tampoco se lamenta como debiera ser.</p>
<p dir="ltr">En un día como hoy,  me aventuro a ofrecer mi consejo a cada cristiano creyente que tiene oídos para oír.   No  vuelva su espalda a esto.  No se enoje porque hablo tan llanamente.  Lo conmino “Se diligente en hacer tu llamado y elección seguros” (2 Ped. 1:10).  Lo conmino a no ser indolente, descuidado, a no estar contento con una pequeña medida de gracia, a no estar satisfecho con ser un poquito mejor que el mundo.  Le advierto solemnemente no intentar hacer lo que nunca puede ser hecho –Me refiero a servir a Cristo y aun así mantenerse en el mundo.  Lo llamo y le ruego ser un cristiano de todo corazón, buscar la eminente santidad, enfocarse en un alto grado de santificación,  vivir una vida consagrada, presentar su cuerpo en “sacrificio vivo” a Dios, a “caminar en el Espíritu” (Rom. 12;1, Gal. 5:25).   Le encomiendo y lo exhorto, por todas sus esperanzas del cielo y deseos de gloria, si quiere ser feliz, si quiere ser útil, que no sea un alma perezosa.</p>
<p dir="ltr">¿Desea saber lo que los tiempos demandan?  El temblar de las naciones, el desarraigo de las cosas antiguas, el derrocamiento de los reinos, la agitación y el desasosiego de las mentes de los hombres –¿Y qué nos dicen los tiempos actuales?   Todos gritan a viva voz “¡Cristiano, no te detengas!”</p>
<p dir="ltr">¿Quiere estar listo para la segunda venida de Cristo,  su lomo ceñido, su lámpara encendida, usted mismo vigoroso y preparado y  para encontrarlo a Él?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Quiere disfrutar de mucho bienestar sensible en su religión, sentir la presencia del Espíritu dentro de usted, saber en quien ha creído, y no ser un cristiano desalentado, quejumbroso, agrio, cabizbajo y melancólico?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Quiere disfrutar de una poderosa certeza de su propia salvación, en el día de enfermedad, y en su lecho de muerte?  ¿Desea ver con los ojos de la fe los cielos abriéndose y Jesus elevándose para recibirlo?  ¡¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Desea dejar amplias evidencias tras suyo cuando haya partido?  ¿Desea que le dejemos en la tumba con confortante esperanza y hablemos de su estado después de la muerte sin tener dudas?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Desea ser útil al mundo en su época y generación?  ¿Desea sacar a los hombres del pecado y llevarlos a Cristo, adornar su doctrina y hacer la causa de su Maestro bella y atractiva ante sus ojos?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Desea ayudar a sus hijos y parientes hacia el cielo y hacerlos decir “Iremos contigo” y no hacerlos a ellos infieles y  desdeñosos de toda religión?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¿Desea tener la gran corona en el día de la venida de Cristo y no ser la más insignificante y pequeña estrella en la Gloria y encontrarse a sí mismo siendo el último y el más bajo en el reino de Dios?  ¡Entonces no se detenga!</p>
<p dir="ltr">¡Oh! ¡Que ninguno de nosotros sea perezoso!  El tiempo, la muerte, el juicio, el demonio, el mundo no lo son.  Tampoco dejemos que los hijos de Dios lo sean.</p>
<p dir="ltr">¿Hay algún lector de esta tesis que sienta que es perezoso?  ¿Ha sentido su corazón pesado y su conciencia adolorida, mientras ha estado leyendo estas palabras?  ¿Hay algo dentro de usted que susurra “soy el hombre”?   Entonces escuche lo que digo.  Su alma no está bien.  Despierte y trate de hacerlo mejor.</p>
<p dir="ltr">Si usted es un perezoso, debe ir a Cristo de inmediato y curarse.  Usted debe usar el viejo remedio;  debe bañarse en la vieja fuente.  Debe volverse nuevamente a Cristo y ser sanado.  La forma de hacer una cosa es hacerla. ¡Haga esto de inmediato!</p>
<p dir="ltr">No piense ni por un momento que su caso está perdido.  No piense que debido a que  ha estado viviendo en un estado del alma seco, adormecido y pesado, que no hay esperanza por  su restauración. ¿No es el Señor Jesucristo el Medico nominado para todas las dolencias espirituales?  ¿No curó El toda clase de enfermedades cuando estuvo en la tierra?   ¿No sacó toda clase de demonios?  ¿No elevó al pobre descarriado de  Pedro y le puso en su boca una nueva canción?  ¡Oh, sin duda, pero crea fervientemente que El puede aun revivir Su obra en usted!  Vuélvase de la pereza, confiese su insensatez y venga –venga de inmediato a Cristo.  Bendecidas sean las palabras del profeta “Sólo reconozcan su iniquidad”. “Vuelvan, ustedes hijos descarriados, y yo sanaré  sus rebeliones” (Jer. 3:13, 22).</p>
</div>
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		<title>Santidad: 8. Moisés &#8211; J. C. Ryle</title>
		<link>http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 13:09:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160; Capítulos anteriores del libro: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad 5. La batalla 6. El costo 7. Crecimiento 8. Certeza &#160; Traducido por Erika Escobar MOISES – UN EJEMPLO Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Capítulos anteriores del libro:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p>5. <a title="La batalla - J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/" target="_blank">La batalla</a></p>
<p>6. <a title="Santidad: 5. El costo – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/07/el-costo-j-c-ryle/">El costo</a></p>
<p>7. <a title="Crecimiento" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-crecimiento-j-c-ryle/" target="_blank">Crecimiento</a></p>
<p>8. <a title="Santidad: 7. Certeza" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/08/santidad-7-certeza/" target="_blank">Certeza</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<p><strong>MOISES – UN EJEMPLO</strong></p>
<p>Por fe <strong>Moisés</strong>, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Heb. 11:24-26)</p>
<p>Los carácteres de los santos más eminentes de Dios, como se perfilan y describen en la Biblia, son la parte más útil de las Santas Escrituras.  Doctrinas abstractas, principios y preceptos son todos  valiosos a su manera, pero –después de todo- no hay nada más útil que un modelo o ejemplo.   ¿Queremos saber qué es la santidad práctica?  Sentémonos y estudiemos la vida de un hombre eminentemente santo.  Propongo este mensaje para poner a la vista de mis lectores la historia de un hombre que vivió por fe y nos dejó un modelo de lo que la fe puede hacer en promover la santidad en el carácter.  Para todos aquellos que desean saber lo que es “vivir por fe”,  les ofrezco a Moisés como ejemplo.</p>
<p>El capítulo  once de la Epístola a los Hebreos, de la cual tomamos este texto, es un gran capítulo: merece ser impreso en letras de oro.  Puedo imaginar que debe haber sido muy esperanzador y alentador para un judío convertido.  Supongo que ningún miembro de la primera iglesia encontró tanta dificultad en profesar el cristianismo como lo hicieron los hebreos.  El camino era angosto para todos pero esencialmente para ellos.  La cruz era pesada para todos pero seguramente ellos tuvieron que cargar doble peso.  Y este capítulo los refrescaría como un refresco, sería como “vino para aquellos con corazón cargado”.   Sus palabras serían “agradables como la miel del panal, dulce al alma, y salud para sus huesos” (Prov. 31:6, 16:24).</p>
<p>Los tres versículos que voy a explicar están lejos de ser los menos interesantes del capítulo.  En verdad pienso que pocos, si algunos, reclaman tan fuertemente nuestra atención.  Y les explicare por qué lo digo.</p>
<p>Me parece que el trabajo de la fe descrito en la historia de Moisés se aplica especialmente a nuestro propio caso.  Los hombres de Dios que son nombrados en la primera parte del capítulo,  más allá de cualquier duda,  son todos ejemplos para nosotros.  No obstante nosotros no podemos hacer literalmente lo que la mayoría de ellos hizo no importando cuanto bebamos de su espíritu.   No somos llamados a ofrecer literalmente un sacrificio como Abel, o a construir un arca como Noé, o dejar nuestra tierra, a habitar en tiendas o ofrecer nuestro Isaac como Abraham lo hizo.  No obstante, la fe de Moisés se hace más cercana a nosotros.  Parece operar en una manera más familiar a nuestra propia experiencia.  Ella hizo que Moisés tomara una línea de acción como nosotros debemos tomarla en el presente,  cada uno en nuestro propio caminar, si fuéramos cristianos consistentes.  Y por esta razón, pienso que estos tres versículos merecen más que una consideración normal.</p>
<p>No tengo que decir nada más que las cosas más simples acerca de ellos.  Trataré tan solamente de mostrar la grandeza de las cosas que Moisés hizo y el principio por las cuales las hizo.  Y entonces, quizá, estaremos mejor preparados para la  instrucción práctica que los versículos parecen ofrecer a cada uno que las recibirá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1. Lo que Moisés abandonó y rechazó.</strong></p>
<p>Moisés abandonó tres cosas por el bien de su alma.  El sintió que su alma no sería salvada si las mantenía, por lo que las abandonó.  Al hacerlo, digo que él hizo tres de los sacrificios más grandes que el corazón del hombre puede posiblemente hacer.  Veamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1.  Renunció a su rango y a la grandeza.</strong></p>
<p>“Rechazó ser llamado hijo de la Hija de Faraón”.   Todos sabemos su historia.  La hija del Faraón que preservó su vida cuando él era un niño.   Ella fue más lejos que eso:  lo adoptó y lo educó como a su propio hijo.</p>
<p>Si confiamos en los historiadores, ella era la única hija de Faraón.  Algunos van tan lejos en el orden común de las cosas que dicen que Moisés, algún día, ¡habría llegado a ser Rey de Egipto!   Puede ser o no ser, no lo podemos decir.   Es suficiente para nosotros saber que, por esta conexión con la hija de Faraón, Moisés podría haber sido, si lo hubiese querido, un gran hombre.  Si hubiera estado contento con la posición en que se encontraba en la corte egipcia, fácilmente podría haber estado entre los primeros (sino siendo el mismísimo primero) en toda la tierra de Egipto.</p>
<p>Pensemos, por un momento, cuán grande era la tentación.</p>
<p>He aquí un hombre de pasiones como las nuestras.  Podría haber tenido tanta grandeza como la tierra puede dar.  Rango, poder, lugar, honor, títulos, dignidad –Todo estaba ante él y al alcance de sus manos.  Estas son cosas por las cuales muchos hombres continuamente luchan.   Son premios por los cuales el mundo que nos rodea corre incesantemente.  Para ser alguien, para ser admirado, para elevarse en la escala social, ser renombrado… estas son cosas por las cuales se sacrifica mucho tiempo y pensamiento y salud y la vida misma.  Pero Moisés no las tenía como regalo.  Volvió su espalda a ellas.  Las rechazó.   ¡Renunció a ellas!</p>
<p><strong>2. Y más que esto, El rechazó el placer.</strong></p>
<p>Placeres de toda naturaleza, sin duda, estaban a sus pies, si les hubiese gustado tomarlos –placer sensual, intelectual, social – cualquier cosa que pudiera imaginar.  Egipto era una tierra de artistas, la residencia de hombres de conocimiento, un recurso para cualquiera que tuviera habilidad y ciencia de cualquier clase.   No había nada que pudiera alimentar el “deseo de la carne, el deseo de la mirada, o el orgullo de la vida” que faltara y que cualquiera en el lugar de Moisés podría no fácilmente haber alcanzado o poseído como propio (1 Jn 2:16).</p>
<p>Pensemos nuevamente, cuán grande era esta tentación también.</p>
<p>Millones viven por placer.  El hedonismo es el gran espíritu que no sabe de límites, ya sea económicos, sociales, políticos o culturales &#8211; El placer es un ídolo que esclaviza a la gran mayoría del mundo.   El escolar busca placer en sus vacaciones de verano, el joven en la independencia y el negocio, el pequeño comerciante busca por él a su jubilación y el hombre pobre en las pequeñas comodidades de casa.  Placer y fresca excitación en política, viajes, diversión, en las relaciones, en los libros, en varios vicios demasiado oscuros para mencionarlos; el placer es la sombra que todos de igual modo buscan; quizá, cada uno pretendiendo menoscabar a su vecino en su búsqueda, cada uno buscando en su propia forma; cada uno preguntándose por que no lo encuentra; cada uno firmemente persuadido de que en un lugar u otro va a encontrarlo.   Esta era la copa que Moisés tenía ante sus labios.  El podría haberla bebido tan profundamente como hubiese gustado por el placer terrenal, pero no la tendría.   Le volvió su espalda.  Lo rechazó.  Renunció al placer.</p>
<p><strong>3.  Y más que esto – El rechazó las riquezas.</strong></p>
<p>“Los tesoros en Egipto” es una expresión que parece decirnos la inconmensurable riqueza que Moisés podría haber disfrutado, si él hubiera estado contento de permanecer junto a la hija de Faraón.   Bien podemos suponer que esos “tesoros” podrían haber sido una poderosa fortuna.   Queda aun suficiente en Egipto como para darnos una somera idea del dinero que estaba a disposición del rey.  Las pirámides y obeliscos y los templos y las estatuas están aun allí como testigos.  Las ruinas de Carnac y Luxor y Denderah y muchos otros lugares son todavía las edificaciones más poderosas del mundo.  Hasta hoy, ellas testifican que el hombre que renunció a la riqueza egipcia, renunció a algo que aún las mentes inglesas encontrarían difícil de contabilizar y estimar.</p>
<p>Pensemos nuevamente cuán grande era esta tentación.</p>
<p>Consideremos, por un momento, el poder del dinero, la inmensa influencia de  ese “amor al dinero” que se apodera de la mente de los hombres.  Miremos a nuestro alrededor y observemos cómo los hombres lo atesoran y qué dolores sorprendentes y problemas están dispuestos a enfrentar para obtenerlo.  Infórmeles de una isla lejana a miles de kilómetros donde se encuentra un tesoro que si se explota puede traer ganancias y una flota de barcos será enviada de inmediato para obtenerlo.  Muéstreles una fórmula para hacer un 1% más rentable su dinero y ellos lo tendrán por el más sabio entre los hombres;  ellos casi caerán  a sus pies y le rendirán pleitesía.  Poseer dinero parece ser la forma de esconder los defectos, de cubrir las faltas y vestir al hombre de virtud.  ¡Las personas harán vista gorda de muchas cosas si usted es rico!   Pero aquí hay un hombre que podría haber sido rico y no lo fue.   No tendría los tesoros egipcios.   El volvió su espalda a ellos.  Los rechazo.  ¡Renunció a ellos!</p>
<p>Esas son las cosas que Moisés rechazó –rango, placer, riquezas- las tres en un solo acto.</p>
<p>Agregue a todo esto lo que él hizo deliberadamente.  No rechazó esas cosas en un impulso de excitación juvenil.  Tenia 40 años.  El estaba en la plenitud de la vida.  El sabia lo que involucraba.   El era un hombre muy educado “conocedor de toda la sabiduría de los egipcios” (Hech. 7:22).  El pudo sopesar los dos lados del asunto.</p>
<p>Agregue a esto que él no las rechazo por obligación.  El no era como el hombre moribundo que nos dice “no ansío nada mas en este mundo”; ¿y por qué?   Porque está dejando el mundo y no puede guardarlo.   El no era como el indigente que hace un mérito la necesidad y dice “No deseo riquezas”, ¿y por qué?  Porque no puede obtenerlas.  El no era como el hombre viejo que presume “he dejado los placeres del mundo”, ¿y por qué?  Porque esta gastado y no puede disfrutarlos.  ¡No!  Moises rechazó lo que él podria haber disfrutado. Rango,placer y riquezas no lo abandonaron, pero él sí a ellas.</p>
<p>Y luego juzgue si estoy o no en lo correcto al decir que su sacrificio fue uno de los más grandes sacrificios que un hombre mortal pudo haber hecho nunca.  Otros han rechazado mucho pero ninguno, pienso, tanto como Moisés.  Otros han hecho bien en su camino de auto sacrificio y abnegación, pero Moisés se destaca por sobre todos ellos.</p>
<p><strong>2. Lo que Moisés escogió.</strong></p>
<p>Moisés escogió tres cosas por el bien de su alma y pienso que sus elecciones son tan maravillosas como sus rechazos.   El camino a la salvación lo condujo a través de ellas, y él siguió el camino y, al hacer de ese modo,  escogió tres de las últimas cosas que un hombre estaría dispuesto a tomar alguna vez.</p>
<p><strong>1.  Moisés escogió el sufrimiento y la aflicción.</strong></p>
<p>El dejo la calma y la comodidad de la corte de Faraón y abiertamente se apartó con los hijos de Israel.   Ellos eran un pueblo esclavo y perseguido – un objeto de desconfianza, sospecha y odio y cualquiera que se afiliara con ellos tendría por seguro el sabor amargo de la copa que ellos bebían diariamente.</p>
<p>A la vista de cualquiera, no había ninguna oportunidad de la liberación de la esclavitud egipcia sin una batalla larga y llena de dudas.   Un hogar establecido y un país para ellos debe haber parecido ser una cosa muy improbable de lograr sin importar cuánto la desearan.  De hecho, si alguna vez un hombre pareció escoger dolor, pruebas, pobreza, deseo, angustia, ansiedad, quizá incluso la muerte, con los ojos abiertos, ese hombre era Moisés.</p>
<p>Pensemos cuán maravillosa fue esta elección.</p>
<p>Naturalmente la carne y la sangre evitan el dolor.   Está en todos nosotros evitarlos.   Nos retacamos por instinto ante el sufrimiento y lo evitamos si podemos.  Si dos cursos de acción están frente a nosotros, y ambos parecen correctos, generalmente tomaremos aquel que es el menos desagradable a la carne y la sangre.   Pasamos nuestros días con miedo y ansiedad cuando pensamos que la aflicción sobrevendrá sobre nosotros y usamos todos nuestros recursos para escapar de ella.  Y cuando esta llega, frecuentemente nos inquietamos y murmuramos bajo su carga, y si tan solamente podemos sobrellevarla con paciencia, lo tenemos como un logro.</p>
<p>No obstante, ¡mire aquí!  Aquí hay un hombre con las mismas pasiones que las nuestras, que efectivamente escoge la aflicción.   Ante sí mismo Moisés vio la copa del sufrimiento si dejaba la corte de Faraón, y la escogió, la prefirió y la bebió.</p>
<p><strong>2.  Pero hizo más que esto,  escogió la compañía de personas despreciadas.</strong></p>
<p>Dejó la sociedad de los poderosos y de los sabios, entre los cuales él había crecido, y se unió a los hijos de Israel.  El, quien había vivido desde su infancia en medio del rango, la riqueza y el lujo,  bajó de su alto estatus y echó su suerte con hombres pobres, esclavos, siervos, ilotas, parias, oprimidos, destituidos, afligidos, atormentados – obreros en los hornos de ladrillo.</p>
<p>¡Cuán maravillosa, una vez más, fue su elección!</p>
<p>Hablando en general, pensamos que es suficiente sobrellevar nuestros propios problemas.  Podemos lamentar que la suerte de otros pueda ser miserable y despreciable.  Podemos incluso intentar ayudarlos, podemos darles dinero, hablar por ellos, pero no vamos más allá  de eso.</p>
<p>Sin embargo, he aquí hay un hombre que hizo mucho más.  Simplemente no solo sintió al despreciado Israel sino que realmente bajó hasta ellos, se adhirió a su sociedad y vivió con todos ellos.   Se preguntaría si algunos hombres poderosos en Grosvenor o Belgrave Square abandonarían su casa y su fortuna, su posición en la sociedad y se irían a vivir en una pequeña casa en algún angosto callejón en Bethnal Green, tan solamente por hacer las cosas bien, aunque pensar en esto nos traería una noción débil y feble de la clase de cosas que Moisés hizo.  El vió al pueblo despreciado y escogió su compañía en lugar de la nobleza en la que vivía.   Se convirtió en uno de ellos, su camarada, su compañero en la tribulación, su aliado, su asociado y su amigo.</p>
<p><strong>3.  Pero hizo mucho más todavía, escogió el reproche y el menosprecio.</strong></p>
<p>¿Quién puede concebir el torrente de burla y ridículo que Moisés debió sufrir  al volverse de la corte de Faraón y unirse a Israel?   Los hombres le dirían que estaba enfermo,  tonto, débil, estúpido, fuera de sí.  El perdería su influencia, perdería el favor y la buena opinión de todos aquellos entre los cuales había vivido.  Ninguna de esas cosas lo conmovió.  ¡El dejó la corte y se unió a los esclavos!</p>
<p>¡Pensemos nuevamente, qué elección fue esta!</p>
<p>Existen pocas cosas más poderosas que el sentido del ridículo y el menosprecio.   Pueden hacer mucho más que un enemigo declarado o una persecución.   Muchos hombres que marcharían hasta la boca del cañón, o lucharían por una ligera esperanza de triunfo, o tomarían por asalto una brecha han encontrado imposible enfrentar, sin embargo, la mofa de unos pocos compañeros y han huido del camino del deber para evitarlo.  ¡Que se rian de uno!  ¡Que hagan burla de nosotros!  ¡Ser foco de bromas y desdeños!  ¡Que nos tengan  por débiles o estúpidos!  ¡Ser tomados por tontos!  No hay nada alentador en todo esto y, alas, muchos no pueden decidirse a soportarlo.</p>
<p>Aun así, aquí hay un hombre que se decidió y no arrugó en las pruebas.  Moisés vio el reproche y el menosprecio ante sí mismo y los escogió y los aceptó como su porción.</p>
<p>Esas fueron las cosas que Moisés escogió: aflicción, la compañía de gente despreciada y el menoscabo.</p>
<p>Considere que además de todo esto, Moisés no era ni débil, ni ignorante, ni iletrado y que no sabía lo que sucedería.   ¡Se nos dice especialmente que él era “poderoso en palabras y en obras” y aun así el escogió como lo hizo! (Hech 7:22).</p>
<p>Considere, también, las circunstancias de su elección.  No estaba obligado a escoger como hizo.  Nadie lo empujó a tomar tal curso.  Las cosas que aceptó no fueron forzadas contra  su voluntad. El las buscó no ellas a él.  Todo lo que hizo lo hizo por su propia libre elección, voluntariamente y de acuerdo a sí mismo.</p>
<p>Y luego juzgue si es o no verdad que sus elecciones fueron tan maravillosas como sus rechazos.  Desde el comienzo del mundo, supongo, nadie nunca había elegido una opción como la que Moisés eligió en nuestro texto.</p>
<p><strong>3.  El principio que movió a Moisés.</strong></p>
<p>¿Cómo se puede explicar una conducta como esta?  ¿Qué posible razón podemos dar para ella?  Rechazar lo que generalmente llamamos bueno, escoger lo que comúnmente pensamos es malo, este no es camino de la carne y la sangre.  No es la forma del hombre; esto requiere alguna explicación.  ¿Cual será esa explicación?</p>
<p>Tenemos la respuesta en el texto. No sé si es su grandeza o su simplicidad la que debe ser admirada.  Todo yace, en una pequeña palabra, y esa palabra es “<strong>fe</strong>”.</p>
<p>Moises tenia fe.  La fe era el torrente principal de su hermosa conducta.  La fe lo hizo hacer como hizo, escoger lo que escogió y rechazar lo que rechazó.  Lo hizo todo porque creía.</p>
<p>Dios puso delante de los ojos de su mente Su propia voluntad y propósito.  Dios se reveló a él como un Salvador que iba a nacer de la estirpe de Israel, esas poderosas promesas fueron vinculadas con estos hijos de Abraham, y aún por ser cumplidas, ese era el tiempo de completar la porción de estas promesas; y Moisés acreditó esto y creyó.  En cada paso de su maravillosa carrera, cada acción en su viaje a través de la vida después de dejar la corte de Faraón, su opción de parecer mal, su rechazo de parecer bien –todo,  todo debe conducirlo a esta fuente;  todo descansa en este fundamento.  Dios había hablado con él y él tenía fe en la Palabra de Dios.</p>
<p>El creía que Dios guardaría Sus promesas – esas que Él le había dicho que El con seguridad haría, y lo que Él había pactado, Él con certeza llevaría a cabo.</p>
<p>El creía que para Dios nada es imposible.  El sentido y razón podrían decir que la liberación de Israel estaba fuera de cuestionamiento: los obstáculos eran demasiados, las dificultades demasiado grandes.   Pero la fe le dijo a Moisés que Dios era del todo suficiente.  Dios había emprendido el trabajo y se haría.</p>
<p>El creía que Dios era toda sabiduría.  El sentido y la razón podrían decir que su línea de acción era absurda, que él estaba desperdiciando influencia útil y destruyendo todas las oportunidades de beneficiar a su gente al romper con la hija de Faraón. Pero la fe le dijo a Moisés que si Dios había dicho “Vayan por este camino”, ese debía ser el mejor.</p>
<p>El creía que Dios era toda misericordia.  El sentido y la razón podrían insinuar que podría encontrarse una manera más placentera de liberación, que algún compromiso podría ser afectado y muchas privaciones evitadas.  Pero la fe le dijo a Moisés que Dios era amor y que no daría a Su pueblo una gota de amargura más allá de lo que era absolutamente necesario.</p>
<p>La fe era un telescopio para Moisés.  Esta lo hizo ver la extensa tierra a lo lejos –descanso, paz y victoria, cuando su nublada razón pudiera hacerlo ver solamente las pruebas y barreras, tormentas y tempestades, cansancio y dolor.</p>
<p>La fe fue el intérprete para Moisés.  Esta lo hizo extraer un significado agradable en los oscuros mandamientos de la escritura de Dios, mientras que el sentido ignorante no podía ver nada en ellas salvo misterio y estúpidez.</p>
<p>La fe le dijo a Moisés que todo su rango y su grandeza era de la tierra, una cosa terrenal, pobre, vana, vacía, precaria, efímera y pasajera, y que no había verdadera grandeza como esa de servir a Dios.  Él era el rey, un verdadero hombre noble que perteneció a la familia de Dios.  Es mejor ser el último en el cielo que el primero en el infierno.</p>
<p>La fe le dijo a Moisés que los placeres mundanos eran “placeres de pecado”.  Ellos estaban mezclados con el pecado, lo conducían al pecado, eran ruinas para el alma y desagradaban a Dios.   Sería poco agradable tener placer si  Dios está en contra.  Mejor es sufrir y obedecer a Dios que estar tranquilo y en pecado.</p>
<p>La fe le dijo a Moisés que esos placeres después de todo eran por una “temporada”.  No podían durar, eran de corta vida, lo malograrían pronto y debería abandonarlos todos en unos pocos años.</p>
<p>La fe le dijo que había una recompensa en el cielo para el creyente,  más abundante que los tesoros de Egipto,  más duradera, donde la herrumbre no puede corroer, ni ser robada por los ladrones.  La corona seria incorruptible, el peso de la gloria superaría todo y sería eterno y la fe lo empujó a mirar lejos a un cielo no visto, por si sus ojos estuvieran deslumbrados  con  el oro de Egipto.</p>
<p>La fe le dijo a Moisés que la aflicción y el sufrimiento no eran demonios reales.  Ellos eran la escuela de Dios en la cual El entrena a los hijos de la gracia para gloria, sus medicinas que eran necesarias para purificar nuestros deseos corruptos, el horno que debe derretir nuestras escorias, el cuchillo que debe cortar las ataduras que nos atan al mundo.</p>
<p>La fe le dijo a Moisés que los israelitas despreciados eran el pueblo escogido de Dios. El creyó que a ellos les pertenecía la adopción y el pacto y las promesas y la gloria: parte de ellos era la semilla de mujer que iba a nacer un día, quien  debía magullar la cabeza de la serpiente, que la  bendición especial de Dios estaba sobre ellos; que ellos eran preciosos y hermosos a Sus ojos, y que era mejor ser un portero entre el pueblo de Dios que reinar en palacios de perversidad.</p>
<p>La fe le dijo Moisés que todo el reproche y el escarnio depositado sobre él era “el reproche de Cristo”, que era honorable ser mofado y despreciado por Cristo, que cualquiera que persiguiera al pueblo de Cristo estaba persiguiendo a Cristo mismo, y que  llegaría el día cuando Sus enemigos se reverenciarían ante El y morderían el polvo.  Todo esto, y mucho más, de lo cual no puedo hablar en detalle, Moisés vio por fe.   Estas eran las cosas en las que él creía, y creyendo, hizo lo que hizo.  El estaba persuadido de ellas, las abrazó, las tuvo por certeza, las miró como verdades substanciales, las tomó como seguras como si las hubiera visto con sus ojos, actuó con ellas teniéndolas como realidad y eso hizo de él el hombre que fue. Tenía fe.  El creía.</p>
<p>No es maravilla que rechazara la grandeza, las riquezas y el placer.  El veía mucho más adelante.  El vio con el ojo de la fe los reinos desintegrándose en el polvo, las riquezas haciéndose alas y volando lejos, los placeres conduciendo a muerte y juicio, y a Cristo solamente y Su pequeño rebaño permaneciendo para siempre.</p>
<p>No se extrañe que escogiera la aflicción, al pueblo despreciado y el reproche. El contempló cosas bajo la superficie.  El vio con el ojo de la fe que la aflicción duraría sólo un momento, y el reproche se desvanecería y terminaría en un honor eterno, y el pueblo despreciado de Dios reinando como reyes con Cristo en la gloria.</p>
<p>¿Y estaba él en lo correcto?  ¿No nos habla a nosotros, aunque muerto, en este día?  El nombre de la hija de Faraón ha perecido o es extremadamente dudoso.  La ciudad donde Faraón reinó no es conocida.  Los tesoros de Egipto se han ido.  Pero el nombre de Moisés es conocido en todas las partes en que la Biblia se lee y es testigo de que “cualquiera que vive por fe, es feliz”.</p>
<p><strong>4. Algunas lecciones prácticas.</strong></p>
<p>“¿Que conexión tiene todo esto con nosotros? &#8221; algunos dirán.  “No vivimos en Egipto, no hemos visto milagros, no somos israelitas, estamos hartos del tema”.</p>
<p>Nuestro tema es de considerable importancia y peso y uno que no debemos subestimar fácilmente.  Es particularmente relevante para cualquiera que desea salvación por varias razones:</p>
<p>1.  Si alguna vez fuera salvo, usted debe tomar la opción que Moisés tomó – Usted debe escoger a Dios antes que al mundo.</p>
<p>Note bien lo que digo.  No lo pase por alto, aunque olvide todo el resto.  No digo que el hombre de estado debe tirar su oficina, y el hombre rico abandonar su propiedad.  No se haga ni la idea que pretendo decir esto.  Digo que si un hombre fuera salvo, cualquiera sea su estatus en la vida, debe estar preparado para la tribulación.  Debe decidir escoger mucho que parece malo y abandonar y rechazar mucho que parece bueno.</p>
<p>Me atrevo a decir que esto suena como un lenguaje extraño a algunos que leen estas páginas.  Sé muy bien que usted debe tener alguna forma de religión y que no enfrenta ningún problema en su camino.  Existe una clase mundana común de cristianidad en el presente, la cual muchos tienen y piensan como suficiente –una cristianidad barata que no ofende a nadie y que no requiere sacrificios, que no cuesta nada y que no vale nada.  No estoy hablando de una religión de esa clase.</p>
<p>Pero si usted es sincero acerca de su alma, si  su religión es algo más que un atuendo de domingo, si usted está determinado a vivir por lo que la Biblia establece, si usted está resuelto a ser un cristiano del Nuevo Testamento, entonces, repito, usted pronto encontrará  una cruz que cargar.  Debe atravesar cosas difíciles, debe sufrir en nombre de su alma, como Moisés hizo, o no podrá ser salvo.</p>
<p>El mundo del siglo XIX es como siempre ha sido.  Los corazones de los hombres son aún los mismos.  La ofensa a la cruz no ha cesado.  El  verdadero pueblo de Dios es todavía un rebaño despreciado.   La verdadera religión evangélica todavía trae con ella reproche y menosprecio.  Un real sirviente de Dios aun será evaluado por muchos como un débil entusiasta y un tonto.</p>
<p>El asunto llega a esto.  ¿Desea que su alma sea salvada?  Entonces recuerde, usted debe escoger a quien va a servir.  Usted no puede servir a Dios y al dinero.  Usted no puede estar en los dos lados al mismo tiempo.  Usted no puede ser un amigo de Cristo y un amigo del mundo al mismo tiempo.  Usted debe salir de los hijos de este mundo y separarse, usted debe lidiar con el ridículo, los problemas y la oposición, o estará perdido para siempre.  Usted debe estar deseoso de pensar y hacer las cosas que el mundo considera tontas y compartir opiniones que son mantenidas por unos pocos.  Le costará algo.  La corriente es fuerte y usted tiene que ponerle freno.   El camino es angosto y empinado, y no es útil decir lo contrario.  No obstante, fíese de esto, no puede haber ninguna religión salvadora sin sacrificios y auto negación.</p>
<p>Ahora, ¿está usted haciendo algún sacrificio? ¿Su religión le cuesta algo?  Piénselo a conciencia con todo afecto y terneza.   ¿Está usted, como Moisés, prefiriendo a Dios en lugar del mundo o no?   Le ruego no ampararse bajo las peligrosas palabras “nosotros” – “nosotros debemos”, y “nosotros esperamos”, y “queremos decir” y otras como estas.  Le pregunto directamente: ¿qué está usted haciendo?  ¿Está deseoso de dejar cualquier cosas que lo mantenga lejos de Dios; o está usted aferrado al Egipto del mundo y se dice a sí mismo:  “Debo tenerlo, debo tenerlo, no puedo dividirme”?¿Existe una cruz en su cristianismo?  ¿Hay rincones filosos en su religión, alguna cosa que desentona y colisiona con la mundanería que existe alrededor suyo?  ¿O es todo suave y redondo y confortablemente adecuado con las costumbres y la moda?   ¿Sabe de las aflicciones del evangelio? ¿Es su fe y practica siempre un tema de desprecio y reproche?   ¿Se le considera tonto a causa de su alma?  ¿Ha usted abandonado a la hija del Faraón y efusivamente se ha adherido al pueblo de Dios?   ¿Está arriesgando todo por Cristo?  Busque y vea.</p>
<p>Estas son duras y difíciles preguntas y cuestiones.  No puedo hacer nada.  Creo que puede encontrárselas en las verdades Escriturales.  Recuerdo que está escrito:  “Había una gran multitud con (Jesús): y El se volvió y les dijo: “Si un hombre viene a Mi y no aborrece a su padre, y a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y también su propia vida, no puede ser Mi discípulo.  Y cualquiera que no lleva su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser Mi discípulo” (Luc 14:25-27).  Muchos, me temo, les gustaría la gloria y no tienen deseos por la gracia.   Ellos sinceramente tendrían sus salarios pero no el trabajo; la cosecha pero no el trabajo del cultivo,  recoger los frutos pero no cosecharlos; la recompensa pero no la batalla.  No puede ser.  Como Bunyan dice “ Lo amargo debe ir antes de lo dulce”.  Si no hay cruz, no habrá corona.</p>
<p>2. Nada le permitirá nunca escoger a Dios antes que al mundo, excepto la fe.</p>
<p>Solamente la fe lo permite, nada más que ella, y no importa si usted tiene conocimiento, siente fuertes emociones, tiene conductas apropiadas o está en buena compañía.  Una religión sin fe hace algo, pero no es suficiente; es como un reloj sin muelles o pesos; su cara puede ser hermosa, puede mover sus manijas, pero no funcionará.  Una religión de sustancia que permanece tiene sus fundaciones en la firmeza de la fe.</p>
<p>Debe existir una creencia de corazón de que las promesas de Dios son seguras y que podemos depender de ellas – Una creencia real que lo que Dios dice en la Biblia es todo verdad y cada doctrina contraria a ella es falsa sin importar lo que digan los otros.  Debe haber una creencia real que todas las palabras de Dios son para ser recibidas, sin importar lo duras o desagradables que sean para la carne y la sangre, y que Su camino es el correcto y todos los otros son incorrectos.  Esto debe existir, o usted nunca saldrá del mundo; tome la cruz, siga a Cristo y sea salvo.</p>
<p>Debe aprender a creer en las promesas más que en las posesiones, que las cosas que no se ven son mejores que las que se ven; las cosas en el cielo que no están a la vista son mejores que las cosas que vemos en la tierra; la alabanza al Dios invisible es mejor que la alabanza al hombre visible.  Entonces, solo entonces, usted hará una elección como Moisés, y preferirá a Dios antes que al mundo.</p>
<p>Y ahora la pregunta que surje se presenta a sí misma: ¿Tiene usted fe?  Si la tiene, encontrará que es posible rechazar lo que parece bueno para escoger lo que parece malo.  Usted seguirá Cristo en la oscuridad y permanecerá con El hasta el mismo final.  Si no la tiene, le advierto, nunca peleará la buena batalla ni “correrá para obtenerla”.   Pronto será ofendido y se volverá al mundo.</p>
<p>Por sobre todo esto,  debe haber una fe real y permanente en el Señor Jesucristo.  La vida que usted vive en la carne debe vivirla por la fe en el Hijo de Dios.  Debe haber un hábito establecido de apoyarse en Jesus, buscar a Jesús, sacar de Jesús y usarlo como un maná para su alma.  Usted debe esforzarse para ser capaz de decir: “Para mi vivir es Cristo”, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 1:21, 4:13).</p>
<p>Esta era la fe por la cual los viejos santos obtuvieron su  buen testimonio.  Esta era el arma con  la cual vencieron al mundo.   Esto los hizo ser lo que fueron.</p>
<p>Esta era la fe que hizo a Noé continuar construyendo su arca, mientras el mundo lo miraba y se mofaba; y por la que Abraham dio su heredad a Lot, y habitar quietamente en tiendas; y por la que Ruth se unió a Noemí y dejo su país y sus dioses; y por la cual Daniel continuó orando aunque sabía que  el cubil de los leones estaba preparado; y por la que los tres hijos rechazaron adorar ídolos aunque el horno fiero estaba frente a sus ojos; y por la cual Moisés abandonó Egipto sin temer la cólera de Faraón.  Todos ellos actuaron como lo hicieron porque creían.  Ellos vieron las dificultades y los problemas de su camino, pero vieron a Jesus por fe y por sobre ellos mismos y continuaron.   Bien habla el apóstol Pedro de fe al decir “preciosa fe” (2 Ped. 1:1).</p>
<p>3. La verdadera razón del porque tantas son personas mundanas e impías es que ellos no tienen fe   Debemos estar conscientes que multitudes de cristianos profesantes nunca, en ningún momento, pensarían en hacer como Moisés hizo.  Es inútil hablar suave y cerrar los ojos a este hecho.  Un hombre debe ser ciego si no ve a los miles que lo rodean que diariamente están prefiriendo al mundo en lugar de Dios, poniendo las cosas terrenales por sobre aquellas que son eternas, poniendo los afanes de la carne por sobre el alma.  No nos gusta admitirlo y hacemos esfuerzos por omitirlo, sin embargo, es así.</p>
<p>¿Y por qué hacen eso?   Sin duda todos tendrán razones y excusas.  Algunos hablarán de la trampa del mundo, otros de la necesidad de tiempo, algunos de las dificultades particulares de su posición; otros de los cuidados y ansiedades de la vida; otros de la fuerza de la tentación; otros del poder de las pasiones; otros de los efectos de la mala compañía.  ¿Pero que hay en todo esto?   Hay un camino mucho más corto para definir el estado de sus almas –ellos no creen.   Una simple sentencia, como la vara de Aarón, se tragará todas sus excusas –ellos no tienen fe.</p>
<p>Ellos no piensan verdaderamente que lo que Dios dice es verdad.  Ellos secretamente se gratifican a sí mismos con la idea:  “Eso no sucederá.  Por seguro que existe otro camino al cielo además del que habla el ministro.   Seguramente no hay tanto peligro en estar perdido”.   En pocas palabras, no ponen confianza implícita en las palabras que Dios ha escrito y hablado, y por lo tanto, no actúan en concordancia.   No creen a conciencia en el infierno y por eso no escapan  de él; tampoco en el cielo y por eso no lo buscan, tampoco en la culpa del pecado y por tanto no se vuelven de él, tampoco de la santidad de Dios y por lo tanto no le temen, tampoco en su necesidad de Cristo por eso no confían en El ni lo aman.  No sienten confianza en Dios y por ello no arriesgan nada por El.  Como el Niño Pasión, en el Progreso del Peregrino, ellos deben tener lo bueno ahora.  Ellos no confían en Dios por eso no pueden esperar.</p>
<p>¿Y qué pasa con nosotros?   ¿Creemos en toda la Biblia?  Hagámonos esa pregunta.  No dude que es una de las cosas más grandes de lo que muchos pueden suponer  el creer en toda la Biblia.  Feliz es el hombre que con su mano en el corazón puede decir: “Soy un creyente”.</p>
<p>Hablamos de los infieles algunas veces como si ellos fueran las personas más raras del mundo.  Concedo que una infidelidad confesada y abierta felizmente hoy en día no es muy común.  Sin embargo hay una vasta cantidad de infidelidad práctica a nuestro alrededor que es tan peligrosa en el final como lo es en los principios de Voltaire #1 y Paine #2.   Hay muchos que domingo tras domingo repiten el credo y declaran su creencia en lo que las formas Apostólicas y Nicea #3 contienen, y esas mismas personas viven toda la semana como si Cristo no hubiera muerto nunca, como no hubiese juicio, ni resurrección de los muertos y vida eterna en absoluto.   Hay muchos que dirán “Oh, lo sabemos todo” cuando hablan de las cosas eternas y del valor de sus almas, y aun así sus vidas muestran claramente que ellos no saben nada de lo que deberían saber, ¡y lo más triste de todo de su estado es que ellos piensan que si!</p>
<p>Es una verdad terrible y digna de toda consideración que el conocimiento que no se hace acción, a los ojos de Dios, no es solo inútil  y no provechoso, es mucho peor que eso.  Agregará a nuestra condenación e incrementará nuestra culta en el día del juicio.  Una fe que no influencia la conducta de un hombre no vale ese nombre.  Hay sólo dos clases en la iglesia de Cristo:   aquellos que creen y aquellos que no creen.  La diferencia entre el verdadero cristiano y un mero profesor exterior reside en una sola palabra; el verdadero cristiano es como Moisés, “El tiene fe”; el simple profesor exterior no la tiene.  El verdadero cristiano cree y por lo tanto vive en fe; el simple profesor exterior no cree y por lo tanto es lo que es.  Oh, ¿dónde está nuestra fe?   No seamos incrédulos, sino creyentes.</p>
<p>4. El verdadero secreto de hacer grandes cosas por Dios es tener una gran fe</p>
<p>Creo que todos podemos errar en este punto.  Pensamos demasiado, hablamos demasiado acerca de los dones y dádivas y los logros y no recordamos lo suficiente de que la fe es la raíz y madre de ellas.  Al caminar con Dios, un hombre irá tan lejos como el crea y no mas allá.  Su vida será proporcional a la medida su fe.  Su paz, su paciencia, su coraje, su celo, sus obras –todas estarán de acuerdo a su medida de fe.</p>
<p>Usted lee sobre la vida de los cristianos prominentes, hombres como Wesley o Whitefield o Venn o Martyn o Bickersteth o Simeon o McCheyne, y usted dice “Qué maravillosos dones y gracias estos hombres tenían!&#8221; Yo respondo:  mejor debería dar honor a la madre gracia que Dios puso adelante en el capitulo once de la Epístola a los Hebreos; usted debería darle honor a la fe de ellos.   Dependa de ella, la fe era el resorte principal del carácter de cada uno y todos ellos.</p>
<p>Puedo imaginar a alguien decir:   “Ellos eran devotos en oración, eso los hizo ser lo que fueron”.  Yo contesto:  ¿por que oraron tanto?   Simplemente porque tenían mucha fe.   ¿Qué es un orador sino la fe hablando a Dios?</p>
<p>Otro quizá dirá:  “Ellos eran diligentes y laboriosos, eso cuenta para su éxito”.  Yo contesto:  ¿Por qué eran tan diligentes?  Simplemente porque tuvieron fe.  ¿Qué es un cristiano diligente, sino una fe trabajando?</p>
<p>Otro me dira:  “Ellos eran tan audaces, eso les fue útil”.  Yo contesto:  ¿Por qué ellos eran tan audaces?  Simplemente porque tenían mucha fe.  ¿Qué es la audacia cristiana sino la fe honestamente cumpliendo su deber?</p>
<p>Y otro gritará:  “Fue su santidad y su espiritualidad que le dio peso”.  Por última vez, yo contesto ¿qué los hizo santos?   Nada más que el espíritu viviente de la fe.  ¿Qué es santidad sino la fe visible y la fe encarnada?</p>
<p>Si usted quiere ser como Moisés, haga claro como la luz del día que usted ha escogido a Dios antes que al mundo.  ¿Qué le pide Cristo?  ¿Traerá usted frutos abundantes?  ¿Quiere usted ser realmente santo y siervo útil?   ¡Estoy seguro de que cada creyente respondería con un sonoro Si!  ¡Este es mi deseo!</p>
<p>Entonces tome mi consejo: vaya y ruegue al Señor Jesucristo, como los discípulos hicieron:  “Señor increméntanos la fe”.   La Fe es la raíz del carácter de un verdadero cristiano.  Que su raíz sea la correcta, y sus frutos pronto abundarán.  Su prosperidad espiritual estará siempre en concordancia con la medida de su fe. Aquel que cree que no sólo será salvo sino que nunca tendrá sed,  triunfará, será establecido, caminará firmemente sobre las aguas de este mundo y hará grandes obras.</p>
<p>Lector, si usted cree en las cosas que he escrito, y desea ser un hombre completamente santo, comience a actuar en lo que cree.  Tome el ejemplo de Moisés para usted.  Camine en sus pasos. Vaya y haga lo mismo.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p>Notas al pie</p>
<p>1.  <em>François Marie Arouet</em>, más conocido como <strong><em>Voltaire</em></strong> (<a href="http://xn--pars-xpa/">París</a>, <a href="http://noviembre/">21 de noviembre</a> de <a href="about:blank">1694</a> – <a href="http://xn--ibdem-0sa/"><em>ibídem</em></a>, <a href="http://mayo/">30 de mayo</a> de <a href="about:blank">1778</a>) fue un <a href="http://escritor/">escritor</a>, <a href="http://historiador/">historiador</a>, <a href="http://xn--filsofo-n0a/">filósofo</a> y <a href="http://abogado/">abogado</a> <a href="http://francia/">francés</a> que figura como uno de los principales representantes de la <a href="http://xn--ilustracin-obb/">Ilustración</a>, un período que enfatizó el poder de la razón humana</p>
<p>2. Thomas Paine (<a href="about:blank">1737</a>-<a href="about:blank">1809</a>) fue un político y publicista estadounidense de origen inglés. Promotor del <a href="http://liberalismo/">liberalismo</a> y de la <a href="http://democracia/">democracia</a>.    De origen humilde, hijo de un <a href="http://xn--cuquero-iwa/">cuáquero</a> y de una <a href="http://anglicana/">anglicana</a>, Se formó de manera autodidacta y llegó a ser un muy importante revolucionario norteamericano, con ideas en conflicto con su tiempo que batallaban contra el <a href="http://sexismo/">sexismo</a>, la <a href="http://esclavitud/">esclavitud</a>, el <a href="http://racismo/">racismo</a> y la <a href="http://xn--monarqua-i2a/">monarquía</a>, a la que se opuso proponiendo en su lugar la <a href="http://xn--repblica-q5a/">república</a>. Como otros <a href="http://xn--ilustracin-obb/">ilustrados</a>, también abominó de la <a href="http://xn--supersticin-zeb/">superstición</a>, la <a href="http://xn--religin-q0a/">religión</a> organizada (<a href="http://iglesia/">Iglesias</a>) y el <a href="http://clero/">clero</a>.</p>
<p>3. El primer Concilio ecuménico se celebró en el año <a href="about:blank">325</a> en <a href="http://nicea/">Nicea</a> .   Aunque todos los obispos cristianos del Imperio fueron formalmente convocados a reunirse en Nicea, en realidad asistieron alrededor de 300, los que decían que Jesús era Dios.</p>
<div class="plus-one-wrap"><g:plusone size="tall" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/09/santidad-8-moises-j-c-ryle/"></g:plusone></div><div id="fb-root"></div><script src="http://connect.facebook.net/en_US/all.js#xfbml=1"></script><!-- Do not remove -->]]></content:encoded>
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		<title>Santidad: 4. La Batalla &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2011 23:55:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anteriores capítulos del libro: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación 4. Santidad Traducido por Erika Escobar “Pelea la buena batalla de la fe” (1 Tim. 6:12) Es un hecho curioso que no haya otro tema que cause tan vivo interés para la mayoría de las personas como el de las luchas.  Hombre y mujeres jóvenes, hombres ancianos y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anteriores capítulos del libro:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
<p>4. <a title="Santidad - Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/" target="_blank">Santidad</a></p>
<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<blockquote><p>“Pelea la buena batalla de la fe” (1 Tim. 6:12)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es un hecho curioso que no haya otro tema que cause tan vivo interés para la mayoría de las personas como el de las luchas.  Hombre y mujeres jóvenes, hombres ancianos y niños pequeños, altos y bajos, ricos y pobres, letrados e iletrados, todos sienten un gran interés por guerras, batallas y peleas.</p>
<p style="text-align: justify;">Un hecho simple e inescrutable se presenta a sí mismo ante nosotros, nos excitamos cuando oímos historias de guerra.  Algunos considerarían a un hombre inglés como  muy aburrido si no se ocupara de las historias de Waterloo, Inkerman, Balaclava o Lucknow.  Muchos consideran que el corazón es frío y estúpido si no se mueve, no se encanta por los estragos causados en Sedan, Straburgo, Metz y París durante la guerra entre Francia y Alemania.  No obstante existe otra batalla de muchísima mayor importancia que cualquier guerra que haya alguna vez  tenido el hombre.   Es la batalla que tiene relación no con sólo dos o tres naciones sino con cada hombre y mujer cristiano nacido en este mundo.  La batalla de la que hablo es una batalla espiritual.  Es la pelea que cada uno que ha sido salvado debe pelear por su alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta batalla, soy consciente,  es una de la cual muchos no saben nada.  Hábleles acerca de ella y estarán prestos a calificarlo como demente, fanático o tonto. Y, sin embargo, es tan real y verdadera como cualquier batalla que el mundo haya visto.  Esta tiene sus conflictos y sus heridas, tiene vigilias y fatigas, tiene asedios y asaltos, tiene sus victorias y sus derrotas.   Más que todo, tiene consecuencias que son terribles, tremendas y muy peculiares.   En una batalla mundana las consecuencias para las naciones son temporales y remediables.  En la batalla espiritual es muy diferente.  De esa batalla, cuando  la pelea termina, las consecuencias son eternas e inmutables.</p>
<p style="text-align: justify;">Es la batalla sobre la cual Pablo habló a Timoteo, cuando él escribió esas ardientes palabras “Pelea la buena batalla de la fe,  echa mano de la vida eterna”.  Es la batalla de la que me propongo hablar en este mensaje.   Este tema está íntimamente conectado con la santificación y la santidad.   Aquel que entienda la naturaleza de la verdadera santidad debe saber que el cristiano es “un hombre de guerra”.  Si somos santos, debemos pelear.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1. El verdadero cristianismo es una batalla</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¡Cristianos verdaderos!  Atendamos a esa palabra “verdadero/a”.  En el mundo actual existe una vasta cantidad de religiones que no constituyen verdadero, genuino cristianismo.  Ellas se cuelan, satisfacen conciencias soñolientas, pero no son buena ganancia.  En un comienzo no es la auténtica realidad que se llama a sí misma cristianismo.  Hay miles de hombres y mujeres que van a las iglesias cada domingo y se llaman a sí mismos cristianos: hacen “profesión” de fe en Cristo, sus nombres están en los registros bautismales, son contados como cristianos mientras viven, hicieron sus votos matrimoniales en un servicio cristiano,  ¡al morir recibirán un funeral cristiano y sin embargo nunca tuvieron ninguna “pelea” por su religión!  Ellos no saben nada en absoluto de luchas espirituales, esfuerzo, conflictos, abnegación, vigilias y enfrentamientos.  Ese tipo de cristianismo puede satisfacer a un hombre y aquellos que digan algo en su contra pueden ser calificados de fríos y poco caritativos, pero ciertamente no es el tipo de cristianismo del cual Biblia habla.  ¡No es la religión que el Señor Jesús fundó y de la cual sus apóstoles predicaron!  No es la religión que produce santidad real.  El verdadero cristianismo es “una pelea”.</p>
<p style="text-align: justify;">Un verdadero cristiano es llamado a ser un soldado y debe comportarse como tal desde el día de su conversión hasta el día de su muerte.  No es llamado a vivir una vida religiosa fácil, indolente y segura.  Él no puede imaginar nunca, ni por un momento, que puede dormir y abandonarse en el camino al cielo como quien viaja en un carro cómodo.  Si toma sus estándares de cristianismo de  los hijos del mundo  podrá estar contento con esas nociones pero nunca encontrará un reflejo de ellos en la Palabra de Dios.  Si la Biblia es la regla de su fe y práctica, él encontrará su camino muy claro en esta materia.   El debe “pelear”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Contra quién debe pelear un soldado cristiano?   No con otros cristianos.  ¡Desdichada es en verdad  la idea de religión de ese hombre que fantasea  pensando que esto consiste en una controversia perpetua!  Aquel que nunca está satisfecho a menos que se vea envuelto en algunos conflictos entre iglesia e iglesia, secta y secta, grupos y grupos, parte y parte, no sabe nada aún de lo que debería saber.  Sin lugar a dudas que algunas veces existirán necesidades absolutas de apelar a la ley para lograr la correcta interpretación de algunos artículos de la iglesia, así como firmas y formularios, pero, como una regla general, la causa del pecado no tiene mayor ayuda como cuando los cristianos pierden su fortaleza en discusiones unos con otros y pasan su tiempo en pequeñas riñas.</p>
<p style="text-align: justify;">¡No, en verdad!   La batalla principal de un cristiano es con el mundo,  con la carne y el mal.   Estos son sus eternos enemigos.   Estos son los tres principales enemigos  contra los cuales debe hacer la guerra.   A menos que logre la victoria sobre los tres, todas las otras victorias son inútiles y vanas.  Si tuviera la naturaleza de un ángel y no fuera una criatura caída, esta batalla no sería tan esencial, pero con un corazón corrupto, un demonio ocupado y un mundo que lo atrapa, debe  “pelear” o estará perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos pelear con la carne.  Aún después de la conversión un hombre porta consigo mismo una naturaleza inclinada a la maldad, y un corazón débil e inestable como el agua.  Ese corazón nunca estará libre de la imperfección en este mundo y es un  engaño miserable  esperar por  lo contrario.  Para mantener el corazón recto, el Señor Jesús nos pide:  “Estar alertas  y orar”.   El espíritu puede estar dispuesto pero la carne es débil.  Es  una necesidad diaria resistir y luchar.  “Controlo mi cuerpo”, grita Pablo, “y lo pongo bajo sujeción”. “Veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.  “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.  “Mortifiquen… sus miembros terrenales”.  (Mar 14:38, 1 Cor. 9:27, Rom. 7:23, Gal. 5:24, Col. 3:5).</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos pelear con el mundo.  La sutil influencia  del poderoso enemigo debe ser resistida diariamente, y sin una batalla diaria nunca podrá ser vencida.  El amor por las cosas mundanas, el miedo de que el mundo se ría o nos culpe, el deseo secreto de mantenerse en el mundo, el secreto deseo de hacer como los otros del mundo hacen y no estar en los extremos, todas estas son batallas que acosan continuamente al cristiano en su camino al cielo y deben ser conquistadas.  “La amistad con el mundo es enemiga de Dios.  Cualquiera, por lo tanto, que es amigo del mundo es enemigo de Dios”.  “Si cualquier hombre ama el mundo, el amor de el Padre no está en él”.  “El mundo es crucificado en mí, y yo en el mundo”.  “Cualquiera que es nacido de Dios vence al mundo”. “No os ajustéis al mundo” (1 Jn. 2:15, Gal. 6:14, 1 Jn 5:4, Rom. 12:2).</p>
<p style="text-align: justify;">Debe pelear contra el demonio.   El viejo enemigo de la humanidad no está muerto.  Desde la caída de Adán y Eva,  “él ha rondado la tierra, por sobre y bajo ella” y se esfuerza para alcanzar un único y gran fin – la ruina del alma del hombre.  Nunca descansa, nunca duerme, está siempre merodeando como un león buscando a quien devorar. Un enemigo que no se ve, está siempre cerca de nosotros, en nuestra senda y en nuestra cama, espiándonos en todos nuestros caminos.  Desde el comienzo ha sido un asesino y un mentiroso, que trabaja día y noche para arrojarnos al infierno.   Algunas veces a través de la superstición, otras a través de una sugerente infidelidad, algunas veces usando un tipo de táctica y en otras, otras,  está siempre liderando una campaña contra nuestras almas. “Satán ha deseado tenerte, él puede zarandearte como trigo”.  Este poderoso adversario debe ser resistido diariamente si usted desea ser salvo.  Aunque  “esta clase no sale” salvo  vigilando y orando y peleando y vistiendo  la completa armadura de Dios.  Nunca sacaremos al hombre fuerte armado de  nuestros corazones sin una batalla diaria (Job 1:7, 1 Ped. 5:8, Jn 8:44, Luc 22:31, Efe 6:11).</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos pueden pensar que estas declaraciones son demasiado fuertes.  Usted imagina que voy demasiado lejos y pinto los colores demasiado espesos.   Secretamente, usted se está diciendo a sí mismo que los hombres y las mujeres pueden ir por seguro al cielo sin todo este problema y batalla y pelea.   Escúcheme por nuestros minutos, y le mostraré que tengo algo que decir en representación  de Dios.  Recuerda la máxima del general más sabio que alguna vez vivió en Inglaterra: “En tiempo de guerra el peor error es subestimar a su enemigo y tratar de hacer una pequeña batalla”.  Esta batalla cristiana no es  materia liviana.  ¿Qué dicen las Escrituras?  “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna”.  “Sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”; “Vístete de la armadura de Dios y serás capaz de luchar en contra de las artimañas del demonio”. Porque no luchamos contra carne ni sangre, sino contra principados, contra poderes,  contra gobernantes de las tinieblas de este mundo, en contra de la perversidad espiritual de alto rango. Ponte la completa armadura de Dios de manera que seas capaz de resistir en el día malo y habiendo hecho todo para resistir”.  “Lucha para entrar por la puerta estrecha”.  “Trabaja … por la comida que perdura hasta la vida eterna”.  “No piensen que Yo he venido para traer paz al mundo. No vine para traer paz al mundo sino espada”.  “Aquel que no tiene una espada, que venda tus prendas y compre una”.  Vigila, mantente alerta en la fe, condúcete varonilmente, sé fuerte”.  “Pelea la buena batalla, mantén la fe y una buena conciencia” (1 Tim 6:12, 2 Tim 2:3, Efe 6:11-13; Luc 13:24, Jn 6:27, Mat 10:34, Luc 22:36, 1 Cor. 16:13, 1 Tim 1:18,19) Palabras como estas me parecen claras, directas e inconfundibles.  Ellas enseñan la única y gran lección, si estamos deseosos de recibirla.  Esa lección es que el verdadero cristianismo es una contienda, una pelea y una batalla.  Aquel que pretenda condenar “la pelea” y enseñe que debemos sentarnos tranquilos y “abandonarnos a Dios”, a mi me parece  que está malentendiendo su Biblia y comete una gran error.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué dice el servicio bautismal de la Iglesia de Inglaterra?  Sin duda que el servicio no es inspirado y, como una composición no inspirada tiene sus defectos, sin embargo para los millones de personas en la tierra que profesan y se llaman a sí mismos hombres eclesiásticos ingleses, su contenido debe tener algún peso.  ¿Y qué dice éste?   Nos dice que para cada miembro nuevo que se admite en la Iglesia de Inglaterra se usan las siguientes palabras: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  “Señalo a este niño con el signo de la cruz, en señal de que de aquí en adelante él no se avergonzará de confesar la fe de Cristo crucificado, y que valientemente peleará bajo Su estandarte contra el pecado, el mundo y el mal, y continuará como soldado y sirviente fiel de Cristo hasta el fin de su vida”.  Por supuesto todos sabemos que en millares de casos el bautismo es un mero formulismo y que los padres traen a sus hijos a la fuente bautismal sin fe u oración o pensamiento y, consecuentemente, no reciben bendición alguna.   El hombre que supone que el bautismo en tales casos actúa mecánicamente, como una medicina, y que  padres devotos e impíos, que oran y que no oran, todos juntos reciben el mismo beneficio para sus hijos, debe estar en un extraño estado mental.  No obstante  una cosa, a cualquier precio, es muy cierta.   Cada hombre bautizado, por su profesión de fe, es un “soldado de Cristo Jesús”, al que se le solicita “pelear bajo Su estandarte contra el pecado, el mundo y el mal”.  Aquel que tiene dudas, es mejor que tome su Biblia<a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftn1">[1]</a> lea, marque y aprenda su contenido.  La peor cosa de los hombres religiosos celosos es la total ignorancia de lo que su propia Biblia<a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftn2">[2]</a> dice.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya sea que seamos o no hombres de iglesia, una cosa es certera:  Esta batalla cristiana es una gran realidad y un tema de mucha importancia.   No es una materia como el gobierno de la iglesia y el ceremonial, acerca de los cuales los hombres pueden diferir y aún así alcanzar al último el cielo.   La necesidad se nos impone.  Debemos luchar.  No hay promesas en los cartas de nuestro Señor Jesucristo a las 7 iglesias, excepto para quienes “venzan”.  Donde hay gracia habrá conflicto.  El creyente es un soldado.  No hay santidad sin batalla.  Las almas salvadas siempre tendrán luchas.</p>
<p style="text-align: justify;">Es una lucha de absoluta necesidad.  No pensemos que en esta guerra podemos permanecer neutrales y sentarnos tranquilamente.  Tal línea de acción puede ser posible en una lucha de naciones pero es finalmente imposible en un conflicto que está relacionado con el alma.  La presumida política  de no intervención, la “inactividad magistral” que place a muchos  estadistas, el plan de mantener la calma y dejar las cosas solas seguir su curso… ninguna de ellas tiene lugar en la guerra cristiana. Bajo ninguna circunstancia nadie puede escapar amparado en el lema de “hombre de paz”.   Estar en paz con el mundo, la carne y el mal es estar en enemistad con Dios en el camino ancho que lleva a la destrucción.  No tenemos alternativa ni opción.  Debemos pelear o estaremos perdidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Es una lucha de necesidad universal.  Ningún rango o clase o edad puede reclamar excepción o escapar a esta batalla.  Ministros y pueblo, predicadores y oidores, viejos y jóvenes, altos y bajos, ricos y pobres, manso y simple, reyes y súbditos, terratenientes e inquilinos, instruidos e iletrados… todos deben llevar armas e ir a la guerra.  Todos tienen por naturaleza un corazón lleno de orgullo, incredulidad, pereza, mundanería y pecado.  Todos viven  en un mundo acosado por cepos, trampas y escollos para el alma.  Todos tienen cerca de ellos un demonio ocupado, que no descansa y que es malicioso.  Todos, desde la reina en su palacio hasta el indigente en el asilo, todos deben pelear si quieren ser salvados.</p>
<p style="text-align: justify;">Es una lucha de necesidad perpetua.  No admite tiempo para respirar, ni armisticio, ni tregua.  En los días de la semana así como en domingos, en lo privado y en lo público, en casa con la familia como estando lejos,  en pequeñas cosas -como el manejo de la lengua y el temperamento-  como en las grandes -como el gobierno de reinos-,  la batalla cristiana debe continuar incesantemente.   El enemigo con que lidiamos no vacaciona, nunca descansa, nunca duerme, así que en la medida que respiremos debemos mantener nuestra armadura y recordar que estamos en terreno del enemigo.  “Aún en el borde del Jordán”, dijo alguien ya muerto, “está Satanás mordisqueando mis talones”.  Debemos pelear hasta que muramos.</p>
<p style="text-align: justify;">Consideremos todas estas propuestas.  Cuidemos que nuestra propia religión personal sea real, genuina y verdadera.  El síntoma más triste de todos aquellos que se hacen llamar cristianos es la absoluta ausencia de conflictos y peleas en su vida de creyentes.  Ellos comen, beben, se visten, trabajan, se divierten, ganan dinero, gastan dinero, asisten a servicios religiosos una o dos veces por semana, pero de la gran batalla espiritual –sus vigilias y luchas, sus agonías y ansiedades, sus batallas y combates- de todo eso ellos parecen no saber nada en absoluto.  Cuidemos que este no sea nuestro caso.  El peor estado del alma es cuando el fuerte hombre armado guarda la casa, y sus bienes están en paz, cuando mantiene a hombres y mujeres cautivos a su voluntad, y éstos no oponen resistencia.  Las peores cadenas de un prisionero son aquellas que no siente ni ve (Luc. 11:21, 2 Tim 2:26).</p>
<p style="text-align: justify;">Podemos traer consuelo a nuestras almas si sabemos todo acerca de la batalla interior y sus conflictos.  Es la compañía constante  de la santidad de un cristiano genuino.  No lo es todo, estoy bien apercibido de ello, pero es algo.  ¿Tenemos en nuestro corazón una lucha espiritual?  ¿Sentimos algo de la carne peleando contra el espíritu y del espíritu contra la carne, de forma que no podemos hacer las cosas que deseamos? (Gal. 5:17).  ¿Somos conscientes de los dos principios que están en nosotros contendiendo por la supremacía? ¿Sentimos algo de lucha en nuestro hombre interior?  ¡Bien, agradezcamos a Dios por eso!  Es una buena señal.  Es la evidencia altamente probable del gran trabajo de la santificación en nosotros. Todos los verdaderos santos son soldados.  Cualquier cosa es mejor que la apatía, estancación, decadencia moral e indiferencia.  Estamos en mejor pie que muchos.  La mayor parte de los tan llamados cristianos no tienen sentimientos en absoluto.  Evidentemente no somos amigos de Satanás.   Como los reyes de este mundo, él no batalla en contra de sus propios adeptos. El solo hecho de que él nos asalte debería llenar nuestras mentes con esperanza.  Lo digo nuevamente, confortémonos.  Un hijo de Dios tiene dos grandes marcas en él, y de esas dos nosotros tenemos una.   El puede ser reconocido por su batalla interior así como por su paz interior.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2. </strong><strong>El verdadero cristianismo es una batalla de fe</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A diferencia de las batallas del mundo, el verdadero cristianismo pelea en un reino que no depende  de su fortaleza física, del brazo fuerte, del ojo alerta o del pie ligero.  Las armas convencionales no entran en este juego.  Más bien, sus armas son espirituales y la fe es el eje sobre el cual gira esta batalla.</p>
<p style="text-align: justify;">La fe en la verdad de la Palabra escrita de Dios es el fundamento esencial para el carácter de un soldado cristiano.  El es lo que es, hace lo que hace, piensa como piensa, actúa como actúa, espera como espera, se comporta como se comporta, por una simple razón -  cree en ciertas propuestas reveladas y establecidas en las Sagradas Escrituras.  “Aquel que viene a Dios debe creer que El es, y que El es un Galardonador para aquellos que diligentemente lo buscan” (Heb. 11:6).</p>
<p style="text-align: justify;">Una religión sin doctrina ni dogma, en nuestros días, es el tema del  cual muchos hablan gustosamente.   Suena muy bien al principio.  Se ve muy lindo a la distancia, sin embargo en el momento en que nos sentamos a analizarla y considerarla, encontramos que es simplemente imposible.  Sería como hablar de un cuerpo sin huesos ni nervios.  Ningún hombre podrá ser o hacer alguna cosa en religión a menos que crea en algo.  Aún aquellos que proclaman la visión miserable e incómoda en deidades están obligados a confesar que creen en algo.  Con todos su ácidos desdeños en contra la teología dogmática y la credulidad cristiana, como la llaman, ellos mismos poseen un tipo de fe.</p>
<p style="text-align: justify;">En lo que concierne a los verdaderos cristianos, la fe es la espina dorsal de su existencia espiritual.  Nunca nadie pelea una batalla sincera en contra del mundo, la carne y el mal a menos que tenga grabados en su corazón ciertos grandes principios en los cuales cree.  Lo que esos principios son en realidad puede escapar a su conocimiento y estos pueden no estar  definidos ni escritos pero ellos son, consciente o inconscientemente, las raíces de su religión.  Donde quiera que vea un hombre, ya sea rico o pobre, letrado o iletrado, peleando valientemente contra el pecado para tratar de sobrepasarlo, usted puede estar seguro de que existen ciertos grandes principios en los cuales ese hombre cree.  El poeta que escribió las famosas líneas:   “para estilos de fe dejen al fanático sin gracia pelear,  Aquel que su vida está en lo correcto, no puede equivocado estar”, era un hombre inteligente pero pobre en inspiración.   No existe tal forma de vivir correctamente sin fe ni creencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Una fe especial en la persona de nuestro Señor Jesucristo, trabajo y oficio es la vida, corazón y motivo principal del carácter de un soldado cristiano.</p>
<p style="text-align: justify;">El ve por fe un Salvador que no ha visto, que lo ama, que se dio a Sí mismo por él, pagó sus deudas, llevó sus pecados, cargó sus transgresiones, lo resucitó, y está en el cielo como su Abogado a la mano derecha de Dios.  Ve a Jesús y se aferra a Él.  Al ver a este Salvador y confiar en Él,  siente paz y esperanza y está deseoso de dar la batalla contra los enemigos  de su alma.</p>
<p style="text-align: justify;">El ve la multitud de sus pecados, su débil corazón, el mundo de tentación, al ocupado demonio, y si él  mirara sólo a ellos  bien podría desesperarse.  Sin embargo también ve a su Salvador poderoso, un Salvador intercesor, un Salvador comprensivo –Su sangre, Su justicia, Su sacerdocio eterno- y cree que todo eso es suyo.  El ve a Jesús y vacía todas sus cargas en Él.  Viéndolo, continúa alegremente su batalla, con plena confianza que probará ser más que un conquistador a través de Aquel que lo amó (Rom. 8:37)</p>
<p style="text-align: justify;">El secreto de un soldado cristiano que pelea exitosamente es la vívida acostumbrada presencia de la fe en Cristo y su disposición a ayudarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca se nos debe olvidar que la fe admite grados.  No todos los hombres creen de igual forma y aún una misma persona tiene sus flujos y reflujos (como la marea) que cree más efusivamente  unas veces que otras.  De acuerdo a los grados de su fe, un cristiano pelea bien o mal, obtiene victorias o sufre repulsas ocasionales, sale triunfante o abatido de una batalla.  Aquel soldado que tiene más fe siempre será más feliz y estará más cómodo.  Nada hace que la ansiedad de una batalla se sienta tan livianamente en un hombre como la seguridad del amor de Cristo y su continua protección.  Nada  más que la confianza interna que Cristo está a su lado y que su triunfo es seguro, es lo que posibilita al cristiano a soportar la fatiga de la vigilia, resistencia y luchas contra el pecado.  Es el “escudo de la fe”  que sofoca todos los dardos fieros del maligno.  Es el hombre que puede decir “Yo sé en Quién he creído”;  es aquel que puede decir en tiempos de dolor “No me avergüenzo”, es aquel que escribió esas encendidas palabras:  “No desmayamos”, “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”; era el hombre que con la misma pluma escribió: “No miremos las cosas que pueden ser vistas, sino aquellas que no pueden ser vistas; porque las cosas que se pueden ver son temporales pero las cosas que no se pueden ver son eternas”.  Es el hombre que dijo: “Vivo por la fe en el Hijo de Dios”; aquel que dijo, en la misma epístola: “El mundo es crucificado en mí y yo en el mundo”.  Es el hombre que dijo “Para mi vivir es Cristo”;  el que dijo, en la misma epístola:  “He aprendido, en cualquier estado en que esté,  a estar contento”;  “Todo lo puedo en Cristo”;  “¡A mayor fe, mayor victoria! ¡A mayor fe, mayor paz interior! (Efe. 6:16, 2 Tim. 1:12, 2 Cor. 4:16,17, Gal. 2:20, 6:14, Fil. 1:21, 4:11, 13).</p>
<p style="text-align: justify;">Pienso que es imposible sobreestimar el valor e importancia de la fe.  Bien puede el apóstol Pedro llamarla  “preciosa” (2 Ped. 1:1).   Me faltaría tiempo si intentara contar las cientos de victorias que por fe los soldados cristianos han obtenido.</p>
<p style="text-align: justify;">Tomemos nuestras Biblias y leamos con atención el capítulo once de la Epístola a los Hebreos.   Marquemos la larga lista de los hombres dignos cuyos nombres son grabados desde Abel hasta Moisés, aún antes del nacimiento de Cristo y que trajo a plena luz la vida e inmortalidad a través de los evangelios.  Tomemos debida nota de las batallas que ellos ganaron en contra del mundo, la carne y el mal.  Recordemos que el creer lo hizo todo.  Ellos buscaron al Mesías prometido.  Ellos vieron a Aquel que es invisible. “Por fe los ancianos alcanzaron buen testimonio”. (Heb. 11:2-27).</p>
<p style="text-align: justify;">Hojeemos las páginas de la historia de la primera iglesia.  Vemos cómo los cristianos primitivos agarraron firmemente su religión aún hasta la muerte y no fueron sacudidos por  las más fieras persecuciones de los emperadores paganos.  Por siglos no hubo nunca hombres tan deseosos como Policarpo e Ignacio, quienes estaban prestos a morir antes que negar a Cristo.  Multas y prisiones y tortura y fuego y espada eran incapaces de quebrantar el espíritu de la noble armada de mártires.  ¡El poder completo del imperio romano, la amante del mundo, fue incapaz de aplastar la religión que comenzó con unos pocos pescadores y publicanos en Palestina! Y recordemos que creer en un Jesús no visible fue la fortaleza de la iglesia.  Ellos obtuvieron su victoria por fe.</p>
<p style="text-align: justify;">Examínenos la historia de la Reforma Protestante.  Estudiemos la vida de sus destacados campeones, Wychilffe <a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftn3">[3]</a>y Huss y Luther y Ridley y Latimer y Hooper.   Remarquemos cómo estos gallardos soldados de Cristo se mantuvieron firmes contra los ataques de sus muchos adversarios y estaban prestos a morir por sus principios.  ¡Qué batalla dieron!  ¡Qué controversias ellos mantuvieron!  ¡Qué controversias soportaron! ¡Qué tenacidad de propósito exhibieron en contra de un mundo en armas! Y luego recordemos que creer en un Jesús que no se ve era el secreto de su fortaleza.  Ellos vencieron por fe.</p>
<p style="text-align: justify;">Consideremos a los hombres que han marcado los más grandes hitos en la historia de la iglesia en los últimos cien años.  Observemos cómo hombres de la talla de Wesley<a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftn4">[4]</a> y Whitefield y Venn y Romaine lucharon solos en su época y revivieron la religión inglesa en la cara de  la oposición de hombres de altos rangos, en la cara de la difamación, el ridículo y la persecución de nueve décimas de los cristianos profesantes de nuestra tierra.  Observemos cómo hombres como William Wilberforce y Havelock y Hedley Vicars fueron testigos de Cristo en las dificultosas posiciones y mostraron el estandarte de Cristo aún sobre la mesa revuelta regimental o en el piso de la Casa de los Comunes. Remarquemos cómo estos nobles testigos llegaron hasta el final sin acobardarse, ganaron aún el respeto de  sus peores adversarios. Y recordemos que creer en un Cristo no visto es la fortaleza de sus caracteres.  Ellos por fe vivieron, caminaron, permanecieron y soportaron.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Viviría alguien la vida de un soldado cristiano?. Que ore pidiendo fe.  Es el regalo de Dios y un regalo para quienes la piden y que nunca piden en vano.  Usted debe creer ante de pedir.  Si los hombres no hacen nada en religión es porque no creen.  La fe es el primer paso hacia el cielo.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Pelearía cualquiera la batalla de un soldado cristiano con éxito y prosperidad? Oremos por ese alguien para que tenga el continuo crecimiento de la fe,  habite en Cristo, se acerque a Cristo, se sostenga firme en Cristo cada día de su vida.  Que su diaria oración sea esa de los discípulos:  “Señor auméntanos la fe” (Luc 17:5).  Vigile celosamente su fe, si usted la posee.  Es la ciudadela del carácter de cualquier cristiano, sobre la cual depende la seguridad de la fortificación completa.  Es el punto que Satanás ama asediar.  Todo estará a su merced si la fe es desperdiciada.  Así, si amamos la vida, debemos permanecer especialmente en guardia.</p>
<p style="text-align: justify;">3. <strong>El verdadero Cristianismo es una buena batalla</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">“Buena” es una palabra curiosa para calificar cualquiera batalla.  Cualquier guerra mundana es más o menos dañina.  No hay dudas de que es una necesidad absoluta en muchos casos –para procurar la libertad de naciones, para prevenir que los débiles sean pisoteados por los fuertes-  pero aún así es un mal.  Implica una espantosa cantidad de sangre derramada y sufrimiento.  Conduce a millares a la eternidad para la que no están completamente preparados.  Gatilla  las peores pasiones del hombre.  Causa un enorme desperdicio y destrucción de bienes.  Llena casas apacibles con viudas en duelo y huérfanos.  Esparce a lo lejos y ancho pobreza, cargas fiscales y aflicción nacional.  Desarregla todo el orden de la sociedad.  Interrumpe el trabajo del evangelio y el crecimiento de misiones cristianas.  En breve, la guerra es una inmensa e incalculable maldad, y cada hombre que ora debería clamar noche y día: “Danos paz en nuestros tiempos”. Y aún hay otra batalla que es enfáticamente “buena” y es una batalla en la cual no hay ningún mal.  Esa batalla es la batalla cristiana.  Esa pelea es la pelea del alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, ¿cuáles son las razones por las que la batalla cristiana es una “buena batalla”?  ¿Cuáles son los puntos en los cuales esta batalla es superior a la batalla de este mundo?  Quiero que mis lectores sepan que hay abundante aliciente para nosotros si sólo comenzáramos la batalla.  Las Escrituras no llaman a la batalla cristiana “una buena batalla” sin razón y causa alguna.  Déjenme intentar mostrarles a lo que me refiero.</p>
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<li>La batalla de un cristiano es buena porque pelea bajo el mando del mejor de los generales.  El Líder y Comandante de todos los creyentes es nuestro Salvador divino, el Señor Jesucristo- un Salvador de perfecta sabiduría, infinito amor y todopoderoso.  El Capitán de nuestra salvación nunca falla en conducir a Sus soldados a la victoria.  El no hace movimientos infructíferos, nunca yerra en juzgar, nunca comete ningún error.  Su ojo está sobre Sus seguidores, desde el más grande hasta el más pequeño.  El sirviente más humilde de Su ejército no es olvidado.  Los más débiles y enfermos son cuidados, recordados y guardados en salvación. Las almas de aquellos que Él ha comprado y redimido con Su propia sangre es demasiado preciosa para ser malgastada y tirada lejos.   ¡Por seguro que esto es bueno!</li>
</ol>
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<p style="text-align: justify;">b. La batalla de un cristiano es buena porque pelea con la mejor de las ayudas.  Débil, como cada creyente es en sí mismo, el Espíritu Santo mora en él, y su cuerpo es un templo del Espíritu Santo.  Escogidos por Dios Padre, lavados con la sangre del Hijo, renovados por el Espíritu, no va a la batalla por su propia cuenta y nunca está solo.  Dios, el Espíritu Santo diariamente le enseña, lo lidera, lo guía y lo dirige.  Dios el Padre lo guarda por Su poderoso poder.  Dios el Hijo intercede  por él en cada momento, como a Moisés en el monte mientras él está peleando en el valle abajo.  ¡Un cordón triple como este nunca puede ser roto!  Sus provisiones y suministros diarios nunca fallan. Su comisario nunca falla.  Su pan y su agua están asegurados.  Débil como parece ser en sí mismo, como un gusano, es fuerte en el Señor para hacer grandes hazañas.</p>
<p style="text-align: justify;">c. La batalla de un cristiano es buena porque pelea con las mejores promesas de su lado.  A cada creyente le pertenecen excesivamente grandes y preciosas promesas, y todos los “sí” y “amén” en Cristo, promesas seguras que se cumplirán porque fueron hechas por Uno que no puede mentir y quien tiene el poder así como la voluntad de mantener Su palabra.  “El pecado no tendrá dominio sobre ti”.  “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo tus pies”. “El que ha comenzado un buen trabajo… lo continuará hasta el día de Jesucristo”.  “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán “.  “Mis ovejas … nunca morirán tampoco ningún hombre las arrancará de Mi mano”.  “Aquel que viene a Mi no lo echo fuera”. “Yo nunca los dejaré ni los abandonaré”.  “Estoy convencido que ni la muerte, ni la vida ni ninguna cosa presente o por venir … será capaz de separarme del amor de Dios en Cristo Jesús”.  (Rom. 6:14; 16:20; Fil. 1:6; Isa. 43:2; Jn. 10:28; 6:37; Heb. 13:5; Rom. 8:38, 39).  ¡Palabras como éstas valen su peso en oro!  ¿Quién que no conoce las promesas de la ayuda que viene, ha aclamado a los defensores de la ciudad sitiada como Lucknow, y las ha elevado por sobre su natural fortaleza?  ¿Alguna vez hemos escuchado que la promesa de “ayuda antes del anochecer” tiene mucho que decir de la poderosa victoria en Waterloo?  Aunque todas esas promesas no son nada comparadas con el rico tesoro de los creyentes, las promesas eternas de Dios.  ¡Por seguro, esto es bueno!</p>
<p style="text-align: justify;">d.  La batalla del cristiano es buena porque pelea con el mejor reparto y resultados.  Sin duda que es una guerra en la cual hay tremendas luchas, conflictos desesperantes, heridas, magulladuras, vigilias, ayunos y fatiga, pero aún así el creyente, sin excepción, es “más que un vencedor por Aquel que lo amó” (Rom. 8:37).  Ningún soldado de Cristo se pierde nunca, se extravía o dejado muerto en el campo de batalla.  No habrá luto nunca, no habrá lágrimas que derramar, ni para un oficial o un soldado del ejército de Cristo.  La lista, en la última tarde que vendrá, se encontrará precisamente de la misma forma que estaba en la mañana.   Los guardias ingleses que marcharon desde Londres  a la campaña de Crimea, eran un magnífico grupo de hombres sin embargo mucho de sus gallardos miembros dejaron sus huesos en tumbas extranjeras y nunca vieron Londres nuevamente.  Muy diferente será la llegada del ejercito cristiano a la “ciudad que tiene sus fundaciones, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10).  No habrá ninguno que falte.  Las palabras de nuestro Capital probarán su verdad “De aquellos que me diste a Mi, no se ha perdido ninguno” (Jn 18:9).  ¡Por seguro, esto es bueno!</p>
<p style="text-align: justify;">e.  La batalla de un cristiano es buena porque hace bien al alma de aquel que la da.  Todas las otras batallas tienen una mala, denigrante y desmoralizadora tendencia.  Ellas despiertan las peores pasiones de la mente humana.  Endurecen la conciencia y minan las fundaciones de la religión y la moralidad.  La batalla cristiana por sí misma tiende a sacar las mejores cosas que están dentro del hombre.  Promueve humildad y caridad, disminuye el orgullo y la mundanería, induce a los hombres a poner sus afectos en las cosas de arriba.  El viejo, el enfermo,  el moribundo nunca se arrepienten de dar la batalla de Cristo contra el pecado, el mundo y la maldad.  Su único pesar es que no hayan comenzado a servir a Cristo antes.  La experiencia de eminente, Philip Henry, no es la única.  En sus últimos días el dijo a su familia:  “Les digo a todos que la vida pasada en el servicio a Cristo es la vida más feliz que un hombre puede tener en la tierra”.  ¡Por seguro, esto es bueno!</p>
<p style="text-align: justify;">f.   La batalla de un cristiano es Buena porque hace bien al mundo.  Todas las otras guerras tienen un efecto demoledor, devastador  y perjudicial.  La marcha de un ejército a través de la tierra es un  horrendo azote para sus habitantes.  Donde quiera que va empobrece, desperdicia y hace daño.  Invariablemente lo acompaña el daño a las personas, a la propiedad,  a los sentimientos y  a la moral.  Muy diferente son los efectos que producen los soldados cristianos.  Donde quiera que ellos viven, ellos son bendición.  Ellos elevan los estándares de la religión y la moralidad.  Ellos invariablemente controlan el progreso de la embriaguez,  el no guardar el Sábado, el libertinaje y la deshonestidad.  Aun sus enemigos están obligados a respetarlos.  Vaya donde le plazca y usted raramente encontrara que cuarteles y tropas hacen bien a la vecindad.  Por el contrario,  vaya donde le plazca y usted encontrara que la presencia de unos pocos cristianos es una bendición.  ¡Por seguro, esto es bueno!</p>
<p style="text-align: justify;">g.  Finalmente, la batalla de un cristiano es buena porque concluye con una gloriosa recompensa para todos aquellos que la han peleado.   ¿Quién puede decir el salario que Cristo pagará a Su pueblo fiel?   ¿Quién puede estimar las buenas cosas que nuestro divino Capitán tiene para aquellos que Lo confiesan delante de los hombres?  Un país agradecido puede dar a sus combatientes exitosos una medalla, la Cruz de la Victoria, pensiones, nobleza, honores y títulos, pero no puede dar nada que dure y perdure hasta la eternidad, nada que pueda ser llevado más allá de la tumba.  Palacios como Blenheim y Strathfieldsay  pueden disfrutarse por unos pocos años.  Los más bravos generales y soldados deben inclinarse algún día ante el rey de los terrores.  Mejor, mejor aún, es la posición de aquel que pelea bajo el estandarte de Cristo, contra el pecado, el mundo y la maldad.   Puede que obtenga poca gloria de los hombres mientras él vive y vaya a la tumba con poco honor pero  tendrá lo que es mucho mejor, porque es mucho más duradero.  El tendrá “una corona de gloria que no se desvanece” (1 Ped. 5:4).  ¡Por seguro, esto es bueno!</p>
<p style="text-align: justify;">Establezcamos en nuestras mentes que la pelea de Cristo es una buena batalla –realmente buena, verdaderamente buena, enfáticamente buena.   Sólo vemos parte de ella aún.   Vemos la lucha pero no su final; vemos la campaña pero no la recompensa; vemos la cruz pero no la corona.   Vemos a unos pocos  humildes, quebrados espiritualmente, penitentes, gente de oración, soportando privaciones y desprecio del mundo, pero no vemos la mano de Dios sobre ellos, la cara de Dios sonriéndoles, el reino de gloria preparado para ellos.  Estas cosas están aún por ser reveladas.  No juzguemos por las apariencias.  Hay muchas más cosas buenas acerca de la batalla cristiana que aquellas que vemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, déjenme concluir este tema con unas pocas palabras de aplicación práctica.  Nuestro “mucho” se funde algunas veces cuando el mundo parece estar pensando en “poco”, no obstante las batallas y peleas.  El hierro entra en el alma de más de una nación, y el júbilo de muchos en un barrio se va completamente.   Por seguro en tiempos como estos un ministro puede en buena lid  llamar a los hombres a recordar su batalla espiritual.  Déjenme decir algunas palabras de despida acerca de la gran batalla del alma.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>Puede ser que usted esté luchando duro para obtener las recompensas de este mundo.  Quizá esté tensionando cada nervio para obtener dinero, una posición, poder o placer.  Si ese es su caso, cuídese.  Usted está sembrando una cosecha de amarga decepción.  A menos que advierta lo que se acerca, su último fin  será yacer en lamentos.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Miles han pisado el camino que usted busca y han despertado demasiado tarde para darse cuenta que su final es de miseria y ruina eterna.  Ellos han peleado duro por la riqueza, el honor, su cargo y promoción, y han vuelto su espalda a Dios y a Cristo y al cielo y al mundo por venir.  ¿Y cuál ha sido su final?   A menudo, muy a menudo, han descubierto que su vida entera a sido un gran error;  han probado la amarga experiencia de los sentires de un hombre moribundo que grita alto en sus últimas horas: “La batalla ha sido dada, la batalla ha sido dada, pero no se ha obtenido victoria”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su propia felicidad resuelvan hoy adherirse al lado de Dios.  Sacúdanse de su descuido e incredulidad del pasado.  Sálganse de los caminos insensatos e irrazonables del mundo.  Tomen la cruz y conviértanse en un buen soldado de Cristo.  “Peleen la buena batalla de la fe” que puede hacerlos tanto felices como sentirse seguros.</p>
<p style="text-align: justify;">Piensen en lo que los hijos de este mundo suelen hacer en nombre de la libertad, sin ningún principio cristiano.  Recuerden cómo los griegos y los romanos los suizos y tiroleses y perdieron todo,  aún la vida misma en lugar de someterse al yugo extranjero.  Permitan que su ejemplo sea emulado en ustedes.  ¡Si los hombres pueden hacer tal cosa por una corona corruptible cuanto más deben hacer ustedes por una que es incorruptible!  Despierten al sentido de miseria de ser un esclavo, levántense por la vida, la felicidad y la libertad y peleen.</p>
<p style="text-align: justify;">No tengan miedo de comenzar y enlistarse bajo el estandarte de Cristo.  El gran Capitán de nuestra salvación no rechaza a ninguno que venga a Él.  Como David  en la cueva de Adulan,  El está listo para todo aquel que lo busca, sin importar cuán insignificante pueda sentirse.  Ninguno que se arrepiente y cree es demasiado malo para enrolarse en cualquier rango del ejército de Cristo.  Todos los que vienen a El por fe son admitidos, vestidos, armados, entrenados y finalmente conducidos a una victoria completa.  No tengan miedo en comenzar en este mismo día.  Aún hay espacio para ustedes.</p>
<p style="text-align: justify;">No tengan miedo de continuar la batalla si ustedes se han enlistado.  Mientras más entregado y sincero de corazón ustedes son como soldados más cómoda encontrará su batalla.  No hay dudas de que enfrentarán frecuentemente problemas, fatiga y dura la pelea, antes de que su guerra sea cumplida.  No obstante no permitan que ninguna de estas cosas los saque de ella.  Mayor es Aquel que está con ustedes que todos aquellos que están en su contra.  Libertad eterna y cautividad eterna son las alternativas que están enfrente de ustedes.  Escojan la libertad y peleen hasta el final.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>Puede que ustedes ya sepan algo sobre la batalla cristiana y sean soldados comprobados y probados. Si ese el caso de ustedes, acepten estos consejos y  de este soldado.  Déjenme hablar tanto para ustedes como para mí mismo.   Removamos nuestras mentes, recordando.  Hay algunas cosas que no recordamos bien del todo.</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Recordemos de que si queremos pelear exitosamente, debemos ponernos la completa armadura de Dios y nunca desprendernos de ella hasta que muramos.  Ni una sola pieza de la armadura puede faltar.  El cinturón de la verdad, la coraza de la rectitud, el escudo de la fe, la espada del Espíritu, el casco de la esperanza –cada uno y todos son necesarios.  Ni un solo día podemos prescindir de ninguna pieza de esta armadura.  Bien dice un veterano de la armada de Cristo, que murió cientos de años atrás:  “En el cielo apareceremos, no en la armadura, sino en túnicas de gloria”.  Aquí nuestras armas deben ser usadas noche y día.  Debemos hablar, trabajar y dormir con ellas, de otra forma no somos soldados verdaderos de Cristo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos las palabras solemnes de un guerrero inspirado, quien murió hace muchos años:  “ningún hombre que pelea se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Tim 2:4).  ¡Quiera que nunca olvidemos este decir!</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos que algunos parecen ser buenos soldados durante un corto periodo y hablan mucho de lo que harían y luego, desafortunadamente,  vuelven sus espaldas en el día de la batalla.</p>
<p style="text-align: justify;">No olvidemos a Balaam y a Judas y a Demas o a la esposa de Lot.  Lo que quiera que seamos,  y cuán débiles, seamos reales, genuinos, verdaderos y sinceros.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos que el ojo de nuestro amado Salvador está sobre nosotros en la mañana, en la tarde y en la noche.  El nunca permitirá que seamos tentados más allá de lo que seamos capaces de soportar.  El puede ser tocado con el sentimiento de nuestra finitud,  porque el mismo fue tentado.  El sabe lo que son  las batallas y conflictos porque El mismo fue agredido por el príncipe de este mundo.  Teniendo a tal Alto Sacerdote, Jesus el Hijo de Dios, mantengamos firme nuestra profesión (Heb. 4:14).</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos a los miles de soldados anteriores a nosotros que han dado la misma batalla que nosotros peleamos y que salieron más que vencedores a través de Aquel que los amó.  Ellos vencieron por la sangre del Cordero, y nosotros también.   El ejército de Cristo es tan poderoso  ahora como siempre ha sido, y el corazón de Cristo es tan amante ahora como antes. El que salvó a los hombres y las mujeres antes de nosotros es Uno que nunca cambia. El es “capaz de salvar a muchos”, todos quienes “vienen a Dios a través de Él”. Entonces arrojemos nuestras dudas y miedos lejos.  Sigamos a “aquellos que a través de la fe y la paciencia heredan las promesas” y esperan para que nos unamos a ellos (Heb. 7:25, 6:12).</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, recordemos que el tiempo es corto y la venida del Señor se acerca.  Unas pocas batallas más y la última trompeta sonará, y el Príncipe de Paz vendrá a reinar en una tierra renovada.   Un poco más de lucha y conflictos y luego diremos un adiós eterno a esta batalla y al pecado, a la pena y a la muerte.  Entonces peleemos hasta el final y nunca nos rindamos.  Así dice el Capitán de nuestra salvación: “Aquel que vence heredará todas las cosas, y Yo seré su Dios y el será Mi hijo” (Apo. 21:7).</p>
<p style="text-align: justify;">Déjenme concluir todo con las palabras de John Bunyan en una de las más hermosas partes de su libro el Progreso del Peregrino.  El describe el final de uno de sus mejores y más santos peregrinos;  “Después de esto había murmuraciones de que el Sr. Valiente-por-la verdad había  sido citado, por el mismo conducto que los otros. Y  tenía esta palabra por símbolo de que la citación era verdadera:  “El cántaro estaba quebrado junto a la fuente (Ecl. 12:6).  Cuando él lo entendió, llamó a sus amigos y se los dijo.  Entonces dijo:  Voy a la casa de mi Padre, y aunque con gran dificultad he llegado hasta aquí, aún ahora no me arrepiento de todos los problemas que he tenido para llegar hasta donde estoy.  Mi espada se la doy a aquel que me sucederá en mi peregrinación, y mi coraje y habilidades a quien pueda obtenerlas.  Mis marcas y cicatrices las llevo conmigo, como testimonio de que he peleado Su batallas, a quien ahora será mi Galardonador”.   Cuando el día que en debía ir a casa había llegado, muchos lo acompañaron hasta la rivera del río, en el cual, a medida que se iba hundiendo,  decía  “Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Y a medida que se hundía más profundamente, gritaba “Oh tumba, ¿dónde está tu victoria?  Así murió y todas las trompetas sonaron por el al otro lado”.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Quiera que tengamos un fin como este!  ¡Quiera que nunca olvidemos que sin pelear no habrá santidad mientras vivimos y ninguna corona de gloria cuando muramos!</p>
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<p><a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftnref1">[1]</a> 2  Autor indica Libro de Oraciones que es propio de la Iglesia de Inglaterra.</p>
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<p><a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftnref2"></a></p>
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<p><a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftnref3">[3]</a> <strong>John Wycliffe</strong> (1328-1384),  fue un filósofo escolástico inglés, teólogo, predicador, traductor, reformista y profesor universitario,  conocido como uno de los primeros disidentes de la Iglesia Católica Romana.  <strong>John Huss</strong> (1369-1415) fue el más fiel de los discípulos de Wycliffe, pues siguió sus enseñanzas casi literalmente. Era un erudito, profesor de la Universidad de Praga, elocuente predicador y ardiente patriota.<strong> Martín Lutero</strong> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1483">1483</a> – 1546 (M<strong>artin Luder -Martin Luther)</strong>, <a title="Teología" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Teolog%C3%ADa">teólogo</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fraile">fraile</a> católico <a title="Orden de San Agustín" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Orden_de_San_Agust%C3%ADn">agustino recoleto</a> y reformador <a title="Religión" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Religi%C3%B3n">religioso</a> <a title="Alemania" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alemania">alemán</a>, en cuyas enseñanzas se inspiró la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Reforma_Protestante">Reforma Protestante</a>. Inauguró la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina">doctrina</a> teológica y <a title="Cultura" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cultura">cultural</a> denominada <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luteranismo">luteranismo</a> e influyó en las demás tradiciones <a title="Protestantismo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Protestantismo">protestantes</a>. Su exhortación para que la Iglesia regresara a las enseñanzas de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Biblia">Biblia</a>, impulsó la transformación del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cristianismo">cristianismo</a> y provocó la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Contrarreforma">Contrarreforma</a>, como se conoce a la reacción de la <a title="Iglesia Católica Romana" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_Cat%C3%B3lica_Romana">Iglesia Católica Romana</a> frente a la Reforma protestante. <strong>Nicholas Ridley</strong> (1500–1555), Obispo de Londres, fue uno de los tres mártires de Oxford del Anglicanismo. <strong> Hugh Latimer</strong> (1487–1555) Fue miembro del Clare College, Cambridge, Obispo de Worcerter antes de la Reforma y luego de la Iglesia de Inglaterra, capellán del Rey Eduardo VI.  Bajo el reinado de la Reina María, fue quemado en la hoguera, volviéndose uno de los tres mártires de Oxford del Anglicanismo</p>
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<p style="text-align: justify;"><a href="file:///C:/Users/Jairo/Desktop/Holiness%20-%20Fight%20-%20J.%20C.%20Ryle%20-%20Traducci%C3%B3n%20Rev%201..doc#_ftnref4">[4]</a> <strong>John Wesley</strong> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/17_de_junio">17 de junio</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1703">1703</a> &#8211; † <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/2_de_marzo">2 de marzo</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1791">1791</a>), fue un pastor <a title="Anglicano" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Anglicano">anglicano</a> y <a title="Teólogo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Te%C3%B3logo">teólogo</a> <a title="Cristiano" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cristiano">cristiano</a> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Brit%C3%A1nico">británico</a>. Nacido en <a title="Epworth (aún no redactado)" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Epworth&amp;action=edit&amp;redlink=1">Epworth</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lincolnshire">Lincolnshire</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Inglaterra">Inglaterra</a>. A Juan Wesley junto con su hermano Carlos se les acredita principalmente la fundación del movimiento Metodista Inglés.<strong> George Whitefield</strong> (1714 &#8211; 1770), ministro de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Inglaterra">Iglesia de Inglaterra</a>, fue un dirigente destacado del <a title="Metodismo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Metodismo">movimiento metodista</a>. Llegó a ser muy conocido por su entusiasta predicación en las <a title="Imperio británico" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_brit%C3%A1nico#Colonizaci.C3.B3n_de_Am.C3.A9rica">colonias americanas</a> del <a title="Imperio Británico" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_Brit%C3%A1nico">Imperio Británico</a>, destacándose claramente como el principal dirigente del primer movimiento evangélico en el nuevo mundo, denominado <a title="Primer Gran Despertar (aún no redactado)" href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Primer_Gran_Despertar&amp;action=edit&amp;redlink=1">Primer Gran Despertar</a>, una sucesión espontánea de &#8220;avivamientos&#8221; cristianos protestantes en las colonias angloamericanas.<strong> William Wilberforce (</strong> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1759">1759</a> -<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1833">1833</a>), <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pol%C3%ADtico">político</a>, <a title="Filántropo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fil%C3%A1ntropo">filántropo</a> y <a title="Abolicionista" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Abolicionista">abolicionista</a> británico, quien siendo miembro del Parlamento Británico, lideró una campaña en contra de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Esclavitud">esclavitud</a>.</p>
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<div class="plus-one-wrap"><g:plusone size="tall" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/05/la-batalla-j-c-ryle/"></g:plusone></div><div id="fb-root"></div><script src="http://connect.facebook.net/en_US/all.js#xfbml=1"></script><!-- Do not remove -->]]></content:encoded>
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		<title>Santidad: 3. Santidad &#8211; J.C. Ryle</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2011 16:43:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anteriores del libro Santidad: 1. Introducción 2. Pecado 3. Santificación &#160; Traducido por Erika Escobar SANTIDAD “Santidad, sin ella ningún hombre verá al Señor” (Heb. 12:14) La cita bíblica que encabeza esta página apunta a un tema de profunda importancia.  Ese tema es la santidad práctica.  Este sugiere preguntas que demandan la atención de todos los creyentes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri} p.p2 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri; min-height: 13.0px} p.p4 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 35.4px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri; min-height: 13.0px} li.li1 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri} li.li3 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri} span.s1 {letter-spacing: 0.0px} span.s2 {font: 6.7px Calibri; letter-spacing: 0.0px} span.s3 {letter-spacing: 0.0px color: #fe2615} ol.ol1 {list-style-type: decimal} ol.ol2 {list-style-type: lower-alpha} -->Anteriores del libro Santidad:</p>
<p>1. <a title="Santidad: Introducción – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-introduccion-j-c-ryle/" target="_blank">Introducción</a></p>
<p>2. <a title="Santidad: 1. El pecado – J. C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/03/santidad-1-el-pecado-j-c-ryle/" target="_blank">Pecado</a></p>
<p>3. <a title="Santidad: 2. Santificación – J.C. Ryle" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-2-santificacion-j-c-ryle/" target="_blank">Santificación</a></p>
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<p style="text-align: right;">Traducido por Erika Escobar</p>
<p style="text-align: justify;">SANTIDAD</p>
<p style="text-align: justify;">“Santidad, sin ella ningún hombre verá al Señor” (Heb. 12:14)</p>
<p style="text-align: justify;">La cita bíblica que encabeza esta página apunta a un tema de profunda importancia.  Ese tema es la santidad práctica.  Este sugiere preguntas que demandan la atención de todos los creyentes profesantes: ¿Somos santos?  ¿Veremos al Señor?</p>
<p style="text-align: justify;">Estas preguntas nunca podrán estar fuera de lugar.  El hombre sabio nos dice: “Hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír; un tiempo para guardar silencio y un tiempo para hablar” (Ecl. 3:4-7), pero no hay un tiempo, no, ni un día, en el cual hombre no deba ser santo.  ¿Lo somos?</p>
<p style="text-align: justify;">Estas preguntas conciernen a todos los hombres, sin importar su rango y condición.  Algunos son ricos y otros son pobres, algunos tienen conocimiento y otros no lo tienen, algunos son señores y algunos son sirvientes; pero no hay rango ni condición de vida en la que un hombre no deba ser santo.  ¿Lo somos?</p>
<p style="text-align: justify;">Pido que se me escuche acerca de este tema.  ¿Cómo está la cuenta entre nuestras almas y Dios?  En el mundo acelerado y ajetreado que estamos, detengámonos unos pocos minutos y consideremos el asunto de la santidad.  Creo que podría haber escogido un tema más popular y agradable.  Estoy seguro de hubiera encontrado uno más fácil de abordar, pero siento profundamente que no podría haber escogido uno más razonable y provechoso para nuestras almas. Es un asunto solemne oír la Palabra de Dios decir “Sin santidad ningún hombre verá a Dios” (Heb.12:14)</p>
<p style="text-align: justify;">Me dedicaré, con la Ayuda de Dios, a examinar lo que es la verdadera santidad y la razón de por qué es tan necesaria.   Como conclusión, trataré de delinear el único camino por el cual la santidad puede ser asida.  Habiendo considerado el lado doctrinal, volvámonos a la simple y práctica aplicación.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><strong>La naturaleza de la verdadera santidad práctica</strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">Entonces, primero, déjenme intentar mostrarles lo que es la verdadera santidad práctica, de lo que nace un nuevo interrogante: ¿cuáles son la personas a las que Dios llama santas?</p>
<p style="text-align: justify;">Un hombre puede avanzar grandes extensiones y aún así nunca alcanzar la verdadera santidad.   No es conocimiento – Balaam lo tenía; no es gran profesión –Judas la tenía; no es hacer muchas cosas –Herodes las hizo;  celo por algunas materias religiosas –Jehu lo tenía;  moralidad y conducta impecable –el joven gobernante las tenía;  no es escuchar con placer a los predicadores –los judíos en los tiempos de Ezequiel lo hacían;  no es la buena compañía con la que estamos –Joab y Gehazi y Demás la tenían, ¡y aún así ninguno de ellos fue Santo!   Estas cosas por sí mismas no son santidad.  Un hombre puede tener una de ellas y aún así nunca ver a Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Entonces qué es santidad práctica verdadera?   Es una pregunta difícil de responder.  No quiero decir que no haya ningún material escritural sobre el tema, pero me temo que aún así podría dar una visión precaria de la santidad y no decir todo lo que se debe decir, o que diga cosas acerca de ella que no deben ser dichas, y así hacer daño.  Déjenme, de todos modos, intentar bosquejar una visión de la santidad de forma tal que podamos verla claramente con los ojos de nuestras mentes.  Sólo que nunca olviden, cuando haya dicho todo, que mi reporte es a lo sumo un pobre e imperfecto delineamiento.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li> La santidad es el hábito de ser una mente con Dios, de acuerdo a lo que encontramos descrito en las Escrituras de lo que Su mente es.  Es el hábito de concordar con el juicio de Dios, odiando lo que El odia, amando lo que El ama, y midiendo todas las cosas del mundo por los estándares de Su Palabra.  Aquel que más completamente concuerda con Dios, aquel es el hombre más santo.</li>
<li>Un hombre santo se dedicará a evitar todos los pecados conocidos y guardar todos los mandamientos conocidos.  El tendrá su mente decididamente inclinada hacia Dios, un deseo de corazón para hacer Su voluntad, un mayor temor de desagradarlo a El que al mundo y un amor a todos Sus caminos.  El sentirá lo que Pablo sintió cuando dijo:  “me deleito en la ley de Dios según el hombre interior” (Rom. 7:22) y lo que David sintió cuando dijo: “estimo todos Tus preceptos sobre todas las cosas buenas, y aborrezco todo camino de falsedad” (Sal 119:128).</li>
<li>Un hombre santo luchará por ser como nuestro Señor Jesucristo.  No sólo vivirá una vida de fe en El y sacará de El su cuota diaria de paz y fortaleza sino que también trabajará para que la mente de Cristo esté en él y sea modelado a Su imagen (Rom. 8:29).  Será su objetivo soportar y perdonar a los otros, así como Cristo nos perdonó a nosotros; a no ser orgulloso, así como Cristo lo hizo consigo mismo; caminar en amor, como Cristo nos amó; a ser modesto y humilde, así como Cristo fue modesto y se humilló a Sí mismo.   El recordará que Cristo era un testigo fiel de la verdad; que Él vino no para hacer Su propia voluntad; que Su alimento y bebida era hacer la voluntad de Dios; que Él continuamente se negaría a Sí mismo para ministrar a otros; que  Él era manso y paciente frente a insultos inmerecidos; Aquel que pensó más en los pobres hombres buenos que en reyes; Aquel que estaba lleno de amor y compasión por los pecadores;  Aquel que fue valiente e intransigente en denunciar el pecado; Aquel que no buscó la alabanza de los hombres, cuando podría haberla tenido; Aquel que perseveró en hacer el bien; Aquel que estaba separado de la gente del mundo; Aquel que continuó de corriente en oración; Aquel que no permitió ni la más ligera interferencia en Su camino cuando el trabajo de Dios debía ser hecho, aún de sus más cercanas relaciones.   Un hombre santo debe tratar de recordar estas cosas, pues a través de ellas se dedicará a modelar el curso de su vida y podrá manifestar de corazón el decir de Juan: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Jn 2:6), y el decir de Pedro que “Cristo… sufrió por nosotros, dejándonos un ejemplo, que debemos seguir Sus pasos (1 Ped. 2:21).  ¡Feliz es quien ha aprendido a hacer de Cristo su “todo”, para salvación y ejemplo!   Mucho tiempo se ahorraría, y mucho pecado se prevendría, si los hombres se preguntaran más seguido “¿Qué habría hecho Cristo en mi lugar?”</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">d.  Un hombre santo buscará mansedumbre, paciencia, bondad, templanza, control de su lengua.  El soportará mucho, perdonará mucho,  vigilaría más y será más tardo en defender sus propios derechos.  Vemos un ejemplo brillante de este comportamiento en David cuando Simei lo maldijo, y en Moisés cuando Aaron y Miriam hablaron en su contra (2 Sam. 16:10, Núm. 12:3).</p>
<p style="text-align: justify;">e.  Un hombre santo buscará templanza y abnegación.  Trabajará para mortificar los deseos de su cuerpo, para crucificar su carne llena de afecciones y deseos, frenar sus pasiones, reprimir sus inclinaciones carnales, no sea que ellas en cualquier momento se desaten.  Oh, qué palabra es esa que nuestro Señor Jesus dijo a los apóstoles:  “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida” (Luc 21:34), y esas del apóstol Pablo “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Cor. 9:27).</p>
<p style="text-align: justify;">f. Un hombre santo buscará la caridad y la amabilidad fraternal.  El se dedicará a cumplir con la regla de oro de hacer con los otros lo que a él le gustaría los otros le hicieran y hablar de la misma forma.  El estará lleno de afecto hacia sus hermanos, hacia sus cuerpos, sus propiedades, sus caracteres, sus sentimientos, sus almas. “Amarnos unos a otros” dice Pablo; porque “el que ama ha cumplido la ley” (Rom. 13:8). El abominará las mentiras, difamaciones, murmuraciones, engaños, deshonestidad y tratos injustos, aún en la más mínima cosa. El shekel y el codo del santuario eran más grandes que aquellos en uso común <span style="color: #3366ff;">1</span>.  El evitará adornar su religión con una conducta exterior y hará que ésta sea agradable y hermosa a los ojos de quienes lo rodean.  ¡Ay de nosotros! ¡Que palabras más condenatorias están en el capítulo 13 de 1 de Corintios, y en el sermón del monte,  comparadas con el comportamiento de muchos cristianos profesantes!</p>
<p style="text-align: justify;">g.  Un hombre santo irá en pos del el espíritu de misericordia y benevolencia hacia los otros.  Él no estará ocioso ni un solo día.  No se contentará con abstenerse de hacer el mal, él tratará de hacer el bien.   Él se enfocará en ser útil en su día y generación y en disminuir las necesidades espirituales y la miseria que lo rodea tanto como le sea posible.  Así era Dorcas: “llena de buenas obras y limosnas, que ella hacía” –no sólo el mero propósito y la intención, sino la acción.  También Pablo era así “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (Hec. 9:36, 2 Cor. 12:15).</p>
<p style="text-align: justify;">h.  Un hombre irá en pos de la pureza de corazón.  El temerá de toda inmundicia e impureza de espíritu y buscará evitar todas las cosas que puedan llevarlo a ellas. El sabe que su propio corazón es como una yesca y diligentemente despejará las chispas de la tentación.  ¿Quién osa hablar de fortaleza cuando David puede caer?  Hay pistas extraídas de la ley ceremonial.  Bajo ésta un hombre que tan solo toca un hueso o un cadáver o una tumba o una persona enferma se vuelve impuro inmediatamente delante de Dios y estas cosas eran emblemas y figuras. Pocos cristianos son alguna vez  lo suficientemente cuidadosos y detallistas acerca de punto.</p>
<p style="text-align: justify;">i. Un hombre santo irá en pos del temor de Dios.  No me refiero al miedo de un esclavo, quien sólo trabaja porque teme del castigo y permanecería ocioso si no temiera ser descubierto.   Más bien me refiero al miedo de un niño que desea vivir y moverse como si estuviera siempre frente a la cara de su padre porque lo ama. ¡Qué noble ejemplo el que  Nehemías nos entrega sobre esto!  Cuando él fue gobernador en Jerusalén  pudo haber sido una carga para los judíos y requerir de ellos dinero para su sustento.  Su predecesor así lo había hecho y nadie lo habría podido culpar si hubiera procedido de igual forma;  no obstante,  él dijo “pero yo no hice así, a causa del temor de Dios” (Neh. 5:15).</p>
<p style="text-align: justify;">j. Un hombre santo irá en pos de la humildad.  El deseará, en humildad, estimar a los otros más que a sí mismo.  Verá más maldad en su propio corazón que en el de cualquiera otro del mundo.  Entenderá algo del sentimiento de Abraham cuando dice “soy polvo y cenizas”, y de Jacob cuando dice “soy menor que la más pequeña de Tus misericordias”, y de Job cuando dice “Soy vil”, de Pablo cuando dice  “Soy el señor de los pecadores”.  Bradford, aquel mártir fiel de Cristo, algunas veces terminaba sus cartas con estas palabras: “El más miserable pecador, John Bradford” <span style="color: #3366ff;">2</span>.  Las últimas palabras del buen viejo Grimshaw, cuando él estaba en su cama de moribundo, fueron estas:  “Aquí va un sirviente inútil”.</p>
<p style="text-align: justify;">k. Un hombre santo será fiel y leal en todos sus deberes y relaciones de vida. El tratará de buscar, no solamente para llenar un lugar -así como los otros que no consideran sus almas-, tratará y  aún más,  porque tiene motivos superiores y más ayuda que los otros. Están las palabras de Pablo que nunca deben echarse al olvido:  “Cualquier cosa que hagas, hazla de corazón, como para el Señor”;  “No perezoso en los negocios, ferviente en espíritu; sirviendo al Señor” (Col. 3:23, Rom. 12:11).   Las personas santas deberían focalizarse en hacer todo bien y deberían avergonzarse de sí mismas si hacen algo mal habiendo podido evitarlo.  Como Daniel, ellas deberían buscar no propiciar  la “ocasión” contra sí mismos, excepto en lo concerniente a la ley de su Dios (Dan. 6:5).   Deben esforzarse por ser buenos esposos y esposas, buenos padres y buenos hijos, buenos señores y buenos sirvientes, buenos vecinos, buenos amigos, buenos sujetos, buenos en lo privado y buenos en lo público, buenos en los negocios y buenos a la orilla del fuego en sus hogares.  La santidad vale de poco si no porta esta clase de frutos.  El Señor Jesús coloca una pregunta inquisitiva a Su pueblo cuando dice:  “¿qué hacéis de más? (Mat. 5:47).</p>
<p style="text-align: justify;">l. Ultimo, pero no menor, un hombre santo irá en pos de la espiritualidad.  Se dedicará a fijar sus afectos enteramente en las cosas de arriba y mantener las cosas de la tierra con una mano suelta.  El no rechazará los afanes del hoy pero el primer lugar en su mente y pensamientos será dado a la vida que vendrá.  El se enfocará en vivir como uno cuyo tesoro está en los cielos y pasará de este mundo con un extraño y un peregrino viajante hacia su hogar.  Una íntima comunión con Dios en la oración, en la Biblia y en las reuniones con Su pueblo,  estas cosas serán las que le proporcionen mayor gozo al hombre santo.  El valorará todo, lugar y compañía, en la medida en que esto le acerque más a Dios.  El se involucrará con el sentimiento de David expresado “Está mi alma apegada a Ti”, “Tú eres mi porción” (Sal 63: 8, 119:57).</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí debo indicar que tengo aprehensiones de que mi exposición sea malentendida y que la descripción que he dado de la santidad pueda desalentar a una conciencia sensible. No es mi intención provocar tristeza en el corazón de un recto o tirar ladrillos sobre la cabeza de cualquier creyente.  No digo ni por un momento que la santidad le cierre la puerta al pecado que mora en nosotros.  No, lejos de eso.  Es la mayor miseria de un hombre santo ser portador de “cuerpo de muerte” que cuando quiere hacer el bien “la presencia maligna está en él”; que el viejo hombre está atascado en todos sus movimientos y, como está, intenta volverlo atrás en cada paso que toma (Rom. 7:21).  Pero es la excelencia de un hombre santo que él no tenga paz al lidiar con el pecado, como otros la tienen.  É odia el pecado, llora luto sobre él y desea estar libre de su compañía.  El trabajo de la santificación en él es como la muralla de Jerusalén –el edificio se mantiene “aún en tiempo de problemas” (Dan. 9:25).</p>
<p style="text-align: justify;">Tampoco quiero decir que la santidad trae  madurez y perfección, todo de un golpe, y que estas gracias/dones a los que me he referido deben ser encontradas en plena floración y vigor antes de que usted  llame santo a un hombre.  No,  lejos de eso.  La santificación es siempre un trabajo progresivo.  Algunos hombres tienen sus gracias en la espada, otros en la espiga y otros tienen su espiga llena de trigo.  Todo tiene su comienzo.  Nunca debe despreciarse “las pequeñas cosas del día”  Y la santificación en su mejor medida es un trabajo imperfecto.   La historia de los santos más brillantes que alguna vez vivieron tenía muchos “peros”, y “sin embargo” y “a pesar de que” antes de que alcanzara el final.  El oro nunca estará sin alguna escoria, la luz nunca brillará sin alguna nube, sino hasta que alcancemos la Jerusalén celestial.  El sol mismo tiene algunas manchas en su cara.  El hombre más santo tendrá culpas y defectos cuando es comparado con el santuario.  La vida es una continua batalla contra el pecado, contra el mundo y el demonio.  Y algunas veces pareciera ser que no lograremos, pero lo logramos.  El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el deseo del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí en muchas cosas (Gal. 5:17).</p>
<p style="text-align: justify;">Pero aún, por todo esto, estoy seguro de que para tener el carácter que he débilmente dibujado,   los verdaderos cristianos tienen el deseo de corazón y la oración.  Ellos perseveran hacia él aunque no lo logren;  pueden no alcanzando pero siempre lo están tratando.   Es  por lo que luchan por alcanzar y trabajan por ello, si es que no es lo que ellos son.</p>
<p style="text-align: justify;">Y en esto, confiada y valientemente digo que la verdadera santidad es una gran realidad.  Es algo que un hombre puede ver, saber, marcar y sentir en todo su alrededor.   Es luz: si existe, se mostrará a sí misma.  Es sal: si existe, su sabor será percibido.  Es un precioso ungüento:  si existe, su presencia no puede ocultarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy seguro de que deberíamos prepararnos para tener indulgencia con las muchas caídas, por mucha  falta  de vida en algunos cristianos profesantes.  Sé que el camino puede conducirnos de un punto a otro y aún tener muchos retrocesos y giros.  Un hombre puede ser verdaderamente santo y aún así ser desplazado por sus debilidades.  El oro no es más oro porque se mezcle con aleaciones, y la luz no es más luz aunque sea débil y difusa, la gracia no menos gracia porque está presente en los jóvenes y débiles.   No obstante luego de cada indulgencia, no puedo ver cómo algunos hombres tengan el derecho de ser llamados “santos”,  si ellos se permiten a sí mismos voluntariamente caer en pecado y no son humildes y no tienen vergüenza a causa de ello.  No permito llamar a  “santo”  a quien hace un hábito de rechazar voluntariamente sus conocidos deberes y voluntariamente hace las cosas que Dios nos ha mandado no hacer.  Bien dice Owen:  “No entiendo como un hombre puede ser verdaderamente santo si dentro de él no siente el pecado como una de las cargas más grandes, no siente pena ni se aproblema”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esas son las características preponderantes de la santidad práctica.   Examinémonos nosotros mismos y veamos si estamos a cuenta con ella.  Probémonos a nosotros mismos en  nuestro interior.</p>
<p style="text-align: justify;">2. <strong>La importancia de la santidad práctica</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Puede la santidad salvarnos?  ¿Puede la santidad apartar el pecado, cubrir iniquidades, aplicar la santificación por las transgresiones, pagar nuestra deuda con Dios?  No, no ni una pizca.   Dios me perdone si dijera eso alguna vez.  La santidad no puede hacer ninguna de esas cosas.   Los más brillantes santos son todos “siervos inútiles”.  Nuestras labores más puras no son mejores que andrajos roñosos cuando las contrastamos a la luz de la santa ley de Dios.  La toga blanca que Jesús ofrece y la fe que pone en nosotros debe ser nuestra única justicia, el nombre de Cristo nuestra única confianza, el libro de vida del Cordero nuestro único pasaje al cielo.   Con toda nuestra santidad no somos más que pecadores.  Nuestras mejores obras están manchadas y contaminadas con imperfección.  Todas están más o menos incompletas,  equivocadas en la motivación o defectuosas en el cumplimiento.  Por las obras de la ley ningún hijo de Adán será nunca justificado.   “Por la gracia usted es salvado a través de la fe, y no nuestra”, es el regalo de Dios:   “no por obras, para que nadie se gloríe (Ef. 2:8-9)”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué, entonces, la santidad es tan importante?  ¿Por qué el apóstol dice:  Sin ella ningún hombre verá al Señor?  Déjenme exponer en orden algunas pocas razones.</p>
<p style="text-align: justify;">a.    Como primera cosa, debemos ser santos porque la voz de Dios en las Escrituras claramente así lo ordena.  El Señor Jesús dijo a Su pueblo:  “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mat. 5:20)”.  “Sed perfectos así como su Padre que está en el cielo es perfecto” (Mat. 5:48)  Pablo dice a los tesalonicenses “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tes. 4:3); y Pedro dice “… si no como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; <sup>16</sup> porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Ped. 15,16).   “En esto”, dice Leighton, “la ley y el Evangelio concuerdan”.</p>
<p style="text-align: justify;">b.  Debemos ser santos porque es el gran objetivo final y propósito por el cual Cristo vino al mundo.  Pablo escribe a los corintios:  “Él murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:15) y a los de efesios:  “Cristo … amó a su iglesia, se dio a si misma por ella, para que pueda santificarla y purificarla (Ef. 5:25, 26)”; y en Tito “(Él) se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda injusticia y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”.  En resumen, hablar que los hombres son salvados de su culpa de pecado sin ser al mismo tiempo salvados por el dominio de Cristo de sus corazones, es contradecir el testimonio de toda la Escritura.   ¿Son los creyentes los elegidos?   Sí a través “de la santificación del Espíritu”.  ¿Están predestinados?  Sí son  “formados a la imagen del Hijo de Dios”.   ¿Son los escogidos?  Sí para que ellos puedan ser santos.  ¿Son llamados?  Sí, con el “llamado santo”.   ¿Son afligidos?  Sí para que ellos puedan ser ”copartícipes de la santidad”.  Jesús es un Salvador completo.   El no sólo arrebata de un creyente la culpa de los pecados. El hace mucho más.  El rompe el poder del pecado (1 Ped. 1:2, Rom. 8:29, Ef. 1:4, Heb. 12:10).</p>
<p style="text-align: justify;">c.  Debemos ser santos porque es la única evidencia firme de que tenemos la fe salvadora en nuestro Señor Jesucristo.   El artículo doce de nuestra iglesia dice acertadamente que “Aunque las buenas obras no alejan nuestros pecados, y soportan la severidad del juicio de Dios,  ellas son agradables y aceptables a Dios en Cristo, y  hablan necesariamente de una fe verdadera y viva, tanto que por ellas esa fe viva puede ser evidentemente conocida así como un árbol se discierne por sus frutos”.   Se nos advierte que existe la fe muerta, una fe que no va más allá de la profesión de labios y que no tiene influencia en el carácter de un hombre.   La verdadera fe salvadora es  muy diferente.  La verdadera fe se mostrará siempre a sí misma por sus frutos; santificará, trabajará en amor, soportará al mundo, purificará el corazón.  Sé que las personas al borde de sus lechos de muerte gustan hablar  de las evidencias, ellos descansarán en las palabras habladas en las horas de miedo y dolor y debilidad, como si estas palabras pudieran confortarlo por los amigos que perdieron.  Me temo que en el noventa y nueve del cien por ciento casos  éstas no son evidencias de las cuales se pueda depender.   Sospecho que, con raras excepciones, los hombres mueren de igual forma como vivieron.  La única evidencia segura de que somos uno con Cristo, y Cristo es en nosotros, es una vida santa.  Aquellos que viven en el Señor son generalmente los únicos que mueren en el Señor.  Si quisiéramos morir la muerte de los justos, no descansemos solamente en deseos perezosos, busquemos vivir Su vida.  Es un decir verdadero el de Traill:  “el estado de un hombre es nada, y su fe poco sólida …  si no centra su esperanza de gloria, purificando su corazón y su vida”.</p>
<p style="text-align: justify;">d.  Debemos ser santos porque esta es la única prueba de que amamos a Jesús con sinceridad.  Este es un punto sobre el que  Él habló  con mayor claridad en los capítulos 14 y 15 de Juan:  “Si me aman, guarden mis mandamientos”, “Aquel que sigue Mis mandamientos y los guarda, ése Me ama”, “Si un hombre Me ama, guardará Mis Palabras”, “Ustedes son mis amigos si hacen lo que les ordeno”.  ¡Palabras más claras que estas son difíciles de encontrar y ay! de quien ose rechazarlas.  Es por seguro que un hombre tiene su alma en un estado insano si puede pensar que Jesús sufrió todo lo que sufrió y aún así se aferra a esos pecados por los cuáles ese sufrimiento tuvo causa.  Fue el pecado el que tejió la corona espinas, fue el pecado que el que perforó las manos, pies y el costado de nuestro Señor; fue el pecado el que lo llevó al Getsemaní y al Calvario, a la cruz y a la tumba.  Fríos deben ser nuestros corazones si no odiamos el pecado y trabajamos para liberarnos de él, aunque tengamos que cortarnos la mano derecha y arrancarnos el ojo derecho para lograrlo.</p>
<p style="text-align: justify;">e.  Debemos ser santos porque es la única evidencia rotunda de que somos verdaderos hijos de Dios.  Los hijos de este mundo son generalmente como sus padres.  Algunos, sin duda, lo son más, otros lo son menos, pero es raro que no se pueda encontrar una traza de similitud entre ellos.  Y eso es lo mismo con los hijos de Dios.  El Señor Jesús dice:   “si ustedes fueran hijos de Abraham, harían la labor de Abraham”. “Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían” (Jn 8:39, 42).  Si lo hombres no tienen ningún parecido con su Padre en el cielo, es vano hablar de ellos como Sus “hijos”.   Si no sabemos nada de santidad, podemos halagarnos nosotros mismo como queramos, pero no tenemos el Espíritu Santo trabajando en nosotros; estamos muertos y debemos ser traídos a vida nuevamente; estábamos perdidos y debemos ser encontrados. “Como muchos son conducidos por el Espíritu de Dios, ellos, “ y ellos solamente, “son los hijos de Dios (Rom. 8:14).  Nosotros debemos mostrar en nuestras vidas a la familia que pertenecemos.   Debemos dejar que los hombres vean en nuestra buena conversación que somos en verdad hijos del Único Santo, o nuestra  calidad de hijos no es más que un nombre vacío.  “No digan ”, dice Gurnall <span style="color: #3366ff;">3</span> “que ustedes tienen sangre real en sus venas, y son nacidos de Dios,  salvo porque pueden mostrar su pedigree con el desafío de ser santo”.</p>
<p style="text-align: justify;">f.  Debemos ser santos porque es la forma más acertada de hacer bien a los otros.   No podemos vivir sólo para nosotros mismos en este  mundo.  Nuestra forma de vida siempre hará el bien o el mal a otros que la ven.  Estas son un sermón silencioso que todos pueden leer.  En realidad es penoso cuando esos sermones son por causa del demonio, y no de Dios.  Creo que se hace mucho más de lo que pensamos en el reino de Cristo por la vida santa de los creyentes.  Hay una realidad acerca de ese tipo de vida que hace a los hombres sentir y los obliga a pensar.  Esta porta un peso e influencia que nada más puede dar.  Hace que la religión sea hermosa e impulsa a los hombres a considerarla, como un faro que se ve a lo lejos.  El día del juicio probará que muchos esposos no creyentes han sido ganados “sin la Palabra” por una vida santa (1 Ped. 3:1).  Usted puede conversar con las personas acerca de las doctrinas del evangelio, y pocos oirán y algunos pocos entenderán, no obstante su forma de vida es un argumento al que nadie escapa.  Hay un significado acerca de la santidad que aún los menos instruidos pueden entender.  Puede que ellos no entiendan la justificación pero si lo que es la caridad.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que cristianos no santificados e inconsistentes causan más daño  del que  advertimos.  Esos hombres son los mejores aliados de Satanás.  Ellos echan abajo en sus vidas lo que los ministros construyen con sus labios.  Ellos causan que las ruedas del carro del evangelio sean pesadas de conducir.  Ellos entregan a los hijos de este mundo con una excusa infinita para permanecen como están.  “No puedo ver el sentido de tanta religión”, dijo un comerciante ateo no hace mucho tiempo; “veo que algunos de mis clientes están siempre hablando del evangelio y la fe y la elección y las bendición de promesas y mucho más, y aún así ellos no piensan más que en hacerme trampas con centavos cuando ellos tienen la oportunidad.  Ahora, si un hombre religioso puede hacer esas cosas, no veo qué de bueno hay en la religión”.  Me lamento de estar obligado a escribir estas cosas, pero me temo que el nombre de Cristo es demasiado a menudo tomado en vano debido a las vidas de los cristianos. Prestemos atención pues no vaya a ser que la sangre de algunas almas sea imputada a nuestras manos. ¡Del asesinato de almas por inconsistencia y caminar suelto, buen Señor, líbranos! ¡Oh, por el bien de otros, si no hubiera otra razón,  esforcémonos en ser santos!</p>
<p style="text-align: justify;">g.   Debemos ser santos porque nuestra comodidad de hoy depende mucho de ello.  Estamos lamentablemente inclinados a olvidar que hay una conexión cercana entre el pecado y el pesar, la santidad y la felicidad, la santificación  y consolación.  Dios ha ordenado sabiamente que nuestro bienestar y nuestro buen hacer estén ligados.   En forma misericordiosa Él ha previsto que aún en este mundo sea del interés del hombre ser santo.   Nuestra justificación no es por obras, nuestro llamado y elección no son concordantes con ellas, sin embargo es vano para cualquiera suponer que tendrá una vívida sensación de su justificación, o la certeza de su llamado, si  rechaza las buenas obras y no se enfoca a vivir una vida santa.  Así sabemos que Lo conocemos, si guardamos Sus mandamientos”.  “Así sabemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones” (1 Jn 2:3, 3:19).  Un creyente puede esperar sentir los rayos de sol en los días negros y nublados,  así como sentir la fuerte consolación en Cristo  mientras no lo siga a Él enteramente.  Cuando los discípulos abandonaran al Señor y corrieron, escaparon del peligro, y aún así ellos fueron puestos en prisión y golpeados, sin embargo se nos dice “ellos estaban gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa de Su nombre” (Hec 5:41).  Oh, por nuestro propio bien, si no hubiese otra razón, esforcémonos en ser santos.  Aquel que sigue a Jesús con mayor anhelo lo seguirá siempre más cómodamente.</p>
<p style="text-align: justify;">h.  Finalmente, debemos ser santos porque sin santidad en la tierra nunca estaremos preparados para disfrutar el cielo.  El cielo es un lugar santo.  El Señor del cielo es un Ser santo.  Los ángeles son criaturas santas.  La santidad está escrita en todo el cielo.  El libro del Apocalipsis o Revelaciones dice expresamente:  “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira” (Apo. 21:27)</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo podremos estar como en casa y felices en el cielo si morimos no santificados?  La muerte no hace cambios.  La tumba no causa alteración.  Cada quien se levantará nuevamente con el mismo carácter que tuvo en el último suspiro.  Cuál será nuestro lugar si ahora somos extraños a la santidad?</p>
<p style="text-align: justify;">Suponga por un momento que a usted se le permitiera entrar al cielo sin santidad.  ¿Qué haría?  ¿Cuál sería el  disfrute que usted podría sentir allí?  ¿A cuál de todos los santos usted se uniría y al lado de quién se sentaría?  Sus placeres no son sus placeres, sus gustos no sus gustos, sus caracteres no son su carácter.  ¿Cómo podría usted ser feliz si no ha sido santo en la tierra?</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez ahora usted ama la compañía de los livianos y los descuidados, los mundanos y los codiciosos, el revoltoso y buscador de placeres, el sin dios y el profano.   No habrá ninguno de ellos en el cielo.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez ahora usted piense que los santos de Dios son muy estrictos y detallistas y serios.  Prefiere evitarlos.  Usted no tiene complacencia en su compañía.   En el cielo no habrá otro tipo de compañía.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez ahora usted piense que orar, leer las Escrituras, cantar himnos sea aburrido y melancólico y estúpido, algo para tolerar de vez en cuando, pero no para disfrutarlo.   A usted le parece que guardar el sábado es una carga y un cansancio;  usted posiblemente no podría pasar nada más que un pequeño momento adorando a Dios, pero recuerde, que el cielo es un sábado que nunca se termina.  Allí sus habitantes no descansan ni de día ni de noche, diciendo “Santo, santo, santo Señor Dios Todopoderoso”, y cantan alabanzas al Cordero.  ¿Cómo podría un hombre no santificado encontrar placer en ocupaciones como estas?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Piensa usted que esa persona tendría gozo en encontrar a David, a Pablo y a Juan, después de llevar una vida haciendo cosas contra las cuales ellos hablaron?  ¿Tomaría el dulce consejo y encontraría que él y ellos han tenido mucho en común?  ¿Piensa usted, por sobre todo, que él se regocijaría al encontrar a Jesús, el Crucificado, cara a cara luego de practicar los pecados por los cuales El murió, después de amar a Sus enemigos y despreciar a Sus amigos?  ¿Podría pararse frente a Él con confianza y unirse al grito “Este es nuestro Dios… el que hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en Su salvación” (Isa. 25.9)?   ¿No piensa usted, más bien, que la lengua de un hombre no santo se pegará a su paladar por la vergüenza y su único deseo será escapar de allí?   El se sentirá extranjero en una tierra que no conoce, una oveja negra en medido del rebaño santo de Cristo.  La voz de los querubines y serafines, el canto de los ángeles y arcángeles, y toda la compañía celestial tendría un lenguaje que no podría entender.   El mismo aire será un aire que él no podría respirar.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé lo que los otros puedan pensar pero para mí parece claro que el cielo sería un lugar miserable para un hombre no santo.  No puede ser de otra forma.  Las personas pueden decir vagamente que “esperan ir al cielo” pero no consideran lo que ello significa.  Debe existir una cierta “preparación para la herencia de los santos en la luz”.  Nuestros corazones deben, de alguna forma, estar en sintonía.  Para alcanzar la festividad de la gloria se debe pasar por el entrenamiento escolar de la gracia.  Debemos tener mentes celestiales y gustos celestiales ahora en nuestras vidas,  de otra forma nunca nos encontraremos a nosotros mismos en los cielos en la vida por venir.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ahora, antes de que vaya más lejos, déjenme decir unas pocas palabras sobre la forma de <strong>practicar</strong>.</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>La pregunta más pertinente de formular es esta:  ¿Soy santo?  Le ruego escuche esta pregunta.  ¿Sabe algo de la santidad sobre la cual he estado hablando?</li>
</ol>
<p style="text-align: justify;">No le estoy preguntando si usted va al templo regularmente, o si ha sido bautizado y ha participado en la Cena del señor, o si usted es llamado cristiano.  Le pregunto algo más que todo eso:  ¿es o no usted santo?</p>
<p style="text-align: justify;">No le pregunto si usted ve la santidad en otros, si a usted le gusta leer sobre la vida de personas santas y habla de cosas santas y si tiene sobre su mesa libros santos, si usted pretende ser santo y espera ser santo algún día.  Voy más allá:  ¿es o no usted santo hoy mismo?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y por qué le pregunto tan directa y enfáticamente esto?  Lo hago porque las Escrituras dicen:  “Sin santidad ningún hombre verá a Dios”.  Está escrito, no es una fantasía, es bíblico, no es mi opinión personal, es la palabra de Dios y no del hombre:  Sin santidad ningún hombre verá a Dios” (Heb. 12:14).</p>
<p style="text-align: justify;">¡Alas, que penetrante y escrutadoras palabras son estas!  ¡Qué pensamientos vienen a mi mente mientras las escribo!  Miro el mundo y veo en él la mayor parte de él mintiendo en perversión.  Observo a los cristianos profesantes y veo a la vasta mayoría no teniendo de cristianos nada más que el nombre.  Me vuelvo a la Biblia y escucho al Espíritu decir:  “Sin santidad ningún hombre verá a Dios”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por cierto es un texto que debe hacernos considerar nuestras formas y sondear nuestros corazones.  Por cierto, este debiera generar pensamientos solemnes y disponernos a orar.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría tratar de evadirme diciendo que siente mucho y piensa mucho sobre estas cosas:  más allá de lo que muchos pueden suponer.  Yo le respondo:  “Este no es el punto.  Las pobres almas perdidas en el infierno hacen lo mismo.  La gran pregunta no es lo que usted piensa, o lo que siente, sino lo que hace”.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría decir que nunca se pretendió que todos los cristianos debían ser santos y que la santidad, como yo la he descrito, es sólo para grandes santos y personas con dones privilegiados.  Mi respuesta:  “Eso no lo veo en las Escrituras.  Lo que leo es que cada hombre que tiene esperanza en Cristo se purifica a sí mismo (1 Jn 3:3).   “Sin santidad ningún hombre verá a Dios”.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría decir:   es incompatible ser santo y cumplir simultáneamente con nuestros deberes securales, eso no se puede hacer.  Le contesto:  “Está confundido”.  Puede hacerse, con Cristo a su lado nada es imposible.  Muchos lo han hecho.  David y Abdías, y Daniel y los sirvientes de la casa de Nerón son todos ejemplos que lo prueban.</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría decir: Si fuera tan santo sería distinto de los otros.  Yo le consteto:  “Lo sé bien.  Es sólo cómo debe ser.   ¡Los sirvientes verdaderos de Cristo siempre fueron distintos del mundo que los rodeaba –una nación separada, personas peculiares, y usted debe serlo también, si fuera salvo!”</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría decir que a este costo muy pocos serán salvados.  Yo le contesto:  “Lo sé.  Eso es precisamente lo que nos fue dicho en el sermón del monte”.  El Señor Jesús dijo  ….: “Estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la vida y unos pocos serán los que la hallen” (Mat. 7:14).  Unos pocos serán salvados porque unos pocos se tomarán la molestia de buscar la salvación.  Los hombres no se negaran a sí mismos los placeres del pecado y su forma de ser por un rato.  Ellos volverán sus espaldas a “herencia incorruptible, pura, que no se desvanece”. y “No queréis venir a mí”, dice Jesús, “para que tengáis vida”. (Jn 5:40).</p>
<p style="text-align: justify;">Usted podría decir que son palabras duras:  el camino es muy angosto.  Yo contesto:  “Yo lo sé.  Así lo dice el sermón del monte.   El Señor Jesús lo dijo así hace mucho tiempo atrás.   Él dijo siempre que los hombres debían tomar su cruz diariamente y que ellos debían estar preparados para cortarse su mano o su pie, si ellos eran sus discípulos.  Es en la religión y en otras cosas, no hay ganancia sin dolor.  Lo que nada cuesta, nada vale.</p>
<p style="text-align: justify;">No importa lo que pensemos pueda ser adecuado decir, debemos ser santos si queremos ver a Dios.  ¿Dónde está nuestra cristiandad si no lo somos?   No sólo debemos tener el nombre de cristianos y el conocimiento cristiano, debemos tener también el carácter de un cristiano. Debemos ser santos en la tierra si pretendemos ser cristianos en el cielo.  Dios lo ha dicho y no se retractará: “Sin santidad ningún hombre verá al Señor”. “El calendario papal”, dice Jenkyn “sólo hace santos de los muertos, pero las Escrituras requiere de la santificación mientras haya vida”.  “No dejemos que los hombres se engañen a sí mismos”, dice Owen <span style="color: #3366ff;">4</span>, “la santificación es un atributo indispensablemente necesario para aquellos que estarán bajo la conducción de nuestro Señor Jesús en salvación.  Él no conducirá a ninguno al cielo salvo aquellos que Él santifique en la tierra.  Esta Cabeza viviente no admitirá miembros muertos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por seguro que no necesitamos indagar en lo que las Escrituras dicen:  “Usted debe nacer de nuevo” (Jn 3:7). Por seguro es claro como la luz del día que muchos cristianos profesantes necesitan un cambio completo, nuevos corazones, nuevas naturalezas si han de ser salvos alguna vez.   Las cosas viejas deben morir, deben convertirse en nuevas criaturas.  “Sin santidad ningún hombre”, sea quien sea, “ningún hombre verá al Señor”.</p>
<p style="text-align: justify;">2.  Déjenme hablar un poco a los creyentes.  Les hago esta pregunta:  ¿Piensa que siente la importancia de la santidad como debe?</p>
<p style="text-align: justify;">Admito mi temor ante el carácter de este tema en los tiempos actuales.  Dudo mucho si tiene el  lugar que merece en los pensamientos y atención de algunos miembros del pueblo de Dios.  Humildemente diría que nuestra tendencia es a pasar por alto la doctrina del crecimiento en la gracia y no consideramos suficientemente cuán lejos una persona puede llegar en su profesión religiosa y aún así no tener la gracia y estar muerto delante de Dios.   Creo que Judas Iscariote era similar a los otros apóstoles.  Cuando el Señor los advirtió que uno de ellos lo traicionaría, ninguno dijo “¿Es Judas?”  Debemos meditar acerca de los ejemplos de las Iglesias de Sardis y Laodicea, más  de lo que lo hacemos.</p>
<p style="text-align: justify;">No deseo hacer de la santidad un ídolo.  No deseo destronar a Cristo y poner la santidad en Su lugar.  No obstante, francamente, puedo decir que desearía que la santificación estuviera en nuestros pensamientos más frecuentemente de lo que parece estar en estos días, y  de ese modo tomar la ocasión de machacar el tema en todos los creyentes en cuyas manos estas páginas puedan caer.  Algunas veces, me temo que se nos olvida que Dios ha casado la justificación con la santificación.  Ambas son conceptos claros pero diferentes, más allá de cualquier duda. Lo que Dios ha juntado no pretenda el hombre separarlo.  No me hable de su justificación a menos que tenga también algunas marcas de la santificación.  No presuma de la obra de Cristo en usted al menos que pueda mostrarnos el trabajo del Espíritu en usted.  No piense que Cristo y el Espíritu puedan estar alguna vez divididos. No tengo dudas de que muchos creyentes saben de estas cosas, pero pienso que sería bueno para nosotros recordarlas.  Probémonos que sabemos de ellas por la vida que llevamos.  Tratemos de mantener a la vista este texto más continuamente: “busque la santidad, sin la cual ningún hombre verá a Dios”.</p>
<p style="text-align: justify;">Debo decir francamente que el acercamiento demasiado sensitivo que muchas personas hacen sobre el tema de la santidad es un error peligroso.  Algunos pensaran que es más peligroso aproximarse al tema y no hacerlo es peor.  Aún más si exaltamos a Cristo como “el camino, la verdad y la vida” ¿cómo podemos rehusarnos a hablar con fuerza acerca de aquellos que se llaman a sí mismos seguidores de Cristo?</p>
<p style="text-align: justify;">Lo diría con toda reverencia, pero lo diría:   Temo, a veces, que si Cristo estuviera en la tierra ahora, habrían no pocos que pensarían que Su prédica es legal y si, como Pablo escribieran sus Epístolas, habría algunos que pensarían que sería mejor que él no escribiera las últimas partes de éstas como las escribió.  Recordemos que el Señor Jesús habló en el sermón del monte y que la Epístola a los Efesios contiene seis capítulos y no cuatro.  Lamento sentir la obligación de hablar de esta manera, pero estoy seguro que hay una razón.</p>
<p style="text-align: justify;">John Owen, el decano de la Iglesia de Cristo, solía decir, más de doscientos años atrás, que había personas cuya única religión parecía consistir en quejarse de sus propias corrupciones y decir a los otros que no podían hacer nada sobre eso.  Me temo que, tras dos siglos, se dice con verdad la misma cosa de algunos cristianos profesantes.  Sé que hay textos de la Escritura que avalan tales quejas.  No las objeto cuando provienen de hombres que caminan en los pasos del apóstol Pablo y dan la buena batalla, como él hizo, contra el pecado, el demonio y el mundo.  Pero no me gustan dichas quejas cuando veo bases para sospechar, como frecuentemente lo hago, que ellas  sólo son una tapadera para encubrir la flojera espiritual y una excusa para la pereza espiritual.  Si decimos con Pablo “¡Miserable de mí!”, seamos capaces de decir conjuntamente con él: “prosigo a la meta”.   No lo citemos como ejemplo en una cosa mientras en otra no lo seguimos (Rom. 724, Fil 3:14).</p>
<p style="text-align: justify;">No digo que yo sea mejor que otras personas, y si alguno pregunta “¿Quién eres tú para escribir de esta forma?  Yo contesto: “Soy una pobre criatura en verdad”.   No obstante digo que no puedo leer la Biblia sin desear ver a muchos creyentes en un estado más espiritual, más santo, más enfocados, con sus mentes más puestas en el cielo, con un más corazón entero de lo que son hoy en el Siglo XIX.  Quiero ver entre los creyentes más del espíritu peregrino, una separación más marcada del mundo, una conversación más celestial, un caminar más cercano a Dios.  Esas son las razones por las cuales he escrito como lo he hecho.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Es o no verdad que hoy en día necesitamos un estándar más alto de santidad personal?  ¿Dónde está nuestra paciencia?  ¿Dónde está nuestro celo?  ¿Dónde está nuestro amor?  ¿Dónde están nuestras obras?  ¿Dónde está el poder de la religión que debe verse como fue en los tiempos que se han ido?  ¿Dónde está el tono inconfundible que fue usado para distinguir a los santos del pasado y sacudir el mundo?  Verdaderamente nuestra plata se ha vuelto escoria, nuestro vino se ha mezclado con agua y nuestra sal tiene muy poco sabor. Estamos más que dormidos.  La noche ya se ha ido y el día está a nuestro alcance.  Despertemos y no durmamos más.  Abramos nuestros ojos más ampliamente de lo que lo hemos hecho hasta ahora. “Despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos asedia” .  “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionemos la santidad en el temor de Dios” (Heb. 12:1-2, 2 Cor. 7:1). “Murió Cristo” dice Owen, “¿y vivirá el pecado? ¿Fue crucificado en el mundo y nuestros afectos al mundo son rápidos y vívidos? ¿Oh, dónde está el espíritu de aquel que por la cruz de Cristo fue crucificado en el mundo y el mundo por él?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3. Un consejo</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿</strong>Le gustaría ser santo?  ¿Transformarse en una nueva criatura?  Entonces usted debe comenzar con Cristo.  Usted no hará nada en absoluto y no progresará hasta que sienta su pecado y debilidad y se refugie en Él.  Él es la raíz y el comienzo de toda santidad, y el camino a ser santo es venir a Él con fe y ser uno con Él.  Cristo no es sólo sabiduría y corrección para Su pueblo sino también santificación.  Los hombres, algunas veces, tratan de hacerse a sí mismos primero santos y  para los que así lo hacen es triste.  Trabajan duro y dan vueltas muchas hojas y hacen muchos cambios, y aún así, como la mujer con el flujo de sangre, antes de ir a Cristo, sienten que “nada mejora, al contrario,  se vuelve peor” (Mar 5:26).   Ellos corren en vano y trabajan en vano.  Y no hay que admirarse por esto puesto que ellos empezaron en el camino equivocado.   Ellos están construyendo una muralla de arena, y su trabajo se viene abajo tan rápido como lo levantan.  Ellos son agua embasada en un barco agujereado, la filtración les gana y no ellos a la filtración.  Nuestra fundación de santidad no puede descansar en otra cosa que no sea en la que Pablo descansó, incluso Jesucristo.  Sin Cristo no podemos hacer nada (Jn 15:5).   Es un dicho fuerte pero verdadero el de Traill:  “La sabiduría sin Cristo es irrefutablemente una insensatez, la rectitud sin Cristo es culpa y condenación; la santificación sin Cristo es porquería y pecado; la redención sin Cristo es cautiverio y esclavitud”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Quiere alcanzar santidad?  ¿Siente usted que hoy un deseo real de corazón de ser santo?  ¿Querría ser un participante de la naturaleza divina?   Entonces busque a Cristo.  No espere por nada.  No espere por nadie. No se entretenga.  No espere a estar listo.  Vaya y dígaselo a Él en las palabras que el hermoso himno nos da:</p>
<p style="text-align: justify;">“No traigo nada en mis manos,</p>
<p style="text-align: justify;">Simplemente a tu cruz me aferro;</p>
<p style="text-align: justify;">Desnudo vuelo a Ti por vestido;</p>
<p style="text-align: justify;">Indefenso busco Tu gracia”.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay ni un ladrillo o piedra puesta en el trabajo de nuestra santificación hasta que vayamos a Cristo.  La santidad es Su regalo especial a los creyentes.  La santidad es el trabajo que El efectúa en sus corazones por el Espíritu que Él ha puesto en ellos.   Él es nombrado un “Príncipe y un Salvador… para arrepentimiento” así como remisión de pecados.  A tantos como lo reciban a Él, Él les dará el poder de ser hijos de Dios (Hec. 5:31, Jn 9:12m13).  La santidad no proviene de la sangre: los padres no pueden dársela a sus hijos; ni tampoco de la voluntad de la carne: el hombre no puede producirla en sí mismo; no es la voluntad del hombre: los ministros no pueden darla a través de bautismo.   La santidad viene de Cristo.  Es el resultado de la unión vital con El.  Es el fruto de ser una rama viviente de la Vid verdadera.  Vaya  a Cristo entonces y diga:  “Señor, no sólo sálvame  de la culpa del pecado, envíame el Espíritu, el que prometiste, y líbrame de su poder.  Hazme santo.  Enséñame a hacer Tu voluntad”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Desea continuar en santidad?  Entonces habite en Cristo (Jn 15:4,5).  Complace al Padre que en El  la llenura esté y habite, es abastecedor completo para todas las necesidades del creyente.  El es el médico a quien diariamente debe ir si quiere mantenerse bien.  El es el Maná que debe comer diariamente y la Roca de la cual usted debe beber diariamente.  Su brazo es el brazo donde usted debe apoyarse en la medida en que usted salga del desierto de este mundo.  No sólo debe enraizarse sino construirse sobre Él.  Pablo era verdaderamente un hombre de Dios, un hombre santo, un cristiano en crecimiento pujante, ¿y cuál era el secreto de todo eso? Él era uno en el cual Cristo era su todo en todo. Él estaba mirando a Jesús siempre.  “Todo lo puedo”, él dice, “en Cristo que me fortalece”.  “Vivo, más no yo, sino Cristo en mí, y la vida que ahora vivo, la vivo por fe en el Hijo de Dios”.  Vayamos y hagamos de la misma forma.  (Heb. 12:2, Fil. 4:13; Gal. 2:20).</p>
<p style="text-align: justify;">¡Quiera ser que los que lean estas páginas conozcan estas cosas por su experiencia y no por el dicho de otros solamente!  ¡Quiera que todos sentamos la importancia de la santidad más allá de lo que lo hemos hecho alguna vez!  ¡Quiera que nuestros años sean santos para nuestras almas para que sean años felices!  Ya sea que vivamos, vivamos en el Señor, sea que muramos, muramos en el Señor; o si El viene por nosotros, ¡quiera que estemos en paz, sin mancha ni culpa!</p>
<p style="text-align: justify;">&#8212;-</p>
<p style="text-align: justify;">Notas al pie:</p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; font: 10.0px Calibri} span.s1 {font: 6.7px Calibri; letter-spacing: 0.0px} span.s2 {letter-spacing: 0.0px} --><span style="color: #3366ff;"><sup>1</sup></span> El autor con esta oración desea reforzar el sentido de esfuerzo y servicio que debemos manifestar a Dios. Todo debe ser sublime y bueno, no en la medida de los hombres sino de El mismo.</p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; font: 10.0px Calibri} span.s1 {font: 6.7px Calibri; letter-spacing: 0.0px} span.s2 {letter-spacing: 0.0px} --><span style="color: #3366ff;"><sup>2</sup> </span><strong>John Bradford</strong> (1510–1555) canónigo de la iglesia de S<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Old_St_Paul%27s_Cathedral">t. Paul&#8217;s</a>. Fue un reformista inglés y mártir que murió en la hoguera.</p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 10.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px Calibri} span.s1 {font: 6.7px Calibri; letter-spacing: 0.0px} span.s2 {letter-spacing: 0.0px} --><span style="color: #3366ff;"><sup>3</sup></span> William Gurnall (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/1617">1617</a> – 1679) Autor inglés, nacido en King´s Lynn, Norfolk.  Es conocido por su libro Cristianos con su armadura completa (<em>Christian in Complete Armour) publicado en tres volúmenes, 1655, 1658 y 1662.  Consiste en sermones entregados por el autor en el ejercicio de su ministerio regular.  Es un trabajo que merece los méritos y reconocimientos aún hoy en día.</em></p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 8.0px Calibri} span.s1 {font: 8.0px 'Times New Roman'; letter-spacing: 0.0px} span.s2 {font: 12.0px 'Times New Roman'; letter-spacing: 0.0px} span.s3 {letter-spacing: 0.0px} --><span style="color: #3366ff;"><sup>4</sup> </span>John Owen (1616-1683).   Su intelecto inmenso se impuso a una edad temprana.   Un niño prodigio, a la edad de 12 fue inscrito en la Universidad de Oxford y a los 16 años le otorgaron  su Licenciatura en Filosofía y Letras y a los 19 años su Maestría.   Además de otras obras, él escribió su comentario monumental de volúmenes múltiples <strong><em>Epistle to the Hebrews, a Discourse on the Holy Spirit, Apostasy </em></strong>(1676), <strong><em>Justification by Faith </em></strong>(1677), <strong><em>The Person of Christ </em></strong>(1678), y <strong><em>The Grace and Duty of Being Spiritually-minded. </em></strong>Durante el año antes de su muerte escribió, <strong><em>Meditations and Discourses on the Glory of Christ</em></strong>. Murió a los 67 años. La teología bíblica era su primer amor y pasión.   Él no se consideraba un filósofo o erudito, sino primero y principalmente un expositor de la Palabra de Dios.   Aunque era un calvinista por convicción, sus pensamientos eran llenos del poder del Espíritu Santo.  Como la mayoría de los grandes pensadores cristianos, él se enfocaba en los temas mayores – la trinidad, justificación por fe, y la gloria de Cristo.   Él se consideraba primeramente un pastor de almas, no un erudito.</p>
<p><em><br />
</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<div class="plus-one-wrap"><g:plusone size="tall" href="http://descubriendoelevangelio.es/2011/04/santidad-3-santidad-j-c-ryle/"></g:plusone></div><div id="fb-root"></div><script src="http://connect.facebook.net/en_US/all.js#xfbml=1"></script><!-- Do not remove -->]]></content:encoded>
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		<title>Santidad: Introducción &#8211; J. C. Ryle</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Mar 2011 16:24:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<description><![CDATA[Traducido por: Erika Escobar Nota: Comenzamos a publicar este libro llamado &#8220;Santidad&#8221; de John Charles Ryle, el cual nos llamó la atención desde que oímos a Paul Washer lo recomendaba encarecidamente en uno de sus sermones, y eso nos movió a desear verlo traducido. Damos las gracias a Erika Escobar que ha aceptado encargarse de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Traducido por: Erika Escobar</strong></p>
<p><strong>Nota: </strong>Comenzamos a publicar este libro llamado &#8220;Santidad&#8221; de John Charles Ryle, el cual nos llamó la atención desde que oímos a Paul Washer lo recomendaba encarecidamente en uno de sus sermones, y eso nos movió a desear verlo traducido. Damos las gracias a Erika Escobar que ha aceptado encargarse de la traducción, iremos publicando capítulo a capítulo, esperando que sea de bendición y edificación para vosotros.</p>
<p>Además Erika nos hizo llegar esta recomendación que os transmitimos tal cual nos llegó: A raíz de la traducción del libro en que estoy trabajando, investigando encontré este interesante estudio sobre la Epístola de Pablo a los Romanos… creo –por decir lo menos- es iluminador… un llamado a retomar el bastión de la fe desde el punto en que estamos hoy y ahora! Es un estudio complementario a lo que será la traducción de la Introducción al libro Santidad. Enlace a <a title="El mensaje de Romanos - Ray C. Stedman" href="http://www.seminarioabierto.com/sinopsisnt07.htm" target="_blank">&#8220;El mensaje a los Romanos por Ray C. Stedman&#8221;</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;">Introducción</h2>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 10.0px 'Times New Roman'} span.s1 {letter-spacing: 0.0px} --></p>
<p style="text-align: justify;">En los veinte ensayos que componen este volumen está mi humilde contribución a una causa que está provocando mucho interés en estos días – Me refiero a la causa de la santidad bíblica. Es una causa que cualquiera que ama a Cristo, y desea anticipar Su reino en este mundo, debe enfrentar para adelantar.   Todos pueden hacer algo y deseo agregar mi cuota.</p>
<p style="text-align: justify;">El lector encontrará poco que sea directamente controversial en estos escritos.  Me he abstenido cuidadosamente de  usar citas de  maestros o libros modernos. He sido impelido a entregar el resultado de mi propio estudio de la Biblia, mis meditaciones personales, mis propias oraciones para obtener entendimiento y mis lecturas de  los viejos textos sagrados. Si en algo estuviese equivocado, espero saberlo antes de abandonar este mundo.  Todos vemos en parte y tenemos un tesoro en los veleros terrenales.  Confío, estoy deseoso de aprender.</p>
<p style="text-align: justify;">Por muchos años, he tenido una profunda convicción de que, en este país,  la santidad práctica y la total consagración a Dios no son suficientemente consideradas por los cristianos modernos.  La política, o la controversia, o los espíritus divididos, o la mundanería, han consumido en muchos de nosotros la piedad activa del corazón.  El tema de la santidad personal ha caído tristemente al patio trasero. En muchos barrios el estándar de vida se ha vuelto dolorosamente bajo. La inmensa importancia de “de acicalar la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10), para hacerla adorable y hermosa según  nuestros hábitos diarios y temperamentos ha ido demasiado lejos.  Las personas del mundo a veces se quejan con razón de que las personas “religiosas”, así llamadas, no son tan afables, ni generosas y de buena naturaleza comparados con otros que no profesan religión alguna.  Con todo y eso la santificación, en su lugar y proporción, es tan importante como la justificación. La reconocida doctrina protestante o evangélica es inútil si no está acompañada por una vida de santidad.  Es peor y por lo tanto inútil,  provoca daño.  Es tenida a menos por  hombres del mundo de mirada acuciosa y perspicaz, que la ven como irreal y hueca, y la cuestionan con desdén.  Es mi firme impresión que nosotros necesitamos una renovación amplia de la Santidad bíblica y estoy muy agradecido porque la atención va hacia esa dirección.</p>
<p style="text-align: justify;">Es, sin embargo, de gran importancia que todo el tema sea puesto en las fundaciones correctas, y que el movimiento alrededor de ella no sea dañado por declaraciones crudas, desproporcionadas y unilaterales.   Si tales declaraciones abundan,  no debemos sorprendernos.   Satanás conoce muy bien el poder la verdadera santidad, y el inmenso daño que una atención incrementada hacia ella puede causarle  a su reino.  Es su interés, por lo tanto, promover la contienda y controversia acerca de esta parte de la verdad de Dios.  A medida que el tiempo pasa, él ha tenido éxito en mistificar y confundir la mente de los hombres sobre la justificación, así es que él trabaja ahora para dar  a los hombres “consejos oscuros con palabras sin conocimiento” acerca de la santificación.  Ojalá Dios lo reprenda!  No puedo abandonar la esperanza que lo bueno brotará de lo maldad, que las discusiones despertarán la verdad, y que la variedad de opiniones nos llevará a buscar más en las Escrituras, a orar más y a llegar a ser más diligentes en tratar de encontrar lo que es “el entendimiento/intención del Espíritu”.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora lo siento como un deber, en despachar este volumen para ofrecer unas pocas señales introductorias a aquellos cuya atención está especialmente dirigida al tema de la santificación en nuestros tiempos.  Sé que haciéndolo, pareceré presuntuoso, y posiblemente ofensivo, pero hay que arriesgarse cuando se trata de los intereses de la verdad de Dios.   Pondré mis sugerencias en la forma de pregunta, y pediré a mis lectores las tomen como “Precauciones en los tiempos presentes en el tema de la santidad”.</p>
<p style="text-align: justify;">(1) Pregunto, en primer lugar, si es o no sabio hablar de fe como una necesidad y como la única condición requerida &#8211; como parece ser en los tiempos actuales- al manipular la doctrina de la santificación?  Es sabio proclamar en una forma tan vana, desnuda e incompetente &#8211; como algunos hacen-  que la santidad de las personas convertidas es sólo por la fe, y en absoluto un esfuerzo personal?  Está esto en armonía con la Palabra de Dios?  Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">La fe en Cristo es la raíz de toda santidad –  QUE el primer paso hacia una vida santificada es creer en Cristo – QUE hasta que creemos no tenemos ni una pizca de santidad – QUE la unión con Cristo por la fe es el secreto para ser santos y mantenernos en santidad – QUE la vida que vivimos en la carne debemos vivirla por la fe en el Hijo de Dios – QUE la fe purifica el corazón – QUE la fe es victoria que vence al mundo – QUE por la fe los ancianos obtuvieron su buen registro. Todas estas son verdades que ningún Cristiano bien instruido nunca pensaría en negar.  No obstante y con certeza las Escrituras nos enseñan que para buscar la santidad los verdaderos Cristianos necesitan esfuerzo personal y trabajo, así como también fe.    Es el mismo apóstol que dice en una parte “La vida que vivo en la carne la vivo por la fe en el Hijo de Dios”;  en otra dice, “Peleo, corro, domino mi cuerpo”, y en otros lugares “Limpiémonos nosotros mismos – trabajemos, pongamos aparte cualquier peso”.  (Gálatas 2:20, 1ª Cor. 9:26, 2ª Cor. 7:1, Heb. 4:11, Heb. 12:1).   A mayor abundamiento, en ninguna parte de las Escrituras se nos enseña que la fe nos santifica en el mismo sentido y en la misma forma en que la fe nos justifica!   Fe justificada es gracia que “no trabaja”, pero simplemente confía, descansa y se apoya en Cristo (Rom. 4:5).  La fe santificadora es gracia de la cual la vida misma es acción:  “ella trabaja por amor”, y, como un resorte angular, mueve todo el interior del hombre (Gal 5:6).  Después de todo, la oración exacta “santificado por la fe” se encuentra referida solamente una vez en el Nuevo Testamento.  El Señor Jesús dijo a  Saulo: “Te envío para que ellos puedan recibir perdón de pecados y herencia entre aquellos que son santificados por la fe que es mí”.  Aún allí, estoy de acuerdo con Alford, que “por fe” pertenece a toda a toda la oración y no debe ser atada a la palabra “santificado”.  El verdadero sentido es “que por la fe que es en Mí ellos pueden recibir perdón de pecados y herencia entre aquellos que son santificados” (Compare Hech. 26:18 con Hech. 20:32)</p>
<p style="text-align: justify;">En lo que se refiere a la frase “Santidad de la fe”, no la encuentro en ninguna parte del Nuevo Testamento.  Sin controversias, en la materia de nuestra justificación ante Dios, la fe en Cristo es la única cosa necesaria.  Todos aquellos que simplemente creen están justificados.  La rectitud se atribuye “a aquel que no trabaja pero cree” (Rom. 4:5).  Tiene un sentido profundamente bíblico y correcto decir “la fe por si misma justifica”, pero no es igualmente bíblico y correcto decir “que la fe por si misma santifica”.  Estos decires requieren de mucha calificación.  Dejemos que sólo un hecho sea suficiente: frecuentemente Pablo  nos dice que un hombre es “justificado por la fe sin la intervención de la ley”, pero ninguna vez se nos dice que somos “santificados por la fe sin la intervención de la ley”.  Por el contrario, somos expresamente advertidos por Juan que la fe por medio de la cual estamos visiblemente y demostrativamente justificados ante el hombre, es una fe que “sin obras es muerta” * (Jn 2;17).  En respuesta, puede decírseme, que nadie quiere decir que desprecia el trabajo como una parte esencial de una vida santificada.  Sería bueno, sin embargo, hacer esto más sencillo como  muchos parecen hacerlo en estos días.</p>
<p style="text-align: justify;">* Hay una doble justificación en Dios:  Una es de autoridad, la otra de declaración o demostración.  “…La primera corresponde al alcance de Pablo, cuando él habla de justificación por la fe sin la intervención de la ley.  La segunda, al alcance de Juan, cuando él habla de justificación por obras”.  T. Goodwin en Gospel Holiness – “Santidad de los Evangelios”, Vol. VII, Pág. 181.</p>
<p style="text-align: justify;">(2)  Pregunto, en segundo lugar, si es sabio hacer tan poco -como algunos parecen hacer en su vida diaria- comparativamente con las muchas exhortaciones prácticas hacia la santidad que encontramos en el Sermón del Monte, y las partes finales de la mayoría de las epístolas de Pablo?   Está en concordancia con la Palabra de Dios? Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">QUE una vida de diaria consagración y comunión con Dios debería ser el foco de todos y cada uno de los que declaran ser creyentes –QUE nosotros deberíamos atenernos al hábito de ir a la presencia de Jesús con todo lo que sean nuestras cargas, sean éstas grandes o pequeñas, y entregárselas a Él – Todo eso, repito, ningún hijo de Dios bien instruido soñará siquiera con contra-argüirlo.  Es seguro que el Nuevo Testamento nos enseña que necesitamos algo más que generalidades acerca de la vida en santidad, generalidades que  a menudo no conmueven la consciencia y no ofrecen agravio.  Los detalles e ingredientes particulares de los cuales la santidad está manifestada en la vida diaria, deben ser completamente determinados y entregados con fuerza a los creyentes por quienes dicen manejar el tema.  La verdadera santidad no consiste meramente en creer y sentir, sino en hacer y soportar, y en una evidencia práctica de la gracia activa y pasiva. nuestras lenguas, nuestros temperamentos, nuestras pasiones e inclinaciones naturales – Nuestra conducta como padres e hijos, maestros y siervos, esposos y esposas, legisladores y legislados – Nuestro vestido, nuestro tiempo laboral, nuestro comportamiento en los negocios, nuestro comportamiento en enfermedad y salud, en la riqueza y en la pobreza – Todo,  Todas estas materias que son ampliamente tratadas por escritores inspirados, no están relacionadas con aseveraciones generales de cómo nosotros debemos creer y sentir, y cómo vamos a plantar las raíces de la santidad en nuestros corazones.  Ellas van a lo más profundo, ellas van a lo particular.   Especifican en detalle  lo que un hombre santo debe hacer y ser dentro de su propia familia, cerca de su propio fuego, si él permanece en Cristo.  Dudo si esta clase de enseñanza es suficientemente considerada en el movimiento actual.  Cuando las personas hablan de haber recibido “una bendición tan especial”, y haber encontrado “una vida superior”, luego de escuchar a algún fervoroso defensor de la “santidad por fe y consagración”, y sus familia y amigos no ven ningún progreso y ni mayor santidad en sus temperamentos y comportamientos diarios… inmenso daño se hace a la causa de Cristo.  La verdadera santidad, seguramente debemos recordar, no es sólo las sensaciones internas y las impresiones.  Es mucho más que lágrimas, suspiros, o excitación física, un pulso acelerado, y un sentimiento apasionado de apego a nuestro predicador favorito y a nuestro propio grupo religioso, o una inmediata disposición a discutir con cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros.   Es algo de “la imagen de Cristo” que puede ser visto y observado por los otros en nuestra vida privada, en nuestros hábitos, en nuestro carácter y nuestras acciones. (Rom. 8:29)</p>
<p style="text-align: justify;">(3)  Pregunto en tercer lugar, si es sabio usar lenguaje vago acerca de la perfección y presionar a los Cristianos hacia un estándar de santidad alcanzable en este mundo y del cual no existe garantía sustentable en las Escrituras o en la experiencia?  Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Que los creyentes son exhortados a la “santidad perfecta en el temor de Dios” –“continuar en el perfeccionamiento” – “ser perfectos”,  ningún lector de su Biblia pensará nunca en negarlo. ( 2ª Cor 7:1, Heb 6:1-2, 2ª Cor 13:11).    Excepto que debo aprender que no existe ni un pasaje en las Escrituras  que enseñe que esa literal perfección, una completa y entera libertad de pecado, en pensamiento, palabra o acción, es alcanzable o ha sido alguna vez alcanzada por cualquier hijo de Adán en este mundo.  Una perfección comparativa, una perfección en conocimiento, una consistencia a toda prueba en cada reacción de vida, un pensamiento sólido en cada punto de l doctrina,  puede verse ocasionalmente en algunos de los creyentes en Dios.  Pero,  como un absoluto de perfección literal,  ni los más eminentes santos de Dios, en cada época, han pretendido reclamarla.  Muy por el contrario, ellos siempre han tenido el más profundo sentido de su insignificancia e imperfección.  Mientras más luz espiritual ellos han alcanzado más parecen haber sido conscientes de sus incontables defectos y deficiencias.  Mientras más gracia han hallado más se visten con las ropas de la humildad (1ª Ped. 5:5)</p>
<p style="text-align: justify;">Qué santo puede encontrarse en la Palabra de Dios, de cuya vida tenemos muchos detalles registrados, que fuera literal y absolutamente perfecto?  Cuál de todos ellos, cuando escriben sobre ellos mismos, hablan alguna vez de sentirse libres de la imperfección?  Todo lo contario, hombres como David, Pablo, Juan declaran en el más fuerte de los lenguajes que ellos sienten la debilidad de sus propios corazones y el pecado.  Los hombres más santos de los tiempos modernos han sido notables por su profunda humildad.  Han visto alguna vez hombres más santos que los mártires John Bradford, o Hooker, o Usher, o Baxter, o Rutherford, o M´Cheyne?  Uno no puede leer los escritos y cartas de estos hombres sin observar que ellos se perciben  a sí mismos “deudores de la misericordia y gracia” y la última cosa que hubieran pretendido sería reclamar la perfección!</p>
<p style="text-align: justify;">Haciendo frente a hechos como estos, debo protestar contra el lenguaje utilizado en muchos círculos, en estos últimos días, acerca de la perfección.  Debo pensar que esos que la usan o conocen muy poco sobre la naturaleza del pecado, o de los atributos de Dios, o de sus propios corazones, o de la Biblia, o del significado de las palabras.  Cuando un cristiano profesa su fe, serenamente me indica que él ha ido más allá de himnos como “Tal como soy”, y que éstos están por debajo su experiencia actual, aunque alguna vez se ajustaron cuando abrazaron la religión, debo pensar que su alma está en un estado poco saludable!  Cuando un hombre puede hablar serenamente de la posibilidad de “vivir sin pecado”, mientras está en su cuerpo, y puede realmente decir que  “en tres meses nunca ha tenido un pensamiento malicioso”, sólo puedo decir que en mi opinión es un cristiano muy ignorante!  Protesto contra la enseñanza de este tipo.  No es sólo que no haga bien sino que hace mucho daño.   Esto disgusta y aliena a las personas del mundo que observan desde lejos, quienes saben que es incorrecto y falso.  Me entristecen algunos de nuestros mejores hijos de Dios, que sienten que ellos nunca pueden alcanzar una “perfección” de este tipo.  Hace que los hermanos débiles se pavonen fantaseando ser algo cuando son nada.  En breve, es una ilusión peligrosa.</p>
<p style="text-align: justify;">(4)  En cuarto lugar, es sabio afirmar tan enfática y violentamente, como muchos hacen, que el séptimo capítulo de la Epístola a los Romanos no describe la experiencia de un santo avanzado, sino  la experiencia de un hombre no renovado espiritualmente, o de un creyente débil e inestable?  Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Admito de lleno que el punto ha sido discutido por dieciocho siglos, de hecho desde los días de Pablo.  Admito de lleno que cristianos renombrados como John y Charles Wesley, y Fletcher, cientos de años atrás; ni qué decir de algunos escritores de nuestro tiempo, que sostienen firmemente que Pablo no estaba describiendo su propia experiencia del momento cuando él escribió este capítulo siete.  Admito de lleno que muchos no pueden ver lo que yo y algunos otros vemos:  Bis,  que Pablo no dice nada en este capítulo que no cuadre con la experiencia evidenciada de los más prominentes santos de cada época, y que él dice varias cosas que un hombre no renovado espiritualmente o un creyente débil pensaría alguna vez en decir y que no puede decir.  Así me parece a mí,  pero no entraré en un detallado análisis de este capítulo (*)</p>
<p style="text-align: justify;">*Los que deseen entrar en el tema, lo encontrarán comentado en detalle en Comentarios de Villet, Elton, Chalmers y Haldane, y en Owen en “Pecado implantado”, y en el trabajo de Stafford sobre el Séptimo de Romanos.</p>
<p style="text-align: justify;">En lo que pongo énfasis es el amplio hecho de que los mejores comentaristas en cada época de la Iglesia  han, casi invariablemente, atribuido el capítulo séptimo de Romanos a creyentes avanzados.   Los comentaristas que no concuerdan con este punto de vista han sido, con pocas brillantes excepciones, Romanistas(1), los Socinianos(2) y los Arminianos(3).  Contra ellos forman fila el enjuiciamiento de casi todos los Reformistas, casi todos los Puritanos, y las mejores divinidades evangélicas modernas.  Puede que se me diga, por supuesto, que ningún hombre es infalible, que los Reformistas, Puritanos y las divinidades evangélicas a las que me refiero pueden haber estado completamente equivocadas, y que los Romanistas, Socinianos y Arminianos pueden haber estado en lo correcto!   Nuestro Señor nos ha enseñado, sin duda, a “A no llamar a hombre alguno maestro”.  En tanto que solicito a  hombre alguno llamar a los Reformistas y Puritanos “maestros”, también pido a las personas leer lo que ellos dicen sobre el tema y contestar sus argumentos, si pueden.   Eso no ha sido hecho aún!   Decir, como algunos hacen, que ellos no quieren dogmas y doctrinas humanas no es respuesta alguna.  El punto en cuestión es “ Cuál es el significado de un pasaje en la Escritura?  Cómo debemos interpretar el Séptimo Capítulo de la Epístola a los Romanos?  Cuál es el verdadero sentido de sus palabras?  A cualquier precio, debemos recordar que es un gran hecho sobre el cual no podemos pasar.  En un lado están las opiniones y las interpretaciones de los Reformistas y los Puritanos y en el otro las opiniones e interpretaciones de los Romanistas, Socinianos y Arminianos.  Esto debe ser claramente entendido.</p>
<p style="text-align: justify;">A la vista de este hecho, debo manifestar mi protesta contra el lenguaje socarrón, burlón y recalcitrante que ha sido última y frecuentemente utilizado por parte de algunos de los defensores, de lo que debo llamar la visión de los Arminianos del Capítulo Séptimo de Romanos, al referirse a las opiniones de sus oponentes.  Por decir lo menos, tal lenguaje es  impropio y denosta su propio fin,  Una causa que es defendida con tal lenguaje merece suspicacia.  La verdad no necesita armas.  Si no podemos estar de acuerdo con los hombres, no necesitamos hablar de sus puntos de vista con descortesía y desprecio.  Una opinión que se basa y soporta en tales hombres como los mejores Reformistas y Puritanos puede no convencer a todas las mentes del siglo diecinueve, pero debería siempre ser manifestada con respeto.</p>
<p style="text-align: justify;">(5)  En quinto lugar, es sabio usar un lenguaje que es comúnmente utilizado en nuestro días para denominar la doctrina de “Cristo en nosotros”?  Lo dudo.   No es esta doctrina a menudo exaltada a una posición que no ocupa en las Escrituras?  Me temo que así es.</p>
<p style="text-align: justify;">QUE el verdadero creyente es uno con Cristo y Cristo es en él,  ningún lector cuidadoso del Nuevo Testamento lo negaría nunca.  Hay, sin duda, una unión mística entre Cristo y el creyente.  Con El morimos, con El fuimos sepultados, con El nos levantamos nuevamente, con El nos sentamos en lugares celestiales.  Tenemos cinco simples textos donde se nos enseña inequívocamente que Cristo es “en nosotros” (Rom. 8:10, Gal 2:20, 4:19, Efe 3:17, Col 3:11).  Pero debemos ser cuidadosos con lo que entendemos es la expresión.  “ Por la fe  Cristo mora en nuestros corazones” y lleva adelante su trabajo en nosotros por medio del Espíritu Santo, es claro y simple.  No obstante, si pretendemos decir que al lado, sobre y por sobre esto hay un misterioso trabajo interno de Cristo en los creyentes, debemos ser cuidadosos acerca de esto.  Si no ponemos ese cuidado, nos enfrentaremos a nuestra propia ignorancia sobre el trabajo del Espíritu Santo.  Estaremos olvidando que la economía divina de la elección de la salvación de un hombre es un trabajo de Dios Padre, que la redención, mediación e intercesión, el trabajo especial Dios Hijo,  y la santificación es el trabajo especial de Dios Espíritu Santo.  Nos estaremos olvidando de lo que nuestro Señor dijo cuando se fue, que El enviaría otro Consolador  que tomaría Su Lugar, quien “habitaría con nosotros” por siempre, y, así fue  (Jn 14:16).  En breve, bajo la idea que estamos honrando a Cristo, encontraremos que estamos deshonrando Su especial y peculiar regalo: el Espíritu Santo.  Cristo, sin lugar a dudas, como Dios, está en todas partes –en nuestros corazones, en el cielo, en el lugar donde hay dos o tres reunidos en Su nombre, Pero verdaderamente debemos recordar que Cristo, nuestra Cabeza y Supremo Pastor, está sentado a la diestra de Dios intercediendo por nosotros hasta que El venga por segunda vez: y que Cristo realiza Su trabajo en los corazones de Su gente por el trabajo especial de Su Espíritu, el que El prometió enviar cuando El partió de este mundo (Jn. 15:26).  Una comparación de los versículos nueve y diez del capítulo octavo de Romanos, en mi opinión, muestra esto en pleno.  Esto me convence que “Cristo en nosotros” significa Cristo es en nosotros por Su Espíritu.  Y más que todo, las palabras de Juan son más claras y precisas:  “Así sabemos que El habita en nosotros por el Espíritu que El nos ha dado” (1ª Jn 3:34).</p>
<p style="text-align: justify;">Al decir todo esto, espero que nadie me malentienda.   Yo no digo que la expresión “Cristo en nosotros” no esté en las Escrituras, pero al decirlo de este modo veo gran daño al dar una importancia no bíblica y extravagante a la idea contenida en la expresión, y temo que muchos actualmente sin saber exactamente lo que ella significa, e inadvertidamente, quizá, deshonren el poderoso trabajo del Espíritu Santo.   Si algún lector piensa que estoy siendo innecesariamente escrupuloso acerca de esto, les recomiendo notar un curioso libro de Samuel Rutherford (autor de cartas bien conocidas), llamado “El Anticristo espiritual.   Podrán ver que dos siglos atrás se originaron las más descabelladas herejías derivadas de esta misma doctrina del “involucramiento de Cristo en los creyentes”.  Encontrarán que Saltmarsh, y Dell, y Towne, y otros falsos maestros, contra los cuales contendió  Samuel Rutherford, comenzaron con extrañas nociones de “Cristo en nosotros”, y construyeron una doctrina antinomanista(4), y un fanatismo de la peor descripción y la más vil tendencia.  Ellos mantenían que la vida separada, personal del creyente lo había abandonado, y que era Cristo,  que vivía en él, el que se arrepentía, creía y actuaba!  La raíz de este garrafal error es una forzada y no bíblica interpretación de un texto como el que indica:  “Yo vivo:  aunque no yo, pero Cristo vive en mi” (Gal. 2:30).  El resultado natural de esto fue que muchos de los seguidores infelices de esta escuela se volvieron a la cómoda conclusión de que los creyentes no eran responsables, sin importar lo que hicieran!  Los creyentes, increíble, estaban muertos y sepultados, y sólo Cristo vivía en ellos, y se hacía cargo de todo por ellos!  La consecuencia final era  que algunos pensaron que podían sentarse en su carnal seguridad puesto que  su responsabilidad personal  ya no existía y podía cometer cualquier clase de pecado sin miedo!  Nunca olvidemos que la verdad, distorsionada y exagerada puede ser madre de las más peligrosas herejías.  Cuando hablamos de “Cristo siendo en nosotros”, tengamos cuidado en explicar lo que significamos con ello.  Me temo que algunos desatienden esto en los tiempos actuales.</p>
<p style="text-align: justify;">(6)  En sexto lugar, es sabio trazar  una línea de separación tan profunda, ancha y distintiva entre conversión y consagración, o una vida elevada, así llamada, como muchos la trazan en estos días?  Está esto en concordancia con la Palabra de Dios?   Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Es incuestionable que no hay nada nuevo en esta enseñanza.  Es bien conocido que los escritores católicos a menudo indican que la Iglesia se divide en tres clases –pecadores, penitentes y santos.  Los maestros modernos que nos dicen que los cristianos activos son de tres clases –los inconversos, los conversos, y los participantes de una vida superior de completa consagración.  En mi opinión, ambas están basadas en lo mismo.   Si la idea es vieja o nueva, Católicos o Ingleses, no soy capaz de ver que tenga asidero en las Escrituras.  La Palabra de Dios siempre habla de la vida y la muerte en pecado –el creyente y el no creyente – el converso y el inconverso – los viajeros de un camino angosto o los viajeros del ancho – el sabio y el necio – los niños de Dios y los niños del diablo.   Dentro de estas dos grandes categorías hay, sin duda, varias dimensiones de pecado y gracia, pero su única diferencia está entre lo más alto y lo más bajo de un plano inclinado.  Entre estas dos grandes clases hay un enorme abismo; son tan distintivas como la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, el cielo y el infierno.  Pero de una división entre tres clases,  la Palabra de Dios no dice nada en absoluto! Me cuestiono sobre la sabiduría en hacer divisiones con nuevos deslindes que la Biblia no ha hecho, y me disgusta enormemente la noción de una segunda conversión.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay una vasta diferencia de un grado de gracia a otro.  Que la vida espiritual admite el crecimiento y que los creyentes deberían urgirse continuamente con cada oportunidad de crecer en gracia – Todo esto, lo concedo ampliamente.  Pero la teoría de una súbita, misteriosa transición de un creyente a un estado de bendición y entera consagración, a través de un poderoso salto, no la puedo aceptar.  Me parece una invención de hombre; y no puedo ver un solo simple texto que lo pruebe en las Escrituras.   El crecimiento gradual en gracia, crecimiento en conocimiento, crecimiento en fe, crecimiento en amor, crecimiento en santidad, crecimiento en humildad, crecimiento en mentalidad espiritual, está  claramente enseñado y con apremio en las Escrituras, y claramente ejemplificado con las vidas de muchos Santos de Dios.  Pero saltos súbitos, instantáneos de conversión a consagración no logro encontrarlos en la Biblia. Dudo, verdaderamente, si tenemos algún aval para decir que un hombre puede posiblemente estar convertido sin estar consagrado a Dios!  Mientras más consagrado menos dudoso puede estar, y será en la medida en que su gracia aumenta.  No obstante si  él no fue consagrado a Dios en   el mismo día en que se convirtió y nació de nuevo, yo no sé lo que conversión significa.  No están los hombres en peligro de subvalorar y subestimar la inmensa bendición de la conversión? No lo están, cuando ellos instan a los creyentes a una “vida más elevada” como una segunda conversión, subestimando la longitud, el ancho, la profundidad, la altura del gran primer cambio que las Escrituras señala como el nuevo nacimiento, la nueva creación, la resurrección espiritual?  Puedo estar equivocado.   Algunas veces he pensado, mientras leo el potente lenguaje que usan muchos acerca de la “consagración”, en los últimos años, que aquellos que lo usan deben haber tenido previamente una singularmente baja e inadecuada visión de la “conversión”,  si en realidad ellos sabían algo acerca de la conversión.  En breve, he casi sospechado que cuando ellos se consagraron, ellos en realidad se convirtieron por primera vez!</p>
<p style="text-align: justify;">Confieso francamente que prefiero los viejos senderos.   Pienso que es más sabio y seguro gatillar en todas las personas convertidas la posibilidad de un continuo crecimiento en gracia, y la absoluta necesidad de continuar adelante, aumentándola más y más, y cada año dedicarse y consagrarse a sí mismos más a Cristo, en espíritu, alma y cuerpo.  Por todos los medios, enseñemos que más santidad para ser alcanzada, más cielo para ser disfrutado en la tierra, así más creyentes lo experimentarán.   Rehúso decir a cualquier hombre convertido que él necesita una segunda conversión, y que puede un día u otro pasar por medio de un enorme paso a un estado de consagración completa.  Rehúso enseñar eso, porque pienso que la tendencia de la doctrina es completamente maliciosa, deprime al de mente humilde y mansa, e infla al superficial, al ignorante, al presuntuoso hasta el grado más peligroso.</p>
<p style="text-align: justify;">(7)  En el séptimo lugar,  es sabio enseñar a los creyentes que no deben pensar mucho en pelear y luchar contra el pecado, sino mejor, “abandonarse a Dios” y estar pasivos en las manos de Cristo?   Es esto de acuerdo con la Palabra de Dios?  Lo dudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Es un hecho simple que la expresión “abandonarse” sólo se encuentra en un lugar en el Nuevo Testamento, como un deber que urge a los creyentes.  Ese lugar está en el capítulo sexto de Romanos, y allí, dentro de seis versículos, la expresión aparece cinco veces (Rom. 6:13-19).  Aun cuando existe la palabra, ésta no tiene el sentido de “ponernos nosotros mismos pasivamente en las manos de otro”.  Cualquier estudiante de griego puede decirnos que el sentido es presentarnos a nosotros mismos activamente para uso, trabajo y servicio (Vea Rom. 12:1).  La expresión, por lo tanto, se sustenta por sí misma.  Sin embargo, no sería difícil establecer que hay al menos 25 o 30 distintos pasajes de las Epístolas mediante los cuales los creyentes son simplemente exhortados a utilizar su esfuerzo activo y personal, y son encomendados como responsables por hacer con energía lo que Cristo les habría pedido hacer.  En ellos, no se les dice “abandónense” como agentes pasivos y siéntense tranquilos, sino levántense y trabajen.  Una violencia santa, un conflicto, una batalla, una pelea, la vida de un soldado, un combate  son designadas como características de un verdadero cristiano.  Una cuenta de “la armadura de Cristo” en el sexto capítulo de Efesios, uno podría pensar, cierra el asunto.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211; Nuevamente, sería fácil mostrar que la doctrina de santificación sin involucramiento personal, al simplemente “abandonarnos nosotros mismos a Dios”,  es la precisamente la doctrina de los fanáticos antinominianos del siglo XVII (a quienes me referí previamente, descritos en el Anticristo Espiritual de Rutherford),  y que la tendencia de ésta es satánica en extremo.  –Nuevamente, sería fácil mostrar que la doctrina es absolutamente subversiva de toda la enseñanza de libros, tratado  y aprobados como El progreso del peregrino, y si la aceptamos no podemos hacer nada mejor que tirar el viejo libro de Bunyan al fuego!  Si los cristianos en  El progreso del peregrino simplemente se abandonan a Dios, y nunca pelearon, o combatieron, he leído la famosa alegoría en vano.  La verdad  simple es que los hombres persistirán en confundir dos cosas que difieren – lo que es justificación y santificación.  En justificación la palabra que necesita el hombre es creer, sólo creer; en santificación, las palabras deben ser “vela, ora y pelea”.  Lo que Dios ha dividido no lo mezclemos ni confundamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí termina mi introducción y me apuro a una conclusión.  Confieso que he dejado mi pluma con sentimientos de pena y ansiedad.   Hay mucho en la actitud de un cristiano en estos días que me llena de preocupación y me hace sentir miedo del futuro.</p>
<p style="text-align: justify;">Existe una asombrosa ignorancia sobre las Escrituras entre muchos, y un deseo consecuente de una religión establecida y sólida.   De ninguna manera puedo estar de acuerdo con la tranquilidad que algunas personas, como niños, “sean fluctuantes, llevadas por doquiera de todo viento de doctrina (Efe 4:14).   En el azaroso camino de nuestros antepasados hay un amor de novedad ateniense hacia lo extranjero, una aversión morbosa por cualquier cosa antigua y ordinaria.  Muchos harán multitud para escuchar una nueva voz y una nueva doctrina, sin considerar por ningún momento si lo que oyen es verdad o no.   Hay un deseo ardiente e incesante después de cada enseñanza sensacional, excitante y que mueve las emociones.   Hay un apetito insano por una suerte de cristiandad espasmódica e histérica.  La vida religiosa de muchos es un poco mejor, pero  luego el sorbo espiritual y el manso y humilde espíritu, que Pedro  preconiza, se olvida por completo (1ª Ped 3:4).  Multitudes, llantos, sitios calientes, cantos de alto vuelo, y una incesante excitación de los sentidos son las únicas cosas por las cuales muchos se preocupan.  La incapacidad de distinguir las diferencias en las doctrinas se expande, va  lejos y ampliamente, y en la medida que el predicador es “inteligente” y “fervoroso”, cientos parecen pensar que debe estar en lo correcto, y te llaman terriblemente “estrecho y poco caritativo” si sugieres que él no tiene fundamento!  Moody &amp; Hawies.  Dean Stanley and Canon Liddon, Mackonochie y Pearsil Smith, todos ellos parecen ser lo mismo a los ojos de tales personas.   Todo esto es triste, muy triste.   Más aún si, agregamos,  que los defensores de corazón verdadero y elevada santidad  van a quedar fuera del camino y se malinterpreten unos a otros, será  más triste aún.  En realidad, estaremos en una situación peor</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto a mí mismo, estoy consciente de que ya no soy un ministro joven.  Mi mente quizá se rigidiza y no puedo recibir fácilmente ninguna nueva doctrina.  “Lo antiguo es mejor”.  Supongo que pertenezco a la teología evangélica de la vieja escuela y, por lo tanto, estoy contento con tales enseñanzas acerca de la santificación como aquellas que encuentro en la “Vida de Fe”, de Sibbes y Manton, y en “La Vida, Camino y Triunfo de la Fe”,  de William Romaine.   Debo manifestar mi esperanza de que mis hermanos más jóvenes, quienes han tomado nuevas visiones sobre la santidad,  estén conscientes de las múltiples divisiones que no tienen causa.   Piensan ellos que cristianos de  mayor estándar se necesitan hoy?  Yo también.  Pensarán ellos que Cristo debe ser más exaltado como la raíz y autor de la santificación así como de la justificación?  Yo también.   Pensarán ellos que los creyentes deben ser más y más exhortados a vivir por fe?  Yo, también.  Pensarán ellos que un caminar cercano a Dios debe ser impulsado en los creyentes como un secreto de felicidad y servicio?  Yo, también.   En todas estas cosas estamos de acuerdo.  Pero si ellos quieren ir más allá, entonces les encomiendo tener cuidado donde ellos pisan, y que expliquen muy clara e inconfundiblemente lo que ellos quieren decir.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, debo menospreciar, y lo hago en amor, el uso de términos vulgares y rebuscados  y frases al enseñar sobre santificación.  Ruego porque un movimiento a favor de la santidad no pueda progresar por fraseología recién acuñada, o por declaraciones desproporcionadas o parciales, o por utilizar textos particulares fuera de su contexto bíblico, o por exaltar una verdad al costo de otra, o por alegorizar y acomodar textos y extraer de ellos significados o interpretaciones que el Espíritu Santo nunca puso en ellos, o por hablar contenciosa y amargamente de aquellos que no ven enteramente las cosas con nuestros ojos, y que hacen el trabajo de la misma forma que nosotros.  Estas cosas no fomentan la paz, más bien la repelen a las personas y las mantienen a distancia.   La causa de la verdadera santificación no se beneficia, más bien se obstruye, usando armas como estas.  Un movimiento con propósito de Santidad, que produce contienda y disputas entre los Hijos de Dios es de alguna forma sospechoso.  Por la causa de Cristo, y en el nombre de la verdad y la caridad, dediquémonos a buscar tanto la paz como la santidad.  “Lo que Dios ha juntado no lo separe el hombre”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es el deseo de mi corazón, y oro diariamente a Dios por ello, que la santidad personal pueda incrementarse grandemente entre los cristianos de Inglaterra.   Confío que todo aquel que se dedique a promoverla se ajustará cabalmente a la proporción de las Escrituras; distinguirá las cosas que difieren y separará “lo precioso de lo vil”. (Jer. 15:19)</p>
<p style="text-align: justify;">&#8212;</p>
<p><!-- p.p1 {margin: 0.0px 0.0px 5.0px 0.0px; text-align: justify; font: 8.0px Calibri} span.s1 {font: 8.0px 'Times New Roman'; letter-spacing: 0.0px} span.s2 {font: 12.0px 'Times New Roman'; letter-spacing: 0.0px} span.s3 {letter-spacing: 0.0px} span.s4 {font: 10.0px 'Trebuchet MS'; letter-spacing: 0.0px color: #aeaeae} --></p>
<p style="text-align: justify;"><sup>1</sup> La doctrina propia de la Iglesia católica romana, especialmente la que emanó del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento">Concilio de Trento</a>. El término <em>romanismo</em> fue utilizado (a menudo con sentido despectivo) por los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Protestante">protestantes</a> para aludir al conjunto de afirmaciones con las que disentían, especialmente la supremacía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Papa">papal</a> y su infabilidad, el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Canon_b%C3%ADblico">canon bíblico</a> y la interpretación de sus textos, la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Transustanciaci%C3%B3n">transustanciación</a>, la invocación de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santo">santos</a>, el culto de las imágenes, la existencia del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Purgatorio">Purgatorio</a>, el sacramento de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Penitencia">Penitencia</a>, las <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Indulgencia">indulgencias</a>, etc.</p>
<p style="text-align: justify;"><sup>2</sup> La doctrina sociniana es <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antitrinitarismo">antitrinitaria</a> y considera que en Dios hay una única persona y que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jes%C3%BAs_de_Nazaret">Jesús de Nazaret</a> no existía antes de su nacimiento, aunque nacido milagrosamente de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_Mar%C3%ADa">Virgen María</a> por voluntad divina. La misión de Jesús en la tierra fue transmitir la voluntad del Padre tal como le había sido revelada, y tras su <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Crucifixi%C3%B3n_de_Jes%C3%BAs">crucifixión</a> fue resucitado por Dios y elevado a los cielos, donde adquirió la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Inmortalidad">inmortalidad</a> y desde donde reina sobre el mundo desde entonces. Los que crean en él y en el Dios de la revelación cristiana también disfrutarán de una vida inmortal, mientras que los incrédulos y pecadores no irán al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Infierno">infierno</a> (que no existe según la doctrina de Socino), sino que simplemente sus almas se extinguirán tras la muerte del cuerpo físico. Por tanto, la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Salvaci%C3%B3n">salvación</a> consiste en la inmortalidad y es concedida directamente por la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gracia_divina">Gracia divina</a> a los que creen. El socinianismo defiende también una interpretación <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Racionalismo">racionalista</a> de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Biblia">Biblia</a> y los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Evangelios">Evangelios</a> y la capacidad del creyente de discernir la verdad por sí mismo. La doctrina sociniana, tal como se implantó en la Polonia de finales del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Siglo_XVI">siglo XVI</a> y primera mitad del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Siglo_XVII">XVII</a>, fue expuesta de manera detallada en el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Catecismo_Racoviano">Catecismo Racoviano</a> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1609">1609</a>).</p>
<p style="text-align: justify;"><sup>3</sup> El arminianismo es una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina">doctrina</a> fundada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jacobus_Arminius">Jacobus Arminius</a> y formada a partir de la impugnación del dogma <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Calvinismo">calvinista</a> de la doble predestinación. Específicamente esta teología sustenta la salvación en la fe del Hombre y no en la Gracia (Jesucristo), es decir, si pierdes la fe, pierdes la salvación, negando así la presciencia de Dios como conocimiento de quien se salva y quien no se salva (elección o predestinación).<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Arminianismo#cite_note-0"><sup>1</sup></a> Sus principios se formularon en el manifiesto de cinco puntos, <em>Remosntrans</em>, publicado en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/1610">1610</a>. Los arminianos daban especial importancia al libre albedrío, y la doctrina encontró adeptos entre la burguesía mercantil y republicana de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pa%C3%ADses_Bajos">Países Bajos</a>.</p>
<p style="text-align: justify;"><sup>4</sup> El término <em>nomianista </em>proviene de la palabra griega <em>nomos</em>, la cual significa <em>ley</em>.   El término <em>nomianista lo han adoptado un grupo de adventistas que dan </em>a entender que como cristianos se debe exaltar la ley de Dios, mediante escudriñamiento profundo de las Escrituras en búsqueda de una explicación.  No solamente declaran que la ley está vigente, sino que el hombre convertido la puede guardar perfectamente.  Reconocen que el hombre por sí mismo es impotente para guardar la ley y en este sentido ven  a Jesús el  Salvador, por un lado, y como ejemplo, por otro. Como Salvador, sufrió el castigo del pecador a fin de que éste pudiese ser perdonado, y de esa manera ganó el poder para el pecador, que lo habilita para guardar la ley.  Los creyentes, de este modo, son participantes de este poder a través de la justificación por la fe.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
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		<title>La Santidad de Dios y el pecado del hombre &#8211; David Morse</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Nov 2010 23:18:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; En esta ocasión os traemos &#8220;La Santidad de Dios y el pecado del hombre&#8221;, otro de los temas que está exponiendo David Morse en su estancia de dos meses en Barcelona, en las que va a hacer un largo recorrido de conferencias por la provincia catalana. Es esta ocasión fueron dados en la Iglesia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://biblicos.org/evangelio/wp-content/uploads/2010/11/lasantidadyelpecado1.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1756" title="lasantidadyelpecado" src="http://biblicos.org/evangelio/wp-content/uploads/2010/11/lasantidadyelpecado1.png" alt="" width="425" height="736" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">En esta ocasión os traemos &#8220;La Santidad de Dios y el pecado del hombre&#8221;, otro de los temas que está exponiendo David Morse en su estancia de dos meses en Barcelona, en las que va a hacer un largo recorrido de conferencias por la provincia catalana. Es esta ocasión fueron dados en la <a href="http://elreinodeloscielos.net/Especial%20David%20Castro.htm" target="_blank">Iglesia de Barberà</a>.</p>
<p>1. Introducción:</p>
<p><a href="http://descubriendoelevangelio.es/audio/syp1.mp3" target="_blank">Descargar mp3</a></p>
<p>2. Primera</p>
<p><a href="http://descubriendoelevangelio.es/audio/syp2.mp3" target="_blank">Descargar mp3</a></p>
<p>3. Segunda:</p>
<p><a href="http://descubriendoelevangelio.es/audio/syp3.mp3" target="_blank">Descargar mp3</a></p>
<p>4. Tercera:</p>
<p><a href="http://descubriendoelevangelio.es/audio/syp4.mp3" target="_blank">Descargar mp3</a></p>
<p>5. Cuarta:</p>
<p><a href="http://descubriendoelevangelio.es/audio/syp5.mp3" target="_blank">Descargar mp3</a></p>
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		<title>¿Quién está tocando el Arca de Dios? &#8211; Lehonard Ravenhill</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 18:55:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fuente: Es Hora de Ser Real]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="480" height="385" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/p/CE17D4168C1E1CD9&amp;hl=es_ES&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="385" src="http://www.youtube.com/p/CE17D4168C1E1CD9&amp;hl=es_ES&amp;fs=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Fuente: <a href="http://videoblogeshora.blogspot.com/2010/02/quien-esta-tocando-el-arca-leonard.html" target="_blank">Es Hora de Ser Real</a></p>
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