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	<title>Descubriendo el Evangelio &#187; Jonathan Edwards</title>
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		<title>La Manera en la que la Salvación del Alma tiene que ser buscada &#8211; Jonathan Edwards</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 15:47:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<description><![CDATA[ Traducido por Daniel Levi Meléndrez Becerra Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó. Génesis 6:22 &#160;       En cuanto a estas palabras, me gustaría observar tres cosas: Qué fue lo que Dios le ordenó a Noé, a qué se refieren estas palabras. Fue la construcción de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"> Traducido por Daniel Levi Meléndrez Becerra</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;"><em>Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó.</em></p>
<p style="text-align: left;">Génesis 6:22</p>
</blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>      </em></strong>En cuanto a estas palabras, me gustaría observar tres cosas:</p>
<ol>
<li>Qué fue lo que Dios le ordenó a Noé, a qué se refieren estas palabras. Fue la construcción de un arca de acuerdo con la dirección particular de Dios, para poder hacer frente al tiempo en el que el diluvio de aguas habría de venir, así como la provisión de comida para sí (Noé), su familia, y los animales, quienes debían ser preservados en el arca. Tenemos las órdenes particulares que Dios le dio respecto a este asunto, desde el versículo 14, “Hazte un arca de madera de gofer”.</li>
<li><em></em>Podemos observar el diseño especial de la obra que Dios había ordenado a Noé: salvar a Noé y a su familia, mientras el resto del mundo debía de perecer ahogado. Vea los versículos <em>17, 18. </em>Podemos observar  la obediencia de Noé. Él obedeció a Dios:<em> lo hizo así Noé. </em>Y su obediencia fue completa y universal: de acuerdo a todo lo que Dios le ordenó, así lo hizo él. Él no sólo comenzó, sino que fue a través de su trabajo, el cual Dios le había ordenado que llevara a cabo para lograr la salvación de la inundación. A ésta obediencia se refiere el apóstol en <em>Hebreos 11:7: “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase…”</em></li>
</ol>
<p><strong>DOCTRINA</strong></p>
<p><strong><em>      </em></strong><em>Debemos estar dispuestos a participar y pasar por las grandes empresas, con el fin de nuestra propia salvación.</em></p>
<p><em>      </em>La construcción del arca, fue ordenada a Noé, para que él y su familia fueran salvos, y todo esto representaba una gran empresa: el arca era un edificio de gran tamaño; tenía 300 codos de largo, 50 codos de ancho, y 30 codos de altura. Un codo, en aquellos tiempos, era considerado por los hombres sabios como igual a 1 pie y medio de nuestra medida. Sin embargo, últimamente, algunos hombres sabios de nuestra nación viajaron hacia Egipto y otros países antiguos, midiéndose algunos edificios antiguos allí, los cuales tienes varios miles de años en pie, y las historias antiguas nos dan las dimensiones en codos; particularmente las pirámides de Egipto, que se encuentran en pie hoy en día. Mediante la medición de éstos, y mediante la comparación de la medida en pies con los antiguos relatos de su medición en codos, un codo representa alrededor de 22 pulgadas. Por lo tanto, los hombres aprendieron más últimamente a considerar un codo mucho más grande de lo que lo habían hecho anteriormente. Así que el arca, considerada mucho más grande por todos lados, parece representar casi el doble de la masa con la que se le consideraba anteriormente de acuerdo a éste cálculo del codo, que era de más de 550 pies de largo, alrededor de 90 pies de anchura, y unos 50 pies de altura.</p>
<p>Para construir una estructura con todos los departamentos y divisiones que eran necesarios, y de tal manera que fuera posible flotar en el agua por tanto tiempo, era una empresa grandiosa. Esto le tomó a Noé, así como a todos los hombres que empleó, unos 120 años más o menos para poder construirla. Durante mucho tiempo el Espíritu de Dios se esforzó, y la paciencia de Dios esperaba en el viejo mundo, como puedes ver en <strong>Génesis 6:3: </strong><em>“Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años”. </em>Todo esto mientras el arca estaba siendo preparada, como aparece en <strong>1 Pedro 3:20: </strong><em>“los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca…”. </em>Fue un<em> </em>largo tiempo el que Noé empleó constantemente en este negocio. Los hombres estimarían que la empresa sería muy grande, y deberían mantenerse constantemente como empleados incluso por la mitad de ése tiempo. Noé debió tener un gran y constante cuidado en su mente para estos 120 años, en la superintendencia de este trabajo, y ver que todo había sido hecho exactamente en acuerdo a las órdenes que Dios le había dado.</p>
<p>No sólo fue Noé quien estuvo continuamente como empleado, se requerían un gran número de hombres para ser empleados durante todo ese tiempo, en la adquisición, recolección, e instalación de todos los materiales y ponerlos juntos en la forma debida. ¡Qué gran empresa era la que Noé debía llevar a cabo! Por un lado el continuo cuidado y labor, que era una obra de gran costo. No es probable que alguno de ésa generación perversa pusiera un dedo para ayudar el avance de la obra, la cual sin duda ellos creían que era simplemente el fruto de la locura de Noé, sin salario completo. Noé debió necesitar ser muy rico para poder asumir los gastos de dicha obra, y pagar a cada uno de tantos trabajadores empleados por tan largo tiempo. Hubiera sido un gasto muy grande para un príncipe; y, sin duda Noé era muy rico, como Abraham y Job lo fueron después. Pero es probable que Noé pasó toda su sustancia terrenal en ése trabajo, manifestando así su fe en la Palabra de Dios, mediante la venta de todo lo que tenía, así como la creencia de que seguramente vendría una inundación, que destruiría a todos; por lo que si debía mantener lo que tenía, sería de ninguna utilidad para él. En esto él nos da un ejemplo, nos muestra cómo debemos venderlo todo para nuestra salvación.</p>
<p>La empresa de Noé fue de gran dificultad, así como él fue expuesto a los reproches continuos de todos sus vecinos por los 120 años completos. Ninguno de ellos creyó lo que él les dijo acerca de una inundación que estaba a punto de ahogar al mundo. Para un hombre llevar a cabo una obra tan vasta, bajo la noción de que debía ser el medio que para salvar al mundo que debía ser destruido, lo convirtió constantemente en el hazmerreír. Cuando estaba a punto de contratar a los trabajadores, sin duda, todos se rieron de él, y podemos suponer que si bien los trabajadores accedieran trabajar por un salario, aún continuaron burlándose de la “locura” de los que empleaban. Cuando el arca se inició, podemos suponer que todo el que pasó y vio una enorme masa de pie allí, se burló de ella, llamándola “la locura de Noé”.</p>
<p>En estos días, los hombres difícilmente realizan o se someten a algo que los hace objeto de reproche de todos sus vecinos. De hecho, si en alguna ocasión algunos les reprochan, pueden conseguir a otras personas que les honren por lo que hacen. Pero es muy difícil para un hombre seguir un camino que lo convierte en el hazmerreír del mundo entero, y no pueda encontrar a ninguno que no lo desprecie. ¿Dónde está el hombre que pueda soportar el impacto de una prueba de 20 años?</p>
<p>Pero en una empresa como esta, Noé bajo la dirección divina, llamado a ir a través de ella, pudo conocer que él y su familia serían salvos de la destrucción que estaba a punto de llegar al mundo. El comenzó, y también terminó: <em>“Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó”.</em>  El largo periodo de tiempo no lo fatigó: el no creció cansado de su enorme gasto. Él se levanto frente al golpe de las burlas constantes de todos sus vecinos, y de todo el mundo, año tras año: el no creció cansado de ser el hazmerreír, a fin de darlo todo en su empresa; perseveró en ella hasta que el arca fuera terminada. Después de esto, tuvo la carga y el problema de conseguir víveres para el mantenimiento de su familia, y de todos los diferentes tipos de criaturas, por tan largo tiempo. A dicha empresa él fue llamado y pasó por ella con el fin de una salvación temporal. ¡Por medio de qué empresa tan grande entonces deben los hombres pasar para obtener como su fin la salvación eterna! Una salvación de un diluvio eterno; de ser abrumando por las olas de la ira de Dios, de la que el diluvio de Noé no era sino solo una sombra.</p>
<p>Tendré a bien manejar esta doctrina bajo las tres proposiciones siguientes:</p>
<ol>
<li>Hay un trabajo o negocio que debe ser emprendido y logrado por los hombres, si ellos se salvaran.</li>
<li>Este negocio es una gran empresa.</li>
<li>Los hombres deben estar dispuestos a entrar en y salir a través de esta empresa a pesar de que sea grande, puesto que es para su propia salvación.</li>
</ol>
<p><em>Proposición. </em>Hay un trabajo o negocio al que los hombres deben entrar y cumplir, con el fin de su salvación. – Los hombres no tienen razón para esperar ser salvos en la holgazanería, o ir al cielo de una manera en la que no hagan nada. No; con el fin de ella, hay una gran obra, que no debe ser sólo comenzada, sino también finalizada. – Voy a hablar sobre esta propuesta, en respuesta a dos preguntas.</p>
<ol>
<li>¿Cuál es este trabajo o negocio que debe llevarse a cabo y ser consumado con el fin de la salvación del hombre?</li>
</ol>
<p><em>Respuesta. </em>Es el trabajo de la búsqueda de la salvación en una forma de observancia constante de todas las obligaciones que Dios le da directamente en Su Palabra. Si pudiéramos ser salvos, debemos buscar la salvación. Porque, aunque los hombres no obtienen el cielo por sí mismos, no van allí por casualidad, o sin ninguna intención o esfuerzo propio. Dios, en Su Palabra, ha dirigido al hombre a buscar su salvación como ellos esperarían obtenerla. Hay una carrera que tenemos por delante, que debemos llevar, y en ésa carrera salir victoriosos, con el fin de ganar el premio.</p>
<p>Las Escrituras nos han dicho cuáles son los deberes en particular que debemos realizar con el fin de nuestra salvación. No es suficiente que el hombre busque su salvación observando algunos de ésos deberes; todos ellos deben ser observados universalmente. El trabajo que tenemos que hacer no es sólo la obediencia para algunos de los Mandamientos de Dios, sino todos ellos. Un cumplimiento de cada estatuto de adoración; un uso diligente de todos los medios designados de la Gracia; un cumplimiento de todos los deberes de Dios para el hombre. –No es suficiente que los hombres tengan un poco de respecto hacia todos los Mandamientos de Dios, y que puedan decir: “buscamos nuestra salvación observando un poco de cada Mandamiento de Dios”; ellos deben entregarse a Él.</p>
<p>No deben hacer de éste un negocio de paso, o una cosa en la que son negligentes y descuidados, o que lo hacen con una mano floja; dicha empresa debe ser su gran negocio, siendo atendido como su gran preocupación. No sólo deben buscar, deben luchar; deben hacer todo lo que esté en su poder, como hombres plenamente comprometidos en sus mentes, e influenciados a seguir adelante con un gran deseo y propósito firme. Ellos deben actuar como los que ven por sobre todas las cosas la importancia de la religión, que todo lo demás debe ser una aventura ocasional, y nada debe estar en competencia con sus deberes. Esto debe ser la única cosa que ellos hagan;  <strong><em>Filipenses 3:13 : </em></strong><em>“…Pero una cosa hago:…”. </em>- Debe ser la empresa a la que todas las demás cosas ceden lugar, y en la que estemos siempre dispuestos a ocuparnos, como un sacrificio. Debemos estar dispuestos a desprendernos de los placeres y el honor, los bienes y la vida, venderlo todo, pues podemos lograr el éxito al cumplir con este negocio.</p>
<p>Se requiere no sólo que el hombre haga alguna cosa en este negocio, sino que debe darse a sí mismo; lo que implica negarse a sí mismo, a todos sus negocios y placeres temporales. Este es el significado de la cruz, de tomar el yugo de Cristo sobre nosotros, y de negarnos a nosotros mismos para seguir a Cristo. El joven rico, que llego a Cristo de rodillas para saber qué debía hacer para ser salvo, <strong><em>Marcos 10:7</em></strong>, en cierto sentido buscó su salvación pero no la obtuvo. En cierto sentido, guardó todos los mandamientos desde su juventud; pero no estaba cordialmente entregado a este negocio. El no había hecho un sacrificio para <strong>todos </strong>sus placeres, como parece cuando Cristo vino para juzgarlo, pues no quería separarse de sus propiedades.</p>
<p>No sólo es necesario que los hombres parezcan muy comprometidos, aparezcan como si estuvieran dedicados a su servicio por un tiempo; pero debe hacer una devoción constante, de manera perseverante, como lo fue Noé en el negocio de la construcción del arca, pasando con ese asunto grande, difícil y costoso, hasta que fue terminado, y hasta que vino el diluvio. Los hombres deben no sólo ser diligentes en el uso de los medios de la Gracia, y estar ansiosamente entregados en escapar  de la ruina eterna, hasta que obtengan esperanza y consuelo; sino que también después deben <strong>perseverar </strong>en las tareas de la religión, hasta que venga el diluvio, el diluvio, el flujo de la muerte. No se debe sólo a las facultades, fuerza y las posesiones de los hombres que se entregan a este trabajo, sino también su tiempo y sus vidas; ellos tienen que renunciar a su vida entera, incluso hasta el mismo día en el que Dios haga venir las tormentas y la inundación. Este es el trabajo o negocio que los hombres tienen que hacer para obtener su salvación.</p>
<p><strong><em>Pregunta 2. </em></strong><em>¿Por qué es necesario que los hombres se comprometan a ir a través de una empresa para obtener su salvación?</em></p>
<p><em>      Respuesta 1</em><strong><em>. </em></strong>No para merecer la salvación, o para recomendar la Misericordia Salvadora de Dios. Los hombres no son salvos por alguna obra que hayan realizado, y sin embargo no son salvos sin obras. Si simplemente nos limitamos a considerar qué es lo que, o de acuerdo a qué, son salvos los hombres, ninguna obra en absoluto es necesaria para su salvación. De acuerdo a lo anterior, ellos son completamente salvos sin realizar ninguna obra o trabajo: <strong><em>Tito 3:5 : </em></strong><em>“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hechos, sino por SU MISERICORDIA, por el lavamiento de la REGENERACIÓN, y por la RENOVACIÓN en el Espíritu Santo.” </em>En efecto, debemos ser salvos de considerando las obras; pero no las nuestras. Es por medio de las obras que Cristo ha hecho por nosotros. Las obras son el precio fijo de la vida eterna; es fijada por una norma eterna e inalterable de la justicia. Pero desde la caída no hay esperanza de que podamos realizar dichas obras, sin salvación ofrecida libremente, sin dinero y sin precio. Pero,</p>
<ol>
<li>A pesar de que no sea necesario que nosotros hagamos algo para merecer la salvación, que Cristo ha merecido plenamente para todos los que creen en Él; sin embargo, Dios, con fines sabios y santos, ha señalado, que nosotros deberíamos venir a la salvación final de ningún otro modo, sin ésas “buenas obras” que hemos hecho. Dios no salvó a Noé a causa de la labor y gastos que él tuvo en la construcción del arca. La salvación de Noé del diluvio fue un ejemplo de la Misericordia gratuita y única de Dios. Ni Dios tiene necesidad del cuidado de Noé, o del costo, o de la mano de obra, para construir un arca. El mismo poder que creó el mundo, y que trajo el diluvio de aguas sobre la tierra, podría haber hecho el arca en un instante, sin ningún tipo de cuidado o gasto por parte de Noé, o de cualquier otro trabajador que fuera empleado durante mucho tiempo. Sin embargo, Dios se complació en que la salvación de Noé fuera de esta forma. Así que Dios ha establecido que el hombre no sería salvo sin su empresa y realizar el trabajo del que les he estado hablando; y por lo tanto se nos ordena <em>“…ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor” </em><strong><em>Filipenses 2:12.</em></strong></li>
</ol>
<p><em>      </em>Hay muchos fines sabios que serán contestados por el establecimiento de semejante obra como requisito previo para la salvación. La Gloria de Dios lo requiere. Pues aunque Dios no tiene necesidad de que los hombres hagan algo para incitar su Misericordia Salvadora, sin embargo, reflejaría mucho de la Gloriosa Sabiduría y Santidad de Dios, para otorgar la salvación a los hombres de una manera que se fomente la pereza y la maldad; o de cualquier otra forma en la que se fomente la diligencia y santidad. El hombre fue creado con capacidad de acción, con muchos poderes tanto en el cuerpo como en la mente, tal y como le convenía a él. Él fue hecho para trabajar y no para la ociosidad, y el trabajo principal para el que fue creado, fue el de la religión. Por lo tanto, se convierte en la Sabiduría de Dios para otorgar salvación y felicidad en el hombre, de tal manera que la mayoría tienda a promover su objetivo en este sentido, y,  para despertarlo en el uso diligente de sus facultades y talentos.</p>
<p>Se convierte en la Sabiduría de Dios el así ordenarlo, que las cosas de gran valor e importancia no deberían ser obtenidas sin un gran esfuerzo y mucha diligencia. Gran parte del aprendizaje humano y los mayores logros morales no se obtienen sin el cuidado y labor necesarios. Eso ha sido ordenado sabiamente, a fin de mantener en el hombre una sensación debida hacia aquéllas cosas que son excelentes. Si las cosas grandes fueran obtenidas de manera sencilla, los hombres las menospreciarían y las tomarían muy a la ligera. Comúnmente los hombres desprecian las cosas que son baratas y fáciles de obtener.</p>
<p>Aunque el trabajo de obediencia llevada a cabo por el hombre, no es necesaria para merecer la salvación; sin embargo, es necesaria para ser preparado para ella. Los hombres no pueden estar preparados para la salvación sin buscarla de la manera como ha sido descrita. Esto es necesario a fin de que ellos tengan un sentido propio de sus necesidades, y de su indignidad; y para que estén preparados y dispuestos para la el gran premio: la salvación, cuando les sea otorgada, y estén verdaderamente agradecidos hacia Dios por ella. La exigencia de una obra tan grande para nuestra salvación es completamente incompatible con la libertad de la oferta de nuestra salvación; ya que después de todo, ambos son ofrecidos y otorgados sin estimar nuestro trabajo, como el precio o la causa meritoria de nuestra salvación, como ya he explicado. Además, la salvación otorgada de esta forma es mejor para nosotros, más para nuestro beneficio y felicidad, tanto en este mundo como en el futuro, que si se hubiera otorgado sin la exigencia.</p>
<p><em>II. Propósito. </em>Este trabajo u ocupación, que debe realizarse para la salvación de los hombres, es una gran empresa. Eso les es común a los hombres sobre los cuales se les ha instado sobre dicha obra. Desprenderse totalmente de todos sus pecados, y renunciar a ellos en el negocio de la salvación, sin  hacer una reserva de cualquier concupiscencia, sometiéndose y cumpliendo con todos los mandamientos de Dios, en todos los casos, le parece a muchos una cosa tan grande, que en vano intentarían emprenderla. Al hacerlo, les parece que deben renunciar a sí mismo para una esclavitud perpetua. La mayor parte de los hombres, pues, elige posponer dicha obra, y mantenerse alejados de ella lo mayormente posible. No pueden soportar la idea de entrar inmediatamente en este tipo de servicio difícil, y en lugar de hacerlo, corren el riesgo de ser condenados eternamente, sin tener una futura oportunidad segura. A pesar de que el negocio de la salvación está realmente lejos de ser como a  tales hombres les parece, el diablo va a asegurarse, si puede, de representar dicho negocio lo más negro y terrible que pueda; sin embargo, es en verdad un gran trabajo, una gran empresa, y es justo que todos los que lo emprenden, conozcan el costo de antemano, y sean sensible a la dificultad que implica. Pues aunque el diablo desalienta a muchos de esta empresa, representándola mucho más difícil de lo que realmente es; sin embargo, con otros tomar el curso contrario, adulándolos para hacerles pensar que es algo demasiado sencillo, un negocio trivial, que puede hacerse en el tiempo que a ellos les plazca, por lo que los anima a postergarlo. Así que ninguno concibe otro concepto de que el negocio de la religión, el cual es absolutamente necesario para su salvación, sea una gran empresa. Es como en las siguientes consideraciones.</p>
<p><em>1. </em>Es una labor de gran esfuerzo y cuidado. Hay muchos mandamientos para ser obedecidos, muchos deberes por hacer, deberes para con Dios, para con nuestro prójimo, y para con nosotros mismos. Hay mucha oposición en el camino a esos deberes desde el exterior (afuera).  Hay un sutil y poderoso adversario, colocando todo tipo de bloques en el camino. Existen innumerables tentaciones por parte de Satanás que debemos resistir y rechazar. Hay una gran oposición por parte del mundo, innumerables trampas establecidas por todos lados, muchas rocas y montañas por pasar, muchas corrientes por atravesar, y muchos halagos y tentaciones de un mundo vano por ser resistidas. Hay una gran oposición desde dentro; un corazón entorpecido y lento, que es excesivamente opuesto a la actividad en la religión, lo cual es necesario; un corazón carnal, que es opuesto a la religión y a los ejercicios espirituales, y que continuamente dibuja el camino contrario; y un corazón orgulloso y engañoso, en el que la corrupción estará ejerciendo en todo tipo de formas. Así que nada puede hacerse para producir un efecto, si no se tiene una observancia estricta y cuidadosa, un gran esfuerzo y lucha.</p>
<p><em>2. </em>Es un trabajo constante. En este negocio, que requiere mucho trabajo, los hombres aman para posteriormente tener un espacio de relajación, descansando así de su trabajo extraordinario. Pero este es un negocio que debe ser seguido todos los días. <strong>Lucas 9:23</strong><em> </em><strong><em>“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. </em></strong>Nunca debemos relajarnos en este negocio; debemos proseguir en el día a día. Si en algunas ocasiones nos emocionamos y hacemos un gran ajetreo respecto a la religión, pero luego dejamos todo a un lado para tomar nuestra comodidad, y lo hacemos así de vez en cuando, no tendremos ningún efecto bueno; tuvimos incluso como bueno el no hacer nada en absoluto. El negocio de la religión nunca es para llegar a un buen asunto, ni es el trabajo para alguna vez llevar a cabo un buen propósito.</p>
<p><em>3. </em>Es una gran empresa, ya que tiene un alto costo. Debemos, en este respecto, venderlo todo; debemos seguir este negocio a expensas de todos los placeres y deleites ilícitos, a expensas de nuestra comodidad carnal, frecuentemente incluso a expensas de nuestra sustancia, de nuestro honor entre los hombres, la buena voluntad de nuestros vecinos, a expensas de todos nuestros amigos terrenales, e incluso, a expensas de nuestra propia vida. Esto es como la empresa de Noé para construir el arca, la cual, como se ha mostrado, era una empresa costosa: le costó su reputación entre los hombres, exponiéndose asimismo como el continuo hazmerreír de sus vecinos y de todo el mundo: le costó sus bienes y también le costó muy probablemente todo lo que tenía.</p>
<p><em>4.</em> A veces, el miedo, la angustia, el ejercicio de la mente, que son objeto de respeto de este negocio, y la salvación del alma, son grande y largamente continuadas, antes de que cualquier confort sea obtenido. A veces, las personas en esta situación laboral de larga duración en la oscuridad y, en ocasiones, por así decirlo, en el mismo fuego, tienen una gran angustia en sus conciencias, grandes temores, y muchas tentaciones complicadas, antes de que obtengan luz y confort para que su cuidado y labor sean más fáciles para ellos. Ellos a veces con seriedad, y por un largo tiempo, buscan confort, pero no lo encuentran, porque no lo buscan de la manera correcta, ni en los propósitos adecuados. Por lo tanto Dios esconde su rostro. Ellos lloran, pero Dios no responde sus oraciones. Se esfuerzan, pero todo parece en vano. Parece que se dan a ellos mismos para ir hacia adelante, o más cerca de la liberación del pecado: pero van hacia atrás, en lugar de ir hacia adelante. Ellos no ven los destellos de luz: las cosas parecen cada vez más oscuras. A tal grado que ellos normalmente están listos para ser desalentados, y hundirse bajo el peso de su angustia presente, y bajo la perspectiva de la miseria en el futuro. En esta situación, y bajo estas vistas, algunos son conducidos a la desesperación. Muchos, después de haber obtenido un poco de consuelo, son de nueva cuenta envueltos en la oscuridad y los problemas. Así es con ellos como lo fue con los cristianos hebreos, <strong>Hebreos 10:32</strong><strong><em> </em></strong><strong><em>“Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos”. </em></strong>Algunos, a través del hábito de la melancolía y destemplanza del cuerpo, junto con las tentaciones de Satanás, pasan gran parte de sus vidas en la angustia y oscuridad, incluso después de haber obtenido algo de confort.</p>
<p><em>5. </em>Es un negocio que, a causa de las muchas dificultades, trampas y peligros que lo acompañan, requiere mucha instrucción, consideración y consejo. No hay negocio en el que se necesite más consejo que en éste. Es una empresa difícil, un asunto difícil para proceder rectamente en él. Existen miles de caminos equivocados que los hombres pueden tomar; hay muchos laberintos por donde muchas almas pobres pueden enredarse y nunca encontrar la salida; hay muchas rocas en las que miles de almas han naufragado, por falta de, haberse dirigido correctamente.</p>
<p>Los hombres, por sí mismos, no saben cómo proceder en este negocio, al igual que muchos hijos de Israel en el desierto no sabían a donde ir sin la guía de la columna de nubes y de fuego. Hay una gran necesidad de que ellos busquen las Escrituras, y estén diligentemente atentos a las instrucciones y direcciones contenidas en ella, como una antorcha que brilla en un lugar oscuro y pidan consejo de los expertos en esos asuntos. Y no hay otro negocio en el que los hombres necesiten tanto la búsqueda de Dios en oración, para su consejo, y que va a guiarlos por el camino correcto, y les mostrará la puerta estrecha. <strong><em>“Porque estrecha es la puerta y angosto es el camino a la vida, y pocos son los que la hallan;”</em></strong>  sí, no hay ninguno que la encuentre sin la dirección del cielo. La construcción del arca fue un trabajo de gran dificultad en este relato, pues la sabiduría de Noé no era suficiente para dirigir la manera de realizar dicha construcción, de manera que se garantizara una seguridad suficiente como para soportar una inundación, y que debería ser una morada cómoda para sí mismo, su familia, y todos los diversos tipos de bestias, aves, y reptiles. Nunca pudo haber sabido la forma de construir dicha arca sin la dirección de Dios.    <em> </em><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>6. </em>Este negocio no acaba hasta que la vida termina. Los que emprenden este laborioso, cuidadoso, costoso negocio, y además, que requiere la auto-negación, no debe esperar el descanso de sus labores, hasta que la muerte haya puesto fin a los mismos. La larga permanencia de Noé en el trabajo que emprendió fue lo que lo hizo de ese trabajo, una gran empresa. Esto también fue lo que hizo que el viaje de los hijos de Israel por el desierto fuera tan grande para ellos, que continuó por tanto tiempo. Sus espíritus desfallecieron, ellos se desanimaron, y ya no tenían un corazón para seguir adelante con tan gran empresa. Pero así es este negocio que corre en paralelo a la vida, ya sea largo o más corto. A pesar de que deberíamos vivir hasta una edad avanzada, nuestra carrera y la guerra no acabarán hasta que la muerte venga. No debemos esperar que un fin será puesto a nuestro trabajo, cuidado, y la lucha, por la esperanza de un buen estado que podemos obtener. Los logros anteriores y el éxito del pasado no nos excusan de lo que nos queda en el futuro, ni hacen el trabajo futuro y cuidados constantes, cosas innecesarias para nuestra salvación.</p>
<p><strong><em>III.</em></strong> Los hombres deben estar dispuestos a participar y pasar a través de esta empresa, por grande y difícil que pudiera parecerles, puesto que es para su propia salvación. Porque,</p>
<p><em>1. </em>Un diluvio de la ira seguro vendrá. Los habitantes del viejo mundo no creían que el diluvio de aguas vendría sobre la tierra como Noé les había dicho, aunque lo hizo en muchas ocasiones; tampoco tuvieron cuidado para huir de la destrucción. Sin embargo el diluvio vino; ninguna de las cosas de las que Noé les había advertido, falló.</p>
<p>Así que sin duda vendrá un diluvio más terrible de la ira divina sobre este mundo malvado. Estamos advertidos acerca de ello en las Escrituras, y el mundo, como en aquél entonces, no cree tal cosa. Sin embargo la amenaza se cumplirá, así como fue cumplida en el viejo mundo. Un día de ira viene; vendrá en el tiempo señalado; no tardará, no demorará ni un momento más del tiempo señalado.<em> </em> <strong><em> </em></strong></p>
<p><em>2. </em>Todo aquello que se haya hecho y que no vaya de acuerdo a la empresa, es decir, que no pase a través de la gran obra mencionada, será tragado en este diluvio. Cuando las inundaciones vengan, aplastarán al mundo perverso: todos aquellos que no hayan tenido los cuidados para preparar un arca, seguramente serán tragados en ellas; ellos no encontrarán otra forma de escapar. En vano se puede esperar la salvación en las colinas, y en la multitud de montañas; porque la inundación superará las partes más altas de las montañas. O si ellos se esconden en las cuevas y cavernas de las montañas, aún allí las aguas de la inundación los encontrarán, y perecerán miserablemente. Como las personas del viejo mundo que no estuvieron en el arca perecieron, <strong>Génesis 7:21,23</strong><strong>, </strong>de la misma manera, todos aquellos que no hayan asegurado un lugar en el arca espiritual del evangelio, perecerán de una manera mucho más miserable que las personas del viejo mundo. Sin duda alguna, los habitantes del viejo mundo tuvieron muchos artificios para salvarse. Algunos de ellos, podemos suponer, ascendieron a los techos de sus casas, siendo impulsados de un piso a otro, hasta que al final perecieron. Otros se treparon a las cimas de las altas torres; quienes, sin embargo, fueron arrastrados por las embravecidas olas de la corriente ascendiente. Algunos se subieron a las copas de los árboles; otros a las cimas de las montañas, y, especialmente, a las cimas de las montañas más altas. Pero todo eso fue en vano; la inundación, tarde o temprano, los tragó a todos; solo Noé y su familia, quienes tomaron los cuidados necesarios para construir un arca, quedaron con vida. Así que, sin duda, será el fin del mundo cuando Cristo regrese para juzgar al mundo con justicia. Algunos, cuando volteen hacia arriba y lo vean viniendo en las nubes del cielo, se esconderán en los armarios, y en lugares secretos de sus casas. Otros volarán a las cuevas y cavernas de la tierra, intentando esconderse allí. Otros llamarán a las rocas y a las montañas para que caigan sobre ellos, y los escondan del Rostro de Aquél que está sentado en Su Trono, y de la ira del Cordero. Así que, después de que la sentencia sea pronunciada, y los hombres malvados vean aquél terrible fuego que viene, para quemar este mundo por siempre, y que será un diluvio de fuego, que quemará la tierra, incluso hasta las raíces de las montañas, y en su mismo centro. <strong>Deuteronomio 32:22</strong> <strong><em>“Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; Devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes”. </em></strong>Yo opino, que los hombres verán, después de la sentencia, este gran fuego, comenzando a encenderse, y apoderarse de esta tierra; allí no habrá muchos artificios ideados para escapar, algunos volarán a las cavernas y agujeros en la tierra, algunos se esconderán en un lugar, otros en algún otro. Pero dejarlos esconderse en donde quiera, o hacer lo que deseen, será absolutamente en vano. Cada cueva arderá como un horno, las rocas y montañas se fundirán con el fuego abrasador, y si ellos pudieran deslizarse al mismo centro de la tierra, aún el calor los seguiría, y el furor con mucha violencia, de la misma forma allí, como en la misma superficie. Así que, cuando los hombres malvados descuidan su gran obra en esta vida, y no están dispuestos a pasar por la dificultad y esfuerzo que implica esta obra, se acercan a la muerte, ellos, en muchas ocasiones hacen cosas para escapar de la muerte, y emplean muchos esfuerzos para alargar sus vidas, por lo menos un poco más. Por este fin, envían por médicos, y tal vez muchos de ellos sean consultados, y sus recetas sean puntualmente observadas. Ellos usan muchos esfuerzos para salvar sus almas del infierno. Ellos claman a Dios; confiesan sus pecados pasados; prometen una reforma futura; y, ¡Qué no darían por una adición pequeña a sus vidas, o alguna esperanza de felicidad futura! Pero todo resulta en vano: Dios ha numerado sus días y les dio fin; y como ellos pecaron más allá del día de la Gracia, deben pagar las consecuencias, y para siempre encontrarse en el dolor.</p>
<p><em>3. </em>La destrucción, cuando venga, será infinitamente terrible. La destrucción del viejo mundo por el diluvio fue terrible, pero la destrucción eterna que viene sobre los malvados es infinitamente peor. Ese diluvio de aguas no era más que una imagen de este terrible diluvio de la venganza divina. Cuando las aguas comenzaron a descender, más como chorros o cataratas, o la caída de un gran río, como una lluvia; lo que es un aspecto terrible es que ¡ahí estaba la ira de Dios! Esto, sin embargo, es solo una imagen del terrible derramamiento de la ira de Dios que será para siempre, sí, por los siglos de los siglos, sobre los hombres perversos. Y cuando las fuentes del gran abismo se rompan, y las aguas broten de la tierra, a pesar de que ellas se han extendido fuera del seno (<strong>Job 38:8</strong>), ésta fue una imagen de los poderosos brotes de la ira de Dios, la cual vendrá, cuando las puertas del diluvio de la ira de Dios sean elaboradas. ¡Cuánto podemos suponer, que los hombres malvados del antiguo mundo se arrepintieron de no haber atendido a las advertencias que Noé les había dado, cuando ellos miraron estas cosas espantosas, y vieron que iban a perecer! ¡Cuánto más se arrepentirán aquéllos que se nieguen a obedecer las advertencias de gracia del evangelio, cuando vean el fuego de la ira de Dios viniendo contra ellos, cayendo del cielo, y estallando por todos lados, fuera de las entrañas de la tierra!</p>
<p><em>4. </em>Aunque el trabajo que es necesario para la salvación del hombre es una gran obra, sin embargo, no es imposible. Lo que se le solicitó a Noé, sin duda alguna, parecía una gran y difícil empresa. Sin embargo él la emprendió con determinación, y fue llevado a través de ella. Así que si nosotros emprendemos esta obra con la misma buena voluntad y determinación, sin duda alguna tendremos éxito. Sin embargo, por difícil que sea, multitudes han pasado a través de él, y han obtenido salvación por los medios. No es un trabajo que va más allá de las facultades de nuestra naturaleza, ni más allá de las oportunidades que Dios nos da. Si los hombres atendieran las advertencias, y obedecieran el consejo, si en verdad fueran sinceros, su trabajo sería algo normal, tomarían sus oportunidades, usarían sus ventajas y serían firmes, y no vacilarían; no fallarían.</p>
<p><strong>APLICACIÓN.</strong></p>
<p><strong>      </strong>El uso que haría de esta doctrina, es el exhortar a todos a emprender e ir a través de ésta gran obra, la que tendrán que hacer para ser salvos, y esto permita que el trabajo parezca cada vez más grande y difícil. Si su naturaleza es contraria a ella, y parece que hay cosas muy terribles en el camino, tanto que su corazón está listo a fallar ante la expectativa; sin embargo, considere seriamente lo que se ha dicho, y actúe siguiendo la parte sabia. Viendo que es para ustedes, para su propia salvación; mirando que es para una gran salvación, para su destrucción de la destrucción eterna; y viendo que es de necesidad absoluta para su salvación, que el diluvio de la ira Divina vendrá, donde no habrá forma de escapar si no se tiene preparada un arca; ¿No es mejor para usted emprender la obra, participando en ella con toda su fuerza, y yendo a través de ella, aunque esto no pueda hacerse sin gran esfuerzo, cuidado, y dificultad, y un gran costo?</p>
<p>Yo no emplearía medios halagadores en relación a este trabajo, o ir al punto de hacerle creer que ha encontrado un trabajo fácil: No, yo no esperaría tal cosa. Me gustaría que se sentase y calcule el costo; y si no puede encontrar en su corazón el participar en una grande, difícil, demandante, y costosa empresa, y perseverar en ella hasta el fin de su vida, no pretenda ser religioso. Satisfágase en su comodidad; siga con sus placeres; comer, beber, y ser feliz; incluso terminará yendo directo al infierno siguiendo en ése camino, y nunca más habrá más pretextos para buscar la salvación. Aquí, en particular, hay que tomar en cuenta varias cosas.</p>
<p><em>1. </em>¿Con qué frecuencia ha sido usted advertido del diluvio de la ira venidera de Dios? ¿Qué tan frecuentemente se le ha hablado del infierno, ha escuchado de las amenazas que la Palabra de Dios establece ante usted, y cuántas veces ha sido advertido para que huya de la ira venidera? Esto es con usted como lo fue con los habitantes del viejo mundo. Noé les advirtió abundantemente del diluvio que se aproximaba, y les aconsejó que tomaran los cuidados necesarios para que se salvaran, <strong>1 Pedro 3:19,20</strong>. Noé les advirtió con palabras; y también les predicó. También les advirtió con sus acciones. Su construcción del arca, que le llevó tanto tiempo, y en la que empleó muchas manos, fue una advertencia permanente para ellos. Todos los golpes del martillo y el hacha, en el proceso de construcción del arca, fueron muchas advertencias y llamadas al viejo mundo, para que tomaran los cuidados necesarios y salvaran sus vidas de la destrucción venidera. Cada golpe de los trabajadores, era un toque de Jesucristo a las puertas de sus corazones: pero ellos no quisieron escuchar. Todas esas advertencias, aunque fueron repetidas todos los días, y continuamente por tan largo periodo de tiempo, no sirvieron de nada.</p>
<p>Ahora, ¿no es así con ustedes como lo fue con ellos? ¡Cuántas veces has sido advertido! ¡Cuántas veces ha escuchado las advertencias de las llamadas del evangelio, Domingo tras Domingo, durante todos estos años! Sin embargo, ¡cómo es que algunos de ustedes no han considerado, más que los habitantes del viejo mundo, el ruido de las herramientas de los trabajadores en el arca de Noé!</p>
<p><em>Objeción.</em> Pero aquí, esto puede ser objetado por algunos, que aunque es cierto que a ellos, muy a menudo se les ha hablado del infierno, sin embargo, nunca han visto alguna cosa de él, y por lo tanto ellos no pueden darse cuenta de que existe tal lugar. Frecuentemente han escuchado del infierno, y se les ha dicho que cuando mueran los hombres malvados, ellos irán al lugar más horroroso de tormento; que en un futuro estarán en un día de juicio, y que el mundo será consumido por el fuego. Pero, ¿Cómo saben ellos que esto es realmente así? ¿Cómo saben ellos en qué se convierten los hombres malvados cuando mueren? Ninguno de ellos volverá a decirles. Ellos no tienen nada de que depender, más que de la palabra que escuchan. ¿Y cómo saben ellos que esto no es más que una fábula astutamente ideada?</p>
<p><em>Respuesta. </em>Los pecadores del viejo mundo tuvieron exactamente la misma objeción contra lo que Noé les había dicho acerca del diluvio que ahogaría al mundo entero. Sin embargo la Palabra revelada de Dios resultó ser evidencia suficiente de que tal cosa vendría. ¿Cuál fue la razón de que ninguno de los muchos millones que poblaban la tierra no creyeron en lo que Noé les dijo, pero esto, que fue una cosa extraña, nunca antes se había conocido? Y ¡qué historia tan extraña, que Noé haya aparecido ante ellos, y les haya dicho de un diluvio de aguas que superaría las cimas de las montañas! Por lo tanto, se dice en <strong>Hebreos 11:7</strong> que, <strong><em>“Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían…”. </em></strong>Es probable que ninguno imaginara cómo el mundo entero podría ser ahogado en un diluvio de aguas; y todos estaban listos a preguntar, dónde existía el agua suficiente para que aquello sucediera; y por consecuente, la forma en que debía ser traída a la tierra. Noé no les dijo cómo esto debía suceder; él sólo les dijo que aquello debía suceder: y eso resultó ser suficiente. El evento mostró su locura en que no dependió meramente de la Palabra de Dios, quien era capaz, de hacer que eso pasara, y quien no podía mentir.</p>
<p>De la misma manera la Palabra de Dios probará ser verdadera, en la amenaza de una inundación de ira eterna que aplastará a todos los malvados. Usted lo creerá cuando el evento lo pruebe, cuando sea demasiado tarde para la fe. La Palabra de Dios nunca fallará; nada es más seguro que esto: el cielo y la tierra pasarán, pero la Palabra de Dios nunca pasará. Es más firme que las montañas de bronce. Al final la visión hablará y no mentirá. El decreto saldrá a la luz, y todos los hombres malvados tendrán que reconocer que Dios es el Señor, que Él es un Dios Verdadero, y que ellos son unos necios que no creerán en Su Palabra. Los malvados del viejo mundo tomaron a Noé como un tonto por creer tanto en la Palabra de Dios, de la manera en la que lo hizo, con toda la fatiga y los costos de construir el arca; pero el evento mostró que ellos mismos eran los tontos, y que él fue el sabio.</p>
<p><em>2. </em>Considere que el Espíritu de Dios no contenderá para siempre con usted; ni su largo sufrimiento estará por siempre con usted. Así que, Dios dijo acerca de los habitantes del viejo mundo, <strong>Génesis 4:3</strong> <strong><em>“No contenderá para siempre mi Espíritu con el hombre, porque ciertamente él es carne; más serán su días ciento veinte años”. </em></strong>Durante todo este tiempo Dios estuvo contendiendo con ellos. Fue un día de gracia para ellos, y en todo este tiempo el prolongado sufrimiento de Dios estuvo esperando por ellos: <strong>1 Pedro 3:20</strong> <strong><em>“Los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca…”. </em></strong>En todo este tiempo ellos tuvieron una oportunidad de escapar, si hubieran obedecido y creído en Dios. Incluso después de que el arca fue terminada, que parece haber sido poco antes del diluvio, aún tuvieron una oportunidad; la puerta del arca estuvo abierta por algún tiempo. Hubo un tiempo que Noé empleó para almacenar víveres en el arca. Incluso entonces no era demasiado tarde; la puerta del arca aún se mantenía abierta. Cerca de una semana antes de que el diluvio viniera, Noé recibió la orden de reunir todas las bestias y pájaros. Durante esta última semana la puerta del arca se mantuvo abierta. Pero en el mismo día en el que el diluvio llegó, mientras la lluvia estaba retenida, Noé, su esposa, sus tres hijos, y sus tres esposas, entraron en el arca; y se nos dice en <strong>Génesis 7:16</strong>, que <strong><em>“Jehová le cerró la puerta”. </em></strong>Entonces el día de la paciencia de Dios había pasado, la puerta del arca se había cerrado; Dios mismo, que cierra y ningún hombre abre, cerró la puerta. Entonces toda su esperanza de escapar del diluvio había pasado; era demasiado tarde para arrepentirse de no haber atendido a las advertencias de Noé, y de no haber entrado en el arca mientras la puerta se mantuvo abierta.</p>
<p>Después de que Noé y su familia entraron en el arca, y Dios la cerró, después las ventanas del cielo fueron abiertas, y vieron cómo las aguas caían del cielo, podemos suponer que los que estaban cerca del arca corrieron a la puerta, llamando y tocando desesperadamente, y llamando lastimosamente para entrar. Pero era demasiado tarde; Dios mismo había cerrado la puerta, y Noé no tenía autorización, y muy probablemente no tenía poder para abrirla. Podemos suponer, que ellos estuvieron tocando y llamando, ¡Ábrannos!, ¡Ábrannos!; ¡Déjennos entrar!; ¡Les suplicamos que nos dejen entrar! Y probablemente algunos de ellos alegaron al viejo conocido Noé; que ellos siempre habían sido sus vecinos, y que incluso ellos le habían ayudado a construir el arca. Pero todo eso fue en vano. Allí se mantuvieron hasta que las aguas del diluvio vinieron; y sin piedad los arrastró lejos de la puerta del arca.</p>
<p>Por lo tanto, eso te sucederá, si continúas rehusándote a atender las advertencias que se te han dado. Ahora Dios está contendiendo contigo; ahora Él está advirtiéndote del diluvio venidero, y te está llamando Domingo tras Domingo. Ahora la puerta del arca está abierta. Pero el Espíritu de Dios no contenderá para siempre contigo; su largo sufrimiento no estará esperándote para siempre. Hay un día señalado para la paciencia de Dios, la cual está tan ciertamente limitada como lo fue en el viejo mundo. Dios estableció sus límites, los cuales no podrán ser burlados. Aunque ahora las advertencias continúan abundantemente, sin embargo, serán las últimas llamadas y predicaciones que podrás escuchar. Cuando el tiempo señalado haya transcurrido, Dios cerrará la puerta y nunca podrás verla abierta de nuevo; por que lo que Dios cierra, ningún hombre puede abrir. Si no mejoras antes de ese tiempo, no tendrás otra oportunidad, y llorarás en vano, <strong><em>“¡Señor, Señor, ábrenos!”, </em></strong><strong>Mateo 25:11</strong>, y <strong>Lucas 13:25</strong>. Mientras estés parado en la puerta con tus gritos patéticos, el diluvio de la ira de Dios vendrá sobre ti, te envolverá, y no podrás escapar. La tempestad te arrastrará sin misericordia, y por siempre estarás ahogado y perdido.</p>
<p><em>3. </em>Considere lo poderoso de las olas de la ira de Dios cuando vengan. Las aguas del diluvio de Noé fueron en verdad muy grandes. El diluvio fue enorme; era muy profundo; las olas rebasaron a las montañas más altas por 15 codos; era un océano que no tenía costa; lo cual significa que la grandeza de la ira que viene sobre los hombres malvados en este mundo, será como una poderosa inundación que los envolverá, y crecerá abundantemente sobre sus cabezas, con olas que alcancen los mismos cielos. Ésas olas caerán sobre sus pobres almas, serán más altas y pesadas que las mismas montañas. La ira de Dios será un océano sin costa, como el diluvio de Noé lo fue: será la miseria que no tendrá fin. La miseria de los condenadas en el infierno no puede ser mejor representada por nada, que por un diluvio de miseria, un poderoso diluvio de miseria, que será diez mil veces peor que el diluvio de aguas; será un diluvio de fuego líquido, como en las Escrituras se le llama un lago de fuego y azufre. En el fin del mundo, todos los malvados estarán ahogados en un enorme diluvio de fuego, el cual será tan grande y poderoso como el diluvio de aguas. Vea <strong>2da. Pedro 3:5,6,7.</strong> Después, los malvados tendrán las poderosas olas de fuego y azufre, envolviendo sus pobres almas eternamente, y sus miserables cuerpos atormentados. Estas olas pueden ser llamadas enormes montañas de fuego líquido y azufre. Y cuando una ola alcance una de sus cabezas, otra ola le seguirá, sin descanso, sin darles descanso ni de noche ni de día por toda la eternidad.</p>
<p>Éste diluvio de ira, vendrá probablemente inesperadamente sobre ti, cuando menos lo esperes, y te parezca lejano a ti. Así vino el diluvio sobre el viejo mundo. Vea <strong>Mateo 24:36</strong>. Probablemente muchos de ellos se vieron sorprendidos en la noche por las aguas que estallaron en sus puertas, o bajo de los cimientos de sus casas, viniendo sobre ellos en sus camas. Porque cuando las fuentes del gran abismo fueron rotas, las aguas, como observamos anteriormente, estallaron en poderosos torrentes. Para sorpresa de los malvados del viejo mundo en la noche, probablemente a eso se alude en <strong>Job 27:20</strong> <strong><em>“Se apoderará de él terrores como aguas; Torbellino lo arrebatará de noche”.</em></strong> Así que la destrucción suele venir sobre los hombres malvados, quienes escuchan muchas advertencias de la destrucción que se aproxima, y, sin embargo, no son influenciados por ellas. Porque <strong><em>“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” </em></strong><strong>Proverbios 29:1</strong><strong><em>. </em></strong>Y <strong><em>“…cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” </em></strong><strong>1 Tesalonicenses 5:3</strong><strong><em>. </em></strong></p>
<p><em>5. </em>Si no atiendes a las muchas advertencias que se te han dado acerca de la destrucción que se aproxima, serás culpable de la locura más brutal. El buey conoce a su dueño, y el burro al pesebre de su amo. “Ellos saben a cargo de quién están, y a quién deben obedecer, y desempeñarse como les corresponde. Pero tú, por tanto tiempo has sido negligente a tu propia salvación, actuando como si no conocieras a Dios, tu Creador y tu Propietario, ni tu dependencia de Él. Las mismas bestias, cuando ven señales de una tormenta que se avecina, se dirigen a sus guaridas en busca de refugio. Sin embargo, cuando abundantemente has sido advertido de la tormenta de la Venganza Divina que se aproxima, no huyes al lugar de escondite, y al refugio de la tempestad. El gorrión, la golondrina, y otros pájaros, cuando son advertidos del invierno que viene, se resguardan en un clima más seguro. Pero tú, cuando has sido frecuentemente advertido de las explosiones de la ira divina, no harás nada con el fin de escapar de ellas, para entrar en la Nueva Jerusalén, de un aire más dulce y saludable, aunque la puerta está muy abierta para recibirte. Las mismas hormigas son diligentes en el verano, almacenando lo suficiente para el invierno: sin embargo tú no haces nada para almacenar víveres, como un buen fundamento para el tiempo que viene. El asna de Balaam no correría ante una espada desenvainada, aunque su amo, por aumentar sus ganancias, se expondría a sí mismo ante la espada de la ira de Dios; así que Dios hizo que el asna tonta, tanto en palabras como en acciones, reprendiera la locura del profeta, <strong>II Pedro 2:16.</strong> De la misma forma, tú, que has sido advertido muchas veces de que la espada de la ira de Dios está desnuda contra ti, y ciertamente te atravesará, si es que sigues procediendo de la misma manera, como todavía lo haces, sin tomar en cuenta las consecuencias de tu actuar.</p>
<p>Así que Dios hizo a las mismas bestias y a los pájaros del viejo mundo para reprender la locura de los hombres de aquéllos días: porque ellos, incluso de toda clase, huyeron hacia el arca, mientras la puerta se mantenía aún abierta: mientras que el hombre de aquéllos días rehusó hacerlo; por esto Dios, a consecuencia de esto, hizo que su locura fuera más grande que la de las mismas criaturas brutas. Tal locura es la que te hace culpable; si rechazas el atender a las advertencias que se te han dado acerca del diluvio de la ira de Dios que se aproxima.</p>
<p>Usted ha sido advertido una vez más de aquél día, mientras la puerta del arca aún se mantiene abierta. Usted ha, por así decirlo, escuchado los golpes del martillo y el hacha en la construcción del arca, para que usted tome en cuenta el diluvio que se aproxima. Preste atención puesto que aún no se lo impiden sus oídos, tomar estas advertencias con un corazón negligente, y esperar, descuidando la gran obra que tiene que hacer para evitar el diluvio de la ira que viene repentinamente sobre usted, lo arrojará lejos, y ahí no habrá remedio.</p>
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		<title>La paz que Cristo da a sus verdaderos seguidores &#8211; Jonathan Edwards</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Oct 2010 18:19:42 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Un sermón de Jonathan Edwards que publicamos gracias al trabajo de traducción de Ana Martínez.</p>
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		<title>La Agonia de Cristo – Jonathan Edwards</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 19:50:41 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es para nosotros un privilegio poderos ofrecer este tremendo sermón de Jonathan Edwards que considera los momentos previos al Calvario de nuestro Señor, aquellos momentos en los que clamaba y su sudor era de sangre&#8230; ¡Os recomendamos que lo leáis!</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-879" title="portada_laagoniadecristo" src="http://biblicos.org/evangelio/wp-content/uploads/2010/04/portada_laagoniadecristo21.png" alt="" width="235" height="353" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span id="more-819"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">La Agonía de Cristo</h2>
<h2 style="text-align: center;">por Jonathan Edwards</h2>
<p style="text-align: justify;">Lucas 22 : 44 &#8212; Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">En su estado original, nuestro señor Jesucristo era sobre todo sufrimiento, porque Él era “ Dios sobre todo, bendecido para siempre”; pero cuando se hizo hombre, no solamente fué capaz de sufrir, sino que tomo parte en esa naturaleza que es en verdad débil y expuesta al sufrimiento. La naturaleza humana por su debilidad, es comparada en las Escrituras al pasto en el campo, que fácilmente se marchita y muere. También es comparada a una hoja y a la hierba seca, y a una rafaga de viento, y a la débil naturaleza humana, que es polvo y cenizas, que tiene su fundacion en el polvo, y que puede ser desecha por la polilla. Esta fue la naturaleza, con toda su debilidad, y exposicion al sufrimiento, a la que Cristo, que es el Señor Dios omnipotente, puso sobre Él. ÉL no tomó la naturaleza humana en Él, en su primer, más perfecto y vigoroso estado, la tomó en el estado débil, y desauciado que fué después de la caída; por eso Cristo es llamado “una delicada planta”, y “ una raíz de tierra seca”. Isaias 53:2. Subirá cual renuevo delante de Él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Así, la principal tarea de Cristo en el mundo era el sufrimiento, así que, en concordancia con esa tarea, Él vino en esa naturaleza y con las circunstancias, porque todo eso podía permitir que sufriera; así que toda su vida estuvo llena de sufrimiento, empezó a sufrir en su infancia, pero el sufrimiento creció a medida que  llegaba al final de su vida. Su sufrimiento empezó después del inicio de su ministerio público, probablemente era mayor que antes; y la parte posterior de su ministerio público parece ser distinguido por el sufrimiento. Mientras Cristo vivía más en el mundo, más la gente veía y escuchaba de Él, y más lo odiaban, el odio de sus enemigos crecía más y más, por la oposición que el ponía para sus intereses; Y el diablo siendo vencido continuamente por Él, crecía en su odio más y más contra Él, y reforzaba la batalla más y más contra Él, así que la nube oscura sobre la cabeza de Cristo crecía más y más, mientras vivía en este mundo, hasta que llegó a la más grande oscuridad en donde colgado de la cruz gritó: &#8220;¡Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado!&#8221;. Antes de esto estaba extremadamente oscuro, cuando  estaba en agonía en el Getsemaní; el que tenemos en cuenta en las palabras que ahora leo; y el que  tengo por propósito presentar el tema de mi presente discurso. La palabra agonía significa una lucha constante, como lo presenciamos en las luchas, correr, o luchar. Y por eso en Lucas 13:24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. En el original, la palabra traducida como esforzaos, es agwnizesqe. “Agonicen para entrar por la puerta angosta”, esa palabra es usada especialmente para ese tipo de lucha, que en esos tiempos era exhibida en los juegos Olímpicos, en la que los hombres luchaban para perfeccionar su habilidad para correr, luchar, y esos tipos de ejercicios; y había un premio que era concedido al vencedor. Esos que competían, se decía que agonizaban.</p>
<p style="text-align: justify;">El apóstol en su epístola a los cristianos de Corinto, una cuidad de Grecia, donde esos juegos se exhibían cada año, en alusión al esfuerzo de los contendientes dice, “Y todo hombre que lucha”, en el original, todo aquel que agoniza, “ de todo se abstiene.” El lugar donde esos juegos se llevaban acabo era llamado Agwn, o el lugar de la agonía, esa palabra es usada en la escritura particularmente para el esfuerzo en la verdadera oración cuando las personas luchan con Dios: se dice que agonizan, o estar en agonía, en oración. Esa palabra es usada en Romanos 15:30 “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” en el original sunagwnizesqai moi, que agonizen junto conmigo. También en Col 4:12 “Él siempre ruega encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere” en el original agwnizwn agonizando por ustedes. Así que cuando se dice que en el texto que Cristo está en agonía, el significado es, que su alma estaba en una gran lucha y conflicto. Lo estaba de dos formas:</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">1.   Su alma estaba en un gran y doloroso conflicto con esas terribles visiones y aprensiones que tenía en ese momento.</p>
<p style="text-align: justify;">2.   Estaba también al mismo tiempo en un gran esfuerzo y lucha con Dios en oración.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Me propongo, pues, a exponer el tema de la agonía de Cristo, y a desarrollarla, en estos dos asuntos,</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">I.     Que el  alma de Cristo estaba en un gran y doloroso conflicto con esas terribles visiones y aprensiones de las que era objeto.</p>
<p style="text-align: justify;">II.    Que el alma de Cristo en su agonía en el jardín tuvo una gran labor y lucha con Dios en oración.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Ilustrando este asunto me esforzare en mostrar,</p>
<p style="text-align: justify;">1.   Qué visiones y aprensiones eran esas.</p>
<p style="text-align: justify;">2.   Que el conflicto o agonía del alma de Cristo era ocasionada por esas visiones y aprensiones.</p>
<p style="text-align: justify;">3.   Que ese conflicto era peculiarmente grande y estresante; y,</p>
<p style="text-align: justify;">4.   La razón que podríamos suponer del diseño especial de Dios para darle a Cristo esas terribles visiones y aprensiones, y causarle sufrir ese terrible conflicto, antes de ser crucificado.</p>
<p style="text-align: justify;">Me propuse enseñar,</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Primero, Cuales eran esas terribles visiones y grandes aprensiones que Cristo tubo en su agonía. Esto puede ser explicando considerando:</p>
<p style="text-align: justify;">1.   La causa de esas visiones y aprensiones; y,</p>
<p style="text-align: justify;">2.   La manera en que fueron vividas</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">1.    La causa de esas visiones y aprensiones, que Cristo tuvo en su agonía en el jardín, la copa amarga que iba a tomar en la Cruz. Los sufrimientos que Cristo paseo en su agonía en el jardín; no fueron los mas grandes, aunque fueron muy grandes, Sus últimos sufrimientos en la cruz fueron sus más grandes sufrimientos; y por eso son llamados “ la copa que tenía que beber.” Los sufrimientos de la cruz, bajo los cuales fué asesinado, son siempre en las Escrituras representados como los principales sufrimientos de Cristo; esos en los que especialmente “puso nuestros pecados sobre su propio cuerpo” e hizo expiación por el pecado. El soportar la cruz, humillándose a sí mismo y hacerse obediente hasta la muerte, y hasta la muerte de la cruz, se describe como lo principal donde sus sufrimientos aparecieron. Esta fue la copa que tenía ante él en su agonía. Se manifiesta que Cristo vió esto en ese momento, por las oraciones que ofreció. De acuerdo con Mateo, Cristo hizo tres oraciones esa tarde mientras estaba en el jardín de Getsemaní, y todas sobre este tema, la copa amarga que tenía que  tomar. De la primera tenemos una prueba en Mateo 26:39 “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” De la segunda en el verso 42 “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” Y de la tercera en el verso 44, “Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.” De esto se ve de que era de lo que Cristo tenía tan terribles visiones y aprensiones en ese tiempo. Lo que insistía en sus oraciones, nos enseña que era en lo que su mente estaba tan concentrada. Era por los sufrimientos de la cruz, que iba a tener que aguantar al siguiente día, cuando iba a haber oscuridad sobre toda la tierra, y al mismo tiempo la mas profunda oscuridad en el alma de Cristo, de lo que tenía tan reales y estresantes pensamientos y aprensiones.</p>
<p style="text-align: justify;">2.    La forma en la que esta copa amarga era vista desde la perspectiva de Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Tenía una aprensión real impresa en su mente. Tenía una aprensión de la copa que iba a beber. Su principal tarea en el mundo era tomar esa copa, y por eso nunca dejó de pensar en eso, siempre lo estuvo cargando en su mente, y lo decía con frecuencia a sus discípulos. Mateo 16:21 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”  Tambi&amp;amp;eacute;n en el capítulo 20:17,18,19 “Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;  y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.</p>
<p style="text-align: justify;">La misma cosa era el tema de conversación en el monte con Moisés y Elías cuando fué transfigurado. Así habla también de su bautismo en sangre, Lucas 12:50 “De un bautismo tengo que ser bautizado; y !!cómo me angustio hasta que se cumpla!. Habla de él otra vez a los hijos de Zebedeo, Mateo 20:22 “Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.” Habló de él siendo levantado. Juan 8:28 “Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.”</p>
<p style="text-align: justify;">Juan 12:34. “Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? “ Él habló de destruir el templo de su cuerpo, Juan 2:19 Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”  E insistió en hablar de esto antes de su agonía, en sus consejos antes de morir a sus discípulos en los capítulos 12 y 13 de Juan. Ya que esta no era la primera vez que Cristo tenía esta copa amarga en su mente. Por el contrario, parece que siempre lo tuvo en cuenta. Pero parece que esta vez Dios le dio una visión extraordinaria de esto. Un sentimiento de la ira que iba a ser derramada sobre Él, y esos grandes sufrimientos que iba a soportar, fueron fuertemente impresos por el poder de Dios; para que tuviera aprensiones mucho mas vividas de la amargura de la copa que iba tomar de lo que nunca las había tenido, y estas aprensiones eran tan terribles, que su frágil naturaleza humana fue aplastada, y estaba lista para desmoronarse.</p>
<p style="text-align: justify;">2. La copa amarga estaba representada, justo en su mano. No solo tenía una más clara y vivida realidad de lo que la había tenido; sino que ahora estaba justo enfrente de él, para que la tomara sin ningún retraso; porque, en esa misma hora, Judas vendría con su grupo de gente, y Él mismo se entregaría en sus manos hasta el final donde iba a tomar la copa al siguiente día; al menos que en verdad Él se negara a tomarla, y así escapara del lugar donde Judas iba a venir; de lo que tuvo oportunidad si hubiera querido. Habiendo mostrado cuales fueron esas visiones y aprensiones que Cristo tuvo en su agonía; me esforzaré en mostrar,</p>
<p style="text-align: justify;">I. Que el conflicto que el alma de Cristo soportó en ese entonces fué ocasionado por esas visiones y aprensiones. El sufrimiento y el estrés que su alma soportó, surgió de la vivida, llena e inmediata visión que la había sido dada de la copa de ira; que el Dios Padre había hecho porque Él fue el que puso la copa enfrente de Él, para que la tomara y bebiera. Algunos han investigado, cual fué la razón  del estrés y la agonía, y ha habido muchas especulaciones acerca de ello, pero la razón que la Escritura misma nos da es suficiente acerca de este tema, y deja lugar para especulación o duda. Con lo que la mente de Cristo estaba llena en ese tiempo, era sin duda la misma cosa con la que su boca estaba llena: era el pavor que su frágil naturaleza humana tenía de esa terrible copa, que era mucho más terrible que el horno ardiente de Nabucodonosor. En ese momento una idea cercana de ese horno de ira, en el que iba a ser echado; fue llevado a la boca del horno que iba a ver por dentro, y parado iba a ver sus salvajes llamas, y a ver el resplandor de su calor, para que supiera a donde iba y lo que iba a sufrir. Esto fue lo que llenó su alma con sufrimiento y oscuridad, esta terrible visión que lo había abrumado. ¿Para qué iba a estar esa naturaleza humana de Cristo en esa ira tan poderosa? Era Él mismo, sin el apoyo de Dios, tan solo un gusano de tierra, algo que podía ser desecho por la polilla, ninguno de los hijos de Dios tuvo una copa frente a él como esta, como este Supremo sobre toda creación tuvo. Pero para no detenernos en esto, me apresuro a mostrar,</p>
<p style="text-align: justify;">II.   Que el conflicto en el alma de Cristo, en este vistazo de sus últimos sufrimientos, fue doloroso sobre toda expresión o concepción. Esto aparece,</p>
<p style="text-align: justify;">1.   Donde se habla de su sufrimiento en la história. Por un evangelista se nos dice,(Mateo 26:37) Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.” Y por otro, (Marcos 14:33)  Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Estas expresiones dejan ver el estrés intenso y abrumante en el que estaba su alma.</p>
<p style="text-align: justify;">La expresión de Lucas en el texto de su agonía, de acuerdo con el significado de esa palabra en el original, es de un grado de sufrimiento que no es normal, sino que ese estrés extremo con el que su naturaleza tuvo un conflicto violento, fue como el de un hombre que pelea con todas sus fuerzas con un hombre fuerte, que se esfuerza y ejerce toda su fuerza para dominar sobre él.</p>
<p style="text-align: justify;">2. De lo que Cristo dice de él, y el no exageraría las cosas más halla de la verdad. El dice,” Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” Mateo 26:38. ¿Qué lenguaje puede expresar mejor el grado más extremo de tristeza? Su alma no solo estaba “triste” estaba “muy triste” y no solo eso, pero porque no podía expresar el grado de tristeza, añade, “ hasta la muerte;” lo que parece mostrar que los dolores y sufrimientos del infierno, de la muerte eterna, lo habían tomado y estaban sobre Él. Los hebreos expresaban el mayor grado de dolor que cualquier criatura podía soportar con la frase, la sombra de la muerte. Cristo tenía ahora, como era, la sombra de la muerte traída sobre su alma por la cercana visión que tuvo de la copa amarga que tenía enfrente de Él.</p>
<p style="text-align: justify;">3. Por el efecto que tuvo en su cuerpo, causando el sudor de sangre del que leemos en el texto. En la traducción dice, “su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” La palabra grandes gotas, es en el original qromboi, lo que significa terrones o cuágulos; por lo que suponemos que la sangre fue presionada por sus poros por la violencia del conflicto interno que había, cuando se expuso al aire frio de la noche, se congeló y endureció, por la naturaleza misma de la sangre, y cayó de el no en gotas, sino en cuágulos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si el sufrimiento de Cristo hubiera ocasionado solo un sudor violento, hubiera mostrado que estaba en gran agonía: ya que hubiera sido una angustia extraordinaria y presión en la mente que causara que el cuerpo sudara en el ambiente abierto, en una noche fría como esa, como es evidente en Juan 18:18 “estaban en pie los siervos y los alguaciles que habían encendido un fuego; porque hacía frío, y se calentaban; y también con ellos estaba Pedro en pie, calentándose.” Esta fue la misma noche en que Cristo estuvo en agonía en el jardín. Pero el estrés y angustia interna de Cristo no solo le causo un violento sudor por todo su cuerpo, sino que causó también que sudara sangre. El estrés y  la angustia de su mente era tan indescriptiblemente extremo que causó que su sangre saliera por los poros de su piel, y tal grado para que cayera en cuágulos o gotas de su cuerpo a la tierra. Ahora mostrare,</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">III.  Lo que se podría suponer que fue el propósito de Dios en darle a Cristo estas terribles visiones de sus últimos sufrimientos; en otras palabras, porque era necesario una completa y extraordinaria visión de la copa que iba a beber, antes de beberla, ya que nunca la había tenido;  o porque tuvo que tener una muestra de la ira de Dios que iba a soportar en la cruz, antes de que el tiempo viniera cuando en verdad la iba a soportar.</p>
<p style="text-align: justify;">Respuesta. Era necesario, que tomara esa copa y la bebiera, sabiendo lo que iba a hacer. A menos que la naturaleza humana de Cristo tuviera una visión extraordinaria ante Él de lo que iba a sufrir, no podía, como humano, saber antes lo que iba a sufrir, y por eso no podía, como hombre, saber lo que hizo cuando tomó la copa para beberla, porque no hubiera sabido completamente lo que la copa era, siendo una copa que nunca había bebido. Si Cristo se hubiera puesto a sí mismo en esos terribles sufrimientos, sin ser completamente sensible con anterioridad de lo amargo y terrible que eran, no hubiera sabido lo que hizo. Como un hombre, se hubiera puesto en sufrimientos de los que Él era ignorante, y hubiera actuado ciegamente; y por supuesto ponerse en estos sufrimientos no hubiera sido completamente su propio acto. Cristo, como Dios, sabía perfectamente cuales eran estos sufrimientos; pero era más necesario que lo supiera como hombre: porque iba a sufrir como hombre, y el acto de Cristo tomando la copa era el acto de Cristo como Dios hombre. Pero el hombre Jesucristo nunca tuvo la experiencia de los sufrimientos que iba soportar en la cruz; y por eso no podía saber completamente como eran, solamente teniendo una visión extraordinaria de ellos ante Él, y una idea extraordinaria impresa de ellos en su mente. Hemos escuchado de torturas que otros han soportado, pero no sabemos completamente lo que fueron, porque nunca las pasamos;  y es imposible que pudiéramos saber lo que fueron mas que de dos formas, pasándolas, o teniendo una visión de ellas, o una idea de ellas impresa de una manera extraordinaria. Una idea así fue impresa en la mente de Jesucristo hombre, en el jardín de Getsemani, de sus últimos sufrimientos que causó esa agonía. Cuando tuvo una perspectiva completa de lo que era esa ira de Dios que iba a sufrir, la visión fue abrumante para Él; hizo a su alma sufrir en extremo, hasta la muerte. Cristo iba a ser echado a un terrible horno de ira, y no era apropiado que se pusiera Él mismo ahí ciegamente, sin saber lo terrible que ese horno fuera. Y para que no lo hiciera, Dios primero lo llevo a la boca del horno, que iba a ver por adentro, para quedarse  viendo las fieras y salvajes llamas, y pudiera ver a donde iba, y pudiera entrar voluntariamente en ella y llevarla por los pecadores, sabiendo lo que era. Esta fue la visión que Cristo tuvo en su agonía. Después Dios trajo la copa que iba a tomar, y la puso frente a Él, para que pudiera tener una perspectiva completa de lo que era, y pudiera ver lo que era antes de tomarla y beberla. Si Cristo no hubiera sabido completamente lo terribles que iba a ser esos sufrimientos, antes de tomarlos sobre él, el ponerlos sobre él no solamente hubiera sido un acto de Él como hombre; no hubiera podido haber un acto explícito de su voluntad de lo que era ignorante, no hubiera habido una prueba apropiada, no importando que Él hubiera querido soportar esos terribles sufrimientos o no,  a menos que supiera desde antes que tan terribles eran; pero cuando vio lo que  eran, por tener una visión extraordinaria de ellos, y luego aceptar soportarlos después de eso; actuó sabiendo lo que hizo, luego tomando la copa, y poniendo sobre Él esos terribles sufrimientos, fue su propio acto por una decisión explicita; y también su amor por los pecadores, esa decisión que tuvo fue la más sorprendente, y también su obediencia hacia Dios en ella. Y era necesario que esta visión extraordinaria que Cristo tuvo de la copa que iba a tomar fuera dada en ese tiempo, justo antes de ser prendido. Esta fue el tiempo perfecto, justo antes de tomar la copa, y cuando todavía tenía la oportunidad para rechazarla; porque fue prendido por la compañía dirigida por Judas, tuvo la oportunidad de hacer su escape cuando Él hubiera querido. Porque el lugar donde estaba, era en las afueras de la ciudad, donde no estaba confinado, y estaba sin compañía, en un lugar solitario; y era de noche; para que pudiera ir al lugar que Él hubiera querido, y sus enemigos no hubieran sabido donde encontrarlo. Esta visión que tuvo de la copa amarga le fue dada cuando estaba en completa libertad, antes de ser entregado en las manos de sus enemigos. El acto de Cristo de ser entregado por Él mismo en las manos de sus enemigos, como lo hizo cuando Judas vino, que fue después de la agonía, fue el acto de tomar la copa para beberla; porque Cristo sabía que el propósito de eso era su crucifixión al siguiente día. Estas cosas nos pueden enseñar el fin de la agonía de Cristo, y la necesidad que hubo de tal agonía antes de sus últimos sufrimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">APLICACIÓN</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto podemos aprender que tan terribles fueron los últimos sufrimientos de Cristo. Lo aprendemos del terrible efecto que un vistazo de ellos tuvo en Él en su agonía. Sus últimos sufrimientos fueron tan terribles, que el vistazo que Cristo tuvo de ellos lo abrumaron y lo espantaron, como se dice empezó a estar gravemente espantado. La visión que tuvo de ellos fue tan terrible como para hundir su alma en la oscura sombra de la muerte; tan terrible fue, que en el doloroso conflicto que su naturaleza tuvo con ella, estaba lleno de sudor de sangre, su cuerpo fue cubierto todo con sangre cuagulada, y no solo su cuerpo, sino la tierra debajo de Él con la sangre que cayó de él, que fue forzada a través de sus poros por la violencia de la agonía. ¡Y si solo el vistazo de la copa fue tan terrible, qué tan terrible fue la copa en sí misma, qué tanto de todo eso puede ser pensado o concebido! Muchos de los mártires han soportado torturas extremas, pero de lo que se ha dicho, hay toda la razón para pensar que todo eso es nada comparados con los últimos sufrimientos de Cristo en la cruz. Y lo que se ha dicho comprueba un argumento convincente que los sufrimientos que Cristo soportó en su cuerpo en la cruz, aunque fueron muy terribles, fueron el menor de sus últimos sufrimientos; y además de esos, soportó sufrimientos en su alma que fueron mucho mayores. Porque si solo hubieran sido los sufrimientos que soportó en su cuerpo, aunque fueron muy terribles, no podemos concebir que la sola anticipación de estos tuviera un efecto como este en Cristo. Muchos de los mártires, de lo que sabemos, han soportado torturas tan severas en sus cuerpos como Cristo lo hizo. Muchos mártires han sido crucificados, como Cristo fue; y aun así sus almas no han sido tan grandemente abrumadas. No ha aparecido tan grande dolor y estrés en la mente ni a la anticipación de sus sufrimientos, ni al soportarlos.</p>
<p style="text-align: justify;">2.   De lo que ha sido dicho, podemos ver la grande fuerza del amor de Cristo por los pecadores. Lo que ha sido dicho muestra la fuerza del amor de Cristo en dos formas.</p>
<p style="text-align: justify;">1.   Que fue tan fuerte como para llevarlo a través de esa agonía en la que estuvo. El sufrimiento al que después fue sometido, fue terrible e impresionante, como ha sido mostrado; ¡y que tan grande fue su amor que perduró y fue mantenido aún! El amor de cualquier hombre o ángel dudosamente se hubiera sometido a tal peso, y nunca hubiera soportado tal conflicto en ese sudor de sangre como el de Jesucristo. La angustia del alma de Cristo en ese tiempo fue tan fuerte como para causar ese efecto extraordinario en su cuerpo. Pero el amor hacia sus enemigos, pobres e indignos como eran, fue más fuerte aun. El corazón de Cristo en ese entonces estaba lleno de estrés, pero estaba lleno de amor hacia viles gusanos; sus dolores abundaban, pero su amor sobreabundó. El alma de Cristo fue grandemente abrumada con un diluvio de carga, pero esto fue de un diluvio de amor hacia los pecadores en su corazón suficiente para inundar el mundo, y conquistó las montañas más altas de sus pecados. Esas grandiosas gotas de sangre que cayeron en tierra eran una manifestación de un océano de amor en el corazón de Cristo.</p>
<p style="text-align: justify;">2.   La fuerza del amor de Cristo aparece especialmente en esto, que cuando tuvo esa visión completa de lo terrible de la copa que iba a beber, que tanto lo asombró, a pesar de eso iba a tomar la copa y beberla. Entonces parece ser la prueba más grande y peculiar del amor de Cristo, cuando Dios puso la copa amarga enfrente de él, y lo dejó ver qué iba a ser lo que iba a tomar, si persistía en su amor por los pecadores; y lo llevaba a la boca del horno para que viera su ferocidad, tuviera una visión completa de él, y tuviera tiempo de considerar si en verdad entraría en él y sufriría las llamas de ese horno por criaturas tan indignas, o no. Así fue como le propusieron a Cristo cual sería su última consideración de qué haría; así como si le hubieran dicho: &#8220;Aquí está la copa que vas a beber, a menos que te rindas en soportar por los pecadores, y los dejes perecer como se lo merecen. ¿Vas a tomar esta copa, y tomarla por ellos, o no? Ahí está el horno en el que te van a echar, si es que van a ser salvados; aunque merezcan perecer, o vas a soportar esto por ellos. Puedes ver que tan terrible es el calor del horno; puedes ver el dolor y la angustia que vas a tener que soportar al amanecer, a menos que te des por vencido en tu causa por los pecadores. ¿Que vas a hacer? ¿Es tu amor tal que vas a seguir? ¿Vas a ponerte tu mismo en ese terrible horno de ira?&#8221; El alma de Cristo estaba abrumada con ese pensamiento, su frágil naturaleza humana se sumió con tal decadente vistazo. Lo puso en esta terrible agonía que ha sido descrita, si los pecadores pudieran ser salvados sin esto. Si no hubiera una absoluta necesidad de este sufrimiento por ellos por su salvación, Él deseaba que la copa pasara de Él. Pero si los pecadores, en los que puso su amor, no pueden, de acuerdo con la voluntad de Dios, ser salvados sin que Él tomara la copa, escogió que la voluntad de Dios fuera echa. Escogió  ir y soportar el sufrimiento, tan terrible como le parecía. Y esta fue su conclusión final, ante el terrible conflicto de su frágil naturaleza humana, después de que hubo tenido la copa frente a él, y por lo menos en el espacio de una hora, que vió que tan impresionante era. Aun así decidió que la iba a tomar, antes que esos pobres pecadores a lo que había amado por toda la eternidad perecieran. Cuando la terrible copa estuvo enfrente de él, no se dijo así mismo: &#8220;¿por qué tengo que hacerlo, yo soy una persona grande y gloriosa, infinitamente más honorable que todos los ángeles del cielo, por qué tengo que ir yo y sumirme en esos terribles y grandes sufrimientos por esos indignos y desgraciados gusanos que no pueden ser provechosos para Dios, o para mi, y merecen ser odiados por mí, y no amados? ¿Por qué debería yo que he vivido en la complacencia del amor del Padre por la eternidad, ir y entregarme en un horno así por ellos que nunca me van a poder pagar por eso? ¿Por qué debería entregarme a mí mismo para ser quebrantado por el peso de la ira divina, por ellos que no tienen amor hacía mí, y que son mis enemigos? Ellos no merecen ninguna relación conmigo, y nunca la merecieron, y nunca harán, nada para reconciliarse conmigo. ¿En qué me enriquecería más por haber salvado unos cuantos de miserables enemigos de Dios y de mí, que merecen tener justicia divina glorificada en su destrucción?  Ese, sin embargo, no fue el lenguaje del corazón de Cristo, en estas circunstancias; por el contrario, su amor salió a relucir, y decidió incluso entonces, a la mitad de su agonía, someterse a la voluntad de Dios, y tomar la copa y beberla. Él no correría para escapar de Judas y los que estaban con él, aunque  sabía que venían,  pero esa misma hora se entregó a sí mismo voluntariamente en sus manos. Cuando vinieron con espadas y palos para prenderlo, aunque pudo haber invocado a su Padre, que inmediatamente hubiera enviado legiones de ángeles para alejar a sus enemigos, y liberarlo, Él no lo hizo; ni cuando sus discípulos hicieran resistencia, Él no los habría dejado, como podemos verlo en Mateo 26:51 “Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que Él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?  En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.  Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas.” Y Cristo, en vez de esconderse de Judas y los soldados, les dijo, cuando no sabían si Él era la persona a la que buscaban; y cuando parecía que dudaban,  siendo sobrecogidos con un poco de miedo en sus mentes, les dijo otra vez, y se entrego a sí mismo en sus manos, para ser prendido por ellos, después de mostrarles que Él podía fácilmente resistirles si a Él le placía, cuando una sola palabra de Él, los hizo  caer en tierra, como pueden ver en Juan 18:3, “Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?  Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.” Así de poderoso, constante, y violento era el amor de Cristo; y la prueba especial de su amor sobre todos en toda su vida parece que fue en el tiempo de su agonía. Aunque sus sufrimientos fueron mayores después, cuando estuvo en la cruz, Él vió cuales iban a ser esos sufrimientos, en el tiempo de su agonía y esa parece ser la primera vez que Cristo tuvo un vistazo claro de lo iban a ser esos sufrimientos; y después de esto la prueba no fue tan grande, porque el conflicto había terminado. Su naturaleza humana había estado en una lucha con su amor por los pecadores, pero su amor había triunfado. El asunto, con la visión de sus sufrimientos, había sido resuelto y concluido; y cuando el momento llegó, pasó a través de ello con esos sufrimientos. Pero hay dos aspectos de la agonía de Cristo que hace que la fuerza y la constancia de su amor hacia los pecadores sea más visible.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Que al mismo tiempo que tuvo esa visión de lo terrible de sus sufrimientos, también pudo ver del odio y la perversión de aquellos por los cuales sus sufrimientos iba a ser expiación. Hay dos cosas que hacen del amor de Cristo increíble: 1. Que Él quiso soportar esos sufrimientos que fueron tan grandes: y 2. Que quiso soportarlos para hacer expiación por una maldad tan grande. Pero para que esto sea dicho de una manera correcta, Cristo por su propia voluntad y elección soportó sufrimientos que fueron tan grandes, para hacer expiación por esa maldad tan grande, dos cosas eran necesarias. 1. Que tuviera una experiencia de lo grande que iban a ser estos sufrimientos, antes de que los soportara. Esto le fue dado en su agonía. Y 2. Que al mismo viera  que tan grande y llena de odio era la maldad del hombre por el que tenía que sufrir para hacer expiación; o que tan indignos eran esos por los que iba a morir. Y estas dos cosas le fueron dadas al mismo tiempo. Cuando Cristo tuvo esa extraordinaria experiencia de cuan amarga iba a ser su copa, tuvo mucho para hacerlo sensible de que tan indigna y llena de odio era la maldad de la humanidad por la que iba sufrir; porque el odio y la naturaleza maligna de esa corrupción nunca se vio tanto que en el rencor y la crueldad del hombre en estos sufrimientos; y aun así su amor fue tal que siguió no importándole que sufriera por esos que estaban llenos de esa corrupción llena de odio.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue la corrupción y maldad de los hombres la que contribuyó y efectuó su muerte; fue la maldad del hombre la que estuvo de acuerdo con Judas, fue la maldad del hombre la que lo traicionó, y la que lo prendió, y lo ató, y lo llevo como un malhechor; fue por la corrupción y maldad del hombre por la que fue arraigado, y acusado falsamente, y juzgado injustamente. Fue por la maldad del hombre que fue reprobado, burlado, abofeteado, y escupido. Fue por la maldad del hombre que Barrabás fue preferido antes que Él. Fue la maldad del hombre la que puso la cruz en Él para que la cargara, y para que fuera clavada en ella, y la que lo puso en tan cruel y solitaria muerte. Esto le dio a Cristo una imagen extraordinaria del gran odio y de la depravación humana.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Como en el tiempo de sus sufrimientos tuvo a la depravación delante del tal cual era, sin ningún disfraz. Cuando mató a Cristo, apareció en sus propios colores. Ahí Cristo la vió en su verdadera naturaleza,  que es el más grande odio y desprecio por Dios; en su más grande tendencia y deseo, que es matar a Dios; y en su más grande agravio y alto acto, matando a la persona que es Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Porque en estos sufrimientos sintió los frutos de esa maldad. Fue direccionada directamente hacia Él, y ejecutada en contra de Él para producir su reprobación y tormento, que imprimió una idea más fuerte de su odio en la naturaleza humana de Cristo. Pero al mismo tiempo, tan grande fue el amor de Cristo hacia aquellos que exhibieron esta corrupción llena de odio, que soportó esos sufrimientos para librarlos del castigo de esta corrupción. La Grandeza del amor sufriente de Cristo se ve en parte en que murió por aquellos tan indignos, ya que toda la humanidad tiene el mismo tipo de corrupción en sus corazones, y en parte en que murió por esos que no solamente eran tan malvados, sino que su maldad consiste en ser enemigos de Él; así que no solamente murió por los malvados, sino por sus propios enemigos; y mientras Él quiso morir por sus enemigos al mismo tiempo estaba sintiendo los frutos de su enemistad, mientras sentía los más grandes efectos de su execración de su rencor hacia Él en el más grande deprecio y crueldad posible hacía Él, en su más grande ignominia, tormentos  y muerte; y en parte en que Él quiso hacer expiación por ellos ser sus enemigos en estos sufrimientos, y por esa ignominia, tormento, y muerte que era el fruto de eso. El pecado y la maldad del hombre, por quien Cristo murió para hacer expiación, fue, como era, puesto delante de Cristo en su visión.</p>
<p style="text-align: justify;">1. En que esta maldad era solo un ejemplo de la maldad humana; porque la corrupción de toda la humanidad es de la misma naturaleza, y la maldad que está en el corazón un hombre es de la misma naturaleza y tendencia que en la de cualquier otro. Como en el reflejo a través del agua, el rostro de un hombre corresponde al hombre, así el corazón del hombre corresponde al hombre.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Es probable que Cristo murió para hacer expiación por esa maldad individual que forjó sus sufrimientos, que lo depreció, se burló, lo abofeteó, y lo crucificó. Algunos de los que lo crucificaron, por los que oró que fueran perdonados, mientras estaban crucificándolo, fueron después, en respuesta a su oración convertidos, por la predicación de Pedro; como tenemos escrito en el segundo capítulo de Hechos.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Otra circunstancia de la agonía de Cristo que muestra la fuerza de su amor, fue la huida desagradecida de sus discípulos. Los discípulos de Cristo estaban entre aquellos por los que Cristo soportó su agonía, y entre aquellos por los que Cristo iba a soportar esos sufrimientos, de los que ahora tenía horribles aprensiones. Cristo ya les había dado un interés de los beneficios de esos sufrimientos. Sus pecados ya habían sido perdonados gracias a la sangre que iba a ser derramada, y ya habían sido infinitamente recompensados por esa muerte vergonzosa y el amor que tuvo por ellos, y había por sus sufrimientos sido distinguido más que todo el mundo. Cristo había puesto un honor mayor en ellos que en nadie más, haciéndolos sus discípulos en un sentido de honor más grande  que a ninguno otro. Y aun así, cuando tuvo esa horrible copa enfrente de Él que iba a beber por ellos, y que estaba en tanta agonía ante ellos, no recibió nada mas que indiferencia e ingratitud de su parte. Cuando Él solo deseaba que ellos velaran con él, para que fuera confortado con su compañía, en su momento más triste se quedaron dormidos; y dejaron ver que no tenían preocupación suficiente que los mantuviera despiertos por lo menos una hora, aunque solo eso deseó de ellos una sola vez. Y aun así este trato desagradecido de ellos, por los que iba a beber esa copa de ira que Dios había puesto enfrente de Él, no lo desalentó de tomarla, y beberla por ellos. Su amor se mostró a ellos; habiendo amado a los suyos, los amó hasta el final. El no se dijo así mismo cuando esta copa terrible estaba frente de El, ¿por qué debo sufrir tanto por esos desagradecidos; por qué debo luchar con la expectación de la terrible ira de Dios que va a caer sobre mí mañana, por ellos que durante este momento no tienen preocupación por mí  como para quedarse despiertos conmigo cuando quiero que lo hagan solo una hora? Pero al contrario, con ternura y compasión paternal excusa la ingratitud de sus discípulos, y dice, Mateo 26:41 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”, y se fue y fue prendido, y humillado, y escarnecido, y crucificado, y derramó su alma hasta la muerte, bajo la pesada carga de la terrible ira de Dios en la cruz por ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">3. De lo que ha sido dicho, podemos aprender la grandeza del sometimiento de Cristo a la voluntad de Dios. Cristo, siendo una persona divina, era el absoluto soberano del cielo y la tierra, pero aun así era la más grande instancia del sometimiento a la soberanía de Dios como nunca la hubo. Cuando tuvo esa visión de lo terrible que iban a ser sus últimos sufrimientos, y oró que si fuera posible que la copa pasara de Él, i.e. si no hubiera una necesidad absoluta de ella para la salvación de los pecadores, aun así fue con una perfecta sumisión a la voluntad de Dios. Añade, “ No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Escogió antes que la inclinación de su naturaleza humana, que tanto temía esos tormentos, fuera crucificada, a que la voluntad de Dios no se llevara acabo. Se deleitaba en la idea de que la voluntad de Dios fuera echa; y cuando fue y oró por segunda vez, no tenía otra cosa que decir más que, “O Padre, si esta copa no puede pasar de mí, que se haga tu voluntad;” y así la tercera vez. ¿Qué son las pruebas de sumisión que todos tenemos a veces en las aflicciones que sufrimos en comparación con esto? ¡Si Dios en su providencia nos dice que debemos ser como niños, que fácil somos llevados a gritarle, que listos estamos para ser desobedientes y tercos! ¡O si Dios pone su mano sobre nosotros para provocarnos dolor intenso en el cuerpo, que listos estamos para estar descontentos  e impacientes; cuando el inocente Hijo de Dios, que no merecía sufrimiento pudo someterse sin protestar a sufrimientos inconcebiblemente mas grandes, y dijo una y otra vez, que la voluntad de Dios se haga! Cuando fue traído a ese terrible horno de fuego en el que iba a ser echado, para que pudiera ver adentro de él y tuviera una visión completa de su fiereza, cuando su carne se compungió en él, y su naturaleza estaba en tal conflicto, que su cuerpo estaba cubierto de un sudor de sangre que caía en grandes gotas al suelo, aun así su alma se rindió calladamente para que la voluntad de Dios fuera echa, antes que la voluntad o inclinación de su naturaleza humana.</p>
<p style="text-align: justify;">4. Lo que se ha dicho en este tema también nos muestra la gloria de la obediencia de Cristo. Cristo estaba sujeto a la ley moral como lo estaba Adan, y también estaba sujeto a las leyes ceremoniales y judiciales de Moisés; pero el mandamiento principal que había recibido del Padre fue, que entregara su vida, que voluntariamente se entregara a esos terribles sufrimientos en la cruz. Hacer esto fue su principal propósito en el mundo; y sin duda el principal mandamiento que recibió, era acerca de su principal propósito en el mundo al que había sido enviado. El Padre, cuando lo envió al mundo, lo envió con mandamientos que tenían que ver con lo que iba a hacer en el mundo; y el mandamiento más importante era acerca de eso, que era el propósito al que fue enviado primeramente, que era entregar su vida. Y por eso este mandamiento era la prueba principal de su obediencia. Fue la principal prueba de su obediencia, porque era por mucho el mandamiento más difícil: todos los demás eran fáciles a comparación de este. Y la prueba principal que Cristo tuvo, si Cristo obedecía o no a este mandamiento, tenía que ser en el momento de su agonía; porque tenía una hora antes de ser prendido para que sufriera, cuando podía entregarse a ellos, o escapar. Y en ese entonces fue la primera vez que Cristo tuvo una perspectiva completa de la dificultad de este mandamiento; que fue tan impresionante que causó ese sudor de sangre. Eso fue el conflicto de la débil naturaleza humana con la dificultad, ahí fueron las amargas luchas y peleas con la grande prueba que tenía,  y ahí Cristo tuvo victoria sobre la tentación, desde el terror de su naturaleza humana. Su obediencia prevaleció a través del conflicto. Entonces suponemos fue especialmente desatado para trabajar sobre el temor natural que la naturaleza humana tenía de esos tormentos, y para esforzarse lo más que pudiera para disuadir a Cristo de continuar y tomar la copa amarga; porque en ese tiempo, en lo último de la vida de Cristo, fue especialmente entregado en las manos de Satanás para ser tentado por él, más de lo que fue justo antes de su bautismo; porque Cristo dice, hablando de ese tiempo, Lucas 22:53 “Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.” Para que Cristo, en el tiempo de su agonía, estuviera luchando no solo con abrumadoras visiones de sus últimos sufrimientos, sino que también luchó, en ese sudor de sangre, con principados y potestades – contendió en ese momento con el gran leviatán que trabajo lo más que pudo para tentarlo a desobedecer. Para que Cristo tuviera tentaciones a cada paso para que lo sacaran de la obediencia a Dios. Tuvo tentaciones de su frágil naturaleza humana, que extremo temían esos tormentos; y tuvo tentaciones de los hombres, que eran sus enemigos; y tuvo tentaciones del desagradecido escape de sus propios discípulos; y tuvo tentaciones del diablo. También tuvo una prueba abrumadora de la manifestación de la misma ira de Dios; cuando en las palabras de Isaías, le plació al señor quebrantarlo y ponerlo en sufrimiento. Pero no falló, sino que obtuvo la victoria ante todo, y efectuó ese gran acto de obediencia en el tiempo que el mismo Dios se escondió de él, y le estaba mostrando su ira por el pecado de los hombres, que iba a sufrir. Nada podía moverlo de su firme obediencia hacia Dios, pero persistió en decir, “que se haga tu voluntad” expresando no solo su sumisión, sino su obediencia; no solo su conformidad con la directiva voluntad de Dios, sino también con su voluntad previsiva. Dios le había dado a Él esta copa para que la bebiera, y le había ordenado que la bebiera, y eso era suficiente razón para Él para beberla; por eso dice, en la conclusión de su agonía, cuando Judas vino con su compañía, “Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”Juan 18:11. Cristo, en el tiempo de su agonía, tuvo una inconcebible y gran prueba de obediencia que ningún otro hombre o ángel tuvo. ¡Que diferencia esta prueba de obediencia del segundo Adán mas halla de la del primer Adán! ¡Que suave fue la tentación de nuestro primer padre en comparación de esta! Y aun así el primero falló, y el segundo no, pero obtuvo una victoria gloriosa, y fue y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Así de grandiosa y gloriosa fue la obediencia de Cristo, por la que trajo justicia para los que creyeran, y a los cuales se les imputa su obediencia. Con razón fue un dulce sacrificio sembrado,  y que Dios esté listo para otorgarle el cielo al que crea en Él como recompensa.</p>
<p style="text-align: justify;">5. Lo que ha sido dicho nos muestra la brutalidad de seguros pecadores en no tener miedo de la ira de Dios. Si la ira de Dios fue tan terrible, cuando Cristo la esperaba, su naturaleza humana fue abrumada por el miedo a ella, y su alma fue sorprendida, y su cuerpo cubierto con sudor de sangre; entonces que tan tontos son los pecadores, que están amenazados por la misma ira de Dios, y están condenados a ella, y están calmados y callados, y sin preocupación; en vez de estar llenos de tristeza y presionados, yendo con un corazón tranquilo y sin preocupación; en vez de estar llorando en amarga agonía, con frecuencia alegres y contentos, comiendo y bebiendo, durmiendo tranquilos, continuando en pecado, provocando la ira de Dios mas y mas, ¡sin ninguna preocupación! ¡Que estúpidas y embrutecidas son esas personas! Dejen a los pecadores insensibles considerar, que esa miseria, de la que están en peligro por la ira de Dios, e infinitamente mas terrible que eso, el miedo que ocasionó la agonía de Cristo y el sudor de sangre. Es más terrible, porque se diferencia en su naturaleza y en su grado, y también se diferencia en su duración. Es mas terrible en su naturaleza y en grado. Cristo sufrió eso, que como muestra el honor de la ley divina,  era equivalente a la miseria de los condenados; y en cierto grado fue el mismo sufrimiento; porque era la ira del mismo Dios; pero en otro respecto era vastamente diferente. La diferencia no viene de la ira que fue derramada en uno o en otro, porque es la misma ira, pero la ira se diferencia en la causa, que puede ser mejor ilustrada por la comparación del mismo Cristo. Lucas 23:31. “Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?” Aquí Él se llama así mimo el árbol verde, y al malvado hombre el seco, mencionando que la miseria que vendrá en los hombres malvados va a ser mucho mas terrible que la que Él sufrió, y la diferencia es de la naturaleza diferente de la causa. El árbol verde y el seco, ambos son echados al fuego; pero los sufrimientos que Cristo soportó se diferencian de la miseria de los malvados en el infierno en naturaleza y en grado en los siguientes respectos.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Cristo no sentía el roer de la culpa, una conciencia condenada.</p>
<p style="text-align: justify;">2. El no sentía el tormento del reinado interno de corrupciones y deseos como lo hacen los condenados. Los malvados en el infierno son sus propios verdugos, sus deseos son sus tormentos, y el estar sin ninguna restriccion, (porque en el infierno no hay gracia de restriccion)  sus deseos van a quemar como llamas incandecentes en sus corazones. Van a ser atormentados con la violencia de un espíritu de envidia y malicia sin restricciones contra Dios, y en contra de los ángeles y los santos en el cielo, y en contra de uno y otro. Ahora Cristo no sufrió nada de esto.</p>
<p style="text-align: justify;">3. Cristo no tenia que considerar que Dios lo odiaba. Los malvados en el infierno tienen esto para hacer su miseria perfecta, ellos saben perfectamente que Dios los odia sin la menor lastima o apego a ellos, que va a llenar sus almas de una miseria inexpresable. Pero no fue así con Cristo. Dios quitó su confortable presencia de Cristo, y escondió su rostro de Él, y entonces derramó su ira en Él. Y sintió esos terribles efectos en su alma; pero al mismo tiempo sabía que Dios no lo odiaba, sino que lo amaba infinitamente. Gritó de que Dios lo había abandonado, pero al mismo tiempo lo llamó “¡Mi Dios, mi Dios!” sabiendo que todavía era su Dios,  aunque lo hubiera abandonado. Pero los malvados en el infierno van a saber que Él no es su Dios, sino su juez y enemigo irreconciliable.</p>
<p style="text-align: justify;">4. Cristo no sufrió desesperación, como los malvados en el infierno. El sabía que iba a haber fin para sus sufrimientos en unas horas; y que después de eso iba a entrar en la gloria eterna. Pero va a ser muy diferente para ti que eres impenitente; si mueres en tu condición presente, vas a estar en una perfecta desesperación. En esta forma, la miseria de los malvados en el infierno va a ser inmensamente más terrible en naturaleza y en grado, que esos sufrimientos con los temores con que el alma de Cristo fue tan abrumada.</p>
<p style="text-align: justify;">5. Será infinitamente diferente en duración. Los sufrimientos de Cristo duraron solo unas horas, y hubo un eterno final para ellos, una gloria eterna triunfó. Pero tú que estás seguro, pecador endurecido, estás expuesto diariamente a ser echado en una miseria eterna, un fuego que nunca va a ser extinguido. ¡Si en ese entonces el hijo de Dios tuvo tal asombro, por la expectación de lo que iba a sufrir por unas pocas horas, que tan aturdido estás tú que estas continuamente expuesto a esos sufrimientos, inmensamente más terribles en naturaleza y grado, y que no van a tener fin, pero que vas a tener que soportar sin descanso día y noche para siempre! Si tuvieras una perspectiva de la grande miseria a la que estás expuesto, y que tan terrible es tu condición presente tomando eso en cuenta, te pondría en este momento en una terrible agonía como la que Cristo pasó, si tu naturaleza pudiera soportarla, una mucho más terrible. Te veríamos caer en un sudor de sangre, revolcándote en tu sangre, y gritando en un terrible asombro.</p>
<p style="text-align: justify;">Habiéndome esforzado para explicar e ilustrar las dos preposiciones mencionadas en el comienzo del discurso, ahora procederé a mostrar,</p>
<p style="text-align: justify;">II. Que el alma de Cristo en su agonía en el jardín estaba en una gran y seria lucha y conflicto en su oración a Dios. La labor y esfuerzo del alma de Cristo en su oración fue parte de su agonía, y fue sin duda parte de lo que dice el texto, cuando dice que Cristo estaba en agonía; porque, como hemos mostrado, esa palabra es especialmente usada en la escritura en otros lugares para luchar y pelear con Dios en oración. De este hecho, y del evangelista mencionando que estaba en agonía, y su seria oración en la misma oración: “y estando en agonía, Él oraba más intensamente; y su sudor era como grandes gotas de sangre cayendo al suelo.” Este lenguaje parece implicar, que la labor y la intensidad del alma de Cristo fue tan grande en su pelea con Dios en oración, que estaba en una mera agonía, y lleno de sudor de sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que me propongo ahora, en esta segunda preposición, es por la ayuda de Dios explicar esta parte de la agonía de Cristo que consistió en la agonía y lucha de su alma en oración; que es lo que más vale la pena para inquirir particularmente, siendo eso lo que es probablemente muy poco comprendido; aunque, como parece en secuela, el correcto entendimiento de eso es de gran uso y consecuencia en la divinidad. No es como yo lo concibo entendido ordinariamente que significa cuando el texto dice que Cristo oraba más intensamente; que era por lo que él estaba luchando con Dios, o cual era el propósito de esta intensa oración, o cual era la razón de estar orando intensamente en este momento. Y por eso, para dejar todo esto en luz clara, voy a inquirir particularmente</p>
<p style="text-align: justify;">1. De qué naturaleza era esta oración;</p>
<p style="text-align: justify;">2. Cuál era el propósito de esta intensa oración de Cristo al Padre;</p>
<p style="text-align: justify;">3. En qué capacidad Cristo ofreció esta oración a Dios;</p>
<p style="text-align: justify;">4. Por qué fue tan serio en su oración;</p>
<p style="text-align: justify;">5. Cuál fue el éxito de esta intensa lucha con Dios en oración; y hacer una mejora.</p>
<p style="text-align: justify;">1. ¿De qué naturaleza era esta oración de Cristo?</p>
<p style="text-align: justify;">La forma de dirigirse a Dios puede ser de muchos tipos. Algunas son confesiones de parte del individuo, o expresiones de su sentido de lo indigno que es ante Dios, y están las formas penitentes de dirigirse a Dios. Otras son doxologías o oraciones con la intención de expresar el sentido que la persona tiene de la grandeza y la gloria de Dios. Así son muchos de los salmos de David. Otras son formas de dirigirse gratulatoriamente, o expresiones de sumisión y resignación a la voluntad de Dios, lo que sea aquel que se dirige a la Majestad del cielo, expresa la complacencia de su voluntad con la soberanía de la voluntad de Dios; diciendo: &#8220;¡Tu voluntad, o Señor, sea hecha!&#8221; como David, 2 Sam 15:26 “Y si dijeres: No me complazco en ti; aquí estoy, haz de mí lo que bien te parezca.” Otras son petitorias o suplicatorias; como sea la persona que ora, le ruega a Dios y le suplica por un favor que desea.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto lo que se debe inquirir es, de qué tipo era la oración de Cristo, que leemos en el texto.</p>
<p style="text-align: justify;">Respuesta. Era primeramente suplicatoria. No era penitente o confesional; porque Cristo no tenia pecado ni era indigno para confesar. Tampoco era una doxología o acción de gracias o meramente una expresión de sumisión; porque ninguna de estas concuerda con lo que dice el texto, viz. Que oraba más intensamente. Cuando se dice cualquiera ora intensamente, esto implica una petición intensa para un beneficio, o favor deseado; y no meramente una confesión, o sumisión, o gratulación. Así que el apóstol dice de esta oración, en Hebreos 5:7 “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” Muestra que fue petitoria, o una súplica intensa por un beneficio deseado. No son confesiones, o  doxologías, o acciones de gracias, o resignaciones, que son llamadas “suplicas” y  “gran clamor,” pero peticiones por un beneficio deseado intensamente. Y habiendo resuelto la primera pregunta, y enseñado que esta intensa oración de Cristo – era de la naturaleza de suplica por un beneficio o favor que Cristo deseaba intensamente, vengo a inquirir,</p>
<p style="text-align: justify;">2. Cuál era el tema de esta suplica; o que favor y beneficio era por el que Cristo suplicaba intensamente en esta oración de la que tenemos en cuenta en el texto.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora las palabras en este texto no son explícitas en este tema. Dice que Cristo, “estando en agonía, oraba más intensamente;”  pero no dice por qué Cristo estaba orando intensamente. Y aquí esta lo más difícil para atender este tema: aunque esto era lo que Cristo deseaba intensamente, por lo que estaba luchando con Dios en ese tiempo. Y no se nos dice explícitamente en el texto, la Escritura no nos deja sin luz suficiente en este asunto. Y para evadir los errores, voy a responder,</p>
<p style="text-align: justify;">1. Negativamente, la cosa por la que Cristo estaba orando tan intensamente en este tiempo, no era que la copa amarga que tenía que beber pasara de Él. Cristo había orado por esto, como en el siguiente verso pero uno antes del texto, diciendo “¡Padre, si es tu voluntad, que pase esta copa de mí! ¡Pero, no se haga mi voluntad, pero la tuya!” es después de esto que tenemos escrito que Cristo estando en agonía, oraba intensamente; pero no debemos entender que oró más intensamente de lo que lo había hecho antes, que la copa pasara de él.</p>
<p style="text-align: justify;">Que esto no era por lo que estaba orando intensamente en esta segunda oración, lo siguiente parece probar:</p>
<p style="text-align: justify;">1. Esta segunda oración fue después de que el ángel se le apareciera del cielo, para fortalecerlo, lo más alegre que se pudiera para que tomara la copa y la bebiera. El evangelista nos informa que cuando Cristo vino al jardín, empezó a entristecerse, y muy grandemente, y que dijo que su alma estaba muy triste, hasta la muerte, y que después fue y oró a Dios, que si fuera posible la copa pasara de Él. Lucas dice en los versículos 41 y 42, “y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: ¡Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya!” y después de esto, dice en el siguiente verso, que apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. Esto no se puede entender de otra forma más que un ángel se le apareció, lo fortaleció y para apoyarlo para pasar a través de su gran y difícil tarea, tomar la copa y beberla. De acuerdo con esto podemos suponer, que ahora Cristo estaba más fortalecido y animado para pasar estos sufrimientos: y por eso no podemos suponer que después de esto oraría más intensamente que antes para ser librado de estos sufrimientos; y suponemos que era de algo diferente por lo que Cristo estaba orando más intensamente, después de ser fortalecido por el ángel, y no que la copa pasara de Él. Aunque Cristo parece que tuvo una visión más impresionante de los sufrimientos que le fue dada después de que el ángel lo fortaleciera que antes, que causó tal agonía, fue fortalecido para que tuviera una mejor visión de ellos, tuvo más fuerza y valor para enfrentar estas horribles aprensiones, que antes. Su fuerza para llevar los sufrimientos aumentó con la sensibilidad de sus sufrimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Cristo, antes de su segunda oración, tuvo un entendimiento del Padre, que no era su voluntad que la copa pasara de Él. La venida del ángel para fortalecerlo también debe ser entendida. Cristo primero ora, que si es la voluntad del Padre, la copa pasara de él; pero no, si no era su voluntad; e inmediatamente después Dios manda un ángel para fortalecerlo, y animarlo para tomar la copa, que fue un pleno entendimiento para Cristo que era la voluntad del Padre que la tomara, y que no pasara de Él. Y así Cristo lo recibió; como aparece en la cuenta que Mateo nos da en su segunda oración Mateo 26:42 “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” Habla como alguien que tuvo un entendimiento, desde que oró antes, que no era la voluntad de Dios. Y Lucas nos dice cómo, viz. Por medio de que Dios mandó un ángel. Mateo nos informa, como lo hace Lucas, que en su primera oración, oró que si fuera posible la copa pasara de él; pero Dios envía un ángel para dar a entender que no era su voluntad, y para animarlo a tomarla. Y después de que Cristo recibe el entendimiento que no era la voluntad de Dios que la copa pasara de Él, se somete al mensaje que recibió, y dice, o mi Padre, si es así, que se haga tu voluntad. Por eso podemos concluir que por lo que Cristo oró más intensamente después de esto, no fue que la copa pasara de él, sino otra cosa;  porque no iría a orar más intensamente que la copa pasara de Él, de lo que lo había hecho antes; eso sería blasfemo de suponer. Y después,</p>
<p style="text-align: justify;">3. El lenguaje de la segunda oración, como es recitado en Mateo, “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad,” muestra que Cristo no estaba orando que la copa pasara de Él. Por esto no está orando más intensamente que la copa pasara: es mas bien un sometimiento a ese punto, y cesando de insistir en él, y sometiéndose a eso estando convencido que era la voluntad de Dios, hecha conocida por el ángel. Y,</p>
<p style="text-align: justify;">4. De lo que el apóstol cuenta de esta oración en el capítulo 5 de Hebreos, las palabras del apóstol son estas, “Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” El gran clamor y lágrimas de las que habla el apóstol, son sin duda las mismas de las que habla Lucas en el texto, cuando dice, “y estando en agonía, oraba más intensamente;” porque este era el más agudo e intenso clamor de Cristo, del que tenemos escrito en ningún otra parte. Pero de acuerdo con lo que cuenta el apóstol, lo que Cristo temía, y por lo que estaba clamando a Dios en oración, fue algo por lo que fue escuchado, algo que Dios le concedió de su petición, y por eso no fue que la copa pasara de Él. Habiendo enseñado esto, que era por lo que Cristo no estaba orando intensamente, procedo a mostrar,</p>
<p style="text-align: justify;">2. Qué era por lo que Cristo buscó a Dios tan intensamente en esta oración.</p>
<p style="text-align: justify;">Contesto con una palabra, fue, que la voluntad de Dios fuera hecha, en lo que se relacionaba con sus sufrimientos. Mateo nos cuenta esto explícitamente, en el mismo lenguaje de la oración que hemos recitado ya algunas veces, “¡Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad!” esto es una entrega, y una expresión de sumisión; pero no es meramente eso. Esas palabras, &#8220;¡Que la voluntad del Señor sea hecha!&#8221; Como son más comúnmente usadas, no son entendidas como súplica o petición, sino solamente como una expresión de sumisión. Pero las palabras no son siempre entendidas en ese sentido en la Escritura, pero a veces son entendidas como una petición. Así que son entendidas en la tercera petición de la oración del Señor, “Que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.” Estas palabras son entendidas como una expresión de sumisión, y una petición al mismo tiempo, como son explicadas en la Asamblea del catecismo, y así son entendidas esas palabras aquí.  El evangelista Marcos dice que Cristo se fue otra vez y habló las mismas palabras que en la primera oración. Marcos 14:39 pero lo debemos entender que son las mismas palabras con la parte después de la primera oración, “pero no es haga mi voluntad sino la tuya,” como el recuento de Mateo lo muestra mas completo. Así que lo que se menciona en el texto, por lo que Cristo estaba luchando con Dios en su oración, era, que la voluntad de Dios fuera hecha en lo que se relacionaba con sus sufrimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ahora otra pregunta surge, viz. ¿Qué esta implicado en la oración de Cristo que Dios hiciera en lo que se relacionaba con sus sufrimientos? A esto respondo,</p>
<p style="text-align: justify;">1. Esto implica una petición de que fuera fortalecido y ayudado, y capacitado para hacer la voluntad de Dios, al ir a través de estos sufrimientos. Lo mismo cuando dice, “Señor, vengo, como está escrito de mí, a hacer tu voluntad, o Dios.” Era la perspicaz voluntad de Dios que tomara esa copa y la bebiera: era el mandamiento del Padre hacia Él. El padre le había dado la copa, y así como le fue puesta enfrente con el mandamiento de que debía tomarla. Esta era el más grande acto de obediencia que Cristo debía completar. El ora por fortaleza y ayuda, que su pobre y frágil naturaleza humana fuera apoyada, que no fallara en esta gran prueba, que no fuera hundido y tragado, y su fuerza fuera sobrepasada que no pudiera soportar, y terminara su tarea. Esto era lo que Él temía, de lo que el apóstol habla en el capítulo 5 de los Hebreos, cuando dice, “fue oído por su temor reverente.” Cuando tuvo esa perspectiva tan extraordinaria de lo terrible de sus sufrimientos impregnados en su mente, lo terrible de eso lo sorprendió. Temía que su pobre y frágil fuerza fuera sobrepasada, y de que fallara en esa gran prueba, que fuera tragado por esa muerte por la que tenía que morir, y así no ser salvado de la muerte; y por eso ofreció gran clamor y lágrimas a Áquel que podía fortalecerlo, y apoyarlo, y salvarlo de la muerte, que la muerte que iba a sufrir no sobrepasara su amor y obediencia, pero que él pudiera sobrepasar esa muerte, y ser salvado de ella. Si el valor de Cristo hubiera fallado en la prueba, y no hubiera soportado sus sufrimientos agonizantes, no hubiera sido salvado nunca de la muerte, pero hubiera sido sumergido en el profundo fango, nunca se hubiera levantado de la muerte, porque el surgir de la muerte era la recompensa de su victoria. Si su valor hubiera fallado, y se hubiera rendido, hubiera quedado bajo el poder de la muerte, y así todos nosotros hubiéramos perecido, estaríamos aun en nuestros pecados. Si hubiera fallado, todos hubieran fallado. Si no hubiera sobrepasado ese amargo conflicto, ni Él ni nosotros hubiéramos sido libertados de la muerte, hubiéramos perecido todos juntos. Por eso esto es la salvación de la muerte de la que el apóstol habla, que Cristo temía y por la que ora con gran clamor y lágrimas. El que hubiera sido conquistado por la muerte era lo que Él temía, y fue escuchado en lo que temía. Esto oraba Cristo, que la voluntad de Dios fuera hecha en sus sufrimientos, incluso que no fallara en obedecer a la voluntad de Dios en sus sufrimientos; y por eso sigue en el siguiente verso del pasaje de los hebreos, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.” Esto era por lo que Cristo en su agonía oraba tan intensamente por que la voluntad de Dios fuera hecha, viz. Que tuviera fortaleza para hacer su voluntad, y que no se hundiera y fallara en esos grandes sufrimientos; es confirmado por las escrituras del antiguo testamento, particularmente en el salmo 69. El salmista representa a Cristo en ese salmo,  como es evidente del hecho de que esas palabras de ese salmo son representadas como las palabras de Cristo en muchos lugares del nuevo testamento. Ese salmo es representado como la oración de Cristo a Dios cuando su alma estaba abrumada por el dolor y asombro, como lo estaba en su agonía; como puedes ver en el primero y segundo versículo, “Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.” Pero lo que representa lo que Él temía, era fallar, y ser  mentalmente aplastado, en esta gran prueba: versículos 14 y 15. ” Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas. No me anegue la corriente de las aguas, Ni me trague el abismo, Ni el pozo cierre sobre mí su boca.” Y también en el salmo 22, que también representa la oración que Cristo hizo en su terrible dolor y sufrimiento, versículos, 19,20,21. “Mas tú, Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos.“ Era de esperarse y conveniente que Cristo, cuando iba a enfrentarse al terrible conflicto, buscara intensamente la ayuda de Dios para capacitarlo a hacer su voluntad; porque necesitaba la ayuda de Dios, la fuerza de su naturaleza humana, sin la ayuda divina, no era suficiente para llevarlo a través. Esto era, sin duda en lo que el primer Adán falló en su primera prueba, que cuando vino la prueba él no fue sensible de su propia debilidad y dependencia, si lo hubiera sido, y se hubiera apoyado en Dios, y hubiera clamado por su intervención y a fuerza contra la tentación, seguramente todavía seriamos inocentes y felices criaturas hasta este día.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Implica una petición que la voluntad de Dios y su propósito fueran obtenidos en los efectos y frutos de sus sufrimientos, para gloria de su Nombre, ese era su diseño en ellos; y particularmente en la gloria de su gracia, en la salvación eterna y felicidad de su elección. Esto es confirmado por Juan 12:27,28. “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.” Ahí la primera petición  es la misma con la primera petición de Cristo aquí en la turbación; “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.” Primero ora, como lo hace aquí, que fuera librado de sus últimos sufrimientos. Luego, después estuvo determinado en si mismo que la voluntad de Dios debía ser antes que, no fuera salvado de esa hora, “mas para esto,” dice, “he llegado a esta hora;” y luego su segunda petición después de esta, “ ¡Padre, glorifica tu nombre!” Así que esto es lo que quiere dar a entender la segunda petición en su agonía, cuando ora que la voluntad de Dios sea hecha. Es que la voluntad de Dios fuera hecha en esa gloria a su propio Nombre lo que tenía intención en los efectos y frutos de sus sufrimientos, que viendo que era su voluntad que debía sufrir, ora intensamente que lo último de sus sufrimientos, en la gloria de Dios y la salvación del elegido, no fallara. Y esto era por lo que Cristo tan intensamente luchaba con Dios en su oración, de lo que tenemos cuenta en el texto,  y no tenemos razón para pensar que no estaban expresadas en la oración así como implícitas.  No es razonable suponer que el evangelista en sus otras narraciones menciona todas las palabras de Cristo en su oración. Solo menciona la sustancia.</p>
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<p style="text-align: justify;">3. ¿En qué capacidad Cristo ofrece esas intensas oraciones a Dios en su agonía?</p>
<p style="text-align: justify;">Para responder esta pregunta, observo que no las ofrece como una persona individual, sino como Sumosacerdote. El apóstol habla de su gran clamor y lágrimas, lo que Cristo ofreció como Sumosacerdote. Hebreos 5:6-7. “Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas,” etc. Esto que Cristo oró en ese gran clamor, no eran de naturaleza privada, sino que le concernía a toda la iglesia de la que Él era el Sumo sacerdote. Que la voluntad de Dios fuera hecha en su obediencia hasta la muerte, que esta fuerza y coraje no fallara, sino que pudiera aguantar, era concerniente a todos; porque, si hubiera fallado, todos hubiéramos fallado y perecido para siempre. Y por supuesto,  que el nombre de Dios fuera glorificado con los efectos y frutos de sus sufrimientos, y en la salvación y gloria de todos sus elegidos, era concerniente a todos. Cristo ofreció este intenso clamor con su carne del mismo modo que los sacerdotes de la antigüedad  ofrecían oraciones con sus sacrificios. Cristo mezcló gran clamor con lágrimas y su sangre, y ofreció su sangre y sus oraciones juntas, para que el efecto y el éxito de su sangre fuera obtenido. Esas intensas y agonizantes oraciones fueron ofrecidas con su sangre, y su infinitamente preciosa sangre llena de mérito fue ofrecida con sus oraciones.</p>
<p style="text-align: justify;">4. ¿Por qué Cristo insistía tanto en esas suplicas?</p>
<p style="text-align: justify;">Lucas habla de ellas como muy intensas; el apóstol habla de ellas como intenso clamor; y su agonía en parte consistía en esta intensidad: y lo que cuenta Lucas, parece implicar que su sudor de sangre era parte de la gran labor e intensidad de su alma al luchar con Dios en oración.  Había tres cosas que ocurrían en ese tiempo, especialmente para causar a Cristo que se esforzara y se comprometiera así.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Tenía entonces un sentido extraordinario de lo terrible que serían las consecuencias, si la voluntad de Dios no hubiera sido hecha. Tenía un sentido extraordinario de su último sufrimiento bajo la ira de Dios, y si hubiera fallado en esos sufrimientos, sabía que la consecuencia sería terrible. Teniendo ese extraordinario sentido de lo terrible de la ira de Dios, su amor hacia los elegidos lo hizo esforzarse más de lo ordinario para que fueran librados de sufrir esa ira por toda la eternidad, lo que no hubiera sido si hubiera fallado en hacer la voluntad de Dios, o si la voluntad de Dios en el efecto de su sufrimiento hubiera fallado.</p>
<p style="text-align: justify;">2. No hay por qué sorprenderse que el sentido extraordinario que Cristo tuvo del costo de la salvación de los pecadores, lo hizo esforzarse para el éxito de ese propósito, como han escuchado.</p>
<p style="text-align: justify;">3. Cristo tuvo un sentido extraordinario de su dependencia de Dios, y de la necesidad de su ayuda para capacitarlo de hacer la voluntad de Dios en esta gran prueba. Aunque era inocente, aun así necesitaba ayuda Divina. Era dependiente de Dios, como hombre, y por eso leemos que confió en Dios. Mateo 27:43 “Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.” Y cuando pudo ver lo terrible de la ira que iba a sufrir, vio que tan lejos estaba de la fuerza humana.</p>
<p style="text-align: justify;">5. ¿Cuál fue el éxito de esta oración de Cristo?</p>
<p style="text-align: justify;">A esta respuesta, obtuvo todas sus peticiones. El apóstol dice, “fue oído a causa de su temor reverente;” a todo lo temía. Obtuvo fuerza y ayuda de Dios, todo lo que necesitaba, fue llevado a través. Fue capacitado para hacer y para sufrir toda la voluntad de Dios; y obtuvo todo hasta el fin de sus sufrimientos—una expiación completa por los pecados de todo el mundo, y la salvación completa para todos los que le fueron dados en el pacto de la redención, y toda la gloria al nombre de Dios, que su mediación estaba diseñada para completar, ni una jota ni una tilde falló. Por eso la agonía de Cristo es más que todas el tipo de Jacob, en su lucha con Dios por la bendición; que hizo Jacob, no como una persona privada, sino como la cabeza de su posteridad, la nación de Israel, y por la que obtuvo la recomendación de Dios, “ como el príncipe que tiene poder con Dios;”  y por eso es un tipo del que es Príncipe de Príncipes.</p>
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<p style="text-align: justify;">APLICACIÓN</p>
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<p style="text-align: justify;">Puede haber gran mejoramiento de la consideración del gran clamor y lágrimas de Cristo en los días de su carne, de muchas maneras para nuestro beneficio.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Esto nos puede enseñar de qué manera debemos orar a Dios, no de una manera fría y sin cuidado, sino con gran intensidad y comprometimiento de espíritu, y especialmente cuando estamos orando a Dios por esas cosas que son de importancia infinita, como bendiciones espirituales y eternas. Esos fueron los beneficios por los que Cristo oraba con gran clamor y lágrimas, que fuera capacitado para hacer la voluntad de Dios en ese gran y arduo trabajo que Dios le había encomendado, que no se hundiera  y fallara, sino que obtuviera la victoria, y que fuera libertado de la muerte, y que la voluntad de Dios y el final fueran obtenidos como el fruto de sus sufrimientos, en la gloria de Dios, y la salvación de los elegidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando vamos ante Dios en oración, con un corazón frio y duro, y de una manera seca y descuidada oramos por bendiciones eternas, y por esas de mayor importancia para nuestras almas, debemos pensar en esa intensa oración de Cristo que derramó a Dios, con lágrimas y sudor de sangre. La consideración de eso nos puede hacer avergonzarnos de nuestras oraciones secas sin vida hacia Dios, donde, en verdad, estamos obteniendo una negación  de ser escuchados; porque lo que decimos de esa manera de orar a Dios, es, que el beneficio por el que oramos a Dios no es de gran importancia, que somos indiferentes si Dios nos contesta o no. El ejemplo de Jacob peleando con Dios por la bendición, nos debe de enseñar la intensidad en nuestras oraciones, pero más especialmente el ejemplo de Jesucristo, que luchó con Dios mientras sudaba sangre. Si fuéramos sensibles como Cristo de lo importante de esos beneficios de consecuencias eternas, nuestras oraciones a Dios de esos beneficios serían de otra forma a la que es ahora. Nuestras almas también estarían trabajando y esforzándose intensamente en esta tarea.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay muchos beneficios que le pedimos a Dios en nuestras oraciones, y cada uno es de tan gran importancia para nosotros como los beneficios que Cristo le pidió a Dios en su agonía. Es de gran importancia para nosotros que seamos capacitados para hacer la voluntad de Dios, y podamos tener una sincera, universal, y perseverante obediencia a sus mandamientos, como lo era para Cristo que no fallara en hacer la voluntad de Dios en su gran labor. Es de tan gran importancia para nosotros salvarnos de la muerte, como lo fue para Cristo que fuera victorioso sobre la muerte, y ser salvado de ella. Es de tan gran importancia, e infinitamente mucho más para nosotros, que la redención de Cristo fuera exitosa en nosotros, como lo fue para él que la voluntad de Dios fuera echa, en los frutos y el éxito de su redención.</p>
<p style="text-align: justify;">Cristo recomendó que sus discípulos velaran y oraran, por oración y ejemplo, al mismo tiempo. Cuando Cristo estaba en su agonía, y regresando encontró a sus discípulos dormidos,  les dijo velen y oren, Mateo 26:41 “Velad y orad, que no entréis en tentación: el espíritu esta dispuesto pero a carne es débil.” Al mismo tiempo les dio un ejemplo de lo que les estaba mandando, porque ellos dormían y Él velaba, y derramó su alma en esas intensas oraciones de las que han oído; y Cristo nos ha enseñado a pedir por esas bendiciones de Dios que son de infinita importancia, y también de esas que no serán negadas. Tenemos otro ejemplo de los grandes conflictos y el compromiso del espíritu de Cristo en su trabajo. Lucas 6:12 “En aquellos días Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.” Y frecuentemente recomendaba intensidad en clamar a Dios en las oraciones. En la parábola del juez injusto, Lucas 18 al principio; También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,  sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. Lucas 11:5, etc. “Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.” Les enseñó en su forma de responder la oración, como en su respuesta a la mujer de Canaán, Mateo 15:22, etc. “Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante Él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” Y como Cristo , como lo he mencionado en algunos textos de la Escritura, tenemos la orden de agonizar en nuestras oraciones hacia Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">2. La intensidad de sus oraciones y el gran clamor de Cristo al Padre en su agonía, muestra el gran amor que tiene hacia los pecadores. Porque como ha sido mostrado este intenso clamor de Jesucristo fue lo que ofreció como una persona pública, en su capacidad como Sumosacerdote, y en representación de aquellos de los que era su sacerdote. Cuando ofreció su sacrificio por los pecadores que había amado desde la eternidad, además ofreció sus intensas oraciones. Su intenso clamor, sus lágrimas, y su sangre, todo fue ofrecido junto a Dios, y todo fue ofrecido con el mismo propósito, para la gloria de Dios en la salvación de los elegidos. Fueron ofrecidos por las mismas personas, por su pueblo. Por ellos derramó su sangre y su sudor de sangre, cuando cayó en cuágulos al suelo; y por ellos clamó intensamente a Dios al mismo tiempo. Debía ser que la voluntad de Dios fuera hecha en el éxito de sus sufrimientos, en el éxito de esa sangre, en la salvación de aquellos por los que la sangre había sido derramada, y por eso su intenso clamor muestra su gran amor; muestra que tanto deseaba la salvación de los pecadores. Clamó a Dios que no se hundiera y fallara bajo esa grande presión, porque si lo hacía, los pecadores no podrían ser salvados, todos hubieran perecido. Oró que pudiera obtener la victoria sobre la muerte, porque si no la obtenía, su pueblo nunca tendría victoria, y no pueden conquistar de otra forma que con Su conquista. Si el Capitán de nuestra salvación no hubiera conquistado en su amargo conflicto, ninguno de nosotros podría conquistar, sino que todos hubiéramos perecido con Él. Clamó a Dios que fuera salvado de la muerte, y si no hubiera sido salvado de la muerte en su resurrección, ninguno de nosotros podría ser salvado de la muerte. Fue un gran espectáculo ver a Cristo en ese conflicto que estuvo en su agonía, pero todo eso fue por amor, ese gran amor que había en su corazón. Las lágrimas que salieron de sus ojos fueron de amor; su sudor fue de amor; su sangre, el postrarse al suelo ante el Padre, fue por amor; su gran clamor a Dios fue por la fuerza y el ardor de su amor. Se ve como un principio que el verdadero amor y buenas intenciones se muestre en hermanos uno hacia el otro, orando de corazón unos por otros; y es uno el modo que Cristo nos manda a mostrar amor por nuestros enemigos, incluso orar por ellos. Mateo 5:44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” ¿pero ha habido una oración que haya mostrado el amor hacia los enemigos en tal grado, como ese intenso clamor y lágrimas del Hijo de Dios por el éxito de su sangre en la salvación de sus enemigos; la lucha y conflicto del alma del que en su oración fue tanta para producirle agonía y sudor de sangre?</p>
<p style="text-align: justify;">3. Si Cristo se esforzó tanto en su oración a Dios, para que sus sufrimientos obtuvieran la salvación de los pecadores, ¡qué tanto deben esos pecadores ser reprobados que no buscan intensamente su salvación! Si Cristo ofreció ese intenso clamor por los pecadores como su Sumosacerdote, que compró su salvación, que no necesitaba a los pecadores, que hubiera sido feliz por toda la eternidad sin ellos, y que no iba a ser más feliz por ellos; ¡qué grande es el aturdimiento de los pecadores que buscan su propia salvación de una manera tonta y vacía; que se contentan con la asistencia formal de los deberes religiosos, con su corazón en ese tiempo más preocupado por otras cosas! Por un tiempo ellos atienden a esa tarea de oración social, en vez de que oraran a Dios que tuviera misericordia de ellos y los salvara; ¡pero de que apática forma lo hacen!  No proponen sus corazones para ser sabios, ni alzan su voz por entendimiento;  no la buscan como a la plata, ni la buscan como tesoros escondidos. Los clamores intensos de Cristo en su agonía nos pueden convencer de que no insistía en eso sin razón alguna, en Lucas 13:24 que debemos esforzarnos por el camino estrecho, que, que como les he mostrado, es en el original, Agwnizesqe, “Agonizar para entrar por el camino estrecho.” Si los pecadores tuvieran esperanza de obtener su salvación, agonizarían por esa preocupación como hombres que toman una ciudad con violencia, como en Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” ¡Cuando un cuerpo de soldados intentan tomar una ciudad fortificada con la que se topan con gran oposición, qué violentos conflictos suceden antes de que la ciudad sea tomada! ¡Cómo presionan los soldados en contra de los mismos cañones del enemigo, y en contra de las puntas de sus espadas! ¡Cuando los soldados están escalando las murallas, y haciendo su primer entrada en la ciudad, qué lucha tan violenta hay entre ellos y sus enemigos que luchan para mantenerlos afuera! ¡Cómo agonizan con toda su fuerza! Así debemos buscar nuestra salvación, si queremos obtenerla. ¡Qué grande es la locura entonces de los que se contentan en buscar con un espíritu frío y apático, y lo hacen mes a mes, y año en año, y se dicen a sí mismos que serán exitosos!</p>
<p style="text-align: justify;">¡Mucho más serán reprobados, que no están en el camino para buscar su salvación, sino que manejan con negligencia sus preciosas almas, y atienden a los deberes religiosos lo suficientemente necesario para tener crédito delante de los hombres; en lugar de presionar para entrar en el reino de Dios, por el contrario están presionando violentamente hacia su propia destrucción y ruina, siendo apresurados por sus propios deseos, como el hato de cerdos fue apresurado por una legión de demonios, y cayeron violentamente hacia un barranco, y perecieron en el agua! Mateo 8:32</p>
<p style="text-align: justify;">4. De lo que ha sido dicho de este punto, podemos aprender de que manera los cristianos deben ir a través del trabajo que está delante de ellos. Cristo tenía una gran tarea ante Él cuando eso pasó, de lo que tenemos escrito en el texto. Aunque estaba muy cerca del final de su vida, aun así, cuando inició su agonía, tenía la principal parte de su trabajo a la que había venido al mundo; que era ofrecer el sacrificio que ofreció en sus últimos sufrimientos, y así completar el mayor acto de su obediencia a Dios. Y así mismo los cristianos tiene un gran trabajo que hacer, un servicio que deben cumplir a Dios, que es de gran dificultad. Tiene una carrera por delante que hay que correr, una guerra que se les encomienda. Cristo fue sujeto a una gran prueba en el tiempo de su agonía; así Dios ejercitará a su pueblo con grandes pruebas. Cristo se encontró con gran oposición en esa tarea que tenía que hacer; así los creyentes se van a encontrar con gran oposición al correr la carrera delante de ellos. Cristo, como hombre, tenía una naturaleza frágil, que era en sí misma insuficiente para sostener tal conflicto, o para soportar esa carga que venía hacia Él. También los santos tienen la misma débil naturaleza humana, y además, una gran inclinación al pecado que Cristo no tenía, que los deja en una gran desventaja, y grandemente dificulta su trabajo. Esa gran tribulación y dificultades que Cristo tuvo, era la manera en que iba a entrar al reino de los cielos; así sus seguidores deben esperar, “a través de grandes tribulaciones entrar al reino de los cielos.” La cruz fue para Cristo el camino hacia la corona de gloria, y también lo es para sus discípulos. Las circunstancias de Cristo y sus seguidores en ese aspecto son iguales, su caso, por lo tanto, es el mismo; y por eso el comportamiento de Cristo bajo esas circunstancias, fue un ejemplo para ellos a seguir. Deben ver a su Capitán, y observar de que manera pasó a través de su gran tarea, y la gran tribulación que soportó. Deben observar de qué forma entró al reino de los cielos, y obtuvo la corona de gloria, y así ellos también deben correr la carrera puesta delante de ellos. “y estando rodeados por una gran nube de testigos, despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera puesta delante de nosotros. Puestos los ojos en Jesus, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo puesto delante de él, soportó la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Particularmente,</p>
<p style="text-align: justify;">(1.) cuando otros están durmiendo deberían estar despiertos, como fue con Cristo. El tiempo de la agonía de Cristo fue en la noche, el tiempo donde las personas acostumbran dormir: fue el tiempo donde los discípulos de Cristo estaban dormidos; pero Cristo tenía que hacer otra cosa diferente a dormir; tenía una labor que hacer; se quedo despierto, con su corazón comprometido por su tarea. Así debe ser con los que creen en Cristo; cuando el alma de sus vecinos esta adormecida en sus pecados, y bajo el poder de una insensibilidad letárgica y pereza, deben velar y orar, y mantener un sentido vivido de la importancia de sus preocupaciones espirituales. 1 Tesalonicenses 5:6 “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”</p>
<p style="text-align: justify;">(2.) Deben de ir a través de su trabajo con intenso labor, como lo hizo Cristo. El tiempo donde otros dormían fue el tiempo cuando Cristo estaba en su gran tarea, y estaba comprometido en ella con todas sus fuerzas, agonizando en ella; luchando y peleando, en llanto, y en sangre. Así los cristianos con todas  sus fuerzas deben mejorar su tiempo con las almas comprometidos en este trabajo, empujando a través de la oposición con que se encuentren,  empujando a través de todas las dificultades y sufrimientos que haya en el camino, corriendo con paciencia la carrera puesta delante de ellos, luchando con los enemigos de su alma con todas sus fuerzas; como esos que no luchan contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades, y los gobernadores de las tinieblas de este siglo, y con las huestes celestiales en los cielos.</p>
<p style="text-align: justify;">(3.) Esta labor y esfuerzo deben ser, que Dios sea glorificado, y su propia felicidad eterna será obtenida en hacer la voluntad de Dios. Así fue con Cristo: por lo que luchó tan intensamente fue, que pudiera hacer la voluntad de Dios, que pudiera guardar su mandamiento, su difícil mandamiento, sin fallar en ello, y que de esta manera la voluntad de Dios fuera echa, en esa gloria de su eterno gran nombre, y en la salvación de los elegidos que pretendía con sus sufrimientos. Aquí hay un ejemplo para los santos en esta lucha, carrera y guerra santas, que Dios les ha designado; deben esforzarse por hacer la voluntad de su Padre celestial, que puedan, como lo expresa el apóstol, Romanos 12:2 “comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta,” y que de esta forma pueden glorificar a Dios, y puedan al final ser felices por siempre en el gozo de Dios.</p>
<p style="text-align: justify;">(4.) En todo el gran trabajo que tienen que hacer, sus ojos deben de mirar hacia Dios por su ayuda para capacitarlos para vencer. Así lo hizo Jesucristo hombre: se esforzó en su labor hasta una agonía y sudor de sangre. ¿Pero cómo se esforzó? No fue en su propia fuerza, sino su vista estaba hacia Dios, Él clama hacia Dios por su ayuda y fuerza para sostenerlo, que no falle; el veló y oró, como deseaba que sus discípulos lo hicieran; luchó con sus enemigos y con sus grandes sufrimientos, pero al mismo tiempo luchó con Dios para obtener su ayuda, para capacitarlo para obtener la victoria. Así los cristianos deben usar la fuerza en su vida cristiana lo más que puedan, pero no dependiendo de sus propias fuerzas, sino clamando a Dios por su fortaleza para hacerlos conquistadores.</p>
<p style="text-align: justify;">(5.) De esta forma deben aguantar hasta el final como lo hizo Cristo. Cristo fue exitoso en esta forma, y obtuvo la victoria, ganó el premio; venció, y está sentado con su Padre en su trono. Así los cristianos deben perseverar y mantenerse en su trabajo hasta el final; deben correr su carrera hasta que hayan llegado hasta el final de ella; deben de tener fe hasta la muerte como lo hizo Cristo; y después, cuando hayan vencido, podrán sentarse son Él en su trono. Apocalipsis 3:21 “Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me sentado con mi Padre en su trono”</p>
<p style="text-align: justify;">5. Por lo tanto cargados y angustiados pecadores, si hay alguno aquí presente, están invitados para venir a Cristo por salvación. Aquí hay una gran invitación para los pecadores para venir a su sumo sacerdote que ofreció gran clamor y lágrimas con su sangre, para el éxito de sus sufrimientos en la salvación de los pecadores. Porque,</p>
<p style="text-align: justify;">1. Les aseguro que Cristo está listo para aceptar los pecadores, y otorgarles salvación; porque esos grandes clamores que ofreció como nuestro Sumosacerdote, muestra que tan intensamente deseoso estaba por ello. ¿Si no quisiera que los pecadores se salvaran, siendo indignos de ello, entonces por qué habría luchado con Dios por ello con ese sudor de sangre? ¿Por qué alguien habría de clamar tan intensamente a Dios con ese tipo de clamor, con tan grande esfuerzo y afán, por algo que no quería que Dios otorgara? No, sino que esto muestra en que grado su corazón estaba preocupado por el éxito de su redención;  y por eso como hizo esas intensas oraciones, estará seguramente listo para otorgarla sobre ellos, si vienen a Él por ella; de otra manera frustraría su propio diseño; y Áquel que clamó tan intensamente a Dios que su diseño no fuera frustrado, no lo frustraría  Él mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Aquí está la más grande seguridad que Dios está listo para aceptar aquellos que vengan por misericordia a través de Cristo, porque esto es por lo que Cristo oraba en esas intensas oraciones, sus oraciones siempre eran escuchadas, como Cristo dice, Juan 11:42 “yo sabía que siempre me escuchas.” Y especialmente se puede concluir, que fue oído tu gran Sumosacerdote en ese intenso clamor que ofreció con su sangre, y especialmente en lo siguiente.</p>
<p style="text-align: justify;">(1.) Fueron las oraciones más intensas que jamás hayan sido hechas. Jacob se esforzó mucho cuando luchó con Dios; y muchos otros han luchado con Dios con muchas lágrimas; si, sin duda, muchos santos han luchado con Dios con tanta labor interna y esfuerzo como para producir efectos poderosos en el cuerpo. Pero tan fervoroso fue Cristo, tan fuerte fue la labor y la urgencia de su corazón, que clamó a Dios en sudor de sangre; para que si algún esfuerzo e importunidad hayan prevalecido con Dios, podamos concluir que eso prevaleció.</p>
<p style="text-align: justify;">(2.) Ese que oró fue la persona más digna que jamás hizo una oración. Era más digno que cualquier hombre o ángel en la presencia de Dios, de acuerdo con su herencia Él tenia un nombre más excelente que ellos; porque Él era el Hijo unigénito de Dios, infinitamente amado,  el Hijo en el que declaró otra vez que estaba su complacencia. Estaba infinitamente cerca y querido de Dios, y Él tenía diez mil veces más dignidad que todos los hombres y ángeles juntos. ¿Y podemos suponer que cualquier otra persona más que Él podría haber sido escuchada cuando clamó a Dios con tal fervor?  ¿Pudo Jacob, un pobre pecador, cuando luchó con Dios, obtener el nombre de Israel, y ese elogio, que como príncipe tuvo poder con Dios, y prevaleció? ¿Y Elías, que era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras, cuando oró, intensamente prevaleció en Dios para hacer tales milagros? ¿Y el unigénito Hijo de Dios no podría, cuando luchó con Dios en lágrimas y sangre, prevalecer y que le dieran su petición?</p>
<p style="text-align: justify;">Seguramente no hay cabida para suponer tal cosa; y por eso, no se puede dudar que Dios otorgara salvación para aquellos que crean en Él, en su petición.</p>
<p style="text-align: justify;">(3.) Cristo ofreció estas intensas oraciones con la mejor excusa por una respuesta que jamás haya sido hecha a Dios, su propia sangre; que era equivalente por lo que Él estaba pidiendo. No solo ofreció intenso clamor, sino que lo ofreció con el precio suficiente para comprar el beneficio que estaba pidiendo.</p>
<p style="text-align: justify;">(4.) Cristo ofreció este precio y ese intenso clamor juntos;  porque al mismo tiempo que estaba derramando estas fervorosas peticiones para el éxito de su redención en la salvación de los pecadores, también derramó Su sangre. Su sangre cayó al suelo al mismo tiempo que su clamor subía al cielo. Vamos angustiados y preocupados pecadores, que están listos para dudar de la eficacia de la intercesión de Cristo por esas criaturas indignas, y para cuestionar el que Dios los acepte por el amor de Cristo, a considerar estas cosas. Vayan al jardín donde Cristo estuvo en agonía, y donde clamó a Dios con tanta intensidad, y donde su sudor era, grandes gotas de sangre, y veamos que conclusión se puede sacar de esa escena.</p>
<p style="text-align: justify;">6. Los piadosos pueden estar tranquilos en esto, que Cristo como su Sumosacerdote ofreció ese gran clamor a Dios. Ustedes que tienen buena evidencia de que creen en Cristo, y sus verdaderos seguidores y sirvientes, estén tranquilos en esto, que Jesucristo es su Sumosacerdote, que esa sangre que Cristo derramó en su agonía, cayó a tierra por ustedes, y que este intenso clamor fue hecho a Dios por ustedes, para que el éxito de su trabajo y sufrimientos en todo el bien que necesitan en este mundo, y su eterna felicidad en el mundo viniera. Esto sea un consuelo en todas sus pérdidas, y bajo todas las dificultades, que animen su fe, y fortalezcan su esperanza, y que les cause gran gozo. Si estuvieran bajo cualquier dificultad, sería un gran consuelo tener las oraciones de algún hombre que ustedes vean como un hombre de eminente piedad, y uno que tuviera gran interés en el trono de gracia, y especialmente si supieran que está intensamente y grandemente comprometido en orar por ustedes. ¡Pero que tanto más serían consolados, que tuvieran interés en las oraciones y clamores del unigénito e infinitamente digno Hijo de Dios, y que estuviera tan ferviente en orar por ustedes, como lo han oído!</p>
<p style="text-align: justify;">7. Por lo tanto podemos aprender que tan fervorosos los cristianos deben ser en sus oraciones y esfuerzos por la salvación de otros. Los cristianos son los seguidores de Cristo, y deben de seguirlo en esto.  Vemos de lo que hemos oído, en que grande labor estuvo el alma de Cristo por la salvación de otros, y que grande e intenso clamor a Dios acompañó su trabajo. Aquí nos dejó un ejemplo. También ha dejado un ejemplo en sus ministros, que deben como compañeros de trabajo con Cristo tener como dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en ti. Gal 4:19 “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros.” Deben de estar dispuestos a gastar y a ser gastados por ellos. No solo deben trabajar con ellos, y orar intensamente por ellos, sino también, si lo requiere la ocasión, estar listos a sufrir por ellos, y gastar no solo su fuerza, sino su sangre por ellos. 2 Cor. 12:15 “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.” Aquí hay un ejemplo para los padres, mostrándoles como deben trabajar y clamar a Dios por el bien espiritual de sus hijos. ¿Ves como Cristo trabajó y se esforzó y clamó a Dios por la salvación de sus hijos espirituales; y tu no vas a intensamente buscar y clamar a Dios por tus hijos naturales?</p>
<p style="text-align: justify;">Aquí hay un ejemplo para los vecinos uno hacia otro como deben buscar y clamar a Dios por el bien del alma del otro, porque este es el mandamiento de Cristo, que se amen unos a otros como Cristo los amó. Juan 15:12. Aquí hay un ejemplo para nosotros, mostrándonos como debemos buscar y orar intensamente  por el bien espiritual y eterno de nuestros enemigos, porque Cristo hizo esto por todos sus enemigos, y cuando algunos de esos enemigos en ese instante planeando su muerte, y ocupadamente ideando saciar su malicia y crueldad, en sus tormentos más extremos, y su más vergonzosa destrucción.</p>
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		<title>Una luz divina y sobrenatural, directamente impartida al alma por el Espiritu de Dios &#8211; Jonathan Edwards</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 11:51:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jairo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Clásicos]]></category>
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		<category><![CDATA[Doctrina de la Salvación]]></category>
		<category><![CDATA[Jonathan Edwards]]></category>
		<category><![CDATA[La Gloria de Cristo]]></category>
		<category><![CDATA[Texto]]></category>

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		<description><![CDATA[Este es un sermón publicado por Publicaciones Andamio llamado &#8220;Jonathan Edwads: La pasión por la Gloria de Dios&#8221; escrito por José Moreno Berrocal. El librito forma parte de la colección de Básicos Andamio. El sermón publicado corresponde al Anexo del libro, el cual publicamos con el permiso de Publicaciones Andamio, a los que desde aquí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-432" src="http://biblicos.org/evangelio/wp-content/uploads/2009/05/edwards1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" />Este es un sermón publicado por Publicaciones Andamio llamado &#8220;Jonathan Edwads: La pasión por la Gloria de Dios&#8221; escrito por José Moreno Berrocal. El librito forma parte de la colección de Básicos Andamio. El sermón publicado corresponde al Anexo del libro, el cual publicamos con el permiso de Publicaciones Andamio, a los que desde aquí agradecemos enormemente por su labor literaria y su generosidad para que este sermón pueda ser pueda ser publicado en este sitio.</p>
<p style="text-align: justify;">Para saber más de Publicaciones Andamio: <a href="http://www.publicacionesandamio.com">www.publicacionesandamio.com</a></p>
<p><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Una luz divina y sobrenatural, directamente impartida al alma por el Espíritu de Dios, manifestada por ser una doctrina tanto escritural como racional&#8221; es un sermón de Edwards sobre Mateo 16:17, predicado en Northampton en 1733. Fue publicado al año siguiente a petición de algunos miembros de la congregación. Aunque no es el más famoso de los sermones de Edwards, sí es, posiblemente, el más importante. La razón es obvia, Contiene un admirable resumen del pensamiento de Edwards acerca del verdadero conocimiento de Dios. Este es impartido por Dios mismo por medio de su Palabra y su Espíritu.</p>
<p style="text-align: justify;">Este conocimiento consiste en un aprecio de la excelencia y gloria de las cosas que enseña la Palabra de Dios y, en particular, de Dios y de Cristo. Es decir, no es simplemente un mero conocimiento puramente intelectual de Dios, sino que es un conocimiento espiritual que hace disfrutar de Dios y de lo que es, al que lo posee. Es, usando una ilustración de Edwards en este mismo mensaje, como la diferencia que hay entre saber que la miel es dulce, y probarla o gustarla. Es, por tanto, un conocimiento que no depende de la erudición o falta de la misma del receptor, sino de la gracia de Dios. Una idea similar a la de Edwards en este mensaje sobre la naturaleza del verdadero conocimiento salvador de Dios en Cristo y por el Espíritu, la encontramos también en un conocido autor del siglo pasado A. W. Tozer. Véase su libro La raíz de los justos, particulamente el capítulo 9 del libro titulado : ¿Alumno de la Biblia o del Espíritu?.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Este mensaje de Edwards ha sido tenido en muy alta estima por aquellos que más han profundizado en su pensamiento. Para D.M. Lloyd-Jones es uno de los más grandes sermones de Edwards. Para Perry Miller, uno de los más famosos escritores sobre Edwards del siglo pasado, es una sinopsis de toda su enseñanza. Para George M. Marsden, articula brevemente la gran visión teológica de Jonathan Edwards.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #ffffff;">.<span id="more-420"></span></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>UNA LUZ DIVINA Y SOBRENATURAL, DIRECTAMENTE IMPARTIDA AL ALMA POR EL ESPÍRITU DE DIOS, MANIFESTADA POR SER UNA DOCTRINA TANTO ESCRITURAL COMO RACIONAL</strong></p>
<p style="text-align: right;">Un sermón de Jonathan Edwards</p>
<p style="text-align: justify;">[Predicado en Northampton y publicado a petición de algunos oyentes en el año 1734]</p>
<p style="text-align: justify;">Mateo 16:17 — Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.</p>
<p style="text-align: justify;">CRISTO le dice estas palabras a Pedro al profesar este su fe en Él como el Hijo de Dios. Nuestro Señor estaba averiguando, a través de sus discípulos, quién decían los hombres que Él era; no porque necesitara ser informado sino sólo para introducir y dar ocasión a lo que sigue. Ellos responden que algunos decían que Él era Juan el Bautista y otros Elias, y otros Jeremías o uno de los Profetas. Habiendo ellos así dado cuenta de quién decían los otros que Él era, Cristo les pregunta quién decían ellos que era. Simón Pedro, a quien hallamos siempre entusiasta y precipitado, fue el primero en responder: en forma presta contestó a la pregunta, Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.</p>
<p style="text-align: justify;">En esta ocasión, lo que Cristo dice se lo dice a él, y lo dice de él en el texto, en el cual podemos observar:</p>
<p style="text-align: justify;">1. Que Pedro es declarado bienaventurado a causa de esto. Bienaventurado eres: &#8220;Eres un hombre feliz al no ignorar esto, que yo soy el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Eres distinguidamente feliz. Otros están cegados y tienen percepciones oscuras y extraviadas, como tú has dicho ahora, algunos pensando que soy Elias, y otros que soy Jeremías, unos una cosa y otros otra; pero ninguno de ellos piensa correctamente, todos están mal orientados. Feliz eres tú, que eres tan distinguido como para saber la verdad en este asunto&#8221;.</p>
<div style="text-align: justify;">
<div>2. Que es declarada la evidencia de su felicidad; es decir, que Dios, y solamente Él, se lo había revelado. Esto es una evidencia de que él era bendito.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Primero, al mostrar cuan particularmente favorecido por Dios era él sobre otros; como diciendo, &#8220;Cuan altamente favorecido eres tú, que mientras otros hombres sabios y grandes, los escribas, fariseos, y gobernantes, y la nación, en general, son dejados en oscuridad para seguir sus propias percepciones, tú hubieras de ser seleccionado, si se quiere, por nombre, para que mi Padre Celestial estableciera así su amor sobre ti, Simón, hijo de Jonás. Esto te señala como bendito, que hubieras de ser así objeto del particular amor de Dios&#8221;.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Segundo, evidencia también su condición de bendito al dar a saber que este conocimiento está sobre cualquiera que carne y sangre puedan revelar. &#8220;Semejante conocimiento puede ser dado sólo por mi Padre que está en el cielo: es demasiado alto y excelente para ser comunicado a través de los mismos medios que otro conocimiento. Tú eres bendito, que sabes lo que sólo Dios puede enseñarte&#8221;.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>El origen de este conocimiento es declarado aquí tanto positiva como negativamente. Positivamente en cuanto Dios es declarado su autor; negativamente en cuanto se declara que carne y sangre no lo han revelado. Dios es el autor de todo conocimiento y comprensión, sean cuales fueren. Él es el autor del conocimiento que se obtiene a través del aprendizaje humano: es el autor de toda prudencia moral y del conocimiento y destreza que los hombres emplean en sus negocios seculares. De este modo, fue dicho acerca de todos los sabios de corazón y dotados para bordar, en Israel, que Dios les había llenado con espíritu de sabiduría (Éx. 28:3).</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Dios es el autor de dicho conocimiento, pero de manera tal que únicamente carne y sangre lo revelan. Los hombres mortales son capaces de impartir el conocimiento de las artes y ciencias humanas así como destreza en asuntos temporales. Dios es el autor de tal conocimiento a través de aquellos medios: carne y sangre son empleadas como la causa mediata o segunda de Él; Él lo da a conocer mediante el poder y la influencia de medios naturales. Pero este conocimiento espiritual, del cual se habla en el texto, tiene como autor a Dios y a nadie más: Él lo revela, y carne y sangre no lo revelan. Él imparte este conocimiento directamente, no haciendo uso de causas naturales intermedias como sí lo hace con otro conocimiento.</div>
</div>
<div style="text-align: justify;"><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="text-align: justify;">
<div>Lo que había pasado en el discurso precedente naturalmente ocasionó que Cristo observara esto porque los discípulos habían estado contando cómo otros no !e conocían pero, en general, estaban equivocados sobre Él, y divididos y confundidos en sus opiniones al respecto: pero Pedro había declarado su fe segura de que Él era el Hijo de Dios. Ahora, era natural observar cómo no había sido carne ni sangre lo que se lo había revelado, sino Dios, porque si este conocimiento dependiera de causas o fuentes naturales, ¿cómo vino a suceder que ellos, un grupo de pobres pescadores, y gente de baja educación, alcanzaron el conocimiento de la verdad, mientras los escribas y fariseos, hombres mucho más aventajados y de mayor conocimiento y sagacidad en otras materias, permanecieron en ignorancia? Esto sólo podía deberse a la gratuita y distintiva influencia y revelación del Espíritu de Dios. A continuación, lo que haré materia de mi presente discurso a partir de estas palabras, es esto:</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div><strong>DOCTRINA</strong></div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Que hay algo semejante a una luz espiritual y divina directamente impartida al alma por Dios, de una naturaleza diferente a cualquiera que sea obtenida por medios naturales. Y sobre esta materia me dispongo a:</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>I.  Mostrar qué es esta luz divina.</div>
<div>II.  Mostrar cómo es dada directamente por Dios y no obtenida por medios naturales.</div>
<div>III.   Mostrar la verdad de la doctrina y luego concluir con una breve aplicación.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>I. He de mostrar lo que es esta luz espiritual y divina. Y, con ese fin, manifestar, Primero, en pocas palabras, lo que no es. Y aquí,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>1. Aquellas convicciones que los hombres naturales pueden tener de su pecado y miseria no son esta luz espiritual y divina. Los hombres, en una condición natural, pueden tener convicciones de la culpa que recae sobre ellos y de la ira de Dios, y del peligro en que se encuentran ante la venganza divina. Tales convicciones provienen de la luz o sensibilidad a la verdad. Que algunos pecadores tengan una mayor convicción de su culpa y miseria que otros, es porque algunos tienen más luz o una mayor percepción de la verdad que otros. Y esta luz y convicción puede provenir del Espíritu de Dios; el Espíritu convence de pecado a los hombres, pero aun así la naturaleza está mucho más relacionada con eso que con la comunicación de esa luz espiritual y divina de la cual se habla en la doctrina; viene del Espíritu de Dios sólo como ayudando a los principios naturales y no como infundiendo nuevos principios de alguna especie. La gracia común difiere de la especial en que aquella influencia sólo ayudando a la naturaleza y no impartiendo gracia o confiriendo algo por encima de la naturaleza. La luz que se obtiene es completamente natural o de una clase no superior a la que alcanza la mera naturaleza, aunque se obtenga más de esa clase que si los hombres fueran dejados vivir completamente por sí mismos: o, en otras palabras, la gracia común sólo ayuda a las facultades del alma para obrar en forma más completa de la que lo hacen naturalmente, cuando la conciencia natural o la razón, por mera naturaleza, sensibiliza a un hombre con respecto a su culpa y le acusa y condena cuando ha cometido alguna falta. La conciencia es un principio natural para los hombres, y la obra que hace naturalmente, o por sí misma, es dar una percepción de lo correcto y lo incorrecto, y sugerir a la mente la relación que hay entre lo bueno y lo malo y su retribución. El Espíritu de Dios, en aquellas convicciones que los hombres no regenerados tienen a veces, asiste a la conciencia para que haga este trabajo con un mayor alcance del que tendría si los hombres fuesen entregados a vivir por sí mismos: Él ayuda contra aquellas cosas que tienden a estupidizarla y obstruir su ejercicio. Sin embargo, en la obra renovadora y santificadora del Espíritu Santo, son forjadas en el alma aquellas cosas que están por encima de la naturaleza, y de las cuales no hay nada similar en el alma en forma natural; y son traídas a la existencia en el alma de forma habitual, y de acuerdo a una constitución establecida o ley tal, que se sienta un cimiento para ejercitarlas en un curso continuo, lo que se llama un principio natural. No sólo los principios remanentes son asistidos para hacer su trabajo de manera más libre y completa, sino que son restaurados aquellos principios que fueron completamente destruidos por la caída; y, desde entonces, la mente ejerce habitualmente aquellos actos de los cuales el dominio del pecado la había destituido completamente, tal como un cuerpo muerto lo está en relación con los actos vitales.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>El Espíritu de Dios actúa de manera muy diferente en un caso respecto de lo que hace en otro. Él realmente puede actuar sobre la mente de un hombre natural, pero actúa en la mente de un santo como un principio vital residente. Actúa sobre la mente de una persona no regenerada como un agente extrínseco, ocasional; porque, al actuar sobre ellos, Él no se une a ellos; porque, a pesar de todas las influencias de las cuales ellos pueden ser objeto, aún son sensuales, no teniendo el Espíritu (Judas 19). Pero Él se une a sí mismo con la mente de un santo, le toma como su templo, actúa y le influencia como un nuevo principio sobrenatural de vida y acción. Existe esta diferencia, que el Espíritu de Dios, al actuar en el alma de un hombre piadoso, ejerce y comunica de sí mismo allí en su naturaleza propia. La santidad es la naturaleza propia del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo opera en las mentes de los piadosos uniéndose a ellos, y viviendo en ellos, y ejerciendo su propia naturaleza en el ejercicio de las facultades de ellos. El Espíritu de Dios puede actuar sobre una criatura sin comunicar de sí mismo en ese actuar. El Espíritu de Dios puede actuar sobre criaturas inanimadas, como cuando el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, al comienzo de la creación; de modo que el Espíritu de Dios puede actuar sobre las mentes de los hombres en muchas maneras, y comunicarse no más de lo que lo hace cuando actúa sobre una criatura inanimada. Por ejemplo, puede provocar pensamientos en ellos, puede ayudarles en su razón y comprensión natural, o puede ayudar en otros principios naturales, y esto sin unión alguna con el alma; puede actuar, si se quiere, como sobre un objeto extemo. Sin embargo, cuando Él actúa en sus influencias santas y sus operaciones espirituales, lo hace en una forma de peculiar comunicación de si mismo, de modo que, desde entonces, el asunto se denomina &#8220;espiritual&#8221;.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2. Esta luz espiritual y divina no consiste en alguna impresión hecha sobre la imaginación. No es una impresión sobre la mente, como si uno viera alguna cosa con los ojos físicos: no es una imaginación o idea de una luz o gloria externa, o de alguna belleza de forma o semblante, o el lustre o la brillantez visible de algún objeto. La imaginación puede ser fuertemente impresionada por semejantes cosas pero esto no es luz espiritual. En verdad, cuando la mente tiene un vivido descubrimiento de las cosas espirituales, y es grandemente afectada por el poder de la luz divina, esto puede, y es probable que suceda muy comúnmente, afectar la imaginación en gran medida, de modo que las impresiones de una belleza o brillantez externa pueden acompañar aquellos descubrimientos espirituales. Sin embargo, la luz espiritual no es esa impresión sobre la imaginación, sino una cosa extremadamente diferente. Los hombres naturales pueden tener impresiones vividas en sus imaginaciones, y no podemos determinar cómo, pero el diablo, que se transforma en ángel de luz, puede causar imaginaciones de una belleza externa, o gloria visible, y de sonidos o lenguajes, y otras cosas semejantes; sin embargo, estar, son cosas de una naturaleza vastamente Inferior a la luz espiritual.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>3. Esta luz espiritual no es la insinuación de verdades nuevas o proposiciones no contenidas en la Palabra de Dios. Esta insinuación de verdades o doctrinas nuevas en la mente, independiente de cualquier revelación previa a aquellas proposiciones, sea oral o escrita, es inspiración; tal como aquella de los profetas y apóstoles, y tal como la que algunos entusiastas pretenden tener. Sin embargo, esta luz espiritual de la que estoy hablando es una cosa completamente diferente a la inspiración: no revela doctrina nueva, no sugiere proposiciones nuevas a la mente, no enseña cosas nuevas de Dios, o de Cristo, o de otro mundo, que no estén enseñadas en la Biblia, sino que sólo da una debida percepción de aquellas cosas que son enseñadas en la Palabra de Dios.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>4. Esta luz espiritual y divina no es toda visión conmovedora que los hombres tengan de los asuntos religiosos. Los hombres, por meros principios naturales, son capaces de ser afectados por cosas que tienen una especial relación con la religión de la misma forma en que son afectados por otras cosas. Una persona, por mera naturaleza, por ejemplo, puede ser susceptible de ser afectada por la historia de Jesucristo y los sufrimientos que experimentó, asi como por cualquier otra historia trágica; puede ser sumamente afectada por ello dado el interés que percibe en la humanidad al respecto, e incluso ser afectada por ello sin creerlo; como también un hombre puede ser afectado por lo que lee de un romance o lo que ve actuado en alguna obra representada. Puede ser afectado por una vívida y elocuente descripción de muchas cosas placenteras que se adhieren al estado de ser bendito en el cielo, como también su imaginación puede ser entretenida por una descripción romántica de la placidez de las tierras de hadas o cosas así. Y esa creencia común de la verdad de los asuntos religiosos, que las personas pueden tener por educación o alguna otra cosa, puede contribuir a dicho afecto. Leemos en la Escritura acerca de muchos que fueron grandemente afectados por asuntos de naturaleza religiosa y que, con todo, son representados como totalmente carentes de la gracia, muchos de ellos siendo hombres sumamente malos. Una persona, por tanto, puede tener visiones conmovedoras acerca de los asuntos religiosos, y aun así estar muy despojada de la luz espiritual. Carne y sangre pueden ser causantes de esto: un hombre puede dar a otro una visión conmovedora de las cosas divinas como una simple ayuda común, pero Dios sólo puede conceder un descubrimiento espiritual de ellas. —Pero procedo a mostrar,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Segundo, lo que positivamente es esta luz espiritual y divina.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Y puede ser descrita así: un sentido verdadero de la excelencia divina de las cosas reveladas en la Palabra de Dios, y una convicción de la verdad y realidad de ellas que surge de allí. Esta luz espiritual consiste esencialmente en lo primero, es decir, un sentido y percepción real de la excelencia divina de las cosas reveladas en la Palabra de Dios. De esta visión de su divina excelencia y gloria surge una convicción espiritual y salvadora de la verdad y realidad de estas cosas; de modo que esta convicción acerca de su verdad es un efecto y consecuencia natural de esta vista de su gloria divina. Hay por lo tanto en esta luz espiritual,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>1. Un sentido verdadero de la divina y superlativa excelencia de los asuntos religiosos; un sentido real de la excelencia de Dios y Jesucristo, y de la obra de redención, y de los caminos y obras de Dios revelados en el evangelio. Hay una gloria divina y superlativa en estas cosas; una excelencia que es de una clase vastamente más alta, y de más sublime naturaleza que en otras cosas; una gloria que las distingue grandemente de todo lo que es terrenal y temporal. El que es espiritualmente iluminado, verdaderamente lo percibe y lo ve, o tiene un sentido de ello. Él no cree meramente en forma racional que Dios es glorioso, sino que tiene un sentido de la gloria de Dios en su corazón. No hay solamente una creencia racional de que Dios es Santo, y que la santidad es una cosa buena, sino que hay un sentido de la placidez de la santidad de Dios. No hay sólo un juicio especulativo de que Dios es lleno de gracia, sino un sentido de cuan grato es Dios en ese aspecto, o un sentido de la belleza de este atributo divino.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Hay una doble comprensión o conocimiento que Dios ha hecho a la mente del hombre capaz de tener en cuanto a lo bueno. La primera es meramente especulativa y estimativa, como cuando una persona juzga sólo especulativamente que algo es bueno, lo cual es llamado bueno o excelente por un acuerdo de la humanidad, es decir, lo que implica mayoritariamente un beneficio general, habiendo una correspondencia entre ello y su retribución y cosas así. Y la otra es aquella que consiste en el sentido del corazón, como cuando hay un sentido de la belleza, placidez o dulzura de una cosa, de modo que el corazón es sensible al placer y el deleite cuando se encuentra en presencia de aquella idea. En la primera es ejercitada meramente la facultad especulativa, o el entendimiento, llamado estrictamente así o como se le señale para distinguirlo de la voluntad o disposición del alma. En la segunda, están principalmente implicadas la voluntad, o la inclinación, o el corazón.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>De esta manera hay una diferencia entre tener una opinión de que Dios es Santo y lleno de gracia, y tener una sensación de la placidez y belleza de esa santidad y gracia. Hay una diferencia entre tener un juicio racional de que la miel es dulce, y tener una sensación de su dulzura. Un hombro puede tener la primera sin saber qué gusto tiene la miel, pero no puedo tener la segunda a menos que tenga una idea en su mente de cómo sabe la miel. Así que hay una diferencia entre creer que una persona es hermosa y tener una sensación de su belleza. La primera puede ser obtenida de oídas, pero la segunda sólo al ver su semblante. Hay una amplia diferencia entre meramente juzgar racional y especulativamente que alguna cosa es excelente, y tener una sensación de su dulzura y belleza. Lo primero descansa sólo en la cabeza; sólo la especulación está involucrada en ello; pero en la segunda está involucrado el corazón. Cuando el corazón es sensible a la belleza y el agrado de una cosa, necesariamente siente placer en la percepción. En una persona que es sensible de corazón a la placidez de una cosa, está implícito que la idea de ello es dulce y placentera a su alma; lo que es una cosa muy diferente a tener una opinión racional de que es excelente.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2. De este sentido de la excelencia divina de las cosas contenidas en la palabra de Dios surge una convicción de la verdad y realidad de ellas; y ello en forma directa o indirecta.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Primero, indirectamente, a través de dos maneras.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>1. Por cuanto los prejuicios que están en el corazón, contra la verdad de las cosas divinas, son aquí suprimidos; de modo que la mente se vuelve susceptible a la debida fuerza de los argumentos racionales que respaldan dicha verdad. La mente del hombre está naturalmente llena de prejuicios contra la verdad de las cosas divinas: está llena de enemistad contra las doctrinas del evangelio, lo cual es una desventaja para que esos argumentos demuestren su verdad al hacerles perder su fuerza sobre la mente. Sin embargo, cuando una persona ha descubierto para sí misma la excelencia divina de las doctrinas cristianas, esto destruye la enemistad, suprime aquellos prejuicios, santifica la razón y la hace yacer abierta a la fuerza de los argumentos que prueban su verdad.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>De aquí se desprende el efecto diferente que los milagros de Cristo tuvieron para convencer a los discípulos respecto del que tuvieron para convencer a los escribas y fariseos. No es que ellos tuvieran un raciocinio más fuerte, o lo tuvieran más avanzado, sino que su razón estaba santificada, y aquellos enceguecedores prejuicios, bajo los cuales estaban los escribas y fariseos, fueron suprimidos por el sentir que ellos tenían de la excelencia de Cristo y su doctrina.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2. No sólo suprime los obstáculos de la razón, sino que positivamente ayuda a la razón. Incluso aviva las nociones especulativas. Capta la atención de la mente, con fijación e intensidad en esa clase de objetos, lo que la hace tener una visión más clara de ellos, y la habilita más claramente para ver sus relaciones mutuas, y ocasiona que las note más. Las propias ideas que de otra manera son borrosas y oscuras, son de esta manera grabadas con la más grande fuerza, y tienen una luz arrojada sobre ellas, de manera que la mente puede juzgarlas mejor así como aquel que sostiene objetos estando sobre la faz de la tierra, cuando la luz del sol es arrojada sobre ellos, está en mayor ventaja para discernirlos en sus verdaderas formas y relaciones mutuas que aquel que los ve bajo el opaco crepúsculo o fulgor estelar.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>La mente que tiene una sensibilidad a la excelencia de los objetos divinos habita en ellos con deleite, y los poderes del alma son más despertados y avivados para emplearse en la contemplación de ellos, y ejercitarse más plenamente, y aun más, para ese propósito. La belleza y dulzura de los objetos se aterra a las facultades, e impulsa el ejercicio de éstas, de modo que la propia razón está bajo ventajas mucho mayores para sus propios y libres ejercicios, y para conseguir su finalidad natural, libre de oscuridad y engaño. —Pero,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Segundo, un sentido verdadero de la excelencia divina de las cosas de la Palabra de Dios convence más directa e inmediatamente de la verdad de ellas; y eso por cuanto la excelencia de aquellas cosas es tan superlativa.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>
<div>Hay en ellas una belleza que es tan divina y propia de Dios, que es grande y evidentemente distintiva de ellas al compararse con las cosas meramente humanas o de las que los hombres son inventores y autores; una gloria que es tan alta y grande, que cuando es vista claramente, ordena asentir a su divinidad y realidad. Cuando hay un descubrimiento verdadero y vivo de esta belleza y excelencia, no permitirá atisbo alguno de que sea obra humana o fruto de la invención de los hombres. Esta evidencia que los espiritualmente iluminados tienen de la verdad de los asuntos religiosos es un tipo de evidencia intuitiva y directa. Ellos creen que las doctrinas de la Palabra de Dios son divinas porque ven la divinidad en ellas; esto es, ellos ven una gloria divina, y trascendente, y más evidentemente distintiva en ellas; gloria tal que, si es claramente vista, no deja lugar para dudar que proceden de Dios, y no de los hombres.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Semejante convicción de la verdad de la religión como esta, surgiendo, de estas formas, de un sentido de la excelencia divina en ellas, es esa verdadera convicción espiritual que hay en la fe salvadora. Y este origen de ella es aquel por el cual es más esencialmente distinguida de ese asentimiento común del cual son capaces los hombres no regenerados.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>II. Ahora procedo a lo segundo propuesto, es decir, a mostrar cómo esta luz es dada directamente por Dios y no obtenida por medios naturales. Y aquí,</div>
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<div>1.  No se pretende que las facultades naturales no sean empleadas en ello. Las facultades naturales son el objeto de esta luz: y son el objeto en forma tal que no son meramente pasivas sino activas en ello; los actos y ejercicios de la comprensión humana son involucrados y utilizados en ello, Dios, al permitir esta luz en el alma, trata con el hombre de acuerdo a su naturaleza, o como una criatura racional, y hace uso de sus facultades humanas. Sin embargo, aun así esta luz no es menos directa de Dios para ello; aunque las facultades son usadas, es en calidad de objetos y no como siendo las causas; y aunque ese actuar de las facultades en ello no es la causa, es ya sea implicada en la cosa misma (en la luz que es impartida) o es la consecuencia de ello, así como el uso que hacemos de nuestros ojos al mirar varios objetos, cuando el sol se levanta, no es la causa de la luz que descubre esos objetos frente a nosotros.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2.  No se pretende que los medios externos no tengan implicación en este asunto. Como ya he observado, no es en este asunto, como sí lo es en la inspiración, donde son sugeridas nuevas verdades: por cuanto aquí sólo por esta luz es dada una debida percepción de las mismas verdades que son reveladas en la Palabra de Dios; y, por lo tanto, no es dada sin la Palabra. En este asunto se hace uso del evangelio: esta luz es la &#8220;luz del evangelio de la gloria de Cristo&#8221; (2 Co. 4:4). El evangelio es como un cristal a través del cual se nos da a conocer esta luz (1 Co. 13:12). &#8220;Ahora vemos por espejo&#8221;. —Pero,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>3. Cuando se dice que esta luz es dada directamente por Dios, y no obtenida por medios naturales, se entiende que es dada por Dios sin hacer uso de medio alguno que opere por su propio poder, o una fuerza natural de la cual Dios haga uso; no es a través de causas mediatas que se produce este efecto. Verdaderamente no hay segundas causas en esto sino que es producido por Dios sin mediación. La Palabra de Dios no es propiamente la causa de este efecto: no opera por fuerza natural alguna en ella. La Palabra de Dios es usada solamente para dar a conocer a la mente la materia que es asunto de esta instrucción salvadora, y esta, en verdad, nos la da a conocer por fuerza o influencia natural. Da a conocer a nuestras mentes estas y otras doctrinas; es la causa de la noción que tenemos de ellas en nuestras cabezas, pero no del sentido de la excelencia divina que tenemos de ellas en nuestros corazones. Realmente, una persona no puede tener luz espiritual sin la Palabra, pero eso no señala que la Palabra propiamente tal sea la causante de esa luz. La mente no puede ver la excelencia de alguna doctrina a menos que esa doctrina esté primero en la mente; pero el ver la excelencia de la doctrina sólo puede venir directamente del Espíritu de Dios, aunque el conocimiento de la doctrina o proposición en sí misma pueda ser a través de la Palabra. De modo que las nociones que constituyen el asunto de esta luz son dadas a conocer a la mente por la Palabra de Dios, pero ese debido sentir del corazón, en que esta luz formalmente consiste, viene directamente del Espíritu de Dios. Como ejemplo, la noción de que hay un Cristo, y de que Cristo es Santo y lleno de gracia, es dada a conocer a la mente por la Palabra de Dios, pero el sentido de la excelencia de Cristo en razón de esa santidad y gracia es, sin embargo, la obra directa del Espíritu Santo. —Procedo ahora a,</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>III. Mostrar la verdad de la doctrina; que es, revelar que hay tal cosa como esa luz espiritual que ha sido descrita, directamente puesta así en la mente por Dios. Y aquí mostraré brevemente que esta doctrina es tanto escritural como racional.</div>
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<div>Primero, es escritural, Mi texto no es el único que sirve a este propósito sino que es una doctrina en la cual la Escritura abunda. Allí se nos enseña profusamente que tos santos difieren de los impíos en esto, que ellos tienen tal conocimiento de Dios, y una contemplación de Dios y de Jesucristo. Mencionaré unos pocos textos entre muchos. 1 Juan 3:6, &#8220;Todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido&#8221;. 3 Juan 11, &#8220;El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios&#8221;. Juan 14:19, &#8220;El mundo no me verá más; pero vosotros me veréis&#8221;. Juan 17:3, &#8220;Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado&#8221;, Este conocimiento, o contemplación de Dios y Cristo, no puede ser un mero conocimiento especulativo, porque se habla de Él como viendo y conociendo, en lo cual los santos difieren de los impíos. Y, según estas Escrituras, no sólo debe ser un conocimiento diferente en grado y circunstancias, y diferente en sus efectos, sino que debe ser enteramente diferente en naturaleza y tipo.</div>
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<div>Y de esta luz y conocimiento siempre se habla como dados directamente por Dios, Mateo 11:25-27: &#8220;En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y a aquel a quien el Hijo lo quiera revelar&#8221;. Aquí este efecto es adjudicado sólo al don y la operación arbitraria de Dios, confiriendo este conocimiento a quienes Él desea, y distinguiendo a quienes lo tienen, los cuales tienen la menor ventaja natural o medio de conocimiento, aun niños, mientras es negado a los sabios y prudentes. Y la distribución del conocimiento de Dios es aquí propiedad del Hijo de Dios, como prerrogativa solamente suya. Y otra vez, 2 Corintios 4:6, &#8220;Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo&#8221;. Esto muestra claramente que hay tal cosa como un descubrimiento de la divina y superlativa gloria y excelencia de Dios y de Cristo, y que es peculiar a los santos; y, además, que viene directamente de Dios así como la luz que viene del sol, y que es el efecto inmediato de su poder y voluntad, porque es comparable a Dios creando la luz por su poderosa palabra al comienzo de la creación; y está dicho que sucede a través del Espíritu del Señor, en el versículo 18 del capítulo precedente [2 Corintios 3:18], Se habla de Dios dando el conocimiento de Cristo en la conversión como tratándose de algo que estaba oculto y no visto. Gálatas 1:15-16, &#8220;Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí&#8230;&#8221;. La Escritura también habla claramente de semejante conocimiento de la Palabra de Dios, como ha sido descrito, como el don directo de Dios, Salmos 119:18, &#8220;Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley&#8221;. ¿Qué quería decir el salmista cuando suplicaba a Dios que abriera sus ojos? ¿Estaba ciego? ¿No podía recurrir a la ley y ver cada palabra y frase de ella cuando le placiera? ¿Y a qué se refería con aquellas maravillas? ¿Eran las maravillosas historias de la creación, y el diluvio, y el paso de Israel a través del Mar Rojo, y cosas así? ¿No estaban sus ojos abiertos para leer estas extrañas cosas cuando se lo propusiera? Sin duda, con maravillas de la ley de Dios, él se refería a aquellas distintivas y maravillosas excelencias y admirables manifestaciones de las perfecciones y gloria divinas que había en los mandatos y doctrinas de la Palabra, y aquellas obras y consejos de Dios que allí eran revelados. Así que la Escritura habla de un conocimiento de la dispensación de Dios, y del pacto de misericordia, y del camino de la gracia hacia su pueblo, como peculiar a los santos, y dado sólo por Dios, Salmos 25:14, &#8220;La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.&#8221;</div>
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<div>Y que una creencia verdadera y salvadora de la verdad de la religión es lo que surge de tal descubrimiento, es también lo que la Escritura enseña. Como en Juan 6:40, &#8220;Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna&#8221;, donde es claro que una fe verdadera es lo que surge de una visión espiritual de Cristo. Y Juan 17:6-8, &#8220;He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste&#8221;, donde Cristo está manifestando el nombre de Dios a los discípulos, o dándoles el conocimiento de Dios, que era aquello por lo cual ellos sabían que la doctrina de Cristo era de Dios, y que Cristo mismo era de Él, procedía de Él, y era enviado por Él. Otra vez, Juan 12:44-46, &#8220;Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas&#8221;. El que ellos creyeran en Cristo, y le vieran espiritualmente, son señalados como hechos paralelos.</div>
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<div>Cristo condena a los judíos el que no supieran que Él era el Mesías, y que su doctrina era verdadera, a partir de un gusto y goce distintivos internos aceren de lo que era divino, en Lucas 12:56-57. Habiendo Él allí culpado a los judíos, que mientras podían discernir la faz del cielo y la tierra y las señales del tiempo atmosférico, no podían reconocer aquellos tiempos o, como es expresado en Mateo, las señales de aquellos tiempos, Él añade, ¿y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo? Es decir, sin señales extrínsecas. ¿Por qué no tenéis ese sentido de la verdadera excelencia, a través del cual poder distinguir lo que es santo y divino? ¿Por qué no tenéis ese sabor de las cosas de Dios, por el cual poder ver la distintiva gloria y evidente divinidad mía y de mi doctrina?</div>
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<div>El apóstol Pedro señala el haber visto la gloria divina de Cristo como aquello que les dio a ellos (los apóstoles) una buena y bien fundada seguridad de la verdad del evangelio. 2 Pedro 1:16, &#8220;Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad&#8221;. El apóstol se refiere a esa gloria visible de Cristo que ellos observaron en su transfiguración: esa gloria era tan divina, teniendo tal inefable apariencia y semblante de santidad, majestad y gracia divinas que, evidentemente, lo denotaba como una persona divina. Pero si en una contemplación de la gloria externa de Cristo puede dar una seguridad racional de su divinidad, ¿por qué no puede una percepción de su gloria espiritual hacerlo también? Sin duda, la gloria espiritual de Cristo es en sí misma tan distintiva y tan claramente reveladora de su divinidad como su gloria externa y, mucho más, porque su gloria espiritual es aquello en que su divinidad consiste; y la gloria externa de su transfiguración mostró que era divino sólo por cuanto era una imagen o representación admirable de esa gloria espiritual. Sin duda, entonces, el que ha tenido una vista clara de la gloria espiritual de Cristo puede decir, &#8220;no he seguido fábulas astutamente inventadas, sino que he sido testigo de su majestad sobre tan buenos cimientos como el apóstol, cuando se refirió a la gloria externa de Cristo que había visto&#8221;. —Pero esto me traslada a lo que fue propuesto a continuación, es decir, mostrar que,</div>
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<div>Segundo, esta doctrina es racional.</div>
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<div>1. Es racional suponer que realmente hay tal excelencia en las cosas divinas, y que es tan trascendente y extremadamente diferente de lo que hay en otras cosas, que, si fuera vista, las distinguiría más evidentemente.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
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<div>No podemos racionalmente dudar que las cosas que son divinas, que pertenecen al Ser Supremo, son vastamente diferentes de las cosas que son humanas; que hay en ellas esa divina, alta y gloriosa excelencia que las diferencia de la manera más notable de las cosas que son de los hombres, tanto que si la diferencia fuera vista, tendría una convincente y satisfactoria influencia sobre cualquiera en cuanto a que son lo que son, es decir, divinas. ¿Qué razón puede ofrecerse en contra? A menos que argumentáramos que Dios no se distingue notablemente en gloria respecto de los hombres.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Si Cristo hubiera ahora de aparecer a cualquiera como lo hizo en el monte en su transfiguración, o si Él hubiera de aparecer al mundo en la gloria en la cual ahora está, como lo hará en el día del juicio, sin duda, la gloria y majestad en que aparecería sería tal que satisfaría a todos en señalar que fue una persona divina, y que la religión era verdadera: y sería la más razonable y bien fundada convicción, también. Y ¿por qué no puede haber esa estampa de divinidad, o gloria divina en la Palabra de Dios, en el esquema y doctrina del evangelio, que pueda ser en alguna manera tanto distintiva como racionalmente convincente, provista para ser vista? Es racional suponer que, cuando Dios habla al mundo, debería haber algo en su palabra o discurso vastamente diferente a la palabra del hombre. Suponiendo que Dios nunca hubiese hablado al mundo, pero que hubiésemos notado que Él fuera a hacerlo; que Él fuera a revelarse desde el cielo, y hablarnos directamente, en lenguajes o discursos divinos, si se quiere, de su propia boca, o que nos hubiera de dar un libro de su propia redacción, ¿de qué manera deberíamos esperar que Él hablara? ¿No sería racional suponer que su lenguaje sería extremadamente diferente al de los hombres; que habría de hablar como un Dios, es decir, que debería haber tal excelencia y esplendidez en su lenguaje o palabra, tal estampa de sabiduría, santidad, majestad y otras divinas perfecciones, que la palabra del hombre, y aun del más sabio de los hombres, habría de parecer mediocre y ruin en comparación con la de Él? Sin duda se creería racional esperar esto, y no razonable pensar lo contrario. Cuando un sabio habla en el ejercicio de su sabiduría, en cada palabra que dice hay algo que es muy distintivo respecto al hablar de un niño pequeño. Así, sin duda, y mucho más, el lenguaje de Dios (si hubiera alguna cosa tal como el lenguaje de Dios) se distinguiría del lenguaje del más sabio de los hombres de acuerdo a Jeremías 23:28-29. Dios, habiendo estado allí reprobando a los falsos profetas que profetizaban en su nombre, y pretendían que lo que ellos hablaban era palabra de Él, cuando en verdad era la propia palabra de ellos, dice, &#8220;El profeta con quien fuere sueño, cuente sueño; y el con quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo?, dice Jehová. ¿No es mi palabra como el fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?&#8221;.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2. Si hay tal excelencia distintiva en las cosas divinas, es racional suponer que hay algo semejante a verla. ¿Qué habría de ocultar lo que puede ser visto? No es argumento el decir que no hay semejante excelencia en las cosas divinas, o que si la hay no puede ser vista, o que algunos no la ven, por más que ellos puedan ser hombres de discernimiento en asuntos temporales. No es racional suponer, si hubiera alguna excelencia semejante en las cosas divinas, que los hombres malvados habrían de verla. No es racional suponer que aquellos cuyas mentes están llenas de contaminación espiritual, y bajo el poder de sucios deseos, habrían, de tener alguna apreciación o sentido de la belleza o excelencia divina; o que sus mentes deberían ser susceptibles a esa luz que en su propia naturaleza es tan pura y celestial. No ha de parecer del todo extraño que el pecado hubiera de cegar así la mente, viendo que los temperamentos y disposiciones naturales particulares de los hombres les ciegan tanto en materias seculares, como cuando el genio natural de los hombres es melancólico, celoso, miedoso, orgulloso, o algo similar.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>3.   Es racional suponer que este conocimiento debería ser dado directamente por Dios y no obtenido a través de medios naturales. ¿Sobre qué base habría de parecer razonable que hubiera de darse alguna comunicación directa entre Dios y la criatura? Es extraño que los hombres hubieran de hallar un tema difícil en ello. ¿Por qué no debería el que hizo todas las cosas tener aún algo que hacer directamente con las cosas que ha hecho? ¿Dónde está la gran dificultad, si poseemos la idea de un Dios, y que Él creó todo a partir de la nada, en permitir aún alguna influencia directa de Dios sobre la creación? Y si es razonable suponerlo con respecto a cualquier parte de la creación, lo es especialmente con respecto a las criaturas racionales e inteligentes, que están próximas a Dios en la escala de los diferentes órdenes de seres, y cuyo trato es el más directo con Dios; quienes fueron hechos a propósito para aquellos ejercicios que respectan a Dios y en los cuales tienen un cercano quehacer con Dios: porque la razón enseña que el hombre fue hecho para servir y glorificar a su Creador. Y si es racional suponer que Dios se comunica directamente con el hombre en algún asunto, es en éste. Es racional suponer que Dios reservaría ese conocimiento y sabiduría, que es de una naturaleza tan divina y excelente, para conferirla directamente por sí mismo, y que no habría de ser dejada al poder de segundas causas. La sabiduría y gracia espiritual es el más alto y excelente don que alguna vez Dios confiere a una criatura: en esto consiste la más alta excelencia y perfección de una criatura racional. Es, además, inmensamente el más importante de todos los dones divinos: es aquello en lo cual consiste la felicidad del hombre, y de lo cual depende su bienestar eternal. ¡Cuan racional es suponer que Dios, a pesar de haber dejado bienes medianos y dones más bajos a causas secundarias, y en alguna forma bajo el poder de ellas, aún hubiera de reservar ésta, la más excelente, divina e importante de todas las comunicaciones divinas, en sus propias manos, para ser conferida directamente por Él mismo, como algo demasiado grande para involucrar causas secundarias!</div>
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<div>Es racional suponer que esta bendición habría de ser directamente de Dios; porque no hay don o beneficio que sea en sí mismo tan relacionado a la naturaleza divina; no hay nada que la criatura reciba que pertenezca tanto a Dios, o a su naturaleza, y que sea tanto una participación de su deidad: es una especie de emanación de la belleza de Dios, y se relaciona a Dios como la luz al sol. Es, por lo tanto, congruente y adecuado que, por cuanto viniera de Dios, hubiera de venir en proximidad desde sí mismo, y por sí mismo, de acuerdo a su propia soberana voluntad.</div>
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<div>Es racional suponer que hubiera de estar más allá del poder del hombre obtener este conocimiento y luz por la mera fuerza de la razón natural; porque no es una cosa que pertenezca a la razón el ver la belleza y placidez de las cosas espirituales; no es una cosa especulativa, sino que depende del sentido del corazón. En verdad, la razón es necesaria en ello por cuanto sólo a través de la razón llegamos a ser objetos de los medios de Él; lo cual significa, como he mostrado, que es necesaria en ello aunque no constituye la causa del asunto. Es mediante la razón que llegamos a estar poseídos por la noción de aquellas doctrinas que son el asunto de esta luz divina; y la razón puede, en muchas maneras, ser indirecta y remotamente una ventaja en ello. La razón tiene que ver, además, en los actos que son consecuencia inmediata de este descubrimiento: el ver la verdad de la religión a partir de aquello es a través de la razón; aunque sea sólo a través de un paso y la inferencia sea inmediata. De modo que la razón tiene que ver en ese aceptar a, y confiar en Cristo, lo cual es consecuencia de ello. Pero si tomamos estrictamente la razón —no como la facultad de percepción mental en general, sino como raciocinio, o el poder de inferir mediante argumentos—, la percepción de belleza y excelencia espiritual no pertenece más a la razón de lo que pertenece a la capacidad de sentir el percibir los colores, o al poder de ver el percibir la dulzura de los alimentos. Está fuera del ámbito de la razón el percibir la belleza o placidez de alguna cosa: semejante percepción no pertenece a esa facultad. El trabajo de la razón es percibir la verdad y no la excelencia. No es el raciocinio el que da a los hombres la percepción de la belleza y placidez de un semblante, aunque de muchas formas indirectas pueda ser una ventaja para ello; la razón no las percibe más directamente que como percibe la dulzura de la miel: depende del sentir del corazón. La razón puede descubrir que un semblante es bello para otros y que la miel es dulce para otros, pero nunca me dará a mí una percepción de su dulzura.</div>
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<div><strong>APLICACIÓN DE LA DOCTRINA</strong></div>
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<div>Concluiré con una muy breve aplicación de lo que ha sido dicho.</div>
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<div>Primero, esta doctrina puede guiarnos a reflexionar en la bondad de Dios, que ha ordenado así que una evidencia salvadora de la verdad del evangelio sea tal que pueda ser obtenida por personas de medianas capacidades y ventajas así como aquellos que son del más grande origen y entendimiento. Si la evidencia del evangelio dependiera sólo de la historia, y tales razonamientos de lo que sólo los grandes hombres fuesen capaces, estaría por encima del alcance de lejos de la mayor parte de la humanidad. Sin embargo, las personas con apenas un grado corriente de conocimiento son capaces, sin un dilatado y agudo entrenamiento de razón, de ver la excelencia divina de los asuntos religiosos: son capaces de ser enseñadas por el Espíritu de Dios al igual que los entendidos. La evidencia que es así obtenida es vastamente mayor y más satisfactoria que todo lo que pueda ser obtenido mediante los argumentos de aquellos que son más doctos y más grandes maestros de la razón. Y los niños son tan capaces de conocer estas cosas como los sabios y prudentes; ellos están generalmente separados de aquellas cosas tal como los sabios y prudentes, pero cuando son reveladas a ellos, estos últimos son excluidos. 1 Corintios 1:26-27, &#8220;Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios&#8230;&#8221;.</div>
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<div>Segundo, esta doctrina bien puede hacer que nos examinemos a nosotros mismos con respecto a si ya hemos recibido en nuestra alma esta luz divina que ha sido descrita. Si hubiera en nosotros semejante cosa en verdad, y no fuera sólo una noción o rareza de personas con cerebros débiles y destemplados, entonces sin duda es una cosa de gran importancia, sea que hayamos sido así enseñados por el Espíritu de Dios, o que la luz del glorioso evangelio de Cristo, quien es la imagen de Dios, haya alumbrado sobre nosotros, dándonos la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo, o que hayamos visto al Hijo, y creído en Él, o tengamos esa fe de las doctrinas del evangelio que surge de una visión espiritual de Cristo.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>Tercero, todos podemos de aquí ser exhortados seriamente a buscar esta luz espiritual. Para influir e impulsar a ello, deben considerarse las siguientes cosas:</div>
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<div>1.  Esta es la sabiduría más excelente y divina que criatura alguna sea capaz de poseer. Es más excelente que cualquier aprendizaje humano; es con creces más excelente que todo el conocimiento de los más grandes filósofos u hombres de Estado. Aun el menor vistazo de la gloria de Dios en el rostro de Cristo exalta y ennoblece más el alma que todo el conocimiento de aquellos que tienen la más grande comprensión especulativa de la divinidad sin la gracia. Este conocimiento tiene el más noble objeto que haya o pueda haber, es decir, la divina gloria o excelencia de Dios y de Cristo. El conocimiento de estos objetos es aquello en lo cual consiste el más excelente conocimiento de los ángeles, aun de Dios mismo.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>2.  Este conocimiento es aquel que está sobre todos los otros que son dulces y deleitosos. Los hombres pueden tener una gran medida de placer en el conocimiento humano y en estudios de cosas naturales, pero esto es nada comparado con ese gozo que surge de esta luz divina brillando al interior del alma. Esta luz da una vista de aquellas cosas que son inmensamente las más exquisitamente hermosas y capaces de deleitar al ojo del entendimiento. Esta luz espiritual es el amanecer de la luz de gloria en el corazón. No hay nada tan poderoso como esto para sostener personas en aflicción y dar a la mente paz y brillantez en este tormentoso y oscuro mundo.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>3.  Esta luz es tal que efectivamente influencia la inclinación y cambia la naturaleza del alma. Asimila la naturaleza a la naturaleza divina, y transforma el alma en una imagen de la misma gloria que es contemplada. 2 Corintios 3:18, &#8220;Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor&#8221;. Este conocimiento desligará del mundo y desarrollará la inclinación a las cosas celestiales. Tornará el corazón a Dios como la fuente del bien y para escogerle como única porción. Esta luz, y sólo esta, traerá el alma a una salvadora cercanía con Cristo. Conforma el corazón al evangelio, y mortifica su enemistad y oposición contra el esquema de salvación así revelado: lleva el corazón a abrazar las deleitosas nuevas, a adherirse enteramente a ellas, y a consentir en la revelación de Cristo como nuestro Salvador: lleva el alma completa a concordar y armonizar con ella, admitiéndola con entero crédito y respeto, adhiriéndose a ella con total inclinación y afecto; y dispone efectivamente al alma para rendirse enteramente a Cristo.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div>4.  Esta luz, y sólo esta, tiene como su fruto una universal santidad de vida. Ninguna comprensión meramente imaginaria o especulativa de las doctrinas religiosas encaminará hacia esto. Pero esta luz, en cuanto alcanza el fondo del corazón, y cambia su naturaleza, orienta así efectivamente hacia una obediencia universal. Muestra la dignidad de Dios para ser obedecido y servido. Dirige el corazón hacia un sincero amor a Dios, que es el único principio de una obediencia verdadera, llena de gracia y universal; y convence de la realidad de aquellos gloriosos galardones que Dios ha prometido a quienes le obedecen.</div>
<div><span style="color: #ffffff;">.</span></div>
<div style="text-align: justify;">Traducción del sermón: Cristian J. Moran M. introducción ai sermón de José Moreno Berrocal.</div>
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</div>
</div>
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