Siempre en Su presencia – Martyn Lloyd-Jones

Del Libro Seeking the Face of God (Buscando el rostro de Dios), Nueve Reflexiones de los Salmos. Edición 2005.

Puedes ver todos los capítulos publicados de este libro en este enlace: Buscando el rostro de Dios Martyn Lloyd-Jones.

Traducido por Erika Escobar

8

SIEMPRE EN SU PRESENCIA

 

He puesto al SEÑOR siempre delante de mí, porque Él está a mi mano derecha, no seré conmovido.

SALMO 16:8

Llamo su atención a este versículo para que por medio de él y su enseñanza podamos considerar nuestras vidas en este mundo como pueblo cristiano; que podamos encontrar guía y ayuda en la medida en que enfrentemos el futuro, y que podamos recordarnos a nosotros mismos sobre ciertas codas que son de vital importante para nuestras almas y su salvación eterna. Aquí tenemos a un hombre con nuestras mismas pasiones. Este es un salmo de David y él fue un hombre con nuestras mismas pasiones. Tuvo muchos problemas, tuvo que enfrentar muchos problemas. Muchos de ellos fueron causados por él mismo, así como en nuestro caso, sin embargo muchos otros vinieron a pesar de él, simplemente como el resultado del mundo en que vivía y porque había otros pecadores como él mismo que lo rodeaban.

 

Si lee su historia, encontrará que vivió una clase de vida muy tempestuosa y aún a pesar de eso, con todos sus pecados y faltas y fallas y todas las varias calamidades que fueron a su encuentro, encontrará que este hombre va con paso firme adelante. Era un hombre que contaba con la aprobación de Dios, un escritor y un compositor, autor de muchos de estos grandes salmos en los que celebra la bondad de Dios y eleva su corazón en alabanza.

Tal hombre obviamente tiene mucho que enseñarnos y aquí nos dice uno de los secretos de su vida, una de las cosas que lo mantuvo perseverando. Nos muestra qué era lo que lo posibilitó a recuperarse cuando cayó en pecado o cuando estuvo casi abrumado por los problemas. Siempre es muy bueno poner una cuidadosa atención a cualquier declaración hecha por este hombre. No existe nada que yo sepa, aparte de leer las Escrituras mismas, que sea más ventajosa en la vida cristiana que un estudio cuidadoso y constante de las biografías cristianas. Y, por supuesto, el Libro de los Salmos es prominente en ese mismo aspecto. El salmista nos abre su corazón, y aquí, en este único versículo, nos hace enfrentarnos con lo que era, después de todo, el gran secreto de la vida de David, el rey de Israel.

Pero, y esta una observación muy importante, este particular salmo es uno de los salmos mesiánicos, uno profético sobre la venida del Mesías, el Hijo de Dios. Ahora aquellos que son familiares con su Nuevo Testamento, como todos debiéramos serlo, sabrá que este salmo es citado muy frecuentemente con relación a nuestro Señor mismo, y especialmente con respecto a Su resurrección. Considere estas palabras: “No dejarás mi alma en el infierno, ni permitirás que Tu santo vea la corrupción” (v.10). Ese versículo fue citado por Pedro en el Día de Pentecostés, por Pablo en Antioquía de Pisidia, y nuevamente en la epístola a los Hebreros. Es indudablemente una referencia a nuestro Señor Jesucristo.

Es así que David no estaba escribiendo sólo sobre sí mismo –estaba escribiendo como un profeta sobre Aquel que vendría, el Hijo de Dios, el Mesías, y por lo tanto estas palabras pueden aplicarse a nuestro Señor mismo. En otras palabras, tenemos en este versículo no solamente, si puedo decirlo de ese modo, el secreto de la vida del Rey David; tenemos también la esencia y el secreto de la vida de nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, el Hijo de Dios, cuando estuvo aquí en este mundo y vivió Su vida como un hombre. “He puesto al SEÑOR siempre delante de mí”. Así fue cómo Jesús mismo vivió. En la medida que usted lee los registros de Su vida en la tierra en los cuatro evangelios, encontrará que es por supuesto verdad. Observe Su vida de oración. Véalo levantándose antes del amanecer para orar o pasar la noche entera en oración. ¿Por qué ora tanto? Está poniendo a Dios delante de Sí. Es perfectamente claro de los evangelios que nuestro Señor, cuando estaba aquí en la carne, buscó a Dios. Vivió por Él y para Él.

Vemos aquí, entonces, que tenemos un principio muy importante para nuestras vidas en este mundo. Nada puede ser más importante que esto: el secreto de la vida de David, en realidad de la vida terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Nuevamente, si usted lee las biografías cristianas encontrará que ésta ha sido también la nota característica, la sobresaliente característica en la vida de todos los hombres y mujeres que han tenido experiencias inusuales de la gracia de Dios, y que han sido utilizados por Él, de una manera excepcional en sus vidas y ministerios.

Por lo tanto, consideremos nuestras propias vidas. ¿Cómo nos sentimos cuando miramos el futuro? ¿Qué sucederá? No lo sé, nadie sabe. No desperdiciaré su tiempo en tratar de predecir lo que sucederá o diciendo a los políticos y hombres de estados lo que deberían hacer con el fin de gobernar el futuro. No estoy en posición de hacer eso, y no conozco a nadie más que ocupe un púlpito, en cualquier posición eclesiástica que tenga, que esté en posición de hacerlo. Tengo un llamado superior. Mi negocio es prepararlos a ustedes para cualquier cosa que suceda. No sabemos lo que pueda ser eso. Mire al pasado y considere las cosas que le han sucedido. ¿Cuántas pudo predecir? ¿Cuántas pudo anticipar?

Agradezco a Dios que el pueblo cristiano no necesita saber sobre el futuro. Los cristianos nunca deberían desear hacerlo. Los cristianos viven de esta manera: un paso a la vez. Y este principio, si lo pusieran en operación, los habilitará a decir “cualquier cosa que suceda, sé que todo será para bien, porque Él está a mi mano derecha, no seré conmovido”. Cualquier cosa que venga, no seré conmovido porque estoy viviendo a la luz de este principio. “¡He puesto al SEÑOR siempre delante de mí!” Miremos entonces este versículo de una manera muy práctica.

Ahora digo de una forma muy deliberada. Los principios están aquí, por supuesto, y gastamos gran parte de nuestro tiempo con principios y doctrinas porque son absolutamente esenciales. No obstante, obviamente deben ser aplicados y, por lo tanto, no es una mala cosa ocasionalmente pausar y ser esencialmente prácticos, ir a la aplicación de las cosas en las cuales creemos con seguridad. ¿Cuál, es entonces la aproximación practica a esta enseñanza completa? Es la determinación a vivir en la presencia consciente de Dios. Esto es lo que el salmista está diciendo. Ha puesto al Señor Dios siempre delante de él; dice en esencia “Voy a vivir conscientemente en su presencia; en la medida que hago eso, no seré conmovido”.

Este es objetivo supremo de la vida de David, y lo enfatiza con las palabras que usa. Note cómo lo pone “he puesto al SEÑOR siempre delante de mí” (énfasis agregado). Es una palabra extraordinaria a usar, y no tengo ninguna duda que a primera vista viene a nosotros como una sorpresa. Aquí está un hombre que dice que va a “poner” a Dios delante de él. ¿Pero qué quiere decir con esto? ¿Cómo puede un mortal manipular o “poner” a Dios?

Y además sabemos que no era eso lo que David tenía en su mente. Lo que David estaba realmente diciendo que iba a hacer era ponerse a sí mismo en presencia de Dios. Es sólo una forma humana de hablar. Nos decimos a nosotros mismos “debo acordame de esto y esto”. Esa es la idea. Lo que David realmente quería decir es que iba a ponerse en esa posición “He puesto a Dios..”. Este término es de uso muy frecuente en las Escrituras. Lo vemos, por ejemplo, en la epístola a los Colosenses aunque allí encontramos el otro aspecto de éste enfatizado. Pablo, dirigiéndose a los cristianos dice “pongan su afecto en las cosas de arriba, no las cosas terrenales” (3:21). Debemos ponernos a nosotros mismos en el ángulo correcto, en la posición correcta, debemos alcanzar la perspectiva correcta; debemos mirar aquellas cosas en forma constante y mantener la mirada sobre ellas.

David lo expresa al revés pero es exactamente lo mismo. Es el término mismo, sin embargo, que es tan importante para nosotros en la medida en que aterrizamos a lo práctico de este tema. De forma tal que no me excuso en lo absoluto por descomponer esto en sus varias partes. “Poner” obviamente implica una

determinación. Incluye un acto de la voluntad. Implica una decisión definitiva. Tome un ejemplo doméstico común. Usted pone su alarma para despertar a cierta hora en la mañana. Obviamente antes de que realmente lo haga, debe decidir hacerlo. Usted dice “quiero despertar a una hora determinada en la mañana y, por lo tanto, voy a poner mi alarma a esa hora”.

Es la misma idea aquí. Involucra determinación; y, por supuesto, la determinación involucra pensar. Involucra meditación y consideración. Este es el final de un argumento, el resultado de un gran proceso de razonamiento por parte de David. Es la implementación de un punto de vista con relación a sí mismo y con relación al todo de la vida. Habiendo considerado todo, esta es la manera en que vivirá. Está determinado a hacerlo así.

Y también nosotros debemos determinar, debemos decidir, debemos ejercitar nuestra fuerza de voluntad. Me refiero aquí, por supuesto, a la completa tendencia de ir a la deriva y permitir que la vida nos manipule y nos conduzca. Estoy seguro de que en la medida en que nos examinamos ahora, en la medida en que miramos nuestra vida pasada, deberíamos estar más que alarmados por esto que por cualquier otra cuestión -concretamente por la manera en que los meses y años pasan y nosotros no hemos hecho lo que nos propusimos hacer. Como Milton lo pone en su gran soneto

 

Cuando considero cómo se gasta mi vida,

la mitad de mis días, en este oscuro y amplio mundo.

 

Sintió que había desperdiciado su vida, no había hecho las cosas que se había propuesto, y su ceguera se había cernido sobre él.

Estoy seguro de que todos debemos sentir algo así. Estamos tan ocupados –hay tantas cosas por hacer- nunca la vida ha sido más difícil. La vida parece estar organizada para nosotros, y la más grande dificultad en este mundo es tomar control de nuestras vidas, vivirlas como creemos debemos vivirlas. Tenemos que decidir –debemos determinar- porque si no lo hacemos nuestras vidas serán gobernadas por el círculo en que vivimos. Llegan los diarios y comenzamos a leerlos en el desayuno; y se presentan otras cosas –negocios, amigos y asuntos y reuniones y más. Estamos todos tan ocupados con tales cosas que casi nos olvidamos de nuestra alma inmortal. –“He puesto. Estoy determinado; estoy resuelto; viviré como si estuviera en la presencia de Dios”. Esa es la primera cosa.

Pero al mismo tiempo debo enfatizar el elemento de acción en esto, y aquí nuevamente hay algo muy vital. Debemos animarnos y llevarnos a nosotros mismos a esto. Hay dos lados para esta vida cristiana que vivimos. Está la iniciativa divina sin la cual nada en absoluto sucede. Pero como resultado de esa iniciativa divina estamos diseñados para iniciar cosas por nosotros mismos. Cuando estamos muertos en transgresiones y pecados nada podemos hacer pero cuando se nos da vida, podemos, y debemos, y las Escrituras nos llaman a hacerlo así “Pongan sus afectos “ (Col 3:2, énfasis agregado). Debemos tomarnos de la mano y forzarnos a nosotros mismos a hacer esto. Tenemos que empujarnos, ser rígidos con nosotros mismos, disciplinarnos. Esto involucra una acción muy definida de nuestra parte.

Lo estoy poniendo de este modo porque sé que algunos quizá tenderán a tomar una visión de que debemos sólo continuar siendo como somos y orar a Dios para que haga algo al respecto. Estamos esperando por un avivamiento o una alguna revelación especial y entretanto tendemos a no hacer nada. Eso es bastante falso contrastado con la enseñanza escritural. Es verdad que no podemos crear una avivamiento –es estúpido pretender hacerlo. “Bien, no me siento en un estado muy espiritual esta mañana. ¡Confío en que estaré mejor mañana!” No, en absoluto. “He puesto al SEÑOR siempre delante de mí”. Cuando sentimos exactamente lo opuesto, debemos insistir. Debemos tomar esta acción, debemos tomarnos a nosotros mismos en la mano, debemos poner al Señor delante de nosotros y hablar con Él.

Eso es lo que David quiere decir. Esta es una acción. No es sólo esperar pasivamente a que el Señor gentilmente nos visite. Él hace eso pero la biografía de los cristianos prueba abundantemente que las personas que han tenido mayor gracia y visitas más frecuentes de Dios han sido aquellos que han pensado en Él más diligentemente. El autor de la epístola a los Hebreos dice “Aquel que ha ido a Dios debe creer que Él está y que Él es una recompensa a quienes diligentemente lo buscan” (11:62, énfasis agregado). Esa es la acción que debemos emprender.

El próximo paso es mucho más práctico aún. Poniendo al Señor delante de mí significa que me entreno y enseño a mí mismo en lo que los maestros de la vida espiritual han llamado “el arte de recolección” como lo discutimos en el capítulo previo. Esto significa que yo conscientemente, deliberadamente y activamente me hablo a mí mismo sobre mí mismo y sobre mi relación con Dios. Significa que cuando me despierto en la mañana, antes de permitirme a mí mismo pensar en cualquier otra cosa, me digo a mí mismo “Tú eres un hijo de Dios y un heredero de eternidad”. Dios lo conoce y usted pertenece a Él. Debe hacer eso, y hacerlo a la fuerza porque en el momento en que despierto, muchos pensamientos vendrán a mi mente, quizá tentaciones, quizá dudas, toda clase de cosas. Debo barrerlas todas y deliberadamente recordarme a mí mismo de Dios y de mí mismo y de mi relación con Él. Medito sobre esto y luego conscientemente busco la presencia de Dios. Para ponerlo de otra forma, debo practicar la presencia de Dios.

En otras palabras, me digo a mí mismo, Dios está, yo estoy y Dios está allí. Dios es un ser eterno y vida y realidad. No es meramente un término o un concepto filosófico – Dios es. Es una Persona, y yo deseo ir a Su presencia. Quiero conocerlo, quiero hablar con Él. Me aproximaré a Él de la forma en que visito a un amigo. Voy a visitar a Dios y me comunicaré con Él, voy a tener comunión con Él. Eso es lo que David quiere decir con “poner a Dios siempre delante de él.

Por supuesto existen muchas formas de hacer esto pero ninguna es más importante que la Palabra, la Biblia. Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros allí; es así que a medida que la leemos, obtendremos conocimiento sobre Dios. Él nos está hablando a través de la Palabra sobre Sí mismo y sobre nosotros mismos, de forma que mientras más la conozcamos y la leamos más nos conducirá a la presencia de Dios. Si usted desea poner a Dios siempre delante de usted, pase más tiempo en la lectura regular y diaria de la Biblia. Que sea una lectura sistemática, no sólo al azar o volviendo a los salmos favoritos y luego a algún texto de los evangelios. ¡No, su lectura debe ser de Génesis a Apocalipsis! Año por año vaya a través de sus libros. Pienso que cualquier cristiano debería avergonzarse de no ir a través de ella completamente una vez al año. Escudríñela sistemáticamente. Muchos planes han sido diseñados y pueden ser adquiridos y que le dirán cómo hacer esto y lo ayudarán a hacerlo. O si prefiere, puede trabajar uno por usted mismo como yo hice una vez. Pero cualquier cosa que haga, insista en ella. La Palabra de Dios le habla, escúchelo a Él e irá a Su presencia. Póngalo delante de usted leyendo la Biblia. Puede hacerlo también en oración, hablando con Dios y escuchándolo.

Esas son formas por las cuales usted puede ponerlo a Él delante de usted. Lea también las biografías de personas devotas. Cuando usted ve la clase de vida que ellos fueron habilitados a vivir, sentirá –“¡oh, si yo fuera así!” Descubrirá que la razón de una vida como esa fue que ellos pusieron siempre a Dios delante de ellos. Y también leerá que cuando ellos enfermaron desesperadamente o cuando el duelo y la pena vinieron, esto no perturbó su calma, no estaban finalmente desalentados. No es que no fueran humanos, sintieron de verdad estas cosas y las sintieron muy agudamente, pero no perdieron su balance, no sintieron que todo estaba perdido o que todo se había ido. Y cuando las pruebas y las calamidades vinieron, incluso las guerras, no sintieron que todo había colapsado. ¡No en absoluto! Continuaron y hubo una clase de dulzura y belleza agregadas a sus vidas e incluso un mayor gozo y paz. Esto es lo que encuentra cuando lee sus biografías y encontrará que su secreto era que ellos pasaban gran parte de su tiempo diario leyendo las Escrituras y orando a Dios.

Mis queridos amigos cristianos, ¿no es este el problema con muchos de nosotros hoy? Estamos demasiado ocupados. Somos activistas. Corremos a reuniones o las organizamos o nos ocupamos en negocios en varias organizaciones. Ni siquiera leemos como nuestros antepasados lo hicieron. Debemos estar siempre entretenidos, debemos buscar algo o alguien que lo haga por nosotros. El secreto de los santos en el pasado era que ellos leían la Palabra por sí mismos y oraban y meditaban y leían buenos libros. No fragmentos, no simplemente comentarios devocionales – se adentraban en la doctrina, en las profundidades y vivieron en esas profundidades y no meramente en la superficie, produciendo vidas gloriosas.

¡Oh, que todos podamos resolver ser así! No deje que la vida lo controle. Nunca deje que ninguna organización lo controle. No permita que cosa alguna tome control sobre usted. Y cuando digo eso, no sólo quiero decirlo como lo dice el mundo. Quiero decir que la cosa a hacer está en los círculos angelicales. ¡Ponga al Señor siempre delante de usted –Al Señor Mismo, no tan solamente las actividades de Su Reino, porque si no hace esto se volverá muy seco en su activismo. Su corazón se volverá frío y en los momentos de necesidad y de problemas y de pruebas no sabrá dónde está y será un pobre testigo de la fe y de la gracia que ha recibido y que sostiene.

“He puesto al Señor siempre…” dice David, no sólo en momento como estos. Debemos hacer esto más aún, en un sentido, cuando no nos sentimos así. Cuando el Señor nos visita, no necesitamos ponerlo delante de nosotros, sabemos que Él está allí y que tenemos que responder. El tiempo para hacer esto es cuando no nos sentimos así, cuando nos sentimos secos y estériles y áridos; entonces debemos especialmente ponerlo a Él delante de nosotros. Seguramente todos podemos testificar del hecho de que si miramos el pasado de nuestras vidas no existe nada, en un sentido, que haya sido más maravilloso que cuando en una condición estéril y árida lo hemos puesto a Él delante de nosotros y pensando en Él. Súbitamente las nubes desaparecieron y la luz brilló nuevamente. ¡Oh, no ha habido nada más maravillo que eso! De forma tal que haga esto aun cuando no se sienta así. ¡Hágalo cada día –siempre! No lo haga de manera irregular, no comience maravillosamente y luego flaquee. Ponga siempre sus afectos en el Señor. Póngalos allí, póngalos en ese punto, y manténgalos allí. Y continúe haciéndolo.

Y por sobre todo, no sólo haga esto cuando esté en problemas, lo que es la tragedia con muchos. Han vivido una vida monótona, diciendo “Por supuesto, si las cosas van mal siempre puedo ir al Señor”. Y luego las cosas han ido mal y se vuelven a Él pero sienten que no pueden encontrarlo. Parecen estar desolados, y se emocionan y se alarman y no saben dónde están. Sólo ponen al Señor delante de ellos cuando están en problemas. Si usted quiere encontrar al Señor cuando está en dificultades entonces póngalo delante de usted cuando no lo esté. Del sol y la lluvia, la tormenta y la calma, la afluencia y la prosperidad, las penurias y las pérdidas, la salud o la enfermedad no tendrá cuidado porque usted ha puesto al Señor siempre delante de usted.

¿Debo alentarlo recordándole de la sabiduría que hay en hacer esto? Ya me he referido a ello, no obstante, déjenme enfatizarlo. ¿Por qué debo poner al Señor siempre delante de mí? Primero, porque Él es el Señor Jehová, el Poderoso, el Dios eterno. Si esto no es suficiente, la segunda razón es porque yo estoy siempre delante Él. Él es el Señor. Las declaraciones antropomórficas en las Escrituras son tan verdaderas y expresivas:

Los ojos del Señor corren de aquí para allá en toda la tierra (Zacarías 4:103). El ve, Él sabe todo y cada cosa. Y porque Su ojo está siempre sobre mí, es la esencia de la sabiduría que mi ojo deba estar siempre buscándolo a Él – Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Él, Aquel al que debemos dar cuenta (Hebreos 4:134). Nada se esconde a Su mirada.

Y esto trae una tercera razón. Debo poner al SEÑOR siempre delante de mí porque es tan seguro como el hecho de que hoy estoy en la tierra que un día compareceré delante de Dios. Cuándo, no lo sé, así es que por lo tanto déjenme hacer esto siempre. Nadie de nosotros lo sabe pero esto sabemos con seguridad: Todos comparecemos delante del asiento del juicio de Cristo y daremos cuenta (de nosotros mismos) a Dios (Romanos 14:125). Es inevitable, es inexorable. ¡Por lo tanto, mi querido amigo, ponga al Señor siempre delante de usted! Es la esencia de la sabiduría hacer esto.

Pero ahora miremos brevemente el privilegio de hacer esto. ¡Qué pobres y tontas criaturas somos! Aún la esencia del cristianismo es traer a nosotros la comunión con Dios. Viviendo, muriendo en la cruz y resucitando, Cristo ha hecho posible para nosotros vivir y caminar en esa comunión. Enoc caminó con Dios. Así lo hizo Noé, Abraham, el amigo de Dios, caminó con Dios también. Y usted y yo estamos destinados a caminar con Él en este mundo. ¡Qué privilegio! – Realmente nuestra comunión es con el Padre, y con Su hijo Jesús Cristo (1 Juan 1:3).

Es una tragedia que tengamos que recordarnos de esto pero debemos hacerlo. Hágalo siempre. Póngalo a Él siempre delante de usted. Diga, en cuanto despierte en la mañana –¡qué cosa maravillosa, otro día caminando con Dios, caminando con Cristo!- ¡Oh, si comenzáramos nuestros días así! Recordándonos a nosotros mismos de eso – miserables criaturas como somos, sintiéndonos hastiados, cansados, sin recursos, depresivos, lo que sea; con toda clase de pensamientos y problemas atribulando nuestra mente- que podemos barrerlas y decir – ¡Es día de Dios, soy un hijo de Dios! ¡Voy a conversar y caminar con Él hoy día! Esa es la vida cristiana.

Y finalmente, una palabra sobre el consuelo de poner al Señor siempre delante de nosotros. Es tan seguro como que vivimos que al comienzo de cualquier día nos encontraremos cara a cara con las tentaciones. Existe un adversario que nos confronta y que es segundo de Dios en poder, un adversario poderoso, “un león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:86) y nos atacará con todo su poder. Sólo existe un consuelo en la medida en que nos damos cuenta de algo de la verdad. Y es eso que podamos decir:

 

Te necesito en cada hora,

Permanece cerca de mí.

¿Por qué?

Las tentaciones pierden su poder

Cuando Tú estás cerca.

ANNIE SHERWOOD HAWKS (1935-1918)

TE NECESITO CADA HORA

 

Si el Señor está delante de usted cuando la tentación venga la situación será bastante diferente que enfrentarla solo y no sabiendo que Él está allí. En verdad, me parece que aquellos que comienzan su día sin darse cuenta de todo esto y sin poner al Señor delante de ellos son necios. Son juego de niños para el diablo. Es así que asegúrese que ha puesto al Señor delante de usted. Y Manténgalo. Las pruebas vienen en muchas diferentes formas, envejecimiento, debilidad, enfermedad, enfermedad de un amigo o de un ser querido. Cuándo, no sabemos. Los problemas vendrán tarde o temprano de alguna forma. Y entonces sólo hay una única cosa que es de valor y esa es que no estaremos solos, que Dios estará con nosotros. El Señor Jesucristo dijo a Sus discípulos – la hora vendrá, sí, ya ha llegado, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo (Juan 16:327) Es así como Él soportó todo. Sus discípulos huyeron, pero “el Padre está conmigo” y continúo. Y esa es la única manera en la cual usted y yo podemos enfrentar nuestras aflicciones. Podemos decir:

 

Su juramento, Su pacto, Su sangre

Me sustentan en el fluir abrumador

Cuando todo alrededor de mi alma se esfuma

Él es mi fortaleza y permanece.

En Cristo, la sólida roca, permanezco

Todo lo demás es arena movediza

Todo lo demás es arena movediza

EDWARD MOTE (1797-1874) – LA ROCA SOLIDA

 

Aun cuando la muerte misma venga, está bien. Él estará con nosotros: no nos dejará ni nos abandonará. Podemos acudir al Salmo 16. Cristo ha conquistado la muerte y la tumba, Él las ha vivido antes que nosotros. Él es “un ancla… dentro del velo” (Hebreos 6:198). Porque Él está en el cielo, yo estaré allí. Incluso la muerte está derrotada.

Y la Gloria de todo esto es: Sé que soy cambiante pero también sé que Él es inmutable. El mundo cambiará, yo cambiaré. Pero Cristo es el mismo ayer y hoy y por siempre (Hebreros 13:89). Por lo tanto, cualquier cosa que suceda, solamente tengo que ponerlo a Él delante de mí y mirarlo. Lo busco y le pido habitar conmigo, y por lo tanto, puedo decir cosas como estas:

Habita conmigo; rápido cae el atardecer;

La oscuridad se profundiza; Señor, conmigo habita.

Cuando otros ayudantes fallan y el consuelo no está,

Ayuda de los desamparados, oh habita conmigo.

Rápido a su cercana decadencia está este pequeño día de vida

Las alegrías de la Tierra se hacen tenues, sus glorias pasarán;

Cambio y decadencia en todas partes veo;

¡Oh Tú que no cambias, habita conmigo!.

Necesito tu presencia en cada hora que pasa.

8¿Qué sino Tu gracia puede frustrar el poder del tentador?

¿Quién, como Tú mismo, mi guía y soporte puede ser?

A través de nubes y sol, Señor, habita conmigo.

No temo a ningún adversario, estando Contigo a mano para bendecir;

Los males no tienen peso ni las lágrimas, amargura.

¿Dónde está muerte tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?

Yo triunfaré si Tú habitas conmigo.

Sostendré Tu cruz ante mis ojos cerrados;

Brilla en la oscuridad y me señala los cielos.

La mañana rompe los cielos celestiales, y las vanas sombras de la tierra huyen;

En la vida, en la muerte, Señor, habita conmigo.

HENRY FRANCIS LYTE (1793–1847), ?HABITA CONMIGO?

 

Querido amigo, ponga al Señor siempre delante de usted y luego, porque Él está a su mano derecha, usted no será conmovido. Amén.

 

Imagen de Edur8 bajo licencia Creative Commons

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