Buscando el rostro de Dios – Martyn Lloyd-Jones

Del Libro Seeking the Face of God (Buscando el rostro de Dios), Nueve Reflexiones de los Salmos. Edición 2005.

Puedes ver todos los capítulos publicados de este libro en este enlace: Buscando el rostro de Dios Martyn Lloyd-Jones.

Traducido por Erika Escobar

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BUSCANDO EL ROSTRO DE DIOS

 

 

El SEÑOR es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?  El SEÑOR es la fortaleza de mi vida, ¿de quién tendré miedo?  … Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no temerá, aunque la guerra venga contra mí, en esto tendré confianza.

SALMO 27:1,3

 

El Salmo 27 es un salmo que debemos recordar siempre.  Es una canción y debe ser tomada como un todo porque generalmente el salmista tiene un solo gran mensaje que darnos en cada salmo.  Esto es particularmente cierto en este Salmo 27, pero quizá podemos mirar un versículo en especial:  el versículo 4.  “Una cosa he deseado del SEÑOR, esa buscaré, que esté yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR y para inquirir en su templo”[1].

Ahora, como lo es en la mayoría de los salmos, aquí el salmista está dándonos su experiencia porque está ansioso por alabar a Dios.  También está ansioso por ayudar a otros.  Este es el propósito total de compartir una experiencia personal –no llamar la atención a uno mismo sino llamar la atención al SEÑOR que es dador de todo y que sólo Él es digno de alabanza.   En la medida en que miramos la experiencia de este hombre, podemos aprender muchas lecciones.  Está enseñándonos como afrontar la batalla de la vida y vivir.  Este es el gran valor del Libro de los Salmos.  Son siempre prácticos porque son experimentales o experienciales.   Tienen este valor adicional: cada salmista no es un hombre escribiendo teóricamente acerca de la vida.  Es generalmente alguien que habiendo pasado por alguna experiencia que lo atribuló y lo puso a prueba,  ha descubierto nuevamente la manera el camino del éxito y del  triunfo.  De forma tal que desea celebrar eso y pasar la información a otros.  Y otro gran valor, por supuesto, de los salmos es que ellos son siempre tan honestos.   El salmista no pretende ser mejor de lo que es. Abre su corazón, se expone ante nosotros, como si fuera posible, exactamente como es.  Nos dice acerca de sus miedos y sus corazonadas, nunca esconde ninguna de sus propias debilidades.  Así que  sentimos que habla a nuestra condición.

En lo que se refiere a este salmo, por seguro ninguno puede decidir  si el salmista lo escribió inmediatamente después de la gran experiencia de prueba o si lo escribió mientras estaba realmente enfrentando tal prueba.  Es probablemente un salmo de David y, por lo tanto, podemos asumir que David estaba sufriendo problemas y tribulaciones constantemente.  En este salmo, nos está contando algo de una muy reciente vivencia.

El valor de todo esto para nosotros es obvio debido a que, después de todo, cada uno de nosotros está envuelto en luchas en la vida diaria.  Nada es tan equivocado, y verdaderamente es deshonesto, como la pretensión de que al momento de volverse cristiano todos sus problemas quedan atrás y que nunca de ahí en adelante enfrentará dificultades.  Eso no es verdad.  A los cristianos no se les promete un tiempo fácil en este mundo; en realidad, lo opuesto es más cercano a la realidad.  Se nos dice en muchos lugares del Nuevo Testamento que como cristianos debemos esperar pruebas inusuales precisamente porque somos seguidores del Señor.

Mire Su vida.  Allí estaba Él, el Hijo de Dios en este mundo, y aun así fue probado, fue tentado, fue puesto a prueba, tuvo que sufrir la contradicción de los pecadores contra Sí mismo.  Su vida estuvo llena de batallas y conflictos. Y si eso fue verdad para Él, y como Él mismo lo señaló en Juan 15[2], cuánto más lo será para Sus seguidores.  Porque somos cristianos, el demonio y todas sus fuerzas estarán particularmente preocupados de probarnos y testearnos para hacernos caer, si no en el pecado, y a cualquier precio, a una condición de derrota y de infelicidad que nos llene de un sentido de inseguridad y de un espíritu de miedo.  Así que tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo nos preparan para todo eso.  El pueblo de Dios había tenido grandes pruebas y tribulaciones y luchas mientras estuvieron en este mundo. No se nos promete un tiempo fácil pero sí se nos asegura es que a pesar de todo eso, podemos ser “más que vencedores” (Rom. 8:37[3]).  Esa es la posición de un cristiano.  Las Escrituras no minimizan los problemas y tampoco nos dicen que no habrá ninguno, más bien los enfrenta como son.  En realidad, en forma frecuente he declarado que la Biblia es el libro más honesto del mundo.  Son los políticos, los filósofos y los poetas los que siempre nos prometen que nuestros problemas serán suprimidos.  Son peligrosamente optimistas, esos idealistas que están siempre diciendo que van a hacer un mundo perfecto.

La Biblia nunca dice eso.   La Biblia nos dice precisamente lo opuesto. Dice que debido a que los hombres y mujeres están en rebelión con Dios y son pecadores, el mundo estará lleno de problemas y dificultades.  Habrá “guerras y rumores de guerra” (Marcos 13:7[4]).  La Biblia siempre ha dicho eso.  Son las otras personas, aquellas que no creen en la Biblia, las que prometen que por alguna organización humana nosotros desterraremos la guerra.  La Biblia es realista y nos dice que los enemigos y los poderes son puestos en nuestra contra pero que a pesar de eso podemos ser “más que vencedores a través de Aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

¿Está en esta batalla?  ¿Está triunfante, está seguro?  Eso es lo que estamos destinados a ser como pueblo de Dios.  ¿Cómo está enfrentando el estrés y las pruebas, los problemas y las tribulaciones de la vida?  Bien, en este salmo nos volvemos al camino correcto para enfrentar estos problemas porque aquí el salmista nos dice, por su propia experiencia, cuál es la única manera en que podemos en realidad y verdaderamente hacerlo en un mundo como en el que vivimos.

Aquí, entonces, está un salmo de catorce versículos que puede ser dividido simplemente en tres secciones.  En la primera sección, versículos 1-6, el salmista expresa su confianza, su seguridad.  Luego en la segunda sección, versículos 7-12, llega a la petición, a la oración, en medio de la lucha y el conflicto y la agonía. Y luego en los versículos 13-14 llega a su conclusión final con respecto al asunto completo. O, para ponerlo de otra manera, en la primera sección el salmista está en el cielo, en el segundo está más que aterrizado y en la tercera nos entrega su determinación con respecto al todo de su futuro y cómo se debe enfrentar  la vida.

De forma que lo que tenemos aquí en este salmo es lo que bien podemos llamar una estrategia de vida, cómo enfrentar la batalla y el conflicto de vivir.  Como usted sabe, siempre debe comenzar con la estrategia, no con tácticas, porque si no lo hace pronto se encontrará vencido.  Puede sentir que está obteniendo una pequeña victoria en un momento dado pero se ha olvidado de algo más.  Es así que tiene que comenzar con una gran estrategia de vida, y esto está puesto a la perfección en este salmo.  Aquí está:   siempre debe comenzar en el cielo, con Dios.  Habiendo hecho eso, entonces venimos a la tierra y enfrentamos los problemas de la vida y de vivir como los encontramos a la luz de lo que ya hemos visto en los cielos con Dios.  Ese, entonces, es el gran principio y todos nos metemos en problemas porque olvidamos esta estrategia esencial.

Nunca comience con sus problemas. ¡¡Nunca!!  Nunca comience en la tierra, nunca comience con los hombres.  Parta siempre en los cielos, siempre comience con Dios.   Ese es realmente el único gran mensaje de este salmo, pero el salmista lo pone, por supuesto, de forma diferente. Lo expone en la forma experiencial para decir que es igual a nosotros, que es uno de nosotros.  Pero ese es el principio esencial y si no lo cogemos, no hay sentido en continuar.   La única cosa con la cual debemos siempre comenzar es con nuestra relación con Dios.  El problema completo en este mundo hoy se debe al hecho que esto ha sido olvidado.  Las personas siempre comienzan consigo mismas, con el mundo, con la vida, con sus problemas.    Esto es verdad en todos aquellos que no son cristianos y es por eso que nunca tendrán éxito verdadero. Desde ya han comenzado de la forma incorrecta  y eso inevitablemente los guiará al fracaso.

Así que habiendo establecido una estrategia en nuestra mente, sigamos al salmista en la medida que la desarrolla para nosotros.  Póngale atención, pídale a Dios que le dé entendimiento a través de Su espíritu, de forma que pueda asir esta verdad más preciosa que puede revolucionar su vida completa y su mirada de ella.  ¿Se siente vencido, temeroso, asustado de la vida?  Mi querido amigo, he aquí la única cosa que necesita. Mire por todo lo que vale la pena, por su vida completa, y este hombre le mostrará cómo ser más que un vencedor.

Partimos, por lo tanto, con la confianza del salmista:

El SEÑOR es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?  El SEÑOR es la fortaleza de mi vida, ¿a quién temeré?  Cuando los hombres malvados, aún mis propios enemigos y mis adversarios, vinieron a mí para comer mi carne, ellos tropezaron y cayeron (vv. 1-2).

Y note esto:

Aunque un ejército acampe a mi alrededor, mi corazón no temerá, aun cuando la guerra venga contra mí, en esto estaré confiado (v.3).

Y luego continúa con el quinto y sexto versículos:

En los tiempos de problemas Él me esconderá en Su pabellón, en el secreto de Su tabernáculo me esconderá, me pondrá sobre una roca. Y ahora mi cabeza será alzada por sobre los enemigos que me rodean.

Y finaliza esta sección diciendo

Cantaré, sí cantaré alabanza a Dios.

Esta es una confianza tremenda.  En efecto dice “no estoy temeroso, no hay ninguna necesidad de estarlo.  Aun cuando todos mis enemigos se reúnan y conspiren todos y vengan contra mí todos juntos, no importa.  Aun cuando una guerra se inicie en contra mía, no voy a estar temeroso.  Nada puede nunca vencerme, cualquiera cosa sea”.   Esta es una confianza abrumadora, y es, por supuesto, la actitud típica de esos hombres de Dios de los que leemos en la Biblia desde su mismo comienzo hasta su fin.

Si desea  una declaración correlativa en el Nuevo Testamento, considere el final de ese gran capítulo ocho de la epístola de Pablo a los romanos, en la cual el apóstol, habiendo dado una lista de sus pruebas y sus problemas y sus tribulaciones, diciendo que somos conducidos como “ovejas al matadero”, llega a esta conclusión “porque estoy persuadido, estoy convencido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles y principados, ni los poderes, ni ninguna cosa presente o por venir, ni las alturas, ni las profundidades y ninguna otra criatura será capaz de separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor” (vv 38-39[5]).

-¡Sé! ¡Estoy seguro! Aquí está el gran toque cristiano: enfrentar la vida en lo peor, sin embargo, no hay miedo, ni incertidumbre. No hay sobrecogimiento o temblor cuando se mira el futuro desconocido. ¡De ningún modo! –¡Cualquier cosa que sea, estoy seguro! ¡Estoy confiado! ¡Estoy persuadido! ¡Estoy cierto! ¡Estoy seguro!

Estas cosas no son teóricas.  Usted y yo somos hombres y mujeres viviendo en medio de la vida.  ¿Tenemos esta confianza?  ¿La está enfrentando de ese modo?  ¿Es capaz de enfrentar el futuro, cualquiera este sea, y decir sé, estoy cierto, no temeré cualquier cosa pueda suceder, en esto estoy confiado?

Sin embargo, entonces debemos formular una pregunta:  ¿Cuál es la fuente de la confianza de este hombre? O ¿es sólo temeridad o alguna clase de jactancia?  O ¿es un hombre al cual podemos escuchar?  Por supuesto que lo es,  porque es tan honesto, no está haciendo sólo declaraciones a lo loco.  ¿Hemos conocido personas que están confiadas más allá de sus habilidades, verdad?  Recordamos al apóstol Pedro diciendo a nuestro Señor que si incluso todos los hombres lo abandonaran, él nunca lo haría, y aun así en unas pocas horas lo estaba negando por cobardía.

Esto es muy distinto.  ¿En qué fundamenta el salmista su confianza?  ¿Cuál es la fuente de su gran seguridad?  Nos dice bien claro que no es nada en él mismo, nada en absoluto. Ese es el significado del extraordinario versículo 13: “hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes”.  Las palabras “hubiera desmayado” no están en el hebreo original.  Han sido entregadas, y correctamente, por el traductor.  El salmista está escribiendo bajo el estrés de una profunda emoción.  Recuerda el terrible predicamento en que estaba, las fuerzas que estaban en su contra, y la conciencia de su propia debilidad.  Es así que sólo lo deja fluir “a menos que no creyese que veré la bondad del SEÑOR”…  “A menos que no hubiese creído… hubiese estado completamente deshecho;  hubiese estado lleno de desesperación, hubiera desmayado.

Aquí está el punto de partida y no debemos olvidarlo.  Este hombre no es un simplemente un charlatán, un fanfarrón.  No es como  un hombre insensato que confía en sí mismo y dice que no le importa lo que la vida pueda traerle porque él está tan  cierto y seguro de sí mismo.  No escribe como el poeta de finales del  siglo pasado:

No importa cuán estrecho sea el camino,
Cuán cargada de castigos la sentencia,
Yo soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

W. E. HENLEY – INVICTO

En lo absoluto, no se trata de esa clase de tonterías.  Una persona que habla así, en la seguridad de sí mismo, es alguien que siempre fracasa y existen muchas maneras por las cuales podemos hacer eso.  Volverse cínico es un fracaso.  Renunciar a la vida y sus circunstancias concomitantes es un fracaso. Y muchas otras cosas como esas.  No resuelven el problema, nunca sobrepasan las dificultades ni nunca saben tampoco cuándo cantar y regocijarse y sentirse llenos con un espíritu de júbilo.  No hay verdadera victoria allí.  En su mejor momento, las personas seguras de sí mismas simplemente toman las cosas, hacen un gesto de sorpresa y se encogen de hombros y aplican alguna filosofía que les dé coraje;  no es eso lo que tenemos aquí. Y otros, por supuesto, ni tan siquiera hacen eso. Se convierten en un completo fracaso, obviamente derrotados por las diversas tentaciones y pruebas de la vida.

Sin embargo, el asunto del salmista es que está lleno con este espíritu de seguridad, de regocijo y de alabanza, y todo ello se debe a que su confianza no está puesta en sí mismo.  Esta es la primera cosa que siempre debemos aprender, nuestra primera gran característica es que ya no estamos seguros de nosotros mismos.  Sabemos la verdad sobre nosotros mismos.  Como el apóstol Pablo, nos damos cuenta que “no batallamos contra carne ni sangre sino contra principados, contra poderes, contra los gobernantes de la tinieblas de este mundo, contra la maldad espiritual en lugares altos (o celestiales) (Efesios 6:12[6]).   Sabemos lo que nos enfrentamos, y nos damos cuenta de nuestra propia debilidad  e impotencia absolutas: “hubiera yo desmayado sino creyese que veré la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes”.

Ese, entonces, es el primer punto, el cual es uno negativo pero de suma importancia.  Si usted siente que es competente para permanecer vivo y que usted puede lidiar con todas estas cosas que están en su contra, es el más simple de los novicios, un ignorante. Realmente no entiende los problemas y ni se entiende a sí mismo.   La confianza de este hombre no está en sí mismo, establece muy claro cuál es la fuente de su confianza: ¡Es el SEÑOR!

Esta es siempre la marca distintiva de un cristiano.  Nuestra confianza está entera y completamente puesta en el Señor.   El salmista lo expone de una manera tremenda “El SEÑOR es mi luz y mi salvación”. Comienza con el SEÑOR. ¿Y cómo termina? “Esperen, digo, en el SEÑOR”.  Comienza con Él y termina con Él. En suma, en este salmo de catorce versículos menciona el nombre del Señor trece veces –seis veces en la primera sección, cuatro en la segunda y tres en la tercera.

Pero no solo eso, comienza la primera sección con Él “El SEÑOR es mi luz y mi salvación” y la concluye diciendo “Cantaré, si, cantaré alabanza al SEÑOR”.  Luego comienza la segunda sección con “¡Oye, Oh SEÑOR, cuando clamo con mi voz!” y continúa “Tu rostro, SEÑOR, buscaré”, “¡el SEÑOR me levantará!” “¡la bondad del SEÑOR!”, justo hasta su exhortación final, en la que repite “Esperen en el SEÑOR… esperen, digo, en el SEÑOR”.   Aquí está todo el secreto.  Es el Señor.  No el hombre en sí mismo, no es el creyente.  Es su confianza en el SEÑOR.  ¿En qué fundamente esta confianza?  ¿Qué es el SEÑOR para él?  Bien, nos da la respuesta:  “El SEÑOR es mi luz”. Y no necesitamos mucha imaginación para saber lo que quiere decir con eso.  La luz es lo opuesto a la oscuridad, lo opuesto a la desesperanza.   En un sentido, el evangelio mismo se presenta a nosotros de esa forma: “La gente sentada en la oscuridad vio gran luz” (Mateo 4:16[7]).

Lo que nos sucede a todos como resultado de los problemas y tribulaciones en la vida es porque estamos en oscuridad.  No entendemos y por ello decimos ¿por qué suceden estas cosas?, ¿Por qué tengo que soportar todo esto?  He tratado de hacer esto y aquello, he tratado de ser devoto y religioso pero esto es lo que está sucediéndome.  Estamos en problemas y en oscuridad.  Y no sólo eso, no vemos qué podemos hacer sobre ello.  Buscamos soluciones.  Y esa es la historia completa de la civilización.  El mundo ha estado buscando la luz, las respuestas a todos sus problemas.  Este es todo el sentido de la filosofía y de todos los esfuerzos  de los hombres de estado y los gobiernos, tratar de encontrar un poco de luz que ilumine la oscuridad y  encontrar una salida y una vía de liberación.  Pero no hay ninguno.

Y así el mundo entero está en oscuridad, y la gente de hoy se ha dado por vencida.  La característica de nuestra época es el cinismo.   Esto lo vemos en los espectáculos públicos (¿cuál es sentido de cualquier cosa?  ¿Desconfiar de todos?) y la gente piensa que es tan gracioso y divertido. Es un comentario terrible sobre la vida, es trágico. Tales personas ya no creen en nadie ni en nada.  Esta es la oscuridad y es  la humanidad cuando se abandona a sí misma.  Los problemas son obviamente gigantescos e inmensos y la gente no puede entenderlos.  Así que se sientan, finalmente, desesperanzados y  en absoluta desesperación.  “No hay nada qué hacer”, dicen.

Sin embargo, “¡el SEÑOR es mi luz!” ¡Por supuesto que lo es!  Esa es la  única luz que hay en el mundo hoy.  Mire a la luz que estos hijos de Israel tenían;  la tuvieron más que ningún otro.  A pesar de todas sus quejas y de toda su desobediencia sabían ciertas cosas que nadie más conocía, y es por eso que permanecieron como el pueblo más grande bajo la antigua dispensación.  Es por eso que su civilización fue una más pura y mejor, comparada con la vida de paganismo de la cual usted puede tomar nota en la historia griega y romana y de todas las otras.  El Señor le había dado luz por medio de la Ley que entregó a Moisés.  Luego puede ir al Nuevo Testamento, y súbitamente todo cambia, y apareció uno que podía decir “Yo soy la luz del mundo, aquel que me siga no caminará en oscuridad sino que tendrá la luz de vida” (Juan 8:12[8]).  “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino es por Mí” (Juan 14:6[9]).

Luz y entendimiento – se nos explica el asunto completo- y todos aquellos que creen esta revelación entregada por el Señor no se sorprenden de que el mundo es como es.  No creemos en algo tonto como la evolución y decimos que el mundo está cada vez mejor, porque podemos ver que es al contrario, va de mal en peor.  Observamos la futilidad y todo lo demás pero entendemos que sabemos que todo se debe a la rebelión del hombre contra Dios.  No esperamos nada distinto.  Tenemos luz sobre la situación.  Ya no estamos derrotados porque vemos otro camino, otra clase de vida, una salida –¡El SEÑOR es mi luz!.  No importa qué problema confronte al cristiano, siempre podemos encontrar luz en la Biblia –nunca falla. ¡El SEÑOR es mi luz!, por lo tanto, ¡mi salvación!, ¡mi libertador!  Él es el que garantiza mi bienestar, el que me muestra la vía de escape.  Nuevamente, para citar a Pablo, podemos ser hechos ¡más que vencedores! con los recursos, el poder y todas las cosas que Dios entrega.

Es así que el Señor es luz, y Él es salvación.  Es nuestra liberación.  Es un emancipador y nos libera de la esclavitud de este mundo.  Somos trasladados desde el reino de la oscuridad al reino del Hijo querido de Dios.   Pertenecemos a un reino distinto aunque aún estamos en este mundo, nuestra ciudadanía es en los cielos.  Y esto significa salvación: hay un desplazamiento, una liberación, un movimiento y somos sacados de todo esto.  No es que no tengamos que sufrir pero estamos fuera de eso  en la comprensión y en el espíritu y somos puestos en esta posición de paz, descanso y seguridad.

En tercer lugar, entonces, el salmista continua diciendo “el SEÑOR es la fortaleza de mi vida”.  Esto nuevamente es un tema que corre a través de toda la Biblia.  Aquí se está refiriendo, por supuesto, al poder del Señor.  El ve los enemigos, no es un tonto.  Puede sopesar su fortaleza.  Conoce el número de sus batallones y de sus pertrechos:  “aunque la guerra venga sobre mí”.  Está perfectamente consciente de todo esto y de su propia debilidad.  Sin embargo tiene el poder detrás suyo, una reserva:  tiene a Uno que entiende y que es ilimitado en todos Sus recursos y en todo Su poder.  Cuando Dios se levanta todos los enemigos de este hombre se esparcen.  “El SEÑOR es la fortaleza de mi vida, ¿a quién temeré?” Como el viejo himno lo expresa:

Tengo un Protector Soberano

Invisible pero por siempre a la mano

Inmutablemente fiel para salvar,

Todopoderoso para gobernar y comandar

Él sonríe y abundan mis consuelos,

Su gracia como el rocío descenderá,

Y las paredes de salvación circundan

El alma que Él se deleita en defender.

AUGUSTUS TOPLADY (1740–1778), ? ¡UN PROTECTOR SOBERANO TENGO!

 

O como Martin Lutero (1483-1546) lo expresa:

Una fortaleza segura nuestro Dios sigue siendo,
Un escudo y arma de confianza;
Él nos librará de todo el mal
que nos ha sobrevenido ahora.TRADUCTOR, THOMAS CARLYLE (1795–1881), NUESTRO DIOS ES UNA FORTALEZA SEGURA AUN?

Esto, ve usted, es la fuente de la confianza del salmista.  Sabe que esto es verdad sobre Dios. “Dios es luz y en Él no existe oscuridad” (1 Juan 1.5[10]).  Dios es sabiduría.  Dios es conocimiento.  Dios es toda esta perfección. Y agregue Su poderío y Su fuerza y la Fortaleza de Su brazo – ¡El Dios irresistible!

Mas, el salmista también sabe otras cosas sobre Dios para que no estemos asustados de Su gloria y grandeza.  Este hombre sabe que Dios está interesado en nosotros.  Dice en el versículo 8:  “cuando Dijiste busca mi rostro, mi corazón me dijo, Tu rostro, SEÑOR, buscaré”.  Aunque Él es tan grande y alto y  no nos necesita a nosotros, nosotros somos Su pueblo.  Está preocupado de nosotros y nos invita a ir a Él.  Cuando estamos en problemas, de varias formas Él viene y nos dice “Busca Mi rostro –vuélvete a Mí-  pon tus cargas sobre Mí”.  Dios viene a nosotros cuando estamos sobrecogidos por los problemas, y estamos volviendo a la propia conveniencia humana y no sabemos qué hacer.   Cuando estamos completamente desconcertados y frustrados, de repente algo dentro de nosotros  nos dice –¿Por qué no ir a Dios?  Es Dios mismo el que está haciendo esto por el Espíritu.  Nos motiva: “¡Busca Mi rostro!  ¡¡Ves, Te has olvidado de Mí!!”

Y esta es la gran palabra de toda la Biblia:  “Vengan a Mí, todos que los que están cansados y tienen carga pesada, Yo los haré descansar” (Mateo 11:28[11]).  O como encontramos a Pedro diciéndolo en 1 Pedro 5:8-9[12]  “su adversario el demonio, como un león rugiente, ronda, buscando a quien devorar”.  ¡Aquél que resiste permanece inamovible en la fe!  ¿Cómo podemos hacer esto?  Bien, solo hay una forma de hacerlo, dice Pedro ¡poniendo toda nuestra preocupación sobre Él! (v. 7[13]).  ¿Por qué debemos hacerlo así?  Porque ¡Él cuida de nosotros!.   Sabe todo acerca nuestro.  Está interesado en nuestro bienestar –¡los mismos cabellos de su cabeza están contados!, dice Jesús Cristo (Mateo 10:30[14]). Nada puede sucedernos fuera de Su conocimiento y accionar.

Y no solamente eso, este Único que está sentado a la mano derecha del Padre ha estado en este mundo y conoce todo acerca de él.  Sufrió todo lo que nosotros sufrimos.  Sufrió la contradicción de los pecadores en su contra.  Resistió en la sangre.  Entiende todo  el esfuerzo y la agonía y la debilidad de la carne.  Lo sabe porque vino en la semejanza de la carne pecadora. Y, así con Su gran cuidado y preocupación, Dios dice –¡Busca mi rostro!  Nos conmina a ir a Él.  No solamente está listo y deseoso y esperando para ayudarnos sino que incluso nos impulsa a ir a Él en oración.  El escritor de himnos Toplady sabía por experiencia esto muy bien.  Dios  no es meramente el que escucha las oraciones, Él las inspira también:

Inspirador y oidor de oración

Tú pastor y guardián míos

Todo mi ser de tu pacto cuida

Dormido  o despierto, resignado.

?INSPIRADOR Y OIDOR DE ORACIÓN-?

 

Esta es la base de la confianza del salmista.

Y luego, en el versículo 10, dice ¡Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el SEÑOR me levantará!   Esta es una frase bendita porque contendemos, tropezamos y caemos ¿o no?  Allí estamos, tendidos en tierra, incapaces de levantarnos por nosotros mismos y nadie más puede hacerlo tampoco.  Pero este infinito y eterno Dios está siempre listo para levantarnos.  Nos guarda, nos pone sobre nuestros pies y restablece nuestro curso.  Está siempre listo para rebajarse a nuestra debilidad,  tan poderoso como Él es.

En el mismo versículo encontramos nuestra última confianza:  Su inmutabilidad.  -¡Cuando mi padre y mi madre me abandonen, entonces el SEÑOR me levantará!.  Gracias a Dios por los padres y las madres pero ellos son falibles.  Son tan solamente humanos, están llenos de pecado y a menudo nos han abandonado.   En verdad muchas personas han sido abandonadas por sus padres y sus madres simplemente porque se han convertido al cristianismo.  El amor de un padre o una madre es una cosa maravillosa, pero una de las más grandes tragedias de la vida es que existen situaciones en los que ese amor falla.  Somos todos cambiantes, en un sentido último no podemos depender de esto. Existe sólo uno en quien confiar y ese es Dios.  Como uno de nuestros himnos lo indica:

¿Puede cesar el cuidado tierno de una mujer

hacia el niño que desnuda?

Sí, puede olvidarlo por completo.

Y aun así Yo me acordaré de ti.

 

Entonces Dios habla:

“Mi amor es uno inmutable,

Más alto que las alturas arriba

Más profundo que las profundidades abajo,

Gratuito y fiel,

Fuerte como la muerte”

WILLIAM COWPER (1731 – 1800) Me amas?

 

Aun cuando el amor humano no nos dé la espalda, existe un punto más allá del cual no puede ir aun cuando lo desee.  Existen ciertos problemas secretos, agonías del alma, en las cuales un padre o una madre no pueden ayudar.  ¡Pero Dios si puede!  Incluso en la agonía de la muerte, cuando toda ayuda humana haya fracasado, Dios está aún con nosotros,  Allí, entonces, está la base y fuente de la confianza de este salmista.  Sabe que estas cosas son verdaderas en Dios y porque ellas son verdaderas no teme a nada.  Puede desafiar al universo completo. Con un Dios como este, no importa qué se levante contra él.

De forma tal que pregunto nuevamente:  ¿Enfrenta la vida así?   ¿Es más que vencedor?  Si no es así, ¿se pregunta cómo puede obtener esta confianza?  ¿Cómo puede asir la posición del salmista?  ¿Cómo puede no sólo obtenerla sino mantenerla y perseverar en ella?  El salmista se ha anticipado a esto y escribió este salmo para ayudarnos.  Estas son respuestas.

La primera gran cosa es:   Crea en el Señor.  “Hubiera yo desmayado si no creyese” (Salmo 27:13).  Este siempre es el comienzo.  Sin creer no puede tener nada.  El autor de la epístola a los Hebreos dice “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb 11:6[15]).  No tengo nada que ofrecerles si no creen en Dios.  Lo dejo en la total desesperanza y horror, en la bancarrota final, de algunas de esas personas inteligentes que defienden su incredulidad y su vacío en programas de televisión. No existe nada, nada de nada, aparte de la creencia en Dios.  Acepte esta revelación, humíllese a sí mismo, vuélvase como un niño pequeño y crea en la verdad.

E incluso esto aún no es suficiente. Algunas personas creen la verdad sobre Dios como es revelada en la Biblia y aun así permanecen en problemas y desesperados.  ¿Por qué?  Porque no han continuado haciendo  las cosas que este hombre nos dice.  Creer es el punto de partida pero sólo el punto de partida.  No puede ser un cristiano y ser miserable e infeliz porque falla en continuar con el segundo punto, que se enfatiza en el versículo cuatro: ¡Una cosa he deseado del SEÑOR, que lo busque, que pueda habitar en la casa de Dios todos los días de mi vida, contemplar la belleza de mi SEÑOR e inquirir en Su templo!

Esta ¡única cosa!   Esta concentración total en Dios, es esencial.  Podría decir:  “siempre he creído en Dios, ¿no es eso suficiente?”   Las personas a menudo me han dicho  -“Siempre he creído en Dios.  Siempre he orado” y, sin embargo, están llenos de dificultades y problemas y derrotas porque un mero creer en Dios no tiene valor.  “Los demonios también creen, y tiemblan”, dice Santiago 2:19[16].   Dios debe convertirse en el centro supremo de su vida.  Él debe ser el único objeto de su deseo y de su ambición.

Esto también se encuentra a través de todas las Escrituras.  El apóstol Pablo, a la altura de su gran experiencia, dice que es su deseo, la única cosa que desea: ¡que pueda conocerlo, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus sufrimientos! (Filipenses 3:10[17]).  ¡Esta cosa hago, olvidando aquellas cosas que están atrás… prosigo al blanco!(Filipenses 3:13-14[18]). Es el darse cuenta de que nada realmente importa en la vida excepto mi relación con Dios: ¡que pueda habitar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida!

Esto no se refiere al edificio físico, tampoco significa que usted desee pasar el todo de su tiempo en una capilla o una iglesia.  Eso es solo parte de ello.  Lo que realmente quiere decir es esto: “Que Yo pudiera pertenecer a la familia de Dios; que estuviera siempre en comunión con Dios, en contacto con él”.  En efecto, el salmista está diciendo: -“Lo que quiero por encima de todo lo demás en este mundo es estar siempre en una relación íntima con Dios, pase lo que pase, yo estoy con Él y Él está conmigo”.  Esta es la única cosa que quiere. Esta es la prioridad en su vida y el secreto de toda su posición.

Entonces ¿qué es lo que desea y con qué lidia?   Nuevamente aquí  quiero que ustedes noten del orden de las cosas.   El deseo supremo de este hombres es alabar y adorar a Dios, así es como comienza:  ¡una cosa he deseado del SEÑOR, que lo busque, que pueda morar en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida!. ¿Para qué?  ¡Para mirar la belleza del SEÑOR!  Repite esto en el versículo 13: ¡Hubiera desmayado si no hubiese creído que veré la bondad del SEÑOR!

Una mejor traducción de estas palabras –mirar  en versículo 4  hubiese sido “contemplar”, meditar, considerar: “Contemplar la belleza del SEÑOR”.  Significa ver lo deseable que es Dios, ver Su bondad, considerar y meditar y contemplar Sus excelencias.  Esto es lo que este hombre quiere por encima de todo.

No comienza con las respuestas a las oraciones y la liberación o esta o esta otra bendición particular.  ¡En lo absoluto!  Quiere conocer a Dios y contemplarlo.  ¡Esto es adoración, esto es veneración!  Está hablando sobre el ser de Dios y sobre el trato de Dios con nosotros.  Su suprema ambición es contemplar la gloria del ser de Dios.  Dejemos que el poeta lo exprese para nosotros:

 

Mi Dios, cuán maravilloso eres Tú,

Tu majestad, cómo brilla;

¡Cuán hermoso es Tu propiciatorio

En las profundidades de la luz ardiente!

Qué de temer son tus años eternos,

Oh infinito Señor,

Por espíritus, día y noche postrados

Incesantemente adorado.

¡Qué maravillosa, qué hermosa,

La visión de Ti debe ser,

Tu sabiduría infinita, poder ilimitado,

Y la gloriosa pureza!

FREDICK W. FABER (1814-1863)- ¡MI DIOS, CUAN MARAVILLOSO ERES!

 

El salmista quería “contemplar la gloria de Dios, la belleza del Señor en Su ser mismo, la consideración de Sus atributos.  Usted ¿hace esto?   ¿Es su suprema ambición?  ¿Es su mayor deseo?  Mi querido amigo, ¡este es todo el secreto de la vida!  Si desea ser  ¡más que vencedor! como este hombre, debe pasar su tiempo como él lo hizo.  Este debe ser su supremo deseo.

Luego considera la relación de Dios con nosotros: “la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes” (Salmo 27:13).  Dejemos que otro poeta exprese esto:

 

Cuando todas Tus misericordias, oh Dios mío,
Mi creciente alma busca,
Transportado con la visión, me pierdo
En asombro, en  amor y en alabanza.

JOSEPH ADDISON (1672-1719) – CUANDO TODAS TUS MISERICORDIA, OH MI DIOS”

 

¿Sabe algo de eso?  ¿Se eleva su alma en la medida en que contempla estas cosas?  ¿Sabe algo de estas transportaciones al gozo?   ¿Pasa tiempo contemplándolo a él?  El salmista comienza con adoración y veneración, como también lo vemos en el Nuevo Testamento.  “Todos nosotros, con rosto descubierto” -dice Pablo- “sosteniendo como en un espejo la gloria del Señor…” (2 Corintios 3:18[19]).   Eso es;  “ponga su afecto en las cosas de arriba no en las cosas terrenales (Colosenses 3:2[20]).

Habiendo comenzado de esta forma, el salmista continúa su alabanza: “Cantaré, sí, cantaré alabanzas al SEÑOR (Salmo 27:6).  Usted ve, ese es el secreto de este hombre.  Usted ora, ¿verdad? Y cuando está en problemas, va a Dios y pide por esta u otra bendición.  Pero no la obtiene, ¿verdad?  Entonces dice ¿cuál es el sentido de orar si mis oraciones no son respondidas?”  Por supuesto que no lo son.  No sabe cómo orar.  Nunca debe comenzar con usted mismo y sus peticiones.  Debe comenzar con Dios y contemplar Su gloria –la gloria de Su ser y de Sus obras y luego adorarlo:

 

¡Alaben al Señor,  muestren las glorias de Dios, Aleluya!

¡Los santos en el templo de Dios abajo, Aleluya!

¡Los ángeles alrededor del trono arriba, Aleluya!

¡Todos aquellos que ven y comparten el amor de Dios, Aleluya!

¡Alaben al Señor, grandes misericordias rastrea, Aleluya!

¡Alaben Su providencia y gracia, Aleluya!

¡Todo lo que Dios ha hecho por nosotros, Aleluya!

¡Todo lo que Dios nos envía a través del Hijo, Aleluya!

HENRY FRANCIS LYTE (1793-1847) – ALABEN AL SEÑOR, MUESTREN LAS GLORIAS DE DIOS!

 

¿Alaba a Dios?  Cuando está solo y arrodillado, ¿ora mecánicamente o verdaderamente lo alaba?  ¿Traza Su providencia y gracia?  ¿Cuenta sus bendiciones y las nombra una por una?  ¿Se eleva su corazón en alabanza y acción de gracias?  Sólo después de que el salmista ha hecho esto, lleva sus peticiones a Dios:  “Escucha, oh SEÑOR, cuando grito con mi voz, ten misericordia de mí, contéstame… no escondas tu rostro de mí, no pongas a tu sirviente aparte de ti en ira,  Tú has sido mi ayuda, no me dejes, no me abandones, Oh Dios de mi salvación… no me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque falsos testigos se han levantado en contra mía,  que respiran crueldad” (vv 7, 9, 12).

Una vez más pregunto: ¿ha entendido esta estrategia para orar?   Esta es la forma de orar.  El apóstol Pablo lo ha dicho todo, como lo hemos visto en Filipenses 4:6  “no estén ansiosos por nada pero en todo – o en todas circunstancias- en oración y súplica con acción de gracias que sus peticiones sean conocidas ante Dios”.  Aquí está: parte con la adoración, maravilla y asombro, Lo contempla a Él y a Sus gloriosos atributos, lo que Él ha sido, lo que Él ha hecho por nosotros, y todas las maravillas de Su obra; las traza, lo alaba y luego conociéndolo lleva a Él sus peticiones, cualquiera estas sean.

Luego, habiendo hecho todo eso, el salmista dice:  “esperen por la respuesta”.  No termina todo en el momento en que ha dicho  su petición  “Espere en el SEÑOR” (Salmo 27:14, énfasis agregado).  Él lo ha escuchado, Hará lo que ha pedido y lo hará a Su propia manera.

Finalmente, luego este hombre llega a su inevitable conclusión -ya sabe-  si no hubiese creído que veré la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes, si no hubiese sabido que Dios está listo y esperando por bendecir a Su pueblo en este mundo así como en el que viene, yo (hubiera) desmayaría”

Así es que se dice a sí mismo:  “espera en el SEÑOR, ten buen ánimo y Él fortalecerá tu corazón; espera, digo, en el SEÑOR”.  Comience así y manténgase así.   Haga la cosa central de su vida  contemplar a Dios, obtener un conocimiento de Él que sea íntimo y personal, una comunión con Él que cautivará su corazón y elevará su alma a Él.  Busque Su rostro (v.8) y continúe buscándolo.  Espere en Él.  Adorémoslo y pongámonos entera y completamente en Sus manos.

Si usted hace esto, encontrará que Él será su luz, su salvación, su fortaleza y poder, su refugio que nunca falla.

 

Ningún padre terrenal ama como Tú,

Ninguna madre tan dulce,

Fieras y ancestros como Tú has hecho,

Conmigo, Tu hijo pecador

¡Padre de Jesús, recompensa de amor!

Qué arrebatamiento será

Postrado ante Tu trono descansar

Y contemplar y contemplarte a Ti.

FREDERICK WILLIAM FABER (1814-1863).  MI DIOS, QUÉ MARAVILLOSO ERES TÚ!

 

¡Qué maravillosa es esta dichosa visión – al final de la cual todo el verdadero pueblo de Dios que espera en Él  finalmente llegará!

 

 

Notas al pie

[1] Salmo 27:4.  Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
[2] Juan 15: 18-27.  18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. 22 Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. 23 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. 24 Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían  pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre . 25 Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. 26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.
[3] Rom. 8:37. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
[4] Marcos 13:7.  Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aún no es el fin.
[5] Romanos 8:38-39.  38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro
[6] Efesios 6:12.   Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
[7] Mateo 4:16.  El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte,
Luz les resplandeció.
[8] Juan 8:12.  Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida
[9] Juan 14:16. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
[10] 1 Juan 1:5.  Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
[11] Mateo 11:28.   Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
[12] 1 Pedro 5:8-9.  8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
[13] 1 Pedro 5:7.  echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
[14] Mateo 10:30.  Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
[15] Hebreos 11:6.  Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
[16] Santiago 2:19. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
[17] Filpenses 3:10. a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte
[18] Filipenses 3:13-14.  13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
[19] 2 Corintios 3:18. 18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor
[20] Colosenses 3:2. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Imagen de Oiluj Samall Zeid bajo licencia Creative Commons

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