Limitando a Dios – Martyn Lloyd-Jones

Del Libro Seeking the Face of God (Buscando el rostro de Dios), Nueve Reflexiones de los Salmos. Edición 2005.

Puedes ver todos los capítulos publicados de este libro en este enlace: Buscando el rostro de Dios Martyn Lloyd-Jones.

Traducido por Erika Escobar

 

LIMITANDO A DIOS

 

Sí, ellos dieron la espalda y tentaron a Dios, y limitaron al Santísimo de Israel

Salmo 78:41

Quiero en forma particular tratar con la última frase: “limitaron al Santísimo de Israel”.  En este salmo, el salmista está revisando la larga historia de los hijos de Israel.  Al hacerlo así, su objetivo  es recordar a su propia generación, y a aquellos que vendrían, la relación especial de estas personas con Dios.  Pero en esta revisión trae a consideración muchas cosas que son tristes y desalentadoras y que son tremendamente malas.  Aquí había hombres y mujeres que eran el pueblo de Dios, traídos a la existencia de forma  milagrosa por el llamado de Dios a Abraham, volviéndolos una nación y entregándoles promesas muy especiales.  Ellos eran Su propia y particular posesión, un pueblo  que Él había hecho para Sí mismo de forma que a través de ellos y por medio de ellos El pudiera manifestarse a Sí mismo al mundo entero y revelar Su gran gloria.

El objetivo y rol de estas personas, por lo tanto, era mostrar las alabanzas de Dios. Pero,  como el salmista les recuerda – y nos recuerda a nosotros también- al hacer esta revisión de su pasada historia, ellos cortaron  una figura  muy lamentable.   Los vemos quejumbrosos, rebelándose, reclamando, derrotados por sus enemigos, en una condición en ocasiones de absoluta desgracia. Lo que el salmista hace es dar un registro de estos varios sucesos en la historia de los hijos de Israel, y en la medida en que lo hace, entrega la razón y la explicación a todo eso.  Y su propósito, por supuesto, es mostrar por qué fue que estas personas que estaban destinadas para cosas tan distintas,  nunca debían haberse encontrado en este estado miserable, infeliz y de derrota.

Pero mi interés aquí es centrarme en la razón particular que nos da en la segunda mitad del versículo 41, porque allí, me parece a mí, está la cosa más seria de todas – la cosa que está por sobre cualquier otra- es la más lamentable en esta larga y enrevesada historia de estas personas.  La última acusación que trae en contra de ellos es que eran culpables de “limitar al Santísimo de Israel”.  Ahora algunas traducciones traducen esto como “provocaron al Santísimo de Israel”, lo cual es la misma cosa.  Lo provocaron así: en su incredulidad y en su falla en recibir Sus promesas y en creerlas y actuar de acuerdo a ellas.  Permanecieron entre sí mismos y las muchas bendiciones que Dios les había ofrecido y prometido a liberalidad.

Bueno, esa es  la esencia de la acusación que el salmista trae contra ellos.  Es un cargo muy común en las Escrituras.  En otras palabras, los hijos de Israel por su incredulidad, debido a su estado y condición, no habían estado viviendo como Dios quería que lo hicieran; no se habían elevado a las alturas de su llamado.  Más bien,  estaban viviendo en un estado de miseria y debilidad y algunas veces de total abatimiento, aunque ellos estaban destinados a permanecer como el pueblo de Dios, reflejando su gloria eterna e infinita.  Vemos lo mismo en el Salmo 81, donde Dios habla de lo que podría haber sido una realidad para Su pueblo si sólo hubieran puesto su atención en Él y caminado Su camino.  En los versículos 11-2 de ese salmo, Dios dice:

Pero mi pueblo no oyó mi voz,  e Israel no me consideró.  Así es que los abandoné, por tanto, a los deseos de su corazón; y caminaron en sus propios consejos.

Luego, continua:  “Oh si mi pueblo hubiese oído y si Israel hubiera caminado en mis caminos, Yo rápidamente habría  sometido a sus enemigos y vuelto mi mano contra sus adversarios.  Los que aborrecen al SEÑOR habrían sido sometidos y su tiempo habría sido para siempre. Él los habría sustentado también con el más fino de los trigos y con la miel que brota de la roca hubiesen sido satisfechos” (vv. 13-16).

Así es como podría haber sido pero no lo fue.. Y en todas partes las Escrituras del Antiguo Testamento, en estos varios resúmenes y en particular en estos salmos, vemos que de varias formas el pueblo de Dios había sido culpable de “limitar al Santísimo de Israel”.

Y así, en lo que respecta a nosotros, a la luz de esta declaración me parece a mí que no podemos hacer nada mejor que examinarnos a nosotros mismos.  Porque nosotros, como personas cristianas, somos los hijos de Dios.  Los mismísimos términos que se aplican al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento son aplicados a nosotros en el Nuevo.  El apóstol Pedro, citando lo que Dios había dicho a los hijos de Israel antes de darles la Ley en el Monte Sinaí, lo señala como  “ustedes son la generación escogida, un real sacerdocio, una nación santa, personas peculiares (distintivas, especiales),  de manera que anuncien las alabanzas de quien los ha llamado de la oscuridad a su maravillosa luz”  (1 Ped 2:9) [1]

Esa es nuestra posición.  Ese es nuestro llamado como cristianos.  Somos el pueblo de Dios y estamos determinados a mostrar Sus alabanzas, Sus excelencias, Sus virtudes.  De forma tal que la pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos es:  ¿Lo estamos haciendo?  ¿Estamos nosotros en forma personal disfrutando de las bendiciones de la vida cristiana como debiéramos?  ¿Qué encontramos si miramos y revisamos el año pasado?  ¿Hemos asistido a la casa de Dios,  hemos leído las Escrituras, pero cuánto de esto nos hemos apropiado?  ¿Hasta qué punto estamos disfrutando todo lo que Dios nos ha ofrecido tan libremente? ¿Están disfrutando esto “el trigo más puro, la miel de la roca”?  ¿Cuál es el estado y condición de nuestra experiencia espiritual en este momento? ¿Y cuál es la position de toda la iglesia cristiana en la medida en que se encuentra a sí misma en este mundo difícil, en estos tiempos de problemas?  ¿Cómo está la iglesia realmente permaneciendo y funcionando?  Es “una amada con estandarte” (Cantares 6:4,10)[2].  ¿Está llena de la gloria de Dios?  ¿Está realmente anunciando Sus Excelencias, las alabanzas de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su más maravillosa luz?

Pongámoslo así:   ¿Somos culpables de alguna forma o modo de “limitar al Santísimo de Israel” (Sal 78:41)?  Esta es una frase notable.  Dios es todopoderoso e omnipotente, Él es un Señor soberano, y aun así la enseñanza es bastante simple aquí, como lo es en cualquier parte de la Biblia, y nos dice que es posible para nosotros, en un aspecto, “limitar al Santísimo de Israel” y causar que Dios diga en esencia: “Oh, si Mi pueblo me hubiese prestado atención”, “Oh, si ellos hubieran escuchado” (ver Sal 81:13)[3].

Es una paradoja, por supuesto, una antinomia[4] que no podemos resolver.  Es la misma clase de hecho cuando encontramos a nuestro Señor, justo antes de Su muerte, mirando a Jerusalén y diciendo “Oh Jerusalén, Jerusalén…” (Mat 23:37[5].  Él los hubiera guardado y protegido como una gallina hace con sus polluelos pero rehusaron.  Esta es la misma idea, esta acusación es constantemente puesta en el tapete.  No podemos entender esta antinomia pero debemos aceptar la simple enseñanza de la Escritura. Sabemos que finalmente los propósitos de Dios son seguros y sucederán pero es igualmente claro que nosotros podemos robarnos a nosotros mismos de muchas de las ricas bendiciones de Dios.  Podemos entrar en este estado y condición que fue tan cierta de los hijos de Israel y, de ese modo, ser culpables de limitar a Dios.

Es, por lo tanto, un tema urgente para nosotros, desde el punto de vista de nuestra propia felicidad personal y disfrute de la vida Cristiana, asegurar de que no somos culpables de esto.  Pero, además de eso, existe una tremenda responsabilidad que cae como un todo sobre la iglesia cristiana en los tiempos actuales. Tal y como está el mundo, completamente desesperanzado y desconsolado,  ¿tenemos algo que ofrecerle?   ¿Estamos dando la impresión de que con Dios todas las cosas son posibles? ¿O estamos de una forma u otra limitándolo?

Tratemos de examinarnos a nosotros mismos a la luz de esto.  Sólo puedo poner algunas cuestiones generales aquí, confiando que el Espíritu Santo nos habilitará a aplicarlas a nosotros mismos una por una.  Primero que todo, ¿cuál es el estándar?  ¿Cómo nos juzgamos a nosotros mismos? Obviamente no podemos hacerlo sin una vara, algún medio para evaluarnos, y, por supuesto,  tenemos esto bastante claro en la Biblia.  Esta es la forma para examinarnos a nosotros mismos.  ¿Qué es posible para nosotros?  ¿Qué se nos dice en las Escrituras?  Leemos de “las promesas excesivamente grandes y preciosas…” (2 Ped 1:4)[6].  En la Palabra de Dios se nos dice que ellas nos son dadas, que todas las cosas relativas a la vida y la  piedad nos son concedidas a mera liberalidad (2 Ped 1:3)[7]. Entonces, la pregunta  que asoma es:  ¿hasta qué grado/extensión estamos experimentándolas en nuestra vida diaria?

En adición a esto, tenemos más estándares entregados por la historia de la iglesia.  Podemos leer sobre aquellos que han partido antes que nosotros.  Podemos leer sobre los tiempos cuando la iglesia cristiana había sido dinámica en poder y había sido poderosa en la tierra.  Que es otra manera en la cual podemos medirnos a nosotros mismos.  Podemos leer las biografías de hombres cristianos, podemos leer sobre la vida de los santos en todas las épocas y ver qué es posible para un ser humano en esta vida y en este mundo.

Esos, entonces, son dos de los medios por los cuales podemos examinarnos a nosotros mismos y somos exhortados a hacerlo.  “Examínense, si están en la fe”, dice el apóstol Pablo a los corintos. “Pruébense a ustedes mismos” (2 Cor 13:5)[8]. Y como el salmista lo hace aquí, es bueno mirar atrás y examinarnos a la luz de estas cosas.

Sugiero a ustedes algunas maneras particulares en las cuales podemos aplicar a nosotros mismos los estándares y pruebas que encontramos aquí.   Nadie puede leer el Nuevo Testamento sin ver allí una clara descripción del cristiano y de lo que es posible para los hombres y mujeres cristianos.  Lo encontrará, por supuesto, en las propias enseñanzas de nuestro Señor en el Sermón del Monte, por ejemplo, y elaborado muy clara y abiertamente en varias epístolas del Nuevo Testamento.  Todos estaban interesados en mantener ante aquellos  primeros cristianos el modelo, el estándar, la norma para gente cristiana y para la vida cristiana.  Estaban siempre recordándoles lo que era posible para ellos.

Este recordatorio se hizo necesario debido al fracaso, porque aún entonces las personas estaban escurriéndose, cayendo bajo el estándar de lo que ellos estaban determinados a ser.  Es así que los autores del Nuevo Testamento escribieron sus epístolas.  No siempre podían visitar las iglesias así que a cambio les enviaban cartas.  Y lo que hicieron  en ellas fue recordar cada vez a los cristianos quiénes y qué eran.  ¡Siempre comienzan, por lo tanto, con la doctrina.  “Aquí está”!, decían en efecto los escritores,  “esto es lo que es posible”.   Luego las personas eran examinadas a la luz de eso; eran reprobadas  y reprendidas y luego exhortadas a ajustarse al modelo. ¡“Despójense … del viejo hombre y vístanse del nuevo”! (Ef. 4:22-24)[9].  “No deben continuar haciendo eso”, dice Pablo, “porque  ya no están más en esa posición.  Han sido movidos.  En lugar de eso, ustedes  deben estar viviendo de este modo”.

Todo el tiempo, por lo tanto, estos escritores estaban presentando a sus lectores este estándar, y en la medida en que nos examinamos a nosotros mismos a la luz de él, deberíamos preguntarnos si nos estamos ajustando al modelo o si estamos, de una forma u otra, “limitando al Santísimo de Israel”.  Sabemos lo que Dios ha hecho, sabemos que Él ha enviado a su único primogénito Hijo al mundo. ¿Para qué?  Para que pueda formar un pueblo para Él.  Ve,  Él lo ha hecho ahora, de una forma mucho más grande de lo que lo había hecho de antaño a través de Abraham.  Cristo ha sido enviado al mundo para que pudiera ser “el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29)[10], la nueva humanidad, y se nos ha dicho lo que es posible para tal pueblo.  Y si no estamos apercibidos de eso, si no lo estamos experimentando, somos culpables  de limitar a Dios en varias formas.

Déjenme presentarles algunas de las cosas que debieran ser verdaderas en nosotros como cristianos.  La primera, existe la seguridad de salvación, sabiendo que nuestros pecados son perdonados, la habilidad de decir “siendo justificados por la fe, tenemos paz con Dios” (Rom. 5:1)[11] y “no hay, por lo tanto, ahora condenación alguna para aquellos que están en Cristo Jesús” (Rom. 8:1)[12].  Eso está determinado a ser la experiencia normal de cada cristiano.  El cristiano debe saber que sus pecados son perdonados.  No debemos preocuparnos sobre esto, o dudar, o estar inciertos, o infelices.   Se nos ofrece la seguridad completa; está casi en cada una de las epístolas del Nuevo Testamento.  Escuchen al apóstol Juan “estas cosas  les he escrito para que sepan que tienen vida eterna” (1 Jn 5:13)[13]. “Si cualquier hombre peca, tenemos un abogado para con el Padre, Jesús Cristo el justo (1 Jn 2:1)[14].  “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos, y limpiarnos de toda nuestra iniquidad” (1 Jn 1:9)[15]

No obstante, si estamos inseguros de nuestro perdón, estamos definitivamente limitando a Dios y no tenemos ningún derecho a hacerlo.  Dios es nuestro Padre y un padre nunca desea infelicidad para sus hijos ni que se sientan inseguros sobre la relación –tal cosa es inconcebible.  De manera que tenemos enseñanza abundante en la Biblia que nos entrega certeza y seguridad.  Y si no la tenemos, somos culpables de poner un límite sobre lo que es posible.

Y aún existen  muchas personas para las cuales esto no es real. ¡Oh, dicen, “es presuntuoso decir que usted  se sabe perdonado”!, Se oponen activamente a esto.  ¡Pero eso no es nada más que limitar al Santísimo de Israel!  Dios ha querido que Sus hijos lo sepan y sepan además que son Sus hijos y sepan algo de Su amor hacia ellos.   Déjenme citar las escrituras para ilustrar esto.  El apóstol Pablo escribe en Romanos 5: “¡Nos gloriamos también en la tribulación! ¿Por qué? Porque el amor de Dios es derramado ampliamente en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv 3, 5)[16]. Pablo quiere decir que el amor de Dios “es derramado ampliamente” en nuestros corazones.   No se está refiriendo a nuestro amor por Dios sino a nuestro conocimiento de Su amor por nosotros; que es derramado ampliamente en nuestros corazones.  Y los términos son muy acertados porque la palabra significa “derramado ampliamente con gran abundancia”, no sólo un goteo sino un gran flujo del amor de Dios.  O tome otro versículo, Romanos 8:16 “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.

Como Pablo lo expresa en Romanos 8:15: “No han recibido el Espíritu de servidumbre nuevamente para temer, sino que han recibido el Espíritu de adopción, por el que decimos, Abba, Padre”[17] [18].  Y el apóstol no está diciendo esto sólo para unos pocos y especiales cristianos escogidos.  No, escribe para todos los miembros de la iglesia en Roma, y esto es lo que él asume como verdad para todos y cada uno de ellos.

En consecuencia, la pregunta que hago ahora es:   ¿estamos conscientes de esto?   ¿Lo estamos disfrutando? ¿Es esta una descripción de nuestra propia experiencia?   Esta es la forma que Dios quiere que sea.  El Espíritu Santo fue derramado en el día de Pentecostés para que esto sea posible.  El amor de Dios es derramado ampliamente en los corazones de Su pueblo, con el fin de que pudieran conocer el amor de Dios por ellos y que el testimonio del  Espíritu pudiera autentificarse en ellos individualmente.  No es algo que ellos puedan deducir de las Escrituras, esto es la presencia directa del Espíritu, algo que se hace realidad de una manera inmediata y directa en los hijos de Dios.

Simplemente estoy argumentando que si no sabemos esto, de una manera u otra, somos culpables de “limitar al Santísimo de Israel”.  Los cristianos que  meramente continúan con la esperanza, preguntándose si son perdonados, o si alguna vez lo sabrán, confiando que de alguna forma..,  bien, están viviendo como los hijos de Israel estaban viviendo.   Pero no estamos destinados a vivir de ese modo.  Los hijos de Dios están destinados a conocer este amor y a tener absoluta seguridad, una certeza absoluta que sus pecados son perdonados y que ellos son, de verdad y de hecho, los hijos de Dios y por lo tanto herencia de Dios y co-herederos con Cristo (Rom. 8:17[19]).

O permítanme ponerlo así:  los Cristianos tienen, como un resultado de todo esto, un conocimiento inmediato y directo  de Dios y del Señor Jesús Cristo[20].  En la Biblia, encontramos algunas promesas muy maravillosas acerca de esto.  El Señor Jesús, un poco antes del final –el registro se encuentra en Juan 14-, se volvió a sus discípulos, quienes estaban tristes porque había anunciado Su partida y dijo:  “que su corazón no se entristezca, ustedes creen en Dios, crean también en mí” (v.1)[21].  Dijo que Él no se iría sin dejarlos sin consolación; Él iba a enviar al Espíritu Santo a ellos.  Pero fue más allá y dijo “Me manifestaré a Mí mismo  (a ustedes)” (v.21)[22].

Ahora esta es una promesa muy distintiva y explícita. Él dice que se manifestará a Sí mismo a aquel que guarda Sus mandamientos, aquel que es verdaderamente cristiano –no se manifestará de una forma física  sino espiritual.   Esto está conectado con el envío y la venida del Espíritu Santo.  Él promete dar manifestaciones de Sí Mismo a Su pueblo de forma tal que ellos lo conozcan.  Por esto, dice también:  “Es conveniente para ustedes que Yo me vaya, porque si no lo hiciera, el Consolador no vendrá  a ustedes; pero si Me voy, Lo enviaré a ustedes (Jn 16:7)[23] ¿Por qué es conveniente?  Bien, con  la morada del Espíritu Santo en nosotros, Cristo estará presente y, en adición a ello,  dará manifestaciones de Sí mismo a Su Pueblo.  ¿Lo conocemos así?   ¿Conocemos a Dios viviendo y en una manera real?

Cuando usted lee sobre este pueblo en la Biblia, encontrará que ellos conocían a Dios.  No sólo creían las cosas de Dios a la distancia, “Él era real para ellos”.  Aún el salmista, en la dispensa del Antiguo Testamento, la cual es inferior a nuestra posición, dice “Cuando mi padre y mi madre me abandonen, entonces el SEÑOR me acogerá” (Sal 27:10)[24] porque en eso él ve la gracia y la gloria de Dios.  Abraham fue amigo de Dios, y nosotros somos hijos de Abraham por fe.  De forma tal que el asunto es, ¿conocemos a Dios el Padre y a Dios el Hijo de esta forma tan íntima?  ¿Somos conscientes de estas manifestaciones?  ¿Realmente hemos  vivenciado la presencia del Dios viviente?  Estamos destinados a eso.  Se nos ofrece muy abiertamente en la Biblia y no sólo allí.   Es también abundantemente confirmado de esta manera en la historia subsecuente del pueblo de Dios.

Por ejemplo,  un anciano puritano  dijo justo antes de morir –“Dios habita familiarmente con los hombres”.   ¿Por qué dijo eso?  Lo dijo basado en una experiencia que había tenido de la cercanía de Dios.  Dios había manifestado algo de Su gloria a este hombre.  Usted ve, estos registros en las Escrituras de las personas teniendo visiones de la gloria de Dios no son producto de la imaginación, son hechos; estas cosas suceden.  Y así las encuentra en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos y en la historia de la iglesia.  ¡Dios habita familiarmente con los hombres!

¿Conoce a Dios?  ¿Conoce algo de este trato familiar con Él, esta comunión con Él, la cual es real?  No estoy hablando de sólo arrodillarse y orar.  Estoy hablando acerca de la materialización de la presencia de Dios –Dios el Padre y Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.  Se supone que debemos disfrutar eso.   Estas son algunas de las excesivamente grandes y preciosas promesas que Dios ha mantenido frente a nosotros, y mi argumento es que si no sabemos nada acerca de esto, entonces somos culpables de limitarlo.  No estamos disfrutando en plenitud de lo que Él ha puesto a nuestra disposición, de lo que Él ha preparado para nosotros, Su pueblo.

Es así que la primera cosa que debe ser verdad en nosotros es la seguridad de la salvación, que conduce a la segunda que es el regocijo.  El pueblo de Dios está destinado a ser un pueblo jubiloso.  Esas son las palabras de las Escrituras “Regocíjense eternamente” (1 Tes 5:16)[25]. O como Pablo lo escribe a los Filipenses – Regocíjense en el Señor siempre, y de nuevo digo, regocíjense (Fil. 4:4).   ¿Pero esto es posible?, dice usted.  ¡Lo es!  Como recién acabamos de ver, Pablo también dice que podemos regocijarnos en las tribulaciones, en medio de ellas, en cualquier cosa que vaya mal.

Déjenme entregarles otra cita, del apóstol Pedro esta vez – A quien (quien es el Señor Jesús Cristo) no habiéndolo visto, aman;  en Quien, aunque ahora no lo vemos, creemos, regocíjense con inexplicable gozo y  lleno de gloria” (1Ped 1.8)[26]  ¿A quiénes escribía?  Bien, cuando usted lee la primera epístola de Pedro, encontrará que no estaba escribiendo una carta circular a sus pocos seguidores apostólicos.  No, estaba escribiendo a extraños que estaban dispersos en Ponto (costa sur del Mar Negro), Galacia y Bitinia, Capadocia y en varios otros lugares;  personas a las cuales no conocía pero, no obstante que no los conocía, les escribía porque se le había dicho que eran cristianos. Estaban enfrentando un periodo de tribulación y es así que les escribió para alentarlos y ayudarlos.  Ellos eran llamados cristianos ordinarios, los miembros promedio de la iglesia y porque ellos eran eso, Pedro no dudó en decir eso sobre ellos; ellos sabían lo que era “regocijarse con un gozo indescriptible y la plenitud de gloria”.  Este es un gozo glorioso que confunde las palabras, es tan maravilloso que está fuera del alcance de cualquier expresión humana.

Es así como está destinado que el pueblo de Dios sea.  Las personas cristianas nunca fueron destinadas a ser miserables ni infelices.  Si usted o yo estamos, por así decirlo, mitad vueltos al mundo,  más bien lamentándonos del hecho que no podemos disfrutar de lo que el mundo está disfrutando y de no poder permanecer con ellos todavía, si estamos pensando que estamos muy bien en no negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz y tener esta vida dura y difícil, entonces estamos en un estado terrible.   Eso significa que estamos proclamando al mundo que el camino de Dios es uno miserable;  que para la verdadera felicidad y gozo debemos ir al mundo y que no podemos obtener de la fe esa felicidad y gozo.   Eso es “limitar al Santísimo”.  La misma cosa de la cual el pueblo de Israel fue culpable.  Allí estaban –miserables- aunque Dios había mantenido ante ellos tales gloriosas posibilidades.  Lo limitaron en el tema de regocijarse.

La tercera cosa que debe ser verdadera en nosotros como cristianos es:  deleitarse en Dios y en Sus mandamientos.  El apóstol Juan dice, en su primera epístola, “Sus mandamientos no son gravosos” (1 Jn 5:3)[27].  ¿Cómo pueden los mandamientos de Dios ser gravosos a cualquiera que realmente tiene su mente iluminada?  No existe vida como esa; esta es la única vida –la otra es oscuridad.  ¿Es posible que para un hijo de Dios sus mandamientos sean gravosos, una carga pesada de soportar?  Sin embargo,  los hijos de Israel estaban constantemente dando esa impresión.  ¡De hecho dijeron “Mira a esas otras naciones, tienen reyes, pero nosotros no. “¡Danos un rey!”  Usted  ve, despreciaron el hecho que Dios era su Rey.  Envidiaron a esas otras naciones, a aquellas personas que podían hacer lo que les placiera.  No tenían los Diez Mandamientos, no guardaban el sábado, comían cualquier cosa que les gustara y se casaban con quienes querían.  “Aquí estamos, dijo el pueblo de Dios, viviendo la vida limitada”.  Siempre estaban enojados y quejumbrosos; esa era la acusación que se puso en contra de ellos.

¿Es esto también real en nosotros?   ¿Encontramos los mandamientos de Dios gravosos?   ¿Encontramos que el camino que Dios ha trazado para nosotros es duro, difícil, limitado y complicado?  ¿Va nuestro cristianismo a contrapelo?  ¿Damos la impresión de que es materia de deber o quizá más un asunto de miedo que cualquier otra cosa?  Si es así, mis amigos, estamos “limitando al Santísimo de Israel”.   Dios pretende que nosotros disfrutemos el guardar sus mandamientos.  Fueron diseñados para ser nuestro mayor gozo.  El salmista podría decir –¡Me deleito en Tu ley! (Sal 119:70)[28], no obstante nosotros estamos en una posición superior a la del salmista, tenemos una plenitud que él no conoció[29].

Por seguro que estas cosas son sencillas y claras, pero continuemos.  ¿Estamos disfrutando de la paz de Dios?  Estamos destinados a eso.  Déjenme recordarles las palabras de Pablo en Filipenses 4:  “Por nada estén afanados (ni ansiosos) sino pongan todo en oración y súplica y agradecimiento, dejen que sus requerimientos sean conocidos por Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y mentes en Cristo Jesús” (vv. 6-7).  Estos son asuntos prácticos.  ¿Ha disfrutado la paz en el último año?  Diferentes cosas nos han sucedido a todos nosotros –pruebas, tribulaciones, penas, pérdidas quizá.  No sé qué habrá sucedido en su vida pero sí sé lo que el apóstol dijo:  “en todo” y eso es todo incluido;  sin excepciones.  ¿Ha experimentado esta paz? ¿O cuando las pruebas han venido, ha estado completamente  consternado y desconsolado, fuera de sí mismo, confundido, alarmado?  ¿Se ha sentido enojado y quejumbroso  “por qué Dios me está haciendo esto?”. ¿Qué  ha sido?

Los hijos de Israel estaban siempre infelices e inquietos, no conocían esa paz, y era porque ellos estaban “limitando al Santísimo de Israel”.  No conocían Su consuelo, no permitían que Él se los diera.  Le dieron la espalda en lugar de volverse a Él.  ¿Cómo ha sido con nosotros?  No hay cuestionamiento sobre esto, si no sabemos algo de la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, a ese límite estamos limitando a Dios.

No obstante, si realmente estamos en una relación verdadera con Dios, cuando cualquiera cosa suceda, podemos saber que en esta paz nada puede perturbarnos, es nuestro deber disfrutarla, sino estamos pecando.   Es tan posible para nosotros como lo fue para el apóstol Pablo, y debemos saberlo.  Debemos saberlo como una realidad y  una experiencia que “todas las cosas trabajan para bien para aquellos que aman a Dios, para aquellos que son llamados de acuerdo a Su propósito (Rom. 8:28)[30].  No saberlo es poner un límite a lo que Dios ha hecho posible para nosotros.

Otra marca del verdadero Cristiano es “descansar en Él y en Su total suficiencia”.  Encontramos eso también en Filipenses 4:   “He aprendido, en cualquier estado en que me encuentre, a estar contento”,  en la precariedad y en la abundancia… Puedo hacer todas las cosas a través de Cristo que me fortalece” (vv. 11-13)[31].  ¿Es esa su experiencia?  ¿Sabemos que Cristo satisface todo?  ¿Lo hemos sentido así en los momentos de dificultades y problemas?  ¿Lo hemos sentido como el todo para nosotros?  Podríamos cantar desde el corazón ese hermoso himno de Charles Wesley[32]:

Tú, fuente escondida de calmado reposo,

Tú  en todo suficiente amor divino,

Mi ayuda y refugio de mis enemigos,

Seguro estoy si Tú eres mío

¡Y vean!  del pecado, la pena y la vergüenza

Me escondes, Jesús, con Tu nombre.

Él es el poderoso nombre de  salvación

Y guardas mi alma feliz arriba

Traes consuelo y poder y paz

Y gozo y amor eterno.

Para mí con Tu querido nombre

Perdón y santidad  y cielo me son dados

¿Es eso verdad para nosotros?

Jesús mi todo en todo Tú eres,

Mi descanso en el esfuerzo, mi alivio en el dolor

¿Lo es Él?  ¿Es Él eso para usted?

La sanidad de mi corazón roto,

En guerra mi paz, en la pérdida mi ganancia.

Mi sonrisa bajo el ceño fruncido del tirano,

En la vergüenza mi gloria y mi corona.

En la necesidad, mi provisión abundante,

En la debilidad mi poder topoderoso,

En las cadenas, mi perfecta libertad.

Mi luz en las horas más oscura de Satán,

En la aflicción mi indescriptible gozo,

Mi vida en la muerte, mi cielo en el infierno

“TÚ  FUENTE ESCONDIDA DE CALMADO REPOSO”.

Charles Wesley escribió desde su experiencia.  Ve que no es sólo el apóstol Pablo quien puede decirlo “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Charles Wesley lo repitió, y otros han dicho exactamente lo mismo.  Como Wesley dicho en otro himno:

Cristo Tú eres todo lo que necesito,

Más que el todo encuentro en Ti

JESÚS, EL AMANTE DE MI ALMA

Aquí están, entonces, algunas de las pruebas que debemos aplicarnos a nosotros mismos y a la iglesia como un todo.  Lea los registros de la iglesia primitiva, que estaba llena del poder del Espíritu.  Grande gracia estaba sobre ellos; la presencia del Espíritu estaba allí manifestada en poder.  Estaban conscientes de eso, y el lugar donde se reunieron fue sacudido.  ¿Qué es lo que sabe la iglesia de hoy sobre todo eso?  Aquí están las preguntas que debemos hacernos a nosotros mismos.  Lea el pasado y lea sobre un hombre como George Whitefield diciendo: “Cristo bajó entre nosotros”.  ¿Sabemos algo de esto?  ¿Esperamos alguna vez que Él baje?  Leemos sobre hombres hablando acerca de “los días del cielo en la tierra”.  ¿Sabemos algo de esto?  ¿Sabemos lo que es tener a Dios en medio nuestro, y la presencia del Espíritu Santo excitando a toda la congregación con Su poder y Su gracia y Su gloria?  Estas son las cosas que se nos ofrecen, las cosas que son hechas posibles por todo lo que el Hijo de Dios hizo cuando vino a la tierra.

Entonces, esas son algunas de las preguntas que debemos hacernos a nosotros mismos, y si encontramos que somos culpables de limitar a Dios, déjenme darles algunas causas.  Encontré algunas en este salmo, y agrego otras pocas a ellas.  La primera y más común de todas las causas, por supuesto, es el pecado y la desobediencia.  Porque esto era una constante verdad en los hijos de Israel  y por ello fueron llevados a la calamidad,  y hechos miserables y desgraciados.  Usted tampoco conocerá nunca las bendiciones de esta vida cristiana hasta que deje de pecar y hasta que comience a obedecer los mandamientos de Dios.  Las bendiciones vendrán como sigue el día a la noche.  No tiene sentido pedir bendiciones si está deliberadamente pecando.  Esa es la causa más común de todas.   Agregaré otra: Auto-satisfacción –que es la confianza en uno mismo y la propia auto-dependencia.  Esa, nuevamente, era la constante fuente  de los problemas en los hijos de Israel.  Pensaban que no necesitaban el poder de Dios.  ¡Podían armar un ejército; podían congregar sus fuerzas, podían tener buenos generales por cuenta propia!  No necesitaban a Dios.  Así es que fueron y desafiaron al enemigo con sus propias fuerzas y fueron derrotados.  No obstante, cuando confiaron en Dios, aunque eran sólo un puñado, siempre tuvieron victoria.  Esté alerta, autosatisfacción y  auto-dependencia, este sentir al que hemos llegado.

Leo muchos boletines  religiosos y por la información que suministran podría llegar a la conclusión de que las cosas nunca han ido tan bien.  ¡Todo está muy bien!  Esa es la impresión que entregan –aunque la iglesia está en completa debilidad y está más o menos paralizada.  Es trágico, este sentido de confianza en nosotros mismos continúa presente;  este creer que el hombre puede todavía organizar la iglesia cristiana y ser exitoso, esta autonomía fatal.  ¿Las personas sienten que se han convertido al cristianismo y entonces qué más es necesario?  Todo está muy bien, piensan, pero en el momento en que usted comienza a sentir eso, usted ha cortado las bendiciones de Dios.  Él solamente  bendice al humilde y aquellos que están verdaderamente contritos.

Otra causa de problemas es la ignorancia y la ceguera.   ¿Qué quiere decir con eso?, alguien pregunta.  Me refiero a la ignorancia de lo que se enseña en las Escrituras.  Existen tantas personas que nunca parecen haberse dado cuenta de lo que es posible para un cristiano.  Piensan que ser cristiano significa sólo hacer una decisión, tomar un cierto paso, y que eso es todo. No saben nada acerca de las cosas que he estado presentando; nunca parecen haber leído acerca de ellas o estar conscientes de ellas, pero se encuentran en las Escrituras.  Y eso sólo es ignorancia de la Biblia,  y también ignorancia de la historia.  Ese fue el problema con estos hijos de Israel.  Tome nota del versículo once del Salmo 78 “¡(ellos) olvidaron sus obras, de las maravillas que Él le había mostrado! Estaban siempre olvidando.  Hubo una generación que no supo de José (Exo 1:8)[33].  Una generación vino que no sabía de las cosas maravillosas que Dios había hecho cuando trajo al pueblo de Israel desde Egipto a Canaán; eran ignorantes de la historia, de su propio pasado.  Es por eso que el salmista les recuerda todo.  Hoy en día, existen muchos  que no saben nada acerca del período del despertar y del  avivamiento y Dios bajando (al mundo);  no saben nada de lo que es posible para los individuos. Y todo se debe a la auténtica ignorancia de los hechos de la historia de la iglesia cristiana.

Luego, por supuesto, existe siempre el escepticismo –no tomar la Biblia como es. O si la leen, la gente la justifica, “limitando al Santísimo de Israel”.  Ellos dicen “usted está malinterpretando eso”.   Cuando la Biblia habla sobre el Espíritu Santo o del amor de Dios siendo derramado profusamente en nuestros corazones, eso es verdad para todos los cristianos. Si el Espíritu Santo habita en usted, entonces es verdad.  ¿Lo es? O quizá podamos no creer que eso no es posible para nosotros.  Muchos están en esa posición.  Leen el Nuevo Testamento y dicen “Si, eso está bien, esos eran los primeros tiempos.  Esos eran los apóstoles, pero nosotros no estamos destinados a eso”.  ¿Quien les dijo eso?  Las Escrituras dicen “la promesa es para ti, y para tus hijos y para todos los que están lejos” (Hech 2:39)[34].  No hay límites.  En ninguna parte el Nuevo Testamento dice que esta vida es sólo posible para la primera generación de cristianos.  Está destinada para todos los cristianos de todos los tiempos, en todos los lugares, y si usted es culpable de esa malinterpretación, es culpable de “limitar al Santísimo de Israel”.

Hay una creencia errónea.   Eso es parcialmente lo que hemos estado considerando, la idea de que esta vida es sólo destinada a ciertas personas.  Es la herejía de dividir a los cristianos entre aquellos que son santos y aquellos que no lo son, no obstante, que de acuerdo al Nuevo Testamento todos somos llamados santos.  De manera que no debemos excusarnos a nosotros mismos al decir “pero yo no soy uno de esta gente especial”.  Todos somos personas especiales, y somos todos los hijos de Dios, todos aquellos que creemos en el Señor Jesús Cristo.  Y entonces existe una creencia terriblemente equivocada que es una clase de fatalismo, muy a menudo una mala interpretación de la enseñanza de la soberanía de Dios, una creencia que dice “Oh este es un tiempo de declinación.   Este no es un tiempo para esperar bendiciones personales o para la iglesia, de forma tal que no las pida.  Debe esperar hasta que los tiempos mejoren”.   Esta es una contradicción descarada de la enseñanza del salmista.  En esos tiempos el salmista suplicó a Dios regresar.  Decían  “¿Por qué eres como un extraño? ¿Por qué no regresas?  Y esa es la inevitable actitud de un hijo.  La otra visión es pura fatalidad y no tiene relación alguna con la enseñanza en las Escrituras.

Otra creencia que es muy común hoy en día es la tendencia a desestimar estas elevadas experiencias  calificándolas como sólo éxtasis.  Las personas tratan de explicarlas psicológicamente como el entusiasmo de la juventud, o alucinaciones, o emocionalismo. Pero eso es “limitar al Santísimo de Israel;  eso es sofocar al Espíritu.  Eso es poner una barrera entre lo que Dios ha hecho posible para nosotros y nosotros mismos. ¡No! Estamos destinados a disfrutar de estas cosas.

La última causa de dificultades, quizá, es el miedo.  El miedo del costo de estas cosas; miedo de las consecuencias; miedo de la persecución; miedo de la risa de los otros; miedo de la mofa; miedo de la burla.  Usted puede temer que si se pone en las manos de Dios, no sabrá lo que Él le pedirá hacer y por lo tanto se retiene y “limita al Santísimo de Israel”.  Qué cosa tan terrible.

Esas son, entonces,  las causas del problema. Y, entonces, ¿qué podemos hacer acerca de esto? Bien, debemos ver la magnitud de todo esto.  ¿Hay algo más terrible que limitar a Dios?  Debemos darnos cuenta del daño que es hecho al nombre de Dios, a Su gloria y reino, y a la causa de Dios cuando estas personas nos presentan tal panorama.  Es el nombre de Dios el que es manchado.  Lo hemos limitado a Él a los ojos del mundo.  ¡Qué crimen más terrible!  Qué pecado más horrendo.  ¡Oh, la magnitud de todo esto y qué daño hace a Su nombre!

 Pero piense en la total estupidez de esto desde nuestro propio punto de vista.  ¿Existe alguna persona más miserable que aquella que tiene suficiente cristianismo para hacerlo miserable y arruinarlo  todo como el mundo lo ha hecho?  ¡Qué horrible! Pero muchos son así.  No tienen el gozo de la salvación, no tienen gozo en el Señor; no saben nada acerca de estas grandes bendiciones de la vida cristiana.  Todo es negativo; han tenido que darse por vencidos, y allí están, por así decirlo, desnudos y pesimistas.  ¡Oh, qué tragedia!

Así es que  en la forma en que todos nos hemos sentido culpables de esta acusación de “limitar al Santísimo de Israel”, arrepintámonos.  Volvamos al Dios tan pronto como podamos; confesemos y reconozcamos el pecado y la necedad y la vergüenza de todo eso, y entonces escuchemos lo que Él nos dirá.   Esto es lo que Él dirá:  “Abre tu boca ampliamente y Yo la llenaré (Sal 81:10[35]).  Eso es lo que Él desea que hagamos, no sólo abrirla sino abrirla en toda su amplitud.  Deje que Él la llene.  Abra su corazón a Él, crea en Sus promesas –tómelas literalmente, tal como son.  Haga lo que William Carey, el fundador del trabajo misionero moderno, dijo:   ¡Espere grandes cosas de Dios, intente grandes cosas por Dios!   Escuche como otro escritor lo ha dicho:

Vienes al Rey,

Grandes peticiones traes contigo,

Porque Su gracias y poder son tales

Que nadie puede nunca pedir demasiado

JOHN NEWTON, ?Ven, mi alma, tu traje prepara?.

Oh, abra su boca ampliamente, abra su corazón a las promesas excesivamente grandes y preciosas.  No descanse hasta que esté disfrutando de la plenitud de la salvación, hasta que se esté regocijando por siempre, hasta que conozca a Dios y al Señor Jesús Cristo y al Espíritu Santo de una manera personal, hasta que los mandamientos de Dios sean gozosos para usted y no gravosos, hasta que pueda decir desde la profundidad de su ser:

Tú, oh Cristo, eres todo lo que necesito,

Más que el  todo, yo encuentro en ti.

Ojalá Dios nos de la gracia de hacer esto para Su gloria y para la bendición y el enriquecimiento de nuestras propias almas. Amén.

Notas al pie

[1] 1 Ped 2:9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
[2] Cant 6:4,10  Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; De desear, como Jerusalén; Imponente como ejércitos en orden.  10 ¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?
[3] Salm 81:13 !!Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel!
[4] Antinomia (del griego ???? anti-, contra, y ????? nomos, ley; antinomia, contradicción en la ley) es un término empleado en la lógica (ciencia formal que estudia los principios de la demostración e inferencia válida (pensamiento, idea, argumento, razón o principio))  y la epistemología (rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento) que, en sentido laxo, significa paradoja o contradicción irresoluble
[5] Mat 23:37 !!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! !!Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!
[6] 2 Ped 1:4  por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia
[7] 2 Ped 1:3Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
[8] 2 Cor 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?
[9] Efe 4:22-24  En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
[10] Rom 8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
[11] Rom. 5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
[12] Rom. 8:1  Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu
[13] 1 Juan 5:13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
[14] 1 Juan 2:1  Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
[15] 1 Juan 1:9  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
[16] Rom. 5:3, 8:  5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. 8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
[17] Rom. 8:15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!
[18] Abba, Father (en inglés), Abba, Padre.   Abba.  En las Escrituras hay diferentes nombres para describir a Dios.  Mientras que todos los nombres de Dios son importantes de muchas maneras, el nombre “Abba, Father” es el nombre más significativo de Dios en el entendido de cómo Él se relaciona con Su pueblo.  La palabra Abba es del Arameo, palabra que sería más fielmente traducida como “papito” (término común que los niños usan para llamar a sus padres).  Esta implica una relación del padre con su hijo cercana e íntima, y conlleva la confianza que un niño pone sobre él.
[19] Rom 8:17: Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. m 8:17.
[20] Nota del Traductor. Me ha llamado la atención que el auto utilice los dos nombres por separado y no la unión de ambos del Hijo de Dios en todas sus referencias a Él.   Quizá su interés es enfatizar lo que ellos significan en forma individual
[21] Juan 14:1No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
[22] Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
[23] Juan 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
[24] Salmo 27:10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá.
[25] 1 Tes 5:16   Estad siempre gozosos
[26] 1 Ped 1:8:  a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso
[27] 1 Jn 5:3:  Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y que sus mandamientos no son gravosos.
[28] Sal 119:70:  se engrosó el corazón de ellos como sebo, mas yo en tu ley me he regocijado.
[29] Nota de Traductor:  la plenitud de Cristo Jesús.
[30] Rom. 8:28.  Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
[31] Fil 4:11-13:  No lo digo porque tenga escasez, pes he aprendido a contentarme, cualquiera sea mi situación.   Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
[32] Charles Wesley fue un lider ingles del movimiento metodista, hijo del clérigo anglicano y poeta Samuel Wesley.
[33] Exo 1:8 Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo
[34] Hec 2:39:  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
[35] Sal 81:10: Yo soy Jehová tu Dios, Que te hice subir de la tierra de Egipto; Abre tu boca, y yo la llenaré

Imagen de Manuel Marin  bajo licencia Creative Commons

Si te ha sido útil esta entrada, compártela

Publicaciones relacionadas

Rompe el hielo, sé el primero en comentar esta entrada