Pentecostés a cualquier precio – Lehonard Ravenhill

Traducido por Matías Ricardo Onufrijczuk

Fuente del original en inglés: ravenhill.org

Algunos insensatos, tratando de llenar el Gran Cañón con una pala, pueden provocar ráfagas de risas y sufrir menosprecio e insuperable vituperio. Ningún hombre se llenará en ese hoyo, ni siquiera con algún ejército de topadoras (nunca asemejará la operación de pala al hombre único).

Nosotros los cristianos somos gente “santa”. Hay hoyos en todo lugar en y sobre nuestra teología. Hay un gran abismo o vacío entre lo que nosotros leemos en la Escritura y lo que practicamos. Hay además un precipicio en nuestra vida eclesial. Nos sentimos, por esta hora, ajenos a la iglesia apostólica cuanto el papa del matrimonio. Nos creemos extraños desde el mercado común, del divino poder del Pentecostés. Nosotros somos alienígenas dentro de este movimiento financiero social que sabe de nuestros primeros padres espirituales de la primera década en Pentecostés.

Recuerdo una ocasión usando un bote de pintura de buena publicidad. La línea vendida de “color fuerte, secado rápido y acabado permanente” me cautivó. Pero mi experimento fue un fiasco. ¿Falló la pintura? No, el pintor fue el transgresor. Él no leyó las instrucciones y entonces los resultados no pudieron arribar adecuadamente. Por un torrente del Espíritu somos llevados como cristianos a volver a las direcciones de la Biblia.

Incluso antes de un retorno a la Biblia, nosotros podríamos preguntar un incisivo interrogante: “¿Queremos otra Reforma en el estilo Bíblico?”. Una segunda, no muy simple pregunta es ésta: ¿Queremos realmente una visitación Pentecostal del Espíritu que quebrará nuestro status quo espiritual, económico y social? (Permíteme hacer una señal de alto aquí: A menos que puedas contestar afirmativamente las dos preguntas aquellas no te lo pases por alto.)

Nuestra investigación respecto a “Pentecostés a cualquier precio” no es meramente para encontrar una respuesta a los bancos vacíos ni siquiera para resolver el dolor de cabeza del predicador –la congregación del domingo a la noche-. Esto no es simplemente un atajo para traer a tus pies nuestra particular iglesia o denominación. La respuesta a este problema es simple: alcanzarlo sobre tus rodillas. Nuestro redescubrimiento de Pentecostés puede traer estos varios cambios dentro de una iglesia; o por el contrario, es posible que el vino nuevo rompa los odres viejos.

Si nosotros lo queremos, podemos volver a Pentecostés. Pero el trayecto hasta la colina de bendición es empinado. (Yo estoy asumiendo aquí que mis lectores creen que la Biblia es la inspirada, inefable e imperecedera Palabra de Dios, y que no es mera jerga teológica para decir, ‘Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos’ Hebreos 13.8).

El primer obstáculo que bloquea este camino a la recuperación espiritual es el siguiente:

El precio del reproche

Incluso sugieren calafatearse y enseguida algunos se transformarán en Pentecostales (como si ésa fuera la cuestión).

O, podríamos mover los pulgares de un tirón[1] y hacer comentarios de la boca para afuera tales como: “Ellos están tratando de ser súper-espirituales”. Todos quisiéramos ser unos apéndices ante el Tribunal de Cristo.

O, alguno aun nos tildará de “holgazanes” por estar suspendiendo el trabajo por algún período.

O, si, con nuestros grilletes desenganchados, nosotros saltamos de la alegría –en el corazón si no es sobre nuestros pies- entonces desde los críticos afuera viene la frase demoledora, “Ellos están borrachos” ¡Nosotros difícilmente podemos recibir aquello!

Otro reproche podría ser el hecho del modo del Espíritu Santo y su método de dirigir el culto que puede ser muy poco ortodoxo que puede oírse nuevamente a los creyentes impávidos diciendo: “Son hombres sin letras y del vulgo”. La carne aborrece ser intelectualmente desmerecida por intelectuales. ¿Podremos pagar el precio del reproche?

Pues bien, si el vituperio no es demasiado grande, si el precio no es demasiado costoso, si el sacrificio no es demasiado complicado, y si el estigma no es demasiado humillante, podemos considerar el siguiente peldaño hacia la recuperación espiritual.

El precio de la interrupción

“Por supuesto, nosotros no tenemos que demorarnos estos días”, dicen los expositores, “porque”, añaden ellos, “esto es la dispensación del Espíritu Santo”. Dispensacional, (si es posible usar esta palabra tan frecuentemente distorsionada) tienen razón. Pero yo todavía sostengo, que nosotros necesitamos esperar.

En primer lugar, observe que esta permanencia significaría una devastación de nuestro propio programa pequeño. El Espíritu Santo no es el recadero de nadie. Él no se mueve a nuestra orden. Él no puede ser desairado por frágiles humanos sin consecuencias graves. Para la recuperación espiritual debe ser obedecido. Tan solo se acerca la calamidad y todos nosotros deseamos ser espirituales. Los adictos al mercado bursátil renuncian al santuario de Mamón cuando hay calamidad personal o doméstica o cadena nacional de oración (llamado generalmente cuando ya no queda otra salida). La “rata en la ratonera” convierte a muchos a la oración. Pero, ¿oramos cuando no estamos atrapados?

Debemos ser conscientes que las batallas siempre traen interrupción. En Londres, Inglaterra, justo después de la II Guerra Mundial, vi desde el balcón exterior y por debajo de la Catedral de San Pablo, una fea losa de hormigón. La corteza superior de la losa fue de treinta pies de espesor, me dijo el guía. Debajo de ella y con seguridad, en comparación, Winston Churchill, su gabinete y asesores militares, pasaron muchas noches sin dormir trazando una estrategia militar en un intento de contraatacar a un astuto enemigo. Era verdad especialmente, la interrupción cuando Inglaterra fue “conduciéndose sola” y la fuerza irresistible destruidora de carne de Hitler eran solamente veinte millas a través del canal inglés.

Mientras que los altos mandos se engranaban así, los “alevines”[2] menores fueron alcanzados por el fuego. Eso significaba que cada hombre tenía que una noche determinada en lluvia o granizo y faltándole metralla, andar por la calle y de ser necesario sacar las bombas incendiarias. Era una tarea riesgosa. Pero esto fue en compulsión al deber, tal como las inestabilidades producidas por toda guerra.

En la santa batalla contra el diablo y sus obras, ¿podemos ser selectivos en nuestra obediencia? ¿Podemos orar cuando tengamos ganas? ¿Podemos buscar la plenitud del Espíritu hasta[3] estar completamente dispuestos? ¡No! Estamos conscientes de que ahora es el momento de Dios para hacer algo nuevo, entonces los precedentes serán desvanecidos.

Esto nos lleva a otro obstáculo, el tercero:

El precio de la espera

Necesitamos esta espera para tener claro en nuestras mentes que la visitación del Espíritu Santo no tiene cabida en nuestra órbita teológica preconcebida. Necesitamos la espera:

–       Por humillación y tiempo para una confesión por nuestro tan largo tiempo de satisfacción con nuestros propios trabajos.

–       Para obtener ojos espirituales reorientados en la santidad de Dios y en la perdición de los hombres.

–       Persistir hasta que tengamos un espíritu quebrantado y contrito.

–       Para demostrar que podemos dominar los reclamos de esta edad materialista en que vivimos.

–       Para oír de nuevo la Palabra de Vida del Dios viviente.

–       Para mostrar nuestro total desprecio por nuestros propios esfuerzos y nuestra completa dependencia del Dios viviente por la liberación en esta época dominada por el pecado.

–       Para convencer a nuestros amigos escépticos que amamos la voluntad de Dios, que anhelamos Sus favor y que buscamos Su poder con mayor celo que el que ponemos en nuestra vida de negocios y con más hambre del que sentimos por la comida.

–       Para una dolorosa confesión del pecado y de la súplica para la limpieza a través de la sangre de Cristo. En la presencia divina, pueden hacerse votos que traigan rectitud a los errores[4] y permanecer sumisos a la voluntad revelada de Dios. Yo creo que entonces el Espíritu recaerá.

¿Es el fuego y el fervor de la naciente iglesia revelada en los Hechos de los Apóstoles la pauta[5] para la iglesia de Jesucristo? Yo creo que sí lo es. Jesús vino para que tuviéramos vida “en abundancia”, vida deslumbrante, fluida y rebosante.

El Espíritu no discrimina en cuanto a la posición de un hombre dentro de la iglesia. El Espíritu vino sobre Saulo y lo hizo un Pablo y un Apóstol. El Espíritu dota a Felipe y da un giro completo a la ciudad de Samaria[6] y trastorna el reino del diablo.

Cada avivamiento fue acompañado de una evidencia sobrenatural. Los milagros externos han sido mayores en algunas operaciones[7] que en otras. Pero -y esto es la base de la cuestión- se realizaron señales y prodigios, los racionalistas y materialistas fueron trastocados y a veces silenciados.

Para revivirlo hay peligro y dolor – dolor de iniciar el avivamiento, dolor causado por el desprecio de los demás mientras éste está en curso y dolor cuando el fuego del avivamiento cae por tierra[8].

Repetidamente, la pregunta ha sido hecha, ¿Por qué el avivamiento viene en una explosión, pero para el placer de los críticos pronto se disuelve[9] y muere? La respuesta a esta pregunta podría ser una o dos de las siguientes (a veces quizás ambas): Primera: la ignorancia puede apagar el Espíritu – la inhabilidad de oír la voz de Dios para el próximo movimiento. Segunda: la desobediencia – ésta parece ser la causa más probable que apaga la llama que pretende consumir todas las escorias. Puede haber otras causas como la pereza para seguir el plan de unión que exige el Espíritu o puede haber satisfacción presumida que ahora caracteriza algunas “vidas”.

Recordémonos otra vez que la iglesia primitiva se “movía”. En el movimiento, debe dejarse algo o a alguien. Los modernos Ananías y Safira encontrarán al paso muy cándido y al precio demasiado alto. Para mantener el fuego del avivamiento ardiendo, tendríamos que encontrar reunido todos juntos -oración y alabanza diarios. Esto es lo que hacía la iglesia de Hechos (Hch. 2:42-46). –diario partimiento del pan. Esto es lo que hizo la iglesia primitiva. -la intercesión diaria. Éste fue el modelo de la temprana iglesia. –la comunión en el Espíritu. Éste fue el resplandor de la primera iglesia.

Este cronograma estricto sería la muerte de muchos de nuestros patrones de vida débiles e improductivos. Cuán fácilmente nosotros, los cristianos, avanzamos a la luz de la perdición de los hombres y su juego con la certeza de la destrucción eterna a menos que oigan y crean. La negligencia ha filtrado nuestras intenciones. La charlatanería[10] del materialismo casi en su totalidad ha obstruido el canal de bendición. Nos encontramos condenados.

Casi cada cristiano sin excepción sabe vivir mejor que en su actual nivel de espiritualidad. “Hermanos míos, esto no debe ser así”. Solo hay un camino para que la iglesia funcione –El camino de Dios. La Biblia es el manual[11] de este camino.

Luego, ¡de esto se trata el camino hacia el Pentecostés y sobre la gloria!

Rápido, en un momento, infinito para siempre

Enviarse una activación mejor

Que mi oración

Dame la gracia de ver en el esfuerzo imperceptible

¡Almas por mi renta

Y Pentecostés hoy!

 

 

 

 

 

[1] Figurativo: instintivamente. Nota del traductor.
[2] Figurativo: inocentes reclutados para la guerra. Nota del traductor.
[3] Figurativo: condicional, recién cuando esté listo. Nota del traductor.

[4] Traducción literal. Gramaticalmente puede leerse para mayor comprensión “tendientes a corregir las faltas”. Nota del traductor.
[5] Figurativamente. Hace ver que ése sería el secreto. Nota del traductor.
[6] Figurativamente. Puede leerse “provocó una transformación radical”. Nota del traductor.
[7] Traducción literal. Gramaticalmente puede leerse “servicios”. Nota del traductor.
[8] Traducción literal. Gramaticalmente puede leerse “se desvanece”. Nota del traductor.
[9] Se reemplazó el literalismo balbucear o titubear porque no ayuda mucho al sentido gramatical de la oración. Nota del traductor.
[10] Se utilizó este término en lugar del literal “mesmerismo” para ayudar a la comprensión. Nota del traductor.
[11] Se prefiere este vocablo mayormente aceptado que el literal “plano” del original. Nota del traductor.

 

Fotografía de A. González-Alba GALBA bajo licencia Creative Commons

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