Religión muerta – Martyn Lloyd-Jones

Del Libro Seeking the Face of God (Buscando el rostro de Dios), Nueve Reflexiones de los Salmos. Edición 2005

Traducido por Erika Escobar

Religión muerta

Martyn Lloyd-Jones

Estas cosas hiciste, y yo he callado;
Pensabas que de cierto sería como tú;
Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.

Salmo 50:21

Estoy ansioso de captar su atención al mensaje del salmo 50 completo, porque aun cuando se presenta de distintas formas y aspectos, realmente constituye un argumento esencial y un mensaje.  No obstante,  si desean tener tan sólo un versículo en su mente, podemos seleccionar el número 21 (arriba citado).

Hemos considerado en conjunto el caso de las personas modernas que dicen no creer en Dios, alegando que no, Dios no existe.  Tomamos nuestra aseveración de la primera declaración del Salmo 14, que dice –¡El necio ha dicho en su corazón, no hay Dios!-  Me pregunto qué dirían ustedes si les hubiese hecho la pregunta –¿Puede haber algo más necio que eso?   ¿Existe una necedad más grande que decir que no hay Dios?

Bien, deseo insinuarles  que en el Salmo 50 hay una sugerencia – sino algo más poderoso que una sugerencia-, que nos indica que efectivamente hay una necedad mayor que esa.   Es la necedad de las personas que dicen creer en Dios pero que en el rigor de sus vidas y en el todo de sus conductas diarias olvidan a Dios y viven exactamente como si Él no existiera.

Por seguro,  es una necedad aun mayor  pero  cualquier otra cosa que pueda decirse sobre  estas personas sobre las que ahora hablamos debe también – como mínimo- reconocer su consistencia.   No hay contradicción en sus vidas.  Ellos dicen que no creen en Dios y continúan viviendo con esa hipótesis, con esa suposición.  Dios no está en sus pensamientos y en ningún sentido Él determina sus acciones.  No creen en Dios y, por lo tanto, viven sus vidas sin leer la Biblia o sin poner atención a lo que en ella se dice.

Pero estas otras personas a la que alude el Salmo,  es un hecho que están aún en un peor estado y posición porque además de su necedad  fundamental, son culpables de su contradicción.  Proclaman que creen en Dios y ese creer, en forma patente y clara, no tiene influencia o efecto alguno en sus vidas,  en su actitud o en todo su comportamiento y forma de vida.  Son personas que contradicen lo que proclaman creer. Y eso, sugiero yo, es aún una mayor necedad que la de aquellos que dicen – No hay Dios y punto.

Ese es el asunto que se establece tan clara y de una forma notable en el Salmo 50.   Es un salmo que merece nuestra cuidadosa atención.  Déjenme hacer un breve análisis de él.

En los primeros seis versículos, Dios, a través del Salmista, llama a su pueblo a juicio, y el juicio, ustedes notarán, es anunciado de la forma más solemne.  “El poderoso Dios, el Señor, ha hablado, y llamado a la tierra desde donde el sol nace hasta donde se pone” (v 1).  Y no solo eso:  “Él convocará a los cielos arriba, y a la tierra, para juzgar a Su pueblo (v 4).  Siempre encontrarán en las Escrituras que cuando algo de inusual solemnidad se dice al pueblo, el cielo y la tierra siempre son convocados a ser testigos.  Encontrarán un ejemplo de esto en el comienzo de la profecía en Isaías.  Él contempla el pecado de Israel, lo delinea y lo denuncia, llama al cielo y a la tierra por testigos;  Escuchen, oh cielos, y preste oído, oh tierra (Isa 1:2).  ¿Hay algo en los cielos y la tierra que sea comparable –dice en efecto- al estado y condición y comportamiento de este pueblo?

Es así que en los primeros seis versículos del Salmo 50 hay un anuncio del juicio más solemne, finalizando con la declaración –los cielos declararán Su justicia:  porque Dios es el juez mismo (v.6).  No existe nada más solemne que eso.  Somos invitados a poner atención a este anuncio del juicio de Dios a la humanidad, particularmente, aquí por supuesto, sobre los hijos de Israel.

Luego, en los versículos 7 al 15, el mensaje del salmo se relaciona con el completo malentendido y mal uso de los sacrificios y holocaustos. Se pone de una manera muy gráfica: -Oye, pueblo mío, y hablaré;
Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. 8 No te reprenderé por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí (v 7-8).  El cargo no es que ellos no hayan traído esos sacrificios, porque sí lo hicieron;  no, el cargo fue, como mostraré, que los trajeron de la forma equivocada.  Habían malentendido el completo propósito de los holocaustos y los sacrificios que habían sido ordenados por Dios.   Su visión completa de ellos estaba equivocada, y los estaban usando mal.

Y luego en los versículos 16-22 vemos el terrible malentendido que estas personas tenían  de la ley de Dios y de Su pacto con ellos.   “Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y qué tomar mi pacto en tu boca”? (v 16).  Oh, el terrible, desastroso malentendido, y nuevamente el mal uso de la ley y de los pactos de Dios.  Nuevamente, esto es primeramente dirigido a los hijos de Israel, y  encontrarán al apóstol Pablo haciendo lo mismo en los capítulos 2-3 de su poderosa epístola a los Romanos.  Luego en el versículo final del Salmo 50, tenemos una conclusión solemne y un llamado, una declaración de una gran y vital doctrina:  “El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, Le mostraré la  salvación de Dios”.

Ese es el breve análisis del salmo.  No me propongo aplicar este salmo en términos de ese análisis.  Quiero ponerlo en términos modernos, porque  lo puesto delante de nosotros es tan verdad hoy día como lo fue en los tiempos del salmista.  Hemos ya visto que algunas personas hoy dicen que no hay Dios; sí pero ese tipo de personas existían hace tres mil años atrás también, cuando el Rey David  escribió el Salmo 14.  Esas personas se comportaron de ese modo entonces y personas como esas existen hoy.  Y lo que hace esto tan solemne es que las personas descritas en el Salmo 50 no están solamente fuera de la iglesia sino que dentro de ella. Ellos eran los hijos de Israel, y ay, hay muchos que se miran a sí mismos como buenos, que son miembros de iglesias cristianas, pero que son culpables de esta misma falta hoy.  Y es por esto que es un asunto serio.

Muchas personas nos dicen que aunque nunca vayan a un lugar a adorar, están aún muy interesados en la religión.  Están interesados en Dios, nos dicen –¡oh sí, tremendamente interesados!- pero nunca dan ninguna indicación de ello en sus vidas.  Esas son las personas que estamos considerando.  Ay, es posible incluso visitar la casa de Dios y ser igualmente culpables de esta misma falta.

Para mostrarles lo que quiero decir, déjenmelo ponerlo bajo dos encabezados principales.  Lo que quiero decir déjenmelo planteárselos en dos primas.  ¿Cuál es el cargo que Dios trae  en contra de estas personas?  Bien, el primer cargo es que ellos hacen ciertas cosas que ellos no debieran; hacen algunas cosas mal.  Primero que todo, en lugar de tomar la propia revelación de Dios, la sustituyen por sus propias ideas de Él.   Esto corre como una especie de tema a través del salmo completo;   el problema de estas personas se debe al final a eso.  Encontramos esto en el versículo 21, donde el salmista dice “Pensabas que de cierto sería yo como tú – Tú pensaste”, ese es el primer problema con estas personas.  Dicen que creen en Dios y que están interesados en Él y en la religión.  Sí, pero el tema es ¿de dónde sacan sus ideas?  ¿En qué basan sus miradas y su actividad completa?  ¿Qué nos pueden presentar para aprobar sus miradas de Dios,  su mirada de la religión o de su actitud hacia la vida cristiana?  La respuesta a esto es, por supuesto,  enteramente determinada  por ellos mismos.

Estoy seguro de que estarán de acuerdo con que muchas personas hoy en día están dentro de esta categoría.  No estamos ya considerando a las personas que dicen que no hay Dios.  Estamos hablando de las personas que dicen –Por supuesto, creo en Dios; he sido llevado a creer en Él, y nunca he dudado de Su existencia- ¿pero cuáles son sus ideas sobre Dios? ¿Qué piensan de lo que Él es, y cuál es su concepción respecto a lo que Él demanda de nosotros?  Si habla con esas personas, encontrará que todo se reduce a esto: ellos se han hecho una imagen de Dios que les acomoda, después de su imagen propia.  Esta es la forma cómo en esencia ellos lo manifiestan – su discurso los traiciona inmediatamente:  -Lo que digo es …- y luego proceden a decirnos que es impensable que Dios haga esto o lo otro.  Algunos dicen –Es impensable que Dios haya mostrado lo que la Biblia indica como la ira de Dios.  Mi concepción de Dios excluye la posibilidad de la ira.  No podría creer en un Dios que muestra su ira contra el pecado y el pecador-   Así lo piensan y así lo hacen sobre la base de que no pueden creerlo, porque para ellos es impensable.

Así que vean, es su pensamiento lo que determinan todo:   – “Pensabas que de cierto sería Yo como tú”- están haciendo a Dios en su propia imagen.  Es así que no dudan en establecer sus ideas de cómo es Dios y lo que Él debe hacer y lo que Él no debe hacer.  Entregan sus ideas del amor de Dios, la ira y la justicia de Dios, y Su rectitud.  La cosa completa es determinada por sus propios pensamientos.  Hablan sobre estas cosas pero su actitud completa hacia Dios y hacia la religión no tiene base alguna y tampoco tiene autoridad alguna cualquier otra cosa que se aparte de sus propios postulados.  Ese es el primer cargo en contra  de estas personas.

El Segundo cargo que el salmista trae en contra de ellos es que tienen sólo un interés teórico en Dios y en la religión.   Las palabras usadas aquí son muy expresivas.  Note el versículo 16  “Pero al malo dijo Dios:
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, o  tomar Mi pacto en tu boca?”.  Ven, estas personas hablan de la ley de Dios, hablan de Él, y declaran Su pacto con su boca.  Dicen que están muy interesados en religión, hablan de Dios y sobre la moralidad y la ética; hablan acerca de la religión en general y su relevancia en la vida y lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer.  No obstante, la declaración sobre ellos es “aborreces la corrección y te echas a la espalda mis palabras”.  ¡Qué terrible cosa es esta!  Aquí tenemos personas cuyo interés en religión es puramente teórico.  No tiene influencia en lo absoluto en su vida diaria.  Habiendo hablado mucho de Dios, viven como si Él no existiera.  Los sirven con la boca pero Él no controla sus vidas; Él no es el maestro de su existencia. Odian la instrucción y sus vidas no son vividas en conformidad con Sus mandamientos –se lo echan a la espalda.  No cumplen el estándar entregado en el último versículo – “El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios”.

No estoy imaginándome todo esto.   Hay muchas personas como estas en el mundo, ay,  están interesadas en religión, hablan sobre ella y están siempre prestos a debatir sobre ella.  Mucho de ellos leen libros sobre religión y oyen conferencias en la radio, y quizá escuchan sermones en las iglesias sobre religión y se muestran tremendamente interesados.   Esto es puramente objetivo, interés intelectual, algo con lo que a ellos les gusta jugar en sus mentes y conversar con otros.  El punto que estoy estableciendo es este:   Esto es infinitamente peor que la posición de las personas que dicen que no hay Dios.  ¿En realidad, existe algo más terrible que un interés teórico y académico en Dios, en la religión o en una vida piadosa?

Sin embargo el tercer y último cargo bajo este particular encabezado es –como vimos al principio de nuestro análisis- que ellos tienen una visión completamente falsa y equivocada de los sacrificios y ofrendas conectadas a la religión.  Ahora, el salmista delinea esto en detalle así es que déjenme resumir el principio.  Lo que está diciendo realmente sobre ellos es, por supuesto, algo que se ha dicho repetidamente en el Antiguo Testamento sobre los hijos de Israel.  Es la gran carga de los profetas, no obstante algunos lo han malentendido y los profetas no creían en los holocaustos y sacrificios en lo absoluto.  Los así llamados críticos constantemente nos dicen que había una gran disputa entre los profetas y los sacerdotes en el Antiguo Testamento.  Los sacerdotes, dicen, creían en holocaustos y sacrificios pero los profetas no le veían ningún objeto y le decían al pueblo no molestarse en hacerlos.   ¡Qué parodia de las profecías del Antiguo Testamento!

Pero ese no era el problema.  La enseñanza de los profetas no era que el pueblo no debía llevar sus holocaustos y sacrificios al templo de Dios sino que debían hacerlos en la forma correcta.  El cargo de los profetas era que los hijos de Israel estaban mal usando y abusando de los holocaustos y los sacrificios; los estaban tomando de una manera puramente formal y externa.  Ah, el pueblo en efecto dijo, -el día para ofrecer holocaustos y sacrificios ha venido así es que hagámoslo.  No obstante podrían haberse quedado en casa porque lo estaban haciendo de una manera formal, externa y mecánica.  No estaban realmente involucrados de su significado ni de lo que ello representaba. –Oh, este es un acto que debemos hacer como personas religiosas, dijeron; -hemos llevado nuestros holocaustos y sacrificios al templo y porque así hemos hecho somos perdonados y podemos continuar con nuestras vidas sin más. Creyeron que esto les daba mérito y que, por lo tanto, eran mejores personas.

En realidad era aún peor que eso.  Lo hicieron de una forma tal y de tal manera  para dar la impresión de que estaban confiriendo un beneficio a Dios;  de ahí  nace esta serie de declaraciones contenidas en esta sección desbastadora. –“No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos (v.9). ¿Por qué? – Porque Mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados (v.10).  –Si piensan que me están beneficiando, dice en efecto Dios, – cuando traen machos y cabras y pájaros,  conozco todas las aves de las montañas, y todas las bestias salvajes del campo son Mías.  Si estuviera hambriento (lo cual es imposible porque soy Dios y porque soy Espíritu), no se los diría: porque el mundo y su plenitud son Mías. ¿Comeré de la carne de machos o beberé la sangre de cabras?”  Ven como esta gente había caído tan bajo que realmente pensaban que estaban confiriendo un beneficio a Dios al llevar sus holocaustos y sacrificios al templo. Estaban, como si fuera posible, condescendiendo con Dios.  Este es el análisis del salmista del malentendido y mala interpretación del uso de los holocaustos y sacrificios.

Pero, traigamos esto su escenario moderno, ponerlo en vestido moderno.  Aquí hay una religión puramente formal.  Puede sorprender a algunos de ustedes escucharme, un predicador cristiano, diciendo una cosa como esta pero estoy casi persuadido de que el principal problema de hoy día no es el problema de quienes dicen que no hay Dios y que están en el mundo.  El problema es la gente que va a la casa de Dios de una forma puramente mecánica.  Van, pero ¿por qué?  Porque es lo que se hace.  Van a la iglesia por deber.  Es como ponerse un determinado traje para ir a ese lugar a alabar el domingo en la mañana, y se hace por pura formalidad, es completamente externo.

Dios sabe que todos hemos sido culpables por esto; y aún podemos serlo.  ¿Por qué vamos a la casa de Dios? Cuando analizamos, ¿cuál es realmente el carácter de nuestra adoración?  ¿No es verdad que de una forma exactamente similar al pueblo de Dios del Antiguo Testamento, sentimos que ganamos mérito al hacerlo?  Probablemente miles de personas van aún a la iglesia los domingos en la mañana, y cuando han terminado, cuando lo han hecho –como si fuera posible- se van y hacen cualquier otra cosa de su agrado –escriben cartas a su familia, juegan, leen el diario dominical, miran televisión, observan una cosa excitante aquí o allá.  Han estado en la iglesia el domingo en la mañana y eso es todo.   Esa era la misma posición de los hijos de Israel.  Era formal, era mecánica pero ellos sentían que era meritorio.  De la misma forma lo es ahora. –“Somos buenas personas, dicen, – no como los de afuera que no creen en Dios- vamos a un lugar a adorar”.

¡Qué terrible cosa es esta!  Déjenme repetir:   es diez veces peor que estar afuera y decir “¡No hay Dios en absoluto!” que  ir a Dios y a Su casa sólo de una forma formal, y en realidad con casi la idea de que estamos confiriendo algún beneficio a Dios.  ¡Qué bonito de nuestra parte!  ¡Qué bien haber ido a un lugar de adoración! Nos pavoneamos y sentimos orgullosos de esto.  Vamos una sola vez los domingos y eso es suficiente.  De una forma u otra hemos estado casi condescendiendo con Dios en nuestros espíritus.   Ese fue el problema con esas personas, y, alas, toda esa actitud y  espíritu es demasiado común.   ¿Por qué deberíamos molestarnos? -alguien dice.  Debemos estar convencidos para adorar a Dios, debemos estar convencidos para ir a Su casa, y sentimos que estamos haciendo un gran sacrificio cuando vamos allí.

Esa es la case de personas a las que me estoy refiriendo.  Prohíba Dios que haya una persona como ésta leyendo estas palabras ahora.  ¿Qué significa todo esto?   Déjenme resumirlo de esta manera: el problema con tales personas es que ellos están controlando enteramente su religión.  Están en el centro y Dios es sólo considerado y puesto en su lugar.  Lo que ellos piensan de Dios es la verdad que ellos aceptan de Él, y adorarán a Dios a su forma, cuándo y cómo ellos quieren; están bajo control absoluto.  Determinan todo –como si fuera posible.  Esta es la primera acusación en contra de estas personas; hacen ciertas cosas de una forma terriblemente equivocada.

El Segundo principio es este:  consideren las cosas en las cuales estas personas yerran en su hacer.  Primero que todo aunque ellos conversan sobre Dios y declaran Sus estatutos y toman Sus pactos en sus bocas, aunque creen en Dios y están tremendamente interesados en Él, a pesar de todo esto, fallan en darse cuenta de Quién y Qué es Dios.  Ese es todo el problema de la religión.  Esta es la clave de todos nuestros problemas y todas nuestras dificultades.  De todas y cada una de ellas.

En el mundo de hoy el problema fundamental es esa falla.  Algunas personas nos dicen que tienen graves dificultades con ciertas doctrinas de la fe cristiana.  Dicen –“Me gustaría ser un cristiano, me gustaría creer en su evangelio, pero no puedo”.  Dicen, también –Me pide creer en esta doctrina del pecado, pero no puedo creer en ella”.  ¿Y sabe por qué? –Bien, dicen- Me miro a mí mismo y realmente no me siento como un pecador, y no creo que el mundo sean malo como la Biblia lo pinta.  No pienso que las personas sean tan malas como se predica o  como algunos cristianos dicen que somos- simplemente no lo creo”.  La razón por la que ellos no creen en la doctrina del pecado es porque ellos no conocen a Dios, es porque ellos no entienden Quién y Qué es Dios.

Nunca se sentirá como un pecador porque existe un mecanismo que es resultado del pecado que lo llevará a defenderse siempre contra cada acusación.  Todos somos muy buenos en nuestros propios términos, y siempre podemos establecer un buen caso en nuestra defensa.  Aun si tratáramos de hacernos sentir que somos pecadores, nunca lo lograremos.   Existe sólo una manera de saber que somos pecadores,  y esa es tener una alguna concepción tenue o destellante de Dios.

Miren a los hombres buenos de la Biblia que de alguna forma estuvieron cerca de Él.  Escuchen a Isaías cuando tuvo una visión de Dios: -Estoy muerto porque soy un hombre de labios impuros (Isa 6:5)[1]. No sabe qué hacer consigo mismo.  ¿Por qué?  Es debido a la santidad de Dios.  En lo mismo con Moisés; es lo mismo con cada uno de ellos.  Eso, lo ven, es la dificultad que las personas encuentran en la doctrina del pecado; es su falla en saber la verdad acerca de Dios.   Y es exactamente lo mismo con la doctrina de la expiación.  Las personas dicen –Sabe, me gustaría ser un cristiano pero no puedo creer en lo que me pide creer.  Me dice que Cristo ha muerto por mis pecados y que si no lo hubiera hecho sería castigado por toda la eternidad.  No puedo aceptar eso. Tal idea es inmoral, me parece, estoy intentando creerla pero no logro asirla.

Oh mi querido amigo, sólo hay un problema con usted y ese es su problema.  Es que usted no tiene ninguna noción de la rectitud, la justicia y la inmutabilidad de Dios, o de Su santidad.  Si supiera lo que la Biblia quiere decir cuando dice –Nuestro Dios es fuego consumidor (Heb 12:29)[2], si supiera lo que significa cuando se dice que Él está habitando en la luz a la cual ningún hombre puede acercarse (1 Tim 6:16)[3]; si sólo comenzara a darse cuenta de todo lo que eso significa y que Dios no puede retractarse de Su palabra, entonces vería la absoluta necesidad de la expiación.

Y así, verá, que todas estas dificultades con todas las doctrinas eventualmente vuelven a la misma gran y central dificultad: nuestra ignorancia de Dios.  Y la gente que habla así sobre Dios tan elocuentemente, que tienen este interés teórico en Él y que creen que están condescendiendo con Él y agradándolo al hacer sus acciones mecánicas, su problema es que ellos no Lo conocen.

¿Y qué deberían saber?  Bien, acá está la respuesta.   Escuche al primer parlamento en este salmo –El Dios poderosos, el SEÑOR.  El salmista  parte con tres nombres de Dios, El, Elohim y Jehová.  Estos tres nombres juntos significan esto:   El Todopoderoso ha hablado, el único que es objeto de adoración ha hablado.  El todopoderoso Dios –Elohim;  el Señor –Jehová, el que existe en Sí mismo, el eterno – ese es de quien estamos hablando.

Pueda el Espíritu Santo de Dios permitirme abrir sus ojos y su entendimiento de forma tal que podamos asir esto.  ¡Oh, la forma en la que hablamos de Dios!  ¡Todos lo hemos hecho!  Yo lo he hecho.  He sido uno de los participantes en las discusiones religiosas y sobre Dios y la teología, y todos nos sentamos en sillones, discutiendo sobre Dios.  ¡La cosa más asombrosa es que Dios nos tolera y que no destruye nuestra existencia!  Recuerdan lo que le sucedió a Moisés con la zarza ardiente.  Dijo –¿qué es esto?  Es un fenómeno interesante – voy a investigarlo-  estaba en el punto de acercamiento cuando la Voz salió de la zarza y le habló, diciendo  “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que estás, tierra santa es”. (Exo 3:5).

Si ustedes y yo nos diéramos cuenta de la naturaleza real y ser de Dios, no hablaríamos más. Callaríamos y no haríamos nuestras declaraciones.  Con Job el anciano, cuando realmente fue a la presencia de Dios, pondríamos nuestras manos en nuestras bocas.  Nos avergonzaríamos de haber hablado  tan precipitadamente con (nuestros) labios[4], y estaríamos silenciosos delante de Él.  Y esa es la única correcta y verdadera actitud.

Si desean saber algo acerca de Dios y ser bendecidos por Él, entonces no comiencen con hablar acerca de Él, con pensar lo que ustedes quieren pensar acerca de lo que Dios debe ser o sobre lo que debe hacer. Sólo permanezcan en silencio, y esperen, y escuchen, y adoren y busquen. –El Dios todopoderoso, el SEÑOR (Jehová) ha hablado.

¿Alguna vez se han dado cuenta de Quien es Dios?  Todo lo relacionado con religión es acerca de Él.  Cristo vino al mundo y murió.  ¿Por qué?  Para traernos a Dios.  Todo es Dios. No es algún sentimiento confortable con el que ustedes y yo tenemos que luchar, nos es obtener la sanación del cuerpo o miles de otras cosas más.  El objeto completo de Cristo y de Su muerte en la cruz, de Su entierro, y de Su resurrección es traernos a Dios.  Y la prueba final de nuestra profesión de la fe cristiana son nuestros pensamientos de Dios, nuestra actitud en Su presencia, nuestra reverencia y el temor piadoso porque nuestro Dios es fuego consumidor.

La segunda cosa que el salmista dice es que el pueblo falló en obedecerle  y en guardar Sus leyes.  Ese es todo el punto del versículo 16 y los siguientes.  No ordenan sus vidas y conversaciones correctamente.  Son llamados –los perversos porque declaran Sus estatutos y toman Sus pactos con sus bocas pero odian Su instrucción y dejan Sus palabras detrás de ellos.  Hacen las cosas que quieren hacer, se juntan con el ladrón o el adultero; están interesados en el mal, y hablan  mal los unos sobre los otros. ¡Oh,  el terror completo de todo esto!   Tu boca metías en mal,  y tu lengua componía engaño.  Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano” (v. 19-20).  Calumnian a sus hermanos de la fe, dicen cosas unos de otros, hablan de Dios y de Su ira.  Esto es lo que realmente hacen –¡obras de perversidad! No guardan las leyes de Dios – no viven de acuerdo a ellas y ustedes ven lo que eso significa.

¿Por qué Dios nos ha dado Sus leyes?   ¿Cuál es el propósito de los Diez Mandamientos?   ¿Los promulgó Dios en el Monte Sinaí simplemente para entregarnos un tema de discusión para una sociedad que debate?   ¿Son simplemente asuntos intelectuales sobre los cuales ustedes y yo expresamos nuestras opiniones?   ¿Cuál es el propósito y el objeto de Sus estatutos?    Sólo existe una respuesta:   no son materia de discusión;  son para ser observados/guardados/cumplidos.  Ni siquiera son materia que requiera reconocimiento, son para ser aplicados.   Dios no quiere nuestra opinión sobre Sus leyes.   No hay crédito para nosotros si manifestamos nuestra  discrepancia por la tendencia moderna que cae más y más bajo y digamos –No, no, la Ley de Dios dice esto o lo otro.   No es lo que Dios desea.  Él desea que nosotros guardemos estas leyes.  Debemos adorarlo sobre toda cosa y por sobre toda persona:   nadie ni nada, ni nuestro país, ni nuestras posesiones, ni nuestros hijos, nada en absoluto excepto Dios.  No habrá ídolos.  No nos inclinaremos a ninguna imagen.  Honraremos el día de Dios.  No mataremos.  No robaremos.  No debemos cometer adulterio.  No cuestionaremos  estas cosas;  debemos cumplirlas.  Dios ha dado Sus leyes y Sus estatutos para que sean guardados, vividos y practicados.  Dios se glorificará con nuestra obediencia  y por nuestra honra a Sus santas leyes.   Este  era Su propósito al darlas.

La otra cosa en que estas personas fallaron en darse cuenta es una cosa tremenda y espantosa.  Fallaron en darse cuenta que Dios es el Juez y que Él juzgará: –Los cielos declararán Su justicia porque Dios es el mismísimo juez (v.6)

Déjenme exponérselos en los términos del versículo 21:  Aquí estaba el pueblo, hablando de Dios, hablando de Sus leyes y Sus estatutos, llevando sus holocaustos y sacrificios y luego olvidándose de Él y viviendo de acuerdo a sus propias ideas y planes y conceptos.   Entonces, en un momento ellos sintieron un poco de temor porque había algo dentro de ellos, sus consciencias, que les habló y les dijo que estaban mal.   Ellos tenían un conocimiento teórico de la ley, y se preguntaban qué iba a suceder.  Pero nada sucedió.  Cuando todos comenzamos a pecar conscientemente, esperamos que algo nos suceda, ¿no es verdad?   Hemos oído de Ananías y Safira, cómo  mintieron al Espíritu Santo y cómo luego fueron llevados a muerte, y tememos que porque hemos hecho ciertas cosas, Dios nos golpeará o nos hará algo.  Pero, entonces, nada sucede.  Y este es el resultado:  -estas cosas que han hecho, y He guardado silencio, porque pensaron  que Yo era como ustedes (v. 21).

¡Cuán bien sabemos esto!  Se desarrolla así: comenzamos a argumentar que porque Dios no golpea inmediatamente, no lo hará en absoluto.   Pensamos que Dios es como somos nosotros.  Quizá podríamos haberle dicho a un niño:  “Si haces eso, tendré que castigarte”. Luego el niño lo hace y nosotros no lo castigamos.   Quizá hasta lo olvidemos y quizá alguien nos visitó y nos animamos tanto en la conversación que lo olvidamos del todo, mientras el niño estaba esperando ser castigado escondido en su cama,  y nada pasó.  Así decimos –Quizá Dios es como nosotros, quizá simplemente Se olvida.   Pensábamos que íbamos a ser castigados pero nada sucedió.   –“Yo guardo silencio;  aunque pensaste que Yo era como tú”.

O pudimos haber pensado –“Quizá Dios no vio nada en absoluto; quizá porque lo hice en secreto, Él nada sabe al respecto, o si sabe, se ha olvidado; o en cualquier caso, No hará nada al respecto”.   “Dios, por supuesto, nos ha dado Sus leyes pero nosotros frecuentemente las ponemos a un lado y no hacemos nada al respecto, y tal vez Dios es como nosotros”.  ¡“ Él nos ha dado la ley, pero no la aplica de inmediato y probablemente nunca lo hora”!    Este es el error más terrible que un ser humano puede alguna vez cometer.   Escuchen:   Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.  Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, No sea que os despedace, y no haya quien os libre (vv 21-22).

¡Pensabas que de cierto sería yo como tú!  Pero Dios no es como nosotros.   Es eterna y absolutamente diferente.   Él es justo y correcto y santo y eterno e inmutable, y lo que ha dicho, muy ciertamente Él hará.  Él sabe todo de nosotros y cada una de nuestras acciones; nada se esconde de su vista.   Si usted va al cielo, Él estará allí, si va al infierno, Él estará allí.  Viaje hacia el este –no puede huir; vaya al oeste – Él está allí antes que usted.  Vaya donde quiera, intente cuanto quiera, y no podrá esconderse de Él.  Él está en todas partes.  Él sabe todo:  -¡Yo los pondré en orden  ante sus ojos!

Vendrá un día, dice el libro de Apocalipsis, cuando – el libro será abierto (20:12)[5].   Estos son los libros que registran toda y cada obra que usted y yo y cualquiera que haya vivido o vivirá en este mundo haya hecho alguna vez.   Cada cosa que hacemos y pensamos y decimos es sabida por Dios;  -Todas las cosas están desnudas y abiertas a  los ojos de quien tenemos que dar cuenta (Heb. 3;14).  El hombre gentil fuera de la iglesia dice que no cree en todo esto, y es consistente porque no cree en Dios. Pero yo estoy hablando a personas que dicen creer en Dios.   Así es que si usted cree en Dios, debe creer en que lo que hemos estado diciendo, de otra forma es un necio en su propia contradicción.  Si Dios es Dios, Él nos conoce a todos, a cada uno de nosotros, y nunca olvidará porque no puede olvidar.   Todo es conocido por Él.  Él establecerá el orden ante nosotros.  Tendremos que dar una cuenta de nuestras obras en el cuerpo, cada uno de uno nosotros.  Esta es la doctrina de la Biblia de principio a fin, pero estas personas olvidaron esto.

Y luego ellos fallan en adorar a Dios y en alabarlo.   Ofrezcan a Dios los agradecimientos y denle la honra debida al Altísimo (v.14).  Todo aquel que ofrece alabanza me glorifica, dice Dios (v.23).  Y es  aquí donde llegamos a uno de los más gloriosos aspectos de este  mensaje bíblico.  Vean, lo que Dios quiere es nuestro  corazón.  No desea este tipo de holocaustos ni sacrificios nuestros; no quiere nuestro interés teórico e intelectual sobre Él.  No quiere que estemos sólo debatiendo sobre teología.  No. ¡No!  ¡Él quiere nuestros corazones!  No tan sólo desea nuestras opiniones, nuestras acciones.   Puede ser independiente de todo eso – el ganado sobre miles de cerros (v.10) pertenece a Dios y Él lo conoce todo.  Las aves de las montañas:  y las bestias salvajes de los campos (v.11) son suyos.  El mundo es suyo – y la plenitud que hay en él (v. 12).  No existe nada que podamos darle a Dios, sin embargo sólo hay una cosa que Él demanda de nosotros: — Hijo mío, dame tu corazón  (Prov. 23:26).

Recuerda cómo nuestro Señor lo dijo una tarde al abogado,  al contestar su pregunta – ¿cuál es el primer mandamiento de todos?   Jesús contestó, -Amarás a tu Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y con toda tu fortaleza (Mar.12:30). No quiere su mente solamente, también quiere su corazón y su alma y su fortaleza.  Él lo quiere a usted.   Lo que Dios quiere de cada uno de nosotros es que nuestra actitud completa hacia él sea la correcta.   Quiere la alabanza, quiere el agradecimiento, quiere nuestra adoración.    Algunas personas pueden girar un cheque por miles de libras y no lamentarlo. Dios no quiere si sus corazones no le han sido entregados a ÉL.  Puede entregarle el mundo entero a Dios pero si no se da a sí mismo, no tiene ningún valor, y no hay bien en absoluto en eso.   Dios sentirá desagradado hacia usted y lo llamará perverso.  El desea adoración, Él quiere alabanza, y desea el homenaje de su corazón.

Pongamos esto en principio final: la falta real de estas personas es su falla en someterse a Dios.   Es su falla darse cuenta de su total y absoluta dependencia en él –Ofrece a Dios agradecimientos, y pagan sus votos al Altísimo (v.14).  Y luego, si van a Él en los días de problema, Él los desechará.  Aquí está en el último versículo. Aquel que ofrece alabanza me glorifica, y a quien que ha ordenado su camino, Le mostraré la salvación de Dios.  Ven, así se resume todo:   Dios quiere que nos demos cuenta quién es  Él  y que nos demos cuenta de nuestra total y absoluta dependencia de Él.   No desea nuestras opiniones y nuestras acciones externas o mecánicas.  Desea que nosotros vayamos a Él, para buscar Su Salvación.

Nuestro Señor mencionada este punto en la parábola a los fariseos y publicanos que fueron al templo a orar.   El fariseo se pone adelante y dice:  – Dios, te agradezco porque no soy como los otros hombres, extorsionadores, injustos, adúlteros ni aún como un publicano. Ayuno dos veces por semana, diezmo sobre todo lo que poseo (Lucas 18:11-12)[6].   Esa es la clase de hombre que soy.   ¡Qué maravillloso!, podríamos decir.

El otro hombre, muy lejos atrás, cerca de la puerta, golpeando su pecho, no podía con mucho levantar su cara para mirar a Dios porque se sentía avergonzado y esto es todo lo que dijo –  Señor se misericordioso conmigo que soy un pecador.  Les digo – dice Cristo- este hombre volvió a su casa justificado y el otro no.   Dios quiere que nos demos cuenta de tal forma Quién y Qué es Él, y veamos nuestra pequeñez y nuestra insignificancia y nuestra pecaminosidad a tal punto que pongamos nuestras manos sobre nuestras bocas.   Dejamos de hacer cosas y de confiar ellas y  sólo digamos – ¡Dios ten misericordia de  mí!  ¡Muéstrame tu salvación, libérame!  Y El nos dirá –  Ya he hecho eso.   Envié a mi único hijo al mundo para liberarte.   Lo envié aún a la muerte de cruz.  Puse tus pecados e iniquidades sobre Él, y fue herido con los azotes que debieron ser para ti, aquellos que tan justamente merecías.  ¡He hecho todo eso!  Aquí está mi Salvación.   ¡Te lo muestro a ti!  Créela, recíbela y luego comienza y continúa y continúa por el resto de tu vida glorificándome, alabando mi nombre.

Mis amigos, esto nos conduce a:   ¿Cuál es su actitud en la presencia de Dios?   ¿Qué es lo que cree sobre Dios?  ¿Está su vida completa centrada en él?   Si usted cree en Dios, ese sería el caso.   No existe nada más terrible y reprehensible que cuando hablamos acerca de Él y luego olvidamos todo acerca de Él, y vivimos como si no existiera en absoluto.    ¿Está llamado a Dios por salvación?   ¿Ha visto su desesperada necesidad de Él?   ¿Sabe que tendrá que enfrentarse a ÉL EN EL DÍA DEL JUICIO?    Quizá habrá – como si fuera posible- un tocacintas en reversa de todo lo que ha dicho acerca de Dios y de cómo usted ha hablado sobre Él y Sus leyes y  cómo ha declarado Sus Estatutos.  Y luego todo será presentado ante usted –las cosas que ha hecho, la vida que ha vivido, su egocentrismo, su orgullo, el hecho de que su vida entera no estuvo rendida a Dios y  no vivió  para Su gloria y para Su alabanza.

Es una tremenda cosa decir que usted cree en Dios, sin embargo mire las implicaciones.  Él es el Dios Todopoderoso, Jehová, el juez frente al cual cada uno de nosotros tendrá que presentarse.  ¿Es humilde ante Dios?  Humillese ….. bajo la poderosa mano de Dios – y si usted así actúa,  Él promete— lo exaltará (1 Ped 5:6)[7]  Crea en el Señor Jesucristo y será  salvo (Act. 16:31)[8].  Amen.

Salmos 50 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Dios juzgará al mundo

Salmo de Asaf.

50  El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra,
Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone.

2 De Sion, perfección de hermosura,
Dios ha resplandecido.

3 Vendrá nuestro Dios, y no callará;
Fuego consumirá delante de él,
Y tempestad poderosa le rodeará.

4 Convocará a los cielos de arriba,
Y a la tierra, para juzgar a su pueblo.

5 Juntadme mis santos,
Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio.

6 Y los cielos declararán su justicia,
Porque Dios es el juez. Selah

7 Oye, pueblo mío, y hablaré;
Escucha, Israel, y testificaré contra ti:
Yo soy Dios, el Dios tuyo.

8 No te reprenderé por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí.

9 No tomaré de tu casa becerros,
Ni machos cabríos de tus apriscos.

10 Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.

11 Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.

12 Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud.

13 ¿He de comer yo carne de toros,
O de beber sangre de machos cabríos?

14 Sacrifica a Dios alabanza,
Y paga tus votos al Altísimo;

15 E invócame en el día de la angustia;
Te libraré, y tú me honrarás.

16 Pero al malo dijo Dios:
¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes,
Y que tomar mi pacto en tu boca?

17 Pues tú aborreces la corrección,
Y echas a tu espalda mis palabras.

18 Si veías al ladrón, tú corrías con él,
Y con los adúlteros era tu parte.

19 Tu boca metías en mal,
Y tu lengua componía engaño.

20 Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano;
Contra el hijo de tu madre ponías infamia.

21 Estas cosas hiciste, y yo he callado;
Pensabas que de cierto sería yo como tú;
Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.

22 Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios,
No sea que os despedace, y no haya quien os libre.

23 El que sacrifica alabanza me honrará;
Y al que ordenare su camino,
Le mostraré la salvación de Dios

[1] Isa 6:5.  Entonces dije: !!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
[2] Heb 12:29. porque nuestro Dios es fuego consumidor.
[3] 1 Tim 6:16. el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.
[4] Salmo 106:33 Porque hicieron rebelar a su espíritu, Y habló precipitadamente con sus labios.
[5] Apo. 20:12;  Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y de los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.
[6] Luc 18: 11-12, 13-14.  El fariseo puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera:  Dios te doy gacias porque no soy como losotros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano.   Ayuno dos vez a la semana, doy diezmos sobre todo lo que poseo.    Más el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo;   Dios se propicio a mí, pecador.  Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
[7] 1ª Ped 5:6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte cuando fuere tiempo.
[8] Hech 16:31. Ellos dijeron; Cree en el Señor Jesucristo, y será salvo, tú y tu casa.

Imagen por Landahlauts bajo licencia Creative Commons

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1 Comentario

  • Responder Noviembre 24, 2015

    Bernardo Washington

    Le doy gracias a mí Dios por los materiales pública dos i estoy contento de leer los

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