Los santos tienen comunión con Dios – John Owen

Del libro “Communion with God” John Owen

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Traducido por Rossaura Domínguez

En 1 Juan 1:3, el apóstol asegura a quienes escribió que el compañerismo de los creyentes “es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.” Esto lo hace con un tipo inusual de expresión que lleva la fuerza de una aseveración donde confirmamos que “En verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.”

aseveración: declaración enfática

La apariencia exterior y condición de los santos siendo en esos días muy mala y despreciable – sus líderes eran contados como la basura de este mundo y como el deshecho de todas las cosas – que invitaban a otros al compañerismo con ellos y a una participación de las preciosas cosas que ellos gozaban, parecen estar expuestas a muchos razonamientos contrarios y objeciones: ‘¿Qué beneficio hay en tener comunión con ellos? ¿Es nada más que para ser partícipes de los problemas, reproches, desdeños y toda clase de males?’ Para evitar y eliminar esto, el apóstol les hace saber a los que les escribió (y esto con algo de seriedad de expresión), que a pesar de todas las desventajas, su compañerismo yacía bajo una vista carnal, en verdad que así era, pero se encontraría (en referencia a algunos con los que lo mantuvieron) muy honorable, glorioso y deseable. Porque “verdaderamente” dice él, “nuestro compañerismo es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.”

Siendo esto tan sabiamente y directamente acertado por el apóstol, podemos valientemente seguirlo con nuestra afirmación – esto es, “Que los santos de Dios tienen comunión con Él.” Siendo una comunión santa y espiritual, como será declarada. Como esto se ha hablado distintamente en referencia al Padre y al Hijo, debe ser totalmente abierto y continuado más adelante.

Una Vez Alejados de la Vida de Dios

Por naturaleza, desde la entrada del pecado, ningún hombre tiene ninguna comunión con Dios. Él es luz, nosotros tinieblas; y ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Él es vida, nosotros somos muerte – Él es amor, y nosotros somos enemistad; y ¿qué acuerdo puede haber entre nosotros? Los hombres en tal condición no tienen ni a Cristo, ni esperanza, ni Dios en el mundo (Ef. 2: 12); “ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay” (Ef. 4: 18). Ahora, “dos no andarán juntos, si no estuvieren de acuerdo” (Amos 3: 3). Mientras exista esta distancia entre Dios y el hombre, no existe ningún camino para ellos juntos ni ningún compañerismo o comunión. Nuestro primer interés en Dios estaba tan perdido por el pecado, como que no había dejado (en nosotros) ninguna posibilidad de recuperación. Como nos habíamos privado de todo poder a un regreso, así Dios no reveló ninguna forma de acceso a sí mismo, o que podía, bajo cualquier consideración, ser abordado por los pecadores en paz. Ni en cualquier obra que Dios había hecho, ni en cualquier atributo que Él había revelado, podrían dar la mínima luz en tan mencionada dispensa.

Atraídos por Cristo

La manifestación de gracia y de misericordia perdonadora, que es la única puerta de acceso a dicha comunión, no está comprometida a ningún otro sino sólo a Él en quien es, por el cual esa gracia y misericordia fueron compradas, por medio del cual son otorgadas, quien las revela desde el seno del Padre. Por lo tanto, esta comunión y compañerismo con Dios no está mencionada en términos expresos en el Antiguo Testamento. La cosa en sí se encuentra allí; pero la luz clara de la misma, y la seguridad de fe en ella, es descubierta en el evangelio, y administrado por el Espíritu en el mismo. Por ese Espíritu tenemos esta libertad (2Cor. 3: 17-18). Abraham fue amigo de Dios (Isa. 41: 8); David, un hombre conforme a Su corazón; Enoc caminó con Él (Gen. 5 : 22) — todos gozando esta comunión y compañerismo por la substancia de la misma. Pero el camino al Santísimo aún no se había manifestado mientras que el primer tabernáculo estaba en pie (Heb. 9: 8). Aunque tenían comunión con Dios, aún no tenían ?????????– una seguridad y confianza en esa comunión. Esto sigue a la entrada de nuestro Sumo Sacerdote en el lugar santísimo (Heb.4: 16; 10: 19). El velo también estaba sobre ellos, que no tenían ??????????, la libertad en su acceso a Dios (2 Cor. 3: 15-16). Pero ahora en Cristo tenemos seguridad y acceso con confianza a Dios (Efe. 3: 12). Los santos de la antigüedad no conocían esta seguridad y acceso con confianza. Por Jesucristo solo, entonces, toda consideración en cuanto a bienestar y plena manifestación, es quitada esta distancia. Él nos abrió un camino nuevo y vivo (el viejo está muy encerrado), “a través del velo, esto es, a través de su carne” (Heb. 10: 20); y “por medio de Él tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efe. 2: 18). “Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo, porque Él es nuestra paz” (Efe. 2: 13-14). De este fundamento es toda nuestra comunión con Dios, más adelante y en general. Sobre esta nueva base y fundamento, por este camino nuevo y vivo, los pecadores son admitidos a la comunión con Dios y a tener compañerismo con Él. Y en verdad, para pecadores que tienen compañerismo con Dios, el infinitamente santo Dios, es una dispensación asombrosa.

¿Qué es comunión?

Comunión relaciona cosas y personas. Es una participación conjunta en todo ya sea, bueno o malo, el deber o el disfrutar, la naturaleza o las acciones, dándoles esta denominación para participar de ella. Un interés común en la misma naturaleza le da a todos los hombres un compañerismo o comunión en ella. De los elegidos se dice: ?? ?????? ??????????? ?????? ??? ??????? (Heb. 2: 14) “por cuanto los hijos participaron [o tenían comunión en, con el resto del mundo] de carne y sangre”– la misma naturaleza común que con el resto de la humanidad; por lo tanto, Cristo también participó en la misma comunión: ??? ????? ??????????? ??????? ??? ?????.

También hay una comunión en cuanto a estado y condición, ya sea bueno o malo, y esto, ya sea de las cosas internas y espirituales — tal como es la comunión de los santos entre ellos mismos o con respecto a las cosas exteriores. Así sucedió con Cristo y los dos ladrones, en cuanto a una condición, y a uno de ellos con respecto el otro. Estaban ?? ?? ???? ???????- bajo la misma sentencia de la cruz (Luc. 23: 40), “ejusdem dolores socii.” Tenían comunión en cuanto al mal estado al que fueron adjudicados; y uno de ellos pidió (la cual también obtuvo) una participación a esa condición bendita en la cual nuestro Salvador le hizo entrar inmediatamente.

También hay una comunión o compañerismo en las acciones, ya sean buenas o malas. En el bien, esa comunión y compañerismo están en el evangelio, o en el rendimiento y celebración de esa alabanza a Dios la cual esta instituida en el evangelio; la cual gozan los santos (Fil. 1: 5); en la cual y por lo mismo, David se regocija en ella (Sal. 42: 4). En el mal, fue aquella en la cual Simeón y Leví eran hermanos (Gen. 49: 5). Ellos tenían comunión en ese acto cruel de venganza y asesinato.

Nuestra comunión con Dios no está comprendida en ninguno de estos tipos; de algunos de ellos es exclusiva. No puede ser natural; debe ser voluntaria y de mutuo acuerdo. No puede ser de estado y condiciones, sino en acciones. No puede ser en las mismas acciones sobre un tercero, sino en un regreso de uno al otro. La disparidad infinita que hay entre Dios y el hombre, hizo al gran filósofo concluir que no puede haber compañerismo entre ellos. A cierta distancia de las personas que manteniendo un compañerismo que él podía permitir, ni siquiera podía determinar con exactitud los límites y el alcance de los mismos; pero que entre Dios y el hombre, en su aprehensión, no dejaba lugar para ello. Otro dice, en efecto, que hay ´communitas homini cun Deo´– un cierto compañerismo entre Dios y el hombre; pero la relación general de la providencia es todo lo que aprendió. Algunos levantaron expresiones más altas; pero no entendieron nada de lo que hablaron. este conocimiento está escondido en Cristo; como será más adelante demostrado. Es demasiado maravilloso para la naturaleza, como algo pecaminoso y corrupto. Terror y aprehensiones de muerte a la presencia de Dios es a todo lo que te lleva. pero tenemos, como hemos dicho, un nuevo fundamento, y un nuevo descubrimiento de este privilegio.

Ahora, comunión es la comunicación mutua de tales cosas buenas en donde las personas que mantienen esta comunión están deleitadas, basadas sobre alguna unión entre ellas. Así fue con Jonathan y David; sus almas adheridas una a la otra (1 Sam. 20: 17) en amor. Había la unión de amor entre ellos; y además ellos realmente comunicaron todas las cuestiones de amor mutuamente. En lo espiritual esto es más eminente: aquellos que disfrutan de esta comunión tienen la más excelente unión para para el fundamento de la misma; y las características de esa unión, las cuales se comunican mutuamente, son las más preciosas y eminentes.

De la unión que es el fundamento de toda esa comunión que tenemos con Dios, he hablado ampliamente en otras partes, y no tengo nada más que añadir a eso.

Nuestra comunión con Dios, entonces, consiste en Su co-municación de sí mismo hacia nosotros, con nuestro regreso a Él de lo que Él pide y acepta, que fluye de esa unión que en Jesucristo tenemos con Él. Y es el doble.

Perfecta y completa, en la realización plena de Su gloria y entrega total de nosotros mismos a Él, descansando en Él como nuestro más extremo fin; el cual vamos a disfrutar cuando le veamos tal cual es.

Inicial e incompleta, en las primicias y en los albores de esa perfección la cual tenemos aquí en gracia; la cual solo voy a manejar.

Es, entonces, digo, que esa comunicación mutua es otorgada y recibida después, de una más santa y espiritual manera, la cual es entre Dios y los santos mientras caminan juntos en un pacto de paz, ratificado en la sangre de Jesús, de la cual vamos a tratar. Y esto haremos, si Dios lo permite; mientras tanto orando al Dios y Padre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien tiene todas las riquezas de Su gracia, nos recupere de un estado de enemistad a una condición de comunicación y compañerismo con sí mismo, para que ambos, tanto el que escribe como aquellos que leen esta palabras de su misericordia, puedan tener tal gusto de Su dulzura y excelencias en ello, así como de ser sacudidos a un anhelo más lejos después de la plenitud de su salvación, y de la eterna realización de él en gloria.

 

Imagen de Víctor Nuño bajo licencia Creative Commons

 

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