Embajadores – Paul David Tripp

“Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros.” (2 Corintios 5:20 NVI)

Me encanta la palabra que escogió aquí el Apóstol Pablo – EMBAJADOR.

El trabajo de un embajador es representar a algo o a alguien. Todo lo que hace y dice debe representar intencionalmente a un líder que no se encuentra en el lugar físicamente. Su llamado no se limita a 40 horas por semana, a ciertos eventos de estado o a crisis internacionales. Siempre es el representante del rey.

En otras palabras, el trabajo de un embajador es ENCARNADO. Sus acciones, carácter y palabras representan a un rey que no está allí. De la misma manera, Pablo dice de que Dios nos ha llamado a todos a funcionar como Sus embajadores. Todo lo que hacemos y decimos tiene importancia por causa del Rey que representamos.

Este no es un llamado de medio tiempo. Es un estilo de vida. Representamos los propósitos de Dios para la gente que Él pone en nuestras vidas. La pregunta clave es, “¿Cómo puedo representar al Rey de la mejor forma posible en este lugar, con esta persona en particular?” Esto implica mucho más que un compromiso a un ministerio formal que ocupa parte de nuestra agenda diaria.

Cuándo nosotros, como embajadores, asumimos nuestras responsabilidades, nuestras vidas dejan de ser nuestras. Debemos reconocer que nuestras vidas pertenecen al Rey. Nuestras vidas no nos pertenecen para nuestra propia satisfacción.

¿Puedes ver dónde es que nos metemos en problemas? Muchas veces no queremos vivir como embajadores. Queremos vivir para nosotros mismos.

Cuándo nos convertimos en embajadores para Cristo, nuestras vidas dejan de ser nuestras. Debemos reconocer que nuestras vidas pertenecen al Rey. Aquí es dónde nos metemos en problemas porque realmente no queremos vivir como embajadores.

Quisiéramos en lugar vivir como mini reyes. Sabemos lo que nos gusta y las personas con quienes queremos estar. Sabemos el tipo de casa que quisiéramos tener y el carro que quisiéramos manejar. Sin tan siquiera reconocerlo, caemos rápidamente en un estlo de vida de “mis deseos, mi voluntad y a mi manera”.

Si somos honestos, la oración principal de nuestro corazón es “venga mi reino, hágase mi voluntad”. Es por esta razón que Cristo dijo que para ser Sus discípulos, debemos morir a nosotros mismos. Nadie puede servir a dos maestros. Los embajadores deben morir a su propio reinado antes de poder representar al único y verdadero Rey.

¿Por qué parece que hay gente, cosas y situaciones que nos estorban? ¿Por qué nos es que casi nunca tenemos un día sin algún tipo de conflicto? La respuesta es porque pensamos que nuestras vidas nos pertenecen. Estamos más comprometidos con los propósitos de nuestro propio reino que con los de Dios.

¿Qué vas a hacer al respecto esta semana? ¿Cómo te va siendo un embajador para Cristo?

Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.» (2 Corintios 5:20 NVI)

Una exhortación es un argumento o una rogativa. Dios te está usando a ti – el/la embajador/a – para exhortar algo en la vida de otro. Definitivamente esto tiene una aplicación evangelística, sin embargo Pablo le está escribiendo a cristianos y diciendo “reconcíliense con Dios”. Algo más allá del evangelismo está siendo tratado aquí.

Revisemos el verso 15: “Y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado.”

¿Cuál es el propósito de la Cruz? Pablo diría que no sólo es una eternidad en el cielo, sino también el recapturar los corazones de la gente para el servicio únicamente a Dios. Nuestro pecado causa que nos volvamos sumamente ego-centristas, reduciéndonos a adoradores del ídolo del yo.

Cristo murió para romper esta idolatría del yo. ¡El foco de la obra de Cristo es liberarnos de nuestra esclavitud a nosotros mismos! ¿Por qué necesitan los creyentes reconciliarse con Dios? Porque mientras sigamos teniendo pecado dentro de nosotros, tenderemos a desviarnos de la adoración al Señor hacia el servicio a nosotros mismos.

La intención de Dios es tener nuestros corazones por completo. Su meta es que nuestras vidas sean formadas por nuestra adoración a Él y nada más. Él nos ha enviado como embajadores para llevar esta exhortación al corazón de otras personas.

Fuente: Paul David Tripp en español

Imagen de Alexandro Lacadena bajo licencia Creative Commons

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