Avivamiento Cap 12 – M. Lloyd-Jones

Este es el último capítulo que Mario López publicó en su blog. El libro consta de más capítulos, y creo que se va a publicar en un futuro cercano. Eso deseamos, ya que es un texto que creemos tiene mucho que decirnos en la actualidad.

Agradecemos a Mario su gran trabajo de traducción, que lo pusiera en abierto en su blog y que nos concediera permiso para publicarlo desde este blog.

 

AVIVAMIENTO

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Fuente: Blog de Mario López

Martyn Lloyd Jones.  Libro. Revival. Avivamiento

Traducción: Mario Lopez

Capitulo 12

Como viene el Avivamiento

Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. Éxodo 33:4.

Ahora bien, este capítulo en particular es uno de los grandes capítulos del Antiguo Testamento. Juzgado desde cualquier punto de vista absoluto, es un gran capítulo glorioso. Sin duda, es uno de los episodios cruciales en la larga historia de los hijos de Israel, y como el Nuevo Testamento nos dice, estas cosas fueron escritas ‘para nuestro ejemplo’.  No hay duda de que fue por esa misma razón que el Espíritu Santo guio a la Iglesia primitiva, aun cuando se había convertido principalmente gentil, a que incorporara  las Escrituras del Antiguo Testamento con sus nuevas Escrituras. El Antiguo Testamento está lleno de  enseñanza y de  ilustraciones que son de gran valor profundo a todos los que están en la vida cristiana y la fe cristiana. Es por eso que siempre es el colmo de la locura ignorar el Antiguo Testamento y fallar en ver el Evangelio, y los principios de la enseñanza del evangelio, en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Usted encontrará los escritores del Nuevo Testamento constantemente refiriéndose de nuevo a lo que sucedió a los hijos de Israel, esa gente que era la Iglesia bajo la vieja dispensación.

Pero ahora, estoy llamando la atención sobre esto, sobre todo, porque lanza una gran luz efectivamente sobre toda esta cuestión, que estamos estudiando, sobre los avivamientos y el  despertar espiritual en la Iglesia. Esta historia, una vez más en muchos aspectos es una de las ilustraciones perfectas del antiguo testamento de lo que le ocurre a la Iglesia cuando está en un  periodo de aridez y sequedad, y luego entra en un periodo de re-despertar y avivamiento.  Vamos a considerar aquí es algo que se ha repetido muchas veces, muchas veces en la larga historia de la Iglesia cristiana. Ahora, la característica peculiar de esta narrativa es que nos permite, tal vez con mayor claridad que todo lo demás que hemos considerado hasta ahora, damos cuenta de cómo viene el avivamiento, el tipo de proceso, el mecanismo, lo cual debe de ser claramente visto en la venida de los avivamientos sobre la Iglesia. Pero quiero hacer esto muy sencillo y claro. Aunque principalmente estoy tratando con la Iglesia en general y con la necesidad de un avivamiento la Iglesia, obviamente a la misma vez es un mensaje perfecto para el individuo. Lo que un avivamiento realmente significa, por supuesto, es algo que le acontece a la vez y al mismo tiempo a un número de individuos. Pero no hay necesidad para nosotros en el esperar hasta que venga un avivamiento para tener experiencias individuales. Por lo tanto, todo lo que vamos estar considerando tiene una aplicación inmediata y directa a cualquier persona que pueda estar la condición que estoy a punto de describir.

Ahora, lo que se nos muestra aquí de una manera particularmente instructiva es que hay, etapas en general  y pasos, en el surgimiento de un avivamiento. Usted casi nunca se encuentra, en todas las historias de los avivamientos que la Iglesia de repente, en un solo movimiento, por así decirlo, o en un solo paso, pasa de su condición de falta de vida y un estado casi moribundo a un estado de gran poder y avivamiento e influencia. No, hay pasos y etapas generalmente particulares. Y la gloria de este incidente en el Éxodo es que ayuda a poner de manifiesto con toda claridad, y con claridad, de manera anecdótica, estos pasos y etapas, de manera que todo lo que tengo que hacer es poner la historia delante de usted.  De hecho, casi  se predica a sí misma. Nada podría ser más simple que la exposición de esta historia en particular en la vida de los hijos de Israel.

Comencemos, pues, con la posición y el estado de las personas. Capítulo 33 versículo 1-11 nos da el trasfondo. Aquí esta una de las declinaciones más graves que jamás tuvo lugar en la historia de los israelitas. Usted se recordara como casi desde el mismo momento en que fueron liberados de la cautividad de Egipto, comenzaron a murmurar y a quejarse, y de muchas maneras a reincidir.  Pero esta es la más grande de todas. Moisés había sido convocado a la Montaña de Dios a fin de recibir la ley. Y allí había permanecido varios días dejando a la gente detrás, con Aarón, por así decirlo, a cargo de ellos. Pero, como el registro nos dice, el pueblo se impacientó. ‘¿Dónde está  Moisés? ‘, Dijeron. Este hombre que nos convenció para salir de Egipto, y que nos ha aterrizado aquí en este desierto. ¿Qué ha sido de él? ¿No le preocupamos? ¿Dónde está ese Dios del que hablaba, que nos iba a dar este tipo de bendiciones, y que nos iba a dar lugar en una tierra que fluye leche y miel? ¿Qué le ha pasado a este Moisés? Se volvieron totalmente impacientes, y se volvieron a Aarón, y le dijeron: “Mira, estamos cansados ??de esto. No vamos a esperar más tiempo a Moisés, ni al  Dios a quien dice representar. Haz otro dios’. Aarón, te acuerdas, les dijo que dieran  sus pendientes y él los tomó y los arrojó al fuego, y cuando todo se había fundido, él formó el oro en forma de un becerro de oro. Luego procedieron a adorar al becerro de oro y dijeron, ‘estos son tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto.’ (Éxodo 32:4). Y no sólo  adoraron al becerro de oro, sino que procedieron al pecado abierto, al vicio y a la maldad.  Bailaron delante del becerro y se comportaron de una manera absoluta y completamente vergonzosa. Ahora, esa es la esencia del trasfondo de esta historia. Una historia de desobediencia y rebelión, una historia donde hicieron su propio dios y procedieron a adorarlo. Ahí está ahora, una adoración falsa. El mismo hombre atribuyéndose para sí el poder de decidir quién va a ser su dios y a su vez, por supuesto esto  conduce al pecado, inmoralidad pública y un comportamiento vergonzoso.

No vamos a entrar en la aplicación de estas cosas en detalle. Pero seguro que cualquier persona que tenga alguna sensibilidad espiritual, y cualquier conocimiento de las Escrituras y de la historia de los últimos cien años en la Iglesia, sabrá que esta historia por desgracia, es concretamente un retrato y  representación del estado de la Iglesia Cristiana en este momento presente.  La Iglesia ha estado haciendo esto mismo, sobre todo por supuesto, en la creación de su propio dios. Y si alguien preguntará cómo demuestro eso, simplemente apuntaría a lo que ha estado sucediendo en los últimos 100 años en la llamada alta crítica textual. Ha sido solamente una repetición del  pecado de los israelitas. El hombre ya no recibe la revelación y se somete. Él se ha establecido así mismo como un juez de la revelación, y ha estado determinando lo que debe de ser. Su pecado ha sido la formación de un becerro de oro. Ha levantado su propio dios. La Iglesia, y estoy hablando de la Iglesia en particular, se ha establecido sobre el Libro.   La filosofía ha tomado el lugar de la revelación. Los hombres no han dudado de expresar sus opiniones sobre el Dios del Antiguo Testamento como un matón, siempre lo han hecho y lo seguirán haciendo. Un líder de Iglesia prominente en otro país se ha referido al Dios del Antiguo Testamento con un matón en el que no creía. Hay hombres que se hacen llamar predicadores cristianos en este país que dicen que no creen en ‘ese Dios del Antiguo Testamento, sentado en el Monte Sinaí gritando sus amenazas’. Él dice creer en el Dios del Nuevo Testamento, el Dios del Señor Jesucristo- ¡como que Jesús mismo no creía en el Dios del Antiguo Testamento!

No hay necesidad de insistir en estas cosas. Pero, como vemos, todo ha sido una repetición de esta historia del Éxodo. Los hombres han configurado su propio dios.  Han hecho lo mismo con el Señor Jesucristo. Ellos no creen en los milagros, por lo tanto, dicen, los milagros no ocurren, estas historias no son más que mitos, no fueron una realidad, sino que representan realidades espirituales.  Ellos niegan el nacimiento virginal, los milagros, la resurrección física y literal, y así sucesivamente. Ahora, todo esto, por supuesto, es igual que el comportamiento de los hijos de Israel. Ellos  lo hicieron de una manera muy cruda. De hecho modelaron e hicieron su propio becerro de sus pendientes de oro, y levantaron a un dios. Pero, en principio, no hay nada de diferencia. Es el hombre haciendo su propio dios, decidiendo y determinando como es el, a quien se le debe creer y lo que se debe de creer. Y luego se procede a ofrecer algún tipo de culto a su propia creación. Y por supuesto como sucede siempre, una vez que el hombre comienza  a hacer eso  se obtiene inevitablemente una decadencia moral. Estas personas no se detuvieron  a hacer un becerro de oro, y a adorarlo, también  comenzaron a bailar y beber, y a pecar.  Se convirtieron en culpables de grandes inmoralidades. Y, por supuesto, hemos sido testigos de la misma cosa. Estas personas inteligentes  se propusieron hacer un nuevo dios, porque la vieja religión evangélica no era ética, y no era moral y social, estas personas que hicieron eso, en esos términos,  han producido las condiciones morales que tenemos hoy. No se puede tener moral sin piedad. Los períodos más morales en la historia de este país han sido los períodos que han seguido los avivamientos, y el despertar espiritual. Lo que pasa con el nuevo dios es una disminución en la ética, y el colapso de la moralidad. Así, hemos tenido la misma cosa en la Iglesia y en el mundo. Adoración falsa, falsa religión, los dioses falsos, y un estado lamentable del mal, el pecado y el vicio.

Y entonces, ¿qué sucede? Bueno, ¿te acuerdas de lo que pasó con los israelitas? Dios los castigó,  siempre castiga el pecado. Vuelvo a repetir lo que he dicho muchas veces, que yo considero las dos guerras mundiales que hemos vivido en este siglo, como castigo de Dios por  la apostasía del siglo pasado. No veo otra explicación adecuada. Dios castigó a los israelitas de una manera terrible, Moisés bajó del Monte y vio el estado lamentable de la gente y envió  su gran desafío. Se puso de pie en la puerta del campamento y dijo: ‘¿Quién está en el lado del Señor? Que venga a mí’ (32:26) y todos los hijos de Leví se juntaron a él. Eso sucede siempre después de tal estado de cosas.  Se emite un llamado claro, y hay una especie de separación. Y gracias a Dios que sabemos algo aún sobre esto. Existe la separación en la Iglesia de hoy seamos claros en esto. Hay quienes que gracias a Dios siempre han protestado en contra de una nueva actitud hacia las Escrituras. Ha habido quienes han mantenido viva la llama, quienes han realizado que esta es la verdad y no hay otra. Hay un llamado hoy a la separación. Es la única distinción en la Iglesia que reconozco en absoluto. Aquellos que se someten a la palabra de Dios y su revelación, y su enseñanza, y los que no lo hacen. No tengo interés en denominaciones. El único interés es en esta separación entre los que están ‘al lado del Señor’ y los que adoran a su propio dios, y sus propias ideas, y sus propios pensamientos. Es la primera cosa que se nos dice.

Pero entonces,  esto nos lleva a nuestro asunto inmediato, Moisés intercedió. Es una de las declaraciones más gloriosas que se encuentran en toda la Escritura y en los labios de un hombre. ‘Entonces Moisés se volvió a Jehová y le dijo: este pueblo ha cometido un gran pecado porque se hicieron dioses de oro. Sin embargo te ruego que perdones su pecado-‘. Y se detuvo. No se fue inmediatamente. Y luego comenzó de nuevo después de un tiempo. ‘Te pido que si no lo perdonas me borres del libro que has escrito’. 32:31-32. Moisés se convierte en un intercesor. Se convierte en una especie de tipo del Señor Jesucristo. Se convierte en un mediador. Se pone de pie entre el pueblo y la ira de Dios y dice ‘castígame a mí’. Por supuesto que no habría podido soportar la ira de Dios, era demasiada. Y sin embargo, el noble espíritu de Moisés resplandece tan claramente en este gran incidente. Pero por lo que estoy ansioso de llamar su atención en la respuesta de Dios a la intercesión de Moisés. Y eso es lo que tenemos en los tres primeros versículos del capítulo 33.

Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham,a Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo a la tierra que fluye leche y miel: pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.

Ahora, esto es lo más importante. La respuesta de Dios a Moisés era en este sentido: ‘Yo he dado la promesa a estas personas, que han de poseer la tierra de la promesa,  la tierra de Canaán, de  la cual fluye leche y miel. Y por lo tanto, yo te digo ahora, dirígelos tú a la tierra de la promesa. En vista de lo que han hecho ya no iré con ustedes. He estado en medio de ustedes’. Su presencia iba con ellos, en columna de nube por el día y columna de fuego de noche- ‘pero ya no iré en medio de ustedes. En cierto sentido’, dice Dios, “no me atrevo ir con ustedes no sea que los consuma. Enviare a un ángel que los guíe y vaya removiendo sus enemigos delante de ustedes. Así dice ‘prosigan’. Te establecí a ti como líder, ahora toma esta gente y entra a la tierra de la posesión, Canaán, la tierra de la cual fluye leche y miel. No iré con ustedes, pero estoy mandando un ángel el cual les va a ayudar. Prosigan’.

Esta es la posición. Esto es de gran interés para nosotros, la reacción de Moisés y la reacción de la Iglesia. Esta es siempre la primera etapa en los avivamientos. Como podemos ver, ellos estaban en pecado- Dios pronunció un juicio en contra de ellos. La primera etapa, el primer paso en los avivamientos es, como podemos ver, una realización de que estamos en esta posición. Esta gente se había rebelado contra Dios ellos habían blasfemado su nombre y habían criticado a su siervo Moisés, habían hecho que Aarón hiciera el becerro y lo habían adorado, y repentinamente habían sido sorprendidos. Realizaron  la posición en la que estaban. Ahora, obviamente esta es una cosa de suma importancia. No hay esperanza para un avivamiento aparte de  esto. Es un despertamiento a esta situación. Es concientizarse de la seriedad de la situación. Es estar alerta de lo que Dios ha dicho; que va a retirar su presencia de nosotros, y en efecto lo ha hecho. La nube ha desaparecido. La columna de fuego ya no es evidente. Dios dijo que se iba a retirar y Dios se ha ido. Las señales visibles y símbolos de su presencia se han ido. Y ahora lo que tenemos es una realización de su desagrado.

Ahora, yo desafío a leer la historia de cualquier avivamiento, cualquier registro que se ha escrito de cualquier gran movimiento espiritual en historia de la Iglesia, y encontrará que esto siempre ha acontecido. ¿Se recuerda del caso de Martín Lutero, la conciencia naciente de los abusos en la Iglesia medieval, la venta de las indulgencias y otros abusos? Esa fue la primera cosa con la que realmente el comenzó a tratar. Antes que él estuviera claro sobre la doctrina de la justificación por fe, se dio cuenta del lamentable estado de la Iglesia, el pecado de la Iglesia y su condición vergonzosa, y toda la idolatría que había entrado y estaba ocultando la adoración del Dios verdadero y de su Hijo, el Señor Jesucristo. Lutero despertó a la misma situación en la que estaban estas personas. Y ésta es, por necesidad, la primera etapa. Yo sería mucho más feliz si pudiera decir con confianza que hay evidencia de esto en la Iglesia de hoy, generalmente hablando. Le daría gracias a Dios si pudiera decir que hay alguna indicación que hombres y mujeres se están deteniendo y pausando y comenzando a enfrentarse con los hechos, para así ver la verdadera condición de la Iglesia cristiana. ¿Hay alguna prueba de eso? No hay esperanza de un verdadero avivamiento hasta que esto pase. Este es el primer paso.

¿Me atrevo a decir que no miro mucho de esto ni en la sección evangélica de la Iglesia? El peligro más grande por supuesto es separarnos en mente y pensamiento, y después ocuparnos de las reuniones que se realizan cada año, nuestros aniversarios, y los reportes de lo que hemos hecho, nuestras campañas de verano y campañas del invierno. Y todo está bien, maravilloso. Mientras que no realizamos que algo está mal. La manera de examinar la condición de la Iglesia no es compararla y contrastarla con lo que obviamente está mal. La manera de examinar la condición de la Iglesia es examinarla a la  luz del panorama de la Iglesia del Nuevo Testamento; o examinarla a la luz de lo que ha sido en cada periodo de reformación, y avivamiento, tiempos de la presencia de Dios en ella, con grandes manifestaciones espirituales de su presencia y de su gloria. Me pregunto cómo se mira la Iglesia evangélica cuando se compara con eso, cuando se evalúa en términos de espiritualidad, en términos de su conocimiento de Dios. No conocimiento sobre él, sino un conocimiento de Él, experiencias directas, con él y su presencia, con esto nos ocuparemos mientras seguimos con estos estudios.

¿Está satisfecho con la condición de la Iglesia? ¿Está satisfecho con su condición? Tú, que crees en la verdad, ustedes que son evangélicos, los que no son  liberales en su teología. Eso es bueno, pero ¿es eso suficiente? ¿Cuál es nuestro estado espiritual y la condición en  realidad? ¿Cómo nos sentimos cuando leemos las experiencias de los apóstoles, el apóstol Pablo y los demás? Podemos decir con sinceridad, con él, de que estamos en una especie de estado de tensión, diciendo: ‘A fin de conocerle, y el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos… No que ya he alcanzado… olvidando ciertamente lo que queda atrás… prosigo  la meta’ (Fil. 3:10-14) ¿Se siente la tensión, la preocupación, el estiramiento, la presión? ¿Cuánto sabemos de eso? ¿Podemos decir honestamente que nos regocijamos en el Señor Jesucristo con “un gozo inefable y lleno de gloria’? ¿Podemos decir con Pablo que para  nosotros ‘el vivir es Cristo, y el morir es ganancia’? Que pudiéramos  ‘estar con Cristo, lo cual es mucho mejor’. ¿Cómo se siente al contemplar la muerte? ¿Cómo se siente cuando se está enfermo, y puesto un lado y comienza a pensar sobre una muerte posible? Ahora, estas son las formas en las que nos tenemos que examinar. No hay esperanza para la verdadera oración e intercesión por el avivamiento a menos que nos demos cuenta de que hay una necesidad. ¿Está todo bien con nosotros? ¿Podemos estar satisfechos? ¿Podemos sentarnos y cruzarnos de brazos y decir?: ‘Las cosas van maravillosamente, mire los informes. “¿Somos como los hijos de Israel en este momento, o somos como los de Laodicea diciendo que somos ricos, que tenemos abundancia, que todo está bien con nosotros, y sin darse cuenta de que somos pobres y miserables y ciegos?

Que Dios nos dé gracia para examinarnos a nosotros mismos, y ser honestos con nosotros mismos. ¿Nos damos cuenta de la diferencia entre la Iglesia, como ella se representa en el Nuevo Testamento, y de nosotros mismos? ¿Nos damos cuenta de que el desagrado de Dios está sobre la Iglesia? ¿Por qué ha habido un intervalo tan largo desde que Dios haya bajado entre su gente en un avivamiento? ¿Por qué este largo período  terrible? ¿Por qué están las cosas así? ¿Por qué la Iglesia ya no tiene influencia sobre la sociedad? ¿Por qué es tan ineficaz? ¿Por qué es que los hombres y las mujeres están viviendo en pecado,  y las cosas van de mal en peor? Mis queridos amigos, el primer paso es que usted y yo nos tenemos que dar cuenta de estas cosas. Tenemos que ser afectados por estas cosas para empezar a pensar en ellas, a preocuparse por ellas y tener un profundo conocimiento de la situación tal como está.

Pero, por supuesto, que no se detiene allí. Eso no tiene ningún valor en sí mismo. Debemos pasar a la segunda etapa, que se menciona en el versículo 4 del capítulo 33. ‘Y cuando el pueblo oyó esta mala noticia, se vistieron de luto, y ninguno se puso sus atavíos. ‘Aquí está la cosa siguiente- el arrepentimiento. No se puede arrepentir, por supuesto, a menos que nos  enfrentemos con los hechos. Ahora enfrentándolos la pregunta es-¿nos arrepentimos? Hay un examen superficial de los hechos que no tiene ningún valor en absoluto. ¿No es esa la diferencia, en realidad, entre el remordimiento y el arrepentimiento? El hombre que sufre remordimiento es un hombre que, en cierto sentido, examina los hechos, pero no pasa mucho tiempo en ello. -Ah-dice-, ‘yo era un tonto, no debería haber hecho eso, y estoy sufriendo ahora porque lo hice’. Se olvida de ello y continúa. Ese es el remordimiento, que no tiene ningún valor. El arrepentimiento es una cosa mucho más profunda. El apóstol Pablo lo ha puesto una vez  para siempre en Corintios capítulo 7, donde se hace la declaración clásica de lo que significa el arrepentimiento:

Porque aunque os contristé con la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. 2 Corintios 7:8-11.

Esa es una definición perfecta del verdadero arrepentimiento Pero ahora mira en el caso de estos Hijos de Israel, donde se ilustra a la perfección. El arrepentimiento no sólo significa que usted es levantado hasta que usted es consciente de que las cosas no son como deberían ser, y que hay algo mal. No, usted va a una realización de la gravedad de lo que está mal, y su carácter atroz. Los Hijos de Israel se odiaban a sí mismos por ello. Eso es lo que Pablo está diciendo acerca de los Corintios: ‘Ustedes no se limitaron  a echarle una ojeada, ustedes se examinaron. Ustedes se golpearon, se castigaron a sí mismos, se odiaron a sí mismos, se vengaron de sí mismos’. Y esa es una parte esencial del arrepentimiento. El hombre se despierta a  la seriedad de lo que ha hecho, esta gente dijo, “le hemos dado la a espalda Dios. Hemos hecho este Dios, este becerro de oro y lo hemos adorado, y hemos pecado. Nos hemos deshonrado a nosotros mismos. Ahí está nuestra desnudez, hemos estado bailando delante de un ídolo, creado por nuestras manos’.  Realizaron la gravedad del asunto y odiaron lo que habían hecho, lo abominaron, se condenaron a sí mismos profundamente. Ah, pero más importante que eso, se dieron cuenta de la gravedad de su pecado a los ojos de Dios. Ellos dijeron, ¿’si es tan malo esto a nosotros, debe de ser peor delante de Dios?’

¿El hijo pródigo sabía sobre esto, verdad? Pensó que todo estaba bien hasta que se encontró en ese campo con los puercos.  Él volvió en sí. Y lo primero que se le ocurrió fue que se vio a sí mismo y lo tonto que había sido. Y él se dio una patada, se odiaba asimismo, se condenó a sí mismo. Entonces pensó en su padre: ‘Si yo lo veo así, lo que debe haber sido a mi padre cuando, en mi arrogancia, le pedí  mi parte de la herencia y salí de casa. Yo rechacé todo lo que él y su casa había representado para mí. Si yo lo miro así, ¿cómo será que el mira esto? ¿Cómo puedo volver atrás y mirarlo a la cara? ¡Oh, cómo debe haber sufrido!’. ¿Alguna vez pensamos como nuestro pecado es ante los ojos de Dios? Yo sé que la realización del pecado nos hace sentir incómodos, y queremos superarlo rápidamente, pidiendo perdón.  ¿Pasa usted por  la etapa de darse cuenta de lo que el pecado  debe ser a  Dios? Nosotros  sus criaturas,  su pueblo que  él ha  hecho para sí mismo,  y en nuestra locura y  egoísmo, hacemos nuestros propios dioses, y seguimos nuestro propio camino. Oh, vaya y lea la historia de los avivamientos de nuevo. Mire los individuos en el principio. Esto es, invariablemente, la primera cosa que les sucede. Empiezan a ver lo terrible que es, lo terrible del pecado a los ojos de Dios. Incluso temporalmente se les olvida el estado de la Iglesia y se olvidan de su propia angustia. Es el pensamiento del pecado a los ojos de Dios. Lo terrible que  es el pecado a los ojos de Dios. ¡Qué terrible debe ser! Nunca ha habido un avivamiento sin que algunas de las personas sobre todo al principio, han tenido esas visiones de la santidad de Dios y la pecaminosidad  del pecado, algunos de ellos han sentido esto tan agudamente, como hemos visto, que incluso se han colapsado físicamente. Eso no importa. Lo que  importa es  la realización del pecado en la presencia de Dios.  Apenas han sabido qué hacer con ellos mismos pero  algunas de las personas, sobre todo al principio, han tenido esas visiones de la santidad de Dios y la pecaminosidad del pecado, que apenas han sabido qué hacer con ellos mismos. Algunos de ellos se han sentido tan agudamente, como hemos visto, que incluso se han derrumbado físicamente. Eso no importa. Lo que importa es la realización del pecado en la presencia de Dios.

Entonces, incluso más allá de esto, de lo que esta gente de repente se dio cuenta fue que a causa de su pecado, y debido a la gravedad del pecado delante de Dios, Dios estaba reteniendo su presencia de ellos, y les decía que subieran  a la tierra de Canaán, pero sin él. Él enviaría un ángel, pero él no iba con ellos.  El Dios que había entrado en medio de ellos, por así decirlo, en Egipto, el Dios cuyo poder se habían sentido cuando viajaban en dirección al Mar Rojo, el Dios que estaba en medio de ellos, con las montañas de Pi- hahirot, y Baalsephon, una a cada lado, y las huestes de Faraón detrás, y el Mar Rojo en el frente, el Dios que había venido y  había dividido el mar; esta poderosa presencia, este santo, glorioso Dios,  él ya no iba a estar con ellos. Eso era lo que los llenó de consternación. Eso fue lo que alarmó a estas personas y les hizo llorar. ‘Cuando el pueblo oyó esta mala noticia… – Y esta fue la mala noticia. ‘Yo no subiré en medio de ustedes, porque son un pueblo de dura cerviz. No sea que los consuma en el camino’. Lo que les preocupó no fue la amenaza de ser consumidos sino lo que Dios había dicho, ‘no iré con ustedes. Tienen que partir solos. Yo mandaré mi ángel pero no iré con ustedes’.

Oh, ésta es una cosa tremenda, este es el corazón de todo el asunto. Los hombres y mujeres cuando verdaderamente son despertados comienzan a realizar que no hay nada más serio que estar sin  la presencia de Dios. ¿Entiende todo esto? Dios los estaba mandando a  la tierra prometida. Dios estaba diciendo, ‘yo les prometí la tierra de Canaán, se las daré a ustedes. Llegarán a una tierra que fluye leche y miel. Mandaré mi ángel delante de ustedes para que destruya a los enemigos, los Amonitas, Hititas, y los demás. Vayan, suban a  la tierra prometida. Los he traído de la cautividad de Egipto, ahora yo los envío. Adelante.  Guíalos Moisés. Yo mandaré el ángel con ustedes’.

Y el pueblo respondió: ‘No. Si no vienes con nosotros,  no queremos ir.’

Ahora esa es la esencia de la comprensión espiritual. Y esa posición es a la que usted y yo debemos llegar. El pueblo estaba allí, siendo despertado, llegaron a esta realización tremenda y profunda, que las bendiciones no tienen valor si Dios no estaba con ellos. ¿Cuál es el valor de Canaán? ¿Cuál es el valor de la leche y miel? ¿Cuál es el valor de tener posesiones, si Dios no estaba con ellos? Vieron que la realización de la presencia de Dios, su comunión y compañía, era infinitamente más importante que todo lo demás.

¿Hace falta aplicar esto a la Iglesia de hoy?  Podemos tener muchos éxitos sobre los enemigos pero sin la realización de la gran presencia de Dios en medio de nosotros. Oh sí, hay ángeles que pueden hacer esto, ellos pueden destruir algunos de nuestros enemigos y llevarnos a la tierra. Estamos en Canaán, tenemos la leche y miel, todo parece estar bien.  Hay un versículo en el Salmo 106, muy atroz donde se nos dice de los Hijos de Israel: ‘Dios les dio lo que pidieron; Pero también envió mortandad sobre sus almas’.  Usted puede tener una prosperidad exterior y  riqueza, la Iglesia puede parecer estar haciendo notablemente muy bien,   buenas finanzas, buenas cifras,  éxitos,  conversiones, el enemigo está siendo derrotado, todo va bien, y los periódicos cristianos  lo anuncian. Todo parece ser maravilloso. Pero la pregunta terrible que hago es esta-  ¿está  Dios en medio de nosotros? ¿Está realmente entre nosotros?  ¿Estamos conscientes, como lo deberíamos de estar, de su presencia gloriosa? Eso fue lo que cautivó a esta gente. Y lo que dijeron, en efecto fue “Canaán no nos sirve, la leche y miel no tiene valor, no estamos interesados en nuestros enemigos. Te queremos a ti’.

‘Oh’, dice el salmista, ‘Es por ti  que clamo’.  Como el ciervo brama por las corrientes de agua  así clama por ti, oh Dios, el alma mía’.  (Salmo 42:1)  Él no está siguiendo las bendiciones, está persiguiendo a Dios, al Dios vivo.

Si dice Pablo, he sido un evangelista exitoso. He hecho bastante pero todavía no estoy satisfecho. ‘Lo quiero conocer más y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos’.

‘No’ dijo el pueblo de Israel, ‘no podemos irnos sin tu presencia. La presencia de Dios es esencial’. Ellos entendieron que la prosperidad exterior, y ningún tipo de éxito puede compensar la ausencia de Dios. ‘¿Que aprovecharía al hombre si ganara todo el mundo y perdiere su alma?

Pueblo cristiano, yo no estoy preguntando si usted está viviendo una vida excelente. Yo no estoy preguntando que si usted es feliz. Yo no estoy preguntando si lee su Biblia o si ora. Yo no  le estoy preguntando si está activo en la iglesia, o en alguna otra forma de actividad cristiana. Lo que le estoy preguntando es, ¿Conoce a Dios? ¿Está el con usted? ¿Está él en su vida? ¿Está el en su campamento? ¿O está viajando con Dios, por así decirlo, a la distancia, recibiendo fuerzas y poder por medio de su ángel, o por su líder?  Pero la pregunta es, ¿qué pasa con usted y su relación personal con Dios, y su trato personal con él? Esta gente se arrepintió. Y el fin del arrepentimiento y el objetivo final del arrepentimiento es solamente eso, realizar que nada más importa excepto mi relación con Dios. ‘Que nada por favor, ni el dolor me aparte de ti oh Dios.’ Ellos no solo se   enfrentaron a esta situación sino que también se arrepintieron.

Pero, por otra parte y que perfecta es la Escritura en esto; dieron prueba absoluta de que se habían arrepentido. Y otra vez, esta es una de las diferencias entre el remordimiento y el arrepentimiento, porque el arrepentimiento no es sólo un pasito, un sentimiento temporal, el arrepentimiento es algo que es tan profundo que afecta la voluntad del hombre. Como el apóstol lo pone de nuevo en 2 Cor 7, conduce a la acción. ‘Pone las cosas en su posición correcta’ dice Pablo, ‘ustedes hicieron algo al respecto’. El hombre nunca se ha arrepentido hasta que practica lo que sintió que debería de hacer. Esta gente lo hizo, así lo leemos.

Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos. Porque Jehová había dicho a Moisés: Di a los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz; en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré. Quítate, pues, ahora tus atavíos, para que yo sepa lo que te he de hacer. Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.

No nos hemos arrepentido verdaderamente, hasta que hayamos hecho eso, en alguna manera puede hacer esto parte de nosotros. Esto significa que después de haber tenido esta profunda comprensión de nuestra pecaminosidad, sobre todo delante de él, nuestro único deseo ahora es hacer todo lo que es agradable delante de su presencia. Y eso significa abandonar el pecado, y cumplir sus mandamientos: ‘despójense de sus atavios’- y los hijos de Israel se despojaron de sus atavios. Fueron estos atavios que los llevaron a la caída. De estas cosas fue que se hizo el becerro de oro. Y odiaban la mera idea de pensar en esto. Y Dios dice ‘despójense de ellos’. Y se despojaron.

Ahora, sólo tiene que leer las biografías cristianas y la historia de los avivamientos para mirar esto. Siempre hay este despojamiento. Los hombres y mujeres son conscientes que han estado haciendo cosas que no deberían haber hecho. No cosas dañinas, quizás, en sí mismas, pero ellas se interponen entre ellos y Dios, por eso se tienen que ir. Los atavios se desvanecen. Se despojan a sí mismos. Y se dan a Dios, en una nueva consagración, y en una nueva dedicación. Esto digo una vez más, es la mera esencia del arrepentimiento. Realizamos que tenemos que actuar. Tenemos que tomar unos pasos. No me pertenece decirte cuáles son, porque si lo hago, le estaré hablando a algunos y no a otros. Pero todo nosotros nos tenemos que despojar de algo.  Cada uno de nosotros sin excepción. No  sirve de estar señalando el fumar o el tomar, o esto y lo otro, hay algo en la vida de todos, algún ornamento que se tiene que ir. Cuando el hombre realiza su pecaminosidad y mira que el estado de la Iglesia se debe a la gran realidad que otros como el, son tan pecadores, y lo que significa esto delante de Dios, un verdadero arrepentimiento de cada uno los guiara a un examen profundo. Y todos miraran  ciertas cosas y cada uno tratará con ellas felizmente y prontamente. ‘Y ellos se despojaron de sus atavios’.

Obviamente esto no es todo. Estos son los primeros pasos, el principio, la gran realización que hay algo malo, y profundamente equivocado, y que el llamado es un llamado a un dolor piadoso, una profunda obra de arrepentimiento. ¿Está contento consigo mismo? ¿Está usted feliz con el estado de la Iglesia? ¿Piensa usted que todo está bien? ¿Podemos seguir corriendo? ¡Las  reuniones, servicios, actividades son maravillosas! ¿Lo son en realidad? ¿Dónde está el conocimiento de Dios? ¿Está el en nuestro medio? ¿Está en nuestras vidas? ¿Qué profunda es  nuestra relación con él? Confronte la pregunta, y esto lo llevará a este arrepentimiento y dolor profundo, lo cual se manifestará asimismo de una manera práctica. Que Dios tenga misericordia de nosotros, abra nuestros ojos a la situación, y nos dé mentes honestas y la verdad en nuestras entrañas.

Imagen bajo Creative Commons de Feans

 

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