Santidad 17: ¡Sin Cristo! – J. C. Ryle

1. Introducción

2. Pecado

3. Santificación

4. Santidad

5. La batalla

6. El costo

7. Crecimiento

8. Certeza

9. Moisés

10. Lot

11. Una mujer para recordar

12. El gran trofeo de Cristo

13. El Soberano de las olas

14. La Iglesia que Cristo edifica

15. Advertencias a las iglesias

16. ¿Me amas?

Traducido por Erika Escobar

“¡Estaban sin Cristo!”  Efesios 2:12

El texto que encabeza este mensaje describe el estado de los efesios antes de que fueran cristianos.  Pero eso no es todo.  Describe el estado de cada hombre y mujer en Inglaterra que aún no se ha convertido a Dios.  ¡Un estado más miserable  no puede concebirse!  Es lo suficientemente malo estar sin dinero o sin salud o sin casa o sin amigos, no obstante, es peor aún estar “sin Cristo”.

Examinemos este texto hoy y veamos lo que contiene.  ¿Quién podría decir que no pruebe ser un mensaje de Dios para algunos de los lectores de este texto?

1.              Consideremos en cuáles circunstancias se puede decir que un hombre está “sin Cristo”.

La expresión “sin Cristo” no es una de mi propia invención.   Las palabras no fueron primeramente acuñadas por mí si no que fueron escritas por la inspiración del Espíritu Santo.  Fueron usadas por Pablo cuando estaba recordando a los cristianos de Éfeso cuál era su condición previa antes de que escucharan el evangelio y creyeran. Ignorantes y en la oscuridad sin duda deben haber estado, enterrados en idolatría y el paganismo, adoradores de la falsa diosa Diana.  Pablo pasa todo esto completamente por alto.  Parece pensar que esto describiría su estado sólo parcialmente.   Por lo tanto, traza un cuadro del cual la primerísima característica es la expresión que está delante de nosotros “En ese tiempo, ustedes estaban sin Cristo”  (Ef. 2:12).   ¿Pero qué significa la expresión?

a.  Un hombre está “sin Cristo” cuando no tiene consciencia de Él.   Sin duda, millones están en esta condición.  No saben quién es Cristo ni tampoco lo que Él ha hecho, ni lo que Él enseñó y por qué Él fue crucificado, tampoco dónde Él está o lo que Él es para la humanidad.  En breve, son totalmente ignorantes de Él.  Los terrenales, por supuesto, que nunca han oído del evangelio, caen primero dentro de esta descripción, sin embargo e infelizmente, en eso no están solos.   Hay miles de personas viviendo en Inglaterra en estos tiempos que difícilmente tienen ideas más claras sobre Cristo que aquellos que son terrenales.  Pregúntenles lo que ellos saben sobre Jesucristo y se sentirá anonadado por la gran oscuridad que cubre sus mentes.  Visítelos en sus lechos de muerte y encontrará que ellos no pueden decir más de Cristo de lo que pueden hablar sobre Mohammed.  Miles están en este estado en parroquias y miles en pueblos, y de todos ellos ninguna cuenta puede darse.   Ellos están “sin Cristo”.

Estoy consciente de que algunas divinidades modernas no se dan cuenta de lo que he recién establecido.   Nos dicen que toda la humanidad tiene una parte e interés en Cristo, ya sea que lo conozcan o no.   ¡Dicen que todos los hombres y mujeres, aunque ignorantes mientras viven, serán tomados por la misericordia de Cristo al cielo cuando mueran!   Creo firmemente en que tales opiniones no pueden reconciliarse con la Palabra de Dios.  Está escrito “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn 17:3).  Es una de las marcas de los perversos de los que Dios tomará venganza en el último día,  ellos “no conocen a Dios” (2 Tes 1:8).  Un Cristo desconocido no es Salvador.  Cuál será el estado de los mundanos después de la muerte; cómo el salvaje que nunca oyó el evangelio será juzgado; de qué manera Dios lidiará con el ignorante desesperanzado e iletrado – todas estas son preguntas que podemos por seguro dejarlas a un lado.  Podemos descansar en la confianza que “el Juez de toda la tierra hará lo correcto” (Gen. 18:25).  No obstante, no podemos subestimar las Escrituras.  Si las palabras de la Biblia significan algo, ser ignorante de Cristo es estar “sin Cristo”.

b. Pero esto no es todo.  Un hombre está “sin Cristo” cuando no tiene fe en Él como su salvador.  Es bastante viable conocer todo acerca de Cristo y aun así no poner nuestra confianza en Él.  Hay multitudes que conocen cada artículo del credo y pueden decir  con mucha labia que Cristo “nació de la virgen María, sufrió bajo Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado”.  Lo aprendieron en el colegio.  Lo tienen grabado en su memoria.  Sin embargo no hacen uso práctico de su conocimiento.  Ponen su confianza en algo que no es Cristo.  Esperan ir al cielo porque han sido bautizados y participan de la Cena del Señor.  Pero en lo que se refiere a vivir la fe de la misericordia de Dios a través de Cristo –una confianza real e inteligente en la sangre de Cristo y la rectitud y la intercesión – son cosas acerca de las cuales no saben nada en absoluto.  Y todas esas personas tan solo puedo ver una sola verdad:  Ellos están “sin Cristo”.

Estoy apercibido de que muchos no admiten la verdad de lo que acabo de decir.  Algunos nos dicen que todos los bautizados son miembros de Cristo por virtud de su bautismo.  Otros nos dicen que donde hay conocimiento intelectual no tenemos derecho alguno de cuestionar el interés de esa persona en Cristo.   Para dichas opiniones tengo tan sólo una simple respuesta.  La Biblia nos prohíbe decir que un hombre está unido a Cristo sino hasta que cree.  El bautismo no es la prueba de que nos hemos unido a Cristo.  Simón Magus fue bautizado y aun así nos fue distintivamente dicho que  tuvo “ninguna parte o suerte en esta asunto” (Hec 8:21).  El conocimiento intelectual no es la prueba de nuestra unión con Cristo.   El demonio conoce muy bien a Cristo pero no tiene parte en Él.  Dios sabe, sin duda, quienes son Suyos desde el principio.  Un hombre no sabe nada de la justificación hasta que cree.  La gran cuestión es “¿Creemos?”.   Está escrito, “el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. “El que cree no será condenado” (Jn 3:36, Mar 16:16).  Si las palabras de la Biblia significan algo, no tener fe es estar “sin Cristo”.

c. Hay una cosa más por decir.  Un hombre está “sin Cristo” cuando el trabajo del Espíritu Santo no puede verse en su vida. ¿Quién puede evitar ver, si usa sus ojos, que millares de cristianos no saben nada de la conversión interna del corazón?  Le dirán que ellos creen en la religión cristiana, que van a sus lugares a alabar con una regularidad tolerable, piensan que es una cosa apropiada  casarse y ser sepultados según los ceremoniales de la iglesia, y estarían muy ofendidos si su cristianismo fuera puesto en duda.  Sin embargo ¿dónde están las señales del Espíritu Santo en sus vidas?  ¿Dónde están puestos sus corazones y afectos?  ¡Alas, sólo puede haber una respuesta!  No han experimentado la renovación, el trabajo santificador del Espíritu Santo.  Están aun muertos para Dios.  Y de todos ellos, sólo una cuenta puede darse:  Están “sin Cristo”.

Estoy consciente de que  pocos admitirán esto.  La vasta mayoría dirá que es extremo y alocado y extravagante pedirle tanto a los cristianos y presionar a todos a la conversión.  Dirán que es imposible mantener el alto estándar al cual me he referido sin salir del mundo, y que podemos seguramente ir al cielo sin ser un santo de esa envergadura.  A todo esto sólo puedo responder:  ¿Qué dice la Escritura? ¿Qué dice el Señor?  Está escrito, “a menos que un hombre nazca de nuevo – no puede ver el reino de Dios”.  “A menos que se convierta y se vuelva como un niño – no entrará en el Reino de los Cielos”. “Aquel que dice que está en Cristo debe también caminar como Él mismo caminó”.  “Si un hombre no tiene el Espíritu de Cristo – no es de Él” (Jn 3:3, Mat. 18:3, 1 Jn 2:6; Rom. 8:9).  Las Escrituras no pueden romperse.  Si las palabras de la Biblia significan algo, estar sin el Espíritu – es estar “sin Cristo”.

Encomiendo las tres propuestas que he establecido para su seria y devota consideración.  Note bien lo que ellas involucran.  Examíneles cuidadosamente en todas sus aristas.  Para tener un interés redentor en Cristo –conocimiento, fe y gracia del Espíritu Santo son absolutamente necesarias.  Aquel que no las tiene “está sin Cristo”.

¡Cuán dolorosamente ignorantes son muchos!   No saben literalmente nada de religión.  Cristo y el Espíritu Santo y la fe y la gracia y la conversión y la santificación son sólo “palabras y nombres” para ellos.  No podrían explicar lo que ellas significan si sus vidas dependieran de ello.  ¿Y puede una tamaña ignorancia conducir a alguien al cielo?  ¡Imposible!  Sin conocimiento, “sin Cristo”.

¡Cuán dolorosamente santurrones son muchos!  Pueden hablar complacientemente de haber “hecho su deber” y de ser “amables con todos”, haber siempre “guardado su iglesia” y “nunca haber sido tan malos” como otros y, por lo tanto, ¡parecen pensar que deben ir al cielo!  Y el sentido profundo del pecado y la simple fe en el sacrificio de la sangre de Cristo, no parece tener lugar en su religión.  Hablan de sus obras y nunca de creer. ¿Y será que esa santurronería llevará a alguien al cielo?  ¡Nunca!  Sin fe, “¡sin Cristo!”.

¡Cuán penosamente impíos son muchos!  Viven en el habitual abandono de la Biblia de Dios, de las Ordenanzas de Dios y los sacramentos de Dios.  No piensan en absoluto sobre las cosas que Dios ha abiertamente prohibido.  Viven constantemente en caminos que son directamente contrarios a los mandamientos de Dios.  ¿Y puede tal impiedad culminar en salvación?  ¡Imposible!  ¡Sin el Espíritu Santo – “sin Cristo”!

Sé perfectamente que a primera vista estas declaraciones parecen duras, agudas, escabrosas y severas.  Sin embargo después de todo, ¿no son estas la verdad de Dios revelada a nosotros en las Escrituras?  Si verdaderas, ¿no debieran ser difundidas?  Si son necesarias de saberse, ¿no debieran ser expuestas abiertamente?  Si no supiera nada de mi propio corazón, desearía por sobre todas las cosas magnificar las riquezas del amor de Dios por los pecadores.   Anhelo decir a la humanidad qué tesoro de misericordia y amor tierno yace en el corazón de Dios para todos aquellos que lo buscan.  ¡Sin embargo no puedo hallar en ninguna parte que la gente ignorante, incrédula y no convertida tenga alguna porción en Cristo!  Si estoy equivocado, agradeceré a cualquiera que me muestre un mejor camino.  No obstante hasta que eso ocurra, debo mantener firme las posiciones que he descrito.  No me atrevo a renunciar a ellas, no sea que sea encontrado culpable de manejar la Palabra de Dios engañosamente. No me atrevo a silenciarlas, no sea que la sangre de las almas me sea adjudicada.  ¡El hombre sin conocimiento, sin fe y sin el Espíritu Santo es un hombre sin Cristo!

2. ¿Cuál es la condición real de un hombre sin Cristo?  Esta es una sección de nuestro tema que demanda una muy especial atención.  Debo estar verdaderamente agradecido si puedo exponerlas en sus colores reales.   Fácilmente puedo imaginar a algunos lectores diciéndose a sí mismos “Bien, suponga que estoy sin Cristo, ¿dónde está el daño tan grande?  Espero que Dios sea misericordioso.   No soy peor que muchos.  Confío en que todo estará bien al final”  Escúcheme y, con la ayuda de Dios, intentaré mostrar  cuán tristemente engañado está.  “Sin Cristo”  nada estará bien sino todo desesperadamente mal.

a. Por el solo hecho de que estar “sin Cristo” es estar sin DIOS.  El apóstol Pablo dijo a los efesios mucho de esto en palabras directas.  Finaliza la famosa sentencia que comienza “estaban sin Cristo”, diciendo, “estaban sin Dios en el mundo”.  Y aquel que piensa,  ¿puede sorprenderse?  Un  hombre puede tener ideas muy pobres de Dios,  puede que no lo conciba a Él como el Ser más puro, santo y glorioso. Que ese hombre debe ser  muy ciego para no ver que la naturaleza humana es corrupta y pecadora y profana. ¿Cómo, entonces, puede tal gusano de hombre acercarse a Dios con comodidad?  ¿Cómo puede buscarlo con confianza y sin miedo?  ¿Cómo puede hablarle, relacionarse con Él, buscar su presencia sin terror y alarma?   Debe existir un mediador entre Dios y el hombre, y hay solo uno que puede cumplir ese rol.   Ese Uno es Cristo.

¿Quién es usted para hablar de la misericordia de Dios y del amor de Dios separado  e independiente de Cristo?  No existe tal amor y tal misericordia registrada en las Escrituras.  Sepa este día que Dios fuera de Cristo es “fuego consumidor” (Heb 12:29).  Misericordioso  es más allá de cualquier cosa, rico en misericordia, lleno de misericordia.  No obstante su misericordia está inseparablemente conectada con la mediación de Su amado Hijo Jesucristo.   Debe fluir a través de Él como el canal conductor o no fluirá en absoluto.  Está escrito “Aquel que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado”.  “Yo soy el camino, la verdad y la vida y ningún hombre viene al Padre si no es por Mí” (Jn 5:23; 14:6).  “Sin Cristo” estamos sin Dios.

b. Más aún, estar “sin Cristo” es estar sin PAZ.   Todo hombre tiene una consciencia dentro de sí mismo la cual debe satisfacerse antes de que pueda estar verdaderamente feliz.   En la medida en que esta consciencia esté dormida o medio muerta – así, sin duda, él la pasa bastante bien.  Sin embargo, tan pronto que la consciencia de un hombre despierta y comienza a pensar en sus pecados pasados y sus presentes fallas y el juicio futuro –inmediatamente descubre que necesita algo que le otorgue descanso interno.  ¿Pero qué puede hacerlo?  Arrepentimiento y oración, lectura de la Biblia, ir a la iglesia, recibir los sacramentos y mortificación propia pueden intentarse, e intentarse en vano.  Ninguna de esas cosas han tomado la carga de la conciencia de alguien. ¡Y aún así la paz puede ser obtenida!

Sólo existe una cosa que puede dar paz a la consciencia y esa es la sangre de Jesucristo esparcida sobre ella.   Un claro entendimiento que la muerte de Cristo fue el pago real de nuestra deuda con Dios, y que el mérito de esa muerte es renovada para un hombre  que cree- es el gran secreto para la paz interior.  Satisface cada ansia de la consciencia.  Contesta cada acusación.  Calma cada temor.  Está escrito “Estas cosas Les he hablado, que en Mí puedan tener paz”.  “Él es nuestra paz”.  “Siendo justificados por la fe, tenemos paz con Dios a través de nuestro Señor Jesucristo” (Jn 16:33, Efe. 2:14, Rom. 5:1).   Tenemos paz a través de la sangre de Su cruz:   paz como una mina profunda – paz como un riachuelo siempre fluyendo.  Pero “sin Cristo” no tenemos paz.

c. Estar “sin Cristo” es no tener ESPERANZA.   Casi todos piensan que poseen  esperanza de una u otra clase.  Difícilmente encontraremos a un hombre que proclame abiertamente que no tiene esperanza alguna sobre su alma.   ¡Pero cuán pocos existen que puedan dar “razones de la esperanza que está en ellos”! (1 Ped 3:15).   ¡Cuán pocos pueden explicarla, describirla y mostrar sus fundamentos!  Para cuántos la esperanza no es nada más que un sentimiento vago y vacío, el que en el día de la enfermedad o en la hora de la muerte probará  ser finalmente inútil e, del mismo modo, impotente para confortar o salvar.

Sólo existe una esperanza que tiene raíces, vida, fortaleza y solidez y esa es la esperanza que está construida en la gran roca del trabajo de Cristo  y que oficia como el Redentor del hombre.  “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor 3:11).  Aquel que construye sobre esta piedra angular “no será confundido”.  Acerca de esta esperanza hay una realidad.  Ésta se mantendrá alerta y a mano.   Satisfará cualquier inquietud.  Busque en ella una y otra vez y no encontrará ningún defecto en ella.   Cualquier otra esperanza adicional a esta no tiene valor.  Así como las fuentes secas del verano fallan al hombre cuando su necesidad es más acuciosa. Son como barcos poco sólidos que se ven bien en la medida en que permanecen quietos en la bahía pero cuando los vientos y las olas del océano los prueban, su precaria condición se pone al descubierto y sucumben bajo las aguas.  No existe tal cosa como la buena esperanza sin Cristo, y “sin Cristo” es no tener “esperanza alguna” (Efe 2:12).

d. Estar “sin Cristo” es estar sin CIELO.  Al decir esto no sólo me refiero de que no hay entrada al cielo sino que “sin Cristo” no podría haber felicidad al estar allí.  Un hombre sin un Salvador y Redentor nunca podría sentirse como en casa en el cielo.  Podría sentir que no tiene derecho o título para estar allí, plenitud, confianza y tranquilidad de corazón serían imposibles.  Entre ángeles puros y santos, bajo la mirada de un Dios puro y santo no podría mantener su cabeza en alto, se sentiría confundido y avergonzado.  Es la esencia misma de todas las visiones verdaderas del cielo el hecho que Cristo está allí.

¿Quién es usted que sueña con el cielo en el cual Cristo no tiene ningún lugar?  Despierte a su propia insensatez.  Sepa que en cada descripción del cielo que la Biblia contiene, la presencia de Cristo es esencial.  “En el medio del trono”, dice Juan, “permanecía un Cordero como si hubiese sido asesinado”.  El mismo trono del cielo es llamado “el trono de Dios y del Cordero”.   “El Cordero es la luz del cielo y su templo”.  Los santos que habitan en el cielo van a ser “alimentados por el Cordero”, y “conducidos a las fuentes de aguas vivas”.  La reunión de los santos en el cielo es llamada “la cena de casamiento del Cordero” (Apo. 5:6, 22:3, 21:22, 23, 7:17, 19:9).   Un cielo “sin Cristo” no sería el cielo de la Biblia.  Estar “sin Cristo” es estar sin cielo.

Fácilmente podría agregar más cosas.  Podría decirle que estar “sin Cristo” es no tener vida, no tener fortaleza, no tener seguridad, no tener fundación, sin un amigo en el cielo, sin justicia.  Ninguna de estas cosas es tan mala como aquella que indica estar “sin Cristo”.

Qué fue el arca para Noé,  qué fue el cordero de la pascua para Israel en Egipto, qué fue el maná, la roca azotada, la serpiente de bronce, el pilar de nubes y fuego, el chivo expiatorio ´para las tribus en el desierto –  Todo esto es lo que el Señor Jesús significa para el alma del hombre.   ¡Ninguno tan desprotegido como aquellos que están sin Cristo!

Lo que la raíz es a las ramas,

Lo que es aire es a nuestros pulmones,

Lo que el alimento y el agua son para nuestro cuerpo,

Lo que es el sol para la creación…

Todo esto y mucho más es lo que pretende ser Cristo para nosotros.   ¡Ninguno tan indefenso, tan digno de lástima como aquellos que están sin Cristo!

Concedo que si no existiesen tales cosas como la enfermedad y la muerte, si los hombres y las mujeres nunca envejecieran y vivieran para siempre en la tierra, el tema de este mensaje no tendría importancia alguna.  No obstante, usted debe saber que la enfermedad, la muerte y la tumba son una triste realidad.

Si esta vida fuera toda, si no hubiese juicio, ni cielo, ni infierno, ni eternidad – sería sólo una pérdida de tiempo aproblemarse con las inquietudes que este tema sugiere.  No obstante, usted tiene una consciencia.  Usted sabe muy bien que hay un día del juicio final más allá de la tumba.  Hay un juicio aún por venir.

Es por seguro que el tema de este mensaje no es fácil.  No es una materia nimia y una que no tenga un significado.  Demanda la atención de cada persona sensible.   Es la raíz de todas las materias importantes, la salvación de nuestras almas.  Estar “sin Cristo” es ser el más miserable de todos.

1. Y ahora pido a cada uno que ha leído este mensaje completo, examinarse a sí mismo y descubrir su propia condición.  ¿Está usted sin Cristo?

No permita que su vida transcurra sin pensar seriamente y cuestionarse.  No puede continuar como lo ha hecho hasta hoy.  Vendrá un día cuando comer, beber, dormir, vestirse, casarse y  gastar dinero tendrán un fin.   Habrá un día cuando su lugar esté vacío  y todos se refieran a usted como alguien que ha muerto e ido.  ¿Y dónde estará usted entonces, si ha vivido y muerto sin tener un pensamiento sobre su alma, sin Dios, y sin Cristo? ¡Oh, recuerde, miles de veces es mejor estar sin dinero y sin salud y sin amigos y sin compañía y  júbilo que estar sin Cristo!

2. Si usted ha vivido sin Cristo hasta ahora, lo invito con todo afecto a cambiar el curso de su vida sin retraso.   Busque al Señor Jesús mientras pueda ser hallado.  Llámelo mientras Él está cerca.   Él está sentado a la diestra de Dios, capaz de salvar hasta el último que venga a Él, sin importar cuan pecador y descuidado haya podido ser.  Está sentado a la diestra de Dios, deseoso de oír la oración de todos aquellos que sienten que su vida pasada ha estado completamente equivocada y quieren enmendarla.  Busque a Cristo, busque a Cristo sin demora.  Póngase a cuentas con Él.  No se avergüence de rogarle.  Vuélvase uno de los amigos de Cristo este año y usted, un día, dirá que fue el año más feliz que nunca haya tenido.

3. Si usted es uno de los amigos de Cristo, lo exhorto a ser un hombre agradecido.   ¡Despierte a un sentido más profundo de la infinita misericordia de tener un Salvador todopoderoso, un título al cielo, un hogar que es eterno, un Amigo que nunca morirá!  Unos pocos años más y todas las reuniones familiares cesarán.   ¡Qué reconfortante pensar que tenemos en Cristo algo que nunca podemos perder!

Despierte a un sentido más profundo del lamentable estado de aquellos que están “sin Cristo”.   Frecuentemente se nos recuerda de aquellos que están sin alimentos, ropa, escuela o iglesia.  Compadezcámonos de ellos, ayudémoslos en la medida en que podamos.  No obstante nunca olvidemos que hay personas cuyo estado es aún más lamentable.  ¿Quiénes son?  ¡La gente “sin Cristo”!

¿Tenemos parientes sin Cristo?  Compadezcámonos de ellos, oremos por ellos, hablemos al Rey de ellos,  esfuércese en evangelizarlos.   No dejemos ninguna piedra sin remover en su esfuerzo por traerlos a Cristo.

¿Tenemos vecinos que están sin Cristo?  Trabajemos cada día para salvar sus almas.  La noche vendrá cuando nadie podrá trabajar.   Feliz es aquel que vive bajo la permanente convicción de que estar en Cristo es paz, seguridad, felicidad y que estar “sin Cristo” es estar en peligro de destrucción.

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