8 palabras que resumen el Evangelio (1) – D. A. Carson

Fuente: En linea con el Evangelio

El Evangelio de Jesucristo (1 Corintios 15.1-19)

Muchos han comentado el hecho de que la iglesia en el mundo occidental está teniendo a través del tiempo una notable fragmentación. Esta fragmentación se extiende a nuestro entendimiento del evangelio. Para algunos cristianos “el evangelio” es un sistema estrecho de enseñanzas acerca de Jesús y su muerte y resurrección el cual, creído correctamente, pone a la gente dentro del reino. Después de todo, el discipulado real y la transformación personal comienza, pero nada de esto está integralmente relacionado al “evangelio”. Esto está muy lejos del énfasis dominante del Nuevo Testamento que entiende el “evangelio” para ser abrazado en una categoría que se mantiene junto a una gran parte de la Biblia, y toma a los cristianos de la perdición y alienación de Dios en el camino a través de la conversión y discipulado hacia la consumación, esto es, a la resurrección de los cuerpos, y a los nuevos cielos y la nueva tierra.

Otras voces identifican el evangelio con el primero y segundo mandamientos—los mandamientos de amar a Dios con todo el corazón y el alma y la mente y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Estos mandamientos son tan centrales que Jesús mismo insiste que todos los profetas y la ley dependen de ellos (Mateo 22.34-40— pero enfáticamente ellos no son el evangelio.

Una tercera opción hoy es tratar la enseñanza ética de Jesús encontrada en los Evangelios como el evangelio- y aún, la enseñanza ética de Jesús que se sustrae del relato de la pasión y la resurrección que encontramos en cada Evangelio. Esta aproximación depende de dos errores desastrosos. Primero, esta pasa por alto el hecho de que en el primer siglo no había “Evangelio de Mateo”, “Evangelio de Marcos”, ni los otros dos. Nuestros cuatro evangelios fueron llamados, respectivamente, “El Evangelio según Mateo”, “El Evangelio según Marcos”, etc. En otras palabras, había solo un evangelio, el evangelio de Jesús.

Cristo, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Este único evangelio, este mensaje de noticias que eran al mismo tiempo amenazadoras y prometedoras, acerca de la venida de Jesús el Mesías, el largamente esperado Rey, incluyó algo acerca de sus orígenes, el ministerio de su precursor, su breve ministerio de enseñanza y transformaciones milagrosas, hasta el punto central de su muerte y resurrección. Estos elementos no son perlas independientes de un collar que constituyen la vida y los tiempos de Jesús el Mesías. En lugar de esto, son elementos firmemente unidos. Los relatos de las enseñanzas de Jesús no pueden ser correctamente entendidos a menos que discernamos como ellos fluyen y señalan la muerte y la resurrección de Jesús. Todas estas cosas juntas es el único evangelio de Jesucristo, el cual los Evangelios del canon son testigos. Estudiar las enseñanzas de Jesús sin simultáneamente reflexionar en su pasión y resurrección es tan malo como evaluar la vida y los tiempos de George Washington sin reflexionar en la Revolución Americana, o evaluar el libro “MI lucha” de Hitler sin pensar en lo que hizo y como murió.

Segundo, pronto veremos que enfocar en la enseñanza de Jesús mientras ponemos la cruz en el perímetro, reduce las gloriosas buenas noticias en una mera religión, el gozo del perdón en una conformidad meramente ética, y los más altos motivos para la obediencia a un mero deber.  El precio es catastrófico.

Quizás todavía es más común la tendencia de asumir que entendemos el evangelio, cualquiera que este sea, mientras que dedicamos la energía creativa y la pasión a otros asuntos—matrimonio, felicidad, prosperidad, evangelismo, los pobres, lucha contra el catolicismo, lucha contra las presiones de la secularización, bioética, política de izquierda y de derecha—la lista es infinita. Esto pasa por alto el hecho de que nuestros oyentes inevitablemente son atraídos hacia aquello de lo que somos más apasionados. Cada maestro sabe esto.

Mis estudiantes probablemente poco aprenden de todo lo que les estoy enseñando, pero ellos probablemente aprenden de lo que yo estoy más apasionado. Si el evangelio se da por sentado solamente, mientras que asuntos de la periferia relativamente encienden nuestra pasión, estaremos entrenando una nueva generación a minimizar el evangelio y a enfocar su celo en la periferia. Es fácil sonar profético desde los márgenes, lo que es urgentemente necesario es ser profético desde el centro. Lo que es de temer, en las palabras famosas de W.B. Yeats en “La Segunda Venida” es que el “centro no se sostiene”. Sin embargo, si de hecho nos enfocamos en el evangelio, pronto veremos que este evangelio, entendido correctamente, nos dirige a como pensar y qué hacer respecto de una colección sustancial de otros asuntos. Estos asuntos, si son analizados en sí mismos, tan importantes como son, permanecen relativamente en la periferia, irónicamente, si el evangelio en si mismo es profundamente pesado y permanece en el centro de nuestro pensamiento y de la práctica de vida, este poderosamente dirige y lucha con todos los otros asuntos.

Hay muchos textos bíblicos y temas que podríamos explorar de manera útil para pensar más claramente acerca del evangelio. Pero nuestro propósito se enfocará principalmente en 1 Cor. 15.1-19.

Trataré de juntar las cosas para claramente enfocarnos en ocho palabras que lo resumen (seis de las cuales fueron sugeridas por John Stott), cinco claras declaraciones y un resumen evocador.

A. Ocho palabras que resumen el evangelio:

Lo que Pablo va a hablar en estos versículos, dice él, es “el evangelio”. “Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué” (v. 1) “Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué.” (v. 2).

En verdad, lo que Pablo les ha pasado a ellos fue “de primera importancia”—una manera poderosa de decir a sus lectores a poner atención, porque lo que él les va a decir es acerca de poner el evangelio en el mero centro. Luego de las observaciones preliminares la primera palabra que aparece en el resumen de Pablo es “Cristo”. “Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados” y sigue adelante. Esto me lleva a la primera de mis ocho palabras que resumen el evangelio.

Si te ha sido útil esta entrada, compártela

Publicaciones relacionadas

1 Comentario

Responder

13 + cinco =