Santidad: 14. La Iglesia que Cristo edifica – J. C. Ryle

1. Introducción

2. Pecado

3. Santificación

4. Santidad

5. La batalla

6. El costo

7. Crecimiento

8. Certeza

9. Moisés

10. Lot

11. Una mujer para recordar

12. El gran trofeo de Cristo

13. El Soberano de las olas

Traducido por Erika Escobar

 “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18).

¿Pertenecemos a la Iglesia que está edificada sobre una roca?  ¿Somos miembros de la única Iglesia en la que nuestras almas pueden ser salvadas?   Estas son preguntas serias.  Merecen seria consideración.   Solicito la atención de todos aquellos que lean este mensaje mientras trato de mostrarles una Iglesia única, verdadera, santa y católica para guiar los pies de los hombres hacia el único seguro redil.  ¿Qué es esta Iglesia?  ¿A qué se parece?  ¿Cuáles son sus marcas?  ¿Dónde se encuentra?   Sobre todos estos puntos tengo algo que decir.   Voy a despejar las palabras de nuestro Señor Jesucristo que encabezan esta página.  Él declara:  “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

Consideremos esto con más detalle:

1.  Primeramente, el texto menciona  un “edificio”.   El Señor Jesucristo habla de “Mi Iglesia”.

¿Y qué es esta Iglesia?   Pocas preguntas pueden formularse que tengan más importancia que ésta.   Por la falta de atención apropiada a este tema, los errores que se han deslizado al mundo no son ni pocos ni pequeños.

La Iglesia de nuestro texto no un edificio tangible.  No es el templo hecho con madera o ladrillos o piedras o mármol.   Es una empresa compuesta por hombres y mujeres.   No es una Iglesia visible particular en la tierra.  No es la iglesia del este o el oeste.  No es la iglesia de Inglaterra o de Escocia.  Y por sobre todo, ciertamente no es la iglesia de Roma.  La Iglesia de nuestro texto es aquella que hace bastante menos aspavientos que cualquier otra iglesia a los ojos del hombre pero es la de mucha más importancia a los ojos de Dios.

La Iglesia de nuestro texto está compuesta por todos los verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo,  por todos aquellos que son realmente santos y personas convertidas.  Comprende a todos aquellos que se han arrepentido de pecado y han ido a Cristo por fe y han sido hechos nuevas criaturas por Él.   Comprende a todos los elegidos de Dios, todos los que han recibido la gracia de Dios, todos los que han sido lavados con la sangre de Cristo, todos los que se han vestido con la justicia de Dios, todos los que han nacido de nuevo y han sido santificados con el Espíritu de Cristo.  Todos ellos, de cualquier nombre y clase y nación, raza y lengua son miembros de la Iglesia que menciona nuestro texto.   Esta es el cuerpo de Cristo.   Esta es el rebaño de Cristo.  Es la novia.  Es la esposa del Cordero.  Esta es la “Santa Iglesia Católica y Apostólica” del Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno

.  Esta es la compañía “bendita del pueblo fiel” de la que se habla en el servicio de comunión de la Iglesia de Inglaterra.  Esta es la “Iglesia sobre la roca”.

Los miembros de esta Iglesia no adoran a Dios de la misma manera o usan la misma forma de gobierno.  Algunas de ellas son dirigidas por obispos y alguna por los ancianos.   Algunas usan un libro de oración cuando se encuentran en cultos públicos de adoración  y otras no usan ninguno.   El artículo 34 de la Iglesia de Inglaterra de manera más sabia declara: “No es necesario que las ceremonias deban  ser iguales en todos los lugares”.  Sin embargo los miembros de esta Iglesia vienen al único trono de gracia.  Todos adoran con un mismo corazón.  Todos son dirigidos por un mismo Espíritu. Todos son real y verdaderamente santos.  Todos pueden decir “Aleluya” y todos pueden responder “Amén”.

Esta es la Iglesia de la cual todas las Iglesias visibles de la tierra deben siervos y siervas. Sean éstas Episcopales, Independientes o Presbiterianas, todas sirven a los intereses de la única verdadera Iglesia.   Ellas son el andamiaje detrás del cual el gran edificio permanece.   Ellas son la cascarilla bajo la cual el grano crece.  Tienen diversos grados de utilidad.  La mejor y la peor de ellas es la que entrena a los mejores miembros de la Iglesia verdadera de Cristo.   Sin embargo, ninguna Iglesia visible tiene derecho alguno de decir: “Somos la única Iglesia verdadera.  Somos los escogidos y la sabiduría morirá con nosotros”.  Ninguna Iglesia visible podría alguna vez atreverse a decir: “Permaneceremos para siempre.  Las puertas del infierno no prevalecerán contra mí”.

Esta es la Iglesia a la cual pertenecen las promesas misericordiosas de preservación, continuidad, protección y gloria final entregada por nuestro Señor.  Hooker dice: “Lo que quiera que sea que leamos en las Escrituras relacionado con el amor infinito y la bondad salvadora que Dios muestra a Sus Iglesias, el único tema apropiado contenido en ella es esta Iglesia, a la cual denominamos muy apropiadamente el cuerpo místico de Cristo”. Tan pequeña y despreciada como la verdadera Iglesia puede ser en este mundo, ella es preciosa y honorable a los ojos de Dios.  El templo de Salomón en toda su gloria era insignificante y despreciable en comparación con la Iglesia que ha sido construida sobre una roca.

Confío que las cosas que he estado diciendo calarán profundo en las mentes de todos aquellos que leen este mensaje.  Cuide tener una doctrina sólida sobre el tema de “la Iglesia”.  Una falta en esto puede conducir a errores peligrosos y a la ruina del alma.  La Iglesia está compuesta de verdaderos creyentes, es la Iglesia sobre la cual a nosotros –quienes somos ministros- se nos ordena especialmente a predicar.   La Iglesia que comprende a todos los que se arrepienten y creen en el Evangelio, es la Iglesia a la cual deseamos usted pertenezca.  Nuestro trabajo no estará hecho y nuestros corazones no estarán satisfechos hasta que usted sea hecho una nueva criatura y sea un miembro de la única verdadera Iglesia. Fuera de la Iglesia que no “está construida sobre la roca” no puede haber Salvación alguna.

2.     Nuestro texto no sólo considera un mero edificio sino un Constructor.   El Señor Jesucristo declara: “Construiré Mi Iglesia”.  La verdadera Iglesia de Cristo es tiernamente cuidada por las tres Personas de la bendita Trinidad.  En el plan de salvación revelado en la Biblia, fuera de toda duda, Dios el Padre escoge, Dios el Hijo redime y Dios el Espíritu Santo santifica a cada miembro del cuerpo místico de Cristo.  Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios, cooperan para la salvación de cada alma salvada.  Esto es una verdad que nunca debe olvidarse.   No obstante, hay un sentido peculiar en el cual la ayuda de la Iglesia descansa en el Señor Jesucristo.  Él es peculiar y preeminentemente el Redentor y Salvador de la Iglesia.  Por lo tanto, es lo que encontramos cuando Él dice en nuestro texto “Yo construiré –el trabajo de construir es Mi labor especial”.

Es Cristo quien llama a los miembros de la Iglesia en el momento correcto.  Ellos son “los llamados de Jesucristo” (Rom. 1:6).  Es Cristo quien los apura.  “El hijo apura a quien Él quiere” (Jn. 5:21).  Es Cristo quien lava sus pecados.  Él “nos ha amado, y ha lavado nuestros pecados con Su propia sangre (Apo. 1:5).  Es Cristo quien les da paz.  “Mi paz les dejo, Mi paz les doy” (Jn. 14:27).   Es Cristo quien les da vida eterna.  “Yo les doy vida eterna y no perecerán (Jn. 10:28).  Es Cristo quien les otorga arrepentimiento.  “Aquel que Dios ha exaltado… para ser un Príncipe y Salvador para dar arrepentimiento (Hech 5:31).  Es Cristo quien los habilita a ser Hijos de Dios.  “A todos los que lo recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Jn. 1:12).  Es Cristo quien desarrolla el trabajo dentro de ellos desde el comienzo.  “Porque Yo vivo, ustedes vivirán también” (Jn. 14:19).  En breve, ha “complacido al Padre que en Cristo habitase toda plenitud” (Col. 1:19).  Él es el Autor y Acabador de la fe.  Él es la vida.  Él es la cabeza.  De Él cada articulación y miembro del cuerpo místico de cristiano se alimenta.  A través de Él, ellos son fortalecidos para la tarea.  Por Él son guardados de caer.  Él los preservará hasta el fin, y los presentará sin mancha ante el trono del Padre con un gozo rebosante.  Él es todas las cosas en todos los creyentes.

El poderoso agente por el cual el Señor Jesucristo desarrolla este trabajo en los miembros de Su Iglesia es, sin duda, el Espíritu Santo.  Él es quien solicita  a Cristo y Sus beneficios para el alma.  Él es quien está siempre renovando, despertando, convenciendo, llevándonos a la cruz, transformándonos, sacando fuera del mundo piedra tras piedra y agregándolas al edificio místico.  No obstante el supremo Constructor, que ha tomado la ejecución del trabajo de la redención hasta culminarlo, es el Hijo de Dios, la “Palabra que se hizo carne”.  Es Jesucristo quien “construye”.

En la construcción de la verdadera Iglesia, el Señor Jesús condesciende a usar muchos instrumentos subordinados.  El ministerio del evangelio, la circulación de las Escrituras, la reprimenda amistosa, la palabra dicha a tiempo, la influencia de las aflicciones –todo, todo son los medios e instrumentos a través de los cuales Su labor es ejecutada, y el Espíritu entrega vida a las almas.  Cristo es el gran Arquitecto superintendente, ordenando, guiando, dirigiendo que todo sea hecho.  Pablo puede plantar y Apolos regar no obstante es Dios quien entrega el crecimiento (1 Cor. 3:6).  Los ministros pueden predicar, los escritores, escribir pero es el Señor Jesucristo quien solamente puede construir.  Y a menos que Él edifique, el trabajo no avanza.

¡Grande es la sabiduría con la que el Señor Jesucristo construye Su Iglesia!  Todo es hecho en el momento correcto y en la forma correcta.  Cada piedra en su forma es puesta en su correcto lugar.  Algunas veces Él escoge piedras grandes y otras Él escoge piedras pequeñas.  Algunas veces el trabajo es rápido y otras, lento.  El hombre se impacienta frecuentemente y piensa que nada se hace, pero el tiempo del hombre no es el tiempo de Dios.  Mil años a Sus ojos son sólo como un día.  El gran Constructor no comete errores. Él sabe lo que está haciendo.  Él ve el fin desde el comienzo.  Él trabaja con un plan perfecto, inalterable y seguro.   Las ideas más poderosas de los arquitectos, como Miguel Angel y Wren, son tan solamente insignificantes y juego de niño en comparación con los consejos sabios de Cristo respecto de Su Iglesia.

¡Grandes son la condescendencia y la misericordia que Cristo muestra al construir Su iglesia!  A menudo Él escoge las piedras menos apropiadas y más ásperas y las acomoda en el más excelso trabajo.  No desprecia ninguna, no rechaza a ninguna por sus pecados pasados y transgresiones.  Él a menudo hace que fariseos y publicanos sean los pilares de Su casa.  Él se deleita en mostrar misericordia.  A menudo, Él toma a los más irreflexivos  e impíos y los transforma en ángulos pulidos de Su templo espiritual.

¡Grande es el poder que Cristo despliega en construir Su Iglesia!  El efectúa Su trabajo a pesar de la oposición del mundo, la carne y el demonio.  En tormenta, en tempestad, en tiempo de problemas, silenciosamente, quietamente, sin ruido, sin remoción, sin excitación, la construcción progresa, como el templo de Salomón.  “Lo que Yo hago,  El declara, ¿quién lo estorbará?”  (Isa. 43:13).

Los hijos de este mundo tienen poco o ningún interés en la construcción de esta Iglesia.  No se preocupan en absoluto de la conversión de las almas.  ¿Qué son para ellos espíritus quebrantados y corazones penitentes?  ¿Qué es para ellos la convicción de pecado, o fe en el Señor Jesús?   A sus ojos todo es “tontería”.   Sin embargo, mientras los hijos de este mundo no se preocupan en absoluto, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios.  Por la preservación de la verdadera Iglesia, las leyes de la naturaleza algunas veces se suspenden.  Por el bien de esa Iglesia, todos los manejos providenciales de Dios en este mundo se ordenan y arreglan.  Por el bien de los electos, las guerras llegan a su fin y la paz es dada a la nación.  Hombres de estados, regidores, emperadores, reyes, presidentes, cabezas de gobierno tienen sus esquemas y planes que piensan son de gran importancia.  Pero hay otro trabajo que se desarrolla para un momento infinitamente mayor, en el cual ellos sólo son las “hachas y sierras” en las manos de Dios (Isa. 10:15).  Ese trabajo es la erección del templo espiritual de Cristo, la reunión de las rocas vivas en la única y verdadera Iglesia.

Debiéramos sentirnos profundamente agradecidos porque la construcción de la verdadera Iglesia descansa sobre los hombros del Único que es poderoso.  Si el trabajo dependiera del hombre, pronto se paralizaría.  ¡Pero, bendito sea Dios, el trabajo está en las manos de un Constructor que nunca falla en cumplir Sus diseños!  Cristo es el Constructor todopoderoso.  El ejecutará Su trabajo, aunque las naciones y las Iglesias visibles no conozcan su deber.  Cristo no fallará.  Aquello a lo que El se ha comprometido, El por cierto hará.

3. El Señor Jesucristo nos dice;  “Sobre esta roca edificaré Mi Iglesia”.  Este es el cimiento sobre el cual la Iglesia se construye.   ¿Qué quiso decir el Señor Jesucristo cuando habló de este cimiento?  ¿Se refirió al apóstol Pedro a quién El estaba hablando?  Con seguridad siento que no.  No puedo ver ninguna razón, si se refería a Pedro, por la que El no dice “Sobre ti construiré Mi Iglesia”.  Si se hubiera referido a Pedro seguramente habría dicho: “Construiré Mi Iglesia sobre ti”,  de la misma forma en que tan simplemente dijo. “Te daré las llaves”.  ¡No, no era la persona del apóstol Pedro sino la buena confesión que él había recién hecho!  No era Pedro, el hombre inestable y errático sino la poderosa verdad que el Padre le había revelado a él.  Era la verdad concerniente a Jesucristo Mismo la que era la roca.  Era la mediación de Cristo y la misión mesiánica de Cristo.  Era la verdad bendita que Jesús era el Salvador prometido, la verdadera Certeza, el verdadero Intercesor entre Dios y el hombre.  Esta era la roca y ese el cimiento sobre los cuales la Iglesia de Cristo iba a construirse.

El cimiento de la verdadera Iglesia descansaba en un costo tremendo.  Era necesario que el Hijo de Dios tomara nuestra naturaleza sobre Él, y en esa naturaleza viviera, sufriera y muriera no por Sus propios pecados sino por los nuestros.  Era necesario que en esa naturaleza Cristo fuera a la tumba y se le levantara.  Era necesario que en esa naturaleza Cristo fuera al cielo, se sentara a la mano derecha de Dios, habiendo obtenido la eterna redención de Su pueblo.  Ningún otro cimiento podría haber cumplido las necesidades de pérdida, culpa, corrupción, debilidad e indefensión de los pecadores.

Este cimiento, una vez logrado, es muy fuerte.   Puede soportar el peso de los pecados de todo el mundo.  Ha soportado el peso de todos los pecados de todos los creyentes que se han cimentado en él.  Pecados de pensamiento, pecados de imaginación, pecados del corazón, pecados de la cabeza, pecados que todos han visto y pecados que ningún hombre sabe, pecados contra Dios, pecados contra el hombre, pecados de toda clase y descripción –cuyo peso la roca puede soportar sin ceder.    El oficio mediador de Cristo es un remedio suficiente para todos los pecados de este mundo.

A este único cimiento cada miembro de la Iglesia verdadera de Cristo se une.  En muchas formas los creyentes se desunen y están en desacuerdo. No obstante, en el tema del cimiento de su alma todos están de acuerdo; ya sea que sean Episcopales o Presbiterianos, Bautistas o Metodistas, todos los creyentes tienen este punto en común.  Están cimentados sobre la roca.  Pregúnteles de dónde obtienen su paz, su esperanza y su expectativa gozosa por las cosas que vendrán.   Usted encontrará que todos fluyen de una única fuente poderosa:  Cristo el Mediador entre Dios y el hombre y del oficio que Cristo sustenta como Sumo Sacerdote y  Garante de los pecadores.

Mire su cimiento si desea saber si es o no un miembro de la única verdadera Iglesia.  Este es un punto que usted debe saber por usted mismo.   Nosotros podemos ver su adoración  pública pero no si usted está fundado personalmente en la roca;  podemos ver su participación en la mesa del Señor pero no ver si usted está unido a Cristo, es uno con Cristo y Cristo uno con usted.  Tenga cuidado de no estar equivocado sobre su salvación personal.  Vea que su propia alma esté fundada sobre la roca.  Sin esto, todo lo demás es nada.   Sin esto, usted nunca se parará en el día del juicio.  ¡Miles de veces mejor en ese día es estar fundado en una humilde casa  “sobre la roca” que un palacio sobre la arena!

4. En cuarto lugar, procedo a hablar de las pruebas implícitas de la Iglesia a la cual este texto se refiere.    Se hace mención a las “puertas del infierno”.   Por esa expresión se supone que debemos entender el poder del príncipe del infierno, incluso el demonio (Compare Sal 9:13; 107:18; Isa. 38:10).

La historia de la verdadera Iglesia de Cristo siempre ha sido un punto de conflicto y pugna.  Ha sido constantemente atacada por un enemigo mortal, Satanás, el príncipe de este mundo.  El demonio detesta a la verdadera Iglesia de Cristo con odio imperecedero.  Está siempre agitando la oposición contra todos sus miembros.  Está siempre incitando a los hijos de este mundo a hacer su voluntad, a dañar y a hostigar al pueblo de Dios.  Si él no puede herir la cabeza, herirá el talón.  Si él no puede robar a los creyentes del cielo, él los irritará en el camino a éste.

La batalla con los poderes del infierno ha sido la experiencia del cuerpo completo de Cristo por  seis mil años.  Siempre ha sido la zarza ardiente, aunque no consumida, una mujer huyendo en el desierto, pero nunca tragada (Ex. 3:2, Apo. 12:6, 16).  Las Iglesias visibles tienen sus tiempos de prosperidad y de paz pero nunca ha habido un tiempo de paz para la verdadera Iglesia.  Su conflicto es perpetuo.  Su batalla nunca termina.

La batalla con los poderes del infierno es la experiencia de cada miembro individual de la verdadera Iglesia.  Cada uno tiene que pelear.   ¿Qué son las vidas de todos los santos sino el recuento  de sus batallas?  ¿Qué  fueron hombres como Pablo y Santiago y Pedro y Juan y Policarpo y Crisóstomo y Agustín y Lutero y Calvino y Latimer y Baxter sino soldados comprometidos en una constante batalla?    Algunas veces es el pueblo de santos el que ha sido atacado y en otras sus posesiones.  Algunos han sido calumniados y vilipendiados y otras veces perseguidos abiertamente.   Sin embargo, en una forma u otra, el demonio ha estado continuamente guerreando contra la Iglesia.   Las “puertas del infierno” han estado continuamente agrediendo al pueblo de Cristo.

Nosotros, quienes que predicamos el Evangelio, podemos declarar a todos aquellos que vienen a Cristo las preciosas y grandísimas promesas Suyas” (2 Ped 1:4).  Podemos ofrecerle abiertamente, en nombre de nuestro Maestro, la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento.  Misericordia, gracia gratis y salvación plena son ofrecidas a todos quienes vengan a Cristo y creen en Él.   No obstante, no prometemos la paz con el mundo o con el demonio.  Advertimos, por el contrario, que habrá batalla en tanto estén en el cuerpo.  No le contendríamos o disuadiríamos de servir a Cristo pero si les haríamos “considerar el costo” y meditar lo que conlleva servirlo a Él (Luc. 14:28).

a.  No se sorprenda de la enemistad de las puertas del infierno.  “Si usted fuera del mundo, el mundo amaría a los suyos” (Jn. 15:19).  En tanto que el mundo es el mundo, y el demonio es el demonio, existirá esta batalla y los creyentes en Cristo deben ser soldados en ella.  El mundo despreció a Cristo y despreciará a los verdaderos cristianos mientras exista la tierra.   Como el gran reformador Lutero dijo “Caín continuará asesinando a Abel mientras la Iglesia esté sobre la tierra”.

 

b.  Esté preparado para enfrentar la enemistad de las puertas del infierno.  Vista la armadura completa de Dios.   La torre de David contiene miles de escudos todos ellos dispuestos para el uso del pueblo de Dios.  Las armas de nuestra batalla han sido probadas por millones de pobres pecadores como nosotros mismos y nunca han fallado.

 

c.  Sea paciente con la enemistad de las puertas del infierno.   Todo el conjunto trabaja a su favor.   Lo lleva a la santificación, lo mantiene despierto, lo hace humilde, lo conduce más cerca del Señor Jesucristo, lo desarraiga del mundo; lo ayuda a orar más.  Por sobre todo, lo hará añorar el cielo.  Le enseñará a decir tanto con el corazón como con los labios:  “Ven, Señor Jesús.  Venga Tu reino”.

 

d. Que la enemistad del infierno no lo desanime.  La batalla de un verdadero hijo de Dios es tanto la marca de gracia como de la paz interna que disfruta.  ¡Ninguna cruz, ninguna corona!  ¡Ningún conflicto, ninguna cristianidad salvadora! “Benditos son”, dijo nuestro Señor Jesucristo, “cuando por mi causa los hombres los vituperen, los persigan y digan toda clase de mal contra ustedes, mintiendo”.  Si usted nunca es perseguido por causa de la religión y los hombres hablan bien de usted, usted bien puede dudar si pertenece o no a la “Iglesia sobre la roca” (Mat. 5:11, Luc 6:26).

 

5. Hay una cosa más que considerar:  la Seguridad de la verdadera Iglesia de Cristo.  Hay una promesa gloriosa del Constructor:  “Las puertas del infierno no prevalecerán”.

Él, quien no miente, ha comprometido Su palabra que todos los poderes del infierno nunca derrocarán a Su Iglesia.  Continuará y permanecerá a pesar de cada asalto.  Nunca será sobrepasada.   Todas las otras cosas creadas se extinguirán y morirán pero no la Iglesia que está construida sobre la roca.

Imperios se han elevado y caído en rápida sucesión.  Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Tiro, Cartago, Roma, Grecia, Venecia –  ¿Dónde están todos esos ahora?   Ellos eran la creación de la mano del hombre y se han ido.   No obstante la verdadera Iglesia de Cristo vive.

Las más ponderosas ciudades se han convertido en ruinas.  Las anchas paredes de Babilonia se han derrumbado.  Los palacios de Nínive están cubiertos con montones de polvo. Las cientos de puertas de Tebas son sólo historia.  Tiro es un lugar donde los pescadores ponen sus redes.  Cartago está desolada.  Y aún, todo este tiempo, la verdadera Iglesia permanece.  Las puertas del infierno no prevalecen contra ella.

En muchos casos las primeras Iglesias visible han decaído y perecido.  ¿Dónde está la Iglesia de Éfeso y la Iglesia de Antioquía?  ¿Dónde está la Iglesia de Alejandría y la Iglesia de Constantinopla?  ¿Dónde están las Iglesias de Corintos, de Filipos, de Tesalónica? Se apartaron de la Palabra de Dios.   Estaban orgullosos de sus obispos y sínodos y ceremonias y aprendizaje y antigüedad.  No se gloriaron en la verdadera cruz de Cristo.  No se asieron firmemente al evangelio.  No le dieron al Señor Jesús Su oficio legítimo o a la fe su legítimo lugar.  Están entre las cosas que fueron.  Sus candeleros les fueron quitados.  Sin embargo, todo este tiempo la verdadera Iglesia ha permanecido.

¿Ha sido la verdadera Iglesia oprimida en un país?   Se ha mudado a otro.  ¿Ha sido pisoteada y oprimida en alguna tierra?  Ha tomado sus raíces y florecido en algún otro clima.  Fuego, espada, prisión, multas, castigos nunca han sido capaces de destruir su vitalidad.   Sus perseguidores han muerto e ido a su propio lugar, sin embargo la Palabra de Dios ha vivido, ha crecido y se ha multiplicado.   Tan débil como la verdadera Iglesia puede aparecer a los ojos del hombre, es un yunque que ha roto muchos martillos en los tiempos idos y quizá quebrará muchos más antes del final.  “Aquel que pone sus manos sobre ella está tocando la niña de Su ojo (Zac 2:8).

La promesa de nuestro texto es exactamente todo el cuerpo de la verdadera Iglesia.  Cristo nunca estará sin un testigo en el mundo.   Él ha tenido un pueblo en los peores momentos.  Tuvo a siete mil en Israel aún en los días de Acab.  Hay algunos ahora, según creo, en oscuros lugares de las Iglesias Roma y Grecia que, a pesar de su mucha debilidad, están sirviendo a Cristo.   El demonio puede enfurecerse horriblemente.  La Iglesia en algunos países puede reducir sus miembros drásticamente pero las puertas del infierno nunca “prevalecerán” enteramente.

La promesa de nuestro texto es exactamente cada miembro individual de la Iglesia.  Algunos del pueblo del Dios han sido tan aplastados y perturbados que han perdido su seguridad.  Algunos han caído tristemente, como David y Pedro lo hicieron.  Algunos han abandonado la fe por un tiempo, como Cranmer y Jewell.  Muchos han sido probados por dudas crueles y temores.  Sin embargo, al final todos están en el hogar seguro, los más jóvenes como también los más ancianos, los más débiles como también los más fuertes.  Y así será hasta el fin.   ¿Puede impedir que el sol de mañana alumbre?  ¿Puede impedir el flujo y reflujo de la marea del Canal de Bristol?  ¿Puede impedir que los planetas continúen en sus respectivas órbitas?  Entonces, sólo entonces, usted puede impedir la salvación de cualquier creyente,  por débil que sea, la seguridad final de cada piedra viviente en esa Iglesia que está construida sobre la roca, por pequeña e insignificante que esa piedra parezca.

La verdadera Iglesia es el cuerpo de Cristo. Ni tan siquiera un hueso de ese cuerpo místico puede ser quebrado.  La verdadera Iglesia es la novia de Cristo.   Aquellos que Dios ha reunido en su pacto eterno nunca serán partidos en dos.  La verdadera Iglesia es el rebaño de Cristo.  Cuando un león vino y tomó un cordero del rebaño de David, David se levantó y se lo quitó de sus fauces.  Cristo hará lo mismo.  Él es el hijo más grande de David.  Ni aún un cordero enfermo del rebaño de Cristo perecerá.  Él le dirá a Su Padre en el último día: “De aquellos que Tú me diste no he perdido ninguno” (Jn. 18:9).  La verdadera Iglesia es el trigo de la tierra.  Puede ser cernido, aventado, sacudido, lanzado de aquí para allá pero ni un grano se perderá. La cizaña y la paja arderán.  El trigo será acopiado en el granero.  La verdadera Iglesia es la armada de Cristo.   El Capitán de nuestra salvación no pierde a ninguno de Sus soldados.  Sus planes nunca son derrotados. Sus suministros nunca fallan.  Su lista de revisión es la misma del final como lo era en el comienzo.  De los hombres que marcharon galantemente fuera de Inglaterra hace unos pocos años atrás en la guerra de Crimea, ¡cuántos nunca volvieron!  Regimientos que avanzaron, fuertes y alegres, con bandas tocando y estandartes al aire, dejaron sus huesos en una tierra extranjera y nunca regresaron a su país natal.   Esto no es así para la armada de Cristo.  Ninguno de Sus soldados faltará al final.  El mismo declara: “Ellos nunca perecerán (Jn. 10:28).

El demonio puede encarcelar a algunos miembros de la verdadera Iglesia.  El puede matar y quemar y torturar y colgar, pero después que ha matado el cuerpo, no hay nada más que él pueda hacer.   No puede herir el alma.  Cuando las tropas francesas tomaron Roma hace unos pocos años atrás, ellos encontraron en las paredes de una celda de la prisión, bajo la Inquisición, las palabras de un prisionero.  Quién era no lo sabemos pero sus palabras son valiosas de recordar:  “Aunque muerto, Él aún habla”.  Había escrito en las paredes, muy probablemente poco después de un juicio injusto y aún una más injusta excomunión, las siguientes palabras asombrosas “Bendito Jesús, no me pueden arrojar de Tu verdadera Iglesia”.   ¡Este registro es verdad!  Ni todo el poder de Satanás puede arrojar fuera de la verdadera Iglesia de Cristo ni a un solo creyente.

Confío que ningún lector de este mensaje permitirá nunca que el temor lo inhiba de comenzar a servir a Cristo.  Aquel al que usted encomienda su alma tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, y Él lo guardará.   Nunca permitirá que usted se aleje.  Los parientes se pueden oponer, los vecinos se pueden mofar, el mundo puede difamarlo y ridiculizarlo y embromarlo y desdeñarlo.   ¡No tema! ¡No tema!  Los poderes del infierno nunca prevalecerán contra su alma.   Mayor es Aquel que está a favor suyo que todos los que están en su contra.

No tema por la Iglesia de Cristo cuando los ministros mueren y los santos son arrebatados.   Cristo puede mantener siempre Su propia causa.  Él levantará mejores sirvientes y estrellas más brillantes.  Las estrellas están todas en Su mano derecha.  Abandone los ansiosos pensamientos sobre el futuro.  Cese de estar deprimido por las medidas de los hombres de estado, o los complots de los lobos vestidos de oveja.   Cristo siempre proveerá a Su propia Iglesia.   Cristo cuidará que las “puertas del infierno no prevalezcan contra ella”.  Todo está desarrollándose bien aunque nuestros ojos no lo vean.  Los reinos de este mundo se volverán los reinos de nuestro Dios y de su Hijo Cristo.

Concluyo este mensaje con unas pocas palabras de aplicación práctica:

1.  Mi primera palabra de aplicación será una pregunta.  ¿Cuál será esa pregunta?  ¿Qué preguntaré?   Me devuelvo al punto con el que comencé.   Volveré a la primera oración con la que abrí este mensaje.  Le pregunto, si ustedes son miembros de la única y verdadera Iglesia de Cristo.  ¿Es usted, en el mayor y mejor sentido, un “hombre de iglesia” a los ojos de Dios?  Usted sabe lo que quiero decir.  Miro más allá de la Iglesia de Inglaterra.  No estoy hablando de una iglesia o una capilla.   Yo hablo de la “Iglesia construida sobre la roca”.   Le pregunto, con toda seriedad, ¿es usted miembro de esa Iglesia?   ¿Está usted unido al gran cimiento?  ¿Está usted sobre la roca?  ¿Ha recibido el Espíritu Santo?  ¿El Espíritu atestigua con su espíritu que usted es uno con Cristo y Cristo uno con usted?  Le ruego, en el nombre de Dios, poner su corazón en estas preguntas y pondérelas bien, si usted no es convertido, no pertenece aún a la Iglesia sobre la roca”.

Que cada lector de este mensaje tenga cuidado de sí mismo si no puede dar una respuesta satisfactoria a mi pregunta.  Tome cuidado, tome cuidado de que no haga un naufragio de su alma para toda la eternidad.  Tome cuidado para que al final las puertas del infierno no prevalezcan en contra suya, que el demonio lo reclame como suyo y usted esté perdido para siempre.  Tome cuidado, no sea que usted vaya al fondo del pozo de la tierra de las Biblias y de la luz plena del Evangelio de Cristo.  Tome cuidado, no sea que sea encontrado a la mano izquierda de Cristo al final, un episcopal o presbiteriano perdido, un bautista o un metodista perdido, perdidos porque con todo su celo por lo suyo propio y por su propia mesa de comunión usted nunca se unió a la verdadera Iglesia.

2. Mi segundo trabajo de aplicación será una invitación.  La dirijo a todo aquel que no es aún un verdadero creyente.  Le digo a usted, venga y únase a la única verdadera Iglesia sin tardar.  Venga y únase usted mismo al Señor Jesucristo en un pacto eterno que no será olvidado.

Considere bien lo que digo.  Le encargo seriamente no confundir el significado de mi invitación.  No le ofrezco abandonar la Iglesia visible a la cual usted pertenece.  Aborrezco todas las formas de idolatría y partidos.  Detesto un espíritu proselitista.  Lo que  le ofrezco es venir a Cristo y ser salvo.  El día de decidir debe venir alguna vez.  ¿Por qué no en esta hora?  ¿Por qué no hoy día, mientras sea hoy?  ¿Por qué no esta misma noche antes de que el sol se levante mañana en la mañana?  Venga a Él, quien murió por los pecadores en la cruz e invita a todos los pecadores a venir a Él por fe y ser salvos.  Venga a mi Maestro, Jesucristo.  Venga, le digo, porque todo está listo ahora.   La misericordia está lista para usted.  El cielo está listo para usted.  Los ángeles están listos para regocijarse por usted.  Cristo está listo para recibirlo.  Cristo lo recibirá gustosamente, le dará la bienvenida entre Sus hijos.  Venga al arca.   El flujo de la ira de Dios pronto vendrá sobre la tierra.  Venga dentro del arca y permanezca a salvo.

Venga al bote salvavidas de la única verdadera Iglesia.   ¡Este mundo pronto se romperá en pedazos!   ¡No escucha sus temblores!  El mundo es tan solo los restos de un naufragio sobre el banco de arena.  La noche se ha extinguido, las olas comienzan a elevarse, el viento se levanta, la tormenta pronto destrozará los restos.  Sin embargo un bote salvavidas ha sido lanzado, y nosotros, los ministros del evangelio, le rogamos venir a él y ser salvo.  Le rogamos levantarse de inmediato y venir a Cristo.

Usted pregunta:  ¿cómo puedo ir?  Mis pecados son demasiados, aún soy demasiado malvado.  No me atrevo a ir”.    ¡Aleje ese pensamiento!  Es tentación de Satanás.   Venga a Cristo como un pecador.   Venga tal y como está.   Oiga las palabras de ese hermoso himno:

 “Tal como soy, sin una súplica,

Sino esa Tu sangre vertida por mí

Y Tú me pides venir a Ti,

Oh Cordero de Dios, Yo voy”.

Esta es la forma de venir a Cristo.  Usted debe venir, no esperar por nada ni demorarse por nada.  Usted debe venir, como un pecador hambriento, para ser llenado; como un pobre pecador para ser enriquecido, como un pecador malo e indigno,  para ser vestido con rectitud.   Así como venga, Cristo lo recibirá.  “Aquel que viene” a Cristo, Él “no lo desechará”.  ¡Oh, venga, venga a Jesucristo!  Venga a la verdadera Iglesia por fe y sea salvo.

3.  Al final de todo, permítanme una palabra de exhortación a todos los creyentes en cuyas manos este mensaje puede caer.

Luche por vida una vida santa.  Camine digno en la Iglesia a la cual pertenece.  Vivan como ciudadanos del cielo.  Dejen que su luz brille delante de los hombres de forma tal que el mundo se pueda beneficiar con su conducta.  Deje a los otros saber quién es usted y a quien sirve.  Sean las epístolas de Cristo, conocidas y leídas por todos los hombres, escritas en letras tan claras que nadie pueda decir de usted “No sé si este hombre es o no un hombre de Dios”.  Aquel que no sabe nada de la santidad real y práctica no es miembro de la Iglesia sobre la roca.

Luche para vivir una vida de coraje.  Confiese a Cristo delante de los hombres.  Sin importar el cargo que ocupa, en ese cargo confiese a Cristo.  ¿Por qué debería avergonzarse de Él?  Él no se avergonzó de usted en la cruz.  Él está listo para confesarlo a usted ante Su Padre en los cielos.  ¿Por qué debería avergonzarse de Él?  Sea valiente.  Sea muy valiente.  El buen soldado no tiene vergüenza de su uniforme.  El verdadero creyente no debe nunca estar avergonzado de Cristo.

Luche por vivir una vida de gozo.   Viva como hombres que buscan la bendita esperanza – la segunda venida de Jesucristo.   Este es el prospecto que todos debiéramos buscar.  No es tanto el pensamiento de ir al cielo sino que el cielo venga a nosotros el que debiera llenar nuestras mentes.  “Se viene un buen tiempo” para el pueblo de Dios, un buen tiempo para todas las Iglesias de Cristo, un buen tiempo para todos los creyentes – un mal tiempo para los impenitentes e impíos pero un buen tiempo para los verdaderos cristianos.  Para ese buen tiempo, esperemos, observemos y oremos.

El andamiaje pronto caerá.  La última piedra pronto será sacada.  La piedra tope será puesta sobre el edificio.  Un poco tiempo más y la plena belleza de la Iglesia que Cristo está construyendo será vista claramente.

El gran Maestro Constructor vendrá pronto.   Un edificio será mostrado al mundo reunido, en el cual no habrá imperfección alguna.  El Salvador y los salvados se regocijarán juntos.  El universo entero reconocerá que en el edificio de la Iglesia de Cristo todo fue hecho bien.  “Benditos”, se dirá en ese día, como nunca antes fue dicho, “¡BENDITOS TODOS LOS QUE PERTENECEN A LA IGLESIA SOBRE LA ROCA!”

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3 Comentarios

  • Responder Abril 18, 2015

    Ismael Cartes

    Estimados hermanos, quería saber a que se debe a que J.C. Ryle se refiere a la iglesia como “Santa Iglesia Católica y Apostólica” ¿será por lo que esto significa? ¿O por otro en particular?

    Gracia y Paz

  • Responder Enero 28, 2016

    Albin Diaz

    Yo al igual que usted me impacto esa palabra : catolica, pero al seguir leyendo entendi que no se refiere a lo que nosotros conosemos por Iglesia catolica… si no mas bien a el significado de esa palabra…. que quiere decir UNIVERSAL… hablando pues no de un rotulo iglesia como institucion en si sino mas bien a el prupo de todo aquel que ha sido lavado con la sangre de Cristo y que vive “apartado” para el Señor… una sola iglesia Universal.

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