Pon el Evangelio en el centro de tus aspiraciones (2) – D. A. Carson

¿Cómo maneja esto Pablo? ¿Está él herido? Sin duda él ha tenido sentimientos como cualquier otro. Pero… él percibe que ya sea por predicadores como estos o por predicadores quienes se alinean ellos mismos con el apóstol, el evangelio se ha escapado. Y que esto es más importante que él mismo alcance un respeto universal en la iglesia. No solo él puede decir “¿Qué importa?” La cosa importante es que de cualquier manera, ya sea desde los falsos motivos o lo verdaderos, Cristo es predicado, y él puede añadir, “Por eso me alegro; es más, seguiré alegrándome” (1.18).

El ejemplo de Pablo es claro e impresionante: Pon el avance del evangelio en el centro de tus aspiraciones. Nuestra propia comodidad, nuestros sentimientos heridos, nuestra reputación, nuestros motivos malentendidos—todas estas cosas son insignificantes en comparación con el avance y el esplendor del evangelio. Como cristianos, somos llamados a poner el avance del evangelio en el mero centro de nuestras aspiraciones.

¿Cuáles son tus aspiraciones? ¿Ganar más dinero? ¿Casarte? ¿Viajar? ¿Ver crecer a tus nietos? ¿Encontrar un nuevo trabajo? ¿Retirarte pronto? Ninguna de estas cosas es inadmisible, ninguna es despreciable. La pregunta es si estas aspiraciones llegan a ser tan devoradoras que la aspiración central de un cristiano es expulsada a la periferia o ahogada completamente de la existencia.

En una buena cantidad de iglesias evangélicas hay una tendencia preocupante de enfocarse en la periferia. Mi colega el Dr. Paul Hiebert analizó que alguna vez una generación de Menonitas creyó el evangelio y lo agarró tan bien que entre los Menonitas hubo ciertas relaciones sociales, económicas y políticas. La siguiente generación asumió que tenía el evangelio, pero lo identificó con las relaciones sociales, económicas y políticas. La siguiente generación negó el evangelio: las “relaciones” lo llegaron a ser todo. Asumiendo esta clase de esquema para los evangélicos, uno sospecha que una gran franja del movimiento evangélico está colocado en la segunda etapa, yendo a la deriva hacia la tercera etapa.

Si preguntamos, ¿Qué es lo que te emociona en la fe cristiana? Hoy podemos ver un número ilimitado de cristianos quienes invierten grandes cantidades de tiempo y de energía en algún asunto o en otro: aborto, pornografía, escuela en casa, ordenación de las mujeres (a favor o en contra), justicia económica, cierto estilo de adoración, la defensa de una versión particular de la Biblia, y los países tiene una agenda llena de demandas urgentes y periferias. Ni por un momento estoy diciendo que no debemos pensar acerca de tales asuntos o darles poca importancia en su valor. Pero cuando tales asuntos devoran la mayoría de nuestro tiempo y pasión, cada uno de nosotros debemos preguntar: ¿En qué moda estoy confesando la centralidad del evangelio?

Esto tampoco es un ruego de un evangelio sin ramificaciones sociales. Correctamente recordamos que bajo Dios sus convertidos dirigieron la lucha por la abolición de la esclavitud, lucharon por reformar el código penal, hacer tratados de comercio, transformar prisiones, y liberar a los niños del trabajo en las minas. Toda la sociedad fue transformada debido a que hombres y mujeres convertidos vieron que la vida debe ser vivida bajo Dios y en una manera que la agrade a El. Pero virtualmente sin excepción estos hombres y mujeres pusieron primero al evangelio. Ellos se deleitaban en este, lo predicaron, apreciaron la Biblia leyendo y exponiendo que ésta estaba centrada en Cristo y centrada en el evangelio. Y desde esta base se movieron a sus agendas sociales. En resumen, ellos pusieron el evangelio primero, no menos que en sus propias aspiraciones. No por ver esta prioridad significa que no estamos más que a una generación de llegar a negar el evangelio.

Puede ser que Dios te ha llamado a ser un constructor de casas o un ingeniero o un químico o un excavador de zanjas. Puede ser que tú tendrás un rol significativo en el creciente campo de la bioética. Pero aunque el evangelio afecta directamente como cumplirás tus deberes en cada caso, ninguna de esas deben desplazar al evangelio que es central para cada cristiano que piensa. Tú debes poner el evangelio primero en tus aspiraciones. Entonces serás capaz de soportar la aflicción y la persecución y aun el mal entendimiento y las falsas declaraciones de otros cristianos. Tu podrás decir con Pablo, “quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio.” (Filipenses 1.12).

… Pon el avance del evangelio en el centro de tus aspiraciones.

 

Anteriores de la serie:

1. Primera parte

 

Fuente: En linea con el Evangelio

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