Pon el Evangelio en el centro de tus aspiraciones – D. A. Carson

 Y quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en el mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás; y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor.

Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad; éstos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio; aquéllos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones.

¿Entonces qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado; y en esto me regocijo, sí, y me regocijaré.

Filipenses 1.12-18

El desarrollo del argumento de Pablo es notable. Aparentemente algunos de sus críticos pensaron que Pablo había ido cuesta abajo por malamente haberse permitido asimismo ser arrestado… Uno podía imaginar fácilmente las razones de los críticos de Pablo. Pablo había apelado al Emperador, algo que le traería al cristianismo una mala reputación. Pablo está constantemente entrando de cabeza en cosas donde alguien más sabio y más calculador hubiera sido cauteloso. ¿Por qué él tuvo que ir a Jerusalén y de todas maneras haberse dejado asimismo ser arrestado?

Pero Pablo lo lamenta poco: “Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio.” (Filipenses 1.12). Esto es lo que le importa a Pablo: No su propia comodidad, sino el avance del evangelio. El ofrece dos razones en defensa de su juicio.

Primero, su arresto y prisión en Roma ha resultado en que la guardia Pretoriana haya escuchado que él ha sido arrestado por la causa de Cristo: “Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo.” (1.13). Debido a que una Guardia Pretoriana completa tenía un número cercanos a los novecientos soldados, muchos comentadores irónicamente protestan que novecientos soldados no pudieron haberse encargado de Pablo de modo que todos ellos pudieron haber escuchado personalmente su testimonio. Seguramente esta guardia debió haber sido un pequeño número de soldados que guardaron a Pablo. Pero la referencia a toda la guardia del palacio probablemente tiene una simple explicación… Pablo estaba demostrando ser un prisionero extraordinario, cuyas historias acerca de él comenzaron a circular alrededor del palacio—y no solo historias acerca de él, sino también de la historia del evangelio. Historia de la que Pablo insiste, es asombrosa. Ha habido un avance en la circulación del evangelio porque yo estoy en cadenas.

Hay una segunda razón de por qué Pablo insiste que su encarcelación ha sido para el avance del evangelio: “Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.” (1.14). Algunas veces un poco de persecución cambia de tímidos a valerosos cristianos. En 1950 cinco graduados de Wheaton College perdieron sus vidas en un intento de llevar el evangelio a los indios Aucas. Entre los excelentes resultados imprevistos fue el gran número de graduados quienes año tras año por las siguientes dos décadas sirvieron ellos mismos como misioneros. Debido a la muerte de los “cinco para los Aucas”, muchos fueron animados a hablar la palabra de Dios más valientemente y temerosamente.

Sin embargo, Pablo es realista. El reconoce que ninguna de las consecuencias de su encarcelamiento es de color de rosa en cada aspecto. “Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen con buenas intenciones. Estos últimos lo hacen por amor, pues saben que he sido puesto para la defensa del evangelio. Aquéllos predican a Cristo por ambición personal y no por motivos puros, creyendo que así van a aumentar las angustias que sufro en mi prisión. ¿Qué importa? Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo.” (1.15-18)

¿Quiénes son esos curiosos predicadores quienes “predican a Cristo” pero quienes lo hacen con los motivos más sorprendentes? Es importante reconocer que ellos no son herejes… Si lo hubieran sido, Pablo los hubiera expuesto como tales. Los predicadores a quienes Pablo hace referencia aquí… plantean el evangelio verdadero, pero que algunas veces lo hacen desde la más extraña mezcla de motivos. En este caso, la gente que Pablo tiene en mente son aquellos que deben ser entendidos en relación a lo que está detrás del v. 12. Ellos piensan que Pablo ha hecho daño a la causa cristiana por haber permitido arrestarse a si mismo. Probablemente ellos magnificaron su propio ministerio poniendo a Pablo en caída. Podemos imaginar sus pomposas reflexiones: “Es en verdad triste que tan gran hombre como Pablo haya malgastado sus oportunidades del evangelio simplemente por ser tan inflexible. Después de todo, yo y otros muchos logramos mantenernos activos y predicamos el evangelio. Uno debe asumir que Pablo tiene una falla profunda de su carácter que lo pone en el camino de los problemas. Mi ministerio sí está siendo bendecido, mientras que el de él languidece en la prisión.” Por tanto, entre más hablaban ellos, más sus propios caminos son justificados y más Pablo es hecho parecer necio.

Fuente: En línea con el Evangelio

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