Iglesias cristianas, ¡volvamos al evangelio! – Sugel Michelen

Tomando en cuenta las cosas que los ángeles han visto desde que fueron creados, y las que ven constantemente ante el trono de Dios, ¿acaso puede haber alguna cosa en este mundo que pueda ser sorprendente para ellos? La Biblia dice que sí. Noten lo que dice el apóstol Pedro en su primera carta:

“Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar” (1P. 1:10-12, LBLA).

Aunque los ángeles son perfectos, eso no significa que lo saben todo (comp. Ef. 3:10); y lo que ellos aprenden continuamente acerca de la gloria de Dios a través del contenido y avance del evangelio en el mundo es tan asombroso que Pedro nos dice, inspirado por el Espíritu Santo, que ellos se inclinan a mirarlo desde el cielo.

Lamentablemente, para muchos buenos cristianos el evangelio es una especie de trampolín desde el cual saltamos hacia la piscina de la vida cristiana y el cual podemos dejar atrás después de la conversión para sumergirnos en doctrinas más profundas. Pero como bien ha dicho alguien, el evangelio no es únicamente el trampolín, sino también la piscina misma en la cual debemos sumergirnos para poder avanzar en el proceso de santificación. Ningún creyente podrá crecer y madurar en su vida cristiana a menos que posea un entendimiento cada vez más claro del evangelio y se apropie cada día de ese evangelio por medio de la fe.

Jerry Bridges dice lo siguiente al respecto: “El Evangelio no sólo es el mensaje más importante de toda la historia, es el único mensaje indispensable de toda la historia. Aún así permitimos que miles de cristianos declarados vivan toda su vida sin entenderlo claramente y sin experimentar el gozo de vivir por él”.

Y más adelante añade: “Creo que parte del problema radica en nuestra tendencia a darle al no creyente apenas lo suficiente del Evangelio para que termine haciendo una oración para recibir a Cristo. Inmediatamente después ponemos el Evangelio en el armario, por así decirlo, y continuamos con los deberes del discipulado. En consecuencia, los cristianos no son instruidos en el Evangelio y como no entienden a cabalidad las riquezas y la gloria de él, no pueden predicárselo a ellos mismos, ni vivir por él en su vida cotidiana” (La disciplina de la Gracia, pg. 48).

Por eso estoy convencido que una de las necesidades más urgentes de la iglesia en nuestra generación es recobrar el mensaje del evangelio, y explicar con toda claridad (y con insistencia) a sus miembros cómo opera su poder transformador, no solo para salvar, sino también para santificar.

Ahora bien, ¿qué es el evangelio? ¿Cuál es el contenido de este mensaje Pablo define en Rom. 1:16 como “poder de Dios para salvación”? Eso es lo que espero continuar explicando en las próximas entradas. Y como dije en la entrada anterior, aprecio en gran manera los comentarios que puedan enriquecer el contenido de este blog.

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Fuente: Todo Pensamiento Cautivo

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