Santidad: 11. Una mujer para recordar – J. C. Ryle

 

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1. Introducción

2. Pecado

3. Santificación

4. Santidad

5. La batalla

6. El costo

7. Crecimiento

8. Certeza

9. Moisés

10. Lot

 

Traducido por Erika Escobar

“Recuerden a la esposa de Lot”.  (Luc. 17:32).

Existen pocas advertencias en las Escrituras tan solemnes como esta que encabeza la página.  El Señor Jesucristo nos dice: “recuerden a la esposa de Lot”.

La esposa de Lot era una profesante religiosa; su esposo era un “hombre justo” (2 Ped. 2:8).  Ella dejó Sodoma con él en el día en que Sodoma fue destruida; ella miró atrás hacia la ciudad, de espaldas a su esposo, en contra del mandato expreso de Dios; ella llamó a la muerte de inmediato y se volvió una estatua de sal. Y el Señor Jesucristo la mantiene a ella como una guía para su Iglesia; El dice: “recuerden a la esposa de Lot”.

Esta es una seria advertencia, si pensamos en las personas que Cristo nombra.  Él no nos conmina a recordar a Abraham o a Isaac o a Jacob o  a Sara o a Ana y Rut.  No, Él señala a una cuya alma se perdió para siempre.  El nos grita:  “Recuerden a la esposa de Lot”

Esta es una seria advertencia, si consideramos el tema que persigue Cristo.  Él está hablando de Su segunda venida para juzgar al mundo;  Él está describiendo un terrible estado de falta de preparación en el cual muchos pueden encontrarse.   Los últimos días están en su mente cuando Él dice:  “Recuerden a la esposa de Lot”.

Es una seria advertencia si pensamos en la persona que la entrega.  El Señor Jesús está lleno de amor, misericordia y compasión;  Él es el que no quebrará el junco estropeado ni sofocará el lino humeante.  Él podría llorar por la Jerusalén inconversa y orar por los hombres que lo crucificaron y, sin embargo, Él piensa que es bueno que recordemos las almas que están perdidas.  Por eso Él dice:  “Recuerden a la esposa de Lot”

Es una seria advertencia si pensamos en las personas a las cuales ésta fue dirigida primeramente.  El Señor Jesús estaba hablando a Sus discípulos;  no se dirigía ni a los escribas o fariseos, que lo odiaban, sino a Pedro, Jacobo y Juan y muchos otros que lo amaban y, aún a ellos, Él piensa que es bueno darles esta advertencia.  Aún a ellos, El les dice “Recuerden a la esposa de Lot”. Es una seria advertencia si consideramos la manera en la cual fue entregada. El no dice simplemente “Estén alertas de lo siguiente, tomen cuidado de imitarla, no sean como la esposa de Lot”.   Él usa palabras diferentes;  Él dice “recuerden”.  Él habla como si estuviésemos en peligro de olvidar el tema;  Él remueve nuestras flojas memorias; Él nos llama a mantener el caso en nuestra mente.  Él grita:  “Recuerden a la esposa de Lot”.

Propongo examinar las lecciones que la esposa de Lot quiere enseñarnos.  Estoy seguro que su historia está llena de instrucciones útiles para la iglesia.  Los últimos días están sobre nosotros, la segunda venida de nuestro Señor Jesus se acerca; el peligro de la mundanería está año en año creciendo dentro de la iglesia.   Proveámonos de salvaguardas y antídotos en contra de la enfermedad que nos rodea, y no en poco, familiaricémonos con la historia de la esposa de Lot.

Consideremos ahora los privilegios religiosos que la esposa de Lot disfrutó, el pecado particular que ella cometió y el juicio que Dios infligió sobre ella.

1. Los privilegios religiosos de los que la esposa de Lot disfrutó

En los días de Abraham y Lot, la verdadera religión salvadora era escasa en la tierra:  no había Biblias, ministros, iglesias, vías, misioneros.  El conocimiento de Dios estaba confinado a unas pocas familias favorecidas; la mayor parte de los habitantes de la tierra vivían en obscuridad, ignorancia, superstición y pecado.  Ni uno en cien  tenía quizá tal buen ejemplo,  tal asociación espiritual,  tal conocimiento claro y tan directas advertencias como las que tenía la esposa de Lot.  Comparada con millones de sus congéneres de su época, la esposa de Lot era una mujer favorecida.

Ella tenía un hombre devoto como marido;  ella tenía a Abraham, el padre de la fe, por tío político por su matrimonio.  La fe, el conocimiento y las oraciones de estos dos hombres justos no deben haber sido secreto para ella.   Es imposible que ella hubiera habitado con ellos en tiendas por un largo tiempo sin saber quiénes eran ellos y a quién ellos servían.  La religión para ellos no era una mera formalidad;  era el principio regidor de sus vidas y la razón fundamental de sus acciones.  Todo esto la esposa de Lot lo debió ver y saber.  Este no era un privilegio pequeño.

Cuando Abram recibió por primera vez las promesas, es probable que la esposa de Lot estuviera allí.  Cuando él edificó el altar cerca de su tienda entre Hai y Bet-el, es probable que ella estuviera allí.  Cuando su esposo fue tomado cautivo por Quedorlaomer, rey de Elam, liberado por por la injerencia de Dios, ella estuvo allí.  Cuando Melquisedec, rey de Salem, vino a reunirse con Abraham con pan y vino, ella estuvo allí.  Cuando los ángeles vinieron a Sodoma y advirtieron a su esposo de partir, ella los vio; cuando ellos los tomaron de la mano y los condujeron fuera de la ciudad, ella era parte del grupo que ellos ayudaron a escapar.  Una vez más, digo, estos no eran pequeños privilegios.

¿Qué buenos efectos tuvieron todos estos privilegios en el corazón de la esposa de Lot?  Ninguno en absoluto.  A pesar de todas sus oportunidades y medios de gracia,  a pesar de todas las advertencias especiales y los mensajes del cielo que recibió, ella vivió y murió sin gracia, infiel, impenitente y sin creer.   Los ojos de su entendimiento nunca fueron abiertos, su conciencia nunca despertó ni se alertó; su voluntad, en realidad, nunca alcanzó un grado de obediencia a Dios; sus afectos nunca en realidad fueron puestos en las cosas de arriba.  La forma de la religión que ella había guardado estuvo de acuerdo a la moda y no desde el sentimiento;  era un disfraz para complacer a su esposo pero que estaba distante de su verdadero sentir.  Ella hizo como otros hicieron en la casa de Lot;  se ajustó a las formas de su marido, no se opuso a su religión,  se dejó llevar pasivamente por la ola de su marido, pero todo el tiempo su corazón estaba equivocado ante Dios.  El mundo estaba en su corazón y su corazón estaba en el mundo.  En este estado vivió y en este estado murió.

En todo esto hay mucho que aprender:   Veo una lección que es de la más profunda importancia para nuestros días.  Usted vive en tiempos en que existen muchas personas como la esposa de Lot; venga y oiga la lección que su caso nos quiere enseñar.

Aprenda, entonces, que la mera posesión de privilegios religiosos no salvará el alma de alguien.  Usted puede obtener ventajas espirituales de toda clase; usted puede vivir  al amparo del completo resplandor de las más ricas oportunidades y medios de gracia; puede disfrutar de las mejores prédicas y oportunidades de instrucción; puede habitar en medio de la luz, el conocimiento, la santidad y la buena compañía.   Todo esto puede ser y aun así puede permanecer inconverso y al final estar perdido para siempre.

Me atrevo a decir que esta doctrina suena difícil para algunos lectores.  Sé que muchos fantasean que no desean nada más que privilegios religiosos para volverse cristianos decididos.  No son los que debieran ser, lo conceden, pero su posición es tan difícil, alegan, y sus dificultades son muchas.   Denles un esposo o una esposa devotos, denles compañía devota, o un maestro devoto, denles la prédica del evangelio, denle todos los privilegios y entonces ellos caminarían con Dios.

Todo esto es un error.  En un completo delirio.  Salvar almas requiere algo más que privilegios.  Joab era el capitán de David, Giezi era el sirviente de Eliseo; Demas el compañero de Pablo; Judas Iscariote el discípulo de Cristo, y Lot tuvo una esposa mundana e inconversa.  Todos ellos murieron en sus pecados.  Se fueron a pique a pesar del conocimiento, las advertencias y las oportunidades;  y todos ellos nos enseñan que el hombre no sólo necesita de privilegios.   Necesitan la gracia del Espíritu Santo.

Valoremos los privilegios religiosos pero no descansemos enteramente en ellos.  Deseemos tener el beneficio de ellos en todos los movimientos de nuestra vida, no obstante, no los pongamos en el lugar de Cristo.  Usémoslos agradecidamente si Dios nos los concede, sin embargo cuidemos que ellos produzcan algunos frutos en nuestros corazones y en nuestra vida.  Si no hacen el bien, en forma frecuente causan daño: queman la conciencia, aumentan la responsabilidad, agravan la condenación.   El mismo fuego que derrite la cera endurece la arcilla;  el mismo sol que hace crecer los arboles, los seca y los prepara para el fuego.  Nada endurece más el corazón del hombre como una estéril familiaridad con las cosas sagradas.  Una vez más digo, no son los privilegios por sí mismos los que hacen cristianos sino la gracia del Espíritu Santo.   Sin Él, ningún hombre nunca será salvo.

Pido a los miembros de las congregaciones evangélicas de nuestros días marcar bien lo que estoy diciendo.  Si usted va a la Iglesia del pastor A o B, y piensa que él es un excelente predicador; se deleita con sus sermones, no puede oír a nadie más con el mismo grado de agrado;  que ha aprendido muchas cosas desde que comenzó a participar en su ministerio, ¡considera que es un gran privilegio ser uno de sus oyentes!  Todo esto es bueno.  Es un privilegio.  Estaría agradecido si un ministro como el suyo fuera multiplicado por miles. Y después de todo esto, ¿qué hay en su corazón?  Ha recibido el Espíritu Santo?  Si no lo ha recibido, usted no es mejor que la esposa de Lot.

Pido a los sirvientes de familias religiosas notar bien lo que estoy diciendo.  Es un gran privilegio vivir en una casa donde el temor de Dios reina.  Es un privilegio escuchar a la familia orando por las mañanas y por las tardes,  escuchar regularmente la exhortación de la Palabra de Dios, tener domingos tranquilos y poder ir siempre a la iglesia.   Estas son cosas que usted debe buscar cuando trata de conseguir algo, son cosas que hacen a un lugar bueno realmente.  Sueldos altos y trabajo ligero nunca compensarán la instigación constante de la mundanería, el quebrantamiento del Sábado y el pecado.   Tenga cuidado de no estar contento con todo esto y no suponga que por causa de estas ventajas espirituales usted se irá directo al cielo.  Usted debe tener gracia en su propio corazón como también asistir a los servicios familiares.  Si no fuera así, en el momento,  usted no es mejor que la esposa de Lot.

Pido a los hijos de padres religiosos notar bien lo que estoy diciendo.  Es uno de los privilegios más grandes ser hijo de padres devotos y haber crecido en medio de muchas oraciones.  Es una bendición en verdad haber recibido la enseñanza del evangelio desde la infancia, saber del pecado y de Jesús, y del Espíritu Santo, la santidad y el cielo desde el momento en que podamos recordar cualquier otra cosa. Sin embargo, oh, tome nota de no permanecer estéril y sin frutos al brillo de todos estos privilegios, esté alerta y no vaya a ser que su corazón sea duro, impenitente y mundano sin importar de los muchos privilegios que disfruta.   Usted no puede entrar al reino de Dios por el crédito de la religión de sus padres.   Por usted mismo, debe arrepentirse, tener fe y santificarse.  Si no, usted no es mejor que la esposa de Lot.

Oro a Dios para que todos los cristianos puedan poner en su corazón estas cosas.  Que no olvidemos nunca que los privilegios por sí mismos no pueden salvarnos.  Luz y conocimiento y prédica sincera y medios de gracia abundante y la compañía de gente santa son grandes bendiciones y ventajas.   ¡Felices son aquellos que las tienen!  Sin embargo, después de todo,  hay un sola cosa sin la cual estos privilegios son inútiles:  esa cosa es la gracia del Espíritu Santo.  La esposa de Lot tuvo muchos privilegios pero ella no tenía “gracia”.

2. El pecado que la esposa de Lot cometió

La historia del pecado que la esposa de Lot cometió está dada por el Espíritu Santo en pocas y simples palabras:  “Ella miró atrás, a espaldas de su esposo, y se volvió estatua de sal”.  No se nos dice nada más que esto.   Hay una solemnidad desnuda en la historia.  La suma y sustancia de sus transgresiones descansa en estas tres palabras:  “Ella miro atrás”.

¿Parece este pecado pequeño a los ojos del lector?  ¿Parece la falta de la esposa de Lot insignificante para tal castigo?  Ese es el sentimiento, me atrevo a decir, que cruza nuestros corazones.  Préstenme atención mientras razono con usted sobre el tema.   Hay mucho más de lo que a primera vista nos conmociona;  implica mucho más de lo que está expresado.  Escuche y oirá.

a. Esa Mirada fue una cosa pequeña pero ella revela el verdadero carácter de la esposa de Lot.   Las pequeñas cosas frecuentemente muestran el estado de la mente de un hombre, mucho más que las grandes cosas, y pequeños síntomas son frecuentemente señales de enfermedades incurables y mortales.  La manzana que Eva comió fue una cosa pequeña pero probó que ella había caído de la inocencia para volverse al pecado.  Una grieta en el arco parece una pequeña cosas pero prueba que las fundaciones están dañadas y que toda la estructura es insegura.   Una pequeña tos en la mañana parece ser una dolencia sin importancia pero es una evidencia frecuente de la caída de la constitución física que conduce a la declinación,  consunción y a la muerte.  Una paja puede mostrar en cual dirección el viento sopla, y una mirada puede mostrar la condición podrida del corazón de un pecador (Mat. 5:28).

b. La Mirada es una pequeña cosa pero nos habla de la desobediencia de la esposa de Lot.  El mandato del ángel fue enfático e inconfundible:  “No miren hacia atrás” (Gen. 19:17).  Este mandato es el que la esposa de Lot rehusó obedecer.  El Espíritu Santo dice que “obedecer es mejor que los sacrificios”, y que “la rebelión es  como el pecado de adivinación” (1 Sam. 15:22, 23).  Cuando Dios habla simplemente su Palabra, o a través de Sus mensajeros, el deber del hombre es claro.

c. Esa mirada es una pequeña cosa pero nos habla del  orgullo de la esposa de Lot.  Ella pareció dudar que Dios realmente fuera a destruir Sodoma, pareció no creer que había algún peligro o necesidad alguna de apurarse.   Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6).  Desde el momento en que el hombre comienza a pensar que sabe más que Dios o que Dios no quiere decir todo lo que dice cuando El amenaza, su alma está en gran peligro.  Cuando no podamos ver las razones de Dios, nuestro deber es mantenernos en paz y creer.

d. Esa mirada era una pequeña cosa pero nos habla del amor secreto que la esposa de Lot tenía por el mundo.  Su corazón estaba en Sodoma aunque su cuerpo estuviera afuera.  Ella había dejado sus afectos atrás cuando salió de su casa.  Su ojo se volvió al lugar donde estaba su tesoro, así como la aguja de la brújula se vuelve hacia el polo.   Y este es el punto que corona su pecado.  “La amistad con el mundo es enemistad con Dios”.  Si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Jn. 2:15).

Este aspecto de nuestro tema merece especial atención; enfoquemos nuestras mentes y corazones en él.  Creo que es la parte que el Señor Jesús particularmente intenta dirigirnos a nosotros.  Creo que El hubiera querido que observáramos que la esposa de Lot estaba perdida al mirar hacia atrás al mundo.  Su profesión era ambas, justa y engañosa, porque ella nunca abandonó el mundo.  Ella pareció estar en el camino seguro pero aún entonces los más pequeños y profundos pensamientos de su corazón estaban con el mundo.   El inmenso peligro de la mundanería es la gran lección que el Señor Jesus intenta que aprendamos.  ¡Oh, si todos tuviéramos un ojo para ver y un corazón para entender!

Creo que nunca antes hubo un tiempo cuando las advertencias contra la mundanería eran tan necesarias en la iglesia de Cristo como ahora.  Se dice que cada época tiene sus propias y peculiares enfermedades epidémicas.   La enfermedad epidémica de la cual las almas de los cristianos son responsables es el amor por el mundo.  Es una pestilencia que camina en la oscuridad y una enfermedad que destruye a la luz del día.  “Ha causado muchos heridos, sí, muchos hombres fuertes han sido heridos por ella”.   Elevaría sinceramente una voz de alerta y trataría de despertar las soñolientas conciencias de todos aquellos que profesan religión.  Sinceramente gritaría voz en cuello “recuerden el pecado de la esposa de Lot”.  No era una asesina, una adultera, ni una ladrona pero si era creyente y miro atrás.

Hay miles de personas bautizadas en nuestras Iglesias que son prueba contra la inmoralidad y la infidelidad y aún así son víctimas del amor al mundo.  Hay miles que corren bien por una temporada y apuestan alto para alcanzar el cielo y luego, poco a poco, abandonan la carrera y vuelven sus espaldas a Cristo.   ¿Y qué los ha detenido?  ¿Han encontrado que la Biblia no es verdad?   ¿Han encontrado que el Señor Jesus ha faltado a su palabra?  No, de ninguna manera.   Ellos han cogido la enfermedad epidémica:  están infectados con el amor al mundo.   Apelo a cada uno de los ministros evangélicos sinceros que leen este mensaje y les pediría que miraran a su congregación.   Apelo a cada cristiano establecido y le pido que mire el círculo de sus conocidos.  Estoy seguro de que hablo la verdad.  Estoy seguro de que este es el momento preciso de recordar el pecado de la esposa de Lot.

a.  Cuántos hijos de familias religiosas comienzan bien y terminan mal.  En los días de su infancia parecían estar llenos de religión.  Pueden repetir textos e himnos en abundancia, tienen sentimientos espirituales y convicción de pecado, profesan amor al Señor Jesús y desean el cielo, van con agrado al templo y escuchan sermones,  dicen cosas que son atesoradas por sus padres como indicaciones de gracia, hacen cosas que llevan a sus conocidos a decir “¿Qué clase de niño será este?”   Sin embargo, alas, cuán a menudo su bondad se esfuma como una nube en la mañana y como el rocío.   El niño se vuelve un hombre joven que no se preocupa nada más que por diversión, deporte, deleites y excesos.  La niña se vuelve una joven que no se preocupa nada más que por su vestimenta, la compañía varonil, lectura de novelas y excitación.  ¿Dónde está la espiritualidad que prometió tanto?  Se ha ido, está sepultada, ha sido desbordada por el amor al mundo.  Caminan en los pasos de la esposa de Lot.  Miran hacia atrás.

b. ¡Cuántas personas casadas hacen bien en religión, en apariencias, hasta que sus hijos comienzan a crecer y luego se separan!   En los primeros años de la vida matrimonial parecían seguir a Cristo diligentemente y testificaban bien.  Iban regularmente a las predicaciones del evangelio, tenían frutos en buenas obras, no eran nunca vistos en sociedad vana y disipada.  Tanto su fe como su práctica eran sólidas y caminaban tomados de la mano.  No obstante, ay, cuán a menudo la peste espiritual se viene sobre la casa cuando una familia joven comienza a crecer, y los hijos y las hijas deben ser criados.  La levadura de la mundanería comienza a aparecer en sus hábitos, en su vestimenta, en sus entretenimientos y en el tiempo del trabajo.  Ya no son estrictos con la compañía que deben tener y los lugares que visitan.  ¿Dónde está la línea definida de separación de lo que alguna vez observaron?  ¿Donde está la férrea abstinencia de las entretenciones mundanas que alguna vez marcaron su rumbo?  Todo está olvidado.   Todo ha sido puesto a un lado, como un viejo almanaque. Un cambio ha sobrevenido sobre ellos: el espíritu del mundo ha tomado posesión de sus corazones.  Caminan en los pasos de la esposa de Lot. Miran hacia atrás.

c.  ¡Cuántas mujeres jóvenes parecen amar su religión hasta que tienen 20 o 21 años y luego pierden todo!   Hasta ese momento en sus vidas, su conducta en materias religiosas es todo lo que puede desearse.  Mantienen el hábito de oraciones privadas, leen sus Biblias diligentemente, visitan a los pobres cuando tienen la oportunidad; enseñan en las escuelas dominicales cuando hay una apertura;  ministran las necesidades temporales y espirituales de los pobres, tienen amigos religiosos, aman conversar sobre temas religiosos, escriben cartas llenas de expresiones y experiencias religiosas.  ¡No obstante, ay, cuán a menudo prueban ser inestables como el agua y son arruinadas por el amor al mundo!  Poco a poco se apartan y pierden su primer amor.   Poco a poco las “cosas vistas” echan fuera de sus mentes las “cosas no vistas” y, como una plaga de langostas, se come cada parte verde de sus almas.  Paso a paso se devuelven de la posición clara que alguna vez asumieron.   Cesan de sentir celo por la sana doctrina, pretenden descubrir que es “poco caritativo” pensar que una persona tiene más religión que otra.  De cuando en cuando ellas entregan su afecto a hombres que no hacen pretensión de una religión clara.  Al final, ellas abandonan el último remanente de su propia cristianidad de sus mentes y se vuelven hijas del mundo.  Caminan sobre los pasos de la esposa de Lot.  Miran hacia atrás.

d. ¡Cuántos comulgantes de nuestras Iglesias fueron alguna vez celosos y fervientes profesantes y ahora se han vuelto aletargados, formales y fríos!  Hubo tiempos en que ninguno parecía estar tan vivo como ellos en religión; ninguno era tan diligente en su atención a los medios de gracia, ninguno estaba tan ansioso de promover la causa del evangelio y tan presto a realizar buenas obras;  ninguno estaba tan agradecido por la instrucción espiritual; ninguno estaba aparentemente tan deseoso de crecer en gracia.  No obstante ahora, ¡ay,  todo parece estar alterado!  El “amor por las otras cosas” ha tomado posesión de sus corazones y ha asfixiado la semilla de la Palabra.  El dinero del mundo, las recompensas del mundo, la literatura del mundo, los honores del mundo tienen ahora el primer lugar en sus afectos.  Hábleles y no encontrará respuesta alguna sobre las cosas espirituales.  Note su conducta diaria y verá que no hay celo por el reino de Dios.   Tienen una religión en realidad pero no es más que una religión viva.  El retoño de su otrora cristianidad se ha secado e ido, el fuego de la máquina espiritual ha sido sofocado y está frío;  la tierra ha apagado la llama que una vez ardió tan brillantemente.  Han caminado en los pasos de la esposa de Lot.  Ellos han mirado hacia atrás.

e. ¡Cuántos hombres pastores trabajan duro en su labor por unos pocos años y luego se vuelven flojos e indolentes a causa del amor del mundo!  Al comienzo de su ministerio ellos están deseosos de dedicarse y ser dedicados a Cristo;  están allí a tiempo y destiempo, su sermón es vívido y sus iglesias están llenas. Sus congregaciones están bien cuidadas, pequeñas charlas, reuniones de oración, visitaciones son su delicia semanal.  No obstante, ¡ay, cuán a menudo “comienzan en el Espíritu” terminan “en la carne” y, como Sansón, su fortaleza les es quitada en el regazo de esa Dalila, el mundo!  Prefieren la vida acomodada, se casan con una esposa mundana, se hinchan con orgullo y descuidan el estudio y la oración.  Un pellizco de hielo corta el florecimiento espiritual que ofreció ser tan bueno.  Sus prédicas pierden su unción y poder, su trabajo diario se hace menor cada vez, la sociedad con la que se mezclan se vuelve menos selecta,  el tono de su conversación se vuelve más terrenal.  Cesan de ignorar la opinión del hombre, se embeben de un miedo mórbido por “visiones extremas” y se llenan de terror cauteloso de ofender.  Y al final el hombre que un tiempo pareció ser un real sucesor de los apóstoles y un buen soldado de Cristo se establece en sus pozos como un jardinero clerical, un agricultor, un comensal que no ofende a nadie y no salva a nadie.  Su iglesia está a medio vacía, sus influencias se reducen, el mundo lo ha atado de manos y pies.  Él ha caminado sobre los pasos de la esposa de Lot. Él ha mirado hacia atrás.

Es triste escribir sobre estas cosas pero lo es mucho más verlas.  Es triste observar cómo los cristianos pueden cegar sus conciencias con argumentos engañosos sobre este tema y pueden defender la mundanería al hablar de los “deberes de su condición”, las “cortesías de la vida” y la necesidad de tener una “religión chispeante”.

Es triste ver como un barco gallardo se lanza al viaje de su vida con las expectativas de éxito y, con sus bríos de mundanería,   se pierde en el horizonte con todo su peso al amparo de seguridad.   Es lo más triste de todo observar como muchos se adulan sí mismos sintiendo que todo está bien con sus almas cuando todo está mal, por razón de este amor al mundo.  Canas aquí y allá aparecen y no lo saben.  Comenzaron como Jacobo y David y Pedro y terminarán como Esaú y Saúl y Judas Iscariote.  Comenzaron como Ruth y Ana y María y Persis y llegarán probablemente al final como la esposa de Lot.

Esté alerta de los corazones religiosos divididos.  Esté alerta de seguir a Cristo por un motivo secundario, para complacer a parientes y amigos, o mantener la costumbre del lugar o familia en la cual está inmerso, para parecer respetable y tener la reputación de ser religioso.  Siga Cristo por El mismo, si usted Lo sigue de alguna manera. Sea cuidadoso, sea real, sea honesto, sea sólido, con todo su corazón.  Si tiene alguna religión, que ésta sea real.  Vele por no pecar con el pecado de la esposa de Lot.

Esté alerta, nunca imagine que puede ir lejos en religión y secretamente tratar de mantenerse en el mundo.  No quiero que ningún lector de este mensaje se convierta en un ermitaño, monje o monja:  Deseo que cada uno cumpla con su deber real en el estado de vida en que fue llamado.   Sin embargo, urjo a cada cristiano profesante que desea ser feliz a la inmensa importancia de no hacer ninguna promesa entre Dios y el mundo.   No trate de regatear, como si usted deseara dar a Cristo su corazón tan poco como sea posible y mantener tanto como sea posible las cosas de esta vida.  No sea que se extralimite, no sea que termine perdiéndolo todo.  Ame a Cristo con todo su corazón y mente y alma y fuerzas.  Busque primero el reino de Dios y  entonces crea que todas las cosas vendrán por añadidura.  Preste atención para que usted no pruebe ser una copia del carácter que John Bunyan delinea,  El Sr. Dos caras.  Por el bien de su felicidad, por el bien de su seguridad, por el bien de su alma esté alerta del pecado de la esposa de Lot. Oh, es un decir solemne el de nuestro Señor Jesús:  “Ningún hombre que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Luc 9:62).

3.  El juicio que Dios infligió sobre ella

Las Escrituras describen el final de la esposa de Lot en pocas y simples palabras.  Está escrito que “ella miró atrás y se convirtió en una estatua de sal”.  Un milagro fue hecho para ejecutar el juicio de Dios sobre esta mujer culpable. La misma mano poderosa que primero le dio a ella su vida la tomó en un pestañar de ojo.  De sangre y carne viva se convirtió en una estatua de sal.

Eso fue un final espantoso para el alma.   Morir en cualquier momento es una cosa seria.  Morir entre amigos y parientes, morir en calma y paz en nuestra cama, morir con la oración de hombres devotos sonando aún en nuestros oídos, morir con la buena esperanza a través de la gracia en la absoluta certeza de salvación, abandonándonos al Señor Jesus animados por las promesas del evangelio…  aun así, morir de este modo, es un asunto serio.  Sin embargo, morir súbitamente y en un momento, en el mismo acto del pecado, morir sano y fuerte, morir por la directa interposición de un Dios enojado es espantoso en realidad.  Y ese fue el final de la esposa de Lot.   No puedo culpar a la letanía del Libro de Oraciones, como hacen algunos, por mantener esta petición:   Líbranos, buen Señor, de muerte súbita”.

He aquí el final desesperado al cual puede llegar un alma.  Hay casos, como este,  en los cuales uno espera,  sin esperanza,  por las almas de aquellos que van a la tumba.   Tratamos de persuadirnos de que nuestra pobre hermana o hermano puede haberse arrepentido y obtenido salvación en el último momento y haberse prendido en el dobladillo de la túnica de Cristo en la hora undécima.  Traemos a nuestra mente las misericordias de Dios, recordamos el poder del Espíritu, pensamos en ladrón penitente, nos susurramos que el trabajo salvador ha seguido su curso aún en la cama del moribundo que no tiene fortaleza para hablar.  Sin embargo todas esas esperanzas son vanas cuando una persona es cortada en el mismo acto del pecado.  La caridad en sí misma no puede decir nada cuando un alma ha sido llamada en medio de la corrupción sin tener ni tan siguiera un momento para pensar u orar.  Ese fue el final de la esposa de Lot.  Fue un final sin esperanza.  Se fue al infierno.

No obstante, es bueno para nosotros notar estas cosas.  Es bueno que se nos recuerde que Dios puede castigar duramente a aquellos que pecan voluntariamente y que grandes privilegios mal usados traen gran cólera al alma.   Faraón vio los milagros que Moisés hizo; Coré, Datan y Abira escucharon a Dios hablando en el Monte Sinaí;  Ofni y Fines eran hijos de altos sacerdotes de Dios; Saúl vivió al amparo de la completa luz del ministerio de Samuel;  Acab era frecuentemente advertido por Elías el profeta; Absalón disfrutó los privilegios de ser un hijo de David; Baltasar tuvo a el profeta Daniel a su puerta;  Ananías y Safira se unieron a la iglesia en los días en que los apóstoles hacían milagros;  Judas Iscariote fue escogido por nuestro Señor Jesucristo mismo como compañero.  Sin embargo, todos ellos pecaron de lleno contra la luz y el conocimiento, y fueron súbitamente destruidos sin remedio.  No tuvieron tiempo ni espacio para arrepentirse.  Como vivieron, así murieron, tal como estaban.  Se apartaron de Dios y aún muertos ellos hablan.  Ellos nos dicen, como la esposa de Lot, que es una cosa peligrosa pecar contra la luz, que Dios aborrece el pecado, y que existe un infierno.

Me siento obligado a hablar libremente a mis lectores sobre el tema del infierno.   Resiento usar la oportunidad que el final de la esposa de Lot implica.  Creo que el tiempo ha llegado y es un deber categórico  hablar abiertamente sobre la realidad y eternidad del infierno.  Un flujo de falsa doctrina se ha volcado recientemente sobre nosotros.  Los hombres han comenzado a decir que Dios es demasiado misericordioso para castigar a las almas para siempre, que existe un amor  a Dios aún más bajo que el infierno y que toda la humanidad, sin importar lo corruptos e impíos que algunos sean, tarde o temprano serán salvados.   Se nos invita a dejar los viejos caminos de la cristianidad apostólica.  Se nos dice que las visiones de nuestros padres sobre el infierno, y el demonio, y el castigo están obsoletas y fuera de boga.   Debemos  abrazar lo que es la llamada teología más amigable y tratamos el infierno como una fábula pagana o un cuco para asustar a niños y a tontos.   En contra de tales falsas doctrinas, deseo protestar.  Por muy dolorosa, penosa y angustiosa que la controversia pueda ser, no debemos titubear o rechazar entrar de lleno en el tema.  Yo estoy resuelto a mantener la vieja posición y declarar la realidad y eternidad del infierno.

Créanme,  no es un tema meramente especulativo.   No puede ser clasificado  de la misma forma que las disputas acerca de la liturgia o el gobierno de las Iglesias.  No puede ser ranqueado entre los problemas misteriosos, como el significado del templo de Ezequiel o los símbolos de la revelación.  Es un asunto que está basado en el fundamento mismo de todo el evangelio.   Los atributos morales de Dios, Su justicia, Su santidad, Su pureza están todos involucrados en él.   La necesidad de fe personal en Cristo y la santificación del Espíritu están todos en la palestra.   Una vez que dejemos que la vieja doctrina sobre el infierno sea derrocada entonces el sistema completo que sustenta el cristianismo será desestabilizado, desatornillado, desprendido y lanzado al desorden.

Créanme, el asunto no es uno en el que estemos obligados a replegarnos por  teorías o  invenciones  humanas.  Las Escrituras han hablado abierta y comprehensivamente sobre el tema del infierno.  Sostengo que es imposible lidiar honestamente con la Biblia y evitar  las conclusiones a las que ella nos conducirá en este punto.  Si las palabras significan algo, existe tal lugar llamado infierno.   Si los textos han de ser correctamente interpretados hay algunos que irán directo a él.  Si el lenguaje tiene algún sentido respecto de él, el infierno es eterno.  Creo que el hombre que encuentra argumentos para evadir la evidencia que la Biblia tiene sobre este asunto, ha alcanzado un estado mental en que el razonamiento es inútil.  En mi propia opinión, me parece tan fácil argumentar que nosotros no existimos como lo es argüir que la Biblia no nos enseña la realidad y eternidad del infierno.

a. Fíjelo firmemente en su mente, es la Biblia la que enseña que Dios en su misericordia y compasión envió a Cristo a morir por los pecados y que también nos enseña que Dios aborrece el pecado y debe, en Su propia naturaleza, castigar a todos aquellos que pecan o rechazan la salvación que El ha dispuesto.   El mismísimo versículo que declara “Dios así amó al mundo”, declara que “la ira de Dios está sobre” el no creyente (Jn. 3:16 36).  El mismísimo evangelio que es lanzado sobre la tierra con sus noticias de bendición “Aquel que cree y es bautizado será salvado”, proclama con el mismo aliento, “El que creyere no será condenado” (Mar 16:16).

b. Establézcalo firmemente en su mente, en la Biblia, Dios nos ha dado prueba tras prueba de que Él castigará a los endurecidos y no creyentes y que El puede tomar venganza de Sus enemigos, así como mostrar misericordia a los penitentes.  El anegamiento del viejo mundo por las aguas, el abrasamiento de Sodoma y Gomorra, el derrocamiento de Faraón y todas sus huestes en el Mar Rojo, el juicio de Coré, Datan y Abiram, la total destrucción de las siete naciones de Canaán – todas enseñan la misma verdad espantosa.   Todas son guías y señales y advertencias de que no debemos provocar a Dios.  Todas están llamadas a descorrer la cortina que cuelga sobre las cosas que vendrán y que nos recuerdan de que existe la ira de Dios.   Todas nos dicen simplemente que “los perversos serán lanzados al infierno” (Sal. 9:17).

c. Establézcalo firmemente en su mente, el Señor Jesucristo mismo ha hablado más abiertamente sobre la realidad y eternidad del infierno.  La parábola del hombre rico y Lázaro contiene cosas que deberían poner a los hombres a temblar.  No sólo esa.  Ningún labio ha usado tantas palabras para expresar el horror del infierno como los labios de Cristo que hablaron como ningún hombre lo había hecho cuando dijo:  “La palabra que ustedes oyen no es Mía sino de mi Padre que me ha enviado” (Jn 14:24).  Infierno, fuego del infierno, la condenación del infierno, condenación eterna, la resurrección de la condenación, el fuego eterno, el lugar de tormento destrucción, tinieblas exterior, el gusano que nunca muere, el fuego que no se sofoca, el lugar de llanto, gemidos y crujir de dientes, castigo eterno – estas, estas son las palabras que el mismo Señor Jesucristo usó.  ¡Qué lejos de la miserable sinrazón de la que algunas personas hablan hoy, que nos dicen que los ministros del evangelio no deben hablar del infierno!  Al hablar de esa forma, sólo muestran su propia ignorancia, o su propia deshonestidad. Ningún hombre puede leer en forma honesta los cuatro evangelios y no ver que aquel que siga el ejemplo de Jesus debe hablar del infierno.

d.  Finalmente, establézcalo en su mente, las ideas consoladoras que las Escrituras nos entregan del cielo cesarán si, por una vez, negamos la realidad o eternidad del infierno.  ¿No habrá una morada futura separada de aquellos que mueren  perversos e impíos?   ¿Después de su muerte todos los hombres serán reunidos juntos en una multitud confusa?  ¡Vaya! entonces, el cielo no será cielo en absoluto.   Es completamente imposible para dos lidiar felizmente juntos excepto que estén de acuerdo.   ¿Habrá un tiempo cuando el término del infierno y el castigo cesarán?   Serán los malvados después de mucho tiempo de miseria admitidos en el cielo? ¡Vaya, entonces, la necesidad de santificación del Espíritu es lanzada lejos y despreciada!  Leo que los hombres pueden ser santificados y encontrar el cielo en la tierra, pero no leo nada de ninguna santificación en el infierno.  ¡Apártese de esas teorías sin base y no escriturales!  La eternidad del infierno está tan claramente afirmada en la Biblia como lo está la eternidad del cielo.   Permítase pensar por un momento que el infierno no es eterno y usted podrá decir también que Dios y el cielo no son eternos.  La misma palabra griega que se usa en la expresión “castigo eterno” se usa en la expresión “Dios eterno” (Mat. 25:46, Rom. 16:26).

Sé que todo esto suena espantoso para muchos.  No me sorprende.  Sin embargo la única cuestión que debemos establecer es esta:  ¿“Es bíblico”?  ¿Es verdad?  Sostengo firmemente que es así.   Sostengo que los cristianos profesantes deben ser frecuentemente exhortados a recordar que pueden perderse e ir al infierno.

Sé que es fácil negar toda la sencilla enseñanza acerca del infierno y hacerla detestable empleando nombres odiosos.   A menudo he escuchado de las “mentes estrechas” y “nociones pasadas de moda”, y la “teología de azufre” y cosas como esas.  A menudo se me ha dicho que hoy en día se desean visiones “amplias”.    Deseo ser tan amplio como la Biblia, ni más ni menos.  Digo que es un teólogo de mente estrecha aquel que rebaja  tales partes de la Biblia señalándolos  como disgustos naturales del corazón y rechaza cualquiera otra donde está el consejo de Dios.

Dios sabe que nunca hablo del infierno sin sentir pena y pesar.   Ofrecería gustosamente la salvación del evangelio al más vil de los pecadores.  Diría deseoso al más vil y al más disoluto de la humanidad en su lecho de muerte “Arrepiéntete, cree en Jesús y serás salvo”.  Sin embargo Dios prohíbe que deba alguna vez retrotraerme del hombre mortal que las Escrituras revelan tanto un infierno como un cielo y que el evangelio enseña que los hombres pueden ser tanto perdidos como salvados.  El guardia que mantiene silencio cuando ve fuego es culpable de gran negligencia; el doctor que dice que estamos mejorando cuando estamos muriendo es un falso amigo; y el ministro que  se retiene de hablar del infierno ante su congregación en sus sermones no ni un hombre creíble ni caritativo.

¿Dónde está el beneficio de sacar una porción de la verdad de Dios?   El es el amigo más amable que me advierte de la extensión de mi peligro.  ¿Donde está el beneficio de ocultar el futuro para los impenitentes e impíos?  Es como ayudar al demonio en su causa si no les hablamos abiertamente de ello, “El alma que peca ciertamente morirá”  ¿Quién sabe si el desgraciado descuido de muchas personas bautizadas proviene de que ellos nunca fueron advertidos abiertamente sobre el infierno?  ¿Quién puede decir si miles podrían convertirse si los ministros los urgieran más fielmente de escapar de la ira por venir?  Verdaderamente, me temo que muchos de nosotros somos culpables en esto, que existe una ternura malsana entre nosotros que no es la ternura de Cristo.  Hemos hablado de misericordia pero no de juicio, hemos predicado muchos sermones sobre el cielo pero pocos acerca del infierno;  hemos sido llevados lejos por el horrible miedo de ser calificados como “bajos, vulgares y fanáticos”.   Nos hemos olvidado que El, el que nos juzga, es el Señor y que el hombre que enseña la misma doctrina que Cristo nos enseñó no puede estar equivocado.

Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, le ruego que le dé al infierno un lugar en su teología.   Establezca en su mente, tan fijo como un principio, que Dios es un Dios de juicio tanto como de misericordia, y que los mismos consejos que establecen la fundación de la dicha del cielo lo son para la miseria del infierno.  Tenga claro en su pensamiento que todos aquellos que mueren no perdonados y no renovados finalmente no calzan en la presencia de Dios y estarán perdidos para siempre.  No son capaces de disfrutar el cielo; no podrían ser felices allí.   Deben irse a su propio lugar y ese lugar es el infierno.  ¡Oh, es una gran cosa en estos días de incredulidad creer en la Biblia completa!

Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, le ruego estar alerta de cualquier ministro que no enseña abiertamente de la realidad y eternidad del infierno.  Tal ministro puede ser tranquilizador y agradable pero está mucho más proclive de adormecerlo que conducirlo a Cristo o fortalecerlo en la fe.  Es imposible dejar de lado cualquier porción de la verdad de Dios sin arruinar el conjunto.   Es prédica tristemente defectuosa aquella que lidia exclusivamente con las misericordias de Dios y la dicha del cielo y que nunca establece los terrores del Señor y las miserias del infierno.  Puede ser popular pero no es escritural, puede  entretener y gratificar, pero no brindará salvación.  Denme sólo sermones que no retengan nada de lo que Dios ha revelado.  Pueden calificarlo de severo y riguroso,  pueden decirnos que asustar a la gente no es la forma de hacerles el bien, pero están olvidando que el gran objetivo del evangelio es persuadir a los hombres de “huir de la ira por venir” y que es vano esperar que ellos lo hagan a menos que tengan temor.   ¡Bueno sería para muchos cristianos tener más temor por sus almas del que actualmente tienen!

Si desea ser según las Escrituras un cristiano saludable, considere frecuentemente cual será su propio fin.  ¿Será la felicidad o la miseria?  ¿Será la muerte de un justo o la muerte de un desesperanzado, como el de la esposa de Lot?   No puede vivir para siempre, habrá un fin algún día.   El último sermón será un día escuchado, la última prédica será un día dicha; el último capítulo en la Biblia será algún día leído;  significado, deseo, esperanza, intención, resolución, duda, vacilación –todo en su extensión terminará.  Tendrá que dejar este mundo y pararse enfrente de un Dios santo. ¡Oh, espero que sea sabio! ¡Oh, que considere su fin último!

No puede jugar por siempre, vendrá el tiempo en que debe ser serio.  No puede posponer  los asuntos de su alma por siempre: vendrá el día cuando usted enfrente el juicio de Dios.   No puede estar siempre cantando, bailando, comiendo, bebiendo, vistiéndose, leyendo, riendo y bromeando, delineando y planificando y produciendo dinero.   Los insectos del verano no siempre pueden lucirse bajo el brillo del sol.  La media tarde fría y fresca vendrá al final y pondrá fin a su lucimiento para siempre.   Lo mismo será con usted.   Usted puede  posponer la religión hoy y rechazar el consejo de los ministros de Dios pero el día frío está en ciernes, el día en que Dios bajará a hablar con usted.  Y cuál será su final?  Será uno sin esperanza, como el de la esposa de Lot?

Le suplico por las misericordias de Dios, mirar este asunto directamente a la cara.  Le ruego no ahogar la conciencia con vagas esperanzas de la misericordia de Dios mientras su corazón se inclina al mundo.  Le imploro no desechar las convicciones por fantasías infantiles acerca del amor de Dios mientras su vida diaria y hábitos muestran claramente que “el amor del Padre no está en usted”.   Hay misericordia en Dios, como un río, pero es para el creyente penitente en Cristo Jesús.  Hay un amor de Dios hacia los pecadores que es inefable e inescrutable pero es para aquellos que oyen la voz de Cristo y lo siguen.   Busque tener un interés en ese amor.   Rompa con cada pecado conocido, sálgase del mundo,  implore poderosamente a Dios en oración, vacíese completamente y sin reservas al Señor Jesús en tiempo y eternidad, deje a un lado cada peso.  No atesore nada, aunque querido, que interfiera con la salvación de su alma, abandone todo, aunque preciado, que se interponga entre usted y el cielo.  El viejo barco del mundo está sucumbiendo bajo sus pies; la única cosa necesaria es tener un lugar en el bote salvavidas y llegar a salvo a la playa.   Sea diligente en hacer su llamado y elección segura.   Cualquier cosa que suceda a su casa y propiedad, vea que usted esté seguro del cielo.  Oh, es mejor un millón de veces  que se reían de nosotros y que piensen que somos extremos mientras estamos en este mundo que ir al infierno en medio de la congregación y terminar como la esposa de Lot!

Déjenme dirigirme al lector particularmente en esto de forma tal que pueda establecer algunos puntos esenciales en su conciencia.  Usted ha visto la historia de la esposa de Lot –sus privilegios, su pecado y su fin.   Ha sido advertido de la inutilidad de los privilegios sin el regalo del Espíritu Santo, del peligro de la mundanería y de la realidad del infierno.  Me es difícil terminar  todo este asunto a través de  unas pocas y directas interpelaciones  a su propio corazón.  En  días de tanta luz y conocimiento y profesión, deseo establecer un faro para prevenir a las almas de un naufragio.  Sinceramente amarraría una boya en el canal  de todos los viajeros espirituales y pintaría sobre ella;  “Recuerden a la esposa de Lot”.

  1. ¿Le tiene sin cuidado la segunda venida de Cristo?  Alas, muchos están así.   Viven como los hombres de Sodoma y los hombres de los días de Noé:  comen y beben y plantan y edifican y se casan y son dados en matrimonio y se comportan como si Cristo nunca fuera a regresar.  Si usted es uno de ellos, le digo a usted este día “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.
  2. ¿Es poco entusiasta y frío en el ejercicio de su creencia?  ¡Alas, muchos lo están!  Tratan de servir a dos señores: trabajan para mantener la amistad con Dios y con mamón.   Tratan de ser una especie de vampiros espirituales, ni una cosa o la otra, ni un cristiano cabal pero tampoco un hombre del mundo.  Si usted es uno de ellos, le digo hoy: “Tome cuidado: recuerde a la esposa de Lot”.

c.  ¿Está vacilando entre dos opiniones y se dispone a regresar al mundo?  Alas, muchos lo están.   Temen a la cruz;  secretamente  no les gusta el problema y reprochan una religión decidida.   Están cansados del desierto y del maná y regresarían sinceramente a Egipto si pudieran.   Si usted es uno de ellos, le digo esto hoy, “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.

d. ¿Está usted secretamente acariciando algún pecado residente?  Alas, muchos lo están.   Van lejos en la profesión de su fe, hacen muchas cosas que son correctas y son como el pueblo de Dios.  Sin embargo siempre hay un  querido hábito demoníaco del cual no pueden desprenderse de corazón.  Mundanería oculta o codicia o lujuria se adhieren a ellos como su piel.   Están deseosos de ver caer todos sus ídolos, excepto ese.   Si usted es como uno de ellos, le digo esto hoy. “Tome cuidado: recuerde a la esposa de Lot”.

e. ¿Está usted  lidiando con  pequeños pecados?  Alas, muchos lo están.   Mantienen las grandes doctrinas esenciales del evangelio.  Se mantienen  limpios de grandes despilfarros o abiertamente de infringir  la ley de Dios, pero son penosamente descuidados acerca de pequeñas inconsistencias y están penosamente listos a preparar excusas para ellas.  “Es sólo un poco de mal humor,  o un poco de frivolidad, o falta de reflexión, o un poco de olvido” nos dicen;  ”Dios no toma en cuenta esas cosas pequeñas.  Ninguno de nosotros es perfecto;  Dios nunca nos lo pediría”.  Si usted es uno de ellos, le digo a usted este día “Tome cuidado,  recuerde a la esposa de Lot”.

f. ¿Está usted descansando en los privilegios religiosos?  ¡Alas, muchos lo hacen!  Disfrutan la oportunidad de escuchar la prédica regular del evangelio y ocuparse de muchas ordenanzas y medios de gracia, y permanecen bajo su amparo.  Parecen ser “ricos, se han enriquecido y no tienen necesidad de nada” (Apo. 3:17),  en tanto que  no tienen ni fe, ni gracia, ni mente espiritual, ni idoneidad para el cielo.   Si usted es así, le digo esto hoy;  “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.

g. ¿Está confiando en su conocimiento religioso?  ¡Alas, mucho lo hacen!  No son ignorantes, como otros hombre, ellos  conocen la diferencia entre la verdadera y falsa doctrinas.   Pueden disputar, pueden  razonar, pueden argüir, pueden hacer citas bíblicas pero no son convertidos y están aún muertos en sus transgresiones y pecados.  Si usted es uno de ellos, le digo esto hoy; “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.

h. ¿Profesa de algún modo la religión y aún así  está aferrado al mundo?  Tienen el propósito de ser cristianos reflexivos.   Les gusta recibir el crédito de ser serios,  estables,  correctos, con asistencia regular al templo y aún así su vestimenta, sus gustos, sus compañías, sus entretenimientos dicen abiertamente que son del mundo.   Si usted es uno de ellos, le digo hoy esto; “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”.

i.   ¿Está confiando en que tendrá un arrepentimiento en su lecho de muerte?  Alas, mucho lo están.   Saben que no son lo que deben ser: no han nacido de nuevo y no están preparados para morir.   Se engatusan a sí mismos pensando que cuando su última enfermedad venga, ellos tendrán el tiempo para arrepentirse y rendirse a Cristo y saldrán del mundo perdonados, santificados e irán al cielo.  Se olvidan que las personas a menudo mueren súbitamente y que, como viven, generalmente mueren.  Si usted es uno así, le digo este día;  “Tome cuidado, recuerde a la esposa de Lot”

j. ¿Pertenece a una congregación evangélica?  ¡Muchos pertenecen y, alas, no van más allá!  Escuchan la verdad domingo tras domingo y permanecen duros como un pilón.  Sermón tras sermón resuenan en sus oídos.   Mes tras mes son invitados a arrepentirse, a creer, a ir a Cristo y ser salvos.  Los años pasan y ellos no cambian.   Mantienen su asiento al amparo de la enseñanza de un ministro favorito, pero también mantienen sus pecados favoritos.  Si usted es así, le digo este día,  “Tome cuidado,  recuerde a la esposa de Lot”.

¡Oh, puedan estas serias palabras de nuestro Señor Jesucristo ser profundamente grabadas en nuestros corazones!  ¡Que nos despierten cuando estemos soñolientos, que nos revivan cuando nos sintamos como muertos,  cuando estemos apagados, que nos calienten cuando sintamos frío!  ¡Puedan ser el aguijón que nos despierte cuando caigamos y una brida cuando nos desviemos del camino! Puedan ser nuestro amparo para defendernos cuando Satanás ponga una  tentación sutil en nuestro corazón y una espada con la cual pelear cuando él nos diga descaradamente “¡Abandona a Cristo, regresa al mundo y sígueme!” ¡Oh, que podamos decir en nuestras horas de prueba “Alma recuerda la advertencia de tu Salvador”!  ¿Alma, alma has olvidado Sus palabras?  ¡Alma, alma recuerda a la esposa de Lot”!

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1 Comentario

  • Responder Octubre 2, 2015

    pedro escudero

    Muy buenos los estudios, ?podrian mandarmelo a partir de la fecha. Gracias

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