11: Cómo criticar a tu pastor (honrando a Dios) – C. J. Mahaney

mahaney

Traducido por Makarena Vives

Iglesia Biblica Reformada de Rosario

En estas series sobre “el pastor y la crítica personal”, es importante considerar cómo los miembros de la  congregación pueden servir a su pastor a través de una corrección acertada. Como pastores lo necesitamos, y necesitamos hacerles lo más fácil posible a los miembros de la congregación el abordarnos con cualquier pregunta, preocupación u observación que puedan tener.*

Entonces, ¿qué pasa si tienes una corrección para hacer a tu pastor? ¿Cómo puedes llevarle esa observación crítica de forma amorosa y humilde? ¿Cómo puedes corregir a tu pastor en una forma que no sólo le sirva a él, sino que también agrade y honre a Dios al mismo tiempo? Éstas son muy buenas preguntas y de gran importancia. Pero dadas las limitaciones de tocar este tema en un breve post, no puedo referirme a cada situación en particular o darles sugerencias exhaustivas acerca de un asunto tan grande.

Esta serie sobre la crítica personal no tiene como fin el analizar los pecados que descalifican a un pastor del ministerio**. Lo que intento analizar es las situaciones en las que un miembro tiene una preocupación acerca de un sermón en particular, el manejo de la congregación o sobre algún asunto del carácter personal de un pastor, del cual éste no sea conciente.

De hecho, la interacción que uno tenga con el pastor y hasta un posible desacuerdo con él serán más a menudo sobre un tema de sabiduría, o tal vez un asunto de preferencia personal.

Teniendo en cuenta ésto, acá hay un par de sugerencias para considerar:

Que la motivación sea el servicio

Éste es tal vez el paso más importante de todos: examinar nuestro corazón antes de tener una conversación en la que llevemos corrección a alguien. Y la razón para ésto es que nuestra motivación hace toda la diferencia. Lo más sabio es examinar mi corazón para ver que no haya falsas intenciones, y preguntarme: “¿El motivo por el que quiero compartir esta observación crítica con mi pastor es para servirle?” No debemos asumir que nuestras motivaciones son de humildad y redención, antes de examinarlas. Nuestra motivación debe ser servir a nuestro pastor, no regañarlo.

Una forma que para mí resulta efectiva para preparar mi corazón antes de corregir a alguien es tomarme un tiempo para pensar en las evidencias de la gracia de Dios en su vida. Estudia el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22–23) y los dones del Espíritu (1 Corintios 12:4–11, 27–31; Efesios 4:11–16; 1 Pedro 4:10–11). Luego estudia la vida de tu pastor y considera cuidadosamente dónde ves la obra de Dios en su vida. Agradece a Dios por tu pastor y estas evidencias de Su gracia en la vida de él. Esta simple práctica va a crear una nueva apreciación por él, una nueva conciencia de lo que Dios está haciendo en su vida. También te asegurará de que le lleves la corrección en un espíritu de gratitud.

Después de ésto, ora por él. Tómate un tiempo para pensar en todas las cargas y tentaciones que son comunes a todos los pastores. John Newton, quien fue pastor por más de 40 años, estaba bastante familiarizado con estas tentaciones, y puede ayudarte a entender las cargas del ministerio pastoral en blogs como éste y éste. A medida que ores por tu pastor y las cargas que lleva, tu corazón se va a ir ablandando hacia él.

Encuéntrate con él en persona

Por varias razones creo que no es sabio comunicar una corrección hacia tu pastor (o cualquier otra persona) de forma escrita. Escribirle es mucho más fácil que encontrarse con él, pero eso es porque, seamos honestos, somos reacios a corregir y tememos a la respuesta que podamos recibir de nuestra corrección (y eso puede ser un prejuicio pecaminoso de nuestra parte). Concretar un encuentro para conversar requiere que primero, por la gracia de Dios, hagamos morir en nosotros el temor a los hombres en relación a nuestro pastor o a quien sea que estemos corrigiendo.

Se pueden sacar un montón de beneficios de una conversación cara a cara con tu pastor. Podría escribir páginas enteras de por qué una conversación es mucho mejor que una comunicación escrita cuando se trata de hacer una corrección. Sólo en una conversación podemos hacer preguntas, desarrollar ideas, sacar los pensamientos de nuestro pastor, y escuchar su propia perspectiva. Cada vez que corrijo a alguien sé que mi perspectiva es limitada y que mis percepciones son defectuosas. En una conversación puedo expresarle mi preocupación a mi pastor, sin asumir que mi perspectiva sea infalible (Proverbios 18:13).

Una conversación también le da a tu pastor la oportunidad de observar tus expresiones faciales y escuchar tu tono de voz, que son cosas necesarias para tener una conversación eficaz.

Trae observaciones

En este post he usado la palabra “observaciones”. Por esto me refiero a que tú no vas a tu pastor como un fiscal hacienda un depósito. No estás trayendo cargos y acusaciones en su contra; sino observaciones personales, algo que has observado.

Hay una gran diferencia entre una acusación y una observación. La primera es el fruto de un corazón orgulloso y ofendido, mientras que la segunda es el fruto de un corazón que ha sido humillado por el Evangelio y es conciente de que las percepciones de uno pueden fallar.

Reconocer ésto, me ayudará a ver dos cosas importantes: (a) que puedo estarme equivocando en mi crítica, y (b) que mi crítica puede no ser tan importante como yo pienso que es. Tomar estos temas con esta clase de humildad te permitirá ir a tu pastor con preguntas en vez de acusaciones.

Éxito

Entonces, ¿qué sería un encuentro exitoso? Primero y principal, fue exitoso si te importó lo suficiente como para ir a tu pastor y tener esta conversación con él. Y tuvo éxito si tu pastor se tomó el tiempo de escucharte y considerar tus observaciones. No esperes que él esté inmediatamente de acuerdo con todos tus comentarios o que los responda inmediatamente. Dale el tiempo necesario para orar, reflexionar en tu corrección y hablar con su esposa y amigos acerca de ésto.

Pero si te das cuenta que te ofende que tu pastor no responda inmediatamente o que no esté de acuerdo contigo, entonces puede ser que tu propio corazón ha quedado al descubierto y tal vez tus motivaciones no eran tan puras como pensaste que lo eran. Entonces, lo que debes hacer es humillarte ante Dios y encomendar a Él la causa con tu pastor.

Por eso, encuéntrate personalmente con tu pastor, ofrécele en humildad tus observaciones; pero no le exijas una respuesta inmediata. Si has comunicado tu corrección claramente y en amor, entonces has servido a tu pastor y honrado a Dios.

——–

* En relación con ésto, es importante que los pastores cultiven la accesibilidad y la responsabilidad. Hay dos artículos escritos por Ken Sande, que son muy valiosos en ayudar a los pastores a cultivar estas áreas; puedes encontrarlos aquí.

** Para más información sobre la distinción aquí entre el pecado que descalifica y el que no descalifica en el ministerio pastoral, puedes ver Predicando la Cruz (Wheaton, IL: Crossway, 2007), páginas 122–124.

——–

Anteriores de la serie:

1. El pastor y la crítica personal

2. Las tentaciones del pastor cuando llega la crítica

3. Aprender a ser sabio abrazando la crítica

4. Un moretón doloroso

5. El papel de la esposa del pastor cuando llega la crítica

6. Algunas manchas para mi cuadro moral

7. Trata bien a tus críticos

8. Por qué los pastores fieles serán criticados

9. Una autoestima muy alta

10. Cómo distiguir las diferentes clases de críticas

 

 

Compartiendo recursos en la red para el aliento y crecimiento del cristiano.

Comments are closed.