06: Algunas manchas para mi cuadro moral – C. J. Mahaney

Traducido por Makarena Vives

Me he servido de muchas citas de los escritos y sermones de Charles Spurgeon a través de los años. Y, con respecto a la crítica personal, hay una cita en particular que me ha servido por largo tiempo. Vuelvo a rever la cita tanto antes de que llegue la crítica personal (si es que tengo una antelación), o después de que aparezca la crítica (si me toma por sorpresa). Esto me prepara para la llegada de la crítica y me provee de una perspectiva para mi corazón una vez que la crítica ha sido compartida.

Dice así:

“Hermano: Si algún hombre piensa mal de ti, no te enojes con él; porque tú eres peor de lo que él piensa que eres. Si te acusa falsamente por algo, estate satisfecho; porque si te conociera mejor podría cambiar la acusación y no saldrías beneficiado por ese cambio. Si pintan un cuadro moral de ti y es feo, estate satisfecho; porque todavía necesitaría unos toques de negro para acercarse más a la realidad.”*

En diferentes ocasiones a lo largo de los años he recibido críticas de personas que parecían tener… digamos… una mala actitud. Cuando esto sucede me siento tentado a ofenderme por esa actitud y a sentirme aliviado antes de tiempo, concluyendo que una crítica traída con dicha actitud tiene que ser errónea. Y puede que sea errónea (o no). Pero, incluso si lo es, cualquier alivio que pueda experimentar es de corta duración cuando recuerdo las palabras del señor Spurgeon.

Aún si la crítica es errónea, no hay lugar para mi orgullo. Esto se debe al hecho de que yo estoy más al tanto de mi propio pecado que cualquier crítico. Pero, lo que es más importante, Dios está al tanto de todos mis pecados. Es por eso que, aún si se prueba que la crítica es totalmente errónea, yo no debería estar orgulloso de eso.

El saber esto me restringe de apresurarme en criticar o desechar las percepciones de los otros, aún si sus correcciones son fuertes, aún si no vienen con corazones humildes y bondadosos, e incluso si el contenido de la crítica es erróneo. Siempre puedo aprender una lección simple de la crítica: ¡Soy peor de lo que ellos piensan!

La cita de Surgeon me humilla, restringe mi orgullo, y me recuerda que siempre necesito de un Salvador, incluso cuando los demás no pueden ver con exactitud la profundidad de mi propio pecado. He aprendido a lo largo de los años que, aún cuando la crítica es errónea, debería humillarme y recordarme que Dios tiene un “cuadro moral” acertado de pecadores como yo. Debería recordarme que incluso la crítica peor informada que me puedan hacer, me va a alagar más que la realidad.

 

* Charles Spurgeon, sermón: “David danza ante el arca por su elección,” en Sermones del púlpito del Tabernáculo Metropolitano, vol. 35.

Anteriores de la serie:

1. El pastor y la crítica personal

2. Las tentaciones del pastor cuando llega la crítica

3. Aprender a ser sabio abrazando la crítica

4. Un moretón doloroso

5. El papel de la esposa del pastor cuando llega la crítica

 

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