La diáspora de los jóvenes (I) – Daniel Pujol

Fuente: Edificación Cristiana

Aún conservo en mi mente la imagen de mi primo, en la escuela dominical, levantando su brazo para enseñarme las nuevas pulseras de cuero que cubrían su muñeca, una moda más que imprimía el nuevo carácter de la juventud de finales de los 80. Era una sonrisa alegre (no todas lo son) en medio de una reunión para niños después de un culto de domingo.  Probablemente, esa sonrisa no fuera fruto de aquello que se nos impartía en ese momento pero era una clara muestra de felicidad que él sí podía compartir con otros tantos niños y niñas que llenaban los primeros bancos de un local al que muchos siguen llamando “iglesia”.

También recuerdo que, después de haber cantado y gesticulado diferentes coritos que hablaban de Jesús, pasábamos a la hora de clase divididos en diferentes grupos por edades como si de un instituto se tratara, grupo A, grupo B, etc. Con esto no quiero decir que la división por grupos no fuera útil sino ¡todo lo contrario! Era necesaria e imprescindible dada la gran cantidad de jovenzuelos que paseaban por allí.

Eso ocurría unos años atrás. Ahora, en el 2010, hago cálculos. Intento sumar veinte años más a cada una de las caras que conocía y no puedo comprobar mi acierto porque ya no están ahí. La pregunta que me hago sigue siendo la misma: ¿Dónde se fueron?

Sé que para tratar un asunto como el de la diáspora de los jóvenes de las iglesias existen  varios límites que no se pueden traspasar. El primero de ellos es pecar de un exceso de simplificación o reducción a una experiencia propia, porque cada persona, congregación, denominación o grupo ofrece su particular vivencia del asunto y hay multitud de percepciones.  Sin embargo, otro error sería intentar hacer un análisis científico-social del problema de forma exacta y teórica para obtener unos resultados estadísticos que, probablemente, encajarían más en nuestra mente racional pero nos impedirían acariciar la sensibilidad real que hay detrás de este gran problema.

Más allá de nuestras experiencias y sensaciones, para saber de nuestro presente siempre debemos echar un vistazo al pasado. La situación actual de la iglesia en España no puede separarse ni casi explicarse sin tener en cuenta la influencia del marco político-social en la ha envuelto en las últimas décadas. El propósito de esta reflexión no es hacer un análisis teórico de este aspecto, simplemente tener en cuenta que el entorno de la Iglesia evangélica española no ha sido siempre el mismo.

Una imagen vale más que mil palabras

En la actualidad, algunas de las fachadas de nuestros locales, puertas y cristales se sostienen firmes pero obsoletos pidiendo a gritos ser cambiados. Anteriormente, nunca pasaban de moda porque la represión los cambiaba a pedradas.  Para mí, esta imagen ilustra bien algo de lo que ha podido suceder a la iglesia evangélica del país. En un sentido, la persecución, aunque no deseable, permitió que la iglesia se mantuviera dinámica, activa y viva. Esto no es ninguna novedad si hacemos caso de su historia desde la dispersión en Jerusalén en el primer siglo hasta la propagación de las Escrituras en la provincia china de Sichuan en el siglo XX. Luego ¿el grado de vida eclesial es mérito de la hostilidad contra ella? No, pero la hostilidad y la agresión contra ésta, aunque es maligna, también provoca que los hijos de Dios estén más agarrados a su Padre. De tal manera que esa auténtica y sana dependencia espiritual nos llevó a colocar a Cristo como única e imprescindible fuente de esperanza,  de aquí  hasta la eternidad.

Pero el tiempo pasó. Y con el fin de la dictadura se comenzó a hablar de derechos y libertades, entre ellas la religiosa y de culto. Por fin pudimos comenzar a poner nuestros múltiples letreros al gusto sin temer represalias: “Capilla Evangélica”, “Iglesia Evangélica”, “Asamblea Cristiana”, “Centro Cristiano de Rehabilitación”, etc. Hoy día parece que ha habido otro giro, de repente todo lo que antes funcionaba parece que ya no funciona. La iglesia tiene que enfrentar en esta época nuevos retos por el cambio social que está experimentando y parece no entender el lenguaje posmoderno.  La nueva moral de la sociedad nos pilló a todos por sorpresa con sus nuevas tendencias y esto ha hecho que se viva cierta desorientación. ¿Cómo puede ser?

Un paseo por la historia

Hasta 1975, como decíamos, el Estado en el cual vivimos sufrió una dictadura. En el caso español, el poder dictatorial estuvo directamente relacionado y apoyado por la Iglesia Católica lo cual derivó al nacional-catolicismo, un matrimonio posible de consecuencias imprevisibles, como los de ahora.

Los poderes del estado se vincularon a una religión. Esto también significó que el adoctrinamiento y la enseñanza de la sociedad estaban dentro de ese marco religioso, en ese caso, un marco católico.

Dejando de lado el debate sobre la cristiandad auténtica del catolicismo y el grado de confianza en su base teológica, estaremos de acuerdo en que la moral católica y la forma de entender aquello que está ‘bien’ y lo que está ‘mal’, no difiere demasiado de la moral encontrada en la Biblia.  Por lo tanto, el conflicto entre protestantes y católicos nunca fue un problema de coincidencia moral sino de fundamentos de la fe y la espiritualidad. Los evangélicos no fueron reprimidos por carecer de una “moral cristiana” sino por su testarudez en creer que las Escrituras, es decir, la voz de un Dios vivo y resucitado, tenía una autoridad en la tierra infinitamente superior a cualquier régimen religioso de control. Nuestros padres comprendieron perfectamente que su lucha era espiritual cuando las piedras rompían los cristales de sus locales.

Sin embargo, a partir de los 60 y 70, la difícil situación que vivía el país obligó a renunciar a cierto grado de control y a ceder a la obertura en muchos ámbitos. La preocupación comenzaba a ser cómo llamar la atención del turista extranjero en lugar de enseñar a los protestantes a ser sumisos.

Pero el colofón del cambio llegaría con el pronunciamiento de la nueva Constitución (1978) tres años después de la muerte de Franco, y la aprobación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (1980), aunque ya se habían dado los primeros pasos en regulación civil religiosa unos años antes (1967)

Lo que no vimos antes se hace evidente ahora

A partir de esta nueva configuración del Estado, el pueblo protestante se vio favorecido de forma positiva por dos factores esenciales, y he aquí el quid de la cuestión, porque, a mi parecer, uno lo vio y el otro no.

El factor percibido fue que la democracia le permitía, por fin, tener más facilidades para mostrarse libremente ante la sociedad sin tener que pedir perdón por hacerlo. Como decíamos antes, ya era posible tener un local con su letrero y celebrar los cultos de forma más relajada sin ser el punto de mira de las autoridades ya que, en ese momento, la congregación estaría amparada por la ley.

Pero hubo otro factor por el cual la iglesia se vio favorecida. La nueva sociedad, aunque democrática, ha tenido la herencia de una moral católica aprendida e inculcada durante décadas. Y la moral católica no deja de ser una moral cristiana. Por lo tanto, a los evangélicos y protestantes, sin darnos cuenta, nos fue mucho más fácil dirigirnos a una sociedad que, aún sin conocer a Dios, sí estuvo impregnada de unos valores similares a los nuestros en el uso de la vida cotidiana.

Ahora ¿qué sucede en nuestro momento? Que de repente, todo ha cambiado. Ahora resulta que lo único que hay claro es que no hay nada claro; la única verdad absoluta es que no hay verdad absoluta; y los valores que hay, serán muchos, pero ya no se rigen por lo recto o lo torcido pues todo depende de tu subjetividad, de cómo lo mires.

Pero hay algo grandioso en todo esto. La nueva situación en que nos encontramos es nueva desde nuestra perspectiva y, sin embargo ¡es como si hubiéramos descubierto la sopa de ajo para las Escrituras del Dios viviente! Y si no, preguntémosle a Isaías, que después de 2.700 años sepultado aún anuncia “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20), y si lo queréis, padres, recordad a vuestros jóvenes que no fueron ellos quienes inventaron los cubatas: “¡Ay de los héroes para beber vino y valientes para mezclar bebidas!” (Isaías 5:22). Por lo tanto ¿qué hemos descubierto en esta época? Absolutamente nada. Nada nuevo bajo el sol, como dijo otro.

Luego, el pueblo de Dios se ve ahora desorientado en cuestiones de sexualidad, familia, aborto, educación, etc. Porque empieza a manifestarse lo que antes quedaba diluido por una coincidencia moral y de valores.

Pero esta situación debía darse en nuestro país, tarde o temprano. Todo tenía que cambiar de una forma u otra porque los valores y la moral cristiana no son perpetuos si no hay un Cristo auténtico detrás. Cuando no se conoce a Dios no se puede vivir como sí se le conociera. Y esta frase sirve tanto para las iglesias en general, como para los jóvenes en particular, los que permanecen y los que se fueron. Ahora ya podemos comenzar a hablar de diásporas.

1 Monroy, J.A. (2007) La transición religiosa en España. Madrid: Alcalá de Henares.

 

 

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5 Comentarios

  • Marzo 8, 2011

    Marcos

    Hola Dani soy Marcos (de Valencia jeje)
    tio antes de nada te doy las gracias por esta pagina… la verdad k desde k me pasaste el enlace hace un par de años 3 creo… he estado enganchado… sobre todo este ultimo año cuando cambió a pagina en vez de blog….

    sobre este articulo justo anoche estaba leyendo en un libro k se llama “raices” de Felix Ortiz…

    y la verdad es k analiza muy bien…. sobre esos jovenes que veias cuando eras pequeño y que ahora no ves…. (aunk ahora tu y yo somos 2 ejemplos k si k estamos jeje Gloria a Dios)

    lo bueno esk … esos jovenes k nacen en familias cristianas… tienen la maravillosa y grandiosa oportunidad de conocer a Dios desde pequeños… y hay varios factores que no acompañan a k hoy los veas en la iglesia…. y es la misma iglesia o mejor dicho la “cara” de la iglesia la k no ayuda… ha esto me refiero a la falta de buena enseñanza o discipulado…. tanto teorico como practico…. por otra parte los padres tanto como educadores antes k las iglesias locales…. y cristianos… tiene k enseñar y ser ejemplos vivos del morir uno mismo y Jesus en nosotros….
    (podria decirse k esto suele suceder en la mayoria de los casos y hogares) no se vive como Dios quiere… creo k la iglesia está demasiado comoda en el mundo…

    asi k …. entre k se van de las “iglesias” o se convierten en cristianos nominales…. (como el catolicismo)
    la herencia cristiana evangelica (por ponerle algun nombre) se preocupa mas por las actividades y la FACHADA de la iglesia tanto como iglesia de grupo de personas, como iglesia de recinto local popularmente maldicho

    y ahora cuando la sociedad se “deskita” de los valores cristianos impuestos siglos atras…
    ahora……. ahora es cuando toca enseñar…
    enseñar la verdad de esos valores no religiosos…. enseñar desde el amor y como no, comenzar desde el amor de Jesus…. k lo conozcan….

    un abrazo… y te recomiendo ese libro…está muy interesante…
    me alegro de k sigamos unidos aun sin vernos…jejje… Dios es demasiado grande…
    Aleluya… : D

  • Marzo 8, 2011

    Dani

    Hola Marcos,

    En primer lugar agradecerte el comentario y de paso honrar a Jairo, que a parte de ser un gran amigo, es el verdadero autor y gestor de este sitio web.

    Lo cierto es que en la iglesia somos muy responsables de la situación espiritual que pueda haber en nuestras comunidades pero al mismo tiempo, Dios juzgará a cada uno según la revelación que se le concedió, y la “hipocresía” de la iglesia podrá ser una excusa para defender nuestra salida de la congregación, pero jamás será aceptada por Dios como justificación de su rechazo al Evangelio.
    Los jóvenes debemos aprender que somos responsables de nuestros actos y decisiones, y que nuestro referente en última instancia jamás debe ser un sistema, un pastor, un predicador, un padre, una madre, un hermano, sino sólo Jesús. Pues sólo Jesús dio su vida por sus amigos y enemigos y sólo en Él fue cumplida la ley.

    Aun así, es verdad que aquello que acercará nuestras congregaciones a la imagen de la “esposa perfecta” no será que conozca 100% la teoría, sino el conocer íntimamente a aquél que la redimió.

    Mucho ánimo en todo, hermano, aún me acuerdo de ese día en Valencia, eres una muestra más del poder de Dios en la tierra.

    un abrazo,

    Dani

  • Junio 25, 2011

    Rodolfo Plata

    LOS VALORES SUPREMOS DE LA TRASCENDENCIA HUMANA Y LA SOCIEDAD PERFECTA QUE ORIENTAN LA ETICA Y LA MORAL DEL CRISTIANISMO LAICO, SUPERAN LOS VALORES DE LA RELIGIÓN JUDEO CRISTIANA. El cristianismo se inició como un movimiento laico. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores de la paideia griega (cultivo de sí). Que tenía como propósito educar a la juventud en la “virtud” (desarrollo de la espiritualidad mediante la práctica continua de ejercicios espirituales, a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma, y alcanzar la trascendencia humana propiciando transformaciones buenas para si mismo y la sociedad) y la “sabiduría” (cuidado de la verdad, mediante el estudio de la filosofía, la física y la política, a efecto de alcanzar la sociedad perfecta). El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, ilustra lo que es la trascendencia humana y como alcanzarla. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar los fines de la paideia griega siguiendo a Cristo. Meta que no se ha logrado debido a que la letrina moral del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo (cristianismo laico), separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su religión basura que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-