El Evangelio y el sexo (2) – Tim Keller

Fuente: En línea con el Evangelio

EL SEXO COMO SACRAMENTO

La ética sexual cristiana tiene poco sentido a menos que primero entendamos la elevada visión de la sexualidad en la fe Cristiana. El sexo es sagrado por tres razones:

El Sexo Procrea: Las Políticas del Sexo

El sexo es sagrado porque, con Dios, este co-crea una nueva alma. El sexo propaga la raza humana (Gén. 1.28). Su propósito no es solamente para la edificación del nombre de una familia. El propósito del sexo es crear familias de discípulos, para establecer nuevas comunidades del reino. Pero, irónicamente, la manera principal que aprendemos esto es a través del comentario de la Biblia acerca de la actitud que debemos tener acerca de la soltería.

El cristianismo, a diferencia de las religiones o culturas más tradicionales, pone a la soltería como una viable manera de vivir. Tanto Jesús como el apóstol Pablo eran solteros. Jesús habló a aquellos que permanecen sin casar con el fin de que sirvieran mejor al reino de Dios (Mateo 19.12). Pablo dice que los solteros con frecuencia son mejores para el ministerio como una señal del reino venidero (1 Cor. 7.29-35).

“Una de las pocas claras diferencias entre el cristianismo y el judaísmo es el antiguo entretenimiento de la idea de la soltería como el paradigma de la manera de vivir de sus seguidores… La soltería era legítima, no porque el sexo era una actividad particular cuestionada, sino porque la misión de la iglesia era tal que “entre las eras” la iglesia requería de aquellos que eran capaces de un servicio completo para el reino… Y debemos recordar que el “sacrificio” hecho por el soltero no es de “entregar el sexo”, sino el mucho más grande sacrificio de entregar sus herederos. Allí no puede haber acto más radical que este, como si la expresión institucional más clara del futuro personal no está garantizado por la familia, sino por la iglesia.” Stanley Hauerwas

Por lo tanto, escoger entre matrimonio y soltería no debe ser en base a si deseamos felicidad personal y posición de una familia sino en la base de cual estado nos hace más útiles en el reino de Dios.

Tanto la soltería como matrimonio son instituciones simbólicas necesarias para la constitución de la vida de la iglesia como institución histórica que testifica del reino de Dios. Si la soltería es un símbolo de la confianza de la iglesia en el poder de Dios para llevar a cabo vidas para el crecimiento de la iglesia, el matrimonio y la procreación es el símbolo del entendimiento de la iglesia que la lucha es larga y difícil. Los cristianos no deben poner su confianza en sus hijos, sino en lugar de esto, sus hijos son una señal de su esperanza de que Dios no ha abandonado este mundo.” Stanley Hauerwas

Entonces, ¿Te das cuenta cuán diferente es la prohibición cristiana del sexo fuera del matrimonio de la prohibición tradicional? En las culturas tradicionales el sexo premarital era tabú así como la soltería, porque la familia y la propagación de su posición económica y social eran ídolos. La prohibición cristiana del sexo premarital es claramente diferente en su inspiración, porque la soltería es ahora considerada una viable alternativa. En las sociedades tradicionales el sexo premarital era prohibido porque este socava a la familia. En el Cristianismo quebranta al reino. ¿Por qué? Primero, el sexo fuera de un pacto de matrimonio socava la cualidad de carácter de fidelidad, la cual construye la comunidad.

“El asunto no es solo si X o Y forma de actividad sexual es buena o mala, como si tal actividad pudiera ser separada de una manera entera de vivir. En su lugar tales preguntas son sorteadas maneras de preguntar qué clase de gente debemos ser capaces de apoyar la misión de la iglesia… La castidad, lo olvidamos, no es un estado sino una forma de virtud de fidelidad que es necesaria para un rol en la comunidad. Por tal razón, es tan crucial la vida matrimonial como la vida de soltero.” Stanley Hauerwas

Segundo, nos abstenemos del sexo fuera del matrimonio con el propósito de testificar como Dios trabaja con el evangelio. Dios llama a su pueblo a una relación exclusiva, a un pacto matrimonial, y darle cualquier cosa menos que eso, es una gran incredulidad. “Por nuestra fidelidad uno a otro, dentro de una comunidad, requiere, finalmente, lealtad a Dios, y experimentaremos y daremos testimonio de los primeros frutos de la nueva creación. Nuestro compromiso a una relación exclusiva da testimonio de la promesa de Dios a su pueblo, Israel y la iglesia que, a través de su exclusivo compromiso con ellos… la gente será llevada a su reino.” De manera que aunque es común escuchar a la gente decir, “El sexo es un asunto privado y a nadie le incumbe sino solo a mí.” Esto no es verdad. La manera en que usamos el sexo tiene ramificaciones significativas en la comunidad.

Los deleites del sexo: La Danza del sexo

Además de esto, el sexo es sagrado porque este es la analogía del gozoso darse uno mismo y el placer del amor dentro de la vida de la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en una relación de gloriosa devoción uno al otro, derramando amor y gozo uno a otro continuamente (Juan 1.18; 17.5, 21.24-25). El sexo entre un hombre y una mujer señala el amor entre el Padre y el Hijo, así como entre Cristo y el creyente (1 Cor. 11.3).

A pesar de 1 Corintios 7, el cual explota el punto de vista romántico del sexo como una realización estrictamente personal, en su lugar la Biblia claramente y abiertamente celebra los deleites del sexo. El sexo pretende ser maravilloso porque este es un espejo del gozo de la relación de la Trinidad y porque este señala el éxtasis eterno del alma que tendremos en el cielo en nuestra amorosa relación con Dios y uno al otro (Prov. 5.18-20; Deut. 24.5).

“El rol de la mujer a través del Cantar de los Cantares es verdaderamente asombroso, especialmente a la luz de su origen antiguo. Es la mujer, no el hombre, quien es la voz dominante a través de los poemas que hacen el canto. Ella es la que busca, la que persigue, la que inicia. En Cantares 5.10-16 ella valientemente exclama su atracción física. La mayoría de las traducciones en español titubean en este texto. El lenguaje Hebreo aquí es muy erótico, y la mayoría de los traductores no pueden hacer ellos mismos sacar a la luz el obvio significado. Esto otra vez es un preludio a su hacer el amor. Allí no hay timidez, vergüenza, movimiento mecánico bajo las sábanas. En lugar de eso, los dos se encuentran uno al otro, excitados, sin ninguna vergüenza, sino sólo con el gozo de la sexualidad de cada uno.” Dan B. Allender and Tremper Longman

El sexo es, entonces, una parte importante de lo que C. S. Lewis llama la “gran danza”. De acuerdo a Lewis, toda la realidad de Dios—Desde las estrellas y el sistema solar a el acto de las relaciones sexuales—forman una danza en curso, una danza dinámica, en la cual, “los planes innumerables se engranan, y cada movimiento llega a ser en su estación el romper de flores del diseño entero al cual todo lo demás ha sido dirigido.”

El Sexo unifica: La ceremonia del Sexo

Tercero, el sexo es sagrado porque este constituye una ceremonia de renovación del pacto. El propósito original del sexo era “llegar a ser una sola carne”, significando una unión personal completa. El sexo crea una profunda intimidad, unidad, y comunión entre dos personas (Gen. 2.24; 4.14). En la Biblia la unidad no es simplemente un asunto de emoción sino es siempre la creación de un pacto. El Romanticismo considera la felicidad emocional ser la condición principal del matrimonio, si hay una felicidad interpersonal, el sexo está garantizado, y entonces viene el matrimonio. Pero cuando muere el amor, también es permitido caminar lejos del matrimonio. Sin embargo, en el punto de vista bíblico, la condición principal del matrimonio es una unión de pacto. En el punto de vista romántico, el sexo es auto-expresión; en el bíblico, el sexo es darse a sí mismo.

La Biblia está llena de ceremonias de renovación del pacto. Cuando Dios entra a una relación personal con alguien, él no es tan no realista como para pensar que la mera emoción sirva como la base de esto. Él sabe que las emociones humanas van y vienen y que se necesita algo vinculante para proveer consistencia y resistencia. Así Dios requiere un pacto unido, público, legal, como la infraestructura de la intimidad. Es mucho más fácil ser vulnerable a alguien quien ha prometido en unión ser exclusivamente fiel a ti que alguien quien no está bajo ninguna obligación de permanecer contigo más que por una noche. Por lo tanto Dios demanda pactos. Pero aún esto no es suficiente. El regularmente mantiene a su pueblo junto para releer los términos del pacto, recordar la historia de sus actos de gracia en sus vidas, y comprometerse ellos mismos a través de la renovación del pacto. La ceremonia de renovación principal de pacto es la Cena del Señor. El sacramento de la cena del Señor renueva el pacto hecho en el bautismo; a través de romper el pan y tomar el vino, recrea el sacrificio desinteresado de Jesús por nosotros. Además, recibir y comer el sacramento recrea el darnos nosotros mismos a Jesús. Así recreamos en compromiso total y único que tenemos en Cristo como una manera de renovar y profundizar esa unidad.

De la misma manera, el matrimonio es un pacto, uno que crea un lugar de seguridad para la vulnerabilidad. Pero aunque el pacto es necesario para el sexo, el sexo también es necesario para el pacto. El pacto crecerá viciado a menos que continuamente lo revisitemos y lo recreamos. El sexo es una ceremonia de renovación del pacto para el matrimonio, el recrear físicamente la inseparable unidad en otras áreas de la vida—económica, legal, personal, sicológica—creados por el pacto matrimonial. El sexo renueva y revitaliza el pacto matrimonial.

También puedes leer el primer artículo de esta serie en este enlace.

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