El objetivo del Amor de Dios – John Piper

Fuente: Verdad y Gracia

¿Acaso la gente va al Gran Cañón para incrementar su auto estima? Probablemente no. Esto es, al menos, una indicación de que las dichas más profundas en la vida no vienen de deleitarse en uno mismo, sino de ver el esplendor. Y al final, ni el Gran Cañón logrará esto. Fuimos creados para gozar a Dios.

Todos nosotros somos inclinados a pensar que somos el centro del universo. ¿Como podremos ser curados de esta enfermedad que nos destruye esa dicha? Quizás escuchando de nuevo que la realidad está radicalmente centrada en Dios de acuerdo con la Biblia.

Tanto el Viejo como el Nuevo Testamento nos dicen que el amor que Dios nos tiene es un medio para que nosotros lo glorifiquemos. “Cristo se convirtió en un sirviente… para que así las naciones pudieran glorificar a Dios por su misericordia” (Romanos 15:8-9). Dios ha sido misericordioso con nosotros para que lo magnificáramos. Lo vemos de nuevo en sus palabras, “En amor [Dios] nos predestinó para adoptarnos… para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:4-6). En otras palabras, el objetivo del amor de Dios hacia nosotros es para que lo alabemos. Una ilustración mas de Salmos 86:12-13: “Glorificaré tu nombre por siempre. Porque tu misericordia es grande para conmigo.” El amor de Dios es la base. Su gloria es el objetivo.

Esto es impactante. El amor de Dios no significa que Dios ampliar nosotros, sino que Dios nos aparte de centrarnos en nosotros mismos para que podamos ampliar mucho a él por siempre. Y nuestro amor hacia otros no significa que ampliamos ellos, sino ayudarlos a encontrar satisfacción al ampliar mucho a Dios. El amor verdadero tiene la finalidad de satisfacer a la gente en la gloria de Dios. Todo amor que concluye en el ser humano es eventualmente destructivo. No conduce a la gente hacia el único gozo duradero, particularmente, Dios. El amor debe estar centrado en Dios, o no es amor verdadero; deja a la gente sin esa esperanza final de gozo.

Tomen la cruz de Cristo, por ejemplo. La muerte de Jesús Cristo es la expresión máxima de amor divino: “Dios nos demostró su propio amor hacia nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). No obstante, la Biblia también nos dice que el objetivo de la muerte de Cristo fue “demostrar la justicia [de Dios], porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente ” (Romanos 3:25). Pasar por alto los pecados crea un gran problema a la justicia de Dios. Lo hace ver como un juez que libera a criminales sin imponerles castigo. En otras palabras, la misericordia de Dios pone en riesgo su justicia misma.

Entonces, para reivindicar su justicia el hace lo impensable – entrega la vida de su Hijo como castigo substituto por nuestros pecados. La cruz nos deja claro a todos que Dios no escondia la maldad bajo la alfombra del universo. La castigó en el nombre de Jesús para aquellos que creyeran.

Pero observe que este acto de amor a largo plazo tiene en su centro la reivindicación de la justicia de Dios. El amor del Viernes Santo es un amor que glorifica a Dios. Dios exalta a Dios en la cruz. Si no lo hiciera, no estaría siendo justo y no podría librarnos del pecado. Pero es un error decir, “Bueno, si el objetivo era rescatarnos, entonces nosotros fuimos el objetivo máximo de la cruz.” No, fuimos rescatados del pecado para que pudiéramos ver y deleitar la gloria de Dios. Este es el objetivo de amor a largo plazo al morir Cristo por nosotros. El no murió para recibir mucho de nosotros, sino para liberarnos y así poder disfrutar al recibir mucho de Dios por siempre.

Es una enorme equivocación convertir a la cruz en una prueba de que la auto estima es la raíz de la salud mental. Si yo me coloco ante el amor de Dios y no siento un gozo saludable, satisfactorio, y liberador, a menos que yo convierta ese amor en un eco de mi auto estima, entonces yo soy como el hombre que se coloca ante el Gran Cañón y no siente una maravilla satisfactoria sino hasta que convierte él cañón en un estuche para su propia trascendencia. Esa no es la presencia de salud mental, sino es el cautiverio para él mismo.

La cura para este cautiverio es ver que Dios es el único ser en el universo para el cual la auto exaltación es el mayor acto de amor. Al exaltarse a sí mismo – como el Gran Cañón – el recibe la gloria y nosotros el gozo. Las más grandes noticias en todo el mundo son, que no existe un conflicto final entre mi pasión por el gozo y la pasión de Dios por su gloria. El nudo que sujeta estas cosas entre sí, es la verdad de que Dios es más glorificado en nosotros cuando nosotros estan satisfechos más en él. Jesús Cristo murió y se levantó nuevamente para perdonar la traición de nuestras almas, las cuales en vez de deleitarse en Dios se deleitaban en ellas mismas. En la cruz de Cristo, Dios nos rescató de la casa de los espejos y nos condujo a las montañas y cañones de su grandeza. Nada nos satisface – o magnifica a Dios – más que esto.

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